Disclamer: Todos los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Yo solo soy la dueña de la trama de la historia.

Summary: La belleza podría ser descrita de muchas formas, sin embargo el dolor de sus heridas se reflejaban de forma fuerte en su actuar. Él no era perfecto, ella tampoco. Ambos distintos, ambos sufriendo, unidos por el destino para vivir el día a día.

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Capítulo 3

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Un fuerte dolor en mi espalda fue lo que me despertó de la calidez de las mantas. Abrí un ojo primero, miré a mi alrededor y no me encontré en mi habitación, abrí el otro y volví a mirar a todos los lados. ¿Dónde estaba?. El dolor ahora se movió a mis piernas, junté las mandíbulas al notar que me atravesaba una puntada por toda la columna, mis ojos se llenaron de lágrimas de inmediato.

-¿Bella?- susurró la voz de Edward. ¿Había pasado la noche con Edward?. Moví mis manos debajo de las mantas y comprobé que aún estaba vestida, por lo tanto no había hecho nada indecoroso con él, además, ¿Quién querría incursionar en el plano físico conmigo?. Sabía la respuesta desde algún tiempo, por ende las esperanzas eran muy pocas.

-¿Qué hora es Edward?- pregunté bien despierta ahora.

-Mmm… cerca de las 8am, ¿Te duele mucho Bella?- preguntó con voz tierna.

-Sí, el espacio es muy reducido y no ayuda a mantener una movilidad, pero desaparecerá cuando tome mis medicamentos, pero ¿tienes algo de casualidad aquí?-.

-Nada fuerte, si quieres te tomas una tableta de paracetamol- dijo mientras salía de la sala en donde estábamos. Con lentitud y chirriando los dientes me senté en el sofá, fue todo un logro y el sudor que perlaba mi frente era la prueba de ello. Despacio fui moviendo cada una de mis piernas para que no tuviera calambres o fuera a caerme cuando me fuera a parar. Estaba realizando aquellos movimientos cuando entro cojeando Edward a la estancia, con un vaso de agua y una tira de pastillas.

-Gracias- murmuré mientras aceptaba sus remedios y los ingería.

-No hay de que, ahora debemos irnos a nuestras casas. Esme debe estar por llegar y si nos pilla aquí juntos, no quiero ni pensar sus comentarios- dijo de forma triste.

Con gran valor me fui parando de a poco, de inmediato Edward fue hasta mi lado para servirme de muleta humana mientras yo tomaba las mías y recuperaba el equilibrio y fuerzas para hacer frente a la corta pero extenuante caminata que tendríamos que hacer. Solo tenía la esperanza de llegar luego a casa, tomarme mis remedios fuertes y dormir; llamaría a Sue y le diría que estaba enferma y no era mentira, la columna y piernas me dolían horrores.

Salimos lentamente de la pastelería. No se veía nadie por esa calle a esas horas de la mañana. Caminamos hasta el lugar donde la noche anterior esperamos un taxi, esperando esta vez tener mejor suerte y no tener que volver a compartir un especio reducido con él.

El auto no demoro demasiado en pasar. Subimos a él y el primer destino sería mi casa. Intenté decirle a Edward que yo pagaba una parte del trayecto, no era correcto que él corriera con todos los gastos, pero la mirada de furia que había en su bello rostro fue lo que me detuvo de inmediato.

Me baje cabizbaja del taxi, las piernas y la columna me seguían doliendo el día frío no ayudaba demasiado. Una sensación de angustia se apoderó de mi corazón, ¿por qué sucedían estas cosas?. Era raro que me afectara tanto una situación así, pero últimamente algo había cambiado y a la vez de algo carecía.

La casa estaba vacía y la patrulla no estaba estacionada en las afueras de ella. Papá aún no había llegado de su cita con su esposa, por lo que él no sabría de mi boca que era la primera vez que pasaba con un hombre.

