-Ellos…vienen…- Moody y Dumbledore se miraron nerviosamente -…del pasado-
Y nadie respiró, nadie se movió y nadie comentó lo que había dicho Dumbledore hasta que:
-¿Qué tan, del pasado?- preguntó Severus
…Doble Problema…
Parecía que la pregunta solo había sido lanzada al aire y no tenía respuesta certera. Todos se veían a la cara, esperando que alguien pusiera fin a esa inquietante duda. Esperaban que Dumbledore –por haber iniciado todo eso- lo acabara, y lo acabara ya porque el suspenso los estaba carcomiendo. Parecía que se hacía a propósito el inquietante silencio y tenso ambiente en el que estaban sumergidos. Ni el sonido de las respiraciones interrumpía escena, ya que muchos contenían el aliento sin motivo aparente.
Una eternidad tomó que la boca de Albus se abriera para disipar las dudas, y aún así, muchos se sentían sordos ante las primeras palabras que no explicaban mucho:
-Cualquier pasado es peligroso- comenzó algo firme, esperando que sus colegas salieran del shock inicial para poder decirles la segunda mitad de la información –Sería peligroso inclusive que nosotros viajemos a un futuro y enterarnos de cómo son las cosas-
-Albus, Albus. Eso ya lo sabemos…- comenzó Sirius desesperado cuando de nuevo fue interrumpido por el director quien no le dio importancia a sus palabras.
-Es de vital importancia proteger los hechos que nos rodean. Todo está unido por una delgada línea que no se debe romper, o las consecuencias podrían ser en verdad, fatales-
-Albus…- gruñó Moody por lo bajo advirtiendo al hombre que dijera de una vez lo que tuviera planeado, ya que los miembros de la Orden parecían estar a punto de maldecirlo.
El director de Hogwarts tomó aire, tal y como lo había hecho cuando les dijo que tenían ciertos personajes del pasado. Todo pareció congelarse a su alrededor de nuevo, como una escena en blanco y negro, muda y sin vida. Pasó de uno en uno reparando en las caras de los presentes desde los más jóvenes a los adultos. Todos llenos de curiosidad, algunos con miedo, pocos con sospecha. Pero los rostros de quienes más involucrados estarían, eran un mar de emociones indescriptible, como si muy en fondo temieran la siguiente respuesta.
-Para ser precisos…- sin querer o darse cuenta estaba alargando al momento hasta un punto doloroso -…ellos vienen, de Septiembre de 1981-
Albus Dumbledore cerró los ojos. Por muchos motivos que volaron a su cabeza en cuanto se sintió capaz de terminara la oración. Quizás temía esperar hechizos volando a él por ocultar tal verdad por tanto tiempo, siendo que ellos también tenían derecho a saberlo. O una turba furiosa –con solo las pocas personas que había- sobre él, tratando de separar cada miembro de su cuerpo en distintas direcciones. También quizás, experimentar lo que era una maldición asesina.
Pero en cambio…
Si acaso era posible que hubiera un mayor silencio que el de un muerto, ese era. Al principio, escuchó como unos cuantos inhalaron aire ferozmente y luego no se vieron capaces de dejarlo ir. Se quedaron más tiesos que una estatua, más blancos que un fantasma y…
La leve risa de Sirius Black se escuchó en el tenso ambiente que no había sido roto ni por una mosca.
-Albus…- habló, riendo de nuevo de una manera que le dio miedo a varios –Albus…ya, en serio- su cara era la de alguien que estaba disfrutando de algo gracioso, de lo que Sirius creía había sido una buena broma.
Todos miraron al animago completamente asombrados de su actitud, también dudaron de su estado mental. El hombre seguía riendo a pesar del silencio de todos y de las expresiones de sus colegas, de su amigo, de su hermano y de su ahijado. Llegó un momento en el que nadie acompañaba su risa y eso le extrañó tanto al hombre, que guardó silencio. Nadie siquiera tenían una leve sonrisa en su rostro dando la razón a lo que él pensaba y eso no le empezó a gustar.
Trató de que Remus lo apoyara, y no tuvo respuesta. Su hermano, la orden entera. Por último Dumbledore, quien era quien había empezado con todo es cuento de "Tengo invitados del pasado". El hombre conservaba una seriedad imperturbable, casi inhumana ante el comportamiento de Sirius.
-N…no…no pueden…no pueden estar hablando en serio- sentenció gravemente el hombre.
-Es, la verdad Sirius- confirmó por segunda vez el director, esta vez sintió un nudo en la garganta al ver palidecer aún más a todos –Para ser precisos, son…viejos miembros de la Orden del Fénix-
Todos sintieron como la boca se les secaba y se formaba algo en el pecho que impedía que el aire pasara de manera natural y sin problemas. Las palabras no hacían falta para que Dumbledore supiera que tenía que continuar.
-Son solo 9 miembros…- pensó en detener hasta ahí la información, pero necesitaba decir todo de una vez y darles tiempo de pensar. Necesitaba sus mentes y opiniones sobre el asunto para poder continuar. -…Son, Alastor Moody del pasado, Remus Lupin, Sirius Black, Peter Pettigrew…-
En ese momento se escucharon varios gruñidos que el director no supo siquiera de quienes salieron.
-…Alice y Frank Longbottom…- vio a Neville palidecer y a su abuela llevarse rápidamente una mano a la boca para reprimir un sollozo. No es que esa pareja haya tenido un fin justo, pero los siguientes dos nombres -…James y Lily Potter- con eso acabó a su orden.
Decir que se quedaron sin palabras, como si les hubieran olvidado era una expresión que se quedaba corta. Los vio palidecer, y entre más joven era el miembro de la orden del fénix, quizás más pálido estaba. Pero los ojos de Harry en ese momento eran un salvaje mar que se agitaba por debajo de la tranquila superficie. Podía ver todo lo que estaba pasando por la mente del joven con su mirada, pero, su rostro no quería seguir el compás de sus sentimientos.
