Desclaimer: Los personajes de Saint Seiya Lost Canvas no me pertenecen, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Tenshirogi.

Parte 3: Storm Wind of Lies

By Goddess Rhiannon

Ese día, Agasha se encontraba plantando en su jardín las semillas que le darían nuevas flores pronto, ella y su padre solían vender las flores de estación, esta vez era el turno de las que florecían en invierno. Tarareando una canción para sí misma, sonreía y suspiraba feliz. Albafika había estado hablando con su padre, aunque no sabía acerca de que, debía estar preguntándole si se oponía a que él la cortejara, por supuesto que su padre jamás se negaría, viendo lo feliz que hacía eso a su hija.

"Agasha, hija, llegó una nota para ti, la trajo un niño desde el Santuario, creo que es de Albafika" Le comunicó su padre, Agasha se incorporó y casi corrió para leerla, Albafika le había estado enseñando a leer y escribir, así se podrían comunicar más fácilmente. La nota le pedía que se encontrara con él en una hora en la colina de siempre.

"Papá, voy a ver a Albafika, no sé cuanto tiempo tardaré, pero de seguro él me acompañará de regreso, ¿está bien?" Le informó la chica a su padre, el hombre asintió.

"Bien, pero traten de regresar antes de que se oculte el sol" Le pidió su padre, Agasha sonrió, asintiendo y se fue a cambiarse de ropa y arreglarse un poco para su cita.

Albafika se paseaba de un lado para el otro, nervioso, sabía que no tenía de que preocuparse, pero igual se sentía inquieto. Había dado un paso inesperado al declarar tan abiertamente ante Shion y Kardia lo que era Agasha para él, estaba seguro de que Kardia la había abrazado a propósito para ver su reacción… condenado insecto, sabía donde pegar para que surtiera efecto. Pero bueno, no estaba del todo en desacuerdo el haber aclarado a quien pertenecía Agasha y que no pensaba compartirla. Igual se sentía inquieto.

Agasha se había terminado de arreglar, dándole un beso a su padre, se encaminó hacia fuera, cerrando la puerta. Caminó un trecho y se cruzó con algunas vecinas.

"¡Hola! Lindo día, ¿verdad?" Saludó como siempre, más las señoras en cuestión la miraron con desdeño y no le respondieron. Agasha se asombró, jamás le había pasado eso ¿les habría dicho algo que les molestara? No que recordara. Suspiró, encogiéndose de hombros, tenía cosas más felices en las que pensar. Siguió andando, con su cesta en el brazo, cuando unos hombres se le acercaron de manera sospechosa. Ella inclinó la cabeza a manera de saludo y siguió su camino, más uno de ellos la interceptó.

"Vaaaya… ¿qué tenemos aquí? Pero si es la linda florista. Dime ¿tienes tiempo libre para atendernos? ¿Cuál es tu precio?" Le dijo el hombre, que no debía llegar a los treinta años, el otro sonrió de manera lasciva, mirándola como si de una golosina se tratara. Agasha abrió los ojos como platos, ¿de qué precio estaban hablando?

"No sé que quieren decir con precio, pero las flores las vende mi padre, yo no tengo para vender, así que, con su permiso, debo seguir mi camino" Les contestó la chica, dando media vuelta, pero parecía que no la dejarían ir así como así, y tomándola del brazo, el hombre replicó: "¡¿Acaso no somos lo suficientemente buenos para ti? ¡¿Prefieres ser la mujerzuela de los Santos de Atena?"

"¡Mujerzuela!¿A quién llamas mujerzuela? ¡Ese no es mi oficio, yo no tengo precio!¡Ahora, suéltame!"Gritó ella, dándole una patada en la canilla a su atacante y, cuando este aflojó el agarre en su brazo, salió corriendo como si la parca la persiguiera, el hombre maldijo, y el otro comenzó a correr tras ella. El manto de Agasha volaba detrás de ella, tal era la velocidad que llevaba, debía llegar donde Albafika y rápido. Cuando llegó al bosque lindante, se metió entre los arbustos diestramente, su perseguidor la vio desaparecer y trató de hallarla, pero se dio por vencido después de un rato. Agasha temblaba de pies a cabeza ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Por qué la trataban así? Como pudo, salió de su escondite, conteniendo las lágrimas, no quería que Albafika la viera en ese estado.

El santo en cuestión estaba sentado, esperando, cuando escuchó el ruido de hojas crujiendo bajo las pisadas de la persona que tanto deseaba ver. Se levantó y volteó a ver a su amor, Agasha le sonrió, algo trémula, y él corrió a abrazarla. Agasha lo abrazó también, tratando de calmar su miedo, ahora estaba a salvo, Albafika de seguro despacharía a cualquiera que la amenazara, ahora no había peligro.

