Yo se que saben que se que fue mucho tiempo... -seis meses casi en realidad- pero prometo actualizar una historia por semana! Además, miren que me cortaron el bendito internet! luego casi me ahogan en un paseo en bote! además, trabajé como loca en esta capi sin una pizca de chocolate!!!!! así o más sacrificios?! buaaa.... no les hago el cuento más largo que tienen mucho que leer!! jeje, espero les guste esta nueva forma de los capítulos, que así serán en todas las historias. !Agradecimientos especiales a la malvada mente de sion-allegra, quien me inspiró para este capi! !muérdanla a ella no a mi!
...¿Arreglando asuntos?...
Estaban del otro lado de la puerta del comedor. Lo último que recordaban era una oscuridad profunda y voces por todos lados, luego una luz los envolvió y al parecer transportó a otro lado. Los miembros de la orden del fénix habían caído unos sobre otros, Sirius se levantó molesto por lo que había pasado y de inmediato buscó a su ahijado.
-¿Qué pasó?-preguntó Alastor mirando a todos, su ojo mágico se centró en el pelirrojo del trío de Gryffindor. Ron se vio ofendido por eso.
-¿Qué todo lo que pasa es culpa de nosotros?-se cruzó de brazos después de hacer un gesto gracioso de inconformidad.
Todos apenas se terminaban de levantar, sacudiendo el polvo de sus túnicas. De un momento a otro estaban afuera del comedor y ahora no podían entrar. Arthur se había acercado a las dos grandes puertas para volver al recinto pero estas se encontraban firmemente selladas. Se miraron entre sí, y se dieron cuenta de que faltaba alguien.
-¿y Dumbledore?-preguntó Tonks
-Quizás esté adentro-respondió Molly no muy convencida, dando una mirada a su alrededor contando cabezas rojas. Agradecida de tenerlos completos. Dio un suspiro alegre.
-¿Pero por qué tanto escándalo?- preguntó George acomodándose las mangas de su camisa.
-Si, ¿por qué tanta rudeza para sacarnos del comedor?-completó Fred
-¿Y por qué?-terció Hermione.
Todos se miraron entre sí, era cierto, en verdad no sabían eso último. Miraron de nuevo las puertas del comedor como si buscaron algo inusual en ellas –además de que estuvieran cerradas- pero no había nada. Los gemelos se acercaron para pegar sus cabezas con la esperanza de escuchar algo, pero nada.
Dumbledore se encontraba mirando nervioso a las personas que estaban paradas frente a él. Se veían tan reales, tan vivas, tan REALES. Y el punto más importante era que estaban vivas. Algunos de ellos ya no se encontraban entre la orden actual y eso sería lo más difícil de tratar. ¿Cómo habían llegado? ¿Por qué? ¿Había un motivo para todo eso? Él no recordaba haber viajado al futuro cuando era líder de la vieja orden del fénix. Además en la cabeza ya no le cabían los problemas actuales, ¿Qué haría con los de hace varios años? No es que no se alegrara de ver a varios de ellos, aparte de verse reflejado con unos años menos y sin tantas preocupaciones, pero seguía latente el peligro que significaba la presencia de la antigua orden, junto con los dos de los más grandes agitadores de la historia de Hogwarts –Merodeadores-
Ellos lo miraban con ojos de extrañeza, obviamente, seguro veían a su líder con unos años más encima, o quizás la información que estaban tratando de captar les impedía el correcto funcionamiento de todos sus sentidos.
No intentando hacer movimientos bruscos, los miró una vez más por encima de sus gafas de media luna –justo como los recordaba-
Su yo más joven estaba haciendo lo mismo, como si tratara de ver a través de si mismo para contestar una de las muchas preguntas que seguro tenía en mente. Si se conocía –y vaya que se conocía bien- la curiosidad podría arruinar los sucesos en el pasado, no se permitiría averiguar más de lo necesario.
Sirius se rascó la cabeza con confusión y torció la boca en uno de esos gestos que utilizaba en el colegio cuando no entendía nada, luego venía una de sus muy inteligentes preguntas para contestar las dudas de la situación…
-¿Hola?- era entre un tipo de saludo y una pregunta, como no muy seguro de si debía decir eso. La orden miró a Sirius de manera entre cómica e incrédula. No es que ellos tuvieran mejores preguntas, pero servía para cortar el ambiente tenso que se estaba viviendo.
Al ver que nadie contestaba, el animago prosiguió con su interesante cuestionario o mejor dicho especulaciones.
-Venimos…en…paz- levantó su mano derecha y separó sus dedos de manera que quedara una "V". Lily rodó los ojos y James se golpeó con la palma de la mano la frente.
El viejo director arqueó una ceja, entre sorprendido y divertido por el comentario.
-Qué tal Sirius-le devolvió Albus al animago quien miró a todos lados, derecha, izquierda y detrás de él, como si hubiera otro Sirius a quien referirse. Luego se señaló a si mismo, abriendo un poco la boca, simulando la pregunta "¿yo?"
-vaya que soy difícil de olvidar- musitó el animago alegre y con una sonrisa de autosuficiencia.
-¿Lo dudabas?- completó James en burla dándole una palmadita en la espalda, a lo que el otro hombre respondió con una mirada de pocos amigos.
-Sirius…- llamó la atención el Dumbledore más joven –Ya que dejaste claro el punto, de que al parecer estamos ante la presencia de…-hizo una leve pausa para mirar al otro hombre de arriba abajo –mi mismo, con unos años más. Creo que es hora de aclarar algunas dudas-
El hombre más viejo los llevó a tomar asiento en donde estaba sentada con anterioridad su verdadera orden, la del presente. Pensando en lo que ellos estaban haciendo afuera. No pudo evitar sentirse nervioso al imaginar las explicaciones que tendría que dar después. Pero les tenía que dar un motivo para que no intentaran entrar al comedor a la fuerza, derrumbando ambas puertas de la entrada.
Con un leve "pop" apareció Fawkes, su fiel fénix, quien se vio un tanto confundido a la hora de saber cuál de los dos hombres de túnica azul lo había llamado. Con unos segundos de meditación, fue hacia el más viejo, sin despegar su mirada del otro. Su amo pronto hizo una nota rápida y se la entregó, con indicaciones precisas de entregarlo a Moody. El fénix de nuevo dudó, viendo al hombre con un ojo dando vueltas como loco en su cara, y donde sabía que estaba el otro. Partió con otro leve sonido, buscando al que estaba fuera del comedor.
No estaban en ningún lugar en especial, seguían del otro lado de las puertas, preguntándose por qué estaban afuera de un segundo a otro. Pero por algún extraño motivo no intentaban entrar, algo les decía que debían esperar, una esencia tranquilizadora llenaba el ambiente, haciendo que sus ansias se calmaran para esperar instrucciones precisas sobre qué hacer.
La aparición del ave del director los alarmó por un momento, pero el fénix se dirigió exactamente hacia Alastor, con una nota en el pico. El hombre la tomó de inmediato, sintiendo todos los ojos fijos en él, la desdobló y empezó a leerla en alto:
-"Por circunstancias que no puedo explicar en este momento, no es posible continuar nuestra reunión hasta dentro de unas horas más…-hizo una pausa mirando como todos fruncían el entrecejo extrañados de eso ¿Qué circunstancias? –"Descansen, los veo más tarde en Grimauld Place"-terminó y guardó la nota en uno de sus bolsillos, echó un rápido vistazo a todos –Tenemos nuestras órdenes- se apoyó más en su bastón y empezó a caminar.
-¿A dónde vas Alastor?-preguntó Minerva de inmediato cuando vio al jefe de aurores alejarse
-Al ministerio- respondió simplemente, pero luego se detuvo y giró –Sea lo que sea que Dumbledore esté haciendo dentro, debe ser muy importante como para suspender una reunión de la orden. Buscaré la manera de entretener al ministro para que no venga a interrumpir- dada la explicación, continuó sus pasos, hasta desaparecer de la vista de todos.
Los que quedaban se miraron entre sí, preguntándose que harían entre ellos. Remus miró a Tonks, la auror a Minerva, la profesora a Arthur, El Sr. Weasley a su esposa y la Sra. Weasley a sus hijos. Suspiró y se encogió de hombros.
-Hay que comer- sugirió, en verdad nadie había comido algo decente desde la noche pasada y lo necesitaban a gritos. Estaban fatigados y algo cansados de eso, así que sería una buena oportunidad de tomar un pequeño receso –Vamos a comer a casa- les invitó a todos con una amable sonrisa.
Todos aceptaron muy agradecidos por la oferta. Los Weasley se adelantaron, junto con todos sus hijos, argumentando que irían preparando todo. Los demás terminarían unas cosas que tenían pendientes dentro o fuera de Hogwarts, pero luego los alcanzarían.
-A la una en punto- reiteró Molly a todos cuando los veía alejarse en caminos distintos, luego se giró a Hermione –tú vienes con nosotros querida- puso una mano en el hombro de la castaña
-Claro señora Weasley- la matriarca de los pelirrojos se giró ahora al muchacho de ojos verdes, quien estaba sentado en el suelo contra la pared. Con las piernas recogidas y una mano sobre ellas, la mirada en el suelo.