Aunque nadie pudiera creerlo, le dolía verlo así. Pero antes de poder decir algo que de algún modo pudiera reconfortarlos, la estrepitosa salida de Sirius llamó la atención de todos. El hombre se llevó las dos manos a la cabeza como si sufriera de un gran dolor en esa parte y caminó velozmente fuera del lugar, empujando ambas puertas que con anterioridad estaban cerradas. No miró ni una vez atrás.
Remus quizás lo observó, pero no podía hacer nada para hacerlo sentir bien, él no podía controlarse. Sabía que necesitaba aire fresco para asimilar lo que había pasado, pensar claramente en todo lo que le abrumaba y proponer una buena solución. Lamentó con toda su alma en no poder dirigirle ni una sola palabra a Harry, pero no podía. Simplemente le era imposible, y así como Sirius, pronto salió del comedor.
Neville se había dejado caer en el sillón con una expresión sumamente sorprendida. Sus padres, sanos. Como siempre deseó verlos, aquella pareja que seguro consentía a su hijo cada vez que podía. Que durante todos sus años de Hogwarts pudieron acompañarlo al anden 9 ¾, que lo hubieran defendido de la mayoría de los injustos castigos de Snape. Que lo hubieran alentado a ser más valiente como siempre quiso serlo, que se sintieran orgullosos de él. No cabía dentro de sí el pensamiento de verlos y que le sonrieran, que lo llamaran "hijo", no podía creerlo. Y su abuela al parecer tampoco.
Poco a poco la sala se llenó de susurros, susurros incrédulos ante todo lo que trataban de digerir. Era algo más que increíble el hecho de que personas del pasado, llegaran a un futuro. Más increíble era que viajaran tantos años. Y lo sorprendente, era que tuvieran que ser exactamente esas personas. Como si algún tipo de ser más poderoso hubiera arreglado aquel encuentro que por ahora, no pintaba nada bien. Porque, de todas las personas del pasado que pudieron haber terminado en ese tiempo…¿POR QUÉ TENÍAN QUE SER ELLOS? No es que con cualquier otro no fueran a tener problemas, era…que, sería aún más difícil la situación en la que estaban metidos.
Si, todos comenzaban a pensar que estaban pagando algo malo que habían hecho cuando se metieron en esta situación. Ahora no sabían como terminaría.
Como si cada uno tuviera su propio mundo con el cual discutir las nuevas noticias –todavía no sabían si buenas o malas- pasó lo que Dumbledore quizás no esperaba del todo. O por lo menos, lo presentía de ciertos miembros, pero no de todos. Así que cuando se empezaron a dispersar para tomar distintos caminos no supo reaccionar, el decir o hacer algo. Solo atinó a quedarse tan quieto como si quienes pasaran a su lado solo fueran fantasmas. Sabía que necesitaban su tiempo y espacio, pero ¿El apartarse así nada más? Nadie hizo mucho comentario del asunto, primero querían hablarlo con sus respectivas conciencias porque en ese momento no estaban seguros de qué decir. ¿Sentirse felices, enojados o sorprendidos? ¿Dar gracias a Merlín o maldecir a Rasputín? O, vaya dilema.
El viejo director parpadeó unas cuantas veces para que cerebro terminara de registrar, que –si bien no era lo peor- pero algo muy parecido, ya había pasado. Ahora consideraba sencillo el informar a la orden de la situación en la que se encontraban, en comparación con lo que sería lidiar con sus preguntas, inquietudes, las respuestas, los dilemas… que para su desgracia, ni él mismo terminaba de resolver.
En vista de que todo el mundo se había ido, Dumbledore creyó que lo mejor sería hablar con el petrificado muchacho de ojos esmeralda que todos habían olvidado por el momento. No a propósito, claro. Pero no dejaba de lado el hecho de que él más que nadie necesitaba hablar con alguien sobre todo lo que le inquietaba. Dejó salir un soplido de frustración cuando se dio cuenta que, se había quedado completamente solo en lugar.
Ni siquiera estaba Harry.
o-o-o-o-o-
Y caminaba incapaz de decir o hacer algo, en realidad no sentía, quizás porque toda la información no acaba de ser procesada como debía, o por la explicación que él mismo intentada dar a ese embrollo. No quería meterse en tantos líos como los demás, cuyas mentes ahora eran una caos pensando en los pro y los contra de la situación. Él trataba de verlo de la manera fría y objetiva que muchas veces le habían pedido que usara, esa forma de la que se evitaría muchos problemas.
Cuando vio a su padrino salir de la sala, completamente atormentado por todos los pensamientos se venían a su mente –entre gratos recuerdos y otros no tanto- no pudo evitar sentirse afortunado, por un lado. Sabía que Sirius los extrañaba, extrañaba a su hermano merodeador y a su conciencia pelirroja, así como Ron, Hermione y él lo eran en Hogwarts. Conocía perfectamente al animago como para saber lo que pasaba por su mente, dudaba que otros difirieran de sus pensamientos, pero la verdad era que Sirius, desde el momento en el que escuchó los nombres de su madre y de su padre, supo que nada acabaría bien.
Su padrino los extrañaba, y mucho. Tanto como se supone los debía extrañar él, pero pensándolo por el lado lógico, no los recordaba. No conocía la voz de su madre o la de su padre, a menos de que contara los recuerdos de Snape. No recordaba el rostro de su madre sonriéndole a él, el espejo de Oesed no contaba porque no era una realidad. Tampoco recordaba a su padre, una triste palabra que le hubiera dirigido durante el año que habían podido convivir juntos, antes de su muerte…
Pero Sirius sí los conocía, perfectamente.
