Disclamer: Todos los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Yo solo soy la dueña de la trama de la historia.
Summary: La belleza podría ser descrita de muchas formas, sin embargo el dolor de sus heridas se reflejaban de forma fuerte en su actuar. Él no era perfecto, ella tampoco. Ambos distintos, ambos sufriendo, unidos por el destino para vivir el día a día.
.
Capítulo 6
.
¿Era una cena romántica lo que estaba frente a mis ojos? Daba la impresión de que así sería, pero ¿por qué? No nos llevábamos precisamente excelente con Edward y que él se tomara todas estas molestias por mi persona, era sorprendente y gratificante.
– ¿Edward? – pregunté para cerciorarme de lo que estaba frente a mí era real y no una ilusión de mis profundos sueños románticos que estaban enterrados en el fondo de mi corazón.
–¿Sí? – inquirió con sus mejillas sonrosadas. Erarealtodo me dijo mi mente alegremente. Con cuidado me dirigí hasta la mesa, hice el intento de quitar la silla, pero una mano fuerte me lo impidió – Es una labor de caballeros Bella– dijo al tiempo en que corría la silla y esperaba pacientemente a que me sentara y acomodara mis muletas al lado de ésta.
– Gracias – musité suavemente.
–¿Te gusta? La verdad es que no tengo mucha preparación haciendo cenas, me manejo más con lo dulce, pero quería sorprenderte, digo, espero que te haya parecido bien a ti, espero que no te moleste – negué con mi cabeza mientras él descorchaba la botella de vino y el olor dulzón se propagaba rápidamente por el ambiente cálido y acogedor.
Afuera la lluvia seguía golpeando con fuerza los árboles y todo lo que estuviera a su paso, eso ocurría en las afueras; adentro la calidez de lo que simulaba un hogar era lo que presenciaba, en lo que estaba inmersa de momento, en un dulce sueño.
– Esta bien, es maravilloso todo este esfuerzo que has desplegado para cenar conmigo, en verdad yo no esperaba tanto, que tan solo me hubieses brindado abrigo era suficiente, esto supera con creces todas mis expectativas – confesé ante una mirada de sorpresa por su parte.
– ¿Gustas escuchar música? – preguntó Edward, asentí con mi cabeza mientras con un mando a distancia accionaba un equipo de música, las primeras notas de Claro de Luna envolvieron de inmediato el ambiente dulzón.
La comida trascurrió en un total silencio, por supuesto yo esperaba algún tipo de charla, que entabláramos una conversación pero nada por el estilo surgió, Edward comía con gran apetito más no era mal educado, yo por mi parte saboreaba la exquisita cena y guardaba en mi memoria las formas y colores para tratar de algún día poder hacer algo semejante en gusto y calidad.
El color oscuro del vino contrarrestaba con al blanco de mi piel, su suavidad con los rasgos de granito que habían surgido en las facciones suyas, más la dulzura de éste no era comparable con las delicias que sus manos hacían.
–¿Hice algo mal Edward? – pregunté, ya que de un momento a otro había vuelto a ser aquel hombre arisco, serio y hasta frío que al principio tan mal me trató.
–¿Por? – inquirió él mientras apuraba su copa y la llenaba nuevamente.
–Estás distante, al principio todo iba bien pero nuevamente volviste a levantar tus muros y no sé si hice algo mal yo, dije alguna cosa indebida, ¿Qué paso? –.
–Nada que sea tu culpa, el problema soy yo, siempre yo, me cuesta aceptar algunas cosas aún y eso influye en mí… estaba soñando despierto con algunas cosas y de pronto volví a la realidad, dolió si le quieres poner un nombre– dijo con la mirada triste.
–Pero debe de haber alguna forma de arreglar las cosas, de hacerlas más aceptables para ti– susurré emocionada, esta podría ser la oportunidad de acercarme a él.
–¿Qué sabes acerca de mí Bella? – preguntó sorprendiéndome con la pregunta.
