Desclaimer: Los personajes de Saint Seiya Lost Canvas no me pertenecen, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Tenshirogi.

Bueno, acá va el epílogo, espero les guste XD

Epílogo: Through The Mist of Times

By Goddess Rhiannon

"In my hands
A legacy of memories
I can hear you say my name
I can almost see your smile
Feel the warmth of your embrace
But there is nothing but silence now
Around the one I loved
Is this our farewell?"

"Never thought
This day would come so soon
We had no time to say goodbye
How can the world just carry on?
I feel so lost when you are not at my side
But there's nothing but silence now
Around the one I loved
Is this our farewell?"

Dos meses después...

Agasha se encontraba caminando acompasadamente y sin apuro, se dirigía hacia la colina donde solía encontrarse con Albafika. Aunque sonara raro, allí solía encontrar solaz para su destrozado corazón, el lugar la atraía como una abeja a la miel, además, desde allí podía ver las doce casas sin dificultad. La humanidad corría con suerte, los santos de Atena habían logrado poner a dormir al poderoso dios del inframundo, Hades, antes de que este destruyera la vida en la Tierra; pero el costo había sido por demás alto: todos los santos dorados estaban muertos, a excepción de Shion y Dohko, al primero le había recaído la difícil tarea de ser el nuevo patriarca y reconstruir el derruido Santuario, mientras que a Dohko le había tocado custodiar las almas de los Espectros caídos, por los cuales Agasha no sentía ningún afecto, especialmente por Minos, deseaba que se quedara encerrado en una fría y desolada oscuridad por toda la eternidad. La chica sacudió la cabeza, frotándose los ojos para impedir que las lágrimas cayeran, ya había llorado un mar entero y se había puesto como meta no derramar más lágrimas. Albafika no sería feliz si supiera que ella sufría, así que estaba decidida a encarar la vida lo más alegremente que pudiera. Le debía la vida a su santo de Piscis después de todo, por lo que no la arrojaría por la borda.

"Hoy sopla un bonito viento, de seguro te habría gustado tenderte en el pasto fresco a mirar las hojas caer, ¿verdad Albafika?" Dijo para sí misma Agasha, sintiendo como la suave brisa le acariciaba las mejillas, como solía hacer él... Sonrió muy a su pesar y dejó un puñado de flores a los pies del árbol donde Albafika solía sentarse. Luego, sin más tiempo que perder, se encaminó al Santuario, donde se había enlistado para ayudar en lo que fuera, y vaya que se necesitaba ayuda.

Shion observó a la pequeña muchacha acercarse, viendo como dejaba flores en las tumbas de los santos caídos. Agasha era muy dulce pero con una personalidad tenaz, ahora entendía lo que había logrado atrapar y amansar al arisco Albafika. Era una lástima que no hubiera sobrevivido. El nuevo patriarca suspiró y meneó la cabeza, no podía andar pensando en el pasado cuando tenía un futuro del que cuidar ahora.

"Yo cuidaré de Agasha, Albafika, te lo prometo" pensó Shion, "Sé que algún día se volverán a encontrar... ¡y más vale que no te mueras por segunda vez!"

"So sorry your world is tumbling down
I will watch you through these nights
Rest your head and go to sleep
Because my child, this not our farewell.
This is not our farewell."

200 años en el futuro…

Shion miraba con indulgencia a las jóvenes promesas que pronto serían la nueva generación de santos que protegerían a Atena, como habían hecho él y Dohko en el pasado. Los templos eran mudos testigos de las batallas que se habían librado, y que se repetirían, para cansancio del patriarca. De repente, vio una cabeza con cabello color aguamarina correr hacia el templo de Piscis, sonrió blandamente, el pequeño aspirante a santo dorado de Piscis había vuelto a ver las rosas, no venenosas, que el templo poseía. Se encaminó con paso tranquilo hacia el niño.

"¿Te gusta venir aquí, Erik?" preguntó Shion, un par de ojos del mismo color aguamarina lo miró con sorpresa, esperaba que al patriarca no le importara que él viniera a ver las rosas.

