Disclamer: Todos los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Yo solo soy la dueña de la trama de la historia.
Summary: La belleza podría ser descrita de muchas formas, sin embargo el dolor de sus heridas se reflejaban de forma fuerte en su actuar. Él no era perfecto, ella tampoco. Ambos distintos, ambos sufriendo, unidos por el destino para vivir el día a día.
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Capítulo 5
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Había probado parte del néctar de los dioses, un sorbo de ambrosía de la vida y de la mano de quién menos lo esperaba, Edward. Parte de mí ser y esencia de mujer renació por unos locos minutos mientras sus fuertes brazos me tenían rodeada; fue un trozo de cielo el que me alcanzaron con la mano para tenerlo a mí alcance.
Pero su calidez se veía rápidamente empañada por su actitud sarcástica y un tanto cínica que tenía conmigo, no sabía cómo se comportaba con los demás, pero me hería profundamente que en un momento se portara de forma generosa y amable y al instante siguiente, en un ser totalmente desconocido para mí, uno que en lo más profundo de mi corazón me decía que estaba aún herido por algo o alguien. No sería extraño que con el aspecto que portaba Edward, muchas mujeres estuvieran a sus pies, o en el mismo pasado, que más de alguna fémina hubiese perdido la cabeza y corazón por una hermosura semejante como la suya.
A mí mente acudió la imagen de aquel niño llamado Eddie. Una parte de mi ser quería creer que no había un relación sanguínea entre ambos, a pesar del gran parecido entre ellos; pero si algo no podía pasar por alto, era el pasado de Edward, desconocido totalmente para mí… no podría borrar un hecho como tener un hijo, en el caso que mi hipótesis se confirmara, al contrario, debería de aprender a vivir con ello.
Ese pensamiento fue uno de los que me rondó durante toda la semana siguiente de mi "casi" accidente, ¿sería el destino tan cruel de presentarme un hombre que me atrajera y además estuviera comprometido de aquella forma? ¿podría ser aquella hermosa criatura hijo de Edward?.
Estaba de más decir que a Edward se lo había tragado la tierra toda esa semana. Ni rastro de él en la pastelería, en la parada del taxi o cualquier calle. No era como para llegar al extremo de decir que no existiera, pero me preocupaba el hecho de no poder verlo, que mis ojos no se deslizaran suavemente por su pálida piel era algo que me alteraba el sueño notoriamente. ¿Dóndeestaría? me pregunté al finalizar aquella semana sin vislumbrar siquiera su sombra en Forks. Estuve tentada a ir hasta las oficinas de Emmett y preguntarle por él, pero mi timidez nuevamente ganó esa pelea silenciosa que se libraba en mi interior, por lo que deje que el tiempo pasara lo más normal que me fuera posible.
Aquel fin de semana Charlie solo tendría turnos en la mañana, ya que debería suplir a uno de sus compañeros, pero el día lunes libraría, por ende "podría compartir" más conmigo. Ok, tenía la esperanza de que sucediera, me daba cuenta del esfuerzo que hacía Charlie para relacionarse conmigo día a día, no le quitaba mérito tampoco a su actuar, sin embargo me hubiese gustado tenerlo algunos días solo para mí, que fuera más demostrativo con sus sentimientos para conmigo, más no le podía pedir a un policía tanto en ese aspecto.
La pasamos viendo películas en casa, comiendo pescado asado con puré de papas, él lo acompañó con su cerveza sin alcohol y yo por la mía con jugo de frutas. El día estaba más soleado que de costumbre, por lo que hacer la colada entre los dos fue más entretenido ya que el sol nos ponía de buen humor, a mí especialmente me recordaba aquellos momentos bellos que había pasado en la universidad, en donde el sol brillaba la mayoría de las mañanas en lo alto de mi cabeza.
