Gracias por los comentarios que han aportado a esta fan fic y sin más preámbulo el siguiente cap.
Pasado: What Comes Around Goes Around
"You forget what you want to remember, and you remember what you want to forget."
The road, Cormac McCarthy
- Gracias Takao- mencionó limpiando el sudor de su frente.
- Sí claro, nos veremos entonces- replicó Takao finalizando la llamada.
- "Está hecho"- pensó el rubio y se dirigió a la cocina.
- ¿Qué hacías?- le preguntó una mujer rubia y de ojos azules.
- Nada importante sólo unas llamadas- contestó ayudándole a su madre a servir la mesa.
- Recuerda tomar tus pastillas antes de cenar- indicó Judy con ese tono autoritario como si Max tuviese aún cinco años de edad.
- No te preocupes, no lo olvidaré- respondió- Mamá…- dijo para llamar la atención de la señora y decirle de una vez por todas sobre su viaje.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué tan serio, Maxy?- cuestionó Judy mirándolo a los ojos.
- Iré a Japón este fin de semana, ya sabes a Akenobo- soltó sin rodeos.
Judy no podía creer lo que su hijo recién le acababa de mencionar, ¿para qué quería volver al sitio que tanto dolor le había causado, a ese lugar donde perdió toda su salud y le había traído tantos problemas? Y sobre todo, ¿por qué en esas fechas?
- ¿A qué?- suscitó finalmente y dejando ver el dolor que eso le causaba.
- Mamá…- dijo sin ánimos de ofrecer una explicación.
- Recuerdo que hace cinco años dijiste lo mismo y cuando regresaste mencionaste que nunca más volverías a ir a ese sitio y al día siguiente colapsaste y te tuvimos que volver a llevar al hospital- reclamó la mujer mientras incrementaba el tono de su voz.
- Lo sé, pero tengo que ir- replicó tranquilamente.
- Max, nunca te he cuestionado ni he dudado de ti, porque eres mi hijo y te amo, pero hay cosas que una madre sabe, simplemente porque así es- decía la rubia tratando de mantener la calma- y sé que hace 15 años pasó algo que quisiste enterrar, pero te ha perseguido todo este tiempo sin misericordia.
Para el momento en el que Judy terminó sus palabras, Max ya no podía esconder el temblor constante de sus manos y las lágrimas salían sin control alguno.
- Lo siento mamá, realmente lo siento- expresó y la abrazó- pero no puedo decirlo, he buscado la forma, pero no la encuentro y simplemente no puedo.
- Está bien, está bien Maxy- correspondió al abrazo tiernamente- Ahora ve y trata de calmarte, tu padre va a llegar pronto.
Akenobo, 5 años atrás…
- ¿Por qué no lo quieren entender?- gritaba el rubio asfixiado, sintiendo esa presión de culpabilidad en el pecho.
- Maxy, por favor tranquilízate- pedía Rei quien intentaba ayudarle a levantarse.
- ¿Qué pasa Max? ¿Ahora quieres ser el chico bueno…ahora quieres entregarte?- expresaba sarcástico e hiriente el bicolor.
- ¡Cállate Kai!- espetó Takao.
- ¿Por qué lo haría? ¿Acaso no tengo razón?- inquirió indoloro Hiwatari.
Todos callaron, dejando que solo el llanto y los gritos ahogados de Max hicieran eco en la vieja bodega.
- Max, ¿tienes algo que decirle a tu padre?- cuestionó Judy a su hijo, mientras que el señor Mizuhara les miraba dudoso.
- Eh… sí, bueno yo…- tartamudeó por un rato, recobró el aliento, y dijo- Papá viajaré a Akenobo el próximo fin de semana.
- ¡MAX!- reaccionó de manera molesta su padre.
- Papá, por favor, no te pongas histérico, sé lo que hago- replicó.
- ¿En serio lo sabes? Pues la última vez dijiste lo mismo y no fue así- gritó golpeando la mesa con fuerza- Si mal no recuerdo, la última vez fuiste al psiquiátrico, neurosis, paranoia, depresión, deseos de acabar con tu vida, sin mencionar el abuso de drogas en el que te encerraste- espetó molesto mirando cruelmente a su hijo.