¿Cuántas veces se podría presentar una posibilidad como esa? Donde tenías frente a ti a personajes del pasado, a quienes les podías advertir de lo que les esperaba en el futuro y así cambiar el pasado, para "bien". Él ya se había puesto a pensar en las causas y consecuencias de cambiar lo que ya había pasado. Cuando Hermione y él viajaron a rescatar a Sirius, pasó tantas noches pensando en esa posibilidad. En el hecho de que si Sirius hubiera pensado un poco, en lugar de salir a cazar a Peter podría haber conseguido un giratiempo ¿No? Advertirles a sus padres del destino que les esperaba dentro de unas horas, poder escapar.
Pero no todo era tan sencillo.
¿Y si les hubiera avisado? Hubieran huido, se hubieran ocultado en un mejor lugar hasta nuevo aviso. Habrían vivido, no sabía con exactitud por cuanto tiempo más, pero habrían vivido. Quizás ellos continuarían siendo una familia y Sirius sería el padrino que debió ser desde el principio. Remus sería como una especie de tío y él nunca hubiera parado con los Dursley. Desde que fuese pequeño habría aprendido sobre la magia, y seguro su padre le hubiera metido la idea del quidditch a la cabeza. No es que no lo tuviera en mente ya, pero habrían sido… ellos.
Pero, ahora venía la parte oscura del cuento.
¿Si no hubiera conocido a los Weasley? Él no hubiera conocido a la madre de Ron porque no hubiera habido necesidad de preguntarle cómo pasar a la estación 9 ¾ , sería el mejor amigo de Neville ¿No? Habrían crecido juntos, por ser hijos de miembros de la orden del fénix. Lo más probable era que de nuevo terminara en Gryffindor, pero como cualquier otro chico, no como el niño que vivió.
¿Valía la pena arriesgar su amistad con los Weasley? ¿Y con Hermione? ¿Cuántas cosas hubieran podido cambiar? ¿Voldemort seguiría al acecho? No era justo cambiar el pasado arriesgando el mejor futuro que había logrado construirse, no después de todo lo que luchó para tenerlo. Si, odiaba el hecho de no tener a sus padres como cualquier otro joven de su edad, odiaba que todo fuera por causa de Voldemort, pero, no había conocido lo que era su familia, y podría sonar un poco egoísta al pensarlo siquiera, pero no podría arriesgar lo que ahora era, por algo que no estaba destinado a ser.
Todo es como debe, cada quien marca su destino. Y el de Harry Potter ya se había formado, desde hace mucho tiempo.
Por eso solo deseaba la tranquilidad y silencio de su habitación, solo eso. Pero parecía que su destino tampoco le daría ese gusto. Se topó con dos personas, no las últimas que quisiera ver en esos momentos –no quería ver a nadie- aún a sabiendas que ellos dos no descansarían hasta hacerlo hablar sobre lo que estaba pasando y apoyarlo en todo incondicionalmente.
Hermione le sonrió de manera cálida y Ron trató de hacer lo mismo pero no pudo evitar sentirse nervioso, podrían ser los mejores amigos de todo Hogwarts pero no acostumbraban ese tipo de temas. No uno que envolviera decisiones tan difíciles, que esta vez, no tenían nada que ver con ellos. Nada que ellos hubieran causado.
Con solo una mirada, Harry les indicó que entraran a la habitación. No hubo necesidad de más palabras para que todos se pusieran lo más cómodos posible todavía sin expresar lo que en realidad estaban pensando, no es que quisieran decirlo. Solo se acompañaron en el silencio, pensando en lo que sería de ese preciso momento en adelante.
o-o-o-o-o-o-o
Sirius tamborileaba repetidamente los dedos sobre la mesa, igual que como lo había hecho durante las última horas, siempre y cuando ningún miembro de la orden le mandara una mirada poco cortés y lo hiciera para de inmediato por el bien de su salud. Aún así, continuaba cuando dejaban de mirarlo y el protocolo se repetía varias veces mientras avanzaba el desayuno y parte de la mañana.
No tenían nada que hacer más que sobrevivir al cautiverio en ese gran comedor. No se sentían de ánimos para hablar unos con otros, porque las cosas que se cruzaban por sus mentes les impedían pensar en algo diferente. Así que cuando las puertas del comedor se abrieron, y apareció un viejo Dumbledore, nadie prestó atención.
-Espero que estén cómodos- interrumpió el hombre tratando de llamar la atención de todos, y lo logró.
Las caras de todos se iluminaron creyendo que algunas de sus dudas se podían despejar y así sus mentes dejarían de llegar a conclusiones absurdas. Después de pensarlo por 5 segundos descartaron esa idea, el hombre no les diría nada así le rogaran.
Alastor Moody entró tras Dumbledore, recorriendo toda la habitación con su ojo mágico para contar que todos estuvieran ahí. Para asegurarse de que cierto traidor se encontrara todavía ahí. Gruñó por lo bajo al encontrarlo sentado junto a los Potter, deseaba tanto lanzarle una maldición… la maldición asesina, para ser precisos.
-Se que les debo unas respuestas- continuó el director de Hogwarts acercándose a la mesa para tomar asiento, y los que estaban lejos hicieron lo mismo, tomando lugar alrededor del viejo director para escuchar lo que tuviera que decir.
-Profesor, ayer…- James había comenzado cuando de inmediato fue interrumpido por la mano levantada del hombre
-Sé que tienen muchas preguntas James, más que las que tenían cuando llegaron- lo miró por encima de sus gafas de media luna y luego añadió con una sonrisa –Pero de ninguna manera revelaré cosas que no son necesarias-
-¿Cómo sabe si son o no, necesarias?- preguntó a la defensiva Sirius, cruzándose de brazos y haciéndose para atrás en la silla, estaba seguro de que empezarían a rodear el tema si no atacaban lo que era necesario.
