Pasado: Desequilibrio/ Open my Eyes

"Man is his own star; and the soul that can

Render an honest and perfect man

Commands all light, all influence, all fate;

Nothing to him falls early or too late

Our acts our angels are, or good or ill

Our fatal shadows that walk by us still."

Epilogue to Beaumont and Fletcher's "Honest Man's Fortune."

- Me vengo a despedir, saldré de viaje por un tiempo- expresó un hombre de rasgos felinos- Por Rin no te preocupes, ya la he dejado a cargo de Rai, aceptó venir a la ciudad para cuidarla- manifestaba a la vez que miraba a través de la ventana el momento que ambos gustaban del día, el crepúsculo- Disculpa que viniera tan temprano, pero a estas horas no hay tanto movimientos- mencionó mientras se volteaba a mirar aquella persona con la que hablaba.

El sujeto se encontraba en una de las habitaciones del Hospital General de Pekín y hablaba con la paciente que reposaba en la habitación 134, Mao. Ella se encontraba conectada a un ventilador que desde hacía 5 meses le ayudaba a mantenerse con vida, descansaba con su largo cabello rosa adornando las blancas y frívolas mantas de la camilla y manteniendo sus brazos extendidos. Rei se acercó a ella, tomó la mano derecha de Mao y la sostuvo fuertemente, a la vez que una lágrima se deslizaba por su rostro.

- ¡Prométeme que estarás bien durante mi viaje!- susurró dando un fuerte beso a la mano de Mao y dejándola en el pecho de ella, acarició con ternura los cabellos que se deslizaban por el rostro de de la chica y luego dio un tierno y amoroso beso en la frente de Mao- ¡Perdóname!- exclamó por último para salir de la habitación del hospital.

Su vuelo saldría hasta las 10:30 a.m., así que tendría tiempo suficiente para ir una última vez a su residencia y despedirse de la pequeña Rin. Caminó unas cuantas cuadras y luego se decidió a tomar un taxi para llegar más pronto a su hogar, de todos modos aún tenía que empacar ciertas cosas para su viaje.

Eran las 7:00 a.m., por lo cual entró de manera sigilosa sacó sus llaves e intentó abrir la puerta, pero antes de que lo hiciera una pequeña de cabello rosado que usaba una bata celeste abrió la puerta, a la vez que se restregaba sus ojitos.

- Nena, ¿qué haces despierta?- dijo Rei al ver a su hija.

- El tío Rai ronca demasiado; no pude dormir- suscitó la niña a la vez que extendía sus brazos para que Rei la cargara- Papi, ¿cómo está mami? ¿Aún se encuentra dormida?- preguntó ingenua mientras recostaba la cabeza en el hombro de su padre.

- Sí nena, mamá aún duerme- respondió con la voz entrecortada y ocultando sus lágrimas.

- ¿Cuándo la podré ver?; quizás yo la pueda despertar- dijo ella adormilada, pues Rei iniciaba a acariciar el cabello.

- Cuando quieras linda, cuando tú quieras- mencionó para el momento en el que la niña había quedado dormida.


Pekín, China.

- Mami, ¿cuándo llega papi?- preguntó una niña de casi 5 años.

- Ya viene, pero creo que tú te tienes que ir a dormir pequeña- dice la mujer tomando a la niña en sus brazos y llevándola a su habitación.

- Dale un beso de mi parte- pidió Rin mientras quedaba dormida.

- Lo haré- Mao contestó acariciando la carita de la niña y al momento en que sintió que Rin estaba profundamente dormida tomó su abrigo y salió en busca de Rei.

No era la primera vez que desaparecía en medio de la noche, ni tampoco la primera que lo vería sumergido en alcohol, pero sí sería la primera y última vez en el que le diría que todo había acabado en ese día. Caminó las tres cuadras de las que ya había memorizado cada una de sus aceras y locales hasta llegar al bar en el que sabría que lo encontraría.

- ¿Rei?- exclamó para llamar la atención de su esposo, quien con un vano esfuerzo trató de levantar su cabeza para mirarla- Rei, ya no soportaré más de esto-

- El volteó a mirarla- No me abandones- susurró.