No había vuelto a reír de la misma manera a cómo sucedió con Emmett, con espontaneidad, salía una que otra risa casi forzada de mí interior, sobre todo con Charlie, le sorprendió al principio ver ese pequeño nuevo cambio obrado en mi persona, sabía que estaba dando por sentado muchas cosas, pero no se podía comparar aquella imitación de risa a las verdaderas ganas de reír cuando estaba en presencia de él.
Pasaba cada tarde por las afueras de la pastelería para ver si estaba mi vendedor preferido y nada, muchos días deje de comprar mi alimento, otros, tan solo entraba por costumbre y pedía solo un café y una barrita de cereal. Esa fue mi segunda semana sin Edward.
Ya iba a comenzar la tercera semana del mes cuando llegó a la librería, Emmett a buscar unos libros de música que había adquirido. Me era un tanto extraño que él precisamente los fuera a buscar, ya que no se veía atraído por ese arte, de Jasper lo hubiese podido esperar… pero Emmett era tan divertido, me veía a alguien más serio interesado en aquellos libros que él.
-¿Cómo está la pequeña Bells Bells?- inquirió mientras me daba un sonoro beso en mi mejilla derecha, los colores se me subieron de inmediato.
-Bien Emmett ¿y tú?- pregunté mientras los latidos de mi corazón disminuían de a poco. No estaba acostumbrada a las muestras de afecto por parte de los hombres.
-Sí bien, aquí estamos, me tienen de mensajero ahora, ¿no tendrías por ahí unos librillos de música? En todo caso si no han llegado aún no es el fin del mundo, puede esperar-.
-Déjame ir a revisar la bodega, vuelvo en unos minutos- dije mientras agarraba mis muletas y las posicionaba bajo mis brazos.
Deje según yo a Emmet en la tienda mientras iba a la parte de atrás de la misma a ver si estaba en algún pedido aquellos libros; era fácil decir si estaban o no ya que en cada caja que habitaba ese lugar, se encontraba una etiqueta describiendo el tipo de materia al que correspondía y los títulos a un lado de los libros que se encontraban en el interior. Busqué en la que decía música y repasé cada uno de los títulos tratando de recordar los que eran de Emmett. Al cabo de unos minutos, encontré los dichosos libros, de menor volumen a lo que me esperaba, con cuidado y lentitud fui bajando hasta que una mano grande y velluda me lo impidió, levanté mi vista y unos ojos azules negaron con la cabeza mientras se inclinaba rápidamente y sacaba él mismo los libros de la caja.
-Gracias Emmett- dije con una sonrisa.
-De nada pequeña, supuse que tendrías que hacer algún tipo de esfuerzo y decidí venir a ayudarte, además tenía curiosidad por conocer la bodega de la librería- dije en tono confidente.
-¿Alguna razón en especial?- inquirí ya que era raro que un cliente quisiera conocer una bodega y además de libros polvorientos muchos y otros nuevos.
-Curiosidad solamente- sonrió mientras en sus mejillas se formaban unos hoyuelos de niño travieso.
Volvimos al mesón mientras envolví con cuidado los libros, al no decirme que tipo de papel, los cubrí con uno neutral café claro, el típico para estos casos. Los deposité en una bolsa plástica y se los tendí en el mesón.
-¿Tienes amigos en Forks, Bella?- preguntó cuidadosamente. Sentí como se me iba la sangre de las mejillas dando paso a una frialdad, la palidez pensaba yo.
-Pues la verdad, es que aparte de Sue, no hay nadie más con quién me relacioné, descontando a Charlie por supuesto- dije no queriendo ahondar mucho más en el tema, me era difícil hablar de ello.
-Mmm… si yo te invitará a una cena con Jasper, Rose y Alice, ¿tú irías?- preguntó esperanzado.
-Pues… no sé, creo que sería incómodo para algunos de ellos que me introdujera así de pronto en sus vidas, además soy una total desconocida, me he relacionado más contigo que con Jasper, con él ha sido todo más profesional- suspiré mientras una pregunta salió a la superficie desde mis más oscuros miedos- ¿no me estarás sintiendo lástima Emmett?- le pregunté lo más seria que pude.
