...Espejo...

Afuera era un verdadero caos, los hechizos chocaban contra las paredes de la mansión de Dumbledore en tal cantidad como si fueran gotas de lluvia. Los ocupantes, en su mayoría, estaban histéricos al no saber lo que pasaba.

-¿Qué rayos está pasando?-gritó Sirius al mismo tiempo que se giraba a los demás pensando vagamente que ellos podrían tener la respuesta. Pero los estallidos apenas dejaban escuchar sus propios pensamientos y las luces de colores que se encendían como si fuera año nuevo chino, los cegaban por segundos.

La puerta del pequeño estudio de Dumbledore se abrió y cerró con tremenda rapidez, solo dando oportunidad de ver a Moody ya afuera y con la varita lista en mano. El hombre caminó pegado a la pared, con cierta cautela, hasta que pudo acercarse a una de las ventanas, dando un vistazo rápido al panorama de fuera. Solo en un parpadeo pudo contar 15 mortífagos, maldijo mentalmente.

¿Qué quieres que haga ahora Albus? Sin duda, el anciano director de Hogwarts le había pedido mucho al mandarlo a lidiar con ese problema de tiempo que tenían entre manos, ¿Pero lo que estaba pasando ahora? No era algo que esperaran, se suponía que los mortífagos estaban atacando la madriguera y por eso habían sacado a los muchachos, para mantenerlos a salvo. Seguro había sido una trampa, pero, si ni siquiera ellos mismos sabían a donde habían mandado a los muchachos. ¡No era posible que supieran que estaban ahí! A menos de que no buscaran a los muchachos y que fuera alguna otra cosa que les interesara de la mansión de Dumbledore. U otras personas…

¿Había manera de que Voldemort se enterara de que la antigua orden del fénix se encontrara ahí? Giró lentamente la cabeza al curioso grupo que tenía a sus espaldas, todos estaban preocupados por lo que estaba pasando porque no sabían de la situación actual. No sabían a qué se estaban enfrentando y si es que estaban enfrentando el mismo problema de antes. Pero más allá de eso, su aguda mirada se clavó en uno de los merodeadores que estaba arrinconado en una esquina de la habitación, temblando, mirando nervioso los múltiples hechizos que se estrellaban como olas en las paredes.

Peter… gruñó por lo bajo. De los peores problemas a los que se podrían enfrentar, por qué tenían que cargar con el soplón de sus filas. Bastante daño había hecho a todos en el mundo que vivían, como para tener que soportarlo de nuevo, sin mencionar que NO podría matarlo lenta y dolorosamente –Como Sirius querría- porque al regresar todos a su lugar de origen, se crearía un des-balance en la línea del tiempo. No necesitaba que Dumbledore se lo dijera o explicara paso a paso, eso era algo que intuía, era algo que estaba escrito aunque se creyera que los viajes del tiempo entre tan lejanas fechas no fueran posibles.

Diablos ¿Cómo haría para salir de esa?...

-¡¿Qué está pasando?!- exigió James encarando completamente al Jefe de Aurores que no había dicho nada desde que salió. Alastor tragó dificultosamente al decidir qué era lo que les iba a decir, porque no podían quedarse ahí, los mortífagos eran demasiado hábiles y encontrarían la manera de llegar hasta ellos. Además, todavía quedaba el tema de los muchachos…

-¡Un ataque! ¿No se les hace lógico?- tratando de sonar no tan desesperado como en esos momentos de verdad se encontraba, apareció varias capas negras con capucha. Después de tanto meditarlo, ese sería el mejor plan. Se las dio a todos con órdenes de ponérselas de inmediato.

-¿Esto para qué?-preguntó el director haciendo lo mismo que su orden

-Profesor Dumbledore, usted sabe que es muy importante mantener en secreto su estancia en este tiempo. Y tenemos el deber de regresarlos a su época justo como están ahora…VIVOS. De no ser así, podría alterar los futuros eventos…-

-Esta bien Alastor- interrumpió –Tienes toda la razón- la orden resopló molesta tras el director de Hogwarts -¿Pero por qué ocultar nuestras identidades?-

El auror deseó poder aplicarse la maldición asesina para salir de ese enredo, pero conciente de que él era el único que en esos momentos, podía mantener la estabilidad del tiempo, se contuvo. Mordiéndose el labio inferior antes de contestar.

