…Verdades…
Desde la distancia, un muy atónito Sirius Black agradecía tener la capucha sobre su cabeza que ocultaba todas las emociones en su rostro. Respiraba profundamente tratando de calmarse. Observando la interacción entre su yo más viejo y el joven que aún no podía ver. ¿Por qué el se comportaría tan preocupado con un muchacho? ¿Qué tenía de especial? O acaso…
¡¿Tenía un hijo en un futuro no muy lejano?
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Sirius estaba no estaba preocupado, claro que no… estaba muerto de miedo por lo que estaba pasando y estar ahí, sentado sobre el húmedo césped –que se había vuelto frío gracias a los dementores- solo le hacía sentirse como aquellos días en Grimauld Place, como un completo estorbo. Odiaba el tener ese sentimiento, odiaba estar atado de manos en muchas formas ya que se suponía que era un peligroso convicto de Azkaban, y ahora sobretodo, uno muerto. Maldijo su destino.
Pero sabía que eso no ayudaría a Harry.
Lo apretaba contra sí como si la vida del muchacho dependiera de ello, no se atrevía a despegarlo un poco para ver su rostro porque temía ver algo que no le gustara. Incluso sabía que Remus había llegado y estaba a su lado, esperando poder hacer algo pero él no lo dejaba. Estaba asustado como pocas veces en su vida, una fue la noche de Halloween, otra en el departamento de misterios, y ahora. No tenía la certeza de que las cosas salieran bien, porque para su desgracia, nunca lo eran. Tenía una maldita suerte que lo seguía a donde fuera.
-Sirius, déjame ver- susurró Remus un poco desesperado por hacer entrar en razón al animago, necesitaba ver a Harry.
-No…no- repitió el merodeador cerrando los ojos, como esperando que fuera una pesadilla y se desvaneciera –No…no tiene nada, no puede…no, es mi…está bien, es todo lo que tengo- al final sus palabras se habían convertido en sollozos desesperados, que le estaban costando toda su entereza a Remus ya que debía hacer algo para calmar al hombre y hacer algo por Harry. Él tampoco sabía que había pasado con el muchacho.
Como pudo, hizo que los brazos de Sirius disminuyeran su agarra sobre el cuerpo inerte del joven, al no poder ver muy bien todavía, lo recostó de nuevo en el césped. Notó lo pálido que estaba, por causa de los dementores. Pero sobre su blanco color, relucía el rojo sangre en su frente y su mano. Sudaba frío y su respiración era lenta, muy lenta. Se veía agotado, exhausto, pero fuera de todos esos factores –que obviamente no pasaban desapercibidos- parecía estar bien, pero de todas formas necesitaba atención médica.
Giró a su amigo que se encontraba sumamente perdido en sus pensamientos, puso una mano en su hombro y lo sacudió un poco.
-¿Sirius?- el hombre abrió los ojos poco a poco, con evidente miedo de lo que sea que fuera a encontrar, pero su mirada volvió a Harry en cuanto pudo. Entonces las lágrimas amenazaron con salir, al verlo tan indefenso.
-Es mi culp…-
-No- le cortó fervientemente Remus antes de que siquiera completara la frase, lo obligó a mirarlo a los ojos –Nadie sabía que los mortífagos lograrían entrar aquí, se suponía que los muchachos estaban seguros- sonaba tan seguro que hasta él mismo se sorprendió, solo esperaba poder transmitirle esa seguridad al animago. -Él te necesita en estos momentos-
Eso bastó para que algo dentro de Sirius cayera en su lugar, guardando todo tipo de pensamientos y sentimientos que no le ayudarían. Centrando toda su fuerza en un solo objetivo, y ese era el bienestar de su ahijado. Le dirigió una pequeña sonrisa al licántropo y pronto tomó a su ahijado en brazos.
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No sabía si era bueno el tener el oído tan desarrollado, el poder escuchar cosas que otros no. Porque no estaba seguro de querer enterarse de lo que estaba pasando frente a sus ojos. Él estaba vivo en esos tiempos, eso era algo bueno, al igual que Remus. Quizás solo esos datos eran necesarios para calmar un poco las ansias, pero, que de repente le cayera una revelación para la cual no estaba preparado, era un tema distinto.
-¿Canuto?- una mano cálida se posó en el hombro del animago, quien se asustó al principio dando un pequeño brinco. Pero después de distinguir a Remus, no dijo nada. Continuó con su mutismo y su mirada clava en aquél punto no muy lejano.
El licántropo estaba algo confundido por la expresión de su amigo, ¿acaso había pasado algo? Siguió su mirada hasta un punto más adelante, donde había un cuerpo joven tendido en el suelo y dos hombres a su lado.
-¿Murió alguien?- preguntó con voz sombría el hombre-lobo, aferrando más el agarre en el hombro del animago.
-No…no lo se- estaba sorprendido de haber encontrado su voz, justo cuando iba a decir algo más, los dos hombres a la distancia levantaron sus cabezas y se pusieron de pie, uno de ellos con el joven desconocido en brazos. Sirius escuchó el respingo de Remus quien seguro había notado lo que él, y le tomó tiempo para encontrar su voz entre la sorpresa y la curiosidad.
-¿So…somos nosotros?- no se notaba tan seguro de querer una respuesta, pero un leve asentimiento de Sirius le bastó para confirmarlo. No sabía cómo sentirse, era una extraña combinación entre ¿alegría, sorpresa e incredulidad? Y al responder esa pregunta, surgieron obviamente miles más que no quería siquiera ni pensar porque le dolería la cabeza. Aunque no podía evitar la curiosidad de una, al saber que estaban vivos, varios años en el futuro, había tiempo para que pasaran muchas cosas.
¿De dónde había salido ese muchacho?
¿Por qué el Sirius de ese tiempo, se veía tan preocupado por él? Corría con el muchacho en brazos, gritando a alguien por ayuda como si…como si no pudiera dejar que nada le pasase al joven. No es que Sirius no hiciera algo bueno por alguien, siempre procuraba de los demás. Pero, no podía ver más allá de que se veía en extremo desesperado por la salud del chico. ¿Lo conocía? Obviamente ¿Era alguien cercano? Quizás eso explicaría su manera de actuar ¿Qué tan cercano?