Fui despacio hasta mi habitación, me quité la ropa y la dejé sobre una silla; una vez en el baño saque aquellas pastillas más fuertes y con un vaso de agua las ingerí. La cabeza de a poco comenzó a darme leves vueltas casi de inmediato. Me tendí suavemente en la cama cuando me puse el pijama y cerré los ojos entregándome al dolor de mis huesos.

-¿Bella?- preguntó un hombre a través de mi mente.

-Mmm-.

-Bella, hija, ¿dónde estás?- preguntó la voz de mi padre.

Despacio moví mi cuerpo para comprobar que no estaba atrofiado. Miré la hora en el celular y eran cerca de las 6 pm ¿tanto dormí?. Me desperecé con cuidado y con el mismo me senté en la cama, un olor dulzón inundó el ambiente seguido de uno de café más fuerte. Se me hizo agua la boca de inmediato y lo fue aún más cuando se abrió la puerta y por ella entró Charlie con una bandeja con comida.

-¡Al fin te encuentro!- musitó. Como si la casa fuera tan grande y pudiera perderme en ella.

-Papá qué bueno que has llegado. ¿Cómo te fue en tu cita?- mencioné moviendo mis cejas sugestivamente.

-¡Ay por favor!- un leve rubor invadió sus mejillas-. No hubieron problemas, fue una noche tranquila, lo bueno de los pueblos pequeños es que casi nunca hay grandes inconvenientes, se puede decir que es un trabajo relajado-.

-Que bueno, y ¿a qué se debe este repentino ataque de chef? ¿No me estarás diciendo que tu cocinaste todo esto?- dije mientras evaluaba lo que traía en la bandeja.

-No, como crees hija, sabes que soy un caso perdido en estos temas; pase por la pastelería y Esme me dijo algunas de las cosas que te gustaban y te las traje. Sue llamó hace unas horas para decirte que no te preocuparas por el día de hoy y que volvieras cuando te sintieras mejor. ¿Qué paso? ¿te duele mucho?- preguntó preocupado.

-Sí, anoche me costó mucho volver a casa, no pasaban taxis y me congelé mucho- dije sin querer mencionar que el anoche en realidad era "mañana" pero sólo era una "omisión".

-Aaaah- fue todo lo que murmuró y se retiro de la habitación dejándome la bandeja en la cama.

Una porción de tarta de yogurth me miraba con miedo, la acompañaban unas exquisitas galletas o mejor dicho por el tamaño unos galletones de almendras con miel y un tazón de café con leche. ¿Qué más podía pedirle a la vida para mitigar el dolor?.

El resto de la tarde transcurrió lento, muy lento. Una tenue llovizna caía en las afueras de la casa haciendo que la misma fue bastante triste. No se oía mucha actividad por la casa a excepción de la televisión que sonaba en el comedor; Charlie debía de estar viendo las noticias o alguna película. En mi habitación contemplada el cielo sin adornos ni estrellas fluorescentes que iluminaran mis noches, era un tanto monótona y ya no se asemejaba a la que un día fue llena de color y objetos propios de una chica de mi edad; llena de libros, las paredes de un color blanco que no reflejaba nada, el cobertor oscuro y el escritorio de un aspecto más bien formal. No habían muchas señales de que allí dormía una joven, ni siquiera los típicos posters de sus bandas de música favoritas, al contrario era un espacio totalmente apagado y carente de luz y color.

A la mañana siguiente tuve que ir a cumplir mis labores. Me levanté temprano y me vestí con ropa abrigadora y salí de la casa. Tomé un taxi en esta ocasión que paso de inmediato y llegué sin contratiempos a la librería. Sue ya se encontraba adentro revisando las cajas por las cuales me había quedado hasta tarde y eran las causantes de que por primera vez en mi vida hubiera dormido con un hombre.

-Hola Sue buenos días- musité alegremente.

-¡Bella muchacha! Qué alegría verte de nuevo, ¿estás mejor ya?- preguntó.

