Kushina observó como el cielo se tenía de anaranjados muy claros, calculaba que debían ser cerca de las seis de la tarde, la misión se les había asignado a horas del mediodía.

— ¡Kushina!—salió de su ensoñación bajo el grito de Minato, que pronto la empujó y ambos chocaron contra el suelo, hasta recorrer un par de metros— ¿Estás bien?—preguntó en un arrebato antes de levantarse y sacudirse las ropas— Son enemigos complicados.

Sôshûjin(1)

Una lluvia de kunais se desató en dirección hacia ellos. Gracias a la rapidez de Minato, uno de estos solo llegó a cortar las puntas del cabello de pelirrojo de la chica.

Minato aterrizó fuera de peligro con Kushina en brazos, que automáticamente esta se bajó de él y se posicionó sobre la rama.

— ¿Qué sucedió?—preguntó mirando al frente, pero alerta en todas las direcciones.

—Nos emboscaron—explicó Minato— No sabemos que quieren y nos atacaron sin razón alguna.

Quedaron sumidos en silencio.

—Son experimentados—dijo una voz detrás de ellos. Hiashi Hyûga estaba detrás de ellos, mirando hacia la nada con el Byakugan activado— No les somos oponentes.

Kushina frunció en ceño. Ellos eran muchos mas ¿Por qué no les eran oponentes?

—Es cierto—lo apoyó Minato. Kushina giró su vista hacia él— Hace solo dos semanas que salimos de la Academia, y esta es nuestra primer misión. — Hiashi asintió con la cabeza— ¿Dónde están los demás?

— Luchando contra ellos— dijo Hyûga.

Y ahí cayó en cuenta de algo Kushina

— ¡Kasumi!—exclamó sin moverse del lugar.

— ¿Qué sucede con ella?—preguntó Minato.

— ¡Ella no es una Ninja! ¡Ella es médica! Solo tiene algunas habilidades de pelea—gritó.

—Vamos.

Minato al tomó de la mano y fueron hacia el lugar de pelea, Kushina se sonrojó ante ese contacto tan "íntimo", el de sus manos entrelazadas.

Divisó a Ryota peleando contra la chica que esquivaba como podía sus ataques, Akiko temblaba frente al otro chico y Kasumi tenía un kunai en su mano derecha, con el que atajaba algunos golpes que el muchacho pelirrojo le hacia con la arena, mientras que con la izquierda protegía a la gata.

Los tres se dividieron para ayudar a sus amigos.

Por un lado Kushina dio un gran salto en el aire hasta golpear al chico, cayendo con una patada a penas llegó y cuando el Ninja de la arena se incorporó una ola de arena las arrasó tanto a ella como a Kasumi. No podían ver con nitidez, pero la arena por más escurridiza que sea les indicaba el lugar de su oponente. Kushina miró a su compañera y ambas asintieron con la cabeza. Kasumi lanzó una bomba de humo, dándose la oportunidad de que, al cegar al enemigo pueda correr hacia debajo de un árbol y dejar al gato ahí. Kushina aprovechó al instante la situación para atacar al enemigo, cegado y desorientado, el chico recibió una patada frontal de la pelirroja, que lo impulsó varios metros, dejándolo fuera de la nube de humo.

Gran error.

Una sonrisa algo retorcida apareció en el rostro del chico, que levantó los brazos y con ella otra ola de arena aplastó a Kushina, para luego hacerla recorrer un buen camino, chocando contra el suelo. Dolida se levantó, con los brazos y piernas temblando, avanzó hacia el, esquivando difícilmente los ataques físicos que recibía. Hasta que Kasumi se interpuso en la pelea, pero poco duró ya que no tenía resistencia física. Pronto Kushina cayó al suelo, indefensa.

El chico procedente de la arena se acercó a Kushina, en sus ojos se podía ver que no era una persona mala, sino que algo de compasión tenía hacia la pelirroja, que yacía en el suelo adolorida. La miró desde arriba con sus ojos fríos de un color verde, sus orbes transmitían frialdad, pero con ternura a la vez, como si tuviera dos personalidades. Levantó un kunai y lo dejó caer horrorosamente y sin escrúpulos sobre el muslo izquierdo de Kushina, quien solo sintió el frío metal centrarse en su carne, para luego que su pierna emanara sangre, mucha sangre. Gritó de dolor sin poder aguantar la herida, el ardor le producía un mareo interminable, y su cabeza comenzaba a dar vueltas, sucediendo todo en cámara lenta. Vio en escenas cortas y rápidas como sucedía todo, el grito aterrado de Kasumi y como el enemigo se acercaba a ella y enterraba en su estómago una especie de kunai pero aun más largo.