-Sirius, ¿Quién es el much…?- pero no alcanzó a completar la pregunta para su amigo que se encontraba tan aturdido como él. Una voz ladró detrás de ellos, no enojada, pero sí requería inmediata atención.
-Moody- susurró Sirius saliendo de sus pensamientos, sacudió la cabeza un poco pero no pudo evitar dar un último vistazo donde se encontraba su yo más viejo, platicando con el Dumbledore de ese tiempo.
El viejo auror, al notarlo, no pudo evitar sentir miedo. No tenía la certeza de que los jóvenes merodeadores que tenía frente a él no se hubieran enterado de nada. Es más, apostaría su ojo bueno a que se habían enterado por lo menos de algo sobre ese tiempo, algo importante, algo que –conociéndolos- se les metería en el fondo de sus cabezas y no pararían hasta averiguar la completa verdad. Algo no muy benéfico para nadie. Oh, esperaba que Albus tuviera una muy, pero muy buena solución para el problema en el que estaban metidos, o se las verían difíciles.
-Vengan conmigo- les ordenó a los dos hombres que se encontraban mirando hacia otro lado con curiosidad. Los dos de inmediato se giraron y empezaron a caminar en la dirección que Alastor les ordenó, metiéndose de nuevo a la mansión. Pero él no pudo evitar mirar también en la dirección en la que los dos hombres habían estado mirando y encontrarse con algo muy delicado. Justamente los mismos dos hombres con algunos años más encima, y un pequeño inconveniente con ellos. Un muchacho.
Giró su cabeza con suma rapidez por donde los hombres más jóvenes había entrado, ¿Lo habían reconocido? ¿Habían visto o escuchado algo de vital importancia? Todo, TODO en ese tiempo giraba alrededor de aquél muchacho de 16 años, y ahora, si acaso sabían lo que les deparaba…rayos, la fase del anonimato de todos quedaba descartaba. Había que detenerlos de buscar información por su cuenta, había que decirles o darles algo en concreto, para que se detuvieran. Debía decirle a Dumbledore.
Entró al salón donde de nuevo había reunido a los antiguos miembros de la orden del fénix –pensándolo bien debía dejar de decir eso de "antiguos" ¿cuánto era, solo como…15 años tal vez?- bueno, volviendo al tema…
Todos estaban reunidos hablando en el tono más bajo que podían conseguir, seguramente juntando piezas de información o detalles que no habían pasado por alto durante la batalla, y ahora estaban sacando conclusiones –Espero que erradas- pensó el hombre. Aún con la mirada desaprobatoria del Dumbledore del pasado, continuaban tratando de unir cabos y descubrir algo nuevo. Extrañamente, Sirius y Remus se mantenían callados.
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Albus Dumbledore observaba como en media hora todo se le había salido de las manos. La visión de Harry, el ataque sorpresa a la madriguera, el ataque a su mansión, la casi extinta antigua orden varios años en el futuro, los problemas que todo junto traía, y Harry. El decir que el padrino del Gryffindor estaba hecho un nudo de nervios era poco, aunque el hombre luchaba por mantenerse lo más controlado posible, no era mucho.
-Sirius…- el aludido de inmediato prestó atención –lleva a Harry a una de las habitaciones del segundo piso. Llamaré a Madame Pomfrey- no se lo tuvieron que decir dos veces cuando el hombre ya había hecho su camino y muy cerca de él, Remus.
Dejó salir un suspiro cansado, tenía que averiguar qué había pasado exactamente, cómo, y dar muchas explicaciones a todo el mundo. Sabía que tenía dos Orden del Fénix en su mansión, 4 de ellos estaban muertos en ese futuro, y obviamente el hecho de que se pudieran encontrar caminando por la casa no era una idea que le agradara, era lo último que quería.
Hubiera considerando, en otras circunstancias, lo divertido que era tener a dos Alastor Moody frente a él. No había muchas diferencias entre ambos, cuestión de unas pocas arrugas. Los dos dispuestos a seguir órdenes. Primero se giró al más joven.
-Alastor, necesito que te encargues de que todos se queden en el comedor por ahora. Necesito algo de privacidad ahora para arreglar lo que pasó y diles que prometo ir a hablar con ellos más tarde-
-Como diga director- contestó el hombre de inmediato, pero cuando estaba a punto de irse, Dumbledore lo detuvo de nuevo.
-Por ningún motivo deben salir, y por favor, dile a mi pasado, que necesito de su presencia aquí- terminó, dejando al auror ir.
-¿Qué piensas hacer Albus?- preguntó el otro Moody, todavía no le había informado de lo que había descubierto al director. Y ese no era el momento.
-Por el momento, evitar casualidades. Debo levantar nuevas y más poderosas barreras alrededor de la casa, sin mencionar que Harry me preocupa-
-¿Pasó algo con Potter?- preguntó de inmediato el hombre, su ojo mágico se giró a la mansión.
-No, no lo creo. Pero, Sirius se veía muy preocupado. Alcancé a entender que Voldemort y alguien más que estaba con Tom, se estaban divirtiendo con Harry- se llevó una mano a la cabeza para masajearse la sien.
-Ese maldito no pierde oportunidad ¿No es así?-
-Claro que no. Como sea, madame Pomfrey llegará en cualquier momento. La diriges a la sala donde está la orden, y también evites que cualquiera de ellos salga-
-Les debes explicaciones desde la mañana- comentó el ex-auror comenzando lentamente su camino hacia la casa. Dando una última mirada al viejo y pensativo director que contemplaba la noche con preocupación expresándose en cada arruga de su cara.
Moody solo pensaba que la única forma de arreglar todo eso, sería la manera menos deseada, pero por un lado, la más fácil.
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Sirius odiaba esas situaciones en las cuales no sabía qué hacer para mejorar el ambiente. La señora Pomfrey ya había echo su trabajo, vio a Harry e hizo todo lo que estaba en su poder para ponerlo cómodo. Había funcionado de maravilla. Y lo agradecía con cada poro de su ser, pero ese sentimiento de que él no había echo nada no se iba a pesar del paso de los minutos.
Del lento paso de los minutos…
Estaba sentado a un lado de la cabecera de la cama, pasando su mano por el cabello de Harry. El muchacho se había movido más cerca de su padrino en los últimos minutos, buscando seguramente protección después de lo que había pasado. Y Sirius lo comprendía, no podía evitar sentirse orgulloso de que en ese momento, Harry dejara que otros se preocuparan por las cosas alrededor y lo dejara hacer su trabajo como su padrino que era.
