Un mes después de que Iero se confesara.
Ariana, después de haber tenido sexo sin protección con su amado, y con un retraso de dos semanas, ya no sabía qué hacer. Su amado había confesado que tenía cáncer y ella no sabía si se iba a morir antes de conocer a su supuesto hijo, pues ella creía que estaba embarazada.
Juntos fueron a que ella se hiciera un estudio que determinara esta realidad: si ella estaba realmente embarazada.
A: Amor, si realmente estoy embarazada, me encantaría que pudieras conocer a nuestro hijo.
F: A mí también, pero el cáncer…
A: No importa. Ya encontraremos la cura, quédate tranquilo.
F: Te amo.
A: Y yo a ti, Frankie.
Después de largas horas en la clínica, el médico, el Doctor Beethoven, habló.
Dr. B: Familia Iero. Lamento informarles que ella ha tenido una pérdida, y que el bebé ha muerto.
Ella y él se miraron. En la cara de Ariana y la de Frank, brotaban lágrimas por la pérdida de un nuevo integrante de la familia. Su hijo.
A: Así que… perdimos a nuestro hijo
Dijo, con tono de sufrimiento.
F: No amor, no fue tu culpa. Pasó, únicamente porque tenía que pasar.
A: Amor, te juro que voy a solucionar tu problema como sea necesario. Tú me has salvado la vida y te lo tengo que recompensar.
F: Pero, ¿cómo? No se ha encontrado cura para el cáncer con desgracia.
A: Yo creo que ya sé como solucionarlo.
Juntos condujeron hacia una iglesia, en la que, casualmente, se encontraba el Papa.
P: Bienvenidos, hermanos y hermanas.
A: Hola, mi nombre es Ariana y este es mi novio Frank.
P: Mucho gusto. ¿En qué puedo ayudarles?
A: Mire, éste es un tema delicado.
P: ¿Qué sucede?
A: Mi novio se está muriendo de cáncer, y quería preguntarle si nos podría ayudar a curarlo.
P: ¿Cuánto le queda?
A: Lo que resta del mes.
P: Creo que ya sé qué hay que hacer. Primero tienen que entrar en la cabina y confesar sus pecados.
Primero entró Ariana, luego Frank. Ambos se confesaron, y el Papa, mediante meditaciones, se lo contaba a Dios.
Luego de que el Papa les pidiera a todos los que estaban en la iglesia que se retiraran, encendió unas velas y empezó a hablar en latín. Del techo de la sala empezaron a salir unas llamativas luces blancas, dentro de las cuales, bajaba un hombre, el mismísimo Jesús.
J: ¿Quién me ha convocado?
A y F: ¡Dios mío!
P: Yo. Te hemos convocado para pedirte ayuda. El padece cáncer y queremos que con tu magia nos ayudes a curarlo.
J: Veo que sus almas son puras, así que los ayudaré.
Jesús le tocó la cabeza a Frank, quien se desmayó. A Ariana también, pero solo para dormirla. Ambos aparecieron en su casa, recostados sobre su cama, y al lado de ellos una carta que decía:
Familia Iero: Me he tenido que retirar con rapidez, pero pude curar a Frank. No es necesario que me agradezcan, solo cuídense y no cometan los peores errores de la vida. - Jesús y su amigo, el Papa.
¿Será verdad? ¿Pudieron conseguir que Jesús le curara el cáncer a Frank?
Un mes después
A: Amor, ¿ves qué te dije? Ahora podremos continuar nuestras vidas, juntos.
F: Decir "Te amo" no es suficiente para expresar lo que siento por ti, Ari.
A: A mí me pasa lo mismo contigo. Pro para que lo sepas y no lo olvides, te amo Frank.
F: Y yo a ti.