–Pues lo que me ha contado Esme, Sue, Charlie, no mucho en verdad, dicen que ellos que es decisión tuya abrirte a las personas, que está en tus manos contar lo que te pasa– dije recordando las palabras de ellos en mi mente.
–Me refiero al accidente, ¿sabes en verdad que es lo que paso? – preguntó con una nota de dolor en su voz.
–No, no sé nada, solo que después de eso cambiaste mucho con las personas y que quedaste con secuelas físicas y…–.
–Con cojera Bella, no temas decirme las cosas, no soy un ogro– dijo con la misma voz.
–Bueno, sé eso, nada más, pero tampoco busco presionarte que en estos momentos, que yo esté aquí no indica que debes verte obligado a compartir tus pensamientos y sentimientos conmigo, ¿ok? –.
–Sí yo me abriera a ti como persona, ¿Qué puedo esperar? – preguntó mirándome fijamente, tratando de leer mi alma a través de mis facciones.
–Mi amistad si la aceptas y todo lo que aceptes en general de mí– dije pensando en todo lo que podría darle a su alma herida.
–Ocurrió algo esa noche… las luces de la fiesta, los demás consumiendo drogas y alcohol, yo en un rincón mirando a mi alrededor… una mujer de pelo rojo acercándose y bailándome al ritmo de la música, los demás haciendo barra a su alrededor, yo los consideraba mis amigos por aquel tiempo… estaba recién saliendo de la facultad de negocios de la universidad, con mi título en mano…– contó mientras los nudillos en sus manos se ponían blancos y sus facciones se endurecían más.
–Tranquilo, estoy aquí– musité mientras me debatía entre si me acercaba a su lado o no.
–Era la fiesta que se daba para todos los graduados… siempre me había concentrado solo en los estudios durante casi 5 años, no sé bien que fue lo que me impulsó ir a esa fiesta si no me sentía cómodo en ellas, pero al principio lo estaba pasando bien, buena música, chicas guapas hasta que se acercó demasiado ella, ¿sabes que me dio miedo? Puede sonar extraño viniendo de un hombre más me inquietaba todo en ella…– tomó aire, se miró las manos buscando algo, se relajó un poco más y siguió–. Al final de la fiesta, un grupo nos fuimos en nuestros coches, en mi volvo veníamos 4 personas, ella iba de copiloto y una pareja que conocí en la fiesta en la parte de atrás; delante nuestro iban otros autos a determinados lugares para pasar la noche, lo que iban atrás nos pidieron que los dejáramos a la entrada de un camino y se bajaron tambaleándose de lado a lado mientras se perdían en la oscuridad. Yo solo me había tomado una cerveza esa noche ya que tenía que conducir, de igual manera llevaba grados de alcohol en el cuerpo. Ella iba completamente borracha, cuando estábamos a unos kilómetros de Forks se puso cariñosa conmigo– musitó mientras hacía una mueca de asco y sus ojos se oscurecían– no me atraía para nada la mujer, no era lo que buscaba… se quitó el cinturón de seguridad y empezó a pasarse a mi asiento, no le bastaron las palabras y las negaciones ella insistía y insistía, me tocaba allá donde podía mientras yo la trataba de apartar y conducir… lo demás sucedió solamente– dijo mientras una lágrima bajaba por su mejilla.
–¿Qué sucedió? – pregunté no muy segura si quería escuchar el resto.
–Ella siguió y siguió insistiendo en tocarme y que tuviéramos sexo, tenía fuerza por lo que me era difícil esquivarla y conducir… el coche empezó a patinar por el suelo… no me había dado cuenta que llovía más fuerte que nunca en Forks, el ruido de una bocina me alertó, pero no pude hacer nada más… el dolor, los gritos, los fierros desgarrando mi piel, el olor a sangre caliente llenando el aire y una punzada en la cabeza fue lo último que recuerdo– musitó mientras el torrente de lágrimas bajaba sin control por sus mejillas.