-Yo he vivido más que ustedes señor Black- punto a favor del hombre –Se los hechos importantes que han pasado desde el tiempo que vienen hasta ahora. Cosas cruciales que no pueden cambiar…-
-Esto es una guerra- dijo James como si no fuera algo obvio –Muchos considerarían un regalo del cielo el poder cambiar algo del pasado, para bien del futuro-
Nadie se dio cuenta del brillo de tristeza que cruzó los ojos del viejo Dumbledore, ni de lo nervioso que se mostró el ex-auror que acompañaba al director. Porque no sabían lo que habían causado las palabras de James, no sabían lo dolorosas que podían llegar a ser. ¿Cuántas veces no se habían arrepentido de algo mal que hicieron en el pasado? De los errores cometidos que habían llevado a horribles consecuencias. Pero esta guerra hacía mucho más difíciles las cosas, haciendo menos incierto el futuro que les esperaba de ceder a sus deseos de cambiar el pasado.
Tomó varios minutos, hasta que el Director de Hogwarts encontró de nuevo la voz, y las palabras que podía usar para atacar ese punto bien formado.
-Si James, puede ser considerado un punto a nuestro favor, el tener la posibilidad de cambiar algo en el pasado. Pero, ¿Y si lo que cambias es para mal? ¿Qué tal si las cosas, por muy malas que hayan sido, tuvieron que ser así por un bien mayor? Dime… tú no has vivido lo que hoy estamos viviendo. No sabes la cantidad de sacrificios que se deben hacer, y de cómo se ha luchado para poder mantenerse a flote. Todo el mundo ha luchado por formar el mejor futuro que pueden-
-Pero…-
-¿Qué tal si cambias algo, digamos que la muerte de una persona? Está bien, vivirá. ¿Pero si otro muere en su lugar? ¿Qué tal si la persona que murió por los cambios, tenía un papel importante para el futuro?-
-Por eso es necesario que nos cuentes todo Dumbledore, podemos tomar precauciones-
El director de Hogwarts suspiró cansadamente, necesitaba una forma de convencer a todos ellos, de que no debían intentar cambiar nada. Miró a su yo pasado, tratando de encontrar apoyo, pero se encontraba tan confundido como todos. Si se conocía bien, también pensaba en tomar ventaja de lo que pasaba ¿O no? Se supone, que como buen hombre pensador, debía descartar la idea. Ahora entró en conflicto con sus propios pensamientos, porque no sabía cómo pelear contra su propia lógica. Fue cuando su yo con 15 años menos habló, que sonrió internamente.
-James, comprendo que tengas miedo a un futuro como en el que paramos. Pero debes escuchar la razón…-
-Yo-tengo-un-hijo, Albus- remarcó el Potter cada palabra, Lily dio un respingo involuntario, al igual que los Longbottom –Haré lo que sea para que el futuro de mi hijo sea el mejor-
El más viejo de los directores se levantó de su asiento y se dirigió a la salida. Necesitaba de medidas drásticas para hacer entender a su desesperada orden del pasado. Ante la mirada expectante de todos, solo agregó:
-Vuelvo en unos minutos, necesito que todos se pongan las capuchas sobre la cabeza-
o-o-o-o-o-o
Harry, Ron y Hermione habían pasado de los pensamientos pesimistas a los pensamientos habituales. Habían decidido dejar de lado el tema del "pasado" y pensar más en el presente. Los tres Gryffindor hablaban ahora de cómo serían las cosas con Voldemort tan fuerte, y sobre todo, de cómo sobrevivirían a todo eso.
La profecía llego a ser tema de plática, y las miradas de los tres se oscurecieron al saber lo que significaba.
-O moriré yo, o morirá Voldemort- musitó Harry pensativo, como si fuera un tema tan común como el Quiditch. Sus dos amigos estrecharon la mirada hacia el ojiverde, pero decidieron seguirle el juego de no preocuparse.
-Si…- agregó Ron -¿Qué haremos para derrotarlo?- se cruzó de brazos pensándolo de verdad
-No se, algún punto débil debe de tener- intentó Hermione encogiéndose de hombros. Harry salió abruptamente del juego, mirándolos peligrosamente.
-¿Haremos, punto débil?-
-SI- sentenció fuertemente Ron –Señor, no-quiero-que-nadie-resulte-herido, estás loco si crees que enfrentarás esto tú solo-
El joven de cabello azabache abrió y cerró la boca varias veces intentando encontrar las palabras para contrarrestar ese punto, pero le fue imposible.
-Supéralo Harry- secundó Hermione –Después de todos estos años ¿Dudabas que te siguiéramos a donde sea que fueras, o no apoyáramos lo que tuvieras en mente?-
-Esto es diferente…- intentó, cuando de nuevo fue interrumpido por la castaña
-¡Los calzones de Merlín son diferentes Potter! Esto es igual que siempre, tú contra Voldemort y nosotros cubriendo tu espalda. Como todos los años. ¡Y no te atrevas a decirme que no!-
El sonido de alguien llamando a la puerta, detuvo todo tipo de comentarios a favor y en contra del tema. Se quedaron en silencio, antes de que Harry permitiera que la persona entrara.
-Profesor Dumbledore- dijeron a coro los tres jóvenes un tanto sorprendidos, el director asintió con una sonrisa.
-Me alegra encontrarlos juntos, muchachos- caminó hasta la cama donde estaba sentado Harry, luego se giró solo a los otros dos muchachos –Sr. Weasley, Señorita Granger ¿Me permiten un momento a solas con Harry?-
-Claro Profesor- contestó de inmediato Hermione, levantándose como si tuviera resorte de la silla que ocupaba, y jalando a Ron hasta la salida, cerrando la puerta tras de sí.
