Disclaimer. Nada es mío.

Sí, sí, sí. Último capítulo :)

Cuestión de creer.

Sus ojos se anegan en lágrimas mientras rebusca en su cartera hasta hallar su billetera y extraer de allí el dinero suficiente. Suficiente para ser excusa. Suficiente para honrarlos un poco.
Compra flores, muchas, muchas flores. Las hay amarillas, rosas, blancas y azules. Las hay rojas, naranjas y naranjas con rojo. Las amarillas para Lucy, porque es sabido -o al menos para Edmund siempre lo había parecido- que le gustan -o le gustaban- más que las rosas.

Ahora gruesas lágrimas surcan sus sendas mejillas. Hoy no hay maquillaje que se corra, no hay vergüenza en sus lágrimas, no hay sonrojo en sus mejillas, no hay brillo en sus ojos, no hay dolor que pueda compararse con el de Susan.

No hay. No hay hermanos con los cuales pelear, no hay con quien desquitar sus frustraciones, no hay a quien abrazar cuando las cosas resultan, no hay quien te consuele.

Con cuidado deposita las flores en las respectivas tumbas de tres héroes. De sus tres héroes. Y un gemido ahogado escapa de su garganta, se quiebra -la garganta y el gemido-, con todo ella.

–Lo siento, lo siento tanto. –solloza, sola entre tanta lápida.

Le habla al aire un rato, su alma cansada de expresar, sus ojos saciados de expresión. Y sonríe débilmente, los recuerda aniñados y riendo. Los recuerda sentados en sus respectivos tronos, con sus respectivas armas, y un lugar vacío que le pertenece. Y desea, desea con toda su alma, ocuparlo.

Ellos sonríen y saludan, héroes desde su lugar, héroes de luchas que recuerda débilmente, héroes de una tarde soleada, héroes de una noche de insomnio, héroes de un color más brillante. Porque eso son. Son héroes porque consiguieron creer, luchar y recordar -o no olvidar, subjetivamente-. Son héroes porque afrontaron lo que ella no pudo.

Son héroes que murieron como tales, pero la gente no lo sabe. Susan sí, porque ahora quiere creer que todo aquel disparate mágico sí existió. Y desde su lugar, conmemora a sus héroes particulares, los grandes reyes y reina, y recuerda un fugaz amor que solo el aire llegó a acariciar.

Ahora Susan quiere creer. Y cree.
Vive para no morir, y es heroína de su hazaña. En algún momento podrá ganar su propia guerra y entonces ocupar su trono. Será para siempre, será casi una heroína. Será con Caspian, Lucy, Edmund y Peter, que sonríen y esperan.

Gracias por haberme acompañado hasta acá. Son unos soles.

Caspian, Peter y Edmund aman a las chicas que dejan reviews.