Desclaimer: Los personajes de Saint Seiya Lost Canvas no me pertenecen, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Tenshirogi.
¡Ahh! Al fin capitulo 4, este me costó en el alma escribirlo, ¡espero les guste! ¡Y dejen review!
Parte 4: Rain of Love
By Goddess Rhiannon
A la mañana siguiente, Agasha estaba como de costumbre arreglando el negocio con las flores para vender, sabía que Albafika aparecería en un rato, de seguro para ir a increpar a Magda por sus comentarios malintencionados sobre Agasha. La chica aún no se creía que su vecina pudiera ser tan rastrera. Tan ensimismada estaba en sus pensamientos que no notó a una niña de unos seis años, mirando las flores, especialmente las rosas. La pequeña parecía estar algo inquieta, y miraba a la distancia a cada segundo, y Agasha que aún no le prestaba atención.
"Err… disculpe" Dijo la pequeña, retorciéndose las pequeñas manos en gesto nervioso. Agasha volteó a verla y le sonrió.
"Hola, pequeña ¿qué se te ofrece?" Le dijo Agasha con calidez, la pequeña se llevó un dedo a los labios, de forma pensativa, y luego señaló con su otra mano a un hermoso pimpollo de rosa color blanco.
"M-me gustaría esa rosa… pero no tengo dinero" Dijo la niña tímidamente. Agasha parpadeó sorprendida un par de veces, mientras la niña volvía a ver por el camino principal del pueblo. Parecía esperar a alguien.
"Bueno, debe ser para la persona que estás esperando tan ansiosamente" dijo la muchacha, tomando la rosa, "No puedo dártela gratis… pero sí a cambio de un beso" Terminó diciendo Agasha, la niña sonrió deslumbrante y se le abrazó al cuello, dándole un sonoro beso en la mejilla a la chica, que le dio la rosa. "¡Gracias!" Dijo la pequeña, y salió corriendo hacia la figura que se acercaba a paso tranquilo por la calle; más grande fue la sorpresa de Agasha al ver hacia quien corría la pequeña.
La niña sentía que no llegaría a captar la atención del santo de Piscis, así que aceleró, con tanta mala suerte que tropezó y calle a un metro de su objetivo. Albafika había estado viendo a la niña venir a toda carrera y se esperaba que en cualquier momento se lo llevara por delante, pero medio sonrió al ver que se caía al suelo estrepitosamente, miró a todos lados, su madre no parecía estar cerca. La pequeña había protegido la flor, pero ella estaba hecha un desastre, lastimada en las rodillas y brazos de la caída. Cuando intentó levantarse, sintió que un brazo la tomaba por la cintura y la levantaba.
"¿Estás bien?" preguntó Albafika, viendo que unas gruesas lágrimas comenzaban a rodar por las pequeñas mejillas de la pequeña, que asintió y luego de un segundo negó con la cabeza, Albafika le sacudió el polvo del vestido, y secó sus lágrimas con una extremo de su capa.
"Bueno, ahora ya te puedo ver mejor" Dijo el santo, mientras la alejaba un poco de sí mismo, puso la palma de su mano cerca de la herida de una de las piernas, y usando su cosmos, la cerró, los mismo hizo con las brazos. La pequeña se miraba asombrada, ya no había ni herida ni dolor, le sonrió deslumbrante. Albafika le devolvió la sonrisa, y antes de que se pudiera incorporar, la pequeña le estampó la flor delante de la nariz.