"S-si señor. Me gustan las flores" Dijo tímidamente Erik, acariciando con suavidad una de las rosas, maravillándose ante la aterciopelada sensación que le transmitían los pétalos, era casi como una caricia de bienvenida. Shion sonrió, Erik tenía un terrible parecido a Albafika, sólo rogaba que no fuera tan arisco como el anterior santo. El niño le sonrió al patriarca, quería ser fuerte para poder borrarle la sonrisa socarrona a los que se burlaban de él por parecer tan delicado y gustarle las flores, y lo lograría no importaba como. Tan ensimismado estaba el pequeño en sus pensamientos, que no vio cuando Shion se adentró al templo de Piscis, Erik decidió seguirlo, estaba intrigado por ver que había en este. El patriarca se encaminó hacia el recinto que servía de vivienda al santo que custodiara la casa. Era un lugar enorme, y parecía que había que darle una buena limpieza, pero eso no quitaba que fuera genial. Erik correteaba de un lado a otro, fascinado, ahora más que nunca querría que el lugar le perteneciera, jamás se había sentido más en casa. De pronto, el niño se detuvo en seco, había una manta que parecía ocultar un cuadro debajo. Echó una mirada a Shion, que no lo estaba observando por ahora, y trepó a la pequeña cómoda de madera para poder llegar a destaparlo. Parecía haber algo dentro de él que lo impulsaba a desear ver el cuadro con toda su alma. Cuando Shion volteó la vista hacia Erik, vio lo que el chico estaba haciendo, y muy a su pesar, sonrió. Erik peleaba con fuerza para quitar la estúpida manta que no lograba descolgar del todo, de pronto dio un fuerte tirón, ocasionando que niño y manta cayeran estrepitosamente al piso. Shion rió, y fue a ayudar al pequeño a desenredarse de la manta. Tosiendo un poco por el polvo, al fin Erik, agradeciendo al patriarca por la ayuda primero, pudo ver lo que con tanto esfuerzo había destapado. Allí se encontraba el retrato más hermoso que el pequeño hubiera visto en su corta vida, y eso que el recinto principal tenía varios de ellos. Pero este no se asemejaba a ninguno de los otros. Desde la pintura, una bonita joven miraba con hermosos ojos pardo verdosos hacia Erik, vestía un atavío blanco, su cabello castaño estaba adornado por pequeñas flores blancas, y en su regazo tenía un bellísimo bouquet de rosas blancas, rojas y una solitaria rosa negra. El niño miraba el retrato como hipnotizado, parecía no poder dejar de mirar a la joven en el. Shion miraba el cuadro también, recordando como Agasha había insistido en que se lo colgara en el templo de Piscis, como última voluntad de Albafika. Ya habían pasado dos siglos desde esa ocasión, de repente Shion se sintió muy viejo.

"¿Quién es ella, gran maestro?" Al fin preguntó Erik, sin quitar los ojos del retrato.

"Ella se llamaba Agasha, era la mujer que el anterior santo de Piscis, Albafika, amó más que a su propia vida" Contestó Shion, el pequeño asintió, ausente, con la cabeza. Sentía como si la conociera de algo, pero era imposible, ese cuadro era realmente antiguo. De repente, el niño notó algo en el delicado dedo de la mano derecha de la doncella. Un anillo.

"¿Ella era su esposa?" Preguntó Erik, apuntando con su dedo al anillo en el cuadro.

"Su prometida. Nunca llegaron a casarse. Albafika murió antes siquiera de ver el cuadro terminado." Contestó Shion. Erik suspiró, que triste.

"¡Ja! A mi nunca me pasará eso, yo nunca me enamoraré y así no sufriré" Dijo a modo de revelación el pequeño futuro santo. Shion sonrió, meneando la cabeza.

"Eso no se decide por uno mismo, cuando la flecha de Cupido dispara, es imposible evitar el golpe, te guste a ti o no y por muy santo de Atena que seas, Erik. Quizás cuando encuentres a esa personita especial, no te parecerá tan malo" Dijo Shion, rogando que el niño sólo hablara así por su obvia inmadurez y que eso no se convirtiera en un rasgo de su personalidad. Erik resopló, no muy convencido.

A través de los años, Erik, que ahora se hacía llamar Afrodita, volvería a mirar ese retrato, especialmente cuando se sentía inquieto y nada parecía consolarlo, una mirada a los ojos de la doncella del retrato lo hacían sentirse mejor… lo hacían sentirse menos solo. Shion había muerto antes de que el santo pudiera preguntarle más sobre Agasha; a veces se preguntaba donde estaría ese anillo, si ella habría sido enterrada con el. Sería una verdadera lástima, porque el anillo, con todo el detalle que el pintor pudo ponerle, era francamente hermoso. Una vez, por un golpe de suerte, descubrió que el marco del cuadro en una parte estaba calado y hueco, allí descubrió el tan apreciado anillo, que a pesar de tener más de doscientos años brillaba como nuevo. Erik guardó el anillo en el recoveco otra vez, no que fuera a dárselo a alguien… al menos por ahora la dueña no había aparecido aún a reclamarlo.

The End

Extracto de canción "Our Farewell" de Within Temptation

¡Argh! ¡Al fin pude terminar de escribir el fic! Espero les haya gustado, mil gracias a todos lo que me dejaron constantes reviews, especialmente a Kirigoe y Hitomi Shion Yo, gracias por siempre dejarme lo que pensaban XD, y gracias a todos los que simplemente lo leen, espero haber entretenido a más de uno con mi historia.

See ya!

N.A.1: Si les interesa, tengo un fic hecho con Afrodita y una OC, que da la casualidad de ser algo menor que el santo de Piscis, y tiene ojos pardo verdosos también, se llama Arien (les juro que lo escribí mucho antes de que saliera Lost Canvas y existiera Agasha! XD)

N.A.2: Si insisten en seguirme llorando en las reviews, me tendré que poner en campaña y escribir un final alternativo (que aún no se me ocurre, pero ya me las arreglaré), si les interesa, me avisan, si no lo dejo así (que era mi verdadera intención =_=)

Goddess Rhiannon