Minato estiró los brazos y apoyó su espalda sobre el tronco que tenia detrás, relajando los músculos del cuello. Eran las 9:15 AM y su sensei ya iba casi una hora de retraso. Suspiró pesadamente y se cruzó de brazos, esperando a Jiraiya-sannin. El día anterior cuando los equipos fueron anunciados, su sorpresa había sido grande al verse en el equipo liderado por tan gran ninja.
Sintió la gélida mirada de su compañero sobre perfil derecho y la acosadora por parte de su compañera sobre su perfil izquierdo. Sus miradas se clavaban en el como un alfiler a través de la lana, parecían estar observándolo minuciosamente, pero con distintos objetivos.
Finalmente un sapo avanzó hacia ellos con saltos firmes, era de un tamaño mediano y verde escamoso, un gesto de asco por parte de Aiko se escuchó.
Luego de un "Croac", el sapo se envolvió en una bola de humo que crecía con el paso de los segundos, y cuando se disipó, un hombre, de expresión sensata, con leves líneas que comenzaban en sus ojos hasta mitad de las mejillas, finas y de color rojo; el cabello color blanco canoso, en puntas y el resto atado en una cola, que era bastante larga. Ese, era uno de los tres legendarios Sannin, nombrados en la Segunda Guerra Ninja.
— ¡Mis alumnos!—exclamó impresionándolos—¡Que puntuales son!—antes de que alguno llegara a reclamar, continuó— Lamento llegar tarde—dramatizó colocándose una mano en la sien— Pero mis historias y las investigaciones que empecé hace unos días me ocupan demasiado tiempo—.
— ¿Escribe historias?—preguntó Minato.
— ¡Claro que sí, chico!
—Woah,,yo quiero leerlas.
— ¡Claro que no, Minato! —le tiró del brazo Akiko— ¡Son pervertidas!
— ¿Y qué? Seguro que viniendo de un sannin son geniales—afirmó.
Ryota se mantuvo en un silencio intacto, observando la escena de sus compañeros, con expresión seria.
—Y lo son—dijo con orgullo— Pero es verdad, aun no tienes edad para leerlas—le sacudió el cabello rubio con la mano.
Los hizo enderezarse y mirar al frente, para poder comenzar el entrenamiento.
—Bien aquí hay solo dos cascabeles—de su bolsillo sacó dos pequeñas bolitas doradas que tintineaban con la brisa de la mañana— Tienen hasta que anochezca para quitarme al menos una, el que no lo logre, tendrá que repetir el año en la academia para volver a ser genin; pueden usar sus armas, y solo lo conseguirán si me atacan con ganas de matarme. Bien comiencen.
Se enderezó y tranquilamente tomó a los cascabeles de las puntas de los hilitos que los sostenían, y esperó los ataques.
Pero no llegaron. Esos niños eran más astutos de lo que parecían, en menos de treinta segundos, se habían escondido entre los árboles.
El sonido de una ramita quebrándose al ser pisada a la lejanía le indicó la posición de Akiko, en ese intervalo nadie atacó, así pudo verificar el lugar de sus nuevos alumnos. Mientras que Akiko saltaba de rama en rama buscando un buen lugar del cual pudiera observar todo mejor; también pudo localizar el chakra de Ryota estaba escondido entre los arbustos, esperando para atacar. Pero lo más extraño, fue que el chakra de Minato es el que fue más difícil descubrir, en ese entonces, el estaba a muchos metros, sobre un árbol y sujetando un shuriken, a punto de lanzarlo.
Pero Ryota se movilizó antes, corriendo hacia un Jiraiya de espaldas, que lo esquivó muy, pero muy fácilmente, al igual que a la serie de puñetazos que iban dirigidos a él; rápidamente y ya cansado, su nuevo alumno volvió al escondite.
Habían pasado dos horas y el mediodía se acercaba, hasta ese momento, sus alumnos no habían aparecido, Jiraiya barajó al idea de que tal vez un oso se los había comido, pero las desechó cuando un kunai le rozó la mejilla, sencillamente, se las estaba haciendo muy fácil a esos niños.
Otro shuriken, esta vez proveniente de Minato, le cortó un mechón del cabello.
Increíble, pensó. Rápidamente la melena rubia del niño se movió con gran velocidad hasta abalanzarse hacia el peliblanco con golpes combinados de patadas y puñetazos, y en ese momento Jiraiya notó al diferencia de velocidad y estrategia que el Namikaze tenía con sus demás compañeros, sin dudas, era un niño dotado para ser Ninja.
Ya llegada la hora del almuerzo, el "entrenamiento" iba de mal en peor, el niño dotado Minato Namikaze, no se movilizaba desde hace tiempo, y solo había salido Ryota para su sesión de golpes y atajos continuos. Akiko no había salido de su lugar en ningún momento.
Ya cansado –mas bien, aburrido- Jiraiya decidió cancelar esa estúpida cosa en la que había estado trabajando especialmente para sus alumnos; los tres eran muy buenos y ya.
Guardó los cascabeles tintineantes y se sentó en el suelo, esperando que Akiko, Ryota y Minato se atrevan a salir de sus escondites. Ésta también podría calificarse como una prueba, ya que el que primero salga, era por que tenía mucha confianza en su "enemigo" y no había estudiado lo necesario en la Academia.
Por consecuente, la primera en salir fue Akiko, quien caminando lentamente hasta el, guardó su kunai. Grave error.
El segundo, fue Minato, quien tardó aún más, y hasta que no salió Ryota detrás de él, confió en que eso no era una trampa.
—¿Qué sucedió?—preguntó Akiko mientras comía un onigiri (N/A: Bola de arroz)—¿Por qué dejamos la prueba?