Como pude me paré de mi asiento, tomé una de las muletas y me afirmé de la mesa mientras caminaba hasta llegar a su lado; lentamente bajé mi cuerpo hasta el suyo, envolví mis brazos a su alrededor y lo abracé en silencio, dejando que sus lágrimas empaparan su ropa.
–Lo siento tanto Edward– musité en voz baja mientras mis murallas cedían en torno a él dejando escapar mis propias lágrimas.
Sus brazos correspondieron a los míos y enterró con fuerza su cabeza en mi cintura, no temí caerme, al contrario supe que su fuerza me sostendría. Había sido un hombre muy fuerte que por azares del destino fue implicado en el deseo frustrado de alguien no correspondido, casi le costó la vida y aun así seguía adelante a pesar de aquella traumática experiencia, su historia me dio la fuerza necesaria para seguir levantándome día a día pese a las secuelas que habitaban en mi piel.
–Vamos al living– musitó mientras se alejaba de mí para pararse, me tomó por sorpresa cuando su brazo me rodeo por la cintura para conducirme al sillón. Con cuidado y delicadeza me sentó en el más grande, él hizo lo mismo sentándose a mi lado.
–¿Puedes seguir escuchando o ha sido demasiado intenso para ti? –preguntó en voz baja.
–Puedo y quiero seguir escuchándote Edward– respondí con la voz débil aún por las lágrimas.
–Cuando desperté al tiempo después, mucho tiempo después mi madre me dijo que ella había muerto, no resistió el impacto y murió en el instante. Mi familia me tuvo en terapia mucho tiempo, a veces perdía la noción de cuánto era realidad. No fue fácil aceptar que ya no sería una persona completa como los demás, tampoco lo fue asimilar que ya no podría hacer las mismas cosas y que me vería privado de muchas de ellas por un largo período–dijo tomando una pausa mientras sus ojos esmeraldas se fijaban en los míos.
–¿Estuviste en coma Edward? –pregunté ya que eso había deducido.
–Sí, cerca de 6 meses. Sufrí un traumatismo y mi cerebro se bloqueó, no quería tampoco volver a este mundo, no ayudaba a mi recuperación y eso fue lo que dificulto que despertara antes. Tengo vagos recuerdos de esos 6 meses, voces en su mayoría, pero no podía comunicarme, eran cosas que estaban en mi mente y no las exteriorizaba. No ayudé mucho a mi recuperación, no recuerdo tampoco que fue lo que me despertó, sólo que después vinieron las terapias a cargo de psicólogos y psiquiatras especialistas en traumas de adolescentes, aunque no contara con la edad propia para ello, bajo ese concepto me atendieron. Distinto fue el caso de la rehabilitación, tuve que acostumbrarme al dolor, a poner de mi voluntad para mejorar, ahí sí que me trataron como un adulto–.
–¿Cuánto tiempo llevo todo el proceso? –pregunté ya que por lo que contaba había sido largo y difícil.
–Salí de la universidad a los 25 años si contamos titulación y todo ese proceso. 6 meses en coma y un año de terapias intensivas, aún sigo con ellas pero más suaves. En resumen tengo 27 años–dijo mientras se sonrojaba.
–No demuestras esa edad, a lo lejos unos 24 años– confesé abiertamente.
–Y eso que no me hicieron cirugía plástica en la cara, no te mentiré que algunas partes de mi cuerpo tienen feas cicatrices, pero con el tiempo las vas aceptando poco a poco, ¿no crees? –preguntó.
–A mí me cuesta aceptarme aún– dije a tientas, no estaba segura si él quería seguir escuchando más dramas de nuestro pasado.
–Cuéntame de ti, piensa mientras voy a buscar las copas y el vino– mencionó mientras se levantaba del sofá.