Harry ya esperaba eso, se preguntaba por qué se había tardado tanto. Pero la mueca de confianza del director, se volvió en una cara más sería. Listo para ir al punto importante. Albus sabía que esa era la primera plática que tenía con Harry después del fiasco del Horrcrux. La primera donde buscarían arreglar ciertos errores.
-Harry…-
-No hay necesidad de discutir nada- interrumpió rápidamente el ojiverde levantándose de la cama y caminando unos pasos lejos. El profesor Dumbledore sabía que no sería fácil, pero no esperaba que desde el principio las cosas fueran así. El muchacho no se veía bien.
-Me temo que es todo lo contrario, Harry…- hizo una pequeña pausa -Primero, permíteme disculparme por lo sucedido en la cueva del Horrcrux- su voz estaba llena de sinceridad y en espera de redención por ese feo acontecimiento, algo que el joven no pudo pasar por desapercibido.
-No hay nada que perdonar, no fue su culp…-
-¿No lo fue?- inquirió rápidamente el hombre –Harry, muchacho. Después de todo lo que has pasado, no fue justo de mi parte hacerte pasar por eso también-
-Era necesario, la profecía…-
-La profecía dice lo que pasará, pero no dice la forma ¿Verdad? , No tenía necesidad de llevarte en un viaje tan peligroso sin estar preparado- pensó en detenerse ahí, pero rápidamente agregó –Se que eres un mago muy distinto a todos los de tu edad, eres excepcional. Pero nunca has enfrentado lo mismo dos veces, y dudo que todo pudiera salir de la misma forma-
-Eso quedó atrás, profesor. No importa-
-A mí si me importa, Harry. Y creo que a todos los que te rodean también. No sabes los angustiosos momentos que pasaron, cuando creímos que algo malo te había pasado. No sabes cómo me carcomía la culpa lentamente, aunado al dolor que veía en los rostros de tus amigos y los Weasley-
-Si, se habían quedado sin su arma contra Voldemort- susurró fríamente el muchacho todavía sin girarse para encarar de frente a su director.
-No creo que alguien haya pensado eso ni por un segundo- agregó rápidamente Dumbledore, de una manera un poco fuerte –Ni siquiera por la mente de tus amigos, quienes estoy seguro ya conocen la profecía-
Se formó un incómodo silencio en el que Harry trataba de controlar todos los sentimientos que luchaban por salir a flote de las últimas horas. Sentía que todo lo sobrepasaba. La voz de su director se abrió de nuevo paso entre el mar de pensamientos:
-Estás exhausto-
-Estoy bien- agregó rápidamente el ojiverde
-No deberías luchar contra todo así, Harry. Es mucho para un muchacho de casi 16 años- continuó tristemente el hombre
-Soy uno en un millón- se excusó Harry –Aunque dudo que los otros "uno en un millón" tengan las responsabilidad de derrotar a un mago tenebroso-
-Entonces eres único en tu clase- aceptó Dumbledore –Pero sigues siendo un muchacho, uno que no debería tratar de continuar en ese estado-
-Profesor Dumbledore…- interrumpió Harry un poco impaciente –Si es todo lo que me vino a decir…-
-Falta un tema importante- la voz del director de Hogwarts se oscureció ante esto último y Harry se tensó aún más al saber lo que venía.
Aquí vamos, pensó.
-La orden se reunirá con nuestros amigos pasados, necesitamos tratar temas importantes-
-No le aconsejo que deje a Sirius asistir- se giró para estar frente a frente con el viejo hombre, gran determinación brillando en sus ojos esmeraldas.
-¿Sirius?- preguntó confundido el hombre, antes de reír un poco –Harry…eso se supone, es lo que me tendría que decir tu padrino sobre ti-
-Pero si hablamos del mismo hombre, creo que estaremos de acuerdo en que no es el ejemplo de la madurez- sentenció Harry seriamente –No es una situación con la que pueda lidiar en este momento, no está dentro de todos sus sentidos-
-¿Y tu si?- preguntó curiosamente, observándolo por encima de su gafas de media luna
-No es algo de mi incumbencia- desvió la mirada de manera indiferente, haciendo al director borrar su sonrisa del rostro, suplantándola por una delgada línea tensa.
-Estoy seguro de que los pensamientos de todos los que saben que hay personas del pasado en esta casa, se concentran en ti- su voz no era un juego ya
-¿Por qué deberían?- contestó de nuevo Harry sin darle mucha importancia
-Después de todos estos años, creo que sabes la respuesta…- esperó a que el muchacho pudiera continuar, pero no dijo nada –Tú vida fue la que cambió drásticamente en solo una noche. De ahí parte el futuro que estamos viviendo-
-Un futuro que no cambiaremos ¿Me equivoco?, así que no veo por qué armar tanto alboroto si las cosas seguirán igual-
-Estás siendo demasiado duro contigo mismo Harry, no creo que la muerte de tus padres sea un tema indiferente para ti-
-Claro que no lo es. Pero si todo va a seguir igual, por el bien de todos, ¿Para qué molestarse? Es una batalla perdida-
Dumbledore sintió todas las palabras de Harry como un frío golpe de agua helada. Nunca lo había visto actuar de esa manera, nunca había tratado de esconder sus emociones hasta un punto como ese, y empezaba a preocuparle.
