Disclamer: Todos los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Yo solo soy la dueña de la trama de la historia.
Summary: La belleza podría ser descrita de muchas formas, sin embargo el dolor de sus heridas se reflejaban de forma fuerte en su actuar. Él no era perfecto, ella tampoco. Ambos distintos, ambos sufriendo, unidos por el destino para vivir el día a día.
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Capítulo 4.
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Estaba confusa respecto a mis sentimientos a Edward. Si partía del hecho que me era en su totalidad un desconocido, era más preocupante la situación. Daba miedo empezar a darle vueltas y vueltas al asunto, podría perder más que una mirada y un te quiero no dicho si llegaban a un puerto más seguro y éstos no encontraban algo a lo que afiatarse. Además no me gustaba para nada el hecho de llorar por un hombre, lo encontraría más justo si los sentimientos fueran correspondidos pero esto, no tenía nombre de mi parte…era algo confuso.
No me gustaba mostrar de por sí mis sentimientos a las demás personas, era algo impropio en mi ser, de por sí muy controlado, era el producto de años de malas amistades y últimamente malos tratos nacidos de discriminaciones por mi condición. Ya no recordaba cuantas personas habían traicionado mi confianza hasta dejarla hecha añicos en el suelo, en la primaria, secundaria, más lo peor y más fuerte sucedió en la Universidad.
Riley. Un nombre con cinco letras. Un nombre que encerraba el carácter y virtud del dueño de mis pensamientos, el chico que me gustaba. Infructuosos fueron mis intentos por acercarme a él, vanas fueron mis esperanzas que terminaron en el suelo cuando vi como sus labios rojos hacían contactos apasionadamente con los de una morena.
Llevaba algunos semestres prendada de él, me lo topaba especialmente en la biblioteca y a veces nuestras miradas se encontraban, pero era solo un contacto visual… hasta que sucedió el accidente, en el que me vi privada de aquellas muestras de indulgencia y futuro posible de una relación aunque fuera amistosa o lo que sobrara que dejaba la morena. Más, de un día para otro ya no lo volví a ver ni en la biblioteca ni en el campus.
Dolía recordar aquel tiempo, pero había derramado demasiadas lágrimas ya en su momento y teniendo como única compañera mi almohada, ya que las amigas… escaseaban o eran sólo unas interesadas que me buscaban para realizar los trabajos que no entendían o me usaban como pañuelo de lágrimas de sus numerosas relaciones, algo que jamás fue recíproco hacia mi persona, ni antes ni después del accidente.
Pero la vida era tan compleja. Sabía que fácilmente podría llegar a entregar mi corazón a Edward, no estaba segura si sería amor a primera vista, sin embargo el sentimiento era demasiado fuerte como para dejarlo pasar y tomarlo a la ligera. Edward era un hombre tan perfecto, de lo poco que lo conocía era el chico ideal, caballero, guapo, con carácter… todo lo que una mujer esperaría como regalo de Dios. No le daba una mayor importancia a su cojera, al contrario, le daba una mayor hombría a mi juicio, algo que quizás las demás mujeres no veían en él.
También me daba curiosidad lo que me señaló Sue de su accidente que se mantenía con tan reservado recelo, pero sabía que ella no me diría nada, tampoco era educado ir y preguntarle a Edward de sopetón por ello, sería una intrusa… salvo que me hiciera su amiga primero que nada, quizás si me ganará su confianza podría intentar algo más. Pero, ¿quién querría estar con una inválida?.
Seguí con mi día en la librería con normalidad. Mis pensamientos los dejaría guardados por algunas horas y después reflexionaría sobre ellos en la plenitud de mi habitación. Pocos clientes entraron por lo cual pude hojear a mis anchas un libro de economía que había llegado por encargo, "Mankiw" se titulaba el ejemplar. En el se definían conceptos básicos de economía, fórmulas y ejemplos de situaciones que se podían aplicar en la vida diaria.