-Por supuesto, fue solo que pase mucho tiempo a la intemperie esperando un taxi y eso afecto mis huesos- dije malhumorada. Solo quería que llegara el día en el cual el dolor remitiera por completo y poder así siquiera comenzar a hacer una vida normal, no era pedirle mucho a la vida, ¿o sí?.

-Tienes que cuidarte Bella, si tienes algún inconveniente no dudes en llamarme a mí al móvil o a alguno de nuestros vecinos, ninguno dudaría en prestarte ayuda, en especial Esme. ¿Te llevas bien con ella, no?-.

-Sí, es una señora muy dulce, no sólo porque trabaja en una pastelería, sino por cómo es como persona, tiene demasiada estima a las personas y carece de tacto que le falta a algunas personas-.

-¿Conociste mejor a Edward?- preguntó con una sonrisa.

-Tan solo un poco, pero sigue sin caerme bien- musité recordando lo que podría llamarse amabilidad a la forma en que Edward me había tratado hace una noche.

-Debes conocerlo Bella, él al igual que tú ha sufrido mucho y algo lo cambió, no me quiero arriesgar a decir que fue para siempre, sino que está en un cambio, en una etapa pero desgraciadamente se quedo pegado en el, no avanza, siento que no mira su futuro- dijo pensativamente.

-¿Le paso algo grave?- susurré mientras la curiosidad empezaba a salir por mi mente.

-Sí, algo lo cambió demasiado, pero es solo él quien debe contarte, no es fácil y no hay una versión 100% cierta, solo circulan muchos rumores, pero los que hemos estado ahí con él, sabemos mucho más de lo que habla la gente- dijo.

-Espero algún día poder entenderlo- dije mientras un cliente llegaba a la librería, cortando así mi conversación con Sue esa mañana.

A la hora de almuerzo, decidí ir a un restaurante que había cerca en donde por lo que me había contado Sue, servían unas exquisitas pastas. Cuando entré, algunas personas me miraron extrañadas, era típico, si no me conocían, lo primero que hacían era compadecerse de una persona discapacitada, sin pensar que sus miradas eran de aquellas que rompían el alma.

Realicé mi pedido que en pocos minutos estuvo servido en mi mesa. Lo acompañaba con un jugo natural ya que no tenía ganas de alguna bebida. Poco a poco había dejado de ser el centro de atención del lugar, por lo que pude disfrutar de un almuerzo más relajado.

Volví a la librería y me encontré con una nota de Sue diciendo que volvía dentro de unas horas y que si no llegaba temprano cerrara solamente el local. Otra vez sola en el trabajo. Otra de las tantas veces en las que la soledad y el silencio eran amigos y compañeros.

Los clientes que acudieron en la tarde eran simpáticos: un niño buscando libros de cuentos junto a una madre que quería libros de cocina, un padre solicitando un libro sobre embarazos y nombres de bebé, y la última visita que no me esperaba, Esme.

Vestía con jeans, una polera, zapatillas y un enorme abrigo de color azul sobre sus hombros, lo que no le quitaba en absoluto el atractivo de mujer que tenía, al contrario la hacía verse mucho más cercana.

-Hola Bella- dijo alegremente.

-Hola Señora Esme- musité.

-Sólo Esme, Bella no hay necesidad de más formalidades- dijo. –He pensado que mientras venía a ver unos encargos que le hice a Sue podía aprovechar de traerte un trozo de queque- mencionó mientras depositaba envuelto entre servilletas un gran trozo de queque. Mi estómago bailó de alegría en mi interior.

-No tenías porque molestarte en traerme nada, sabes que paso a la salida fielmente a comprar alguna provisión para la noche- dije con una sonrisa. Y era cierto, sus delicias dulces, alguna de preparación simple y otras un poco más elaboradas me habían conquistado plenamente.