-¿Harry?...querido, vamos a…-
-Perdón Molly…- intervino Sirius, estaba sentado a un lado de se ahijado pero a una distancia considerable de dos metros. Cuando el hombre habló, Harry miró de reojo a su padrino –Pero Harry yo tenemos unas cosas que hacer antes…además, iremos al cuartel por algo de comida que tenemos allá, así servirá de algo y no se quedará guardada- sonrió al final, pero la Sra. Weasley no se miró muy convencida de eso. Arthur le puso una mano en el hombro y terminó aceptando.
-Está bien Sirius, pero no tarden- le advirtió.
Todos se fueron, tomando diferentes caminos. Sirius se levantó sacudiéndose un poco la túnica y luego se giró a su ahijado que no se había movido un solo centímetro de donde estaba. Se quedó esperando por unos segundos alguna reacción, pero no la obtuvo. Se cruzó de brazos todavía sin decir nada, y poco a poco, Harry levantó la cabeza sin mirarlo a los ojos. Miraba a la derecha como si alguien le estuviera hablando. Entonces Sirius suspiró frustrado, eso sería difícil.
-Vamos Harry, tengo muchas cosas de las cuales hablar contigo…-
No les iba a dar obviamente datos importantes. Si por el fuera, los mantendría encerrados en algún lugar con un fuerte hechizo durmiente, pero contra él mismo no sería una opción. Sería algo así como pelear contra un espejo y no estaba dispuesto a lastimarse así mismo y regresar inválido o dañado al pasado. Merlín sabía que tenía que regresar a todos sanos y salvos, además de la mínima información vital que les pudiera otorgar.
-Así que estamos en 1997- musitó el Albus un poco más joven, su yo futuro asintió. –Lamento estarme metiendo en este dilema- le dijo a su otro yo quien asintió comprensivamente.
-Como por ahora no hay nada que podamos hacer, recomiendo que se queden en un solo lugar. Todos juntos y lo menos notorios posibles-
La antigua orden del fénix no se veía muy convencida de eso y tampoco les agradaba la idea de pasar algunos días encerrados. Ellos eran peleadores, personas que habían aprendido a vivir de día y de noche, estando siempre alerta. No podían decirles de un momento a otro, que se estuvieran tan quietos como lindos gatitos en un solo lugar. Sin mencionar que la idea de estar en el futuro, 16 años en el futuro. ¿Cuántas cosas no habían cambiado? ¿Cómo era la vida ahora? ¿Voldemort seguía vivo? ¿Sus vidas habían cambiado significativamente? Querían saberlo todo, aunque conocían los riesgos de lo que conllevaba. Pero eso no importaba, un poco no haría daño.
James y Lily eran de los que no se podían aguantar las ganas de hacer tantas preguntas. Sobre todo las que envolvían su futuro y el de su querido hijo, que por algún extraño motivo en esos momentos no estaba con ellos. Temían fuertemente el que se hubiera quedado en el pasado, en la época donde Voldemort todavía lo buscaba ferozmente. No sabían por qué, exactamente. Solo algo que su líder les había dicho, que su Harry sería un blanco del señor tenebroso por largo tiempo, y eso los mantenía preocupados. Deseaban poder regresar lo más rápido que se pudiera, pero no sin las armas que pudieran conseguir en ese tiempo –información vital para algunos hechos-. Aunque de antemano sabían que el viejo Dumbledore sería un problema. Aún así, no se darían por vencidos tan fácilmente.
-Propongo un lugar- volvió a interrumpir el director de 1997. Todos lo miraron de inmediato, estaban perdidos cada quien en sus pensamientos que ya no se acordaban de lo último que había dicho. Al ver la cara de confusión de algunos, el hombre prosiguió: -Un lugar perfecto para que se queden mientras encontremos la forma de regresarlos a su tiempo. Mi casa-
Muchos se sorprendieron por esa declaración ¿Dumbledore tenía casa? No es que hablaran mucho de eso con el director, generalmente, solo trataban asuntos de mucha importancia con él, muy rara vez se discutían asuntos personales. Así que las palabras del viejo Albus los tomaron por sorpresa. Se miraron entre sí no muy convencidos.
-Hogwarts no puede ser una opción- inició –Este verano el colegio será analizado por magos expertos en magia protectora. Reforzarán viejos escudos y pondrán otros nuevos- ladeó la cabeza un poco mirando al suelo como si no tuviera importancia.
-¿Es necesaria tanta seguridad para los alumnos?- inquirió Sirius
Albus supo que había hablado de más. ¿Por qué el colegio necesitaría seguridad si no pasara nada importante? Debía cuidar más lo que decía frente a ellos. Suspiró y miró a Sirius por encima de sus gafas de media luna, dedicándole una sonrisa.
-Señor Black, estos asuntos no los trataré con nadie de los presentes- les dirigió una rápida mirada a todos para dárselos a entender de una manera seria, cuando se detuvo en su yo más joven… -Excepto quizás conmigo mismo- sonrió y James se cruzó de brazos levantando una ceja con una mirada entre divertida y de reto. El director tenía muy en cuenta que debía tener cuidado con los merodeadores, en especial, con aquél que había dejado de serlo hacía ya mucho tiempo.
No se había atrevido a hablar en toda la reunión y evitaba hacer contacto visual con él. Quizás, Peter sospechaba que en el futuro, su trabajo como espía de Voldemort ya había sido descubierto, y tenía miedo de ser delatado frente a los demás, quienes lo matarían en el momento que se enteraran, sin titubear un solo segundo. Pero no, eso no podía ser. Para que todo siguiera su línea en el tiempo, debía dejar las cosas tal y como estaban, evitando cambiar la más mínima acción o situación de sus pasados. Así tuviera que amordazar y encerrar a los merodeadores en el ático de su casa, además de la pelirroja.
Por Merlín, Lily. La más valiente mujer con la que se había topado hasta ahora. Siempre buscando el bien de los demás por encima del suyo, sin importar los costos. Aquella linda chica que dio su joven y muy prometedora vida, para salvar la de su pequeño hijo. No era alguien frío como para no sentirse culpable de estar condenando de nuevo a Harry, por 11 años con los Dursley y luego una vida ajetreada y peligrosa en Hogwarts. Quizás, alguien más hubiera aprovechado esa oportunidad para tratar de cambia las cosas a bien, de tomar ventaja sobre lo que Voldemort no sabía y adelantarse a sus actos y así destruirlo mucho antes de que pudiera causar más daños. Pero nadie aseguraba que las consecuencias fueran peores, que el futuro fuera peor de lo que era en esos tiempos. Quizás se alzaba otro mago tenebroso mucho peor, y todo por cambiar el pasado. La única decisión segura, así le doliera admitirlo, era dejar el pasado en el pasado, intacto, y recordado tal y como era.
Mandando al infierno la linda vida que pudieran llevar los Potter, de vencer a Voldemort… Esa vocecita en su cabeza ahora lo empezaba a atormentar. Más de una vez ya se había encontrado en dilema y siempre esa contraparte hablaba en su mente, haciéndolo dudar de lo que debía hacer. Frunció el entrecejo ante lo que escuchó. Sin mencionar que condenarás a Sirius a 12 años en Azkaban ¡Por un crimen que no cometió!... gruñó por lo bajo, bueno, esa última le dolía más. Mientras tanto, Pettigrew vivirá con la más bondadosa familia de este mundo. Gozando de las comodidades de una mascota familiar… ¿Tenía que seguir pensando en esas injusticias? ¿Sabes cuántas vidas arruinarás? Se llevó la mano a la sien con frustración. Volvió a la realidad, y se dio cuenta de que todos lo miraban de manera extraña. Rogó que no hubiera estado pensando en voz alta.
-Aceptaremos quedarnos en su casa, director- gruñó Moody.
Tomaba todo lo que podía y lo acomodaba en la caja que su padrino le había dado. Solo había murmurado un gracias, evitando mirarlo a los ojos. No estaba seguro de querer escuchar explicaciones, porque eso siempre le daban, explicaciones. Estaba cansado de solo escuchar las palabras de consolación, un "Lo siento", además de una larga lista de razones bien ensayadas para hacerle creer lo que fuera. Desde su quinto año había decidido el encontrar sus propias respuestas sin la necesidad de depender de alguien, porque siempre al final que sufría las consecuencias era él. Quien terminaba solo, era él. El pobre niño que terminaba engañado y aguantando lo que sea era él.
Buscó por días y noches, todas las posibles soluciones a su error. Él luchó por días contra lo que todos decían, que repetían una y otra vez: "Sirius está muerto" y que no había nada que pudiera hacer al respecto. Muy en su interior no lo creía, y ahí estaba la prueba. Pero nadie le había creído, había pasado uno de los peores veranos de su vida, culpándose una y otra vez por lo que había pasado en el ministerio. Y como si eso era poco, ahora recaía en él "Oficialmente" la responsabilidad de derrotar a Voldemort, o morir en el intento. ¿Cómo esperaban que lidiara con eso? Solo y abandonado en Privet Drive, como todos los años. Sin nadie con quien hablar, sin nadie a quien contarle las preocupaciones. Porque la única persona que en esos momentos podría haberlo ayudado, estaba "muerta". Además que según recordaba, era su culpa. Y ahora resultaba que lo que lo había hecho sufrir durante todo un año, no había sido nada. Porque Sirius estaba vivo y de nuevo con él.