A la salida del trabajo, cogí las cuentas que estaban en la entrada y las deposité en un cajón destinado a ello, volví a la puerta para salir y una vez fuera emprendí el camino para la parada del taxi. La noche estaba un poco cálida, algo extraño en Forks, pero era un hecho que mis huesos lo agradecían, quizás no tendría que tomar tantos calmantes para mitigar el dolor.
El chirrido de un auto deteniéndose rápidamente alertó mis sentidos. Un taxi frenó y de él descendió un hombre con abrigo negro que cojeaba notoriamente, Edward me dije inmediatamente. Por la hora, deduje que iba a cerrar la pastelería o hacer turno de noche, ya que lo veía en diversas ocasiones en ella, por lo que la idea de un turno no era del todo equivocada. Seguí observándolo mientras caminaba en dirección a la pastelería y observé con verdadero deleite cuando entró en ella.
Camine rápido, a mí modo, hasta llegar a la pastelería. En el interior estaba Esme, por lo que me decepcioné un poco ya que no era quien esperaba que me atendiera allí. Hice mi pedido habitual, cancelé y me marché silenciosamente. Esperé un taxi, que me condujo rápidamente a mi hogar, en donde me sorprendí al notar que la patrulla estaba fuera de la casa.
-¿Papá?- musité al entrar en la casa.
-En la cocina Bells- gritó mi padre.
Me dirigí hasta ese lugar, dejando antes con cuidado mi mochila con comida en un sillón que había en la entrada de la casa. Charlie estaba en la cocina, sacando una humeante comida del microondas, demasiado elaborada para ser invención suya por lo demás.
-¿De dónde sacaste esa comida?- murmuré preocupada de que hubiese sido producto de sus grandes dotes culinarias.
-¡Oh esto! Lo adquirí en un nuevo almacén que hay cerca de la comisaría- dijo mientras sus mejillas se coloreaban suavemente. Sospechoso me dije, pero lo dejaría pasar.
El resto de la cena fue una conversación trivial, sobre nuestro día a día y los sucesos que pasaban en él. Se sorprendió cuando le mencioné superficialmente el asunto de Edward y noté como una mueca se formaba en sus facciones.
-Lo que le paso a ese chico no tiene nombre, aunque es algo muy personal y es un pacto más menos lo que hay entre los habitantes sobre no hablar mucho de él ya que la familia quedó notoriamente herida- dijo con voz apagada.
-¿O sea que no puedo saber lo que paso?- pregunté desilusionada.
-No me corresponde a mí contarte pequeña- dijo mientras nos levantábamos de la mesa.
Estaba claro que tanto misterio en torno a Edward no me ayudaba en nada a disminuir mi sana curiosidad por él, pero tampoco sabía cómo preguntarle sin ser mal educada. En mi propia habitación acompañada de mi café con leche ojeaba un diario que había en la entrada de la casa y lo había llevado conmigo; el mundo estaba tan raro y cruel que daba hasta susto leer cada noticia en el papel y más si investigabas en internet.
La semana transcurrió con total normalidad en la librería, a veces llegaban unos libros un tanto extraños como pedidos, pero cada cliente tenía gustos distintos, mientras leyeran las cosas correctas, a mí me enriquecía como persona.
No había vuelto a ver a Edward en toda esa semana ni a tener noticias suyas por parte de su madre, lo cual me tenía enferma de la preocupación, ¿y si le hubiese pasado algo? ¿y si estaba enfermo?, pero no podía ir y preguntar de ese modo, además temía delatar mis sentimientos de alguna forma si consultaba con Esme, por lo cual debí quedarme callada y con la curiosidad rondando mi mente.
Aquella mañana, la que encabezaba una nueva semana de trabajo, me sentí un poco más contenta conmigo misma. Al mirarme en el espejo después de la ducha, pude ver que las cicatrices que había en mi estómago estaban ya más blancas que al principio y ese color rojizo de los primeros meses casi había desaparecido de mi cuerpo, la más notoria era la de la operación para sacarme las 2 balas que se habían incrustado en mi interior…suspiré y seguí recorriendo mi cuerpo.
