Los recuerdos la atormentaban, los gritos y las llamadas de auxilio que las personas de Uzushiogakure chillaban en aquel terror se enredaban en su mente, causando un gran dolor. ¿Hubiera podido ayudarlas? No lo creía, no estaba capacitada para ello, su madre había querido educarla como una buena esposa en vez de entrenarla para servir a su país, pero no. Kushina Uzumaki era todo lo contrario a lo que una buena esposa sería, era alegre y masculina, de un gran temperamento y muy poco educada; y con escasos modales aprendidos; se convertía en la niña más ruda de su edad, al menos entre las mujeres. Recordaba que sus hermanos la molestaban con su inutilidad en los ninjutsus, lo que la enfurecía, pues... ¿Como lo sabían si nunca lo había intentado? Hasta su hermano Kenichi de seis años lograba hacer un clon de sombra. Exhalo melancólicamente al recordar a su pequeño y travieso Kenichi, o Kenni-chibi como le decía ella cariñosamente, él era un niño tierno y cariñoso que siempre le daba un gran abrazo cuando sus padres la regañaban; y como olvidarse de Kentaro...orgulloso y temerario, valiente lo describía ella, un Ninja excepcional a la edad de dieciséis años... ¡Como los extrañaba! Añoraba sus sonrisas y las bromas que hacia junto a su hermano menor al aburrido Kentaro, los regaños y castigos de sus padres que tanto extrañaba, las sonrisas matinales de su madre y las expresiones graciosas que su padre hacia cuando estaba de muy buen humor...todo se había perdido, absolutamente todo.
Su mirada se perdió en el césped mojado debajo de sus pies, una lágrima cayó por su ojo izquierdo y frunció la boca aguantando las ganas de llorar.
—Uzumaki-san—la saludó la misma voz femenina que conoció esa mañana. Se limpió la traviesa lágrima y subió la vista— ¿Cómo estas?—preguntó Kasumi con una sonrisa su lado, estaba otras dos chicas.
—Bien `ttebane—su voz tembló, las chicas parecían haberlo notado.
—Te presento a Mikoto Uchiha—la pelinegra levantó la mano en forma de saludo con una sonrisa- y Naoko Hyûga— la ojiperla la saludó levantando su mano y saludándola con la palma.
—Soy Kushina Uzumaki 'ttebane!—dijo la pelirroja alegremente.
—Lo sabemos-dijo Mikoto— ¿De verdad eres una Uzumaki?—preguntó curiosa.
— ¡Claro que si!-chilló extasiada— ¿Por que creen que les mentiría?
Mikoto y Naoko compartieron miradas cómplices.
—No lo se, pensamos que tal vez...—
—Tal vez solo querías dar una buena impresión—la interrumpió Naoko.
—No soy de esas 'ttebane-replicó indignada Kushina—Soy una Uzumaki auténtica—dijo orgullosamente.
—Claro—rió Kasumi, Mikoto y Naoko la acompañaron.
...
—¡Minato! Vamos—le indicó Hiashi mientras se dirigía junto a su hermano y Fugaku a la entrada del aula; el rubio asintió con la cabeza y los alcanzó corriendo.
Llegaron al campo de entrenamiento de la academia, segundos más tarde, llegaron Kasumi Mikoto, Naoko y la "Uzumaki", en un momento, su mirada se cruzó con la de ella, notó algo peculiar, su color...era morado, combinando perfectamente con su cabello rojo y su tez blanca. Su expresión dejaba mucho que desear para una niña, con el ceño fruncido y los labios apretados, mostrando una faceta ruda digna de temer.
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Las clases de lanzamiento de shurikens fueron sencillas para Kushina, tuvo unos percances pero fue algo nuevo y entretenido para ella.
—Hasta el lunes—el profesor los saludó con una mano y todos tomaron camino hacia sus casas.
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Kushina frunció el entrecejo y se cruzó de brazos mientras repiqueteaba insistentemente su pie contar el suelo, irritada. Aquel hombre que estaba detrás del escritorio le llevaba hablando por largos e infinitos minutos sin decir nada en concreto, mientras una gritona mujer rubia la regañaba cada segundo.
— ¿Puedes dejar de hacer eso?-preguntó por décima vez Tsunade con tono irritado.
— ¿Entonces?—preguntó ignorando completamente a la mujer— ¿Qué quiere decir eso?
— ¡¿Qué no escuchaste?—preguntó Tsunade.
— ¡Claro que si 'ttebane!—exclamó enojada.
— ¿Qué no entiendes?—preguntó con un tono pasivo el Hokage.
—No entiendo que tengo que ver yo con esa gente-replicó.