Entró Remus con sumo silencio en la habitación, llevando en sus brazos un bulto de ropa. Sirius le había pedido de favor que si podía ir por ropa limpia para Harry en Grimauld Place y el licántropo había partido de inmediato. Ahora que había regresado, lo primero que notó es que madame Pomfrey ya había hecho lo suyo. Sobre una mesita a un lado de la cama se encontraba un surtido de pociones listas para usarse.
-¿Qué pasó?- preguntó una vez que estuvo lo suficientemente cerca de Sirius para no hablar muy alto. El animago ladeó la cabeza de un lado a otro dándole a entender que las no cosas estaban bien pero no tanto. Un punto intermedio. –Bien- susurró el hombre-lobo aliviado y dejando de lado lo que llevaba.
Acercó una silla para platicar con Sirius. Pero no duraron mucho en esa escena cuando el profesor Dumbledore apareció por el marco de la puerta, su rostro envejecido en tan solo una hora, le dirigió una sonrisa cansada a los dos hombres antes de dar su propia inspección a la figura de Harry.
-Espero que todos estén cómodos- dijo el viejo hombre acercándose aún más, los dos merodeadores asintieron con la cabeza. Pero Remus tenía muchas cosas que preguntar, muchas dudas. Le ganó el siguiente argumento a Sirius.
-Albus, ¿Qué pasó? Digo, ¿Cómo pudieron atravesar los mortífagos las murallas de la madriguera y de tu…- El director levantó una mano deteniendo a Remus
-Eso, Remus. Es lo que quiero averiguar, pero antes me temo que necesito explicar otras cosas-
-¿Qué tipo de cosas?- preguntó Sirius por primera vez, eso de "cosas" no le gustaba como sonaba. El director dio un largo suspiro antes de continuar, ganando la impaciencia y curiosidad de ambos hombres que no sabían si ponerse nerviosos o no.
-¿Recuerdan cuando esta mañana los saqué súbitamente del comedor?- preguntó, no esperando una respuesta exactamente -…Pues, llegaron unos visitantes inesperados-
-Por la forma en la que nos sacaste del comedor, Albus, vaya que eran inesperados- comentó Sirius
-Siento mucho eso- se disculpó sinceramente el hombre –Pero como decía, estos invitados se encuentran en este momento en la mansión también-
-De casualidad… ¿No son unos encapuchados de negro?- preguntó Remus, los hombres que había visto tenían sus rostros muy bien ocultos por razones que no entendía, pero habían ayudado mucho.
-En efecto-
-¿Por qué esconder sus identidades?- preguntó Sirius de inmediato, no estaba para andar confiando sin razones, no quería cometer errores como los del pasado. El director pareció leer los pensamientos del animago pues sonrió tristemente.
-Eso, es lo que quiero explicar. Pero, es un tema un tanto delicado y preferiría que esté toda la orden presente al momento de explicarlo-
-A menos de que planees hacer la reunión en esta habitación, yo no me pienso alejar de Harry- Dumbledore sabía que ese sería el primer argumento de Sirius y no pudo evitar sonreír ante la nueva actitud del hombre. Parecía tomarse más en serio las cosas, no es que antes no lo hiciera.
-Esperaremos Sirius, es de vital importancia que todos estén presentes para tomar ciertas decisiones. Y esta vez, los muchachos deberán estar presentes también- los ojos azules del director tintinearon al mencionar a los jóvenes y al ver las expresiones de los dos merodeadores. Ante la próxima protesta del animago, se adelantó: -Cuando llegue el momento lo entenderás, Sirius-
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Albus no pudo dormir esa noche. Sabía que si no arreglaba todos esos problemas que tenía entre manos, no podría descansar. La idea de que por algún extraño incidente, las dos Orden del Fénix que en ese momento habitaban su mansión se encontraran, lo desvelaban y ni siquiera podía distraer sus pensamientos de ese hecho. Quería aclarar las cosas lo más pronto posible, sabía que estaba caminando a ciegas al no tener toda la información completa. Pero como sea, mientras Harry y Sirius no se pudieran presentar, las cosas no se tocarían, el tema no resurgiría. No sería justo para ellos.
Tenía el desayuno simultáneo de todos los habitantes de la casa en distintos comedores. La antigua orden estaba en el comedor principal, mientras que los demás estaban en uno más pequeño y aún así salían sobrando espacios. El punto era que durante todo el momento no pudo evitar sentirse nervioso, aunque sabía que su yo más joven se encargaría de tener bien comportados a los suyos. Después de todo, podía confiar en si mismo. ¿Verdad?
Todos se mantenían en silencio, respetando el espacio de tiempo que se le había dado a Sirius y Harry para poder estar presentes, no sabían por qué, solo lo hacían porque sentían que era lo correcto.
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Sirius seguía dormido de en una posición extraña, no había logrado conciliar el sueño hasta altas horas de la madrugada. No quería dormirse y despertar sin encontrar a Harry a su lado. Quizás era algo exagerado pero se había asustado mucho con la idea de perderlo que le costó trabajo el calmarse lo suficiente, asegurándose una y otra vez que todo había pasado y que todo estaría bien de ahora en adelante.
De alguna forma, la silla de madera en la que había estado sentado se había alejado de la cama de Harry, haciendo que su cuerpo colgara demasiado cuando acomodó su cabeza a lado de la mano de su ahijado. Así se había quedado dormido y era un milagro que no se hubiera caído durante la noche. Estaba demasiado cómo para notar cuando Remus había entrado a ver cómo iba todo.
El licántropo pensó obviamente que Sirius no estaba dormido en una posición placentera y consideró el moverlo, pero al hacerlo, seguro se hubiera despertado y por ende ya no volvería a dormir, vaya falta que le hacía. Se retiró de la habitación como cuando llegó, en sumo silencio.
Minutos más tarde, tampoco el olor característico de un desayuno despertó al Black –siendo algo extraño de él- cualquiera que pudiera ver esa escena se atrevería decir que Sirius o estaba muerto o en coma al no responder al olor de la comida. Cuando la simple respuesta era que estaba agotado.