Como si las cosas se arreglaran tan rápido…
Suspiró por lo bajo y pegó su frente contra la alacena de donde estaba sacando la comida.
Sirius observó atento cada detalle. Su ahijado estaba peleando por dentro, debatiendo contra sí mismo, lo hacía sentirse tan culpable. Sabía perfectamente que la causa era él. Le preocupaba que las cosas no fueran como antes, que ya no pudiera llevar a cabo esa idea que le había propuesto cuando tenía trece, y que le había reiterado hacía un año. El vivir juntos después de que todo acabara.
Tenía que acercarse a él y aclarar las cosas, antes de que otras cosas se formaran en su mente y después fuera más difícil pedirle perdón. Aunque pensándolo bien, era Regulus quien debía pedir perdón…y de RODILLAS. Lo había encerrado por todo un año, y sin derecho a defenderse. Sin poder comunicarse con la orden, para que le hicieran llegar el mensaje a Harry de que estaba bien y que pronto volvería a su lado. Que nunca lo abandonaría. Él mismo sentía que había fallado su promesa, aunque las circunstancias se lo impidieran, un fallo era un fallo, por el lado que se le viera. Y si el mismo pensaba eso, no quería imaginar lo que se formaba en la mente de su ahijado. No había tenido tiempo de charlar con alguien desde que había regresado, no sabía lo peligrosos de la situación ahora. No sabía siquiera si Grimauld Place era un lugar seguro todavía. Necesitaba con urgencia informarse de todo. De la vida en el mundo de la magia, de los movimientos del mago tenebroso, y lo más importante, de la vida de Harry.
3 años le bastaron para comprender que la vida de ese muchacho nunca era normal. No pasaba de un año cuando algún problema se atravesaba y le hacía la vida difícil por un buen tiempo. Todavía le faltaba conocer los detalles de sus primeros años en el colegio, y ahora se había sumado a su lista, lo que pasó en su sexto año.
Después de que todos creyeran que Harry estaba perdido, o muerto, no esperaba que le contaran de un año tranquilo, y eso le preocupaba. De tantas cosas el cabello se le empezaría a caer y no se resignaba a quedarse calvo en los años dorados de su vida.
La oscura figura, iluminada solo por el fuego incandescente que bailaba de un lado al otro dentro de la chimenea, observaba con una gran sonrisa a su mascota arrastrándose por el suelo frente a él. Tenía más de un motivo para estar contento ¿Quién diría que el destino se estuviera aliando con él? Casi tenía el mundo de nuevo a sus pies, y ahora, esta gran sorpresa aparecía en su puerta.
Hacía apenas unas horas, las manos a su causa se habían incrementado. Y de que manera.
Por un momento había creído que era una trampa por parte de orden y que habían logrado encontrar su escondite. Pero, debía admitir que aunque el viejo fuera inteligente, no se atrevería a presentarse en su guarida sin mínimo todos los aurores de de Londres. En cambio, frente a él solo habían aparecido 10 personas.
2 que ya estaban muertos, 7 que se suponía estaban dentro de la mansión, y su reflejo.
Era una linda casualidad, y la perdición de la orden del Fénix. Rió malévolamente entrelazando ambas manos frente a él.
-Ahora más que nunca, creo que mi maldad no tiene fin- siseó a su acompañante, oculto completamente entre las sombras.
-Eso desde siempre se ha sabido- contestó en el mismo tono y de la misma manera.
-Pero ahora no tendremos más obstáculos-
-Ni bebés-
-Ni muchachos entrometidos-
-O un anciano manipulador que se atreve a compararse con nuestro poder…-
-Nunca pudo contra uno solo-
-Ahora podrá menos- aseguró
-Solo es cuestión de decidir un día, dar el golpe final-
-Yo tengo exactamente el día para eso- sonrió enseñando sus dientes
-Como confío en mi mismo, creo que sé a que me refiero- jugaba con las palabras, deleitándose de esa vigorizante plática
-¿Cómo olvidar un día así?-
-Debió haber sido maravilloso-
-¿Para que las palabras? Si todo se puede mostrar-
-Sería algo considerado-
-Para mi mismo, todas las comodidades-
Una risa malvada se alzó entre el crujir de las llamas, una risa que después se escuchó más fuerte, al hacerse doble y exactamente igual.
Sirius ya casi había terminado con lo de su alacena, y aún no había dicho palabra alguna. El silencio absoluto solo interrumpido por el del movimiento de ambos, era casi aplastante. Cuando intentaba decir algo, las palabras morían en su garganta al no encontrar la voz con la cual hacerlo. Se acobardaba al estar solo, al no saber lo que había pasado durante su ausencia, no se atrevía a hacer cierto tipo de declaraciones o atacar algunos puntos. ¡Rayos! Necesitaba información.
Puso ambas manos en los extremos de la caja llena y se apoyó en ella. Bajó un poco la cabeza con frustración, necesitaba a Remus en todo eso, aquél hombre siempre sabía que hacer en casos como ese, él en cambio, nunca había sido bueno con las palabras en casos…
Escuchó algo de cristal hacerse añicos y rápidamente giró su cuello. ¿Dónde estaba Harry? ¿No se suponía que estaba con él, juntando comida? Su mente trabajó a mil por hora, hasta que la respuesta cayó en él como cubetazo de agua helada ¡Black, dijiste que nos lleváramos la vajilla para regalársela a los Weasley!
¡La vajilla, la vajilla! La vajilla estaba guardada en una caja debajo de las escaleras. Por Merlín, quizás a Harry solo se le había caído algo. Pero, debía ir a ver, tenía un mal presentimiento de todo eso. Dejó la caja que tenía en sus manos en la mesa y salió con paso rápido de la cocina. A cada paso se sentía más desesperado y cuando al fin salió, pudo ver el objeto. Una taza rota en varios pedazos pequeños, pero eso no era lo que le importaba.
Harry se encontraba a poca distancia, hincado en el suelo y con ambas manos en la cabeza, reprimiendo un grito de dolor. Su padrino se apresuró hacia él y en menos de un segundo estaba a su lado, sin encontrar la manera de reconfortarlo o ayudarlo. Lo rodeaba con sus brazos sin tocarlo, pues no sabía si debía hacerlo o no, nunca antes se había encontrado en esa situación. Sabía por relatos de Dumbledore o de Ron y Hermione, pero nunca lo había vivido él. Ahora sentía que se moría de nuevo al no poder hacer nada, solo quedarse y observar.
Pasaron segundos, que a él le parecieron milenios, donde Harry se rehusaba a emitir sonido alguno por el dolor que le causaba la cicatriz. Era una sensación demasiado fuerte, más que las otras veces. Ahora el dolor parecía multiplicarse, era demasiado duro aún para él. Y no encontraba la salida esta vez. Voldemort parecía estar hablando consigo mismo, pues su voz se escuchaba varias veces. Como si lo estuviera pensando y por un extraño motivo esa conexión estuviera abierta. Pero no entendía nada de lo que decía, estaba más concentrado en detener el dolor y no gritar, no mostrarse débil ante la invasión de su mente.
Por fin sentía la presencia debilitarse, aunque muy lentamente. Esperó unos a que desapareciera completamente, entonces, soltó todo el aire que sus pulmones retenían y bajó ambas manos a los costados, completamente exhausto. Sintió dos grandes y fuertes brazos rodearlos cuando iba a caer hacia un lado, su cabeza descansó en el pecho de su padrino.
Sirius estaba espantado, completamente asustado y nervioso. Sus manos temblaban violentamente, pero se mantenía firme al acompañar a su ahijado que en esos momentos no la estaba pasando mejor. Ambos respiraban fuertemente, por temor o por dolor, pero estaban uno con el otro, reconfortando con la presencia. Pero Sirius creía que no era suficiente. Lo abrazó aún más fuerte, esperando que ayudara de alguna manera, pero parecía imposible.
-Harry…-susurró con un nudo en la garganta
-No…-le devolvió con cansancio el ojiverde
-Pero…-
-No digas…nada-suplicó antes de dejar caer su cabeza sobre el hombro de su padrino. Descansando, agradecido de tenerlo esa vez. De poder dejar que sus preocupaciones pasaran a otra persona. Quizás era algo cruel el pensarlo, que alguien más se encargara de sus problemas, pero lo necesitaba a gritos. Hacía tanto tiempo que había pedido alguien así, y cuando la persona había aparecido, y él había confiado sus secretos, por artimañas del destino se había quedado solo.
Ahora, tenía a alguien acompañándolo, y no lo pensaba dejar ir.
Albus les enseñaba la casa a los recién llegados, quizás no era tan necesario en su propio caso, pero no había que ser descortés dejándolos solos en su mansión sin previa explicación. Debía dejarles muy en claro lo que podían y no podían hacer, las libertades que tenían y aquellas otras que tenían terminantemente prohibidas. Como tomar prestada alguna lechuza y comunicarse con el mundo exterior. No quería que por ningún motivo se enteraran de algún detalle, todo era vital para que el pasado se conservara intacto.
A cada paso que daba y cada palabra que decía pensaba en qué hacer. Era muy peligroso el tenerlos ahí, lo sabía de antemano y no le gustaba la idea de tenerlos en su casa, porque de improvisto alguien podría llegar buscando por él, en cambio se encontraría con versiones más jóvenes de personas actuales, o algunos que deberían estar muertos. Eso sería un grave problema. Todo sería un grave problema.