— ¿Cómo lo sabes si aun no te he dicho quejones son?—la pelirroja calló— Vamos, apúrate que Mito te espera en su casa—sonrió Sarutobi. La expresión en el rostro de Kushina fue de sorpresa y alegría, no se movió de su lugar sino hasta que Tsunade la tomó bruscamente del brazo y la sacó de la oficina.
Ambas llegaron a una casa un poco alejada de la villa con un estilo japonés antiguo, rodeada de plantas enredaderas, de color marfil y con puertas de madera oscura.
Tsunade se adelantó y caminó por el sendero de piedra que iba a la entrada principal, golpeó tres veces la puerta con el puño cerrado y esperó.
— ¿No vas a acercarte?—bufó molesta a Kushina que se había quedado en la calle. La pelirroja se acercó a ella y esperó unos segundos hasta que una empleada de la casa atendió.
— ¿Puedo ayudarles en algo?—preguntó amablemente— Oh, lo siento Tsunade-san—se disculpó con una reverencia al ver que ignoró a la rubia mujer— Su abuela la esta esperando en su habitación—indicó.
—No te preocupes Nami-san.
— ¿Abuela?—preguntó la Kushina mientras caminaban por el pasillo perfectamente decorado con cuadros y pinturas.
—Si—suspiró Tsunade— Mito es mi abuela.
—Woah!—atinó a decir la niña.
Llegaron a una puerta corrediza, Tsunade bajó la mirada y miró a Kushina, quien estaba jugando con sus dedos nerviosamente. Corrió lentamente la puerta y Kushina pudo observar una gran habitación amplia, una cama para dos personas en una esquina, un gran armario junto aun ventanal y un kotatsu* en el centro, donde una anciana bebía té de manera pasiva.
— ¡Mito-sama!-exclamó Kushina sorprendida e inconscientemente. La anciana Uzumaki rió y Tsunade hizo un intento de detenerla, pero Kushina había empezado a correr. Torpemente, su cabello se enredo y se movió hacia su cara, tapando su vista, sus pies tropezaron y cayó directamente al suelo.
Tsunade soltó una fuerte carcajada y Mito la miró comprensivamente.
—Parece que es toda una Uzumaki—comentó cuando las tres estaban sentadas en el kotatsu tomando un poco de te— ¿Cuántos años tienes Kushina?—preguntó.
—Once—murmuró— En Julio cumplo Doce.
—No falta mucho entonces— Kushina se removió nerviosa en su lugar— Solo falta un mes.
Las tres mujeres se sentaron en la pequeñita mesa, las sirvientas les trajeron té y algún bocadillo.
—Mito-sama—dijo con determinación— ¿Puedo hacerle una pregunta?
—Por supuesto—la mujer dio un sorbo a su té.
— ¿Qué es el Kyuubi?— Mito dejó sorprendida la taza de te sobre la mesa y miró a Tsunade, la rubia le hizo un gesto de resignación.
— Kushina...—Mito se acomodo suavemente y cruzó sus dedos sobre la mesa—Es un asunto muy delicado, que te implica.
— ¿A mi? ¿Qué tengo que ver?—preguntó inocentemente confundida.
—Mucho—aseguró convencida— Como dije, es delicado. Bueno, si sabes, el Kyuubi es un demonio que alguna vez atacó al Aldea, en ese entonces yo era mucho mas joven—rió un poco— Pero ese demonio era muy, pero muy fuerte, por lo que realicé un sello realmente complicado, y lo sellé en mi interior.
— ¿Es eso cierto?— Mito asintió con la cabeza— ¿Y que tengo que ver yo?—preguntó una vez mas, miró confundida a Tsunade que estaba callada, distraída, pasando a yema de sus dedos por el borde de la taza.
—Las mujeres Uzumaki son muy fuertes ¿Sabes?—dijo Mito— Y tu eres una de ellas. No se si lo sabias, pero tu chakra es muy especial. ¡Tanto que es capaz de encerrar a un demonio!— antes de que Kushina pueda hablar, Mito le tomo las manos por encima de la mesa— Mi vida se esta acabando— sorprendida, Kushina levantó la vista— Y, en ello, el Kyuubi se liberará. Por lo que todas las personas, cuentan contigo aun sin saberlo — Kushina volvió la bajar la mirada y apartó las manos bruscamente y las puso sobre su regazo.
Esta vez, Tsunade y Mito la miraban expectantes, no era una noticia fácil y ninguna de las dos deseaba que tuviera un trauma mas adelante ni que en un futuro la tristeza se apodere de ella.
