Desclaimer: Los personajes de Saint Seiya Lost Canvas no me pertenecen, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Tenshirogi
Bueno, me decidí a poner el final alternativo ya que a la mayoría no le gustó la idea de Albafika muerto =_=, así que, acá está lo que se me ocurre podría hacer pasado.
Parte 6: Final Alternativo
By Goddess Rhiannon
Shion cargaba con el cuerpo del santo de Piscis, la imagen de Agasha llorando de forma desconsolada aún grabada en su mente, pero nada podía hacer para aliviar su dolor, la única persona que podía hacer eso yacía inerte en sus brazos. El santo de Aries dejó el cuerpo de Albafika sobre el suelo del templo de Piscis, mirándolo con tristeza, pero de pronto, algo lo impulsó a tocar el cuello de su compañero, y para su sorpresa sintió el suave y errático latir de su corazón. No estaba muerto... aún. Albafika entreabrió los ojos con dificultad, viendo a Shion a su lado.
"Sh-shion... cuida a Agasha...n-no dejes...que la... lastimen" Dijo débilmente Albafika, Shion asintió.
"Debes descansar, voy a ponerte en un trance de sueño profundo, así tu cuerpo podrá sanar." Dijo Shion, que lo volvió a cargar hacia el interior del templo, donde los santos tenían su residencia. Logró quitarle la armadura y lo recostó en su lecho, al santo de Piscis le costaba respirar, parecía que quería decir algo más. Shion acercó su oreja a la cara de su compañero.
"N-no le digas... que estoy vivo... no-no quiero que...sufra.. si no... lo logro" Dijo con un susurro Albafika, Shion no estaba muy de acuerdo con eso, pero decidió que en el fondo, tenía algo de razón.
"Bien, no le diré, pero si sobrevives, ya no podrás pelear más, lo hiciste bien, te deshiciste de uno de los tres jueces, y protegiste al pueblo de Rodorio. Eres un buen hombre." Le contestó el santo de Aries, Albafika cerró los ojos, y Shion lo sumió en un profundo sueño, bajando las pulsaciones de su corazón, dejándolo en coma. Su cuerpo debía recuperarse de esa manera, Shion rogaba que lo lograra.
Dos meses después...
Agasha se encontraba caminando acompasadamente y sin apuro, se dirigía hacia la colina donde solía encontrarse con Albafika. Aunque sonara raro, allí solía encontrar solaz para su destrozado corazón, el lugar la atraía como una abeja a la miel, además, desde allí podía ver las doce casas sin dificultad. La humanidad corría con suerte, los santos de Atena habían logrado poner a dormir al poderoso dios del inframundo, Hades, antes de que este destruyera la vida en la Tierra; pero el costo había sido por demás alto: todos los santos dorados estaban muertos, a excepción de Shion y Dohko, al primero le había recaído la difícil tarea de ser el nuevo patriarca y reconstruir el derruido Santuario, mientras que a Dohko le había tocado custodiar las almas de los Espectros caídos, por los cuales Agasha no sentía ningún afecto, especialmente por Minos, deseaba que se quedara encerrado en una fría y desolada oscuridad por toda la eternidad. La chica sacudió la cabeza, frotándose los ojos para impedir que las lágrimas cayeran, ya había llorado un mar entero y se había puesto como meta no derramar más lágrimas. Albafika no sería feliz si supiera que ella sufría, así que estaba decidida a encarar la vida lo más alegremente que pudiera. Le debía la vida a su santo de Piscis después de todo, por lo que no la arrojaría por la borda.
"Hoy sopla un bonito viento, de seguro te habría gustado tenderte en el pasto fresco a mirar las hojas caer, ¿verdad Albafika?" Dijo para sí misma Agasha, sintiendo como la suave brisa le acariciaba las mejillas, como solía hacer él... Sonrió muy a su pesar y dejó un puñado de flores a los pies del árbol donde Albafika solía sentarse. Luego, sin más tiempo que perder, se encaminó al Santuario, donde se había enlistado para ayudar en lo que fuera, y vaya que se necesitaba ayuda.
