...De mal en peor...
Se escucharon pasos adentrarse en lo que quedaba de la casa, Sirius tomó la varita de inmediato, apuntando al lugar desde donde se escuchaba el caminar de alguien. Poco después, a través de las sombras apareció Remus.
-¡Sirius, Harry!- exclamó espantado el licántropo al verlos en el suelo -¿Están bien?-
-Estamos pasando tiempo de caridad Moony- aclaró Sirius con una sonrisa orgullosa medio en broma. El otro merodeador negó con la cabeza divertido antes de acercarse más.
¿Tiempo de caridad? Pensó Harry, si bien no era lo que tenía en mente para arreglar las cosas con su padrino, estaba funcionando muy bien. Había olvidado cuanto extrañaba el raro sentido de humor de su padrino, su compañía y su presencia tan reconfortante. La verdad era que nunca había tenido la oportunidad de pasar tanto tiempo juntos, las circunstancias lo impedían la mayoría de las veces. Pero ahora se sentía tan feliz y protegido, que no se quería mover. Sin embargo, la cara de Remus le indicaba que las cosas todavía no terminaban. Suspiró resignado a que ese momento de caridad tenía que acabar.
-¿Cómo van las cosas afuera Moony?-preguntó Sirius entendiendo los gestos de su ahijado, el licántropo meneó la cabeza sin decir un sí o un no. Las cosas no iban muy mal pero tampoco era para bajar la guardia, como él precisamente estaba haciendo en ese momento.
-¿Terminaste el traslador Padfoot?-
-Si justo cuando…-giró al lugar donde había estado trabajando, recordó la presencia de aquél mortífago y lo que le había hecho a su ahijado. Gruñó por lo bajo unos momentos, hasta que sintió que alguien le apretaba la mano. Bajó la cabeza para encontrarse con la mirada esmeralda que lo decía todo sin necesidad de palabras.
-¿Sirius?- Remus se acercó con cautela al animago al verlo tan perdido en sus pensamientos. Pero ante la mención de su nombre, el hombre volteó con una pequeña sonrisa en sus labios. El licántropo suspiró en alivio. -¿Entonces tenemos todo listo?- el animago asintió de nuevo –Llamaré a los demás muchachos- partió en busca de los demás jóvenes, primero por los que estaban casi saliéndose por la ventana del primer piso. Los gemelos Weasley.
Harry se giró a su padrino, sabiendo que ahí se separarían. No le hubiera importado bajo otras circunstancias, pero tenía muy mal presentimiento de todo lo que estaba pasando, que no podía evitar sentirse preocupado también por los que estaban luchando afuera. Desde el inicio de la lucha, algo le parecía extraño, una amenaza muy grande y no tenía idea de qué podía ser. Pero cuando las cosas se trataban de Voldemort, nada podía ser bueno.
Unos minutos después regresó Remus con los gemelos, Ginny, Ron y Hermione, todos ellos nada contentos de tener que dejar la batalla. Pero confiaban en las palabras del ex-profesor de DCAO, de que con la llegada de Dumbledore, las cosas se calmarían.
Sirius se levantó un poco tambaleante y ayudó a su ahijado, la castaña y el pelirrojo no lo pasaron por desapercibido y se preocuparon.
-¿Qué les pasó?- preguntó Hermione amenazadoramente, Ron se encogió un poco a su lado. Pero Harry fue lo suficientemente rápido para contestar antes que Sirius.
-Nada-
-Un mortífago- le contradijo el animago segundos después. Remus sonrió al verlos discutir sin llegar a los hechizos. Pero tenían otras cosas más importantes que hacer y estaban perdiendo valioso tiempo.
-Muchachos, deben tomar el traslador- les urgió a todos, empujándolos en dirección a la mesa donde se encontraba el cucharón. Sirius hizo lo mismo con su ahijado.
Todos se posicionaron en círculo, pero aún no querían poner sus manos. Los chicos Weasley estaban preocupados por sus padres, y eso no ameritaba menos para Harry y Hermione. Seguían dirigiendo miradas de súplica a los merodeadores para que los dejaran quedarse.