No había tenido la misma suerte con aquella bala en mi columna, que por poco y me dejaba inválida; era la más notorio en el inferior de mi espalda, donde más se notaba el injerto de piel que había allí y la casi invisible diferencia de piel, de mi espalda y del trozo de piel de la pierna que habían tenido que colocar en ese lugar. Por supuesto que la cicatriz de la pierna ya casi ni se notaba, había sido un trabajo de relojería el desarrollado por los cirujanos quienes habían puesto un implante ficticio en mi pierna para que creciera piel en torno a él y tener con que cubrir la pequeña porción de espalda que se había visto dañada por el accidente.
Deje de ver todas las imperfecciones que había en mi cuerpo y me vestí con normalidad. Pantalones una talla más grande y un sweater suelto que no se pegara de ningún modo a mi piel, me hizo sentir yo nuevamente y no ese ser con un daño psicológico que había sido hace algunos meses.
En la librería me esperaba una sonriente Sue con una caja a su lado, esa mañana debería de ir a hacer una entrega personal al contable de ella sobre unos tomos de sociedades y Normas Internacionales de Contabilidad (NIC).
Con el pedido dentro de mi mochila me encamine esa fría mañana hasta el centro del pueblo en donde se hallaba un edificio más moderno que el resto o no tan antiguo como los demás, con aspecto de albergar en su interior las oficinas de una importante empresa. En la recepción pedí hablar con el contable y la mujer sonriente que me atendió me condujo hacia el ascensor dándome la indicación de bajar en el quinto piso a ir a la oficina número 14.
Golpeé con cuidado y esperé a su apareciera el Señor Cullen como rezaba la placa en la puerta. Escuché unos fuertes pasos al otro lado de la puerta y apareció un gran hombre de cabello oscuro y un rostro muy infantil.
-¿El señor Cullen?- pregunté un tanto intimidada por su porte.
-¿Con cuál de los señores Cullen?- preguntó con una gran sonrisa.
-El contador- dije esperando no haberme equivocado.
-Estás en el lugar correcto- dijo muy sonriente mientras me dejaba pasar. –Yo soy Emmett Cullen, el preferido de mamá, el más grande y guapo de la familia como te darás cuenta- dijo en tono bromista. -¿Con quién tengo el gusto pequeña?-.
-Isabella Swan, pero si gustas llámame Bella- dije con una sonrisa.
-Oh la pequeña Bella, según lo que me comentó Jazz Jazz eres la ayudante de Sue en la librería- afirmó mientras me tomaba suavemente del brazo hasta llevarme a un pequeño salón con sillones. Di gracias a Dios que eran más altos de lo normal, por ende no me costaría tanto levantarme después. Con cuidado fui descendiendo hasta sentarme mientras Emmett estaba al lado mío mirándome preocupado.
-Fue desconsiderado de mi parte un sillón, la próxima vez será una silla más alta para que no te cueste tanto. ¿Estás bien?- preguntó preocupado.
-Sí, gracias- musité mientras mis mejillas se coloreaban.
-Y bien, que te trae por acá Belly Bells. ¿Gustas un café, leche, jugo, alguna cosa?- preguntó.
- Café con tres de azúcar- dije haciendo notar mi gusto por lo dulce.
-Una chica dulce por lo que veo- dijo mientras se dirigía a un teléfono y llamaba encargando café, leche y unos pastelitos. Mi sorpresa fue grande al ver que depositaban en una mesita pasteles pequeñitos con diferentes formas, galletitas y unas hermosas tazas de porcelana. Se me hizo agua la boca al ver todo eso esperando por mí.