-¿Y desaprovechar la oportunidad de conocer a tus padres? No es una oportunidad que Neville vaya a desperdiciar-
-¿Encariñarme con lo que nunca tuve y que volveré a perder; tener un motivo más fuerte para acabar con Voldemort? No creo que sea un muy buen plan-
-No es un plan, Harry. Es una grandiosa oportunidad-
-¿Para sufrir más en esta vida? Creo que esta vez paso- sentenció el muchacho muy, muy seriamente –No voy a sufrir más por culpa de Voldemort-
-Separarte de todo no es la solución- agregó rápidamente Dumbledore, preocupándose aún más
Se formó un oscuro y tenso silencio entre los dos. Donde, al no recibir respuesta de Harry, el director pensó lo peor. Lo que temía de Harry desde aquél día en su oficina, cuando Sirius había muerto.
-Harry, sufrir así demuestra que tu sigues siendo un hombre, este dolor es parte de ser un ser humano –
-¡ENTONCES-NO-QUIERO-SER-UN–HUMANO!- Harry rugió, y alcanzo uno de los delicados instrumentos de plata de la mesa a lado de el y lo lanzó a través de la habitación. Se rompió en cientos de pequeños pedazos contra la pared. Varios de los retratos dejaron salir gritos de enojo y miedo, y el retrato de Armando Dippet dijo -¡De verdad!-
-¡NO ME IMPORTA!- Harry les gritó, agarrando un lunatoscopio y arrojándolo dentro de la chimenea. -¡HE TENIDO SUFICIENTE, HE VISTO SUFICIENTE, ME QUIERO IR, QUIERO QUE TERMINE, YA NO ME IMPORTA!-
La risa amarga de Harry lo hizo volver al presente, al trágico presente.
-¿Cree que planeo lo mismo que Voldemort? ¿Dejar de ser humano, tal y como lo dije al final de mi quinto año?- volvió a reír pasándose una mano por el cabello –No soy como él, pero puedo elegir cuándo dejar que las cosas pasen sin que me afecten-
Comenzó a caminar hacia la puerta, cuando giraba la perilla, la voz de Dumbledore lo detuvo.
-Quiero que estés presente en la reunión, Harry. Tú, La Srta. Granger, el Sr. Longbottom, y los Weasley-
Terminó de salir, cerrando la puerta tras de si.
o-o-o-o-o-
Remus había logrado salir del trance inicial después de tan impactante noticia. Y ahora buscaba a Sirius porque necesitaría al animago para hablar con Harry, era necesario. Deseaba que el hombre ya hubiera superado el impacto inicial al igual que él, y así estuviera más tranquilo a lo hora de ayudar a su ahijado.
Ahora pensaba en todos los lugares en los que se podía haber metido, la mansión no era tan grande, pero para alguien que no quería ser encontrado, podía ser un laberinto perfecto. Más con un animago algo sensible. Ya había atravesado la mitad de la mansión y no había señas de nadie, no solo de Sirius. Daba por hecho que Harry también estaba en su habitación y con algo de suerte, sus amigos estarían con él. Pero de los demás no tenía idea.
Cruzó de nuevo la vacía sala donde les habían dado las noticias, parecía que el silencio se hacía más pesado conforme pasaban los segundos con él ahí parado. Dio un pequeño brinco cuando las dos puertas se abrieron y entró Regulus con paso apresurado.
-Remus, que bueno que te veo- suspiró aliviado. Acercándose rápidamente al hombre lobo, dándole una palmada en la espalda.
-¿Pasó algo malo?- preguntó de inmediato el merodeador, ya que tanta urgencia en la voz nunca ameritaba nada bueno, por lo menos no para ellos.
-No…- comenzó despreocupado el Black –Creo- agregó dudoso –Tenemos órdenes de Dumbledore de ir al comedor principal, toda la orden- en los brazos llevaba colgando tres capas negras con capuchas, le dio una a Remus.
-¿Y esto?- el otro hombre permaneció en un expectante silencio por algunos segundos hasta que tomo aire para hablar
-Quiere… quiere, reunir…a las dos Ordenes- y como esperaba, Remus palideció notablemente hasta el punto de casi quedar transparente. Se quedó completamente mudo e incapaz de coordinar sus acciones con el cerebro, de nuevo.
-Pero…-
-Dice que es muy importante- aseguró Regulus algo nervioso, a él tampoco le gustaba nada la idea –Buscaré a Sirius- argumentó para irse
-¡No!- le detuvo Remus un tanto fuerte, pero luego se corrigió y calmó –No, yo iré por él-
Regulus le dio la capa de Sirius y se fue. Dejando al licántropo pensando en el lío en el que ahora estaban metidos. ¿Sirius, tenía la fortaleza necesaria para enfrentar el pasado? ¿Podría mantenerse callado ante tanta injusticia? ¿Se abstendría de maldecir a Peter, teniéndolo en frente y fingiendo ser un merodeador?
Caminó inseguro por todos lados, llegando a la conclusión de que Sirius quizás estaba en las afueras, tratando de que el oxígeno le llegara a los pulmones y el aire fresco le aclarara el cerebro. Solo le quedaba por buscar en ese lugar así que era lo más probable. Pero antes de poder salir, sabía que tenía que pasar frente a la puerta que daba al comedor principal, donde, del otro lado estaba la orden del pasado. Sus amigos para ser exactos, los padres de Harry, Lily y James.
Pero no esperaba ver, lo que ahora presenciaba.
Había tres jóvenes figuras, que se ponían las capas negras alrededor de los hombros y luego sobre la cabeza. Dos de ellas apoyaban sus manos en los hombros del tercero, a modo de apoyo. Y el joven de ojos verdes dio un largo y hondo suspiro, que Remus pudo escuchar desde donde estaba, y no pudo evitar sentirse confundido y nervioso. ¿Los muchachos también estarían presentes? Dumbledore estaba loco, estaba demente. ¿Acaso no tenía idea de cuánto podía lastimar a Harry? Quizás tenía algo entre manos.
Necesitaba a Sirius.