-Creo que ya notaron que los que están afuera son mortífagos…- la expresiones de todos los viajeros se ensombrecieron notablemente al escuchar las palabras de una fuente segura. Sus sospechas se habían vuelto realidad, todavía seguían peleando contra Voldemort -…ellos usarían como ventaja el asesinarlos…- todavía había un punto muy delicado a tratar -…y ya se dieron cuenta de que ustedes no son los únicos en este lugar-

Las miradas volaron a la puerta del estudio.

-Momento- interrumpió Sirius un poco alarmado –según el tono de voz que escuchamos, solo son niños ¡¿Estás demente y piensas sacar a unos muchachos en medio de una batalla?!- al terminar la oración se había quedado sin aire en los pulmones.

-No tengo que darte explicaciones Black, y ellos vendrán con nosotros para protegerlos de los mortífagos. No se pueden quedar simplemente encerrados ahí hasta que todo acabe-

James posó su mano en el hombro de Sirius, no sabía por qué se encontraba tan alterado su amigo, pero por su parte, tenía un mal presentimiento en mente.


Ellos estaban más que impacientes por saber para qué había salido Moody, ¿Cómo se atrevía a dejarlos solos en medio de un ataque? Estaban exhaustos, el día había sido demasiado largo como para ahora agregarle otro ataque sorpresa, y por las palabras de Harry, con el mismísimo Voldemort entre los atacantes.

Hermione empezó a caminar en círculos en lo que quedaba de espacio, entrelazando sus manos nerviosamente y de vez en cuando pasando una mano entre su cabello. Todos la seguían con la vista para no caer cada quien en su propia desesperación. Ron hacía que su pierna derecha diera pequeños brincos, los gemelos tamborileaban los dedos de sus manos sobre sus rodillas, Ginny jugaba con su ropa. Solo llevaban dos minutos solos y la incertidumbre los estaba matando.

Harry dio un largo suspiro y echó su cabeza hacia atrás en el sofá en el que estaban sentados, el dolor de cabeza se había vuelto más que insoportable, un verdadero infierno. No tenía idea de por qué ahora le molestaba tanto la presencia de Voldemort, era difícil decir pero solo podía describir la molestia como el doble de lo que sentía antes y eso no era bueno. Volvió su cabeza hacia adelante y sintió una ola de vértigo atravesarlo. Cerró los ojos y se llevó ambas manos a la cabeza que estaba a punto de estallar.

-¿Harry?- la voz concernida atravesó el dolor y logró llegar a su cerebro.

-¿Her…Hermione?- preguntó él, no sabiendo exactamente si había sido la castaña quien lo había llamado.

-Harry, ¿Puedes oírme?- preguntó de nuevo

-Si Hermione, fuerte y claro- suprimió un leve quejido al sentir la dicha inexplicable de Voldemort

-¿Qué te pasa?-

-Siento como si Voldemort estuviera parado a un lado de mi- argumentó el ojiverde antes de abrir los ojos y encontrar 5 pares de ojos mirándolo preocupados. Por lo menos las figuras eran menos borrosas.

La puerta del estudio se abrió rápidamente y de nuevo entraba Moody, con algo colgando de su brazo. Empezó a repartir capas negras entre los muchachos, para que las pusiera de inmediato.

-¿Y esto?- preguntó de inmediato Ron, haciendo que Moody soltara un gruñido entre frustración y enojo porque era la segunda vez que le preguntaban lo mismo en menos de 3 minutos. ¿No podían solo confiar en sus decisiones? Eran para el bien de todos y lo cuestionaban, argh, se contuvo de maldecir al pelirrojo.

Los muchachos hicieron sin protestar lo que ordenó el jefe de aurores ya que después de la mirada casi asesina que centró en Ron, se debían abstener de comentarios poco productivos.

-No quiero que hablen- les indicó a todos sin mirarlos, estaba espiando por la puerta entre-abierta del estudio a los que se encontraban del otro lado, discutiendo de lo que estaba pasando afuera. –No se llamen por sus nombres a menos de que sea muy, MUY, necesario. De vida o muerte- recalcó en el último enunciado centrando su mirada en los gemelos Weasley, si alguien podía cometer un error como ese, serían ellos.