-Vamos muchachos, saben que es imposible- les dijo Sirius –Estarán bien, solo deben esperarnos- trató de sonreír pero no estaba de humor para eso.
-Pero…- protestó Ginny
-Haremos un trato…- comenzó Sirius, ganándose una mirada asesina de Remus por si se atrevía a dejarlos quedarse -…Yo cuidaré de sus padres, si ustedes prometen cuidar de mi ahijado- Harry gruñó con esa oración y le mandó una mirada de pocos amigos a su padrino.
-Lo prometemos- dijeron los gemelos al unísono
Para no hacer más largo el cuento de la despedida y de los pensamientos que abrumaban a todo por lo que estaba pasando, los muchachos tocaron el traslador. Mirando lo que dejaban atrás, con un miedo creciente por la seguridad de sus familiares. Era la primera vez que se separaban así, sin saber qué sería de quienes peleaban. Los miembros más viejos de la orden, como lo eran Sirius y Remus, parecían acostumbrados a esas despedidas y el sentimiento de preocupación… entonces solo les cabía pensar que eso era una guerra. Que las batallas así eran, tomando riesgos para la seguridad de algunos, arriesgando la vida para poder ganar. Así había sido la primera guerra contra Voldemort. Esta ya era la segunda, y apenas comenzaba.
Los merodeadores les dirigieron cálidas sonrisas, notaron la preocupación en sus jóvenes rostros y solo atinaron a hacer eso.
Después, todo se desvaneció en un torbellino de colores.
¿De qué servía ser miembro de la orden del fénix, si aún así se les escondían secretos sobre la guerra? Muy pocas personas estaban al tanto de todos los movimientos de Voldemort y lo que él hacía durante el día. El ministerio, y la orden. Simplemente porque debían estar enterados de todo lo concerniente al mago oscuro, así podrían estar preparados para cualquier sorpresa, o saber a lo que se atenían cada vez que se aparecía. Pero al parecer, en ese futuro no se tomaba en cuenta eso. Estaban todos encerrados en una sala de estar, sin permiso de merodear por la casa, sin permiso de enterarse de nada. Y eso último era lo que más les importaba.
Los merodeadores habían encontrado interesante una lucha de pulgares, los demás, se encontraban esparcidos por la habitación, sentados o parados, pensando todavía en los misterios que había a su alrededor. Su líder había ido a la cocina, era la única habitación conectada a donde estaban y por lo tanto tenían permitido ir por un refrigerio, pero eso no les serviría en ese momento. Tenían muchas dudas sin resolver y quien podría contestarlas se había ido hacía unos minutos.
-Ya me aburrí- expresó James alejando su mano de la guerra de pulgares que tenía contra Sirius, y mirando a su alrededor.
-Lo dices porque te voy ganando- le devolvió el Black con tono de superioridad
-Si Padfoot, eres el rey de los pulgares- contestó sarcásticamente rodando los ojos
-¡Oye! Por lo menos yo tuve una idea para des-aburrirnos- reclamó falsamente ofendido, caminando hasta donde estaba James.
Los dos se quedaron callados, ya no sabían qué hacer. Ni siquiera discutir entre ellos era divertido. Rogaban a Merlín por un milagro, alguna insignificante cosita en la que pudieran pensar para distraerse y abstenerse de salir corriendo a averiguar sobre todo lo que les interesaba. Alastor los miraba peligrosamente, como esperando detenerlos si se decidían por esa opción.
Nadie dijo nada más, hasta que una explosión de luz iluminó fuertemente el marco de la puerta que separaba la sala en la que estaban, de una pequeña biblioteca. Luego muchas voces enfadadas del otro lado.
-¡Me están aplastando!-
-¡Tú estás sobre mi pié!-
-¡Mis costillas!-
La orden entera salió de sus distintos pensamientos y se vieron alertados por un momento. No sabían si era algo bueno o malo lo que estaba pasando del otro lado, además que no esperaban a nadie. Se suponía que el viejo director no quería que nadie se enterara de que ellos estaban ahí. Entonces ¿Quiénes estaban del otro lado? Era una excelente oportunidad para hacerse los que no sabían nada y revelarse al mundo actual, por lo menos esa idea se cruzó por la mente de James y Sirius. Ambos merodeadores sonrieron malvadamente.