¿Qué le podría decir? ¿Qué habían estado a punto de violarme? ¿Qué me habían rechazado en la universidad? Lo cierto era que yo había pasado una situación similar a la suya, que por otra persona casi era comida para los gusanos. Volvió de inmediato, con una bandeja, en ella asomaban grandes porciones de tarta de chocolate, jugo de frutas, las copas y la botella de vino.
–No estoy seguro si es buena combinación, pero el postre se me olvido, así que ahora está aquí, lo hice en la tarde para la cena– dijo mientras depositaba la bandeja en la mesita de centro.
–Gracias, la verdad es que hace tiempo no comía tan bien– admití con vergüenza, ya que lo más elaborado que consumía eran los pasteles que le compraba a su madre.
–Y bien Bella, ¿qué hay de ti? – preguntó al tiempo que tomaba vino y comía pequeños trozos de tarta.
–También ya había egresado de la carrera. En mi caso, solo volvía a casa después de quedarme hasta tarde en la biblioteca afinando unos detalles, papeleo más que nada de la universidad. Estaba la posibilidad de que diera clases allí, solo tenía que esperar a que le saliera el finiquito a una profesora que se jubilaba y no entraría a hacer clases de literatura. Salí y recorrí el mismo camino que todas las noches, el pequeño departamento estaba en una zona que no era residencial pero tampoco pasaban accidentes– conté mientras hacía una pausa para comer un trozo de tarta–. Estaba en el lugar y momento equivocados como muchas personas. Me topé con un hombre de mal aspecto que me miraba desde la vereda de enfrente, no me gusto su aspecto y comencé a apurar el paso, él también por lo que terminé corriendo y según yo alejándome de él. No encontraba una calle segura y él llevaba un arma blanca de proporciones, un cuchillo para ser más exactas. Tuve la mala suerte de ir a dar a un callejón sin salida, me tenía acorralada– dije mientras rememoraba la escena en mi mente.
–Calma Bella, tranquila– dijo en voz calmante Edward.
–Él acarició su cuchillo al tiempo que decía lo bien que lo pasaría conmigo antes, fui retrocediendo hasta dar con los contenedores de basura a mi alrededor, él también lo hizo conmigo, me tenía a su merced. A lo lejos se escuchaba bulla, cada vez se acentuaba más, él se desabrochó los pantalones para violarme ahí– dije mientras las lágrimas caían por mi rostro y mi corazón se aceleraba.
–No sigas si no quieres Bella– mencionó en voz baja, advirtiendo mi sufrimiento.
–Quiero hacerlo– musité. Edward tomó su copa y se bebió su contenido de un trago. –Esa bulla que sentía pronto se convirtieron en disparos, silbaban cerca, era él o las balas, por cualquiera de las dos iba a morir. De pronto sentí mucho dolor en el cuerpo, en la cintura y piernas de manera más intensa–.
–¿Te alcanzaron las balas? – preguntó Edward con el rostro serio y voz dura.
–Sí. A mí y a él. Antes de que yo cayera al suelo, él estado tendido en un charco de sangre. Después todo se volvió oscuro. Desperté en el hospital rodeada de bolsas de sangre, tuvieron que hacerme una transfusión, la enfermera me tomaba las constates vitales y al verme despierta suspiró y apretó un botón; de inmediato llegó un doctor a examinarme y me vio unos vendajes en mi cintura, pesaban como un ladrillo. El doctor me contó que me habían intervenido de urgencia para extraerme las balas alojadas en mi cuerpo y que debieron hacer una transfusión por el tiempo que había pasado sin atención médica. La enfermera me administró un calmante y me dormí de inmediato. Al otro día unos débiles rayos de sol entraron en la habitación, observé el espacio y estaba papá con su uniforme sentado en un sillón con una manta encima– dije más tranquila.
–¿Cuánto tiempo estuviste internada? – preguntó Edward con el rostro más relajado.