La vocecita no dejaba de atormentarlo aún, le seguía insinuando que esa era una oportunidad única, algo que nunca en la vida había pasado y que difícilmente volvería a pasar. Pero tenía que haber caído en sus manos para tomar las decisiones más difíciles, era injusto. Sabio pero injusto. Cualquier otro con menos ética habría hecho lo que él tanto anhelaba, cambiar el pasado para un bien mayor, porque eso es lo que todos esperarían.
Miraba de reojo las expresiones de todos. Confundidos, curiosos, sedientos de conocimiento como un arma. Porque el sabía lo difícil que era en esos tiempos la pelea contra Voldemort –Lo era en el presente- con más razón en el pasado. Era de quienes recordaban perfectamente la cantidad de problemas que les había causado, las noches de desvelo, las heridas y las pérdidas. Así que como cualquier otro, ahora más que nunca, cuando por fin se tenía la oportunidad de tomar la ventaja sobre el mago oscuro, había que aprovecharlo.
El Dumbledore más joven lo sabía…
Era un hombre que buscaba sacar ventaja de cualquier situación, usar todos los recursos disponibles a su favor. Hasta ahora era quien seguro tenía más información de todos los miembros de la orden. Al verse a si mismo significaba que seguía vivo hasta 1997. Después de eso obviamente no sabía más detalles, pero 16 años todavía era un buen tiempo. También sabía que seguía siendo director de Hogwarts, tenía el respeto de muchos. Y de ahí partían dos posibles alternativas para el mundo presente.
La primera y la que más le gustaba imaginar, era que Voldemort ya no caminaba sobre la tierra. Que ya no tenían problemas con eso, que el mago oscuro por algún milagro había sido derrotado y que gracias a Merlín ahora vivía una vida tranquila. Aunque si se conocía bien, aquél hombre viejo en el que se había convertido y que ahora lo guiaba por su misma casa, en su opinión se veía más cansado. No es que los años ameritaran menos, porque él ya se sentía deteriorado por la edad, más bien era otro tipo de cansancio. Siempre se sabe de una persona por lo que reflejan sus ojos, o eso pensaba él, porque los ojos lo decían todos. Una vida difícil, muchos años de experiencia, una personalidad explosiva o alguien con mucho potencial. Había tenido tantos alumnos que desde que los veía por primera vez podía averiguar muchas cosas de ellos.
Así que lo que pensaba de si mismo era que las cosas se habían puesto muy difíciles de un tiempo hacia donde estaban ahora. Había heridas en los ojos de su versión un poco más vieja, heridas del alma. Parecía que se castigaba a sí mismo por algo, y todavía se notaba tenso, sagaz, alerta. Si Voldemort ya no caminaba sobre ese mundo, no debería ser así ¿O no? Pero también, quizás la derrota de Voldemort muy reciente. No podía asegurar nada con toda certeza, pero el nombre del mago oscuro todavía se encontraba en el ambiente, y muy presente. Porque si no... ¿Qué problema había en que ellos se enteraran del mundo actual y el mundo de ellos?
Él en lo personal, ya estaba cansado de pelear a hacía poco tiempo había escuchado algo que podía empeorar las cosas o mejor dicho las empeoraba. Una profecía. Y no una cualquiera. Era un tanto confusa, tenía ya sus conjeturas respecto a ella y solo se podía llegar a dos conclusiones. Si Voldemort había logrado enterarse de esa pequeña parte que el espía había escuchado, también el mago tenebroso seguro estaba en la misma conclusión y eso ponía en peligro a varios. Dos niños, dos parejas, dos familias. Quería evitar eso, no quería que le costara más esa guerra, estaba cansado de que las únicas bajas solo fueran de su lado, y personas como las que hoy corrían más riesgo que nunca no merecían un destino así. Debía averiguar qué había sido de esa profecía, y si se había cumplido o no.
No era algo que él pensara a menudo, algo por lo que decidía arriesgarse, no era él mismo, pero… la situación lo ameritaba. Quería cambiar, quería aprender a tomar más riesgos y no ser tan calculador, esa era una excelente oportunidad.
Ya estaban llegando a lo que era la gran sala de su mansión, donde podrían pasar la mayor parte del tiempo pues las órdenes eran muy estrictas y precisas "No salir de la mansión" y por la cara del soberano director de Hogwarts, o estas eran acatadas o las consecuencias serían temibles.
-Todo lo mío es suyo, señores- se giró hacia el grupo que lo había seguido muy de cerca y escuchado con atención. Ante sus palabras, su yo joven se cruzó de brazos y alzó un poco la barbilla antes de hablar:
-En sentido figurado Sirius- completó, todos se giraron al animago quien bufó molesto.
-La cocina está abierta para las tres comidas del día, estoy seguro que dejándolos a mi propio mando…- hizo un gesto con la cabeza a su contraparte pasada quien asintió -…encontrarán la estancia placentera-
Todos asintieron, todavía mirando alrededor. Era un lugar muy grande, no imaginaban que el director de Hogwarts tuviera menos, pero, hasta el momento que llevaban de conocerlo, las reuniones siempre se procuraban en otro lado pues en su casa serían demasiado obvias.
Un plop y todos giraron sus cabezas rápido, por la experiencia. El fénix Fawkes, muy conocido ya para todos, esta vez no titubeó a la hora de entregar el pergamino que tenía en el pico. El ave se acercó rápidamente en un batir de alas y se posó en lo alto de una silla alargando un poco el cuello. Albus tomó inmediatamente el pergamino y lo desenrolló, sabía que la orden no utilizaría a Fawkes a menos de que fuera algo en extremo urgente que no pudiera esperar el vuelo de la lechuza u otros medios con los cuales no estarían seguros de dar con el director. Sus ojos volaron por las pocas líneas de la caligrafía de Remus Lupin.
"Albus, no se si lo que estés haciendo sea demasiado importante, pero necesitamos de tu ayuda. Harry tuvo otras de esas visiones de Voldemort y no parece estar muy bien. No sabemos que hacer y necesitamos tu ayuda. Estamos en Grimauld Place.
Remus
Abrió los ojos con sorpresa y se disculpó rápidamente con todos, argumentando que tenía ciertos asuntos de urgencia que atender. Su yo joven prometió mantener a todos controlados antes de marcharse.
Sirius estaba demasiado desesperado, no sabía que hacer. Había llamado al fénix de Albus en primera instancia para llamar a Remus, con la esperanza de que su amigo supiera algo que él no y pudiera ayudarlo, pero no era así. Se encontró desconcertado cuando solo preocupó al licántropo más de la cuenta.
De nuevo bajó la vista, torció la boca y suspiró. Harry todavía se seguía tomando la cabeza con una mano y la otra la tenía aferrada a la mano de su padrino. El dolor de cabeza era horrible, la visión había pasado pero por algún motivo el dolor no. Estaban en el mismo lugar, al pie de las escaleras, en el suelo. No se habían movido ni un solo centímetro desde que todo había comenzado y ahora se les había unido Remus, formando un trío en mortal silencio, solo las respiraciones eran audibles.
Se escuchó el sonido de una aparición dentro de la casa, específicamente dentro de la cocina. Remus se levantó de inmediato, dirigiéndole una rápida mirada a Sirius con la esperanza de que fuera el director. Abrió la puerta y encontró al viejo hombre caminando ya hacia él. Se hizo a un lado para dejarlo pasar y que se adelantase. Después de unos segundos, el hombre se detuvo abruptamente frente a Sirius y a Harry sin decir palabra alguna.
Se hincó frente a los dos, primero miró a Sirius para ver si podía decirle algo de importancia o darle algún motivo de lo que pasaba, pero el animago solo se encogió de hombros preocupado. Al entenderlo, posó delicadamente su mano en el hombro de Harry.
-¿Harry, puedes escucharme?-preguntó suavemente, acercándose un poco más. El muchacho solo gruñó bajo, no sabían si a modo de contestación o por otro motivo.
El director se levantó preocupado.
-¿Hace cuanto está así?- le preguntó a los dos hombres
-15, tal vez 20 minutos- respondió Sirius en voz baja. Remus asintió.
Dumbledore empezó a pensar pero nada se le venía a la mente, no tenía explicación alguna, a Harry solo le tomaban unos minutos para componerse de esas visiones, pero esta seguro era diferente. Mientras meditaba todo tipo de respuestas, Harry comenzó a abrir los ojos poco a poco, en un principio cegado por la única luz del pasillo, cuando el director se dio cuenta, bajó la intensidad. Luego se mostró confundido hasta que cerebro comenzó a recordar todo lo que había pasado, al final solo era una expresión de dolor y cansancio. Se quiso levantar rápidamente del suelo pero Sirius se lo impidió poniendo una mano en su hombro, los tres hombres lo miraban fervientemente.
-Harry… ¿Estás bien?- preguntó Remus, el joven asintió con la cabeza de la manera habitual. Esa ya se había convertido en una pregunta inútil.
Entonces Sirius lo ayudó a pararse más despacio, por el rostro de su ahijado, no quería hablar de nada de lo que hubiera pasado, o ya se había convertido en algo tan usual que no era nada serio. De todas formas, aclaró su garganta y habló en voz baja a su director.