"¡Para usted, señor caballero!" Dijo la niña, el joven tomó el pimpollo, e inclinó la cabeza a modo de agradecimiento; haciendo brillar su cosmos una vez más, logró que la rosa abriera sus pétalos y se pudiera apreciar el pálido color rosado de la base de los mismos. La niña rió, contenta, aplaudiendo. El santo hizo como si pensara un segundo y agregó "Una flor no se da gratuitamente, pero sí a cambio de un beso" y antes de que la pequeña se diera cuenta, Albafika le besó una suave mejilla. La niña no salía de su asombro… tampoco las personas que observaban la escena, excepto Agasha, que reía por lo bajo, vaya que tenía competencia por su caballero. La niña lo abrazó por el cuello y luego regresó, esta vez caminando, donde su madre la aguardaba. Albafika se incorporó y caminó el último trecho hasta donde estaba Agasha, que lo miraba con un dejo de humor en los ojos.
"¿Qué?" Le preguntó el santo, Agasha sólo meneó la cabeza, abrazándolo por la cintura.
"Nada. Pero se nota a la legua que dejaste estupefactos a la mitad del pueblo, y me di cuenta que tengo mucha competencia femenina por tu linda persona" Dijo Agasha, Albafika arqueó una elegante ceja, devolviendo el abrazo.
"No me digas, ¿y culpa de quién será que todos se hayan vuelto tan confiados conmigo, eh?" Dijo con un dejo de humor en la voz el muchacho, a lo que Agasha sólo contestó riendo.
"Otra cosa que noté… que te gustan los niños" Dijo la chica, soltándolo y volviendo a su trabajo de acomodar las flores, Albafika medio se sonrojó por el cometario, ya que traía otra clase de imágenes a su cabeza que no tenían nada de inocentes.
A lo lejos, el padre de Agasha divisó a un hombre joven trayendo medio a la rastra a una muchacha, que cuanto más se acercaban a su puesto, más se debatía por liberarse. En unos instantes, estaban parados delante de Agasha y su padre, Albafika miraba de más lejos la situación, sin dejarse ver, pues había entrado a la casa para buscar algo que le había pedido Agasha.
"Buenos días, y disculpen que los molestemos tan temprano, pero creo que mi hermana tiene algo que decirle a la Srta. Agasha" El hombre que había hablado era, en cuestión, el hermano mayor de Magda, que como habrán adivinado, era a quien traían a la rastra. El padre de Agasha miró ofuscadamente a la joven, que ni se inmutó.
"¡Yo no tengo que pedirle disculpas a nadie!¡Es culpa de ella sin se la ve con tantos hombres diferentes!" Contestó Magda, que se había soltado del agarre de su hermano.
Ambos hombres la miraron feo, Agasha sólo frunció el seño y suspiró, Magda era una pequeña arpía conspiradora, pero nadie le creería de nuevo nada de lo que dijera.
"Mira, Magda, si todavía no te fueron a buscar ayer mis allegados, es porque yo se los impedí, y la verdad no me importan tus disculpas, tu sola te enterraste hasta el cuello de mentiras, ya nadie te creeré ni una sola palabra de ahora en más… así que puedes irte, y de ahora en más no volveré a dirigirte la palabra, me costaste un susto muy grande y eso no lo voy a olvidar tan fácil" Dijo por fin Agasha, dándole la espalda. Magda hervía de furia.
"¿Ves que Agasha es mejor persona que tu?¡Discúlpate igual!" Le dijo su hermano, el padre de Agasha la estaba ignorando a su vez, su hija ya había puesto su punto en claro. Como Magda aún se resistía a pedir disculpas, Albafika, ya harto de verle la cara a la malintencionada muchacha, salió al fin de la casa, reclinando un hombro contra el marco de la puerta. Cuando Magda cruzó la mirada con el santo, se puso pálida, fríos ojos azul cobalto la estaban taladrando, como siguiera sin disculparse habría problemas. Magda resopló con furia y con un "lo siento" entre dientes, se dio media vuelta y se largó de allí rápidamente. Su hermano inclinó la cabeza a modo de disculpa, no sabía que cara poner para lavar la afrenta de su hermana a la chica florista, Agasha le sonrió, y le aseguró que todo estaba bien, que no tenía nada contra él. El joven asintió de nuevo y siguió a su hermana, que ya se le había adelantado un buen trecho.