-Ustedes dos, ni lo piensen- les advirtió Moody acercándose a ellos, apoyado con el bastón, y con una mirada decidida a ponerse frente a la puerta e impedir cualquier plan de los dos hombres.
Lo siguiente nadie lo tenía en sus planes. Un rayo le dio por la espalda a ojo loco, petrificándolo en esa posición. Todos los ojos volaron de inmediato al artífice de eso. O mejor dicho, a la artífice de ese ataque por la espalda. Lily Evans ya guardaba su varita de nuevo en su túnica. James miró con ojos de admiración a su mujer, mientras que Sirius había dejado caer su mandíbula y había enarcado una ceja.
-¿Qué?- se defendió ella de las miradas acusatorias, nadie dijo nada. En secreto estaban muy agradecidos por la reacción de la pelirroja.
Todos se acercaron más a la puerta, era una excelente oportunidad. Pero aún así no lograban escuchar mucho. Sirius y James se tiraron al suelo, para tratar de ver algo por debajo de la puerta, había apenas un pequeño espacio de dos centímetros pero eso no los detendría. Pegaron sus mejillas al suelo helado y se acercaron más, a ver si distinguían algo o alguien que pudiera darles una pista de quiénes estaban del otro lado. Por principio sabían que eran jóvenes, pero de ahí en fuera estaban en blanco.
Alice hizo su contribución, lanzando un hechizo sobre la puerta, que les permitiría escuchar más claramente lo que se dijera del otro lado.
-Rayos, amigo, recuérdamele matar a tu padrino por este aterrizaje-
-El punto es que llegamos Ron- respondió una voz femenina
¿Ron? El nombre pasó por las mentes de todos los presentes y nadie dio con ese nombre. Se miraron entre sí negando con la cabeza. Debían seguir escuchando para averiguar más.
-¿Dónde estamos?-
-Creo que en la mansión del profesor Dumbledore-
-¿El profesor Dumbledore tiene una mansión?-
-Ronald, a veces me sorprende tu falta de inteligencia-
Los merodeadores rieron todavía tratando de ver por debajo de la puerta.
-¿Seguro que la que no está del otro lado es Lily?-le preguntó en un susurro Sirius a James, el Potter se encogió. Ambos voltearon a ver a la pelirroja que los miraba amenazadoramente. Sabía que cuando esos dos susurraban, algo se debían traer entre manos, además, esas risas no significaban nada bueno.
Mejor siguieron escuchando.
Los muchachos dieron un vistazo alrededor, si habían llegado a la mansión del director, ¿no podían salir de esa pequeña biblioteca a la que habían llegado? Ron ya se empezaba a enfermar de tantos libros a su alrededor.
-Tan siquiera vamos a…-
-No- cortó Hermione
-Es que los libros…-
-¡Que no Ronald Weasley!- todos miraron a la castaña que estaba a punto de hechizar a su amigo que estaba terco en salir de donde estaban, La verdad todavía no entendían bien el motivo por el cual debían permanecer ahí.
-Vamos Hermione, no haremos nada malo- se encogió de hombros y buscó el apoyo de los demás, pero nadie dijo nada, a su favor o en su contra. Le mandó una mirada de pocos amigos a Harry.
-No podemos andar como si nada en un lugar desconocido, Ron. Sería de mala educación. Además, no sabemos si el profesor Dumbledore tiene cosas importantes o secretas por ahí, nadie le preguntó si podían hacer un traslador hacia su casa-
Hasta ese punto nadie tenía cosas en contra a lo que había dicho Hermione, y por la cara de la chica, nadie podría hacerla cambiar de opinión. Ya derrotado, ron se fue a sentar a un lado de Harry, quien estaba en un pequeño sofá y no había dicho nada desde que habían llegado. Todos se acomodaron en diferentes lugares para tomar un respiro, había sido un día muy largo y pesado, lo peor del caso es que todavía no acababa.
-¿Qué estará pasando en casa?- todos los Weasley suspiraron pensativos, Harry y Hermione se miraron el uno al otro, no sabiendo que decir. También les importaba mucho lo que pudiera pasar en la madriguera, y a como estaban las cosas cuando se fueron, esperaban que ya todo hubiera acabado.
