Un mes después, Kushina Uzumaki se podía calificar como una Ninja promedio, por su perfecta habilidad en lanzamiento y esquivamiento de shurikens o kunais; o cualquier otra arma que le sea dirigida. Su entrenamiento con Tsunade para poder estar a la par de los otros estudiantes había sido arduo, desde temprano en la mañana hasta altas horas de la noche. Y ahora, la prueba del ninjutsu se aproximaba, su punto débil. Debía admitir que los clones de sombras nunca, NUNCA le salieron como debían, siempre fallaba algo y ella terminaba agotada.

Cuando salió del salón de clases al instante de que el profesor haya pronunciado su nombre, sintió la mirada de todo el alumnado sobre su espalda, y, específicamente, la de él, Minato Namikaze; desde hace días, sin saber por qué, tan solo su cercanía le molestaba.

Con un gruñido, avanzó por el pasillo y entró a otra, el salón de pruebas.

Bajo la mirada atacante del profesor, Kushina avanzó hasta la mitad del salón y se situó frente a él. Sudaba frío de los nervios que confería la situación, si ella no pasaba el examen, corría le riesgo de no ser genin hasta el año próximo; y si ella quería ser la primer mujer Hokage, debía pasar sin problemas cada prueba que se interpusiera en su camino.

Se colocó en posición y cerró los ojos, suspiró y, con cuidado pero a la vez con fuerza pronunció: ¡Bunshin No Jutsu!

Una estela de humo la rodeó y, cuando logró disiparse, tres Kushinas estaban con los ojos cerrados, tensas y aun con la secuencias de sellos formadas en sus manos.

Los constantes aplausos del profesor le hicieron dar un respingo, y automáticamente los dos clones desaparecieron, dejando a una jadeante pelirroja.

—Muy bien, Uzumaki. Lo lograste—la felicitó sonriendo—Nunca pensé que lo harías.

Kushina le dedicó una mirada furtiva, pero su autoestima estaba por los cielos, imposibilitando que su enojo saliera a flote.

Tenia muchas ganas de comunicarle a Tsunade que había aprobado... ella...la inútil en ninjutsus...¡Lo había logrado!

—Todo es gracias a Tsunade-sama 'ttebane!—exclamó contenta. Salió de la habitación dando pequeños saltitos y entró de nuevo a salón.

Los murmullos a sus espaldas la irritaban y aun más con el sobrenombre que le habían asignado.

"Seguramente, la cabeza de tomate aprobó por ser alumna de Tsunade-sama-."

"Por supuesto, si es la favorita"

"Claro, si tiene contactos con el Hokage..."

A veces los comentarios de sus compañeros le dolían y mucho, pero se mostraba orgullosa frente a ellos. El día anterior, había repartido una paliza a un grupo de niño –no niñas- que la habían osado llamar tomate. Grande fue la sorpresa de ellos al verse derrotados por una niña, y segundos después, habían huido como ratas.

Bah...idiotas.

Se sentó en su pupitre a un lado de Kasumi, Mikoto y Naoko, que le sonrieron amablemente.

—Muy bien. Aquí tengo los equipos que de ahora en adelante conformaran—El profesor se removió las gafas oscuras y leyó atentamente los nombres de la primera lista— El equipo 8 estará formado por: Uzumaki Kushina, Haru Kasumi y Hiashi Hyuuga. Su sensei será Akemi Hatake.

Los nombrados se miraron entre sí. Felicidad, había entre Kushina y Kasumi ya que les había tocado juntas. Mientras que Hiashi maldecía su suerte, por haberle tocado en el único equipo en el cual había dos chicas. Lo bueno de todo esto, es que su sensei era Akemi Hatake, hermana del Comillo Blanco de Konoha, reconocida medic-nin, además de tener muy buenas habilidades con el ninjutsu, y que alguna vez perteneció a los ANBU.

— El equipo numero 8 puede retirarse—indicó el profesor— Prosigamos con el equipo 9, sus integrantes son: Minato Namikaze, Akiko Abe y Ryota Nakamura; su sensei, Jiraiya.

Los murmullos fueron automáticos entre el alumnado, sea como sea, el gran Jiraiya había vuelto luego de tres años desaparecido, y lideraría un equipo que, seguramente haría leyenda.

—El equipo 9 puede retirarse. Ahora prosigamos con el equipo 10...Mikoto Uchiha, Fugaku Uchiha y Hizashi Hyuuga. Sensei, Hanako Iruka. Ya pueden retirarse...El equipo 11...Está conformado por Naoko Hyûga, Taishi Inuzuka y Shibi Aburame, su sensei, Ina Yuhi—pausó.

—Y ahora el equipo 12...Inoichi Yamanaka, Shikaku Nara y Chôza Akimichi —el trío chocó sus manos en señal de victoria— Su sensei, Hajime Kana. Próximo y último equipo, numero 13, Tsume Inuzuka, Sôji Majime y Sora Takahashi. Sensei, Kaito Musume—dejó los papeles sobre es escritorio— Eso es todo, hasta siempre— y en una bola de humo desapareció.

.

Kushina murmuró algo inaudible al oído de Kasumi, haciendo que esta riera por lo bajo –estaban en el campo de entrenamiento respectivo a su equipo-. Hiashi las miró por el rabillo del ojo, tenia que admitir que se moría de ganas por saber que se estaban diciendo. Una mirada furtiva por parte de Akemi los paralizó, irguieron la espalda y tiraron hacia atrás los hombros levantando el mentón. Parecía una mujer muy, muy estricta, tenia en cabello blanquecino hasta la cadera recogido en una coleta baja, algunos mechones le caían por los costados y la frente desordenadamente, sus ojos color café inexpresivos la hacían ver una persona fría a pesar de no haber pronunciado palabra alguna.