Shion observó a la pequeña muchacha acercarse, viendo como dejaba flores en las tumbas de los santos caídos. Agasha era muy dulce pero con una personalidad tenaz, ahora entendía lo que había logrado atrapar y amansar al arisco Albafika. El santo de Piscis estaba casi recuperado en su totalidad, pero débil. Aún le tenía prohibido a Shion decir nada a Agasha, no parecía ver del todo a Shion como patriarca, y no tenía empacho en decirle lo que opinaba de lo que Shion le contaba, por lo que el santo de Aries estaba feliz, ya Dohko no estaba cerca para hablar con él, y era refrescante que alguien lo siguiera viendo como su par.
"¿Cuándo vas a ir a verla y decirle que no estás muerto?" Preguntó Shion, mirando a Albafika por sobre su taza de té, el otro joven no se inmutó por la pregunta, que era casi diaria, le causaba gracia lo insistente que estaba el "patriarca" con eso.
"Me gustaría verla hoy, pero quiero pedirte un favor" dijo Albafika, viendo que Shion asentía." Quiero que la envíes hacia la colina donde solía encontrarme con ella, dile que sabes que allí crecen arbustos con frambuesas y que te gustaría que ella trajera una canasta para ti" Agregó el santo de Piscis. Shion arqueó una proverbial ceja ante eso. Esperaba que a Agasha no le diera un síncope al ver a su prometido volver de entre los muertos.
Agasha venía con una canasta vacía para recoger las frambuesas que Shion le había pedido, no entendía que, con tanto que hacer, le dieran una tarea de niños. Pero el patriarca realmente parecía desear comer un pastel de esas frutas y Agasha no pudo negarse.
Cuando llegó a la colina, vio que había alguien sentado a los pies del árbol que ella había reclamado como suyo y de Albafika, no venía nadie para allí, así que no se imaginaba quien pudiera ser, pero le molestaba ver que un desconocido se sentaba donde no debía. Parecía ser un hombre, pero estaba envuelto de pies a cabeza con una capa y la capucha ocultaba su rostro. Agasha quería decirle que se fuera, pero la idea de enfrentarse sola a un desconocido le daba miedo, más después de haber tenido que correr de otros hombres en el pasado... y sin su santo de oro para protegerla. La chica sacudió la cabeza y decidió que era más seguro salir de allí y esconderse. El hombre pareció verla escabullirse, y se levantó para seguirla. Agasha empezó a hiperventilar y no lo pensó mucho para soltar la canasta y salir corriendo como liebre hacia el bosque, con suerte, su conocimiento del mismo la ayudaría a esconderse y escapar. Pero el hombre era muy rápido... demasiado. Agasha siguió corriendo, pero cuando volteó y no vio a nadie detrás de ella, no se fijó que seguía sin detenerse y que de seguro se estrellaría contra algo. Y así fue. Se estampó de frente contra algo... o mejor dicho, alguien. Ese alguien la abrazó con fuerza, para evitar que se le escapara. Agasha gritó y se debatió, pero sin lograr deshacerse del hombre, que la inmovilizó y acerco sus labios a su oreja.
"Cálmate, pimpollo, no te haré daño... nunca te lastimaría." Le dijo él, Agasha dejó de pelear inmediatamente, conocía esa voz demasiado bien, además sólo había una persona en el mundo que la llamaba "pimpollo". El hombre vio que la chica volteaba a mirarlo, entre incrédula y espantada. Con una mano temblorosa, bajó la capucha del extraño, dejando al descubierto la larga cabellera aguamarina que tanto conocía, y mirando de frente a unos ojos azul cobalto que pensó jamás volvería a ver. No dijeron nada ninguno de los dos, sólo se miraban, Albafika temiendo asustarla peor, Agasha tratando de asimilar la situación. La misma mano que había bajado la capucha, ahora acariciaba los planos del tan amado rostro como si no lo entendiera.
"¿Albafika?" Dijo al fin ella, no pudiendo evitar las lágrimas que comenzaron a correr por sus mejillas. Albafika dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo y asintió, sonriendo.