- Me llevaré a Rin y volveré a nuestros orígenes, de los cuales creo te olvidaste por completo- manifestó ella con voz temblorosa.

- Si eso pretendes, sólo espero que te mueras- balbuceó alcoholizado y tambaleante mientras intentaba levantarse; ella con lágrimas en su rostro salió del bar corriendo sin mirar nada de lo que estuviese a su alrededor.


- ¿A qué hora sale tu vuelo?- preguntó Rai entrando a la habitación en la que se encontraba Rei.

- ¡¿Qué?, eh… a las 10:30, ¿por qué lo preguntas?- preguntó colocando en su maleta un portafolio que había estado viendo.

- Para estar seguro y recordar todo, regresarás el martes, ¿cierto?- prosiguió el pelinegro.

- Eso espero, de haber algún inconveniente te llamaré- especificó el hombre al momento en que cerraba otra maleta- Bien creo que eso es todo.

- ¿Papi?- exclamó una voz sutil- ¿ya te vas?

- Sí pequeña, ven acá- dijo extendiendo sus brazos- No me iré por mucho tiempo, regresaré el martes. Mientras tanto compórtate con el tío Rai, ¿ok?

- De acuerdo- asiente y luego besa a su padre en la mejilla.

- Luego y sin dar muchos rodeos; Rei salió de la casa y tomó un taxi directo al aeropuerto. No sabía porqué pero en sus adentros tenía mucha emoción de reencontrarse con sus compañeros de equipo; aunque sabía que la reunión no sería en absoluto positivo. Sin embargo, después del accidente de Mao, sintió con mucha más razón que ya no era parte de los Baihuzu y fue así como llegó a creer que su único origen eran las G-Revolution; incluso aunque ellos tampoco existieran para él.


Baihuzu, China.

Dos jóvenes acaban de unir sus vidas en la celebración de su matrimonio, lo cual ha causado gran alegría y regocijo en los corazones de los habitantes de la aldea Baihuzu. No obstante, en medio de la festividad, Rei le ha pedido a Mao que lo acompañe a las afueras de la aldea para hablarle de algo muy importante.

- Rei, ¿qué pasa?- dijo en medio de risas la peli rosada.

- Necesito pedirte algo MUY importante- explicó y ella asintió- Quiero que nos marchemos a Pekín- suscitó él, pero el semblante de felicidad que ella tenía desapareció en segundos.

- ¿Qué? – expresó confundida- No lo entiendo, serás en muy poco tiempo el líder de esta aldea, y…¿quieres que nos marchemos?

- Entenderé sino estás de acuerdo, pero ya lo he hablado con el patriarca y le he dicho que Rai será un excelente líder y él ha aceptado- replicó Rei.

- Realmente quieres irte… ¿cierto? Lo puedo ver en tu rostro- dijo ella moviendo su mano a través del perfilado rostro de Rei.

- Sí- afirmó sin titubeos.

- Soy tu esposa, y nos hemos unido para estar juntos en las buenas y en las malas, y si es esto lo que quieres, lo acepto- contestó ella y sellaron ese momento con un tierno beso.


Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había tomado un avión y a eso se debía su actual nerviosismo. Caminaba de un lado a otro, esperando la llamada de su vuelo y así subir entre los primeros y no arrepentirse a última hora.

- VUELO 378 con destino a Akenobo, Japón, favor abordar por la puerta número 4- anunciaron por el interlocutor.

Inmediatamente, Rei tomó sus maletas y se encaminó tan rápido como pudo a dicha puerta. Tuvo suerte, fue el segundo en subir al avión y al momento en que tomó asiento sus nervios había desaparecido casi por completo.

- "Al menos algo está saliendo bien!"- pensó para sí mismo.

- Caballero, desea algo de tomar- indicó la sobrecargo mostrando las bebidas del carrito.

- Por ahora no, gracias- contestó Rei amablemente y luego la joven siguió adelante.