-Esto es demasiado raro- dijo pensativo Ron, llamando la atención de todos. –Digo, ¿No se supone que la madriguera estaba muy bien protegida?-
-Eso es cierto- secundó Hermione –Según Dumbledore, él mismo había reforzado las barreras alrededor de la casa para que no fuera tan sencillo atravesarlas- la castaña comenzó a caminar por la pequeña biblioteca, pensando en las posibles respuestas a ese dilema.
-¿Significa entonces que las barreras fallaron?- preguntó Ginny
-Papá dijo que las había probado…- comenzó Fred
-…y que eran perfectas- concluyó George
-Quizás…- comenzó Harry en tono tan bajo que no creía haber sido escuchado, pero al ver que tenía la atención de todos, tuvo que continuar -…quizás Voldemort pudo quitarlas-
Se hizo un largo silencio entre todos ellos. Nadie se atrevía a decir nada porque si la versión de Harry era la correcta, pues, solo les indicaba una cosa, y era que Voldemort ya había aumentado su poder. La idea de que el mago oscuro pudiera atravesar cualquier escudo les ponía la piel de gallina. ¿Cómo regresarían a Hogwarts así? ¿Qué tal si el mago se atrevía a lanzar un ataque al colegio? Ninguna familia nunca más podría estar protegida, porque el hecho de desvanecer las defensas del director significaba que su poder había crecido muy, pero muy significativamente. Ahora los dos magos estaban a la misma altura.
Harry palideció en su lugar ¿Cuál sería su lugar en todo eso? ¿Cómo haría para derrotar a ese mago tenebroso? Si a cada segundo que pasaba su poder se incrementaba ¡¿Cómo rayos esperaba el mundo mágico que él fuera quien acabara con Voldemort?! Lo asustó, lo admitía, lo asustó mucho la idea del futuro que se le venía. Tenía 16 años, casi los 17, pero eso no significaba que pudiera hacer lo que muchos habían tratado y que habían muerto en el intento. ¿Por qué solo tenía que ser él? La profecía había sido muy clara en cuanto a ese punto, sobre que uno no podía vivir mientras el otro sobreviviera. Sintió una pesada carga sobre los hombros, ahora más que el año pasado.
Quizás, la supuesta pérdida de Sirius, había nublado sus sentimientos respecto a lo que pensaba de la profecía y cómo tendría que enfrentarlo. ¿Con el regreso de su padrino cambiaba las cosas? Podría ser. Ahora sentía que tenía que sobrevivir a lo que se le viniera, para poder pasar lo que restaba de su vida tranquilo y que su padrino cumpliera con la promesa que le había hecho. El vivir juntos como una familia… y ahora, no sabía si viviría para eso.
¿Por qué solo él?
Hermione salió de su propio trance de pensamientos, al ver que nadie más había hablado y al parecer todos llegaron a la misma conclusión. Suspiró tristemente al ver que no era la única preocupada por el bienestar de todos. Iba a sentarse junto a los gemelos, cuando notó la palidez de Harry.
Por Merlín, lo había olvidado por completo. En un instante se reproducía de nuevo la profecía dentro de su mente, la que les había contado Harry, la que lo conectaba directamente con Voldemort. Dejó atrás el espacio donde se iba a sentar, y se acercó cautelosamente a su amigo. Él no la había notado, hasta que Hermione tomó sus manos entre las de ella.
-¿Estás bien?- preguntó.
Los 4 Weasley voltearon ante la pregunta de Hermione. Ron en especial dio un pequeño respingo al acordarse de cierto detalle. Al ver los ojos de Hermione, sabía que eso era lo que la tenía tan preocupada, él no pudo evitar sentirse igual. Giró todo su cuerpo para quedar frente a frente con su mejor amigo, apoyando la pregunta de la castaña.
Harry los miró a ambos, en sus ojos reflejaban pena y compasión por él. Eso era lo que menos quería. No necesitaba que se preocuparan por él todo el tiempo debido a lo que les había dicho. Deseó nunca haberles contado el contenido de la profecía, eso no los dejaría en paz mientras Voldemort siguiera vivo. Y no sabía por cuanto tiempo sería eso último.