–Los mismos 6 meses que tu pasaste en coma– susurré esperando su reacción.
–La vida siempre nos da sorpresas, pero esto es extraño– musitó con una sonrisa.
–Sí, ambos en situaciones distintas pero hospitalizados y sufriendo, lo bueno es que ya estamos mejor, ¿cierto? –.
–Hasta algunos puntos sí, hay cosas que aún me cuesta aceptar–.
–Pero se nota el cambio. Cuando me contaste parte de tu historia, sentí que algo dentro de mí hacía click, me ayudo bastante saber que no era la única que tenía un pasado tan doloroso, creo que nos hizo bien compartir parte de ello–.
–Así es, uno va de a poco contando las cosas, a medida que crece la confianza, ¿quién sabe? No podemos predecir el futuro– mencionó en tono enigmático Edward. Algo me decía que no me había contado todo, pero tiempo al tiempo.
El cd de música se quedó en silencio, siempre nos estuvo acompañando alguna pieza de música clásica mientras hablábamos, fue extraño notar de pronto el silencio en el salón, ninguno de los dos siguió ni intentó ahondar más en la vida del otro. Necesitábamos un descanso por ahora, muchos recuerdos volvieron a medida de que él o yo hablamos con el otro.
Un sonido extraño interrumpió el aire, miré hacía la pared y vi un reloj que marcaba las diez de la noche en punto, apuré mi trozo de pastel y jugo de frutas para irme. Edward me miraba tranquilamente mientras tomaba jugo de frutas ahora y seguía con su pastel. La lluvia en ningún momento dejo de caer en esas 4 horas que habíamos compartido, al contrario caía con más fuerza, por lo menos no nevaba.
Tenía mucho que pensar, me era un tanto incomodo hacerlo con Edward al frente, pero no sería adecuado ya que se me notaba demasiado la cara de concentración cuando reflexionaba sobre ciertos temas. No sería mala idea anotar las ideas que surgían de aquella conversación, más adelante podrían servir o sólo se quedarían ahí escritas en un papel y envejeciendo con el tiempo.
–Siempre que llueve fuerte nos quedamos juntos– musitó mientras miraba por la ventana aun sin correr la cortina.
–Sí– dije pensando en que debería volver a casa esa noche.
–¿Por qué estabas tan pensativa hace un rato? – preguntó despacio.
–Pensaba en la vida, en las cosas buenas y malas, eso en resumen– dije no queriendo incomodarlo.
–Se nota demasiado cuando piensas profundamente– musitó mientras me sonrojaba. –No es algo malo Bella, a lo mejor soy más intuitivo que el resto o con algunas personas–.
–Debo volver a casa– dije temiendo que Charlie ya hubiese llegado a la casa.
–¡Oh! – exclamó. –Te traigo en un momento mi móvil para que lo llames a Charlie– dijo saliendo del salón.
–Gracias– dije mientras marcaba el número de papá. No contestó por lo que llame a casa y obtuve el mismo resultado. – No responde– le dije. Marque el número de la comisaría y me dieron con él – Esta allí– le dije a Edward quién asintió con su cabeza.
–Voy a lavar la loza mientras – musitó bajo Edward.
–¿Papá? – le pregunté a la persona al otro lado de la línea.
–Pequeña, que alegría escucharte, ¿estás en casa? – me preguntó.
–Eh no papá– dije ya que no sabía cómo reaccionaría al estar en casa de un hombre.
–¿Dónde estás? ¡Trabajando a estas horas Bella! –dio por hecho Charlie.
–No, estoy en casa de Edward– dije temiendo por mi vida, ya que él era muy conservador.
–¿Y qué haces con Ed? – preguntó. ¿Ed? De algo me había perdido.
–Pues… bueno… compartimos el mismo taxi y me invitó a cenar– dije, no entraría en los detalles de que portaba la ropa de Edward, no dudaba de la capacidad de dar en el blanco de mi padre.
