Hola, mis queridos asesinos y adictos lectores. Como mi invento que detecta amenazas a mi persona falló, lo mejoré, ahora se llama: "Contiene-lectores 9000" que tiene un magneto gigante que atrae navajas, cuchillos, espadas, dagas, pistolas y todo objeto que le haga daño a mi inofensiva persona. Además de dejar sus varitas en aquella caja a un lado de la pared, ¡ESA! La caja amarilla junto a la pared verde. Ni se hagan que no la ven. ¬¬ queridos lectores, se los advierto ¡Dejen sus varitas! Al final se les regresará todo junto con una canasta de ranas de chocolate. =D

Respecto a quien logró lanzar causando destrucción, dejen decirles que por fortuna tuvo mala puntería y destruyó la casa del vecino hehehe, lo recompensaré por eso. Gracias a todos mis reviewers, me encantan sus palabras diseñadas para torturarme, créanme que me encantaría ver sus caras muajajaja.

Ahora sí, paramédicos listos. Equipo de resucitación listo, barrera de aurores protegiéndome… listo. Lean y disfruten.

...La Suerte Potter…

James y Sirius se cruzaron de brazos con expresión derrotada. Dos horas y no habían logrado sacar ni la más mínima información, tal y como Lily había predicho antes de salir del comedor. Incluso se habían atrevido a pedirle a Remus su consejo, él siempre pensaba un paso adelante que todos así que debía de tener alguna artimaña guardada o alguna pregunta maestra de la que nadie se pudiera resistir y tuvieran que contestar con la verdad.

Los gemelos por su parte chocaron manos, Neville se había sentado junto a Hermione por precaución y Ron seguía engulléndose los pequeños antojitos que llevaban los elfos. Ginny esperaba ver qué más intentaban aquellos hombres.

Los merodeadores no recordaban pasársela tan bien desde hacía tiempo. Claro, no es que en el pasado no se divirtieran. Pero sin tener que preocuparse por el mundo alrededor y sus vidas, era una sensación única y liberadora. James odiaba que Lily se perdiera eso, pero desde que habían parado en ese tiempo, se comportaba de una manera extraña. Y Peter también, quizás compartía el sentimiento.

El otro merodeador se había aparecido hacía media hora, se veía más nervioso de lo normal o de lo que era común en él. Se sentó junto a ellos pero de todas maneras no habló o se movió en lo más mínimo. Sirius trató de bromear en el asunto:

-¡Vamos Peter, actúas como si hubieras cometido asesinato!-

Ron se atragantó con los pequeños bollitos y de inmediato sus hermanos le palmearon la espalda para que pudiera respirar normalmente. Incluso Hermione trató de masajearle garganta para que pasara la comida. Ganándose las miradas de todos los demás.

-¡¿Cuántas veces te he dicho que mastiques bien la comida?- expresó Hermione, medio simulando el enfado con su amigo.

-Las mismas veces que nosotros le hemos dicho en casa- contestó una voz recién llegada. –Buenas tardeas a todos- saludó Arthur Weasley a todos los presentes. Contó cabezas encapuchadas y se cruzó de brazos. -¿Dónde están los demás?- preguntó extrañado.

-Ataque…en…el callejón Diagon- aclaró Ron, terminando de aclarar su garganta. Aunque no pudo ver la expresión de su padre, apostaba que se encontraba sorprendido.

-¿En serio?- no pareció darle mucha importancia –Del ministerio solo salió un grupo de 10 aurores, al parecer no fue mucho alboroto-

-Si…pero, ya deberían haber regresado todos ¿No?- preguntó Hermione

-Puede ser que estén investigando algo- se encogió de hombros el señor Weasley, luego tomó uno de los bocadillos de los que comía Ron –No deben de tardar mucho-

-Espero que por lo menos hayan matado a alguien- apoyó el joven Sirius, él en verdad quería desahogar algunas frustraciones.

-Para desgracia de la mayoría de nosotros, los cobardes ya habían huido- la nueva voz que se hizo presente se escuchaba frustrada. 5 encapuchados entraron al comedor y se dejaron caer sobre las sillas que ocupaban antes.

Sirius buscó a su ahijado entre el montón de jóvenes encapuchados y no lo encontró.

-¿Dónde está…?-

-¡AUXILIO!- el grito aterrador atravesó la pacífica atmósfera de la sala como un rayo. James sin pensarlo dos veces estuvo sobre sus pies y corrió en dirección de donde venía el grito de Lily. Los demás tampoco meditaron las cosas cuando le pisaban los talones al Potter.

No había más gritos que los guiaran por el camino correcto, solo sollozos que rebotaban en las paredes como un juego. Pero James se guió con el pensamiento de que Lily había dicho que quería aire fresco. Todos lo seguían a pocos centímetros de distancia.

Moody había empujado a todos los jóvenes que lo seguían, al final, no se habían quedado en el comedor argumentando que podían ser de ayuda, pero tampoco podría arriesgarlos dejándolos ir al frente con los demás, no sabían lo que les esperaba después de aquel aterrador grito.