Vio como el trío dorado entró, y ahí acabó todo. Necesitaba con urgencia a Sirius.
o-o-o-o-o-o
A él siempre le tenían que pasar todo tipo de cosas extrañas, y aceptaba que su suerte no era de la mejores en el mundo. Lo poco que siempre lograba tener lo perdía después de un tiempo, se sentía desafortunado en ese aspecto.
Durante toda su estadía en Hogwarts, tuvo la fortuna de tener grandes amigos. James y Remus en especial, o los más cercanos, o quienes merecían llamarse sus amigos. Obviamente Peter quedaba fuera de esa lista desde hacía ya mucho tiempo. Pero volviendo al tema de lo especial en su vida, se sentía el rey del mundo en todos aquellos momentos felices. La mayoría de ellos dentro de Hogwarts, y luego fuera del colegio, eran momentos contados con los dedos de su mano.
Poco después se había convertido en padrino y se sentía completamente realizado. En aquél momento, quizás, se sentía el hombre más feliz del mundo, aunque Harry no fuera, por así decirlo, su hijo. Pero lo veía como a un sobrino, lo consentía demasiado y llegó a quererlo tanto como sus dos padres.
Pero como siempre en su vida, la desgracia cayó sobre él. Nunca podía…
-¿Dejarás de recorrer tu vida con tintes tristes o me escucharás?- reclamó una voz impaciente detrás de él
-Vaya manera de sacar a uno de sus pensamientos- atacó Sirius -¿Qué quieres Remus?-
-Que dejes actuar como alma en pena, ¿es mucho pedir?- dijo con sarcasmo notable en cada palabra, ganándose un gruñido del Black quien ofendido le dio la espalda por completo. –Sabes que estoy hablando en serio, Sirius. Hace menos de dos horas tuvimos una plática similar, sobre lo que consideras una prioridad en tu vida-
-¿Y eso es?...-
-¡Diablos, Sirius! Tú…- cuando el hombre-lobo estuvo a punto de lanzar todo tipo de maldiciones que tenía en mente para infringir daño al animago, en su mente algo le dijo que no lo hiciera y al hacer caso a esa vocecilla se calmó tanto, como si nunca hubiera estado enojado, antes de añadir: -Está bien. Tú sigue lamentando tu pasado, como eres la única que sufre…-
Se dio media vuelta empezando a caminar lejos del animago, dejando la capa negra sobre un macetero. Pero todavía tenía algo que decir, se detuvo por unos segundos:
-Creí que estarías junto a tu ahijado, enfrentando el pasado…- se pasó una mano por el cabello –Y no es figurativamente, Dumbledore convocó a una reunión con la antigua orden-
Era todo lo que tenía que decir, antes de desaparecer.
o-o-o-o-o
Ni una sola palabra se había pronunciado desde que el primer miembro llegó. El viejo Dumbledore había sido muy específico en no decir nada hasta que les dijera, porque de otro modo, cancelaría esa arriesgada reunión.
Así que sus inquietudes se embotellaron en el fondo de su ser y apretaron sus bocas para no hacer comentario alguno, mientras los que llegaban entraban y se sentaban del otro lado del comedor. Ellos estaban a la derecha, se habían movido para estar del mismo lado. Por lo tanto los recién llegados, por ahora "Desconocidos del futuro" ocuparon todo el lado izquierdo, quedando frente a frente.
Notaron lo nerviosos que muchos se notaban. Aún con esas capuchas negras cubriendo la mayor parte de sus rostros, sus movimientos delataban sus pensamientos. ¿Quién no habría de estar nervioso?
Para sorpresa de la antigua orden del fénix, primero entraron tres personas. Pero todos concordaron con el puro pensamiento de que no eran miembros de la orden, en si. Por más que estuvieran cubiertos, no se podía evitar el hecho de que quienes entraron eran tres adolescentes. Una de ellos mujer. Y se sentaron de manera insegura, cediéndose ciertos lugares entre ellos, acomodándose de la mejor manera posible. Pero desde que entraron, Alastor Moody no les quitó la vista de encima.
Poco a poco fueron llegando los demás, y los del pasado no sabían por qué la mayoría respingaba al llegar. Si al notarlos a ellos o a los tres que se encogían por cada uno de esos pequeños gritos. Incluso, una de los que entró, puso ambas manos en la cadera como si la idea de que esos tres adolescentes estuvieran ahí no agradara en lo más mínimo.
Pero al fin, parecía que estaban todos.
El viejo Dumbledore llegó a lo último, y pasó su mirada por cada uno de los presentes. Haciendo su tiempo en los tres adolescentes que cada vez llamaban más la atención de la orden del pasado por la sobreprotección que parecían tener sobre ellos. Luego, la mirada de Dumbledore se detuvo frente a una anciana –sus manos llenas de arrugas la delataban- y otro adolescente que la acompañaba. Dumbledore asintió con la cabeza para darles algo de coraje. También se concentró en una persona que parecía solitaria y más callada que los demás, vestido completamente de negro, su larga túnica combinando con la capa que tenía sobre la cabeza, el director le mandó una mirada de determinación a Snape. Por último, pero no menos importante, buscó a Sirius, pero al no encontrarlo no pudo evitar preocuparse. Con una negación de cabeza, Remus le indicó desde su lugar que el hombre no asistiría, era una pena en realidad.
Debía continuar con la reunión…
Las puertas se abrieron de nuevo y entró rápidamente un hombre –a impresión de la antigua orden- los demás, suspiraron tranquilos al saber que ahora estaban completos. Sirius, había tomado la precaución de ponerse la capucha sobre la cabeza antes de entrar –no le encontraba otra explicación a la capa negra- y buscó de inmediato con la mirada a su ahijado. Estaba junto a Remus y a un lado parecía estar ¿Ron? Se acercó al mejor amigo de su ahijado, y con solo esa acción, el joven entendió qué quería decir Sirius. Se levantó del asiento, dejándoselo al padrino de Harry. Cuando se iba, causó la risa de algunos cuando levantó las manos hacia el techo como celebrando que éste último hombre hubiera llegado. Se hubiera ganado una mirada asesina del animago si pudiera verlo.