–Mmm… interesante– dijo despacio. –Bueno te quedas en su casa esta noche, es peligroso que tomes un taxi a estas horas y con un clima como esté– mencionó y me quede de piedra. ¿Era el mismo Charlie que yo conocía que me dejaba quedar en casa de un hombre?.
–¿No hay problemas? – le pregunté por si se retractaba.
–Ninguno, al contrario creo que te haría bien estar más tiempo con Edward, es un joven tan solo. No te preocupes cielo, es de confianza el muchacho. Te tengo que dejar, los muchachos me necesitan, nos vemos mañana Bells– dijo colgando mi padre.
–¿Te va a venir a buscar el jefe Swan? – preguntó Edward que venía con guantes y gorro ya aparte de un abrigo azul.
–Eh no…– dije. No sabía cómo preguntarle esto.
–Bueno, no hay problema, aunque debo acompañarte a estas horas de la noche–.
–¿Puedo quedarme aquí? – pregunté de sopetón.
–Sí– respondió de inmediato.
– Yo duerno en el sillón, me das las suficientes mantas y…–.
–De ningún modo Bella. Además es una suerte que te quedes, no creo que a ningún padre le haga gracia ver a su hija con ropa de hombre y más si es de habitación– dijo sonrojándose. –Yo dormiré en el sillón y tú en mi habitación, la cama es amplia y está bien equipada con ropa, si desciende más la temperatura podemos poner la calefacción, hago termos con café y unos emparedados o si quieres alguna cosa dulce.
–Pero es tu casa Edward–.
–No hay concesión señorita, usted duerme en mi habitación y yo en la sala, soy un caballero– dijo pero de la nada frunció el ceño y sus rasgos se endurecieron.
–Está bien, ¿puedo dormir con tu ropa? – le pregunté, una sonrisa bailó en su boca para después reír despacio.
–A menos que quieras dormir como Eva, puedes dormir con mi ropa y todo lo que quieras– me dijo sonriente.
Fuimos los dos hasta su habitación, yo a quedarme y él a sacar mantas de polar, frazadas y unas almohadas para dormir en el salón. Me acosté en total silencio mientras Edward abandonaba la habitación con la ropa de cama, no me gustaba la sensación de que él pasara frío y yo no, pero me daba miedo decirle que se acostará conmigo en una cama, me costaba mucho moverme y además no andaba con los medicamentos a mano.
–¡Buenas noches Bella! – gritó Edward desde el salón.
Las sábanas estaban heladas y la habitación también, no estaba segura si la calefacción estaba prendida pero mis huesos me daban problemas por la temperatura. Deje pasar el tiempo pero aún tenía frío, miré el reloj de la mesita de noche, era medianoche justamente. Con cuidado me levanté, tomé las muletas y fui a inspeccionar el salón.
Estaba todo a oscuras y frío, las cortinas estaban corridas por lo que no sabía si afuera nevaba o no, pero la lluvia se sentía, caía fuertemente. Miré el salón, específicamente el sofá y vi el gran bulto que era Edward cubierto con las mantas. Inspeccioné el salón pero la calefacción no se veía por ninguna parte. Fui hasta la cocina y allí estaba, iba a prenderla cuando su voz me interrumpió.
–¿Tienes frío? – preguntó en el marco de la puerta de cocina.
–Me asustaste Edward– dije con el corazón acelerado. – Sí tengo frío– admití a pesar de estar abrigada.
–Prenderemos la calefacción entonces– dijo mientras prendía el sistema. Poco a poco el calor fue llenando la casa y el ambiente se hizo más cálido. Un sonido a lo lejos me hizo dar un grito y abrazarme a mí misma. –Tranquila son truenos– mencionó riendo despacio.
–Les tengo miedo Edward – dije en voz baja.
–¡Ay Bella! – musitó negando con su cabeza de lado a lado. Lo miré despacio mientras ponía cara de perrito abandonado. –A la cama señorita, voy por las mantas y vuelvo– dijo riendo.