"Agasha, cielo, ¿estás bien?" Preguntó el santo, había notado que algo no andaba bien con ella.

"Si, mi vida, no pasa nada, sólo vi una araña enorme que me asustó, sabes que no me gustan" Replicó ella, deseando con todo su corazón que él se lo tragara. Albafika la miró con suspicacia por un segundo, pero luego aceptó la explicación… por ahora. Acercó su rostro al de Agasha, que levantó el suyo para encontrar los labios de él en un dulce beso, Albafika le sacó la canasta y la abrazó con más fuerza, como queriendo grabar en su cuerpo las curvas de Agasha, ella le pasó los brazos al cuello, suspirando, podría quedarse así para siempre. Después de un rato de besarse, ambos se separaron para poder respirar, sonriendo, Albafika tomó de la mano a Agasha y la sentó a su lado, debajo de un árbol.

"Agasha, yo te traje aquí… bueno… err…" Albafika tartamudeaba, no se había imaginado que sería tan difícil decirlo.

"¿Si? ¿Hay algo que quieras decirme?" Lo alentó ella, acariciando su rostro con la palma de su mano. Albafika ladeó su cara para apretarse más a la mano de ella, al final, sacó de su bolsillo un pequeño estuche cuadrado, y se lo dio a Agasha. Ella arqueó una ceja, intrigada, lo tomó y lo abrió con cuidado. Adentro había un hermoso anillo de oro con pequeñas rosas talladas en plata, la rosa principal era un rubí tan rojo como las rosas de Albafika. Agasha abrió los ojos en señal de sorpresa, luego miró al muchacho, y luego al anillo, y luego a Albafika. El sonrió, sonrojado y por fin dijo: "Agasha, ¿me harías el honor de casarte conmigo?"

Agasha no lo podía creer, ¿de verdad le estaba proponiendo matrimonio? Se llevó la mano libre a sus labios, tratando de que no le temblaran, una lágrima rodó por su suave mejilla, alarmando al santo.

"¡No tienes que responderme ahora si no quieres!" Exclamó él, sorprendido, viendo que su pequeña flor parecía más bien en shock. Agasha de repente rió, y se lanzó al cuello de Albafika, llenándolo de besos por todos lados y diciendo "¡Sí!¡Sí!¡Sí!¡Sí!" El santo suspiró, aliviado, y la abrazó a su vez, besándola en los labios con fuerza. Cuando se separaron, él tomó el anillo y se lo colocó en su anular derecho, ahora era oficialmente su prometida. Agasha no cabía en sí de alegría, era su sueño hecho realidad, estaba tentada a pellizcarse una mejilla a ver si no estaba soñándolo todo.

"Hay una cosa más que quiero pedirte" Dijo por fin el santo, Agasha asintió.

"He hablado con un pintor en el pueblo, que se instaló hace poco, y le pedí que hiciera un retrato tuyo. Lo quiero colgar en mi templo, así podré verte aunque esté ocupado y no pueda estar contigo" Agasha le sonrió, halagada, y asintió. Después de eso, ambos se levantaron, tomaron la canasta de Agasha y se encaminaron hacia la casa del retratista.

Ya casi el sol se había ocultado, y ambos estaban regresando a la casa de Agasha, tomados de la mano, la gente del pueblo ya estaban cerrando sus negocios, luego de la ardua jornada, algunos se sorprendieron de ver al santo de Piscis ir de la mano de Agasha tan abiertamente, a la pareja no parecía importarle lo que de ellos pensaran, además Albafika quería dejar bien en claro que ningún hombre se podía acercar a su mujer. Las mujeres que la habían desdeñado antes, miraban con asombro la escena, viendo como Agasha paseaba con el Sr. Albafika, sonriendo por algo que él le murmuraba. Los dos hombres que habían increpado a Agasha más temprano no sabían que hacer, Agasha los miró y tembló un poco, cosa que Albafika notó, y siguió la mirada preocupada de su prometida. Agasha tenía miedo de esos sujetos, podía sentirlo.

"Agasha, ¿qué te hicieron esos dos? Y más vale que no me mientas" Le preguntó Albafika, mirándola seriamente.

"Si te digo te vas a enojar" Dijo ella, bajando la vista.

"No me importa, dime" Agasha suspiró, mejor contarle y tratar de calmarlo antes de que corriera sangre. Para colmo, los sujetos estaban cargando algunas cosas, que habían seguramente comprado, en un burro y no se movían del lugar.