-Solo era Voldemort debatiendo sus planes consigo mismo, creo que ahora le gusta hablar en voz alta- dijo irónicamente al final, en ningún momento miró a su director y eso preocupó a Dumbledore. –Solo eso- completó para dejarlo claro antes de suspirar de nuevo. Sirius le pasó un brazo por los hombros de forma protectora y lo encaminó a la cocina.
Al quedarse solos, Remus se giró al viejo mago. Los dos sabían que aunque lo único que Harry hubiera visto o escuchado, hubiera sido eso, había algo que no cuadraba. Pero Albus no tenía cabeza para nada más, ya no sabía qué era su prioridad en esos momentos. Harry, los recién llegados, o Voldemort. Tenía miedo de que todo se le viniera encima y no supiera que hacer, así que iría ocupándose de cada uno de manera ordenada. ¿Con quien empezaría? Le debía muchas explicaciones a su orden, apenas iba a ser la una de la tarde y la reunión con ellos no sería hasta el anochecer, tenía tiempo todavía de regresar a su casa y dar otras explicaciones, dejar a todos bien ordenados y decirles cosas convincentes, muy convincentes, para que se mantuvieran quietos en ese lugar. Ya vería después como lidiar con los de su tiempo, y por Harry no podía hacer nada en esos momentos.
-Remus, por favor, consíguele una poción para dormir sin soñar y otra para el dolor de cabeza. Estoy seguro de que necesita ambas, luego déjenlo descansar, volveré por la noche para la reunión-
-Lo que digas Albus- contestó el licántropo obedientemente. Después de que el director se había ido, Remus se dirigió a la cocina donde Sirius le acercaba un vaso de agua a Harry. Sonrió vagamente, que esos dos no se mataran con la sola mirada era un gran avance, por lo menos por parte de Harry, Sirius nunca tuvo intenciones de alejarse.
Con un gesto de cabeza le indicó a Sirius que saldría y luego murmuró algo como "Pociones" y "Slughorn" antes de desaparecer de la vista del animago.
Harry todavía tenía en sus manos el vaso con agua, estaba exhausto, ni siquiera podía discutir con su padrino. Cerró los ojos esperando que todo el mundo a su alrededor se desvaneciera y quedara en blanco, por lo cual no sintió cuando Sirius lo levantó de la silla en donde estaba sentado y luego lo cargaba escaleras arriba hasta uno de los cuartos. Casualmente el que era de su padrino.
Volvió a abrir los ojos cuando sintió su cuerpo descansando contra algo más cómodo y una mano revolvía aun más su cabello. Sirius estaba sentado en la cama, justo a un lado de donde él descansaba y sin mirarlo pasaba una mano por su cabeza distraídamente. Harry alcanzó a notar sin sus lentes que sobre la mesita de noche que estaba cerca había un reloj muggle, de esos que tenían alarma despertadora. Miró la hora, 1:13.
-La señora Weasley se enfadará- susurró. Sirius de inmediato volteó con una simple sonrisa.
-Ella entenderá-
Harry movió un poco la cabeza a manera de asentimiento y luego cerró los ojos de nuevo. Cerró una mano fuertemente sobre la colcha de la cama.
-¿Qué sucede?- preguntó intrigado su padrino, poniendo su propia mano sobre la de su ahijado para que se relajara.
-No lo se Sirius- contestó con simpleza.
La madriguera rebosaba de palabras y bromas, los gemelos se encargaban de todo ello, dando de qué hablar a la orden entera. Quizás había cosas más importantes que estar charlando tan animadamente poco antes de la comida, tenían responsabilidades pendientes, pero nada podría evitar que todos se tomaran un descanso bien merecido.
Para Molly era algo tan inusual el tener a la orden del fénix en su casa, solo charlando. Discutiendo otro tipo de cosas que no tenían nada que ver con el mago oscuro. Haciendo algunos comentarios graciosos, interesados en las cosas más comunes, difiriendo en gustos o simplemente contando anécdotas. A eso sí se podía acostumbrar. ¿Era tanto pedir algunos días así? Todos se veían más contentos, no tenían las usuales expresiones de preocupación o desprecio en sus rostros. Era un cambio muy favorable.
Cuando lograba ver aquellas facetas menos conocidas de las personas, ocultas por las circunstancias, se sorprendía cada vez más. También llegaba a preguntarse ¿Por qué ellos? por qué de todas las personas que había en el mundo de la magia, ellos tenían ser quienes precisamente cargaran con la responsabilidad de acabar con Voldemort. No habían nacido con una etiqueta en la frente de "Héroe del mundo" eso era cierto, pero por qué a ellos les había llegado la tarea. Cuanto deseaba haber conocido bajo otras circunstancias a quienes llenaban en esos momentos su casa.
Quizás Alastor no sería tan duro, y ahora fuera maestro de Hogwarts. Nymphadora sería como otra hija, esa joven estaba involucrada ya en la orden a muy temprana edad. No importaba que estuviera emparentada con Bellatrix Lestrange, el destino a veces era caprichoso. Hermione, otro miembro de la familia; siempre había sido la voz de la conciencia para su Ron, era una gran persona que guiaba a los demás por el camino correcto cuando podía, pero últimamente la había visto demasiado tensa y preocupada, convirtiéndose en una persona más de la orden, aunque no oficialmente. Le hubiera gustado mucho el poder platicar más con los padres de Hermione, eran unas buenas personas. Saber más del pasado de la chica, cosas que no fueran aventuras del colegio.
Todos tenían sus historias, por eso estaban ahí. Algo los unía en común, pero solo eso. Cuando no se trataba a las personas por temas de guerra, era difícil siquiera el dirigirles la mirada. Eso debía cambiar. Los niños se estaban convirtiendo en jóvenes guerreros, cuando lo único que deberían de estar pensando en esos momentos, era sobre su vida futura. Ahora desgraciadamente, nadie estaba seguro de tener una vida en el futuro.
¿Cómo hubieran sido las cosas si Voldemort nunca hubiera existido? Quizás conocería a más personas, o no conocería a ninguno de los que estaban en su casa. ¿Podría haber conocido a la familia Potter, a los LongBottom? Sirius quizás podría estar casado, Remus igual. Pero el hubiera no existe, no hay forma de cambiar el pasado.
Siguió mezclando la comida, echando un vistazo cada pocos segundos, sonriendo al ver a todos sus hijos acomodando la mesa. Luego consultaba la hora.
1:20pm.
Todos ya deberían estar ahí, solo faltaban Harry, Sirius y Remus. Esperaba profundamente que ahijado y padrino hubieran arreglado las cosas. Aunque había sido muy duro para el muchacho, ahora que tenía otra oportunidad, no debía dejarla pasar. Ojalá y todo estuviera como antes.
-¡Ron!- llamó, y en cuestión de segundos el pelirrojo se apareció en la cocina.
-¿Si mamá?-
-Dile a todos que ya pueden pasar a la mesa- le ordenó, su hijo asintió y volvió a irse rápidamente. Desde donde estaba, Molly pudo ver como todos hacían caso a su orden y se acercaban a la mesa.
Con tanto movimiento de personas, no había notado a alguien. Cerca de la puerta, se encontraba su esposo, platicando con Remus, con una expresión seria. El licántropo negaba con la cabeza y luego le enseñó dos frascos al señor Weasley quien solo torció el gesto y asintió. Le dio una palmadita en el hombro a Remus y una sonrisa, el maestro de DCAO lo agradeció y se despidió amablemente.
Al verlo irse, Molly salió rápidamente de la cocina con una cuchara en la mano, dirigiéndose a su esposo.
-¿Molly, pasa algo?-preguntó Tonks cuando la vio salir de la cocina sin explicación aparente.
-Necesito hablar con Arthur querida, vuelvo en un momento- contestó distraídamente sin girarse
-¿Quiera que vaya sirviendo?-
-Muchas gracias- dijo al final antes de emprender su camino de nuevo, no alcanzó a escuchar el "no hay porque" de parte de Tonks.
Al fin pudo alcanzar a su marido quien seguía parado en la puerta, un tanto pensativo. Arthur solo le sonrió pero ella no se tragaría ese cuento que ya se formaba en los ojos de su esposo "Nada pasa". Él la guió fuera para poder hablar más tranquilos, Molly ya no pudo esperar más y cuando estuvieron fuera del rango de audición de los demás, preguntó:
-¿Tiene que ver con Harry, cierto?- Arthur asintió levemente –Oh por Merlín, ¿Qué le pasó?- continuó de inmediato. Siempre tenían que pasarle cosas a ese pobre muchacho.
-Nada grave, cariño- intentó calmarla su esposo, pero ya era tarde. –Tuvo otra visión-
-¡Maldito Voldemort!-gruñó por lo bajo ante la cara sorprendida de su esposo por eso último -¿Dónde está? ¿Está bien?-
-Está con Sirius. Precisamente, Remus vino a decirme que no iban a poder venir por eso, que no nos preocupáramos. Quieren dejarlo descansar un poco-
Molly se pasó una mano por la cara, sumamente nerviosa. Si algo malo había pasado, seguro lo encubrirían para no preocuparla, pero ya era tarde, ya estaba preocupada.
-Necesito que me cubras por unos minutos cariño- en la cabeza de la señora Weasley se había formado una muy mala idea y tenía que comprobar que no era cierto.