Lo único que logró sacar de sus profundos sueños al animago fue un pequeño jalón de cabello. Casi ni lo sintió, pero fue lo suficientemente notorio para despertarlo. Cualquiera se hubiera burlado de saber que algo tan simple había despertado al hombre y no todo lo demás. Pero cuando Sirius despertó y se talló los ojos, esperó pacientemente a que lo siguiente ocurriera. Su ahijado quería despertar.
Dos ojos esmeraldas se abrieron cansadamente, parpadearon un par de veces para enfocar, pero la verdad era que sin los lentes, Harry no vería nada más que siluetas borrosas. Pero no quería que le pasaran sus lentes todavía, sentía que podía dormir por otro milenio si nadie lo impedía. Si nadie llegaba a despertarlo…si Voldemort no atacaba.
¡Voldemort!
Se levantó tan rápido que sintió un dolor agudo en un costado y la cabeza empezó a latirle ferozmente. Pero rápidamente sintió a alguien a su lado que detuvo cualquier otro movimiento brusco de su parte, envolviéndolo en cálidos y protectores brazos.
-Harry…- susurró Sirius con notable felicidad en su voz. Duraron así varios minutos en los que nadie protestó, pero el animago quería ver bien a su ahijado y se separaron. Lo primero que hizo que soltara un suspiro tranquilo que se había guardado desde el principio, fue ver los ojos esmeralda que lo miraban con una intensidad sorprendente y un sentimiento que no identificaba muy bien.
-Voldemort- murmuró el muchacho mirando alrededor de la habitación en la que estaba, algo nervioso.
-Tranquilo Harry, nos encargamos de él…- trató de reconfortarlo Sirius, pero antes de poder decir más, su ahijado lo interrumpió de nuevo.
-No, Sirius…- trató de bajarse de la cama pero su los brazos de su padrino volaron a sus hombros para detenerlo –Voldemort…y…Voldemort- balbuceó el muchacho poniéndose más nervioso porque no encontraba la manera de describir la aterradora imagen que se le venía a la cabeza.
-No es momento de eso Harry, debes descansar- insistió el animago, pero su ahijado logró zafarse del agarre que tenía sobre sus hombros e intentó pararse de nuevo, su respiración entrecortada estaba asustando al hombre mayor quien no encontraba motivo alguno para que Harry estuviera así, no un motivo aparente. De nuevo lo sentó con más fuerza que antes, burlando cualquier intento de escape.
-¡Sirius!- suplicó Harry –Debo…debes, el profesor Dumbledore…Voldemort- estaba demasiado desesperado que no se fijaba en lo que decía. Su mente estaba nublada por aquella escena donde había sido espectador en primera fila, un descubrimiento tan aterradoramente grande como ese no podía pasar por alto, y era necesario contárselo a alguien con la capacidad de manejar esa información, porque a él ya lo estaba destrozando.
-¡Harry, necesitas descansar!- insistió por tercera vez el hombre -¡Me tuviste preocupado por largas horas y no dejaré que te levantes de esa cama hasta que YO considere que estás mejor!- al final se dio cuenta de que había aumentado por mucho el tono de su voz y sus manos apretaban demasiado fuerte los brazos de su ahijado. Había logrado captar la atención de Harry, dejarlo quieto y que dejara de repetir lo mismo. Pero esa no había sido la mejor forma.
Harry no pudo sostener por mucho tiempo la mirada con su padrino, bajó la cabeza mirando a su izquierda. Sintió que su padrino lo soltaba poco a poco y se formó un ambiente tenso en toda la habitación.
Aún así no pensaba ceder.
-No se trata de mi…- murmuró bajo, pero lo suficientemente audible para Sirius, quien respingó pero no alcanzó a decir nada cuando Harry habló con más fuerza –No se trata de mi, no soy solo yo ¿Entiendes eso?- pasó una mano compulsivamente por su cabello –¡No soy solo yo a quien Voldemort quiere, la vida de muchas personas están en riesgo! ¡Debo hacer lo que sea necesario para evitar eso! Así me esté muriendo o…- su garganta se cerró impidiendo continuar y dejando un punto al aire que seguro Sirius atacaría. No estaba viendo al hombre pero sabía que el color rojo en su cara no era nada saludable.
Solo fue cuestión de unos segundos para que…
-No te atrevas a decir eso de nuevo…- murmuró por lo bajo con una voz tan peligrosa como en esos momentos lo era su cara. Con una mano giró de la barbilla a su ahijado para asegurarse de dejar muy en claro lo siguiente –NUNCA más quiero que lo vuelvas a decir- el tono de su voz aumentaba conforme las palabras avanzaban. -¡En ningún lado dice que TÚ tienes el responsable de detener a Voldemort, menos pasando por encima de tu seguridad y de tu vida! ¡No me importa lo que la gente diga y piense, no me importan los artículos del profeta. No es tu destino hacer nada de eso solo porque cuando eras un bebé, sobreviviste gracias a Lily! ¡Y como que me llamo Sirius Black que no va a pasar nada de eso! ¡¿Entendido?-
Harry no dijo nada en ese momento, miles de pensamientos llegaban a su mente, al igual que recuerdos y palabras. Desde su madre, hasta la muerte de Sirius en el velo. Todo quería salir a flote, todo quería liberarse sin control. No sabía si Sirius estaba enterado del contenido de la profecía, si solo sabía un pequeño pedazo o si la sabía toda y en esos momentos la había olvidado. Lo que le importaba era la actitud que había tomado su padrino en contra de lo que él sentía la necesidad de defender, no exactamente porque lo dijera la profecía.
"¡Y como que me llamo Sirius Black que no va a pasar nada de eso! ¡¿Entendido?" las últimas palabras de su padrino llegaron a la cabeza del joven, sonrió amargamente para si mismo, al momento que se levantaba y empezaba a caminar hacia la puerta pese a la cara incrédula del hombre, quien creía que con su discurso de "Tu no eres el salvador del mundo" podía convencer a Harry de detener sus pensamientos. Pero el adolescente no miró ni una sola vez hacia atrás y cruzó la puerta sin titubeos.
"¡Y como que me llamo Sirius Black que no va a pasar nada de eso!"
-Entonces no eres un Black- murmuró solo para él
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Remus caminaba con tensión en los hombros. Hacía todo lo posible para distraerse pero algo que ni el mismo comprendía le decía que ese no era un buen día. Su instinto de hombre-lobo nunca le había fallado, pero comenzaba a dudar de él cuando el desayuno transcurrió en completa calma –dentro de lo que cabía- sin nada por que alarmarse.