En ese momento, Kushina sintió, literalmente, como, poco a poco, su vida se esfumaba.

.

Minato golpeó una ultima vez al chico, dejándolo inconsciente en el suelo. Suspiró y le dirigió una mirada amable a Akiko, que hace tiempo se había refugiado lejos de la pelea. Pero ella no lo estaba mirando a el. La expresión de su rostro tenía toques de miedo, tristeza, impresión y un tanto de asco. Un estado total de shock.

Giró su vista y...

¡Mierda!

Dio una rápida mirada a Hiashi, quien tenía controlada la pelea contra la muchacha, que los atacaba insistentemente.

Volvió su vista.

Sus ojos se dilataron al ver al pelirrojo acercándose a Kushina, con el kunai especial entre sus manos, la expresión de terror en su níveo rostro de ella lo azotó como una fuerte ola. Quiso desear que llegara a tiempo para rescatarla, pero ni su velocidad bastó para eso. El grito de Kasumi lo aturdió.

Kushina había recibido aquel puñal, y quedado inconsciente en el acto.

¡No !Gritó él, en una exclamación ahogada.

Corrió todo lo que pudo, y atacó por la espalda al enemigo, quien no se lo esperaba. Se plantó frente a él y lo miró con furia... ¿Quién diablos se creía?

Sus enemigos.

Le dijo su subconsciente.

— ¡Kasumi, muévete y cura esas heridas, maldita sea!—gritó enfurecido. No volvió la cara a ver a la chica, pero supo que su expresión era de sorpresa y miedo, él, Minato Namikaze, nunca...NUNCA le había levantado la voz a nadie, pero esa situación lo había hecho sacar lo peor de él.

Atajó un ataque que iba dirigido a Kasumi –que iba en busca de Kushina- con su expresa rapidez, aprovechando para pegarle un buen puñetazo en el rostro a aquel enemigo. Clavó su mirada azulada en la estela de polvo que se había levantado cuando el chico chocó contra el suelo. Una risa, mas bien una carcajada maniática se escuchó salir de la boca del pelirrojo, solo una.

Ambos fueron a su encuentro a gran velocidad, y estamparon sus puños en la mejilla del otro, impulsándose hacia atrás. Minato chasqueó la lengua y se limpió la sangre que caía de su labio cortado. Sonrió forzosamente, sin saber por qué.

Inesperadamente, una tormenta de arena lo arrasó, incluyendo a Hiashi, Ryota y a los demás. Tardó unos cuantos minutos en disiparse totalmente. Minato abrió los ojos lo más que pudo.

Los enemigos había desaparecido, huido; inclusive, el que el dejó inconsciente, ya no estaba en su lugar.

Un sollozo detrás de él lo alarmó; y recordó la situación de Kushina.

— ¿Cómo está?—preguntó poniéndose de cuclillas, las manos de Kasumi dejaron de brillar con ese chakra color verde y bajó la cabeza, reprimiendo un sollozo, negó.

—Ella está en estado critico—dijo entre llanto y llanto— S-si no llega a un hospital en veinte minutos, ella...ella... ¡No puedo hacer nada!—gritó frustrada levantando la cabeza, su mirada enrojecida notaba los signos de tristeza y las lagrimas caían sin parar por sus mejillas.

Minato se levantó y tomó en brazos a Kushina, delicadamente.

—No llegarás—le dijo Ryota—Konoha está a veinte minutos de aquí.

—Entonces llegaré en diez—frunció el ceño y desapareció de un salto, utilizando su rapidez, dejando atónitos a sus compañeros.

.

Despertó con un terrible dolor de cabeza en una habitación totalmente blanca. Se sintió incómoda al sentarse sobre la cama, se levantó la remera y descubrió que tenía vendado todo el torso hasta la cintura, y luego, un par de vendas en el muslo izquierdo. Una incomodidad le tiró del brazo, en su muñeca, tenía conectado el suero, que colgaba de un gancho a un costado de la camilla.

—Quédate quieta—le ordenó la enfermera, que entraba por la puerta.

Kushina frunció el ceño, enojada.

—Si te mueves, la cicatriz puede volverse a abrir. Enseguida vuelvo.