-No es molestia alguna- dijo mientras miraba para todos los lados. -¿Sabes si llegó mi pedido?- preguntó algo entusiasta.

-Si me pudieras decir que es, me sería mucho más fácil reconocerlo ya que hace unos días llegaron varios pedidos-.

-¡Oh claro! Se trata de unos libros de música clásica, más bien de compositores que encargué hará unos meses y Sue me confirmó que ya estaban aquí- respondió emocionada.

Una pequeña luz se encendió en mi mente… ¡Las cajas de frágil!, allí deberían de estar. Fui hasta un lado de la tienda y empecé a ver que decía cada caja en la etiqueta, por suerte era solo la segunda así que con cuidado con un corta cartón saque los embalajes plásticos y adhesivos que la cubrían. En el interior dentro de unas bolsas anti golpes estaban protegidos algunos libros de música, por lo que deduje que eran ellos los cuales buscaba.

Lentamente volví a mi posición normal, me afirmé bien en las muletas y fui dando paso por paso hasta donde me esperaba Esme, quién se entretenía leyendo el catálogo con las últimas novedades que llegarían el próximo mes.

-¿Son estos?- pregunté algo cansada.

-¡Oh sí!- respondió mientras sus ojos reflejaban la emoción por verlos en sus manos.

-¿Los quieres para regalo?-.

-Sí por favor, en papel de hombre- contestó suavemente. Honestamente me provocaba curiosidad saber quién era el destinatario de semejantes obras, no tanto solo porque no cualquier persona se podía dar el lujo de gastar tanto dinero en ellas, sino que debería ser alguien totalmente apasionado por la música el que los quisiera.

Envolví el pedido que me hizo Esme en tres papeles distintos; uno con relojes de cadena en tonos café, otros con veleros en tonos azules y el último un papel plateado al que coroné con un moño de cinta azul, éste era un toque mío más que nada, ya que sentía predilección por el papel plateado en contraste con el azul.

Pronto quede sola de nuevo en la librería, pero por lo menos, había hecho feliz a un cliente y no tuve queja alguna de mi desempeño. Esto era algo que también cuidaba mucho, no en todas partes era bien visto que alguien con defectos te atendiera, era un constante miedo a perder mi puesto de trabajo, por lo que me fijaba en si el cliente se iba contento o no. Nunca sabías cuando alguno de ellos podía presentar quejas con tu jefe y estar de patitas en la calle al día siguiente, aunque sabía que Sue no era así, era el miedo, la cruz, el estigma que cargaba cada día de mi vida.

Mi jefa no volvió por lo demás. Cerca de las 20:00 horas comencé a realizar el proceso de cierre de tienda, sólo que me costaba horrores barrer con la escoba ya que requería mucho equilibrio de mi parte usando solo una muleta, no era imposible, pero si difícil. En fin, era parte del trabajo y con orgullo y más lentitud lo llevaba a término.

Salí de la tienda bien abrigada, a la distancia parecería un oso polar caminando, pero lo que importaba era mi comodidad no la del resto, además no era masoquista como para sufrir dolores gracias al frío en mi sano juicio y con mi propio consentimiento.

Llegué a mi destino nocturno, en donde estaba él nuevamente. ¿Sería su trabajo permanente aquí? ¿No le importarían los rumores que circulaban o las lenguas viperinas?. Era claro que no, ya que seguí allí y al parecer no se inmutaba con nada, a simple vista era un hombre que tenía hielo en sus venas.

-Hola buenas noches- musitó con aquella voz aterciopelada que tenía, era hermosa, pero dejaba de serlo cuando veías el ceño fruncido en su frente.

-Hola- dije mientras sentía como mis mejillas se calentaban.

-¿Qué vas a querer esta noche?- preguntó serio y sin una pizca de humor.

-Café con leche, una porción de queque y una de tartaleta de frutillas- dije mientras observaba que de la última solo quedaban 2 solitarios trozos.