Decidió dar la segunda vuelta en la mañana a la habitación donde estaban Sirius y Harry, con suerte por lo menos el animago ya estaría despierto. Pero cuando dio vuelta en la esquina del pasillo, creyó estar alucinando o estar dormido al ver a un joven de 16 años parado contra la pared de forma peligrosa, pero muy perdido dentro de sí mismo.
En menos de lo que cantaba un fénix se encontraba a su lado, algo confundido. Le puso una mano en el hombro para que se diera cuenta de que estaba ahí y Harry dio un pequeño brinco asustado, perdiendo el soporte de la pared y cayendo de rodillas al suelo. Remus no había podido reaccionar rápido y solo atinó a hincarse a su lado, llamando su atención.
-Por Merlín, Harry ¿Qué haces aquí afuera?- preguntó concernido viendo en el estado poco estable en el que se encontraba. Los dos ojos esmeraldas lo evitaron por completo, contestando apenas en un susurro.
-Sirius…-
-¿Le pasó algo a Sirius?- preguntó de inmediato el licántropo, muy preocupado. Pero Harry negó lentamente con la cabeza y dio un largo y cansado suspiro.
Eso bastó para que el merodeador entendiera algunas cosas. Tenía el tacto suficiente para disimular lo que pensaba en esos momentos y era: Sirius, Sirius, Sirius, Sirius, Sirius grr en un tono nada lindo. Y luego se formaba una imagen de él quitándole a Padfoot uno por uno cada unos de sus pelos. Pero por ahora, solo debía guardar silencio hasta que fuera oportuno.
-Vamos Harry- habló suavemente al muchacho ayudándolo a ponerse de pie, pasando un brazo por su cintura ayudándolo a caminar.
-¿A dónde vamos?- preguntó débilmente el muchacho que se dejaba guiar por su antiguo profesor de DCAO –Debo hablar con el profesor Dumbledore- levantó su mirada para encontrarse con la de Remus. El hombre notó el sentimiento de deber que estaba peleando con el cansancio en los ojos del joven.
-Lo harás Harry- contestó el hombre cariñosamente –Yo me encargaré de eso, solo necesitamos que…te tranquilices un poco. Mi habitación está cerca-
Ninguno de los dos dijo nada más y continuaron el lento camino hasta la habitación de Remus, cada un pensando en sus cosas. Cuando de pronto ya se encontraban en la puerta de entrada a la habitación. Tan simple como girar la perilla, la puerta se abrió y el hombre-lobo incitó a Harry a pasar primero.
Las luces del lugar estaban apagadas por lo que por unos segundos se sumieron en las penumbras, hasta que con un movimiento de varita, Remus encendió una pequeña lámpara que estaba sobre una pequeña mesita a un lado de la cama. El lugar a penas se iluminaba pero formaba un sentimiento de calidez y seguridad, además de ser perfecto para un descanso.
Después de unos minutos, Harry de nuevo se encontraba en la cama sobre su costado derecho. Sus ojos se negaban a cerrarse a pesar del sueño que lo invadía, y el licántropo no lo pasó por alto.
-Harry… respecto a lo del profesor Dumbledore- comenzó sin saber exactamente como seguir.
-Puedo esperar- contestó simplemente Harry sin mirar al merodeador
-Si es realmente importante, puedo decirle que venga. De todas formas, él dijo que quería hablar contigo cuando pudieras- consultó el reloj que había en la pared. –Es hora de la comida, quizás, le puedo decir que venga después de eso- ofreció amablemente y Harry asintió sin decir ni una palabra.
Eso ya estaba molestando al licántropo que conforme al paso de los minutos agregaba más cosas a su lista de "Torturas para Sirius Black" porque presentía lo que pasaba, ya le conocía de antemano a Sirius y su forma de ser, al igual que conocía a Harry y lo muy sensible que podía ser en veces, tal como su madre.
Se escuchó un leve golpeteo en la puerta, Remus de inmediato giró la cabeza y Harry automáticamente haló de de una sábana que estaba a su lado hasta casi cubrirse la cabeza. El licántropo rió para si mismo antes de preguntar:
-¿Quién?-
-Regulus- vino la contestación de fuera
-Volveré en unos momentos, Harry- explicó el hombre, pero no esperaba la contestación del muchacho.
-Debería bajar a comer- susurró mientras acomodaba mejor su cabeza a la almohada
-No Harry, me quedaré aquí contigo- se disculpó y salio para atender a Regulus fuera de la habitación.
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-¿Dónde te habías metido?- preguntó Remus intentando no sonar como si lo estuviera regañando, y lo logró, un poco.
-Estuve buscando ciertas cosas que había dejado bien escondidas en Grimauld Place- contestó algo avergonzado el hombre, ya se había enterado de todo lo que había pasado en su ausencia, por lo menos en su mayoría. –Llegué cuando los aurores y tú se retiraron-
-Ya veo- comentó pensativo el merodeador, pero no estaba para entablar una linda charla en esos momentos.
-Siento lo que pasó- se apresuró a disculparse el Black menor, mirando a sus pies avergonzado. –De haber sabido que necesitaban manos en la madriguera…bueno, yo… lo siento-
-No tienes que disculparte, no lo sabías- le dijo Remus –Además, por fortuna pudimos controlar los dos ataques- cuando vio al Black palidecer, Remus sabía que lo último no era algo de lo que estuviera enterado.
-¡¿Dos?- gritó con los ojos muy abiertos –Yo solo estaba enterado del ataque a la casa de los Weasley, ¿Qué más pasó?- urgió el hombre
-Los mortífagos vinieron a atacar la mansión de Dumbledore. Todavía no sabemos cuales eran sus intenciones- la voz del merodeador se había vuelto oscura y amarga, solo pensar en Voldemort hacía que el odio al mago saliera a la superficie. Regulus no lo pasó desapercibido mientras maldecía entre dientes.