-Si, si…estoy bien- contestó sin muchos ánimos –solo cansado- quiso que eso sonara como mentira solo para que entendieran que ese no era el lugar ni el momento para discutir eso, pero su voz había sonado completamente agotada y no la culpaba, tampoco tenía toda la energía del mundo después de un día como ese.
Ron se levantó del sillón y darle más espacio para descansar, pero Harry estaba tan tieso como una roca que ni siquiera se movió. No se podía relajar por más que quisiera, había un sentimiento latente de que las cosas no habían acabado, así estuvieran lejos del peligro, así Dumbledore apoyara a la orden.
Sirius y Remus estaban muy metidos en la batalla, lanzaban hechizos a diestra y siniestra como si fuera algún tipo de competencia. Pero lo que ellos querían hacer en realidad, era pasársela bien como en los viejos tiempos. A Sirius le había surgido un loco recuerdo de cuando él y James capturaban magos oscuros o salían a las batallas. Trataban de no pensar en lo que estaba pasando, en lo que pasaría si fallaban, y en el tremendo sermón que Lily les daría si regresaban a casa lastimados. Solo dejaban que su mente volara por otro tipo de recuerdos, pensando por ejemplo en qué iban a cenar en cuanto todo acabara, en cuántas horas dormirían después de eso y cosas así.
Remus lo había olvidado por completo, cuando Sirius se lo propuso creyó que estaba loco, pero admitía que se sentía bien el distraer su mente de una batalla tan ardua y dura como esa. Moody les hubiera dicho que estaban locos al pensar en tonterías como esa en medio de una batalla, pues era crucial mantener la concentración para no salir heridos o muertos.
-Gran técnica Padfoot- reconoció el licántropo con una sonrisa
-¿Desde cuando mis planes no son buenos?- preguntó ofendido el merodeador y por la rápida mirada que le dirigió su amigo abrió la boca un poco semi-enojado -¡Hey!-
Así siguieron por varios minutos, no eran muchos mortífagos, apenas y los superaban en número, pero eran muy fieros contrincantes. Se empezaban a preguntar de dónde habían salido esos mortífagos de nueva adquisición. Tenían movimientos y lanzaban hechizos ya muy familiares por parte de los sirvientes del Lord, pero nunca antes habían combatido contra ellos. Se veían más llenos de energía a pesar de ya llevar una hora peleando y eso significaban dos cosas para Sirius:
1.-Los mortífagos eran muy, pero muy buenos –Si como no, y yo me llevo bien con Snivellus- o la otra…
2.-Él se estaba haciendo viejo –Noo pues si ya decía, primero me llevo bien con Snivellus, luego los mortífagos son buenos y por último, solo por último…me hago viejo-
Con una sonrisa siguió su duelo.
Dumbledore estaba luchando no muy lejos de los merodeadores, pero admitía que no se podía concentrar ni un poco en lo que estaba pasando a su alrededor. La llegada de la antigua orden lo había descontrolado completamente, sin mencionar que se sentía bastante presionado por los otros temas que requerían de su atención, uno de ellos era Harry. No podía dejar al muchacho solo ahora que Voldemort parecía más fuerte que nunca, no se terminaba de explicar cómo era que el mago tenebroso había logrado tumbar sus defensas en cuestión de segundos, algo tan rápido, que ni siquiera su orden se había dado cuenta de lo que pasaba hasta que ya era tarde y estaban rodeados.
La profecía seguía siendo otro peligro latente. Las palabras dichas en sí, no tenían ningún efecto en lo que debía ser en la vida de las dos personas vinculadas. Lo que si podía ser era que afectaba los caminos y las decisiones a tomar, porque el fin ya estaba marcado. Al ser uno el que tuviera que derrotar al otro, los objetivos de ambos solo se centraban en eso. Respecto a Voldemort, no duda que ya tuviera todo tipo de planes en mente para acabar con Harry, el mago oscuro no perdía el tiempo en eso. Y las cosas se pondrían muy peligrosas para todos. Antes, Harry se entrometía solo en los planes que tuviera Voldemort, y salía vivo por un milagro. Ahora que los planes se trataban sobre él…bueno, deseaba poder permanecer a su lado todo el tiempo posible.