Emmett sirvió el café en dos tazas y le agregó a la suya leche, por lo cual hice lo mismo con mi taza y añadí el azúcar. Tomé un pastel y gemí para mis adentros, el envoltorio era de la pastelería de Esme.
-¿Esme realiza pastelería fina?- pregunté con curiosidad, ya que en su pastelería siempre había visto productos con una elaboración más general que nada.
- Sí, cuando se le encarga sobre todo, pero siempre realiza para sus hombres, los chicos Cullen, aunque Jasper no tiene nuestro apellido, decidimos adoptarlo como hermano, ¿no te parece maravilloso Belly Bells?-.
-Claro, él es abogado y con quién realice los trámites para que me contrataran- dije recordando el joven silencioso que era Jasper sin dejar de ser atractivo.
- Sí ese es Jasper, tiene su oficina en este edificio también y algunos días trabaja en una del pueblo, que creo que es a esa donde fuiste por tus papeles. Bueno aparte de esta hermosura de hombre que tienes enfrente tuyo, también en este piso hay otro Cullen. Y papi que trabaja en un hospital y tiene su propia consulta. Mami tiene su pastelería y nos ha hablado mucho de ti.
-Es muy simpática Esme, ya soy cliente frecuente de su local-.
-No me extrañaría, mami siempre conquista a las personas por su estómago- mencionó mientras comenzaba a sonar su celular. –Permíteme unos segundos- dijo mientras se alejaba por la puerta por donde había entrado.
Investigué la estancia donde estaba, habían trofeos de lo que parecía la época universitaria suya, fotos familiares en donde abundaban las de él con una hermosa rubia, una de Edward, Jasper y él, y otra donde salía toda la familia junto a una chica bajita de pelo negro.
Se notaba el lujo en las paredes sin ser exagerado, además de un gusto exquisito por la decoración del ambiente, de tonos cafés por la madera, las cortinas en color vino tinto, daban un aspecto de estar en una casa señorial muy linda.
-¿Te gusto la decoración?- preguntó su voz.
-Es hermosa, quien la hizo tiene muy buen gusto- mencioné educadamente.
-Fue producto de la Duende, a ella le encanta la moda y decoración, así que se divierte en estas oficinas, espero que la puedas conocer pronto, de seguro serán grandes amigas- dijo muy seguro de sí mismo. Lástima que yo no me fiara de las personas tan rápido, sino sería una hermosa posibilidad encontrar una amiga en con quien conversar.
-Bueno, ahora te entrego lo que te mando Sue, de seguro tienes mucho que hacer- dije rápidamente, saqué de mi mochila los libros que había encargado y entregándoselos.
-Esto es excelente, ¿sabías que hace algunos años se adoptaron medidas para que la contabilidad fuera llevaba de modo global de la misma forma?. Cuando cada país llevaba su sistema independiente y estás empresas debían mandar información a otros países se producían desacuerdos entre las empresas, se decidió hacerlo un idioma más global, y necesito actualizarme en cuanto a algunos temas, ya que llevo la información de algunas empresas en Seattle y otras de mayor tamaño en Washington D.C., ¿lindo cierto?- dijo moviendo sugestivamente sus cejas de arriba y abajo sin perder el brillo en la mirada.
-Tengo nulos conocimientos contables- admití con vergüenza de mi parte.
-Tranquila, lleva su tiempo aprender, ¿no es tu campo cierto las matemáticas?- preguntó sonriente.
-No, para nada, estudié literatura en la universidad, los ramos matemáticos los pase con ayudantías y clases extras, es como si parte de mi cerebro estuviera atrofiado a los números- dije con una sonrisa sincera.
-Cada persona tiene su fuerte, creo que te llevarías bien con Jazz, a él le encanta leer libros aparte de los de derecho, es como un ratón de biblioteca mi pobre hermano, creo sinceramente que un día las polillas saldrán de sus textos antiguos y se lo van a devorar- dijo con una carcajada.