- Lo sé, pero…- se detuvo por un momento y tomando aire trató de regular su pulso para seguir- pero no me importa lo que digas, ¡iré a Akenobo!
Flashback…
Finalmente luego de dos semanas, el señor y la señora Mizuhara encontraban a su hijo. El muchacho, que prácticamente se encontraba o lucía como un cadáver viviente, había aparecido en el Hospital General de Chicago. De acuerdo con los doctores, el joven ingresó al hospital con deshidratación, y consecuentemente malnutrición, presentaba además líquido en los pulmones y una fractura en la rodilla izquierda, la cual le impediría ponerse de pie por al menos 2 meses.
- Judy tranquilízate, ya lo encontramos- le expresaba a su esposa.
- Lo sé, lo sé y estoy más tranquila ahora que sé que está vivo- dice la mujer estrechando la mano de Maxy- Pero… ¡mira! Su mano, su cuerpo entero, ¡está como un esqueleto! ¡Es sólo un fantasma de lo que fue!
- Judy, se recuperará, estaremos ahí para él, y verás que pronto estará bien.
El rubio, quien había escuchado la conversación mantenía los ojos cerrados, pues en ese momento no tenía las agallas para mirar a sus padres. Sabía que el único culpable de su estado actual era él mismo; pues después de su visita a Akenobo, se había encaminado en una misión de autodestrucción.
La cena de la familia Mizuhara no terminó de la mejor manera, como sería lógico de imaginar. Los padres decepcionados, pero a causa de la angustia causada por dicha noticia, se marcharon a la habitación matrimonial del hogar. Por otro lado Max, un poco desmotivado por la reacción de sus padres, fue también a su habitación, pero en lugar de descansar para el viaje que se aproximaba, encendió su computadora. Luego, colocó un banco en la esquina que estaba al lado derecho de su cama, dio unos cuantos golpes al techo que cedió ante la fuerza que Max había ejercido. Comenzó a buscar únicamente con sus manos lo que terminó siendo una carpeta.
- ¿Otra vez intentarás hacer justicia?-
- Sí, lo intentaré, ya sabes que lo siento mucho- replicó Max.
- Bien sabes que ninguna cambiará su opinión- prosiguió esa voz- Además si lo piensas con cuidado, tú eres el único culpable.
- Lo sé, por eso esta vez acabará- recalcó el rubio con gran firmeza mientras leí los artículos de su carpeta, la clausura de los campamentos de la BBA, la desaparición de un ser querido, y por último los obituarios en honor a esa persona.
- ¿En serio Max? ¿Tú crees?- inquirió la chica- Bien ya era hora, siempre he querido saber por qué te torturaste guardando todo en esa vieja carpeta, ¿sabes?
- Ya lo sabrás Hiromi, pero debes esperar un poco más- repuso Max.
- ¿Max?- dijo Judy al momento en que entró a la habitación- ¿con quién hablas?
- Perdona hablaba por teléfono- respondió el muchacho.
- Es mejor que descanses, todos aquí lo necesitamos- continuó la señora.
- De acuerdo mamá-
- Judy se retiró cerrando la puerta, mientas que por su parte Max redactó una última nota en un documento viejo que guardaba en su computadora, imprimió este y lo adjuntó a su carpeta para terminar guardándola en el mismo lugar.
- ¿Por qué no le dijiste que hablabas conmigo?- pregunta desafiante la chica.
- Ya tú lo sabes- contestó entre dientes.
- Cierto, nuevamente los doctores, las inyecciones, más píldoras, calmantes, y nadie te creería- enumeró la joven- Pero sabes, quizás… ¡te creerían si me miraras a los ojos y les dijeras lo que siento!
- ¡No puedo!- replicó molesto el muchacho.