Y todo llevaba a que la vida de los miembros de la orden corrían peligro de nuevo, como hacía tantos años. Harían todo lo que fuera para proteger a Harry, porque aunque muchos clamaran que el muchacho era huérfano y no tenía familia, -una que lo quisiera-, él tenia el cariño de toda la orden. Los Weasley prácticamente lo habían adoptado como a otro hijo, los maestros de Hogwarts siempre procuraban mantener un ojo en él –en especial Poppy- , él también, aunque muchos no lo creyeran. No veía a Harry como el niño de la profecía, no, lo había dejado de ver así aquél día de Halloween en que su destino se había sellado con la muerte de sus padres.
Y tenía a su padrino y a Remus, ellos dos lo querían demasiado.
En ese momento, al director le llegó una duda a la mente. Cuando había llegado al campo de batalla, lo primero que hizo fue preguntar por los muchachos, Moody le respondió que estaban dentro de la madriguera y que Sirius estaba haciendo un traslador para sacarlos de ahí. Pero ahora, Sirius estaba peleando afuera muy cómodamente sin mirar atrás, o sea, que los muchachos no estaban… habían tomado el traslador… estaban escondidos… ¡¿En dónde?!
Se abrió paso entre los mortífagos y los duelos para llegar hasta un lado de Sirius, yendo directo al punto.
-¡Sirius! ¿A dónde iba el traslador que le diste a los muchachos?- preguntó rápidamente sin parpadear un solo momento, mirando fijamente al animago.
-A tu casa Albus… ¿A dónde más los pudiera haber mandado?- respondió como si nada, pero no alcanzó a decir nada más porque el director salió velozmente en otra dirección buscando a alguien.
Y el director de Hogwarts se golpeaba mentalmente al no prevenir algo como eso ¿Pero quién iba a imaginar que la madriguera sería atacada? Luego, que las circunstancias obligaran a los jóvenes a irse, y qué otro mejor lugar que su casa. No culpaba a Sirius por haberlos enviado ahí, después de todo, no lo había hecho de mala fe y solo pensaba en lo mejor para todos ellos. Claro que era una acertada decisión el mandarlos ahí, Voldemort no se podría acercar sin antes activar las barreras después de querer tumbarlas, y en primer lugar nunca se enteraría de que estaban ahí, pero…pero… bajo otras circunstancias se lo hubiera aplaudido al animago, había sido una decisión acertada…
¡Pero tenía a una antigua orden del fénix dentro de la misma mansión donde también estaba ahora la segunda generación de la guerra! ¡¿En qué cabeza cabía esa combinación?! ¡Si estas dos generaciones ya se habían encontrado, significaba desastres, un terrible y tremendo desastre! Necesitaba que alguien de confianza fuera a su casa, a ver como iban las cosas, a encargarse de mantener a todos en paz, rogando que todavía no se hubieran encontrado. Solo había una persona en su mente que podía llevar a cabo la tarea.
-¡Alastor!- gritó, el aludido se giró y se acercó rápidamente, todavía defendiéndose de los hechizos de un mortífago semi-derribado
-¿Qué pasa Albus?-
La antigua orden del fénix se había quedado en completo silencio. Los muchachos que estaban del otro lado no estaban diciendo ya nada, hasta parecía que se habían quedado dormidos. Pero eso no era lo que los impactó o lo que los había dejado tan pensativos. Era el hecho de que por las palabras de uno de ellos, ahora se habían enterado de que Voldemort seguía vivito y coleando en el mundo de la magia.
Eso sí que los había desanimado, se encontraban, completamente derrotados por esa información, al mismo tiempo que nuevas dudas surgían al pasar los segundos.
¿Habían aguantado 16 años la lucha contra Voldemort?
¿Seguían vivos la mayoría de ellos?
¿Qué había sido de sus vidas y familias?
¿Cómo habían crecido los más pequeños, Harry y Neville?
¿Qué era del mundo?