- ¡Oh santa madre del amor hermoso y misericordioso de nuestros santos! ¿Cómo puedes pensar algo así? ¿tengo cara acaso de ser una mala persona? – preguntó mientras que con un dedo dibujaba un halo sobre su cabeza simulando ser un ángel.
-Es que, cuando las personas se han acercado a mí lo han hecho por lástima o algún tipo de interés en los estudios, es raro que se me acerquen por otra razón- dije soltando un poco de la verdad.
-¿Te hicieron daño en el pasado Bells?-.
- Sí- susurré.
-Dime quién fue, exijo saberlo y descargaré toda la ira del gran oso Emmett sobre sus huesos- dijo muy seguro de sí mismo.
-Personas del pasado, que ya no están acá conmigo, no vale la pena recordar a quiénes te hicieron daño alguna vez, solo es conveniente irse con cuidado, soy un tanto desconfiada de las personas- dije admitiendo más verdades.
-Cuando te dije si necesitabas algo la otra vez, lo hice en serio Bella, piensa en mí como un amigo. Además estoy seguro que los chicos te dirán lo mismo, no siempre te dejes por las apariencias, ya sabes que pueden ser engañosas por más miedo que tengas a equivocarte, tienes que cruzar el río- dijo en tono filosofo- y que me dices al final, ¿aceptas venir a cenar con nosotros?- preguntó con esa sonrisa de niño chico tan propia.
-Está bien… solo tienes que decirme cuando sería tan magno evento para ir preparándome, ¿debo llevar alguna cosa?- pregunté.
-Claro que no, eres nuestra invitada. Personalmente vendré a buscarte si quieres acá o a tu casa-.
-¿Sabes dónde vivo?- pregunté.
-¿Quién no conoce donde vive el jefe de policía?- sonrió, y era verdad, todos sabían donde vivía papá.
-Está bien, creo que sería conveniente que me fueras a buscar allá- dije pensando en la reacción de Charlie.
- El sábado sería ideal, unas carnecitas al horno, ensaladas, un buen vino y helado, mucho helado- dijo mientras lamía sus labios.
-¿Tienes hambre?- le pregunté.
-Sí, como ves, para mantener un cuerpo como el mío es necesario comer bastante, además estoy en etapa de crecimiento- dijo explotando en una risa.
-Eres un payaso Emmett- le mencioné con confianza.
-Pues claro, ¿quién más que yo te saca las sonrisas más tímidas de Forks?- dijo muy pagado de sí mismo.
-Es cierto… por cierto, ¿has sabido de Edward?- pregunté mordiéndome el labio.
-Ajá… así que todo este rato estuviste haciéndome la pata, me extraña de ti Bella, te me has caído del pedestal- dijo sonriendo mientras mis mejillas enrojecían – Bueno, Gruñón acaba de llegar de un viaje, por eso se ausentó estas semanas, no estaba desaparecido, abducido por los OVNIS ni nada por el estilo, pero está bien, ¿quieres mandarle algún recado con Cupido?-.
-Eh, bueno yo, no sabría que mandar a decirle, no lo conozco nada…- dije insegura.
-El amor el amor… tenle paciencia a Edward, es lo único que te pido, además de que soportes sus constantes cambios de humor, pero con el tiempo aprendes a lidiar con ello – dijo afirmando con su cabeza. -¿Te gusta, no es cierto?- preguntó afirmando más que nada.
-No es necesario que te diga la respuesta si ya la sabes- dije enrojeciendo.
-Quién lo diría, la pequeña Bells enamorada de Gruñón- susurró moviendo su cabeza de lado a lado. –Bueno señorita, este humilde servidor debe marcharse a batallar con balances y cuentas, un gusto charlar contigo- dijo mientras me besaba en la mejilla.
-Adiós Emmett, cuídate-.
-Pásate por la pastelería esta noche- dijo riendo mientras se alejaba por la calle.