Sirius seguía revolviendo el cabello de su ahijado como si nada, el muchacho se había quedado dormido hacía unos minutos atrás sin necesidad de la poción que había llevado Remus. Solo parecía querer descansar de manera natural una vez en su vida y lo estaba logrando. Sirius quería creer que su presencia ahí lo reconfortaba y de alguna manera lo hacía sentirse seguro.
-¿Crees que las cosas vuelvan a ser como antes?- le preguntó a Remus quien estaba sentado a la distancia, leyendo un libro en sumo silencio. El merodeador levantó la cabeza y sonrió.
-Claro que si Sirius, no sabes cuanto te ha extrañado- el animago se vio complacido por esas palabras, necesitaba buenas noticias de ves en cuando para variar.
Se escuchó de nuevo un extraño sonido en la cocina, pero esta vez no esperaban a nadie. Remus se levantó de inmediato dejando el libro a un lado y sacando su varita. Con la mirada le indicó a Sirius que se quedara ahí, que él iría a revisar. El animago asintió, tomando la varita de su ahijado que estaba a un lado en la mesita de noche. Vio a Remus desaparecer por la puerta y no pudo evitar sentirse nervioso. Echó un rápido vistazo alrededor, no había forma de que nadie entrara a ese cuarto a no ser que primero pasaran sobre su cadáver, así que caminó silenciosamente, tratando de no despertar a Harry a menos de que la situación lo requiriera.
Llegó al barandal de las escaleras y agudizó su oído. Desde ahí podía ver como la sombra de Remus se movía sigilosamente hacia la cocina. Luego, el sonido de la puerta abriéndose…
-¿Quién anda ahí?-preguntó Remus de forma ruda. En las escaleras, Sirius bufó. Claro que nunca le responderían, "un mortífago" o "Lord Voldemort" ¿Acaso Remus había cambiado en ese año? Sonrió.
Ahora, ambos hombres esperaban un sonido, una señal.
-¿Remus? soy Molly- fue la contestación. Los dos merodeadores soltaron el aire que retenían, pero Sirius por su parte casi estrella su cabeza en el barandal al escuchar a la Sra. Weasley. Luego se retiró al cuarto donde estaba su ahijado, haciendo todo tipo de señas al techo y maldiciendo por el susto que les había metido la matriarca de los pelirrojos.
Esperó por unos segundos a que los dos aparecieran por la puerta y así fue. La señora Weasley entró primero, su mirada clavada donde estaba Harry, suspiró con alivio después.
-Lamento haber venido así Sirius, solo…me preocupé mucho- sonrió apenada y algo sonrojada, entrelazando la manos frente a si misma.
-No se preocupe Sra. Weasley, agradezco su preocupación- contestó Sirius, pero antes de que alguien pudiera hacer o decir algo más, se escuchó el timbre de la puerta.
Los tres se miraron entre sí, Sirius y Remus seguían sin esperar a nadie y Molly no tenía idea de quién podía ser.
-Yo voy- dijo Remus -…de nuevo-
El licántropo bajó las escaleras con cautela y caminó hasta la entrada sin abrir la puerta. No había nadie fuera de la orden que supiera que ellos estaban ahí, así que, o era algún miembro o habían sido descubiertos por los mortífagos. Prefería la primera opción, no quedaba de más el preguntar.
-¿Quién es?- de inmediato hubo una respuesta.
-Aurores del Ministerio de Londres, venimos en misión de búsqueda de convictos- la voz que respondió por fuera no sonaba nada amigable y Remus la reconoció de inmediato, ya había tenido el placer de conocer a la persona y no era alguien paciente.
-Un momento…-les gritó –¡Acabo de salir de la ducha, debo vestirme!-
-¡Tiene 2 minutos!-advirtió el auror de fuera y al merodeador no se lo tuvieron que repetir dos veces.
Corrió escaleras arriba donde Sirius ya estaba convertido en el enorme perro negro de su forma animaga y Molly ayudaba a Harry a ponerse de pie. Remus no entendió nada.
-Escuché tu conversación desde las escaleras- dijo la señora Weasley, pasando uno de sus brazos por encima de los hombros de Harry quien suspiró cansado. –Tengo un traslador a la madriguera, podemos irnos- sugirió
-Aunque ya no hay nada de la orden en Grimauld Place…- comenzó el licántropo –Me quedaré a asegurarme de que no destruyan la casa o responder cualquier pregunta que tengan- le dirigió una sonrisa a Sirius.
Una voz se escuchó gritando fuertemente desde la puerta:
-¡Abra o entraremos a la fuerza!-
Remus bajó corriendo las escaleras con una rapidez cómica y en el camino tomó una toalla que se colgó del brazo antes de abrir.
En la entrada había 4 aurores, comandados por uno de cabello negro y corto, esbelto y de mirada arrogante. Entró sin permiso alguno, Remus solo se hizo a un lado.
-Señores, espero que tengan un papel firmado por el ministerio- el que iba al frente se giró de inmediato, estrechó los ojos y se cruzó de brazos.
-Usted tardó mucho en abrir la puerta, espero que tenga una buena explicación o podría acusársele de ayudar a convictos de Azkaban-
-Tenía asuntos más importantes que atender- contestó Remus
-¿Ah si, qué asuntos?- la mirada cambió a sospecha, antes de que una nueva voz y tres pequeños gritos de sorpresa
-Mis asuntos, ¿Tiene algún problema con ello?- Harry estaba al pie de la escalera con la señora Weasley a su lado, además del enorme perro negro del otro lado que enseñaba fieramente sus dientes a los aurores.
Estos alzaron sus varitas en dirección al perro. Harry de inmediato intercedió de nuevo.
-Se atreven a murmurar cualquier conjuro y se las verán conmigo- advirtió peligrosamente.
El perro giró la cabeza a su amo. Sirius se preguntaba qué fuerza tendrían las últimas palabras de su ahijado, y lo vio. Sus ojos esmeraldas rugían con fuerza y determinación, si no hubiera estado con él poco antes, ni siquiera dudaría que se encontraba algo cansado. Volvió a centrar su atención en los aurores y ladró como advertencia.
Los hombres dieron un pequeño brinco. El que los lideraba volvió a hablar:
-Mis disculpas Harry Potter, pero es orden del ministerio el realizar…-
-Y lo entiendo perfectamente- interrumpió el joven de 16 años –Pero no es necesaria esta hostilidad. Espero que no haya sido así en otros lugares porque entonces el Ministerio recibirá las quejas-
La mirada altanera del auror cayó completamente.
-Yo me retiro- argumentó Harry, le dirigió una mirada rápida a Remus. La Sra. Weasley pasó un brazo de nuevo por sus hombros y se encaminaron a la cocina, donde ya los esperaba un traslador.
La comida estaba deliciosa, la orden entera la estaba disfrutando. Cuando de repente hubo una pequeña explosión de luz fuera de la madriguera. Todos se levantaron alarmados, excepto Arthur quien se quedó sentado pacíficamente, tomando más sopa.
Salieron con las varitas en alto, hasta los más jóvenes a quienes no pudieron retener dentro. Cuando pudieron ver mejor, suspiraron aliviados y algunos rieron por sus reflejos tan paranoicos.
Sirius volvió a su forma humana y ayudó a Molly y Harry a levantarse. Su ahijado lo agradeció, pero se vio preocupado porque todos se acercaban. En un principio, el merodeador no lo entendió, pero en algún lugar de su mente recordó que a Harry no le gustaba ser interrogado o subestimado. Además, en vista de que veía mejor –el sueño le había ayudado mucho- decidió seguirle el juego esta vez. Miró a la señora Weasley y ella asintió, ambos pensaron en lo mismo.
-¿Mamá, por qué te habías ido?-preguntó Ron
-Si, ¿y por qué ustedes no habían llegado?- señaló Ginny a padrino y ahijado
-Fui a traerme a estos dos- mintió fácilmente con tono de regaño –No los iba a dejar andar haciendo Merlín sabe qué cosas en el cuartel-
Pasó todo el día sin novedades. Media hora después de que Harry y Sirius habían aparecido en la madriguera, también lo hizo Remus. Los aurores no habían presentado muchos problemas, y al no encontrar nada, se fueron rápidamente.
La noche llegó sin previo aviso, y durante todo ese tiempo en la madriguera no se presentaron incidentes, más que cuando Tonks tropezó en la cocina llevando varios vasos en las manos. No habían tenido noticias de Dumbledore en todo el día y la visión de Harry se había mantenido en completo secreto para todos, excepto por aquellos que ya lo sabían.
Para cuando llegó la hora de la reunión con el director de Hogwarts, todos se dieron cuenta de un pequeño detalle.
-La reunión no podrá ser en Grimauld Place- gruñó Moody, todos lo miraron.
-¿Por qué?- preguntaron al unísono los gemelos. Alastor se giró a ellos en especial.