-¿Alguien resultó herido?- preguntó, deseando que la respuesta no fuera un si. El silencio de Remus y su indirecta de desviar la mirada contestaron su duda. Suspiró pesadamente -¿De gravedad?-
-Oh no, gracias a Merlín llegamos a tiempo- contestó de inmediato Remus –Por poco- agregó amargamente
-Dime que no fue el ahijado de mi hermano- intentó Regulus, pero el nuevo silencio solo hizo que se pasara una mano por el cabello de manera nerviosa. Sabía el humor que podía adquirir su hermano en situaciones de ese tipo, sin contar que según lo que le había contado Sirius, Harry era todo para él en esos momentos. No quería imaginar lo que su hermano mayor hubiera hecho si le pasaba algo al muchacho.
-Harry está bien, solo exhausto. Fue un día largo- agregó el licántropo viendo el nerviosismo de Regulus.
-Es una gran noticia. Me aterra imaginar lo que Sirius le hubiera hecho al causante de todo- pausó un momento –Seguro hubiera hecho alguna estupidez-
-El hubiera no existe- bufó Remus, dejando sorprendido a su acompañante –Sabes que tu hermano no pierde la oportunidad-
-¿Qué hizo ahora?- preguntó semi-enojado el otro
-Aún no lo se- se encogió de hombros –Pero, si me permites averiguarlo…-
-Por mí no hay problema- se excusó Regulus levantando ambas manos –Eres libre de maldecirlo si eso lo hace entrar en razón-
-No…no es eso. Es solo que, no quiero dejar a Harry solo- miró la puerta a su izquierda
-¿Harry?- preguntó enarcando una ceja el Black –Creí que estaría con Sirius después de todo lo que pasó-
-¿Con quién crees que metió la pata tu hermano?- después de esa respuesta, Regulus negó lentamente.
-Pensaba que por ser su ahijado no cometería ese tipo de errores- musitó algo sorprendido
-Harry es un muchacho complicado…- comenzó Remus –Sirius desapareció de su mundo por un año, y pasaron demasiadas cosas que hacen que las personas cambien. Lo más seguro es que dijo algo inapropiado-
-Quizás…- apoyó Regulus –Tu puedes irte, habla con mi hermano antes de que lo mate. Yo cuidaré a Harry-
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¿Qué ninguna vez en la vida las cosas le podían salir bien? Seguía sentado en la misma silla que estaba desde la noche anterior, con la excepción de que ya era mediodía y ya no tenia nada que hacer en esa habitación –oficialmente-. No entendía por qué Harry se molestaría tanto con él solo por tratar de protegerlo, quizás había exagerado un poco… No, eso definitivamente no. Por los calzones de Merlín que Harry no debió haber salido de la habitación a pesar de todo. A pesar de que se enojara con él por tratar de protegerlo.
Pero, ¿Por qué no había salido tras de él cuando se fue? No lo sabía. En cambio, se quedó en silencio. Sentado en la habitación, sin hacer el menor ruido. Diablos… ¿Qué se supone que debía hacer? Gruñó por lo bajo. Se sentía un completo extraño de vuelta con su ahijado.
-Si no fuera porque gruñiste, pensaría que estás muerto-
La voz sacó de sus pensamientos al Black quien levantó la mirada ofendida, solo para encontrarse con Remus Lupin recargado en la puerta, de expresión seria y con los brazos cruzados.
-No estoy de humor Remus- gruñó Sirius desviando de nuevo la mirada.
-Eso es algo que no me importa Black- cuando dijo su apellido, Sirius levantó la cabeza de nuevo para encarar al licántropo, quien no usaba su apellido a menos de que fuera a reclamarle algo.
-¿Qué haces aquí?- preguntó peligrosamente
-El que hace las preguntas soy yo Sirius- le corrigió –Lo primero, y lo más importante, porque al menos a mí si me gustaría saber es ¿Dónde-está-Harry?- recalcó en cada una de las últimas tres palabras. Las miradas de ambos eran explosivas.
-Estoy seguro de que lo sabes, así que no me vengas con rodeos- contestó simplemente el animago
-Claro que lo sé- contestó secamente Remus mientras se paraba bien y daba dos pasos para acercarse más al testarudo merodeador que tenía en frente. Puso ambas manos en la cintura antes de continuar: -La orden entera lo está buscando desesperadamente en las calles de Londres, porque hace como media hora se activó un traslador. Dentro de un sobre que iba dirigido a Harry, de Voldemort-
Sirius se paró de la silla más rápido de lo que cualquiera pudiera imaginar y ya se encontraba haciendo su camino a la puerta con una expresión aterrada en su rostro. Pero Remus dio de nuevo dos pasos hacia atrás recargándose en la puerta antes de que el animago intentara abrirla. La mirada asesina de su amigo no hizo nada en él.
-¡Muévete, Remus!- exigió fieramente, solo sacando una sonrisa amarga del otro que no supo como interpretar.
-No es cierto Sirius- reveló el hombre-lobo separándose de la puerta y caminando hasta la mitad de la habitación –Harry no fue secuestrado por Voldemort-
-¡¿Cómo te atreves a jugar con algo así?- gritó Sirius Black comenzando a ponerse rojo de ira -¡Creí…!-
-¡Creí que Harry no te importaba!- le interrumpió el licántropo elevando su tono de voz tanto como el de Sirius
-¡Claro que me importa!- contestó de inmediato el Black
-¡Pues no lo estás demostrando!- igualó Remus -¡No sabes dónde está y creíste la primer estupidez que se me vino a la mente para decirte! Perdóname pero eso solo me dice una cosa-
-¿Dónde está Harry?- exigió Sirius acercándose a Remus
-No mereces saberlo- ambos hombres estrecharon la mirada, pero ninguno pensaba ceder
-No puedes juzgar eso- protestó el animago
-¡Oh, claro que puedo! Dejaste a tu ahijado vagar de manera inestable por un lugar desconocido, ¿Qué hubieras hecho si algo le hubiera pasado, eh? Ninguno de nosotros estamos al pendiente de él porque se supone que tú lo estabas cuidando. En cambio, cuando venía a ver como iban las cosas me lo encontré a medio camino a punto de perder el conocimiento ¡¿Eso es que te importa?-
La culpa comenzó a juntarse en el pecho del Black que sentía que sus pulmones se unían a la causa de Remus, impidiendo el paso del oxígeno correctamente. El rojo de su cara comenzaba a ceder, su voz se hacía pequeña aunque todavía no hablara y la vergüenza lo invadía en cada miembro de su ser. De repente sentía la necesidad de justificarse.