El resto de la tarde siguió lenta, muy lenta. Sue vino casi a la hora de salida a ver los pedidos que habían llegado después de almuerzo y a ingresarlos a la bodega ella misma, ya que a mí no me dejaba hacer casi nada de fuerza por mi estado.
Me pude ir felizmente casi media hora antes, con su autorización por supuesto, ya que mi jefa quería cerrar personalmente el local. Salí con dirección a la pastelería, caminando a paso lento esta vez para evitar posibles dolores en la noche, contaba los pasos que daba para llegar al bendito lugar. Una vez en la puerta, me percaté de quién estaba atendiendo y recordé las palabras de Emmett –Pásateporlapasteleríaestanoche-. Una sonrisa involuntaria se formó en mi rostro y entré al local.
-Buenas noches Edward- dije mientras el aludido levantaba su cabeza del diario que leía. Su cara de sorpresa no tenía precio, primero se puso pálido como un fantasma, luego sus mejillas se tornearon de un intenso rubor.
-Hola señorita Swan- mencionó de forma cordial. Sin sarcasmo de por medio.
-¿Cómo has estado?- le pregunté suavemente, esperando en cualquier momento su reacción llena de ironía, estaba preparada para aquel golpe.
-Cansado, pero como ves, hay que trabajar, ¿lo mismo de siempre?- preguntó sin dejar de hablar amablemente.
-¡Claro!- musité más confiada de mí misma. -¿Qué ha sido de tu vida estos días?-.
-No estaba en el estado, tuve que realizar algunos trámites de la empresa, pero delegue responsabilidades, me siento más confiado y seguro estando aquí con los míos en Forks- dijo tomando una pequeña pausa. –No es que me sienta orgulloso de mi persona, pero han cambiado muchas cosas en mi vida y con ello mi forma de ser y pensar respecto a los demás, me siento más aceptado aquí- mencionó mientras su mirada se perdía en el aire.
-Vaya Edward, gracias por confiarme un poco de tus sentimientos. La verdad es que yo volví a casa por lo mismo, necesitaba la seguridad y calidez que solo el hogar nos puede dar- dije recordando el cambió que había dado mi vida.
-Así es, sé que muchas veces soy un pesado, sarcástico y tantas cosas más, pero hay algo en mí que no anda bien- dijo apesadumbrado.
-¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte Edward?- musité un tanto esperanzada, quizás este podría ser el acercamiento que estaba esperando para ser su amiga.
-No, sólo con escucharme basta y soportarme cuando estoy de mal humor. Cambiando de tema, tengo entendido de que Emmett te invitó el fin de semana a una cena, ¿estoy en lo correcto?-.
-¿Cómo lo sabes?- pregunté asombrada.
-Sé muchas cosas de ti Bella, no te dejes engañar tan fácil por las apariencias-.
-Sí, además creo que va a ir Alice, Rose y Jasper- dije para que no creyera que era solamente un encuentro entre Emmett y yo a solas. –Pero aún no me dice donde me llevara, así que le debo esperar en mi hogar-.
-¿Y no te da miedo estar con personas que no conoces lo suficiente?- preguntó y en su voz pude palpar un poco de rechazo por mi actuar.
-Un poco…pero además ya conozco a Jasper y a Emmett, solo me falta hacerlo con las chicas- mencioné mientras trataba de poner buena cara, aunque sus palabras habían traído de vuelta a mí la desconfianza.
Edward cortó de momento o lo que creía yo la conversación. Se dirigió al mesón y sacó una porción de pie de limón y otra de tartaleta de frutillas, lentamente, después fue a hacer el café que me bebía sagradamente todas las noches.