-Que órdenes tan tontas- exclamó Hermione para sorpresa de todos, los 4 Weasley y Harry se le quedaron viendo -¿Qué?- se defendió ella –No le encuentro sentido a eso-

-Si deseamos salir todos vivos de aquí, recomiendo que las acaten- el tono de voz de Alastor se había elevado a niveles peligrosos, como clara advertencia de que debían seguir sus órdenes.

Aclarado el punto, les indicó con un gesto de cabeza que ya no dijeran palabra alguna pues estaban a punto de salir. Dejó que la puerta del estudio se abriera completamente, ante la mirada expectante de los encapuchados de fuera. Los murmullos de los mayores habían cesado, se quedaron estáticos al ver salir primero a Moody y detrás de él varios muchachos, 6 en realidad.

La antigua orden del fénix no pudo evitar sentirse nerviosa al verlos, sospechaban la edad de estos, y si estaban involucrados tanto con Dumbledore como para tenerlos en su casa, seguro sabían de la orden y por coincidente, de sus hijos. Lily y James sintieron como una corriente eléctrica recorrerlos cuando todos los muchachos estaban fuera del estudio, no sabían por qué pero ahora sentían la necesidad de proteger a ese pequeño y desconocido grupo de adolescentes. Llegaron a pensar que…No podía ser…quizás solo porque eran niños indefensos, eso era lo que los llevaba a protegerlos.

Moody miraba fervientemente entre los dos grupos, consideraba que era demasiado temprano como para que los secretos se descubrieran y en una situación así solo causaría más desastre. Aclaró su garganta para llamar la atención.

-Tenemos que movernos- todos despertaron de sus pensamientos y algunos sacudieron la cabeza. Los más grandes sacaron sus varitas y las aferraron a sus manos. Los más jóvenes, para sorpresa de la antigua orden, hicieron lo mismo como si fueran expertos en ello. Qué esperaban de muchachos que crecieron en la guerra.

Asintieron empezando a moverse sigilosamente por el salón, primero pasó Moody y todavía en el marco de la puerta esperó a que los demás pasaran. Uno a uno los muchachos se fueron turnando bajo la mirada urgida del jefe de aurores y las otras de extrañeza que les dirigían los encapuchados. Sentían que los miraban de manera expectante y curiosa. Le daba la sensación de que querían decir algo, pero por algún extraño motivo no lo hacían.

Moody tenía a todos identificados aún con las capas puestas. Vio salir a Ginny Weasley, seguida de los gemelos, Hermione y Ron, Harry veía de manera insegura en todas direcciones, quizás podía sentir la gran amenaza a la que se enfrentaba. Con un carraspeo, llamó la atención del muchacho, meneó la cabeza indicándole que continuara y así fue, Harry se giró para seguir. Al dar un paso sintió que todo se le oscurecía y terminó cayendo de rodillas al suelo, con ambas manos al frente, deteniendo su completa caída. Escuchó gritos ahogados y otros de sorpresa, pero solo se concentró en salir de la oscuridad que lo rodeaba.

Sintió un par de grandes brazos que lo ayudaron a ponerse de pie, murmuró un apenas audible "gracias" todavía pensando en aclarar todo lo que le rodeaba. Poco a poco funcionó, y notó la mirada concernida de sus amigos y la de extrañeza que sentía sobre su ser por parte de las personas misteriosas. Los dos brazos que lo habían ayudado a levantarse seguían alrededor de él, como esperando algo más.

En el momento en que comenzó todo, Alastor palideció, pensando que hasta ahí había llegado su ingenioso plan. Pero Harry no había caído del todo, logró sostenerse y dar la impresión de que podía seguir. Lo último que esperaba era que uno de la antigua orden del Fénix se acercara a ayudar al muchacho y si sus ojos no lo engañaban, era Sirius. Contuvo la respiración esperando lo que podría pasar.

Segundos después, completamente agradecido a Merlín por solo escuchar la palabra "gracias" como intercambio de conversación, volvió a indicarles a todos que continuaran. Ron y Hermione entraron de nuevo para posicionarse a cada lado de Harry en dado caso de que otra cosa pasara, pero además de eso, no hubo más interrupciones.