Esas solo eran pocas preguntas, pero eran las que más les importaban. En especial a las parejas que tenían a dos hijos pequeños. Se encontraban desesperados por saber qué era de ellos en ese futuro, si estaban bien, si habían crecido felices, si seguían con vida. Nadie podría negarle a un padre esa información, se morían por atravesar la puerta que los separaba de los muchachos que estaban del otro lado, para preguntar, si de casualidad, conocían a Neville Longbottom y a Harry James Potter.
Lily y Alice no se podían contener la una a la otra con todo tipo de desgarradores y uno que otro absurdo pensamiento. Pero por la falta de información, sus mentes comenzaban a imaginarse lo peor. ¿Qué se podía esperar de un mundo donde Voldemort seguía vivo? Los nervios de ambas las estaban destrozando, y a sus esposos con ellas. Frank y James intentaban poner las fachadas de fortaleza y de confianza, aún cuando en el fondo ellos desearan hacer lo mismo que ellas, preocuparse por sus hijos.
Sirius, él no podía dejar de mover las manos, se sentía nervioso como si también tuviera un hijo en algún lugar de ese mundo. No sabía si se había casado o algo parecido –aunque lo dudaba mucho- no sabía si debía preocuparse por algo como los demás. Para él, lo único que era realidad en ese momento era que tenía un ahijado de…16 o 17 años. Porque esperaba tenerlo, no se resignaría a la idea de que su pequeño cachorro no viviera. No mientras se llamara Sirius Black.
Y Remus, el se veía preocupado por lo que todos los demás lo estaban. La incertidumbre de no saber lo que había sido de su vida y cómo estaban viviendo ahora con Voldemort todavía al acecho. No era un mundo muy libre el que tenía en mente, no era un mundo, en si, feliz. El licántropo dio un vistazo a toda la habitación, después de las palabras tan reveladoras de un muchacho del otro lado, nadie había vuelto a decir nada, incluso cuando Dumbledore había regresado de la cocina, el director de Hogwarts entendió que por algún extraño método, se habían enterado de algo que no era muy bueno…
Un sonido agudo hizo que todos giraran su cabeza, había sido una aparición. Y la mayoría parpadeó al pensar que estaban viendo doble. Un Alastor Moody muy viejo y demacrado, y otro que seguía petrificado porque nadie se había tomado la molestia de revertir el hechizo.
El recién llegado sacudió la cabeza pensando que ahora sí se había vuelto loco, y repasando las palabras que le había dicho Dumbledore antes de mandarlo a su mansión, concretamente a la sala. –No tengo tiempo de darte detalles, solo quiero que vayas y te encargues de que las personas que están ahí, no se enteren de nada de nuestro tiempo. No quiero que sepan nada de lo que está pasando ahora…y tampoco quiero que los muchachos se enteren-
Había creído loco al director por unos momentos porque no le había encontrado sentido a esas palabras. Y ahora, al tener frente a él semejante escena, no podía dar crédito a sus ojos. Debía ser una trampa.
Confía en mi sonó la voz de Dumbledore dentro de su cabeza. Aclaró su garganta para poder hablar, o lo que él creía por hablar, cuando se dio cuenta de algo importante.
-¡¿Quién hizo esto?!- apuntó a su versión más joven petrificada unos metros delante de él. Nadie respondió.
Pero Sirius se acercó a James con una sonrisa en los labios, mientras le susurraba al oído –Sí es Moody-
Cuando nadie le contestó al Jefe de Aurores, éste pensó que era buena idea tratarlos como en sus tiempos.
-Esta bien, no me lo digan… ¡Pero cuando me entere quien fue el autor de esto…- de nuevo señaló a su cuerpo petrificado -…me tendrán más miedo que el que alguna vez le tuvieron a Voldemort!-
De nuevo un absoluto silencio. Por lo menos hasta que Sirius levantó la mano.
-Este…pues…-rió nervioso -…yo…yo fui- confesó.