"Soy yo, sobreviví. Y antes de que me grites y me golpees, y me digas que soy un bastardo por no haber aparecido antes, quiero que sepas que lo hice para no hacerte sufrir. Estaba muy mal herido, cabía una alta probabilidad de que no sobreviviera, desperté hace como una semana y aún tenía que recuperar fuerzas. Créeme que Shion fue un constante incordio al respecto, quería decírtelo para que ya no estuvieras triste." Explicó el joven, acercando el dorso de su mano derecha para limpiar las lágrima que seguían cayendo sin control. Agasha se abrazó a él y empezó a llorar con fuerza, Albafika la abrazó a su vez, dejándola descargarse de esa forma.
"¡¿Cómo te atreviste a morirte? ¡Se suponía que ibas a casarte conmigo, tarado!" Le gritó Agasha, golpeando el pecho del santo con sus puños, se sentía tan feliz y al mismo tiempo tan enojada que no sabía si partirle algo en la cabeza o besarlo. Albafika rió, y la abrazó con fuerza, luego la alzó del suelo.
"Ya sé, soy un idiota, como me atreví a morirme antes de casarme. Tienes razón. Pero eso lo voy a solucionar más pronto de lo que crees" Le dijo él, sonriéndole de forma pícara, muy al estilo Kardia. Agasha terminó de secarse las lágrimas y por fin le sonrió, y bajó la cabeza para acercar sus tibios labios a los de él, besándolo con fuerza. Albafika respondió al beso con la misma pasión, dejándola en el suelo para estar más cómodo.
Después del acalorado reencuentro, la pareja decidió que debían regresar, pero no sin antes recoger las frambuesas por exclusiva insistencia de Agasha, que puso al santo de Piscis a hacer tarea de niños, el muchacho miraba con suspicacia la sonrisa medio traviesa de su prometida, algo se traía entre manos. Cuando tuvieron las suficientes, regresaron al Santuario tomados de la mano.
Al día siguiente, Agasha había preparado pasteles de frambuesa para todos, y a la hora del té, ella misma llevó una para Shion. El santo de Aries aún se sentía medio culpable por haberle causado a Agasha tanta angustia por lo de ocultarle lo de Albafika, pero la sonrisa satisfecha de la joven florista lo convenció que las cosas estaban bien de nuevo y que se podía empezar a relajar. Agasha sirvió el té para ambos y una rebanada de pastel, que se veía delicioso, para Shion.
"Gracias, Agasha, nadie cocina como tú. ¿Tú no te sirves?" Dijo Shion, Agasha meneó la cabeza.
"La verdad es que comí de otro que hice para Albafika y ya estoy llena." Contestó la chica, tomando un sorbo de su té. Shion se encogió de hombros y cortó un pedazo de su rebanada, pero en cuanto la empezó a masticar, se dio cuenta de que sabía muy picante en vez de dulce. Agasha lo miró con toda la inocencia de un corderito.
"¿Le gusta Sr. Shion?" Preguntó ella, viendo que la cara del patriarca estaba algo sonrosada. Shion sonrió como pudo y se lo tragó, tomando té de su tasa como si fuera agua.
"Err... está buena. Aunque sabe un poco diferente de lo normal" Dijo Shion, aún tratando de sacarse el sabor picante de la boca. Agasha le sonrió de nuevo, y se levantó de su silla.
"Bien, temo tener que dejarlo solo, pero tengo cosas que hacer" Dijo ella, sacudiendo su vestido. Shion asintió. Agasha rodeó la mesa y cuando iba a salir, puso las manos en los hombros del patriarca y le susurró. "La próxima vez confíe más en mi, ¿quiere? No vuelva a ocultarme cosas" Después de eso, le dio un beso en la mejilla y se alejó tarareando una canción, dejando a Shion helado en su silla, luego miró el pastel y lo dejó en la mesa, pasaría del mismo y se lo lanzaría a las palomas. Luego el santo de Aries meneó la cabeza y soltó una carcajada. ¡Los dioses lo libraran de las mujeres!
The End
Bien, espero que este final alternativo cubra un poco las expectativas de un Happily ever after para Albafika y Agasha XD. Gracias por leer y dejar reviews!