Caminaban por los pasillos con suma cautela, cuidando todos sus flancos. Todos ellos, aunque algunos no lo supieran, tenían experiencia con el tema de los mortífagos y sus formas de ataque. Pero de un momento a otro, todos los sonidos habían cesado, dejando en completo silencio la casa, eso no les dio buena espina a nadie, no esperaban que todo hubiera terminado tan fácil.

-Me como mi zapato si los mortífagos no tienen algo planeado- habló uno de los encapuchados mayores. Moody se detuvo y se giró peligrosamente al hombre. Les había dicho que no hablaran, aunque dudaba que los muchachos pudieran reconocer sus voces. En dado caso la del director de Hogwarts y de su propio yo, pero los demás no. Tristemente para muchos. Era James el que había hecho el comentario, los muchachos ni siquiera se inmutaron ante sus palabras. Quizás iban demasiado concentrados en salir vivos de ahí, o no ubicaron ni lejanamente la voz. ¿Por qué las cosas tenían que ser así?

Para sorpresa del auror, hubo una leve respuesta.

-Voldemort está aquí- aseguró Harry. Sus amigos no hicieron comentario alguno, porque al parecer sabían a qué se refería. En cambio se juntaron más y prepararon sus dedos en la varita.

Obviamente, los más grandes se detuvieron, sin decir una sola palabra. Se miraron entre sí, algo shockeados. ¿Cómo ese muchacho podría estar tan seguro? Empezaban a sospechar, que esos jóvenes estuvieran en la mansión del viejo director de Hogwarts por simples razones de coincidencia no les había cuadrado desde un principio, así que se habían inclinado por estudiantes, que tenían algo que ver con Dumbledore. Pero cuando se enteraron de que los mortífagos estaban atacando, desecharon esa idea también, pensando ahora que eran jóvenes que tenían que ver con la orden del fénix. Porque de otra manera, ¿Qué hacían ahí?

Después las duras palabras del joven, repasaron su argumento. ¿Voldemort estaba ahí? No lo habían querido creer en un principio, estaban 15 años lejos de su tiempo. Ahora sabían con certeza que pasarían mínimo, 15 años más peleando con el mago oscuro. James tomó de la mano a su esposa instantáneamente, mientras Sirius ponía la suya sobre el hombro del Potter.

Antes de que Alastor pudiera callar a todos y de ser posible, lanzarles un hechizo que los dejara mudos, -por buena causa-, hubo una fuerte explosión delante de ellos, haciendo a todos saltar y refugiarse donde pudieron. Y antes de que se disipara el humo, los mortífagos encapuchados comenzaron a entrar con velocidad en la sala.

-¡Saben el plan!- gritó una chillona voz femenina, que hizo a Sirius hervirle la sangre.

Moody había perdido de vista por completo a todos. No veía a los muchachos, no veía a los antiguos miembros de la orden del fénix. Al parecer habían empezado a hacer lo que mejor les salía, tanto los jóvenes como los viejos. Y eso no era nada bueno para él. No pudo moverse de donde estaba cuando 3 mortífagos lanzaron todo tipo de maleficios en su contra, obligándolo a empezar un duelo y tener que olvidarse de los demás, por el momento.


En la madriguera, Dumbledore trataba de contener de manera rápida a los mortífagos. Ya no eran muchos, pero parecían muy bravos. Todos estaban encapuchados, dificultando el identificarlos, pero aún así sabía que no eran los del círculo cercano de Voldemort. En algún momento de la lucha había visto a Bellatrix, su voz chillona resonaba por todos lados. También había distinguido a Lucius y a su maestro de Pociones. Éste último peleaba de una manera muy extraña en opinión del director de Hogwarts.

No parecía temer mucho el lanzar hechizos y maldiciones. Pero su orden gracias a Merlín sabía como contenerlos a todos.

Estaba seguro de que aunque no los pudiera ver, seguían entre los que restaban. Pero esa no era la mayor de sus preocupaciones. Hacía poco tiempo que había mandado a Alastor a su mansión, para evitar ciertos problemas. Esperaba que los mayores no hubieran dado con los muchachos y viceversa porque de ser así, tendría demasiados problemas.