Cuando el avión despegó, Rei se dispuso a sacar de su valija aquel portafolio que guardó a prisa cuando Rai había entrado a su habitación. Al abrirlo, un sentimiento enorme de nostalgia invadió su corazón.

- "¿Cómo cambiamos en un día el destino de todos nosotros?"- se cuestionó así mismo a la vez que revisaba ese portafolio lleno de fotos, artículos y viejos reconocimientos otorgados a los Bladebreakers, Baihuzu y G-Revolutions en aquellos viejos tiempos- "De seguro todo hubiera sido diferente…"


Campamentos de la BBA, Akenobo, Japón

- ¿Alguna vez han manejado un arma?- preguntó el bicolor a sus compañeros quienes negaron incrédulos por los efectos de tanto licor que habían consumido- Bien… es muy fácil- señaló mientras tomaba una de las armas que guardaba en la caja para luego hacer una detonación, a lo cual todos cubrieron sus oídos.

- ¡Kai! ¡No deberías hacer eso!- gritó asustada Hiromi.

- Hiromi, no seas aguafiestas- reprochó Takao- oye Kai, ¿me dejas usarla?

- ¡Hey!, ¿a mí también?- prosiguió Rei.

- Y luego yo- continuó Max.

- Parecen niños… está bien… pero hagámoslo un poco más interesante- dijo desafiante Hiwatari.


Pasajeros del vuelo 378 favor abrochar sus cinturones, en menos de 5 minutos aterrizaremos en el Aeropuerto General de la Ciudad de Akenobo- avisó la voz del piloto haciendo que todos los pasajeros siguieran sus órdenes.

- Bien al parecer llegó el momento- mencionó el chino en una voz audible para sí mismo.

El hombre bajó del avión de manera calmada, recogió sus maletas y salió del aeropuerto para luego tomar un taxi, a un destino al que ni siquiera sabía si era correcto dirigirse.

En sus manos llevaba su celular y un papel con un número telefónico, el cual marcaba y borraba en repetidas ocasiones de su teléfono. De pronto el chofer del taxi le desconcentró anunciándole la llegada al destino que le había indicado, a la vez que le decía el monto del viaje. Sin muchos rodeos, Rei pagó por sus servicios y bajó del auto, miró alrededor y notó como el paso del tiempo había desgastado la infraestructura del lugar, vio hacia el frente y sintió como sus piernas tambaleantes se negaban a avanzar; agachó su mirada y negó con su cabeza como si se diera un respuesta a sí mismo y al momento en que iba a doblar para buscar un hotel, topó con la cara de un viejo amigo.

- ¿Rei?- expresó confundido el peliazul.

- Hola… Takao- susurró acercándose para estrechar su mano.

El otro estupefacto y a consecuencia de su personalidad nata dio un fuerte abrazo a aquel amigo del que no había escuchado en tanto tiempo; Rei sin pensarlo correspondió a la acción de Takao y compartieron un abrazo de aquella vieja y demacrada amistad, para así compartir nuevamente alegrías y tristezas juntos. Como los "hermanos" que aprendieron a ser.

- Disculpa que viniera sin avisar, no tenía otro lugar al cual ir- explicó el chino cuando estuvieron frente a frente.

- No te preocupes por eso, al abuelo le dará gusto verte- replicó Takao que aún mantenía un tanto llorosos sus ojos- Y además… así me será más fácil sobrellevar la llegada del día…

- Lo entiendo, y yo también lo veo de esa manera- contestó Rei.

- Ven pasa, déjame ayudarte- dijo mientras ayudaba al neko con sus maletas.

- Gracias Takao, en verdad muchas gracias- manifestó Rei con su voz entrecortada- "Es bueno saber que entre todos no existe el odio, el temor o el arrepentimiento… lo único que espero es que de este nuevo encuentro podamos tener mejores recuerdos que de los dos anteriores."

Los dos amigos y antiguos compañeros de equipo entraron al interior del Dojo Kinomiya; en donde platicaron y compartieron las experiencias que habían tenido lugar en sus vidas desde el último encuentro.


Un capítulo más y sólo quedan dos para el final, gracias a todos por los comentarios!