-Entraron los aurores, el lugar no es seguro. Hasta no analizar bien todo y verificar que no hayan usado hechizos en el lugar para espiarnos, podremos volver. Por ahora es imposible. Mañana en la mañana podremos encargarnos de eso, pero, hoy tendremos que hacer la reunión aquí-
-¿Y Hogwarts?- preguntó Ron
-Se están reforzando las barreras y el ministerio se encarga de hacerlo más seguro-contestó de inmediato –No se podría hablar con plena confianza de no ser escuchados-
Antes de que alguien pudiera preguntar otra cosa o interponer una objeción a la decisión, se escuchó una fuerte explosión afuera y pocos segundos después una pared de llamas iluminó la ventana de la cocina de los Weasley. Todos estaban en shock, ¿qué era eso? ¿De dónde había venido? Se suponía que la madriguera era un lugar seguro, que las barreras los mantenían a salvo puesto que eran tan fuertes que Voldemort tardaría varios minutos en tirarlas si quisiera, eso les daría ventaja para salir antes de que ellos llegaran. Pero en este caso, al parecer ni de eso se habían percatado.
Harry había estado sentado en las escaleras, con la cabeza recargada en el hombro de su padrino. No se habían movido casi nada de ahí, pero cuando vino la explosión, Harry se levantó con la varita fieramente en la mano. Sirius hizo lo mismo, pero se posicionó frente a su ahijado. Sabía que motivo tenía un ataque así, conocía perfectamente el objetivo, y ahora más que nunca, intentó mantener la mente fría, por el bien de todos.
Del cielo seguían cayendo bolas de fuego de considerable tamaño, más no se veía a los causantes. La estridente risa de Bellatrix les dio a entender que obviamente sí eran ellos, pero estaban ocultos en la oscuridad de la noche.
-¡Tienen que irse por la red flu!- ordenó Alastor girándose rápidamente a los jóvenes, pasando de uno en uno hasta llegar a Harry -¡A Hogwarts, o a donde sea, no importa!-
Los miembros de la orden empezaron a pensar lo más rápido que podían, pero al no ocurrírseles un lugar más seguro que el colegio, optaron por eso. Molly comenzó a empujar a sus hijos en dirección a la chimenea entre gritos y protestas, ellos no querían irse, no querían dejar abandonado su hogar y a sus padres, a completa merced de los mortífagos y sin poder hacer nada más.
Mientras ellos discutían, Sirius estaba parado frente a Harry, ambos se veían a los ojos con miedo y desesperación, el de desaparecer de nuevo uno de la vida del otro. El ojiverde no pudo aguantar mucho esa conexión cuando giró la vista en dirección al suelo, con dolor, casi completamente resignado a cualesquier cosas que le fueran a decir, sobre su seguridad, el bien del mundo mágico. Parecía estar sufriendo por una muerte que no ocurría, como si fuera la última vez que veía a su padrino.
Sirius no pudo evitar sentirse triste y decepcionado por lo que había pasado con su ahijado. Ahora, no era ese joven que ponía excusas para quedarse y luchar al igual que los demás –no es que quisiera tratar con ese temperamento- pero ya no quedaba nada. Solo parecía un tipo de títere que todos controlaban a su antojo, diciéndole que hacer, y él lo hacía resignado a no ganar nada a cambio. Juró que cambiaría eso, pero ahora no tenía tiempo de palabras, solo de una cosa y era de mantener a su ahijado seguro.
Molly ya se había encargado de que los gemelos tomaran un poco de polvos flu, muy a regañadientes, pero ninguno de los dos quería entrar en la chimenea e irse.
-¡Muchachos, ahora!- les ordenó su madre, pero antes de que alguno de los dos entrara, un hechizo entró volando a la casa, atravesando una pared y causando una gran explosión en la cocina.
Polvo y escombros volaron por doquier. No se podía ver nada, sin mencionar un insistente y molesto zumbido en los oídos de todos. Además de eso, todo parecía congelado en el tiempo.
Quizás nadie vio el rayo venir o no lo hubieran imaginado nunca, pero cuando supieron de la amenaza la mayoría actuó como mejor le pareció. Los gemelos se tiraron encima de su madre y Ginny, con un rápido movimiento lograron tirarlas al suelo junto con ellos, para protegerse. Ron hizo lo mismo con Hermione, Remus a Tonks, Arthur, Moody, Kingsley, actuaron por instinto. Sirius no tuvo que verlo para hacerlo, rápido pasó un brazo por encima de los hombros de Harry y lo jaló.
Seguían sumidos en el completo silencio, excepto por el de más explosiones afuera. Nadie se levantaba, por miedo a que hubiera más o porque no podían. La explosión los había alcanzado a todos y los había dejado aturdidos y con algunos golpes. Sin mencionar la cocina que estaba hecha trizas.
Sirius sentía su cuerpo pesado y cansado, la cara llena de tierra, parpadeó varias veces para enfocar. Sentía que su mano todavía estaba aferrada a algo más, a otro ser cercano. El polvo se disipó un poco y pudo distinguir a su ahijado. Con horror encontró fuerzas para levantarse un poco y quedar sobre sus rodillas, sosteniéndose un costado que tenía un punzante dolor muy insistente. Pero eso no le importaba. Harry no estaba despierto, sus pálidas facciones eran iluminadas por la luz de las llamas que seguían lloviendo por fuera, y que se movían con fiereza. Eso no le gustó nada a su padrino.
Lo levantó un poco para acercarlo a él, y eso hizo al Black reprimir un grito de dolor, estaba seguro de que en su costado había varias costillas rotas. Siguió haciendo lo que quería sin importarle en lo más mínimo ese detalle, hasta que al fin tenía a Harry recargado en él. Acercó su varita, por mucho que le doliera hacer eso, necesitaba que el muchacho estuviera despierto y alerta, así podría cuidarlo mejor, además, no estaba seguro de que no le hubiera pasado nada. Sabía que estaba exhausto aunque todo el día lo hubiera querido esconder, después de la visión no se había tomado ni un pequeño respiro.
-Enervatte- susurró
Por coincidente, los dos ojos esmeraldas se abrieron cansadamente, parpadeando varias veces para que las borrosas figuras triples se convirtieran en una sola.
-Sirius…-murmuró Harry un poco sorprendido y su padrino sonrió un poco.
-Vamos, necesitamos salir de aquí-
La orden entera se puso de pie rápidamente, pareciera que la explosión no les hubiera afectado nada, pero el tambaleo decía todo lo contrario. Aún así continuaron con la importante labor de sacar a los más jóvenes, quienes eran más susceptibles al ataque. Pero al girarse a retomar el plan de la red flu, se vieron detenidos al no tener esa salida.
-¿Ahora que?- preguntó Hermione dando un pequeño brinco, se había lastimado el pie derecho y ahora cojeaba. De nuevo empezaron a pensar como locos, buscando una salida segura.
-¡Un traslador!- exclamó Remus con un pequeño brillo de esperanza en los ojos. Moody pareció pensar esa opción.
-Necesitamos algunos minutos para eso- advirtió a todos si acaso decidían tomar esa opción, por sus caras, obviamente si. -¿Quién lo hará?- su ojo mágico se movía frenéticamente
-¡Yo!- se ofreció Sirius rápidamente, todos lo miraron al a expectativa por un momento -¿Qué?- preguntó cuando todos lo miraban pensando si era una buena idea.
-Los sabe hacer perfectamente- apoyó Remus poniendo una mano en el hombro del animago y dedicándole una sonrisa.
-Está dicho- Moody se giró a los demás –Debemos darle el tiempo necesario para que lo haga seguro-
Remus, Kingsley, Moody, Arthur y Mundungus salieron al patio a encarar a los mortífagos, no tenían idea de cuantos eran así que rogaban que Sirius terminara rápido y así poder escapar. La señora Weasley y Tonks estaban paradas en la puerta de entrada, donde impedirían el acceso a los sirvientes del Lord o apoyarían a los demás en la batallas desde lejos. Los gemelos Weasley abrieron una ventana por donde ambos podían lanzar hechizos perfectamente y continuar ayudando a la orden. Ron, Hermione y Ginny subieron al segundo piso, buscando ventanas de distintas habitaciones desde donde podrían lanzar su contraataque.
Harry por su parte, se había quedado junto a Sirius. No sabía si era por temor a perderlo, para ayudarlo o para sentirse seguro. En esos momentos nada lograba mantenerlo calmado, los mortífagos estaban atacando la casa de los Weasley, y todos aquellos que estaban ahí, eran seres muy cercanos a él, no se perdonaría perder a alguno.
Observó de reojo como su padrino lanzaba varios hechizos a un cucharón. El objeto brillaba unos segundos y luego volvía a su color normal, pero debía continuar lanzando ese tipo de hechizos si quería que funcionara. Por suerte, la señora Weasley tenía una varita guardada en su cocina, esa mujer siempre había sido previsora y ahora era cuando más lo agradecía.
Los gritos de batalla por fuera se escuchaban muy cerca, ya había podido distinguir a Bellatrix, Lucius, Dolohov, Peter y otros 9 que no reconocía pues llevaban las máscaras blancas y huesudas puestas. Las largas túnicas de mortífagos cubrían sus cuerpos enteramente, sin siquiera poder darse una idea del físico de estos. Aunque eso no importaba porque enemigos eran enemigos y en ese momento los superaban en número. La orden combatía uno a uno, codo a codo con fiereza, pero no era bastante para retenerlos a todos. Los encapuchados se veían frescos, con movimientos más rápidos, y los otros se movían con experiencia. Era en sí una combinación bastante extraña.