Rodó los ojos y se volvió a recostar en el increíble almohadón. Suspiró cansada, no sabía cuanto tiempo había estado dormida, y solo recordaba el último grito de Kasumi.

Minato.

¡Cierto! El también había gritado... ¿Por ella?

—Asi que es cierto que despertaste ¿Eh?—dijo una mujer valerosa que entraba por la puerta. Los ojos de Kushina se iluminaron con un brillo increíble.

—¡M-Mito-sama!—exclamó –mas bien, gritó- emocionada por la presencia de la mujer que tanto admiraba.

La anciana mujer avanzó y se sentó en la silla contigua a la cama. Kushina se enderezó y realizó una reverencia en señal de respuesta.

Mito sonrió.

—Fuiste muy valerosa, Kushina—estiró su brazo temblando y acarició la cabellera rojiza con cariño; Kushina se sonrojó— Me han contado el rescate del gato, sin duda, un acto heroico.

—Si—rió nerviosamente—Pero no...no pudimos completar la misión—se lamentó.

—No tienes que preocuparte por eso...Lo primero en un Ninja, es proteger a sus compañeros.

Kushina se sorprendió ante eso. Recordó el caso de Sakumo Hatake-hermano mayor de su sensei- cuando en una misión, el pobre había decidido de buena acción salvar a sus amigos en riesgo de su vida, fallando a la misión. Y los desgraciados de sus compañeros de equipo, a los que el les había salvado la vida, le arruinaron la reputación, y por lo tanto, su vida.

—Oh...debo irme...—dijo mirando el reloj que posaba en la mesa de luz— Lo siento mucho—sonrió— Me alegra mucho que estés bien.

Se acercó repentinamente y se encorvó, para poder besar la frente de Kushina. Un sentimiento creció en su interior, volvió a sentir ese cálido sentir de una madre.

Justo cuando Mito abrió la puerta, una melena rubia apareció en el umbral. Mito, con su natural sonrisa, posó su mano en el cabello rubio y lo revolvió un poco, para luego seguir avanzando con paso lento.

Minato respiró hondo y entró a la habitación, con el ramillo de flores en su mano izquierda.

—Hola—saludó abiertamente.

—Hola—le devolvió el saludo Kushina, quien no esperaba que él esté ahí.

—¿Cómo estás?

—Bien.

—Me alegro—expresó Minato su felicidad en dos palabras.

Quedaron en silencio lo único que tenían para decir, ya de había dicho.

—Toma—le extendió el ramito de flores de distintos colores. Kushina lo miró fijamente, lo detalló y estiró su brazo y lo tomó en sus manos. Aspiró su dulce perfume sin disimular.

—Gracias, muchas gracias—sonrió contenta, sin reparos.

—¿Cómo estás? Quiero decir, ¿te duele algo?—preguntó de manera absorta. Kushina negó con la cabeza fuertemente— Que bien...

—¿Cuánto estuve dormida?

Minato formó con sus dedos el numero dos.

—¿Dos días? Ah...pudo haber sido peor.

—No, no...dos meses, estuviste en coma durante dos meses, Kushina.

Eso le cayó como un balde de agua fría.

— ¿DOS MESES? ¡Carajo!—gritó y maldijo a la misma vez— ¿Se puede saber por qué?

—El enemigo era un oponente fuerte...y la herida que te hizo en tu estómago...les causó un gran dolor de cabeza a los médicos—rió para ablandar la tensión de la atmósfera.

Kushina se levantó sin pensarlo la remera una vez mas, Minato enrojeció de la vergüenza y apartó la mirada.

— Woooooooow, sip, parece grande—afirmó— ¿Qué te sucede?

Minato la miró fijamente.

—Kushina...yo...yo...—tartamudeaba.

—Anda, habla ya hombre—le dio una palmada en el hombro.

—Bueno...tu...a mi me...

— ¡KUSHINA!—exclamaron a coro Hiashi y Kasumi desde la puerta. Un grito se escuchó por parte de Kushina, con igual ímpetu.

Minato sonrió disimuladamente.

Aún no era el momento.


Editado: 28/12/2011

Un capitulo...¿raro? O, más bien, de acción ^^ No me sale perfecto y es la primera vez que simulo una lucha...

Sôshûjin, es una técnica que, efectivamente, eleva los kunais con el chakra y los arroja.

Espero que les haya gustado ^^ Dejen review n_n

Chau...!