Fui hasta su cama a tomar posesión de sus mantas y a enterrarme en ellas cuando llego a la habitación. Saqué mi cabeza de mi escondite para verlo y me ruboricé al verlo, iba a compartir cama un hombre, algo que nunca pensé.
Los truenos en la distancia resoban cada vez más fuertes y la lluvia en ningún momento paraba, volví a esconder la cabeza bajo la ropa mientras un peso hundía la cama, me sorprendí cuando no note su cuerpo bajo las sábanas, mi cuerpo temblaba del miedo por los sonidos escalofriantes del cielo.
–¿Edward? – pregunté desde mi escondite.
–Dime– susurró su voz.
–¿Dónde vas a dormir? –.
–Pero si ya estoy en la cama, solo que dormiré encima de las mantas y me taparé con otras–dijo muy pagado de sí.
–Ah–.
–Duérmete Bella, mañana no sabemos cómo va a amanecer– dijo mientras lo sentía moverse y acurrucarse más.
–¿Edward? – pregunté sacando mi cabeza del escondite.
–Dime Bella–.
–Si tengo miedo, ¿me puedo aferrar a ti? – pregunté sonrojada.
–No hay problemas Bella, solo que si me abrazas el cuello, ten cuidado de no asfixiarme– dijo riendo.
–¿Vas a poner tú el despertador para mañana? –pregunté mientras mis ojos se cerraban de a poco.
–Sí Bella– dijo con voz adormilada– ¿qué edad tienes? Se me olvido preguntar antes–.
–26 años– respondí más del otro mundo que este.
–Te ves menor– dijo.
En silencio cerré mis ojos por completo y me dormí de inmediato rodeada de calor y tranquilidad, segura de que me iban a defender de los truenos. La música de un celular hizo que mi almohada se moviera de mi cabeza, me aferré a su cuerpo acomodándome para dormir más.
–Bella, era Sue, dijo que no fueras hasta mañana– susurró su voz.
–¿Ya amaneció? –.
–Sí, pero sigamos durmiendo– dijo en voz baja.
–Ok– dije poniendo mi cabeza en la almohada con olor. Volví a dormirme de inmediato, aferrada al oso de peluche que había a mi lado.
El oso de peluche que había en mi habitación, específicamente en mi cama me miraba sonriente, era de color blanco y un lazo con rosón rojo adornando su cuello. Lo abracé de inmediato y me acurruqué a su lado, me trasmitía seguridad y cariño, era suave y con un buen olor. Levanté mi cabeza al tiempo la apoyaba en uno de sus suaves brazos y nos tapaba con la ropa de cama.
–Milindoosito– lesusurréamicompañerodecama.Suaveygrande.LepondríapornombreLúcuma. –MiLúcuma– dijeacercándomemásaél.
–¿Lúcuma? – preguntó mi osito.
–TequieroLúcuma– dijeenterrandominarizensupeludopecho.
–Así que soy un osito– dijo Lúcuma apretándome más contra mi cuerpo.
.
.
.
*Romi se seca las lágrimas de sus ojos*
¿Demoré poco eh? Bueno prometí capítulo en noviembre y aquí estoy, el día primero subiéndoles un nuevo episodio de esta historia.
Pobre Edward, pensar que por una mala mujer termino así, por lo menos ambos tuvieron la suficiente confianza de contarse sus heridas, no todos sus secretos, pero algunos de importancia.
Lúcuma es un nombre lindo, así que el Osito/Edward se llama así. ¿Por qué Bella lo ve como osito? Recuerden que Edward no se acostó debajo de las sábanas con Bella, sino que encima y se cubrió con más mantas, de ahí a que es más grande.
Nos leemos en el próximo, gracias por comentar.
Nota: tienes desactivados los mensajes no te puedo contestar los rr. Cris no sé cómo contestarte XD