"Esos dos me preguntaron si yo… cual era mi precio" Dijo casi en un susurro. Albafika entendió a la perfección lo que le habían pedido a Agasha, y de repente sus ojos se oscurecieron de ira, volteando la mirada, le dio un beso a Agasha en la frente y, antes de que ella pudiera detenerlo, el santo se movió a una velocidad increíble. Ambos hombres trataron de escapar, pero el santo los tenía agarrados del cuello con fuerza, casi ahogándolos. Las personas miraban asombradas el espectáculo, el Sr. Albafika raramente se metía con nadie, era amble por naturaleza, jamás habían presenciado su ira. Agasha corrió a su lado y se colgó de uno de los brazos de él, tratando de detenerlo.

"¡No! ¡Bájalos por favor! ¡No lo volverán a hacer!" Gritó Agasha.

"Claro que no, porque si quieren vivir, no se quedaran por aquí. Pero primero te pedirán disculpas" Dijo Albafika, soltándolos de repente, ambos hombres cayeron al suelo sobre sus traseros, frotándose las gargantas.

"N-no fue nuestra intención o-ofender a la s-señorita" Balbuceó el primero, el otro asintió.

"Quiero que quede claro que Agasha no en ninguna mujerzuela, es mi prometida. ¿Quién les dijo lo contrario?" Preguntó Albafika, con una voz tan helada como el Polvo de Diamante de Degel.

"L-lo dicen e-en el p-pueblo. No sé q-quien lo dijo p-primero" balbuceó el segundo hombre, mirando con espanto al santo al que hicieron, sin querer, enfadar. Albafika movió su mirada al resto de las personas a su alrededor, que se miraban entre sí, algunos con sorpresa, otros avergonzados.

"¿Quién fue el que comenzó ese rumor?" Preguntó una vez más Albafika, mirando a las personas del pueblo esta vez. La lavandera chismosa temblaba, no quería a un santo dorado enfadado, menos a este, que era el que más se preocupaba por proteger el pueblo de Rodorio.

"M-me lo dijo Magda, s-señor. No fue mi intención c-causar daño a nadie" Dijo la compungida lavandera. Albafika asintió secamente. Ya hablaría con esa tal Magda.

Agasha estaba pálida, no creía lo que estaba oyendo ¿por qué Magda haría algo así? Albafika la tomó por la mano y la sacó de allí, no sin antes advertirles a los hombres que si los veía cerca de Agasha, no tendría ninguna contemplación para con ellos. Ambos asintieron asustados de por vida, se habían ganado un enemigo demasiado poderoso para su gusto.

Cuando llegaron a la casa de Agasha, el padre de ella los estaba esperando en la puerta, sonriéndoles, ambos le devolvieron la sonrisa. En cuanto entraron, su padre los miró significativamente.

"¿Y bien? ¿No ha pasado nada interesante hoy?" Dijo el hombre, sin saber que habían pasado más de una cosa interesante hoy.

"Papá, Albafika me pidió que sea su esposa… y acepté" Dijo con una gran sonrisa Agasha.
"¡Ah!¡Pero esa en una excelente noticia, los felicito a ambos!" Dijo, y Agasha se acercó y abrazó a su padre, que le devolvió el abrazo, feliz por su pequeña. Albafika miraba la escena, un poco avergonzado. El padre de Agasha se acercó y también le dio un abrazo al estupefacto santo, que lo devolvió como pudo, Agasha reía por lo bajo, pobre Albafika, no se terminaba de acostumbrar a recibir cariño de las personas.

"Papi, le pedí a Albafika que se quede a cenar, así que iré a prepararla" Dijo Agasha, acercándose a su novio, desprendiéndole la capa y colgándola en el perchero, hizo lo mismo con la propia y se dirigió a la cocina.

Durante la cena, Agasha relató a su padre lo que le había pasado hoy, el hombre estaba sorprendido y enojado, al igual que Albafika, que aún estaba furioso. Agasha trató de apaciguarlos, ya que nada podrían hacer hoy, era mejor dejarlo y comer en paz.

Después de que Albafika se fuera, Agasha se puso su camisón y se metió en la cama, estaba rendida. Bostezó y se arropó cómodamente. Por el rabillo de ojo divisó un pequeño ramillete seco de flores, estaba sobre su mesa de luz, era una pequeña parte del bouquet que hacía tanto había atrapado en el casamiento de su amiga Karen, sonrió para sí misma, algunas supersticiones tenían algo de verdad en ellas…

Continuará….

Bueno, parte tres de mi fic, sólo un par de caps m{as para terminar XD