—Son unos chicos que tienen habilidad—dijo convencido— No era necesario seguir. Solo tienen que ajustar algunas cosas, como el hecho de no confiar tanto en el enemigo—miró a Akiko fijamente— O aumentar su rapidez—cambió su mirada dirigida respectivamente a Ryota— En general, el uso de armas y estrategias está muy bien, claro, cuando completen el entrenamiento conmigo, serán los mejores—guiñó un ojo.
Ignorando lo ultimo dicho, tanto Akiko y Ryota notaron que Jiraiya no nombró a Minato en su tema "ajustar algunas cosas" sino que lo pasó por alto, y ellos sintieron una leve envidia por el Ninja innato que tenían como compañero, que comía arroz de manera incesable.
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Kushina sonrió mientras caminaba por las calles de la Aldea, el entrenamiento había salido exitoso y su estómago rugía de hambre. Buscaba con su mirada violácea un lugar donde comer un buen ramen –como los recordaba en su aldea-, pero un rumor la distrajo de su objetivo.
Unos niños en el parque corrían, se acercó con motivo de observarlos, y tal vez columpiarse un rato en los columpios color azul que había ahí. Lastimosamente estaban ocupados, y, mientras esperaba su turno, un niño, un año más grande que ella, le usurpó el puesto.
Con el ceño fruncido y furiosa, se acercó suavemente.
—Era MI turno 'ttebane!—dijo recalcando la palabra.
El niño la miró despectivamente y giró la cabeza, ignorándola.
Reprimiendo un gruñido y dando un paso al frente, se acercó a él, repitiendo lo mismo.
— ¿Y qué? Aléjate, Cabeza de tomate— la insultó.
Kushina se mantuvo firme y cobró la compostura, sin dar señales de irritación.
Pero pronto, y sin saber cómo, ella fue el centro de un círculo donde los niños la señalaban y gritaban cosas como "¡Cabeza de Tomate!" "¡Miren un tomate!" "¿Así que la del Remolino tiene cabeza de tomate?"
Y para su desgracia, la cabeza de ella tomó un color rojizo, aumentando los insultos. Pero esa vergüenza pasó a ser furia instantáneamente, y los niños no lo comprendieron, por lo que siguieron gritándole cosas, a lo que ella respondió de manera agresiva dejándolos moribundos en el suelo.
—Es...es... ¡Una Habanera Sangrienta!—gritó aterrado uno de los niños que llegó a huir, Kushina rodó los ojos y se sacudió las manos de polvo. Esquivó a algún otro niño en el suelo y tomó el camino hacia su apartamento, indiferente.
A la lejanía Jiraiya la observaba detenidamente desde debajo de un árbol. Sonrió de medio lado y entabló camino hacia la TorreHokague
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— ¡Jiraiya! ¿Cómo te ha ido con el equipo?—preguntó Sarutobi sonriendo ante la intromisión del que fue su alumno en el pasado. El peliblanco iba serio, sin su expresión leve sonriente de siempre.
—Muy bien—afirmó— Pero eso no es por lo que vengo ahora— se sentó frente al Hokage.
—¿A no?—preguntó mientras cruzaba los dedos de sus manos sobre el escritorio— ¿Entonces?
—La niña...—pausó al no recordar el nombre.
— ¿Qué niña, Jiraiya?
— ¡La niña! La pelirroja, de ojos raros...—insistió.
—Si, Kushina Uzumaki ¿Qué sucede con ella? ¿Tiene que ver con lo que hablamos esta mañana?—preguntó frunciendo el entrecejo.
—Exactamente—afirmó— ¿Es ella capaz de hacerlo? Albergar a la mas fuerte de las bestias de Colas no es una tarea fácil, menos para una niña—explicó— Además creo que su carácter es muy...muy...—pausó al no encontrar la palabra indicada.
— ¿Temperamental?— Jiraiya afirmó con un movimiento de cabeza— Además de su chakra extrañamente poderoso; esa fue la razón por la cual es la indicada, tiene el temperamento de los Uzumaki, y estoy seguro de que podrá dominar a esa bestia en su interior. ¿Entiendes? Su carácter le abre más posibilidades de que la bestia "acepte" albergarse en su cuerpo, aunque parezca una niña, es mas que eso.
—Lo pensé en una primera instancia, pero creí que, tal vez, ese carácter sea dañino para el que esté a su alrededor, si la molestasen demasiado el demonio podría escapar.
—Lo más seguro, es que ella lo controle—reafirmó sabiamente el Hokage.
Jiraiya asintió con la cabeza.
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—Kushinaaaa—canturreó Mikoto Uchiha, quien se acercaba a toda velocidad a la pelirroja—¿Hacia donde vas?
Preguntó.
La pelirroja la miró de arriba a bajo, la pelinegra parecía recién salida de su entrenamiento, con el cabello enmarañado y manchones de tierra repartidos por su rostro y ropa.
—A mi casa—contestó cortante.
La pelinegra la miró y sonrió.
—Preguntaba por que...con Naoko íbamos a comer dangos...y nos preguntábamos si querías acompañarnos. Claro ella esta en el local de dangos ya, y...—
Kushina recopiló la información. Una invitación a comer dangos. ¡Claro! Su estomago rugió, recordándole el hambre que sufría.
— ¡Por supuesto que si 'ttebane!
Sonrió y dejó guiarse por Mikoto hasta el local de dangos.
Editado: 28/12/2011
Woah...! Cada vez que avanzo pienso que pensé que sería mas complicado (¿?)
¿Vieron? Hizo su aparición Minato ya se extrañaba, ¿no? ^^'
Ahora que lo recuerdo, según mis notas anteriores escribí esto inspirada por un par5 de canciones LenxMiku w_w
Chau...!