Kushina se debatía y procesaba la información que le habían dado. Ella seria la próxima Jinchuuriki del Kyuubi no Youko, convirtiéndose así en un... ¿Monstruo? Imposible, ella jamás seria un monstruo, ella seria una de las mejores ninjas que existen, lo había prometido. Pero su destino no tenía salida, todas las personas morirían y/o sufrirían si el Kyuubi era liberado. Ella debía ser fuerte y valiente, como Mito-sama, quien a pesar de todo, ella "guardó a aquel monstruo en su interior.
—Mito-sama, Tsunade—levantó la vista bruscamente Kushina— ¡Seré esa Jinchuuriki!
— Estoy orgullosa de ti— afirmó Mito — Eres digna de ser una Uzumaki, fuerte, valiente y orgullosa— desvió la vista hacia Tsunade — Eso también va para ti.
— ¿Qué?—preguntó Tsunade. Kushina y Mito rieron.
Unos minutos antes de que ambas se marcharan, Mito pidió hablar unos momentos a solas con Kushina.
— ¿Sabes? Últimamente nos han traído para convertirnos en el Jinchuuriki del Kyuubi...pero antes de que la bestia sea alojada en nuestro interior...debemos llenar nuestro interior de amor— le indicó que se siente en el borde de la cama, Mito la siguió.
— ¿De amor?—preguntó Kushina, sintió ganas de llorar, ¿Qué amor? Todos sus seres queridos habían desaparecido.
— Si— le sonrió Mito, tosió un poco y volvió a sonreírle— Piensa en todas las personas nuevas que conociste hoy.
— ¿Cómo sabes que...?—
— Que tu profesor sea el esposo de Nami-san—le guiñó un ojo— Puede ser muy efectivo.
Por impulso, Kushina la abrazó, Mito dio una pequeña exclamación de sorpresa y afianzó el abrazo.
— Si llenas tu interior de amor, hasta el contenedor del Kyuubi puede ser amado— susurró contra el cabello pelirrojo, por lo que Kushina pudo oír perfectamente.
Conmocionada, Kushina saludó desde la puerta a Mito que se estaba preparando para dormir y salió a la calle. Tsunade la esperaba recostada contra una pared, la brisa corría ligeramente y el olor a tierra mojada se percibía, el sol ya había desaparecido dando lugar a la noche.
— ¿Ya podemos irnos?—preguntó Tsunade con tono melancólico. Kushina sintió con la cabeza. Estaba segura de que la rubia estaba triste y preocupada por su abuela, aunque no lo demuestre (al menos en el corto tiempo que estuvieron juntas) le preocupaba la salud de su abuela.
— ¿Eh? ¡Minato!—dijo Tsunade al ver un niño rubio salir de un local con una bolsa de papel en sus manos.
—Tsunade-sama— saludó cortésmente. Cuando viró su vista y chocó contra la morada de Kushina, una corriente eléctrica le recorrió el cuerpo a la chica. Esa mañana y tarde había cruzado varias veces sus miradas, ella las trataba de evitar, pero el las pasaba por alto sin saber el "por que".
— ¿Qué haces a esta horas en la calle?— le preguntó/regañó Tsunade.
— Ramen—rió mientras levantaba la bolsa de papel que tenia entre sus brazos.
— Tienes que alimentarte mejor—le sugirió ceñuda.
— Así no será un flacucho afeminado—pensó divertida Kushina.
— Tomaré el consejo otra vez—dijo Minato, con una sonrisa calcada en sus labios— Debo irme. Adiós Tsunade-sama, Uzumaki-san—las saludó cortésmente, una pequeña reverencia y se dio al vuelta, siguiendo su camino.
Sin saber el por que, Kushina se sonrojó cuando el pronunció su apellido. Se quedó mirándolo como una tonta mientras el se iba caminando entre las calles.
—Vamos a tu departamento— le dijo Tsunade autoritaria, comenzando a caminar por las calles en penumbras.
— ¿Es cierto que viviré sola?—preguntó Kushina.
—Así es—afirmó— ¿Te disgusta?
—No, me gusta ser independiente—dijo orgullosa mientras sonreía abiertamente.
—Perfecto.
Editado: 28/12/2011.
Uf! Pensé que editar seria más difícil...me siento un poco rara leyendo lo propio(?) Además de que veo tantas faltas de narración que me siento mal D: Pero me doy cuenta de cuando mejoré ^^ Supongo que es parte de la vida (: Bueno, con esto doy finalizado el capitulo dos. Por cierto, Kotatsu, son las mesas estilo japonés enanas, si no las conocen, nunca vieron/leyeron un manga o anime en su vida D=
Chau...!