De espaldas a mí, me percaté de lo que ancho que era su torno, de la forma en que la camisa se ajustaba perfectamente a sus marcados músculos, el toque chistoso y quizás un poco femenino era el delantal de la pastelería que usaba en esos momentos, pero hacía un contraste tan maravilloso entre el azul oscuro del mismo y la palidez de su piel. Me sentía un tanto mal mirando a Edward de ese modo, pero no me podía resistir, quizás hasta yo era la única mujer en el mundo que encontraba atractivo a Edward con una cojera, pero no era quién tampoco para fijarme en los defectos de los demás. Así estaba, entre mirando su cuerpo de pecado y relacionándolo con mis pensamientos.
-¿Tengo algo en el cuerpo?- dijo mientras mis mejillas enrojecían. Sí claro, tenía un cuerpo de infarto que me hacía dudar de mi buena voluntad.
-No, solo estaba mirando- contesté deseando que me tragara la tierra por haberlo estado mirando de aquella forma.
-Aceptaré esa respuesta para no presionarte, pero no creas que no me doy cuenta de las cosas Bella. No estoy relacionado con ninguna mujer y tampoco ando en busca de ello, estoy incompleto para tener cualquier tipo de relación- dijo mientras pasaba una mano por su cabello.
¿Tan evidente eran mis sentimientos? Lo sentí un poco cruel por esa forma de contestarme, había renacido de nuevo ese Edward arisco que no era mi favorito en esos momentos, pero me asaltaban la cabeza nuevas preguntas, ¿incompleto para tener relaciones? ¿hasta qué punto habrían dañado a Edward como para que perdiera la confianza de ese modo? Ya que a mi juicio una cojera no le impedía ser menos hombre que los demás.
-¿Está listo mi pedido?- pregunté queriendo salir luego de ese lugar.
-Sí está listo, no te enfades solamente estoy siendo sincero contigo- mencionó mientras me tendía mis cosas dentro de una bolsa, con su cabeza hizo una seña para que me diera la vuelta, sentí como abría mi mochila y depositaba el contenido en ella.
-Gracias y buenas noches- susurré casi sin voz mientras me alejaba hacia la puerta, que casi de inmediato estuvo abierta por él. No lo quise mirar, solo me limité a caminar por la calle hasta la parada de taxis para alejarme de él luego. A lo lejos escuché ruidos como de cristales rotos provenientes de la pastelería.
Esa noche estaba como zombie por la casa, a las preguntas de Charlie contestaba solo con monosílabos y eso era raro ya que siempre salían más palabras de mi boca, pero esta noche estaba insegura.
-¿Estás bien Bella? ¿sucedió algo?- fueron sus preguntas de padre preocupado.
-Tranquilo no pasa nada- susurré más para mí misma que para él.
Con lentitud me comí los pasteles e ingerí el café, por mi mente rondaban muchas preguntas relacionadas a Edward, pero lo que más dolió fue su evidente rechazo a tener que relacionarse de alguna forma conmigo, era injusto, no fui yo quién lo hirió para que no se pudiera relacionar con los demás o mujeres en este caso, sentía que estaba pagando un precio demasiado alto, un castigo que no me correspondía recibir a mí e injustamente se me estaba aplicando.
Mis sueños estuvieron colmados de los ruidos de balazos, del dolor que sentía mientras la vida se me escapaba por toda la sangre derramada en el piso, yo era inocente, pero lo más fuerte que sentía era la oscuridad que se aferraba a mí, abrazándome en el silencio de la noche, mientras a lo lejos en algún sector de mi mente la lluvia caía con fuerza, haciendo más oscuras mis pesadillas.
Fue un completo alivio sentir la alarma del celular a la mañana siguiente. Me levanté y fui a mirar por la ventana lo que me esperaba afuera: el cielo oscuro aún cubría todo a su paso, mientras la fuerte lluvia ahogaba las hojas de los árboles haciendo que muchas de ellas perecieran en el suelo. Igualmente tendría que ir a trabajar pese a tan poca amistosa bienvenida del día.
Charlie fue a dejarme directamente a la librería aquella mañana, decía que no quería ver a una hija congelada hasta los huesos y mojada de la misma forma, por lo que me ahorré el dinero del transporte aquella mañana.