Y reí, con una carcajada limpia, fresca y sincera, reí como hacía tiempo que no lo hacía. Vislumbré que había algo más que ese horizonte negro que tenía pintado en mi mente, me pude ver de manera distinta, superando todas las trabas que el camino me pusiera en la vida, me vi feliz al final del túnel.
Cerca de una hora en total estuve riendo y conversando con Emmett, hablamos de su familia y me fue explicando por las fotos que habían en ese salita, quiénes eran las personas allí presentes en las fotografías y que representaban.
La hermosa rubia que salía con él, era su novia, Rosalie y estaban juntos desde que se conocieron en la universidad, me alegre enormemente por él de que tuviera a su lado alguien que lo quisiera por cómo era con los demás.
Jasper era novio de la chica bajita de cabello negro, Alice quién era un torbellino para las compras y le gustaba jugar con sus hermanos a ser sus "Ken" personales. Era extraño por lo que me contaba Emmett como dos personas tan diferentes como Jasper y Alice estuvieran juntos, siendo el primero tan reservado y la segunda tan espontánea.
Y fue una sorpresa enterarme de que Edward era su hermano mayor y uno de los cabezas de la familia, después de su padre que era médico. No ahondó mucho en la historia personal de Edward, lo que me frustró un poco, ya que era de quién más quería saber.
El teléfono nos interrumpió nuevamente y supe que se había acabado la conversación al ver que sus facciones se ponían serias luego de estar siempre sonriente, algo de importancia había pasado y debía de dejarme, lo supe antes de que me lo confirmara.
-Bells, lo siento pero el deber me llama. Eres bienvenida cuando quieras en esta oficina y en la familia, así que no dudes en contar con la protección de Papá Oso en cuanto la necesites, ¿está bien hija mía?- preguntó serio.
-Ya papi- dije sonriendo mientras él me ayudaba a levantarme suavemente y se dirigía conmigo hasta la salida de su despacho.
Sentí el golpe detrás de mí de la puerta al cerrarse y me sentí un poco triste, no era una persona que recibiera de lleno muchas dosis de alegría ni buenos ratos, pero debía de reconocer que realmente la había pasado excelente.
Con un poco de curiosidad inspeccioné el resto del pasillo. La oficina de Jasper estaba cerrada y no se oía ningún sonido procedente de ella, probablemente no estaba o andaba trabajando en la oficina del pueblo la cual yo conocía.
De la última oficina del fondo se escuchaba una pieza de música clásica, Claro de Luna de Debussy resonaba por toda la estancia. Deje que el sonido me llenara de a poco los sentidos y me fui introduciendo a un mundo de sueños y dulzura, en donde unos hermosos ojos esmeraldas me miraban con algo más que simpatía. Fueron mágicos esos minutos, pero se vieron terminados al mismo tiempo que la melodía se extinguía detrás de la puerta. Un suspiro salió de mi boca y la realidad volvió a mí. Con cuidado fui caminando hacia el ascensor del quinto piso, en donde no se escuchaba ningún sonido más que no fueran mis muletas y pasos sobre el inmaculado piso.
No me percaté de quién era la placa que estaba en la última oficina, estaba en mi mundo de sueños, por lo que me sorprendí escuchar un grito gutural cuando se cerraban las puertas del ascensor con el nombre de "Emmett".
Salí rápidamente del edificio y fui relajando mi paso hasta hacerlo casi lento, muchas veces se me olvidaba que si caminaba rápido, me dolería la espalda y tendría que llenarme de medicamentos en más de lo que me había recetado el doctor.
Una vez en la librería descansé y seguí mi trabajo normalmente, sin preocupaciones mayores. Pero fui gratamente sorprendida cuando entró un grupo de niños con las párvulos, era demasiada tierna la imagen de verlos a todos de la manito o agarrados de sus delantales de colores. En sus cuellitos llevaban una credencial con su nombre, pero me llamó la atención un niño que tenía escrito el nombre de "Eddie" en ella. "Eddie" era comúnmente el diminutivo de Edward.