Otra cosa llegó a su mente de la nada, recordaba haber visto a un mortífago desaparecer. Bajo y algo llenito, quizás alguno de nuevo ingreso al servicio del Lord. Pero no le preocupaba –por ahora- que el mago oscuro tuviera más manos a su causa de la noche a la mañana, no, lo que lo tenía con pendiente era que quizás el mortífago había escuchado lo que Sirius le había dicho, cuando preguntó por lo muchachos…

-¡Sirius! ¿A dónde iba el traslador que le diste a los muchachos?- preguntó rápidamente sin parpadear un solo momento, mirando fijamente al animago.

-A tu casa Albus… ¿A dónde más los pudiera haber mandado?- respondió como si nada

No, no podía ser que aquél mortífago hubiese escuchado. ¿O si? De nuevo la descripción del mortífago había llenado su cabeza. Bajito y lleno, Bajito y lleno, bajito y lleno… ¡PETER!

Si, si era Peter. El antiguo merodeador, seguía vivo después de todo. Y ahora se enfrentaba al hecho de pensar que el hombre había ido con Voldemort, a avisarle del fallo del plan y de la localización de los muchachos. Aunque sabía que su casa era una de las mejores protegidas de todo el mundo, las barreas él las había levantado con mucho esfuerzo. Si Voldemort intentaba atacar su casa, primero debía derribar las barreras y eso le tomaría mucho tiempo. El suficiente mientras ellos terminaban con los mortífagos y luego se preocupaban por llegar a su mansión.


Harry estaba seguro de que no era coincidencia los mortífagos en el lugar. Lo buscaban a él –como siempre- y para llegar a él pasarían por encima de quien se opusiera. Sus amigos, Moody…hasta tenía el presentimiento que los extraños también pues parecían ser parte de la orden. Una parte que Harry no conocía y por las reacciones de sus amigos, ellos tampoco.

Como sea, ahora buscaba una salida. No conocía la casa del profesor Dumbledore como para aventurarse por sus habitaciones esperando encontrar el escondite perfecto. Además, no sería él si decidiera esconderse cuando Voldemort lo buscaba. En realidad, siempre salía al enfrentamiento con el mago oscuro, eso se había convertido en una triste rutina anual. Pero, pensándolo bien, no creía que a Voldemort se le hubiera bajado el enojo por irrumpir en su cueva y sacar el Horrcrux. Aunque ahora recordaba que Regulus había dicho algo sobre que él ya había entrado tiempo atrás a cambiar Horrcruxes. Rió a pesar de su mala fortuna, Voldemort suponía tener otro motivo para matarlo, cuando la verdad era que el objeto por el que Harry y el Director de Hogwarts habían arriesgado el cuello solo era una copia falsa.

Entre los hechizos que volaban en todas direcciones, no pudo pasar por alto la forma en la que peleaban los extraños. Se veían muy bien entrenados y parecían tener experiencia en la lucha contra Voldemort. Inclusive hacían un gran equipo lanzando hechizos en el momento exacto y defendiéndose de otros al mismo tiempo.

-Así es como alguna vez pelearon mi padre y Sirius…- pensó amargamente el muchacho.

Por otro lado, también veía como sus amigos buscaban un lugar donde protegerse. Los mortífagos seguro les tenían ganas a todos por lo del incidente en el ministerio. No pudo evitar sonreír de nuevo. Los mortífagos también se habían llevado su castigo por tremenda falla. Eso si era parejo.

Moody peleaba a lo lejos con tres mortífagos, Harry sabía que no podía ayudar poniéndose al descubierto a la vista de los seguidores de Voldemort. Eso solo haría a los demás distraerse de sus duelos y dejar su seguridad de lado por el bienestar de él, lo cual era lo que menos quería. Debía encontrar primero la manera de escabullirse fuera del campo de batalla, y hacer algo productivo a la lejanía. Era hora de tener su encuentro con Voldemort como cada año, aunque esta vez se había retrasado un poco. Esperaba tener la misma suerte que siempre y que su valor no flaqueara ante el poder creciente del mago.

Después de todo, "pues ninguno puede vivir mientras el otro sobreviva". De nuevo esa maldita profecía.


Estaba conciente de que había sido una estupidez en alejarse tanto. Todos peleaban dentro de la casa, en la sala, mientras que él había encontrado la forma de llegar hasta los jardines traseros. Creía un milagro el que no lo hubieran detectado. Esperaba que Moody no lo asesinara por eso, si lograba sobrevivir de aquí a que la orden llegara a prestarles apoyo. ¿Acaso no estaban enterados de lo del ataque?