-Él, despertó. Lo único que…que quería hacer…era hablar con Dumbledore- su voz apenas era audible, pero eso bastó para que el enojo del hombre-lobo cediera, algo, lo suficiente para dejar de escarmentar al animago de la manera en la que habían comenzado.
-Sus razones debió haber tenido- contestó escuetamente, incitando al otro hombre a continuar.
-Si, pero…él…no estaba bien… estaba, se veía…cansado-
-Obviamente-
El Black levantó la mirada por las pocas palabras que estaba aportando el otro merodeador. Pero Remus le dirigió una mirada severa para que continuara por sí solo.
-No lo iba a dejar ir- susurró –No estaba en condición de levantarse-
-Eso lo pude notar-
-¡Remus, ¿Quieres dejar de echármelo en cara?- protestó Sirius
-¿Y qué quieres que haga, que te aplauda?- preguntó sarcásticamente el otro –Sigue hablando-
-¡Bueno, ¿No es obvio? Le dije que no lo dejaría salir, no podía. Pero él estaba demasiado empeñado en hablar con Albus que no me prestaba atención. Era como pelear una batalla perdida-
-¿No te dijo de qué quería hablar?- inquirió
-Solo dijo que era algo de vida o muerte- contestó como si nada el hombre, pero Remus suspiró.
-Si te dijo eso, era realmente importante lo que quería decirle- comenzó en tono de reprimenda, pero cuando Sirius quiso contradecirlo, no encontró palabras para hacerlo y se mordió el labio inferior culpablemente al sentir que algo había caído en su lugar –Exacto- contestó Remus a los pensamientos de su amigo -¿No pudiste plantearle una solución? Si Harry quería hablar con el profesor Dumbledore no era seguramente ninguna tontería. ¿Qué tal si es una visión y en lugar de preguntarle a Dumbledore, porque tú se lo impediste, hubiera hecho lo que hizo hace un año, eh? Entonces tu ahijado SI hubiera sido capturado por Voldemort o algo peor-
No lo pensé. Las palabras se dibujaron perfectamente en el rostro de Sirius.
-Claro que no lo pensaste- concordó Remus –Sirius, no estamos en tiempos de cometer esos errores. Menos con Harry. Tú en especial no te puedes dar el lujo de no prestar atención al detalle más mínimo si en verdad quieres ayudar a tu ahijado-
-Yo arriesgué mi vida por él, Remus- se excusó el hombre –Creí haber muerto por él-
-Y créeme que fue algo muy noble y que yo también hubiera hecho, Sirius- pausó un momento tomando un respiro –Pero después de todo lo que pasó este año…después de ver la falta que le hacías a Harry, tú no puedes estar cometiendo este tipo de cosas con él. Necesita alguien responsable a su lado, que lo cuide cuando él no lo hace-
-Ese es el problema, Harry cree que todo lo que tiene que ver con Voldemort debe saberlo. Que toda batalla de ese mago oscuro es su batalla-
Remus se mantuvo en silencio. –Así que Sirius no conoce la profecía entera- optó mejor por salir de la habitación. Pero mientras se dirigía a la puerta, no pudo evitar decir:
-Harry está más ligado a Voldemort de lo que crees. Piensa en todo lo que te dije antes- y salió dejando a un pensativo padrino, que no sabía qué hacer con el mundo.
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El profesor Dumbledore estaba sentado en su sala con toda su orden alrededor. Todos platicaban de distintos temas de manera tan serena que podía ignorar el hecho de que el mundo afuera era una batalla sin cesar día y noche. Que a cada segundo se estaban ganando su vida y peleaban al mismo tiempo por la libertad de sus seres queridos. Oh si, era en verdad una escena de las que nunca había visto en los últimos años. Solo quizás en Hogwarts, y los alumnos con el paso del tiempo también se empezaban a dar cuenta del oscuro futuro que les podía aguardar.
Alguien tocó su hombro sobresaltándolo, pero cuando vio a Regulus una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
-¿Dónde se había metido, Sr. Black?- preguntó inocentemente, llamando al hombre como en sus días en el colegio.
-Buscando unas cosas de utilidad director, de por aquí y allá- dijo sin prestarle mucha atención al asunto –Pero quisiera pedirle un favor-
-El que quieras muchacho- sonrió el anciano. Entonces el otro hombre se agachó para susurrar algo que solo quería que Dumbledore escuchar. La mirada del viejo hombre se oscureció unos momentos antes de asentir levemente. Se disculpó del resto de la orden, argumentando que volvería dentro de poco.
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Remus iba directo a su habitación para hablar con Harry cuando encontró a Regulus viniendo de aquél camino. Enarcó una ceja al principio pero cuando el Black le explicó que Harry estaba hablando con Dumbledore se tranquilizó un poco. Y extrañamente otra parte de él se sentía movida por la curiosidad de saber qué era lo que tenía tanta urgencia entre aquellos dos. Por la actitud de su joven cachorro, no podía ser algo bueno.
-Y dime… ¿Le lanzaste una maldición a Sirius?- preguntó esperanzado Regulus, pero cuando el merodeador negó con la cabeza, soltó un resoplido molesto. –Diablos, perdí la apuesta-
-¿Qué apuesta?- inquirió con curiosidad el hombre-lobo, aunque no sabía si quería saber la respuesta.
-Harry y yo apostamos. Yo estaba seguro de que por lo menos le lanzarías una maldición a Sirius, pero Harry lo negaba-
-¿Que apostaste qué con Harry?- preguntó boqui-abierto Remus. Los dos Black eran iguales.
-Oye, no teníamos nada que hacer- se encogió de hombros –¿O, hubieras preferido que le contara de las peores ocurrencias de los merodeadores?- preguntó inocentemente
-¡Claro que no!- contesto de inmediato –Pero ponerse a apostar de algo como eso…-
-Si, si, lo se. "Fue una pésima idea"…- luego susurró por lo bajo –Perdí 10 galeones- Remus estrechó la mirada entre divertido y completamente sorprendido.
Los dos se encaminaron a la sala donde se encontraba el resto de la orden. Los muchachos cuchicheaban algo entre ellos que nadie podía escuchar y eso solo hacía que los adultos los miraran de manera sospechosa como si fueran a intentar algo estúpido. Incluso Tonks se veía espantada de sus caras cómplices. Pero por lo demás, todos entablaban sus propias conversaciones alegremente, y por primera vez nada tenía que ver con Voldemort y sus problemas.