Acorde los días pasaban, Albafika era menos visto en el pueblo, ya había habido ataques de Espectros en poblaciones linderas, y el santo de Piscis preparaba su muro de rosas envenenadas para proteger el pueblo de Rodorio, que siendo el más cercano al Santuario, era el más vulnerable. Agasha veía con preocupación como el enorme lienzo se extendía de forma macabra sobre el cielo, para colmo, Albafika estaba más distante que nunca, ahora sí que Agasha estaría en peligro si sus enemigos buscaban herir al santo de Piscis donde más le doliera.
Un día soleado, Albafika le dio a Agasha una bella rosa roja, abrazándola y besándola antes de partir hacia su venenosa pared de rosas, Agasha le sonrió, le deseó suerte y lo vio partir. Lo que no sabía era que su precioso santo se enfrentaría a tan fiero Espectro, Minos, una de los tres jueces del inframundo, que había decidido asesinar a todos en el pueblo sólo por gusto. Tampoco se hubiera imaginado que el macabro juez fuera personalmente al pueblo y la viera con la rosa prendida a su pecho. Agasha no sabía porqué, pero no le temía.
"Vaya, vaya. Tu debes ser la pequeña flor que el santo de Piscis intentó proteger junto con este pueblo miserable" Dijo Minos, mirando la sorpresa en los bellos ojos de Agasha, debía reconocerle que era valiente, sería muy satisfactorio matarla junto con el resto del pueblo.
"Entonces, tendrás que desaparecer al igual que él" Agregó el Espectro, alzando una mano para matar a Agasha, que miraba horrorizada y sólo atinaba a proteger la rosa prendida en su pecho. Agasha estaba tan enfadada que hasta llamó tonto a Minos, y sólo la oportuna aparición de Shion evitó que el espectro la matara. De repente, cuando el combate entre Shion y Minos iba a comenzar, rosa negras soltaron los hilos que amarraban al santo de Aries; era Albafika, que aún se levantaba para pelear, pidiéndole a Shion que nadie más que su enemigo se le acercara, dio una última mirada rápida a Agasha, que no atinaba a salir de su asombro. Interiormente, Albafika sonrió, sabía que moriría, pero dejaría este mundo feliz de haber visto a su amor por última vez. Minos moriría sin saber que demonios había impulsado al santo de Piscis a pelear de esa forma tan feroz, ¿qué tenían las personas débiles y miserables de bueno?
Agasha lo vio caer, ya sin vida, y contuvo sus lágrimas hasta que llegó al límite del Santuario, donde empezó a llorar como si se le estuviera rompiendo el corazón en mil pedazos, que no estaba alejado de la realidad, ver morir al hombre que amaba tanto enfrente de ella era demasiado para su pobre alma. Aún así, tuvo que regresar al pueblo, ayudar a su padre y aldeanos, vendar heridas, abrigar a los niños y consolarlos. Al anochecer, estaba exhausta, y por fin pudo tenderse a un lado de su padre, donde lloró su pérdida con inmenso dolor, sus vecinos estaban conmocionados y apenados por ella y por el valiente santo que hasta el final los había protegido. La rosa que Agasha otrora llevara en el pecho, había sido puesta en un vaso con agua, sus pétalos fueron cayendo a su alrededor, uno a uno. Al final del día, Agasha vio como el último pétalo caía con suavidad, la rosa se había marchitado.
End Parte 4
AHH! ¡No me asen viva con aderezooo! ¡Yo no lo maté!¡Fueron Kurumada-tenshirogi los killers!
Bueno, traté de apegarme un poquito a la historia original al final, sabemos que tristemente los autores disfrutan matando sádicamente a TODOS los santos dorados habidos y por haber (escribiendo mail bomba a Kurumada & co.) Aún falta un epílogo, pero espero que les haya gustado mi historia, de cómo debería haber sido para satisfacción de las fans XD.