Caminó a ciegas en la oscuridad, casi no podía ver nada más allá de dos metros. Lo único que podía iluminar era la luna que en esos precisos momentos se encontraba oculta por unas gruesas nubes. De no saber que dentro de la casa se llevaba a cabo una pelea a muerte, podría jurar que todo estaba tan pacífico como la noche misma. Tan pacífico que le aterraba. Voldemort podría…

Un fuerte dolor lo atravesó desde la cabeza y luego a todo su cuerpo. Justo como el que recordaba haber sentido en Grimauld Place hacía unas horas. La presencia de Voldemort era potente en su mente, más no intentaba entrar en ella. Terminó cayendo al suelo de rodillas tomándose la cabeza con ambas manos, casi seguro de que se le partiría en dos si fuera posible. El dolor era más fuerte que el que sintió el día en el ministerio, más fuerte que la maldición cruciatus. Y se sentía tan aterrado como aquel viaje a la cueva del Horrcrux. No tenía idea de por qué estaba pensando en todas esas similitudes ni por qué se sentía más afectado que en cualquier otras veces que le había pasado lo mismo. Aún cuando Voldemort había podido tocarlo libremente en el cementerio al final del Torneo de los tres magos, le dolor no era ni remotamente comparable.

Pero Voldemort no osaba hacerse presente.

Para el colmo de su suerte, a pesar del fuerte dolor de cabeza que nublaba la mayoría de sus sentidos, pudo ver su agitada respiración frente a sí mismo. Al mismo tiempo que el césped sobre el que estaba hincado comenzaba a cristalizarse con súbita rapidez. Maldijo su suerte, ahora no tenía mucho sentido estar fuera de la casa ¿Verdad? Alejó sus temblorosas manos de su cara, para poder vislumbrar qué tan grande era este nuevo problema. Pero cuando la oscuridad se apropió de las pocas fuentes de luz que quedaban, dio por hecho de que estaban en un grave aprieto.

Los dementores surcaban el cielo como si fueran simples aves, rodeando la casa en espera de un alma la cual succionar.

Harry sabía de antemano que él era una las presas favoritas de esas criaturas tanto como de Voldemort. Esas circunstancias le habían obligado a defenderse de ellas a tan temprana edad. Solo tenía una opción y lo sabía, los demás estaban demasiado ocupados como para ahora defenderse de los dementores y si quería ser de ayuda, debía encargarse de ellos él mismo. Todos se darían cuenta de que no estaba con ellos…

-¡Expecto Patronum!- gritó sin esperar más, y como siempre, se hizo presente el imponente ciervo que representaba a su padre.

Su patronus comenzó a embestir a los dementores con una sorprendente fuerza, galopando a toda velocidad de un lado a otro para asegurarse de que todos se marcharan. Despidiendo un imponente brillo plateado como clara advertencia.

Y sonrió como cada vez que lo invocaba. No importaba las circunstancias en las que estuviera. Era un alivio siempre ver a la forma animaga de su padre ayudarlo de alguna forma. Además, recordaba tantos momentos felices, que lo embargaban completamente. Eso le permitía saber que aunque sus penas aumentaran con el paso del tiempo, no olvidada aquellos viejos momentos en los que realmente había sido feliz. Su padres, sus amigos…Sirius.

El ciervo desapareció tan rápido como había aparecido. Harry maldijo el desviarse de sus pensamientos originales. Al recordar a su padrino, vino a su mente la trágica noche del departamento de misterios y su sufrimiento a lo largo de su sexto año. Ahora, aunque supiera que aquello había sido para nada, que su padrino seguía vivo, lo había hecho sufrir demasiado como para poder olvidarlo tan fácil. La profecía voló a su mente ahora, recordándole que debía terminar con Voldemort si quería vivir. Pero para eso había un gran impedimento, los Horrcruxes.

Poco a poco su mente se llenó de los peores recuerdos de su vida, el patronus había resultado algo contraproducente. No supo cuándo había caído de nuevo al suelo, lo único que podía decir era que el frío calaba dentro de su túnica y sus manos temblaban tan violentamente que su varita había resbalado de ellas. Ya no sabía que factor causaba todo eso, si los dementores o la todavía presencia de Voldemort en las cercanías. Estaba muy cansado como para distinguirlo, y todo alrededor se empezaba a poner negro, mientras su mente caía un gran vacío. Su cuerpo estaba adolorido, el vértigo se hizo presente. La energía parecía irse a cada segundo.