Los dos hombres se sentaron en unos de los sillones que se encontraban cerca de la mesa del café, se sirvieron uno y continuaran su charla de los PRO y los CONTRAS de apostar con un menor de edad. Y la defensa de Regulus hasta ese momento, seguía siendo que solo estaba entreteniendo a Harry para distraerlo de otros pensamientos malos. Pero Remus no sabía qué era peor.
Minutos después, las puertas de la sala se abrieron lentamente, y por algún extraño motivo, la atención de todos fue llamada por esta acción. Aún los que estaban sumergidos en sus pláticas. El silencio era aplastante hasta que Sirius entró, avergonzado de tantas miradas sobre él. Y aunque nadie sabía de las tonterías que había cometido hacía algunas horas, de la pelea con Remus y luego de su momento de reflexión, se sentía desnudo ante la vista de todos. La orden regresó de inmediato a lo que estaba haciendo. El animago se apresuró a cruzar la sala para llegar a lado de Remus y su hermano.
-Hasta que te apareces- reprendió Sirius a su hermano menor
-Calla, señor: "Harry-y-Remus-me-necesitan"- devolvió con el mismo veneno, ambos casi se asesinan con la mirada
-Ay, que lindo humor se cargan- intervino Remus para romper la conexión de miradas.
-¿Dónde está Harry, Remus?- preguntó Sirius un poco más fuerte de lo que quería y eso llevó a que toda la habitación se callara y voltearan al animago. Con caras de: ¿No se supone que estaba contigo? Y luego todos miraban a Remus en espera de una respuesta.
-Está hablando con el profesor Dumbledore- aclaró el hombre al sentirse presionado por todos como si el fuera culpable de un atroz crimen.
-Necesito hablar con él- suspiró Sirius derrotado, dejándose caer en el sillón a un lado de Remus
-Tendrás que esperar- comentó Regulus
Pero una nueva voz desde la entrada de la sala captó la atención de todos, por su timbre grave y serio.
-Me temo que es hora de una reunión, señores- el profesor Dumbledore estaba parado en la entrada de una manera imponente, pero eso no fue lo único que llamó la atención de todos. A su lado, estaba Harry, demasiado pálido para el gusto de muchos. El director tenía uno de sus brazos por encima de los hombros del muchacho al momento que terminó de entrar en la sala, después lo dejó ir en dirección a los merodeadores.
Todos pasaron a tomar asientos en el círculo de sillas y sillones que se estaba formando alrededor del profesor Dumbledore, cuya mirada tensa no se desvanecía. Pero Molly protestó al ver que sus hijos y aquellos que no lo eran –pero que también los consideraba sus hijos- se acercaban al lugar.
-Molly, créeme que ellos tienen todo el derecho de estar aquí como nosotros-
La matriarca de los pelirrojos les lanzó miradas desaprobatorias a todos sus hijos quienes sonrieron en señal de victoria. Harry fue capaz de sonreír ante esa acción a pesar de estar sentado entre Remus y Sirius. Por el primero no había problema, pero el segundo había obligado a Regulus a cambiarle de lugar para estar a su lado.
Cuando todos estuvieron acomodados, se hizo un silencio que solo se rompió por el director de Hogwarts poco después.
-Solo esperaremos unos minutos a que lleguen Augusta y Neville-
-¿Los Longbottom, Albus?- cuestionó Moody
-Si, necesito de su presencia por la delicadeza de los asuntos que se tratarán-
Minutos más tarde, llegaron los dos últimos rezagados llamados de última hora. Y se les unió alguien que no muchos esperaban.
-¿Snape?- se quejó Sirius
-Si Black, te honrarás con mi presencia esta noche- respondió el maestro de pociones con su habitual tono de desprecio.
Y así, todos de nuevo acomodados para empezar lo que sería una no muy placentera reunión, el director dio las palabras iniciales.
-Creo que antes que nada debo disculparme con ustedes por la manera en que los saqué del comedor ayer en la mañana- de inmediato se escucharon los murmullos que afirmaban recordar aquello. El viejo hombre continuó –Recibí unos invitados muy inesperados y…de alguna forma, no era conveniente para ellos verlos a ustedes y viceversa-
Las caras confundidas de todos no se hicieron esperar al decir lo último.
-¿Somos tan feos como para que nos vean?- preguntó uno de los gemelos, quizás George.
-O quizás los feos eran ellos- completó, ¿Fred?
No se pudieron ocultar las sonrisas de algunos y los gestos de desaprobación de otros.
-No es eso- aseguró risueño el director –Es un tanto más difícil de explicar-
-Vamos Albus, no le des más rodeos- apoyó Moody quien sabía a donde quería llegar.
-Está bien- suspiró el hombre –Estos inesperados huéspedes, como creo que ya lo notaron, se encuentran en la mansión en este momento- varios asintieron –Y los he mantenido separados por motivos importantes. Ellos no pueden, bajo ningún motivo, conocer sus identidades-
-Eso es bastante extraño Profesor Dumbledore- comentó Hermione –Porque… usted lo dice como si fuera de vida o muerte que…las personas que menciona, se enteraran de quienes somos. Y eso solo lo he escuchado en una parte…-
-Así es señorita Granger- confirmó el director las sospechas de su alumna más brillante, mientras los demás miraban de uno a otro como cazadores pasándose la quaffle esperando que alguno se dignara a decir claramente la verdad.
-¡Pero eso no puede ser!- exclamó Hermione algo espantada por la idea
-¡¿Qué es lo que no puede ser?- preguntó Sirius quien ya estaba perdiendo los estribos por tanto secreto.
De nuevo se hizo el silencio que en los últimos minutos no faltaba cada que se quería decir algo importante.
-Ellos…vienen…- Moody y Dumbledore se miraron nerviosamente -…del pasado-
Y nadie respiró, nadie se movió y nadie comentó lo que había dicho Dumbledore hasta que:
-¿Qué tan, del pasado?- preguntó Severus
o-o-o-o-o-o
Y nadie respiró porque anypotter dejó este final de capi XD Pero las almas torturadas durante el progreso…dejarán review porque quieren saber cómo continua esto
anypotter