Los detalló minuciosamente a cada uno y se posó frente a ellos.

—Soy Akemi Hatake, y desde este momento seré su tutora hasta los exámenes Chunin— espetó— ¡Un gusto conocerlos!—sonrió amablemente.

Bien, eso no se lo esperaban.

De un segundo a otro, la expresión de la sensei se suavizó de repente mostrando una casi tierna sonrisa y un gesto de amabilidad. Era definitivo, Akemi Hatake, era una de esas personas a las que no se pueden juzgar por la apariencia.

—Los veo mañana a las nueve en punto, no lleguen tarde—guiñó un ojo, y desapareció dejando una estela de humo.

Kushina se dio la vuelta y enfrentó a sus compañeros y los apuntó con el dedo índice de forma acusadora, frunciendo el entrecejo.

—Ya mismo, preséntense—ordenó autoritaria. Hiashi y Kasumi la miraron confundidos.

— ¿Qué...? ¡Si ya me conoces!—replicó Kasumi.

—Es cierto—pensó llevándose la mano al mentón— Tú—miró a Hiashi con los ojos entrecerrados—Preséntate.

¿Qué reacción sería la indicada para esa situación? Ah, si. Bajar a la Uzumaki de la nube del poder autoritario.

— ¿Quién te nombró líder?—preguntó.

—Alguien tiene que poner orden—sus miradas chocaban furiosas.

—Esa no serás tú—replicó, acercándose a ella.

Furiosa, Kushina ya estaba arremangándose las mangas del abrigo que llevaba para darle una golpiza a ese idiota, según ella.

—¿Ah no? ¿Entonces quién?—sonrió socarronamente.

Ambos tiraron un puñetazo, pero ninguno de ambos puños llegó a su destino, en cambio, tanto Kushina como Hiashi, quedaron derribados en el sueño, levantando el polvo de la tierra. Una Kasumi sorprendida mirando la fabulosa escena y Akemi en el medio, con media sonrisa, se había interpuesto entre ellos, derribándolos con facilidad, utilizando una técnica de judo.

—Yo pondré el orden aquí—sonrió mas ampliamente— Y ustedes deberán obedecer, o estarán en problemas—se limpió las manos sacudiendo el polvo y observó desde altura a Kushina y Hiashi que se quejaban de la dura caída— Se suponía que se llevarían bien, pero parece que no podrá ser.

—Yo prometo controlarlos a ambos—levantó la mano ofreciéndose Kasumi.

Akemi la observó fijamente.

—¿Segura?—preguntó luego de dirigirles una mirada rápida por el rabillo del ojo a los niños peleadores(?)

Kasumi asintió con la cabeza fuertemente.

—Está bien— suspiró cansada y posó sus manos a cada costado de la cadera, una vez mas, pero esta vez sin previo aviso, desapareció, a pesar de seguir vigilándolos de lejos.

Kasumi rió y miró a sus compañeros y sonrió si se pasaban de la raya, pobre de ellos.

.

Kushina entró a la Torre Hokage emocionada y corriendo por los pasillos, gritando el nombre de la que fue su sensei por unos días.

Pero no contestó, en cambio, el Hokage la interceptó en el camino.

— ¡Buenos Días, Hokage-sama!—gritó, siguiendo su camino.

—Si buscas a Tsunade, no está—dijo luego de un suspiro.

— ¿No...está?—preguntó confundida.

Tsunade, se pasaba las 24 horas del día en su oficina, pidiendo alguna que otra botella de sake y disfrutando de la soledad.

Sarutobi negó con la cabeza, y se acercó a ella, posando su mano en el hombro de ella.

Kushina lo miró confundida desde abajo, la altura se diferenciaba notablemente.

—Tsunade...se ha ido a recorrer las Aldeas—confesó.

Claro, obvió el hecho de que iba a esconder las penas gastando todo su dinero en apuestas y emborrachándose en todo momento, sin pensar las consecuencias.

— Pero...¿Volverá? ¿No?

Kushina tenía que admitir que le había tomado una especie de "cariño" extraño hacia Tsunade, a pesar de sus continuos choques por sus personalidades y alguna que otra disputa, su relación se calificaba como "buena".

Sarutobi se encogió de hombros, eso era algo que él no sabía.

Y en el camino a casa, Kushina entendió, que por más fuerte que una persona fuera en el exterior, las penas lastimaban por dentro degradando poco a poco el alma. Y ella se incluía en eso. No llegó a darse cuenta de en lo que se convertiría en los meses próximos sino hasta que entró en su habitación y se recostó en el cómodo colchón de su cama, sacó la foto que tenia guardada debajo de la almohada y delineó con las yemas de sus dedos los rostros sonrientes de su familia. ¿Sabrían ellos en lo que se iba a convertir? ¿Habrían sus padres aceptado este trato con anterioridad?

Nunca lo sabría, pero ahora lo único que le quedaba, era llenar el "recipiente" con amor, tal como le dijo Mito-sama...


Editado: 28/12/2011

¡Ah...! Me faltan...cuatro y termino, aunque al instante comenzaré a escribir el ocho (: Recuerden que, si tienen alguna duda, no duden en consultarla mediante cualquier medio(?)

Yo estoy emocionada, no se por que (:

Chau...!