-Oh, Potter. No puedes descansar todavía…- siseó una voz en la oscuridad, que Harry alcanzó a distinguir perfectamente a pesar de todo -…tenemos asuntos pendientes- la siguió una risa macabra que atravesaba el aire y se unía al frío de los dementores.

Harry intentó moverse, contestar, dar una seña de que estaba vivo y que no era intimidado por la presencia de Lord Voldemort. Pero simplemente su cuerpo no respondía y protestaba por cada intento. Su voz parecía haberse ido de repente, lo único que atinó a hacer era clavar desde el suelo, su mirada esmeralda en las rendijas rojas del señor tenebroso.

Lord Voldemort sonrió complacido.

-Así que esta es nuestra pequeña amenaza- siseó una voz muy parecida a la de Voldemort desde las tinieblas. Harry no sabía que pensar ahora ¿Qué estaba pasando?, el dolor en su cicatriz explotó instantáneamente haciéndolo quejarse y llevarse de nuevo ambas manos a la frente, tratando desesperadamente de detener lo que sea que pasara.

-Si, he aquí al famoso Harry Potter. El-niño-que-vivió- se burló el mago tenebroso, dando unos pasos hacia Harry, para deleitarse más con el sufrimiento de su enemigo. La persona que estaba en las tinieblas comenzó a caminara también, hasta pararse a un lado de Lord Voldemort. Ambos observaban al indefenso muchacho.

Él sabía que lo estaban observando, que esperaban que hiciera algo que fallaba y eso les daría, a Voldemort y a quien sea que fuera el otro, una satisfacción enorme. Debía enfrentar a su enemigo, como siempre lo hacía. No dejarse vencer por el dolor que lo embargaba en cada hueso de su cuerpo, no ahora. No cuando sabía que de él dependía la vida de muchos, como lo había dicho la profecía.

Abrió los ojos lentamente, para enfocar a Voldemort sonriendo malignamente, y a su lado…

-¿Qué?- susurró para si mismo dolorosamente, veía de Voldemort a su acompañante y del acompañante a Voldemort. ¿Qué clase de truco era ese? ¿Voldemort lo estaba poseyendo de nuevo y por lo tanto veía eso? ¿O Lord Voldemort estaba parado a un lado de un gran espejo? A pesar de que el otro llevara una capucha sobre su cabeza, había visto los mismos ojos rojos y llenos de maldad en su cara.

-Sorpresa sorpresa- susurró quien Harry creía su peor pesadilla –Veo que logramos sorprenderte- siseó complacido.

Otra ola de dolor atravesó fuertemente a Harry, más fuerte que la anterior. Obligándolo a encogerse más en el suelo de manera protectora, apretando más sus manos en su frente.

No podía ser, no podía ser. No podía ser que Voldemort hubiese encontrado la manera de duplicarse y ahora estar parado frente a él como una doble amenaza. No era posible…

-¡Argh!- gritó el muchacho dolorosamente sin importarle ya frente a quien estaba porque no podía soportar ese dolor.

-Ahora parezco ser digno de tus últimos y agonizantes momentos- siseó el señor Tenebroso, causando la risa de su idéntico acompañante. Pero Harry no lo escuchaba, estaba más ocupado en mantenerse consciente hasta que alguien pudiera ayudarlo, claro, si es que llegaban a tiempo.

Sintió que algo caliente se deslizó entre sus dedos, algo que comenzaba a mojar su mano. Abrió un poco los ojos, y dio un respingo involuntario al ver sangre en su temblorosa mano. Cerró los ojos de nuevo tratando de encontrar la fuente, y pronto sintió como algo resbalada de su frente. –Maldición- pensó para si mismo. Solo eso le faltaba.