En la mañana no entró nadie a la librería, por lo cual me dedique a leer una novela romántica que estaba en los estantes; Sue no iría ya que tendría visitas, por ende alguien debía estar en el negocio y esa era yo, cumpliendo con mi trabajo ciertamente.
Hacía mediodía cerré y puse el cartel de "cerrado por colación". Saque de mi mochila el almuerzo de ese día, el termo había mantenido perfectamente el calor de los alimentos que había preparado dos días antes y aún estaban comestibles, adoraba los refrigeradores, minimizaban mucho el tiempo en mi casa y el ahorro de dinero era grande, aunque si pensaba en que gran parte de mi sueldo se lo llevaba Esme, la balanza se equilibraba un poco.
En el resto de la tarde, solo entraron tres clientes, por lo que las ventas fueron mínimas aquel día. La lluvia caía estrepitosamente en las afueras, pero no estaba preparada para la llamada cerca de las seis de la tarde de Sue.
-¿Bella?- preguntó al otro lado del teléfono.
-Si Sue, hablas conmigo-.
-Niña cierra de inmediato la librería, en las noticias de la tarde dicen que el mal tiempo aumentará en la zona, así que te vas a la casa- murmuró preocupada.
-Está bien Sue, ¿no tenemos ninguna entrega importante?- pregunté ya que no quería que algún cliente se molestará con nosotras después.
-Creo que no, pero si lo hay no me importa, no puedes arriesgarte a que te pase algo muchacha, así que cierra y te vas, hasta mañana Bella y te llamaré en la mañana- dijo mientras oía el típico clic de colgado al otro lado.
Charlie no me podría ir a buscar, así que tendría que irme sola a casa. Cerré cuidadosamente todo, fui a la bodega a ver si estaba en mi día de suerte y así era, un paraguas lleno de polvo me sonreía desde el rincón. Una vez lista para irme, tomé mi mochila y la puse en mi espalda, las muletas y ahora venía lo difícil, lograr equilibrarme con muletas más un paraguas por el piso mojado de la calle. Con valentía salí al exterior, de inmediato me mojé la cara ya que la lluvia caía de costado y aún no lograba andar con tantas cosas en mis brazos.
Llevaba casi una cuadra caminada, por cierto estaba un poco lejos cuando una voz detrás de mí me impidió seguir caminando bajo la lluvia.
-¡Bella!- gritó esa voz aterciopelada. Me giré despacio y vi un taxi con la puerta abierta, en su interior estaba Edward con el cabello chorreante de agua y un abrigo negro haciéndome señas para que entrara con él. Por supuesto no lo pensé dos veces, esto era solo necesidad.
Subí casi haciendo malabares al taxi, Edward se quitó de inmediato su abrigo en aquel espacio para cubrir mi cuerpo con él, la calidez y su olor hicieron estragos en mi mente y mi corazón galopó desesperado al sentirlo tan cerca de mí.
-Gracias- dije más calmada.
-De nada- musitó con una sonrisa sincera.
-¿A dónde vamos Señor ahora?- preguntó el taxista por el espejo retrovisor.
-A mí casa, yo le doy las indicaciones- dijo su voz segura.
No me percaté de que no iba derecho a mi casa sino a la de Edward cuando estábamos en la puerta de ésta precisamente, se encendió de paso la alarma en mi mente, pero no creía que Edward fuera malo, de todos modos, era mejor estar prevenidas.
Salimos con cuidado del taxi, ambos calándonos hasta los huesos, pero no abriría el paraguas, su brazo fuerte me rodeaba la cintura mientras que con otro tomaba la muleta que a mí me sobraba.
Una vez dentro de su casa, me di cuenta de lo acogedora que era ella, muebles y decoración en tonos cálidos y los artefactos necesarios rodeaban la estancia, me imaginaba de por sí su casa más moderna y quizás hasta con más lujos, pero era evidente que cada día aprendía un poco más de Edward, llevándome algunas veces gratas sorpresas.