Las parvularias reían de las ocurrencias de los niños y les contaban cosas acerca de lo que era una librería y quién era yo. Miré un cuaderno en el mesón y vi una nota de Sue:
"Viene un curso de un jardín infantil… se me olvidó decirte que estaba agendada su visita hacía un mes. En el primer cajón te dejo unos libritos para colorear para ellos. Espero que no tengas problemas con los pequeños. Besos… Sue".
Los niños no hacían problemas, al contrario algunos se acercaron a darme un regalo que fabricaron en el jardín, un pequeño dibujo en una hoja de un libro coloreado de distintos colores por ellos. Gustosamente los fui recibiendo y colocando en el mesón de forma cuidadosa para que cada uno se notara en su plenitud.
Las maestras vigilaban cada uno de sus movimientos, no porque se fuera a quebrar algo, sino porque el grupo contaba con algunos pequeños que eran más traviesos que otros y podían tomar un libro como arma de guerra, la idea me asustaba un poco ya que algunos libros pesaban bastante y no quería heridos tan pequeños.
Cerca de una hora estuvieron presente los niños, habían hecho juegos, preguntas, y en cada una de las actividades estaba incluida aunque participada detrás del mostrador por miedo a caerme si no estaba con las muletas o por pegarle a alguno sin querer con ellas. Antes de irse formaron una fila y le entregue los libritos para colorear a una de las parvularias para que se los repartiera. Con un "Adiós tía Bella" fueron saliendo de la manito cada uno de la librería.
Ahora, sin clientes, me di cuenta de que muchos libros estaban desordenados y en lugares equivocados, algunos de los dibujos que me traían estaban descansando en el suelo, más que seguro de aquellos que no me lo entregaron.
Con cuidado salí con las muletas desde detrás del mesón a ordenar los libros. En la parte inferior del estante más alejado a la puerta se encontraban dos libros pesados en el suelo, armándome de valor fui hasta ellos; despacio bajé pero el equilibrio me falló en ese entonces; un grito salió de mi garganta y otro grito resonó en la estancia, caía poco a poco al suelo, unos brazos me sostuvieron, un gemido de dolor salió al aire, cerré los ojos y aterricé sobre una superficie blanda que no era la que esperaba.
-Mmm…¡ay!- dijo esa voz debajo de mi cuerpo. Abrí los ojos y me topé con un rostro conocido.
-¿Edward?- pregunté confundida.
-No, el viejito pascuero en persona- dijo con una mueca.
-¿Qué haces aquí?-.
-Estar en el suelo, ¿no te parece?- musitó lleno de ironía.
-No era a eso a lo que me refería, lo sabes perfectamente, podrías ser más educado- dije enojada.
-En otras circunstancias Bella, pero me duele la pierna, ¿podrías salir de encima de mi cuerpo?- preguntó mientras el calor inundaba mis mejillas.
Despacio me quite de su cuerpo, me apoyé en un estante y me impulsé hasta sentarme bien, jadeé buscando aire, ya que el esfuerzo hecho me había dejado sin oxígeno en los pulmones prácticamente.
Más rápido que yo, se sentó Edward a mi lado mientras el sudor perlaba su frente, estaba claro que no era de esos hombres que mostraban sus sentimientos a los demás abiertamente. Lo miré cuidadosamente mientras se tocaba su pierna, con la que cojeaba y se daba lo que a mí me pareció un masaje sobre ella.
-¿Qué miras?- ladró mirándome enojado.
-A ti, dado que andas con traje y nunca te había visto vestido de esa forma- dije ya que mientras se masajeaba noté que su ropa era mucho más formal de lo que vestía.
-¿Y qué? ¿Acaso nunca has visto un hombre que cojea con traje?- ladró nuevamente.