Ya pronto no importaría, sentía sus sentidos abandonarlo poco a poco. El calor de su cuerpo ya era casi inexistente. Su respiración era apenas visible. En cualquier momento ya no…

-No tan rápido muchacho- sintió como una mano se enlazaba en su cuello y luego lo obligaba a levantarse lentamente hasta quedar sobre sus pies. Aún así la huesuda mano de Lord Voldemort siguió ejerciendo fuerza, acortando más el flujo de aire a los pulmones del muchacho. -¿Creíste que te salvarías tan fácil después de haber robado mi Horrcrux?-

-¿Llegó a tanto?- preguntó la copia de Voldemort

-Es un muchacho problema, no sabe de límites- siseó como respuesta

-Debe ser castigado-

-Y nos quitaremos una piedra del camino- aseguró

-Te cedo los honores, después de todo, tú lo conoces mejor y creo que tienes más motivos para asesinarlo-

El Lord Voldemort de 1997, que había peleado ya 5 veces con Harry Potter, levantó su varita lentamente. Y sonrió al saber que ese era el fin de sus problemas.

-¡Avada…!-

-¡Desmaius!- un grito en la cercanía hizo que Lord Voldemort detuviera el hechizo.

A pocos metros se encontraba un encapuchado, con la varita levantada amenazadoramente contra el mago oscuro. Quizás el hombre no lo hubiera hecho de haber sabido que había dos Voldemort en el lugar. Pero algo lo había hecho salir y había encontrado a un indefenso muchacho del grupo que Alastor había sacado de una pequeña biblioteca hacía unos minutos, que no pudo evitar salir en su rescate. A pesar de no saber quién era, no estaba en su naturaleza dejar a nadie morir y menos a inocentes. No sabía por qué pero también tenía el sentimiento de angustia por el muchacho que no parecía estar en muy buen estado.

A Sirius Black no le había importado ver a Lord Voldemort, tal y como era –eso creía- en el tiempo al que habían llegado. No era tan diferente al que ellos combatían, pero el hecho de tenerlo ahora frente a frente, le hicieron sentir un gran nudo en la garganta que de inmediato despejó para poder prestar ayuda al indefenso muchacho. Después de todo ahora sabía que los muchachos tenían que ver con la orden, si Voldemort lo quería matar, como quería hacerlo con su pequeño ahijado en 1981, significaba que el mago tenebroso quería librarse de futuras amenazas.

-¡Deja al muchacho en paz!- advirtió con todo el valor que pudo juntar, lo cual considerando las desventajosas circunstancias en las que estaba, ya era mucho que decir.

El encapuchado que estaba junto a Voldemort rió maléficamente. Sirius casi creyó que había sido Voldemort quien había reído pero, al verlo ahí tan imperturbable, solo le hizo pensar que su cabeza le estaba jugando trucos. No debía dudar, no cuando alguien lo necesitaba.

Harry por su parte ni siquiera se daba cuenta de que alguien lo intentaba ayudar, menos que la voz era parecida a la de su padrino.

Y de pronto, de la nada, apareció un gran perro negro que embistió a Lord Voldemort, haciéndolo soltar su agarre sobre el muchacho. En el patio trasero apareció Voldemort seguido por varios magos. Algunos pelirrojos, y otros que no lograba reconocer el encapuchado Sirius Black. Pero el gran perro negro era el que había captado su atención desde un principio, lo reconocería en cualquier lugar…

-¡Sirius!- gritó un hombre que venía llegando.

Remus pensó el encapuchado con sorpresa. Su amigo, ¡seguía vivo! Y…él también.

El enorme perro negro se alejó de Voldemort, dejando que Dumbledore se encargara de eso. Mientras tanto, corrió a todo lo que sus pies le permitían a lado de su ahijado. Se detuvo por un segundo, observando con miedo la inmóvil silueta y temiendo lo peor. Temiendo no haber llegado a tiempo. Se tiró de rodillas a su lado y lo levantó con delicadeza hasta tenerlo contra su pecho.

-Oh Merlín, oh por Merlín- comenzó a decir cuando lo sintió tan frío -¡Remus!- le gritó su amigo desesperadamente quien estuvo a su lado en cuestión de segundos.

Desde la distancia, un muy atónito Sirius Black agradecía tener la capucha sobre su cabeza que ocultaba todas las emociones en su rostro. Respiraba profundamente tratando de calmarse. Observando la interacción entre su yo más viejo y el joven que aún no podía ver. ¿Por qué el se comportaría tan preocupado con un muchacho? ¿Qué tenía de especial? O acaso…

¡¿Tenía un hijo en un futuro no muy lejano?!


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