- ¿No puedes verme?- inquirió ella- ¿o es que no deseas ver la herida en mi pecho que tú hiciste?- gritó molesta y a la vez en medio de lágrimas mostrando aquella herida que la había arrebatado la vida.
- ¡Ya te he dicho que lo siento!- articuló débilmente el rubio y con la voz entrecortada.
-Sí… lo sé, pero eso no me devolverá MI vida- expresó para luego simplemente desvanecer su presencia de la vista de Max.
Campamentos de la BBA, Akenobo, Japón
- Un juego de tiro al blanco- proponía el bicolor- usaremos las armas con balas de salva, si piensan apuntar a alguno asegúrense de estar a una distancia de unos 5 metros, de esa forma no habrá daño alguno.
- ¿Todas están cargadas con balas de salva?- inquirió el chino.
- Las de la izquierda, tomen una- repuso Hiwatari- las otras sí nos matarían.
- Bien, me quedó con esta- dijo Takao, mientras que Rei, Daichi y Kyo escogían entre las 4 que quedaban.
Max por su parte tardó un poco más en escoger, mientras que los demás comenzaban a divertirse un poco apuntando a diferentes blancos
– ¡Esta!- dijo Max tomando una de las armas equivocadas y jalando del gatillo accidentalmente… una detonación, cuyo estruendo sólo pudo ser ignorado por algo que impactó a todos…
La bala perdida se dirigió al pecho de su amiga, quien moribunda colocaba las manos en su herido corazón y buscaba desesperada una forma de hacerlo sanar. Mientras que su amiga se desvanecía y desangraba, los chicos estaban allí… atónitos, buscando explicaciones en sus confundidas cabezas y simplemente contemplando a su amiga perecer.
- "Nunca dejaré de preguntarme ¿por qué sucedió? ¿Por qué fue ella? ¿Acaso hubo alguna forma de verlo venir y evitarlo? ¿Cómo los demás pudieron continuar sus vidas?"- redactaba Max en un cuaderno de pasta negra- "A la vez, nunca me he dejado de sentir culpable, fue mi error, de nadie, más… y a causa de eso Daichi se marchó a su isla y nunca más supimos de él; Kyo se fue a Finlandia, ni siquiera visita a sus padres se aisló totalmente"- continuó el rubio- "Takao… pues él simplemente no volvió a ser el mismo, Rei perdió todo lo que una vez fue, y Kai, él se convirtió en alguien que nunca hubiera imaginado- se detuvo por un momento miró las tabletas de pastillas que estaban en el escritorio- y yo… simplemente sé que soy una persona que nunca pudo huir de su pasado…- concluyó para luego tomar dos pastillas, colocó el cuaderno sobre el escritorio y puso una nota sobre este: "para mamá y papá, espero me perdonen."
- ¡Mamá, papá! Ya me voy- anunciaba el rubio.
- ¿Completamente seguro?- cuestionaba el Sr. Mizuhara.
- Totalmente- mantuvo con firmeza.
- Cuídate mucho hijo, recuerda, te amo- expresó Judy tratando de ocultar su llanto y dándole un fuerte abrazo.
- Lo sé, yo también los quiero- replicó- ¡Adiós!
El viaje fue mucho más largo que de costumbre, taxi, avión, metro, todo fue eterno para el rubio. Sobre todo porque hacía tres noches había suspendido todos los medicamentos que le permitían dormir.
- Parece que quieres estar más tiempo conmigo- suscitaba nuevamente esa voz que le hacía sentir culpable.
- No voy a hablar contigo- respondió mientras se abría paso en medio de la gente que caminaba por las calles de Akenobo.
- Claro, de lo contrario pensaran que estás loco- replicó mientras le acariciaba la mejilla- bien volveré a las dos, cuando estés con los demás anhelo verte cuando clames como un bebé por la justicia que me deben- manifestó entre risas que le provocaron escalofríos a Max.
Era medio día, dos horas antes del nuevo encuentro, y el tiempo suficiente para que Max se encargara de terminar de preparar para el re-encuentro.
- Es el momento de hacer mi propia justicia- dijo el muchacho para sí mismo.