Lily giró de inmediato agradecida por el sacrificio del animago, eso era para sus recuerdos más preciados porque rara vez aquél hombre tomaba la culpa de algo que no había hecho. Pensándolo bien, nunca lo había visto hacer algo similar. Así que buscó algo detrás de la acción del merodeador, cuando giró a ver a la versión vieja de Alastor Moody, lo encontró. El hombre negó con la cabeza murmurando cosas por lo bajo, algo como –es un caso perdido-
-Bueno señores, me conocen, los conozco, los conocemos…-comenzó un poco amenazadoramente –vengo estrictamente por órdenes del director a mantenerlos a raya…- posó su vista de uno en uno por los merodeadores los cuales se hicieron los ofendidos. Pero se detuvo cuando vio a Peter, arrinconado cerca de una esquina, temeroso, seguramente pensando que en ese futuro su faceta ya había sido descubierta. Y tiene mucha razón en temer , solo de pensar que por la traición de ese hombre se habían desencadenado tantas penas. La muerte de los Potter, los años en Azkaban de Sirius, la extinción de los merodeadores y las desgracias en la vida de Harry, quizás las cosas hubieran sido muy diferentes. Sacudió la cabeza para regresar a su sermón -…Espero que entiendan que es de vital importancia que no se enteren de cosas que NO DEBEN enterarse- recalcó mucho en el "no deben" después de todo, si se llegasen a enterar de algo, los cambios que podrían hacer cuando volvieran a su tiempo no serían nada favorables.
Todos asintieron no muy convencidos, entonces fue cuando se disculpó argumentando que debía buscar a ciertas personas.
-Nosotros escuchamos voces del otro lado de aquellas puertas- Sirius señaló como si nada a las dos grandes puertas que llevaban al estudio del director, pero se encogió con la mirada del auror. –No hicimos nada malo- aclaró ofendido
-Black, no me lo creeré hasta verlo- contestó con una sonrisa malvada, era bueno tener de vuelta al antiguo merodeador.
Caminó hasta las dos puertas, sabía que un montón de ojos curiosos lo seguían para ver si lograban ver algo cuando abriera las puertas. Así que les indicó que se giraran hacia otro lado –lo cual hicieron a regañadientes- y así poder abrir lo suficiente para entrar. Al hacerlo, cerró rápidamente sin siquiera mirar a los muchachos, y puso un hechizo sobre la puerta para que nadie pudiera escuchar lo que decían.
-Muchachos- suspiró el jefe de aurores asustándolos un poco –que bueno que están bien, ¿Nadie ha salido de aquí, cierto?-
-No- contestaron los gemelos extrañados por la pregunta, pero eso hizo al miembro de la orden dar otro suspiro tranquilo. Un problema menos, por lo menos los muchachos no están enterados de que afuera…
Todo pensamiento fue interrumpido cuando vio a Harry, al parecer dormido en el sofá. De inmediato su frente se arrugó en preocupación. Todos siguieron la vista del hombre.
-Se quedó dormido hace rato- aclaró Hermione –estaba exhausto- el hombre asintió compresivamente…ahora…¿Qué rayos iba a hacer?
Pero antes de que una sola idea se formara en su mente, escuchó un gemido de dolor que hizo a todos girarse al sofá. Harry estaba pasándola mal, pareciera que algo invisible le causaba dolor, pero no duró mucho antes de que el muchacho abriera los ojos algo confundido, al principio, y luego se sentara con tremenda rapidez para articular 3 palabras.
-Voldemort está aquí-
Las caras pálidas de sus amigos no fueron nada en comparación con la de Moody. Luego se escuchó una fuerte explosión por fuera y un grito:
-¡¿Qué rayos…?!-
El jefe de aurores salió rápidamente de la pequeña biblioteca dejando a los jóvenes solos...
muajajaja, yo se que no es un capi tan largo como el anterior, pero como ya llevo dos semanas sin actualizar y como tenía ganas de actualizar, pues subí este... wiii y no tuvieron que esperar dos meses! me siento orgullosa de eso.
Bueno, espero que les haya gustado, gracias por sus reviews =D en verdad! los adoro! por eso escribí de esta historia en especial, pero bueno...wiii...sigo feliz de actualizar.. gracias karen! tu mente macabra ayuda mucho en estos casos...
Caja de chocolates y cervezas de mantequilla a todo aquel que me deje sus lindas palabras en el rectángulo con letras verdes de abajo:
--------ll anypotter ll-------