-Bueno… en cualquier reunión común se presentarían a los presentes, pero me temo que esta vez no puedo hacerlo- nadie dijo nada, tal y como él había ordenado –Es importante que no lo sepan, pero como decía. Este extraño evento, ha juntado a la orden del Fénix, como era en el pasado y como ahora es en el futuro-
Sirius alargó su mano hasta ponerla de forma protectora sobre la de su ahijado. En ese momento no podían decir nada, pero quería hacerle saber que estaba ahí, con él.
-Mientras estén aquí…- Dumbledore se refirió a los del pasado –Tendremos que ser muy cuidadosos, creo que se han dado cuenta de que la situación no es fácil- hubo algunos asentimientos de cabeza por la parte de ellos.
Tomó aire para dar el siguiente paso.
-Ahora, señores, si les apetece pueden quitarse las capuchas- los miembros del pasado de se vieron entre sí y asintieron algo inseguros. No sabían por qué sentirse nerviosos frente a conocidos de seguro. Pero escucharon como muchos aguantaron la respiración cuando querían empezar a descubrirse.
Sirius sintió debajo de su mano, como la de su ahijado se encogió cuando todos quedaron descubiertos, pero en especial, dos personas.
-Me siento como exposición de un museo- dijo uno de ellos, que todos los del presente giraron a ver con suma rapidez que les dolió el cuello. Sirius Black se vio intimidado por tantas miradas ocultas.
-Sirius, no es el momento- digo el viejo Dumbledore tratando de calmar al joven Black, esperaba que ese comentario no desatara preguntas.
-No es justo que a nosotros nos puedan ver y nosotros a ellos no- reclamó hasta cierto punto ofendido James Potter. Sirius apretó su agarre en la mano de su ahijado, al saber lo difícil que era escucha la voz de su padre y luego sus palabras.
-James…- advirtió el Dumbledore del pasado
-Cielo, piensa en el ataque cardiaco que te podría dar verte con 15 años más- trató de consolarlo Lily, desviando el tema por un camino más seguro.
Dumbledore vio como su espía se quedó tan tieso como una estatua y no pudo evitar sentir curiosidad sobre lo que pensaba. Por otro lado, Sirius no estaba seguro de que su mano fuera lo suficientemente reconfortante para su ahijado.
-Señores, será mejor decir solo lo necesario- regañó Dumbledore al ver lo que estaban causando en su orden y no sabía hasta que punto podían ser presionados sin romperse.
-Está bien director- comenzó una voz suave y femenina –El punto es que estamos atrapados 15 años en el futuro, y acabamos de ser atacados por un grupo de mortífagos. Así que no nos puede ocultar el hecho, o negar, que Voldemort sigue vivo-
-Bien dicho, Alice- apremió Dumbledore, esperando ver la reacción de Neville, pero el muchacho estaba muy tranquilo. Sin duda no era lo mismo que con Harry, había mucha diferencia entre perder a tus padres y otra que se volvieran locos. Pero era hasta cierto punto, parecido.
-Y como se que sospechan, no puedo darles más información que esa- las caras de frustración de los miembros de su joven orden se hicieron presentes -…a menos que-
Harry levantó la cabeza de inmediato al creer saber lo que se cruzaba por la cabeza de su mentor. Olvidando que hacía pocos minutos estaban peleados.
-Profesor…- el hombre levantó la mano con una sonrisa cálida
-Se lo que hago muchacho- volvió su vista al frente para enfrentar a todos –Tengo información que puede cambiar todos mis planes-
Sirius, extrañado por el intercambio de palabras entre su ahijado y el director, no pudo evitar sentir curiosidad.
-¿Qué tipo de información, profesor?- por fortuna, la voz del animago había cambiado a través de los años, siendo poco reconocible para los del pasado.
El silencio cayó entre todos, a la espera de esa información que podía alterar el orden de todo.
-Durante el ataque de anoche, Voldemort estuvo presente-
Ni me lo recuerde pensó Sirius amargamente, pasando un brazo alrededor de los hombros de su ahijado.
-Pero, como algunos habrán notado. No estaba solo-
-Si- agregó el joven Sirius con entusiasmo –Había un encapuchado a su lado, no alcancé a distinguirlo-
Comenzaron los susurros alrededor de la sala. ¿Dumbledore aclararía la duda de ambas ordenes y les diría? ¿Frente a los muchachos? La última interrogante era por parte de Molly Weasley.
-Tengo una fuente certera, y debo admitir que yo ya suponía lo que me confirmaron esta mañana- no le gustaba darle vueltas al asunto pero de algún modo salía solo.
-¿Quién era, Albus?- dijo esta vez Moody
-Un enemigo común de todos nosotros…- suspiró y dirigió específicamente su vista a la orden del pasado -…Ustedes no son los únicos que vienen de 1981-
-¡¿Qué?- reaccionó de inmediato Snape, desde la punta de la mesa, sin quererlo. Pero…no podía ser que lo que creyera, eso, fuera cierto.
-Así es- confirmó el viejo director de Hogwarts –De algún modo, la maldad ha parado en este tiempo, para reforzar su lado…-
Ese silencio incómodo que se hace cada vez que se va a dar una mala noticia, se hizo presente como de costumbre en todo el día, antes de poder decir la peor parte del asunto.
-El Voldemort de 1981 se encuentra en este tiempo-
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SII! Soy mala! ¿Cómo dejarlo ahí? A ver, un trato: "Entre más reviews, más rápido lo subo" =D
anypotter