-¿Te gusta mi casa?-preguntó detrás de mí tendiéndome una toalla blanca para que me secara.
-Es hermosa, no me imaginaba que fuera así y menos que fuera a conocer tu casa- confesé ya que para mí había sido toda una sorpresa que me llevara a sus dominios.
-Sí, es mi pequeño refugio, no paso toda la semana acá, hay días que me quedo en la casa de Esme, tengo mi propia habitación allá y muchas de mis cosas aún están en su casa, me ha costado un poco separarme del nido materno- musitó mientras se sonrojaba un poco.
-Vaya, cada día me sorprendes más Edward- dije mientras me secaba el cabello con la toalla, no podría hacer mucho con la ropa, pese a haber caminado un trecho con paraguas, según yo creía que me prestaba protección y lo llevaba de buena forma, igual me había mojado gran parte de mi vestimenta.
-No tengo ropa de mujer en casa, iré a ver si hay algo de Esme guardado en los armarios para que te cambies- dijo mientras se retiraba por un pasillo, ni siquiera me quise sentar para no mojar los sillones de cuero negro que me miraban tentadoramente.
Al cabo de unos minutos, volvió Edward con una camisa y unos pantalones de buzo.
-Malas noticias, mi madre se llevó toda su ropa, pero encontré esta camisa mía y estos pantalones que me quedan chicos, si gustas pasas al baño- dijo señalándome una puerta al final del pasillo. -¿No necesitas ayuda para cambiarte?- preguntó avergonzado.
-No, pero, ¿tienes muebles o algo de lo que afirmarse?- pregunté ya que necesitaría soporte para cambiarme de ropa.
-Sí, están bastante firmes, yo mismo los instalé en el baño, ahí encontrarás más toallas y artículos de aseo por si te quieres dar un baño, por mientras iré a hacer la cena- dijo mientras se iba a la cocina.
Cerca de 40 minutos después salí jadeante del baño, con su ropa que nadaba en mi cuerpo y arropada con un toalla azul inmensa que había encontrado en el baño, ya que algunas más pequeñas las había mojado con el baño recién dado.
Un exquisito olor me guió hasta la cocina en donde un experto Edward se manejaba con una sartén con carne en su interior mientras dos platos adornados se encontraban en la mesa. Arroz y ensaladas era lo que veía a simple vista.
-¿Te presto algún sweater mío Bella?- preguntó mientras me miraba de arriba abajo.
-Está bien- contesté, ya que en verdad tenía frío.
Edward apagó la cocina y salió por mi lado a lo que supuse yo sería su habitación, momentos después salía con un sweater negro, calcetines de lana en la mano y un par de pantuflas burdeos.
-Con esto se te quitara el frío, si tienes más, al fondo a la derecha está mi habitación y puedes sacar ropa con confianza- dijo mientras sonreía abiertamente.
Fui a su habitación a abrigarme, en la cama había una bata de levantarse y me cubrí con ella, no me veía para nada sexy, pero el frío que tenía pronto haría que mis huesos sufrieran y con ello yo de paso.
-¡Está servida la cena Bella!- gritó fuertemente mientras el olor hacía que me sonarán las tripas. Inhalé aire profundamente, repasé mi aspecto en un espejo que estaba en la habitación y salí fuera de su protección. Caminé por el pasillo de vuelta y me asombré al ver la decoración de la mesa: velas encendidas, una botella de vino, platos humeantes y un Edward con una encantadora sonrisa. Definitivamente la vida era una sorpresa cada día.
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No demoré nada esta vez. Es que cuando subí el capítulo anterior quede con ganas de escribir de más y como se vienen las pruebas, decidí apurarme a publicar esto. Lamentablemente, la próxima actualización según lo que planeo sería en noviembre, si puedo. Esta semana tengo una prueba distinta todos los días.
Espero que les guste, si tienen preguntas o sugerencias las espero.
Besos y gracias por comentar.
P.D: Ya lo edité.