-He visto hombres mucho más guapos y amables que tú, hasta hombres en silla de rueda mucho más simpáticos que tú, ¿quieres que te los describa más?- pregunté mientras contaba mentalmente hasta cien.
-No gracias- dijo mientras se apoyaba en el estante y se impulsaba sujetándose su pierna. No pase por alto el gemido que escapo de su boca cuando estuve totalmente en pie.
-¿Tendrías la gentileza de ayudar a pararme?- pregunté mientras trataba de que una sonrisa apareciera en mi rostro, pero fue en vano.
-Grrr… podemos caernos los dos nuevamente- dijo mientras se aferraba a un estante con una mano y con la otra me envolvía la cintura. Contó hasta tres y me levantó no sin chirriar los dientes, me aferré al estante y apoyé mi cabeza en su pecho por el dolor de levantarme tan rápido. No iba a llorar ni a mostrar mayor debilidad frente a Edward.
Pasaron varios segundos hasta que sus brazos me volvieron a rodear por la espalda y me acercaron a su cuerpo, la calidez y aroma que desprendía era exquisita. Sentí un peso en mi cabeza y me di cuenta que era la suya que reposaba en la mía mientras descansaba sus brazos en mi cuerpo.
El tiempo pareció detenerse mientras escuchaba los alocados latidos de su corazón tras la chaqueta y camisa que cubrían su torso. Era tan fuerte y varonil, su esencia se colaba por mi nariz y hacía estragos en mi cuerpo, sin darme cuenta rodeé más su cintura con sus brazos acercándome más a su cuerpo.
Quería tenerlo ahí, siempre para mí, cariñoso y atento, sin ese sarcasmo que dominaba sus palabras y hacía que su voz de terciopelo cobrara un matiz más duro, demostrando su cinismo frente a las personas. Así, a mi lado quería tenerlo para siempre.
No notaba de su parte rechazo ni asco por mí, al contrario, el agarre de sus brazos se había afianzado mucho más, era… como si no quisiera dejarme ir de su lado. Como si me aceptara por como yo era.
-Bella- murmuró suavemente.
-¿Mmm…?- musité yo.
-¿Estás mejor ya? ¿te duele mucho?- preguntó preocupado mientras mi burbuja se rompía a medida de que iba soltando mis brazos y separándose de mi cuerpo.
-¿Qué?- pregunté confundida.
-¿Te sientes bien?- preguntó de nuevo.
-Me duele un poco, pero se me pasará en cuanto tome mis medicamentos. ¿No te ayude mucho con tu pierna, cierto?- le pregunté, ya que recordaba que a él tampoco le convenía hacer mucha fuerza.
-No ayudo, pero lo que importa es que estás bien- dijo mientras se separaba totalmente de mí para recoger los libros que yo había ido a ordenar.
El frío rápidamente se coló en mi cuerpo. Era sorprendente como su calor se había ido dejándome en la más completa soledad, aunque seguía cerca de mí, podía sentir como se alejó de lo que sentía y cómo me dejaba nuevamente, siendo una persona solitaria.
-Venía a ver si ya estaban los libros de cocina que te encargo mi madre- dijo adoptando su voz de siempre, aquella aterciopelada pero fría, carente de sentimientos.
-No han llegado- murmuré ya esos libros llegarían el fin de semana debido a un atraso que habían tenido.
-Ok, vendré en otra ocasión, espero no encontrarte casi en el suelo nuevamente, Isabella- murmuró mientras abría la puerta y se marchaba por la calle cojeando más fuerte de lo normal.
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¿Les gusto Emmett? Si es un amor él… ya vamos conociendo un poco más a la familia Cullen y las relaciones que hay entre ellos. Supimos del pasado de Bella y las secuelas de la balacera que casi la matan.
¿Ese niño "Eddie" será hijo de Edward? Uh uh uh…
¿Qué les parece la actitud de Edward? ¿Alguien lo entiende?
Nos leemos en el próximo capítulo. Gracias por leer y comentar.