5 mortífagos peleaban contra la orden, otros dos peleaban contra Molly y Tonks. Los gemelos tenían entretenidos a 2 más, y los chicos desde arriba les hacían la vida imposible a los otros tres. Solo quedaba uno que se veía inseguro, rondando por ahí, lanzando uno que otro hechizo para ayudar a su bando, pero al parecer no era muy adepto a la pelea. Harry mantenía un ojo fijo en ese, parecía menos alto que los demás, pero aún así no se iba el peligro que representaba ser un sirviente del Lord, así que mientras podía, lo mantenía firmemente vigilado para que no tomara por sorpresa a nadie.
El sorprendido terminó siendo él. De la nada, en menos de un parpadeo, el mortífago había desaparecido. Buscó desesperadamente, recorriendo todo el campo de batalla con la vista pero sin pista alguna de donde podría estar. Se giró a su padrino, al parecer ya no le faltaba mucho, pero tenía que hacerlo con precisión. ¿A dónde llevaría el traslador? No lo sabía, pero fuera de ese lugar sería perfecto. Estaba cansado, tenía sueño y la explosión le había dado un ligero dolor de cabeza. Cerró los ojos un momento para concentrarse.
Cuando los volvió a abrir, esperaba que el insistente zumbido de su cabeza hubiese desaparecido, pero en cambio, miles de emociones atravesaron su rostro en menos de un segundo. Vio una sombra, no muy alta, acercarse por detrás a su padrino. Era quien él había estado vigilando y se había desaparecido de su vista por unos minutos. El miedo lo embargó al principio, su garganta se cerró al paso de las palabras y su cuerpo estático, en huelga de hacer movimiento alguno. Pero su mente luchaba contra estos predicamentos de una manera rápida y eficaz, sintiendo los dedos alrededor de su varita, ajustarse mejor a la vara de madera.
Sirius no se había dado cuenta, y si él no hacía algo, podría…
-¡Desmaius!-gritó
El rayo salió disparado con gran rapidez a la figura encapuchada. Sirius levantó la cabeza, asustado de no ver venir eso y menos a quien iba dirigido.
No fue una gran amenaza pues el mortífago cayó de inmediato al suelo. Sirius suspiró en alivio cuando no lo vio moverse más, por el momento. Regresó a su labor con una sonrisa en los labios, Harry era hábil para su edad, aunque ya no era un niño, ni los mejores aurores de la academia reaccionaban así de rápido.
Harry decidió acercarse al hombre, todavía apuntándole con su varita. No tenía por qué creer que estaba inconsciente con un hechizo tan simple. Tenía que ser cauteloso, y pronto llegó a su lado. Reparó en él por unos momentos, de no ser porque una de sus manos no brillaba color plata, pudiera haber jurado que era Peter…
-¡Redemptio!- el grito tomó desprevenido a Harry y su padrino. El primero porque seguía concentrado en el parecido que tenía el mortífago con Pettigrew, y el segundo porque le daba los toques finales al traslador. Como consecuencia, Harry no pudo reaccionar a tiempo y protegerse de lo que sea que fuera el hechizo, no recordaba haberlo escuchado antes, seguro era magia negra. Solo supo que salió volando unos metros hasta estrellarse contra una silla y caer. Le dolía todo el cuerpo, la cabeza se le partía en dos y el corazón le palpitaba frenéticamente a punto de salirse de su pecho.
Sintió un terrible frío expandirse desde su estómago, justo donde había golpeado la maldición. Luego sintió las manos y los pies helados, todo su cuerpo estaba congelándose. Empezó a temblar involuntariamente, acercó su brazo izquierdo al cuerpo para tratar de ganar algo de calor. Ocupado en mantenerse vivo, no escuchó el grito de su padrino:
-¡Harry!- completamente desesperado y aterrado cuando lo vio caer al suelo con una expresión de dolor. Por fortuna en ese mismo instante había terminado el traslador y se giró al mortífago que había osado tocar a su ahijado. No logró lanzar ningún hechizo cuando una voz lo llamó.
-Si…rius- apenas audible, lo suficiente para que el animago la captara. Volteó de inmediato y se dirigió hacia su ahijado olvidando por completo al mortífago. Se hincó a su lado mordiéndose el labio inferior con miedo.
-Harry…¿Qué pasa, qué te sucede?- preguntó rápidamente sin saber que hacer. Estaba completamente solo, la señora Weasley y Tonks se habían adentrado completamente a la batalla.
-Ten…go frío- susurró plegando más sus brazos al cuerpo. Su padrino por su parte no sabía lo que eso significaba, tomó las manos de su ahijado para confortarlo pero se asustó aún más.
-¡Por Merlín, Harry…!- sus manos estaban blancas y frías como el hielo. Su rostro estaba aún más pálido y los labios estaban adquiriendo un color azul. Sirius se quitó la gabardina que traía encima y se la puso a él, pero eso no iba a bastar. -¿Harry?- preguntó cuando el muchacho ya no se movía mucho y su respiración era apenas visible.
La desesperación del hombre subió hasta niveles que ni él mismo sabía que tenía, ¿Iba a perderlo? ¡NO, nunca! Se giró como alma poseída hacia el mortífago que estaba parado de manera insignificante en un rincón, en dos pasos llegó hasta a él y lo tomó por el cuello de la túnica, acercándolo más a él antes de hablar:
-¡¿Qué le has hecho?!- su cara estaba roja de furia y en sus ojos azules había una amenaza implícita. El mortífago se encogió aún más.
-Yo…yo…- titubeó antes de decir algo más, pero, sabía que con ese hombre no se jugaba. Lo que aún no terminaba de entender era a quién había atacado. ¿Harry…¿Harry Potter? ¿Por eso aquél hombre cuidaba tanto de él? ¿Sirius, su padrino?
-¡Contesta ya!- exigió el Black jalando más el cuello de la túnica, al punto de casi ahorcarlo.
-reveredemptio- susurró el sirviente del Lord oscuro
Dumbledore se preguntaba por qué no podía establecer conexión con la red flu de los Weasley. Arqueó una ceja pensando en todas las posibilidades.
No fue hasta que su fénix llegó batiendo las alas desesperadamente y luego posarse frente a él. Cantó una nota bastante aguda y dolorosa, el director tuvo que taparse los oídos.
-¿Hay problemas?- preguntó de inmediato, una pregunta tonta debía añadir. -¿Hogwarts?- preguntó, el fénix no hizo movimiento alguno -¿Grimauld Place?- todavía nada…hasta que su mente se encendió en una muy mala imagen -¿La madriguera?- otra nota aguda y el director desapareció de inmediato.
Sirius no sabía qué había hecho el mortífago, la verdad no le importaba si lo que había hecho era revertir los efectos de la maldición. Solo abrazaba a su ahijado tratando de transmitirle algo de calor. Pero parecía imposible, no sabía si podía hacer más frío. Hasta él empezó a sentir el frío que transmitía su ahijado, quizás el efecto no se había ido después de todo.
Maldijo por lo bajo pero el mortífago ya se había ido como para poder culparlo. Empezó a temblar el mismo, no sabía si por furia o el frío, pero ese frío que sentía no era normal. Giró a los lados, buscando otra fuente de frío que no fuera su ahijado y para su desgracia lo encontró, el lugar empezaba a ponerse más sofocado y helado, más oscuro también si acaso eso era posible.
Los dementores se arremolinaban alrededor de la madriguera, callando los gritos de batalla.
-Esto no puede ser peor- susurró el animago resoplando molesto.
-Siempre hay algo que puede hacer todo peor-
Sirius no esperaba una contestación pero sonrió con alivio.
-Harry…-susurró, pero su ahijado se preparaba para lanzar un hechizo.
-Expecto Pat…- Sirius de inmediato le bajó el brazo delicadamente, ante la mirada interrogante de Harry, solo dijo una palabra.
-Dumbledore-
El viejo mago por fin había llegado y se hacía cargo de los dementores y los mortífagos. Harry se sintió en extremo agradecido con el viejo hombre por primera vez en ya hacía mucho tiempo. Agradecido, no era igual a confianza, sabía que nunca podría conocer todos los secretos de Albus Dumbledore pero los que concernían a él y a quienes lo rodeaban, tenían que salir a flote por el bien de todos. No fuera que hiciera otra tontería con la del ministerio.
El frío pareció alejarse, pero la oscuridad de la noche seguía presente. La madriguera estaba en ruinas y sus habitantes tristes por la pérdida. Pero solo era algo material, algo que podría recuperarse, en cambio, la pérdida de una vida duraba por siempre.
Se escucharon pasos adentrarse en lo que quedaba de la casa, Sirius tomó la varita de inmediato, apuntando al lugar desde donde se escuchaba el caminar de alguien. Poco después, a través de las sombras apareció Remus.
-¡Sirius, Harry!- exclamó espantado el licántropo al verlos en el suelo -¿Están bien?-
-Estamos pasando tiempo de caridad Moony- aclaró Sirius con una sonrisa orgullosa medio en broma. El otro merodeador negó con la cabeza divertido antes de acercarse más.
muajajaja, no era mi intención dejar el capi ahí pero así se dieron las cosas! hehehe ¿A donde irá la orden? muajaja, ya creo saber que saben que se que sospechan la respuesta.
puff!
anypotter. (al principio del review pongan "yo" si quieren capis de este tamaño wii....)