Con rapidez armó mi pedido y lo dejo listo en una bolsa, a excepción del café que estaba con un cartón para no quemarme con los dedos. Se dirigió con la velocidad que podían dar sus piernas hasta la caja, en donde me esperaba entre gruñidos.

No había nada amable ni dulce en sus facciones, era un hombre muy cambiante, rara vez lo había visto reír por lo que si alguna vez llegaba a presenciar el milagro, me consideraría una mujer afortunada y contada entre pocas.

Una vez pagado, me debatí entre decirle que pusiera la bolsa en la mochila que llevaba o hacerlo yo misma aunque me demorara mucho tiempo más. No pensé mucho en la primera ya que su forma de actuar me había dejado claro que quería que me marchara luego. Hice de a poco los intentos de apoyar una muleta en el mostrados y empezar a deslizar la mochila, cuando un gruñido me paralizó por completo: en segundo estaba a mi lado depositando mi bolsa dentro de la mochila y cerrándola sin más palabras de por medio.

-Gracias- musité mientras me acomodaba las muletas para ir hacia la puerta. Pero él ya estaba tendiéndola para mí abierta.

Sus ojos se veían atormentados por algo, no podría decir si era culpabilidad por la forma en la que actuaba conmigo o por alguna situación anterior a mi arribo a la tienda, parecía estar a punto de explotar, pero aún así conservaba algunos gestos de caballerosidad ante nada.

-No te preocupes, puedo ser un ogro, pero aún conservo vestigios de humanidad y caballerosidad- dijo mientras buscaba con su mirada la mía.

Y lo sentí por primera vez todo junto. Miedo. Deseo. Frustración. Rabia. Dolor. Pena.

Su mirada me traspasaba hasta lo más recóndito de mi corazón. Sentía como la sangre subía a mis mejillas y éstas se coloreaban producto de su escrutinio. Un tambor tocaba música en mi caja torácica por lo que debía escucharse a lo lejos.

Él no estaba muy diferente a mí. Sus ojos estaban más oscuros, su ceño más fruncido que nunca, las mejillas antes pálidas rojas como tomates, pero de su boca no salían palabras. Se hizo hacia atrás dejando más espacio para que yo saliera. La magia había sido rota por él.

Me afirmé con más fuerzas en mis muletas y salí a la fría calle. Tras de mí sentí cerrarse la puerta, pero no volví la vista atrás. El enemigo había ganado por esta vez.

La parada de autos estaba vacía de nuevo, rogaba para mis interiores que no volviera a ocurrir lo de noches atrás, pero la suerte quiso otra cosa ya que casi de inmediato apareció un vehículo que me llevo hasta la tranquilidad de mi casa.

Charlie aún no había llegado, por lo que tenía tiempo de sobra en preparar algo. Un estofado con ensalada fue lo que se me ocurrió y una taza de café. Al pasar las horas me fui a acostar, mi padre era mayor ya como para calentarse el solo la comida.

Con cuidado fui por el pasillo hasta llegar a mi habitación, estaba cansada como para darme una ducha, por lo que comí un trozo de tartaleta de frutillas con leche que había preparado en casa.

Algo había cambiado aquella tarde.

Me acosté después de pensar unos momentos en lo que sucedió con Edward. No entendía sus razones ni actitudes para conmigo, yo no era la culpable de sus desgracias ni algo por el estilo, al contrario, recién lo venía conociendo y estaba pagando la culpa de otra persona. ¿Por qué él me hacía esto? ¿Es que acaso nunca iba a ser feliz, nadie iba a darme una oportunidad en la vida?. Densas lágrimas caían por mis mejillas, ¡un hombre!, un malaventurado hombre me hacía llorar, un desconocido para mí. Cerré mis ojos y el sueño me venció de inmediato.

Esa fue la primera noche que lloré por un hombre en mi vida.

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Muchas gracias por vuestros comentario y espera. Cualquier duda la responderé en cuanto pueda. Besos.