A James cada paso se le hacía una eternidad y no encontraba la manera de llegar al patio trasero, sintió un empujón en su costado que repentinamente lo cambió de dirección, vio a un encapuchado que trababa de dirigirlo. Estaba agradecido por eso pero no tenía palabras para expresarlo. Pronto alcanzaron un pasillo que los llevó a su destino pero…

Sirius sintió una dolorosa punzada en el corazón, no podía estar pasando por eso de nuevo, no otra vez. Superó en velocidad a su viejo amigo y estuvo a lado del cuerpo tendido en el suelo en menos de lo que cualquiera pensaría.

-No…no…!NO!- gritó frenéticamente antes de quitar con sus manos el gran cuerpo de la serpiente degollada de encima de su ahijado. Cuando lo logró, pudo notar las tres horribles mordidas. La sangre se drenó de su cara completamente y estaba a punto de estallar en incoherencias.

Moody quien apenas divisaba la gravedad del asunto le ordenó a Arthur el mantener a los muchachos atrás, pero el hombre se negó fervientemente al encontrarse en algo parecido a un Deja vú. La misma serpiente, un daño doloroso, y ahora Harry. Sentía un deber con el muchacho en ese momento, a pesar de las órdenes del viejo auror. Kingsley se hizo cargo de sacar a los dos Potter, la joven orden y los muchachos de ahí para que los demás pudieran hacer su trabajo.

Cuando Sirius supo que se habían quedado solos, corrió con sus manos temblorosas, la capucha fuera del rostro de Harry. Su estómago se encogió de una manera poco saludable, al verlo tan pálido a excepción de sus mejillas que ganaban poco a poco un color rojizo, signo de fiebre. Pasó su mano nada tranquila por la mejilla de su ahijado, temiendo lo peor. Pero dos ojos esmeraldas se abrieron con cansancio, enfocándose en los de él.

-Vol…viste- susurró Harry con una pequeña sonrisa en los labios, haciendo que su padrino se bajara la capucha para quedar frente a frente con él, dejando correr sus lágrimas libremente.

-Te lo prometí- le sonrió de vuelta Sirius –Tú tienes que prometerme algo parecido-

-No…te preocupes… era so…solo una serpiente…de…de…tres…metros- intentó reconfortarlo Harry, su padrino buscó su mano para darle un pequeño apretón pero tenía una gran mordida.

-Hay que movernos, necesitamos llevarlo a San Mungo rápido- expresó Moody con gran preocupación en su voz, mirando por encima de su hombro cómo los muchachos peleaban para ver a su amigo, y la joven Orden del fénix casi en las mismas. Las lágrimas histéricas de Lily en los brazos de James no mejoraban la situación.

Sirius acariciaba el rostro de su ahijado, manteniéndolo con él.

-¿Harry?- preguntó con un nudo en la garganta al verlo tan quieto

-Harry…HARRY- intentó un poco más fuerte el Sr. Weasley –Harry, tienes que mantenerte despierto- Sirius pareció pensar por un momento en esas palabras, si, eso sería lo mejor.

-Harry, por favor…Harry, escúchame- ordenó, poniendo ambas manos a los lados de la cara del joven –Harry James Potter, te atreves a dormirte y sabrás por qué me temían en Azkaban- sentenció esperando que diera resultado. Los cansados ojos esmeraldas se abrieron de nuevo, mirando a su padrino un poco sorprendido.

-¿Te…te temían…en Azkaban?- preguntó

-Claro que sí- intentó sonar ofendido -¿Quieres que te de una muestra?- necesitaba seguir el hilo de la conversación.

-No…gracias- hizo una leve pausa –Con…con la señora…Weasley…tengo-

-Si, Harry. Molly lo hace porque te quiere- añadió Arthur, ayudando a Sirius mientras el animago se giraba con Moody y Remus para planear lo que tenían que hacer. –Sabes que ella te ve como un hijo propio, al igual que yo-

-Gra…gracias Señor Weasley- Harry sonrió levemente.

Sirius estaba todavía hincado a un lado de su ahijado, pero ahora centraba su atención en lo que discutían por lo bajo su amigo y el ex-auror. Los dos parecían pensar seriamente en algo y lo hacían con urgencia y rapidez, sabían que no disponían de todo el tiempo del mundo.

-¿Qué hay que hacer?- les urgió Sirius a los dos hombres, ellos se miraron el uno al otro antes de contestar.

-San Mungo es la única opción que tenemos, Sirius- Remus se detuvo por unos segundos mirando la leve plática del Sr. Weasley con Harry –Solo que…-

-¿Qué?- preguntó de inmediato el desesperado animago -¿Solo que…?- agitó la mano indicando que continuara ya.

-Necesitamos a Dumbledore, es riesgoso que llevemos a Potter al hospital sin asegurarnos de que los medimagos guardarán discreción sobre el tema- Moody gruñó por lo bajo –El director desapareció de nuevo cuando terminó el ataque al callejón Diagon ¿Lo recuerdas Black?-

-¡Debe de haber una forma!- insistió Sirius -¡No podemos solo quedarnos esper….!-

Los argumentos de Sirius se vieron interrumpidos por los susurros demandantes del Sr. Weasley para que Harry siguiera despierto.

-Harry…¡Harry! Debes de mantenerte hablando conmigo, por favor… dime ¿Planeas seguir en el equipo de Quidditch para el próximo año?-

Sirius les dirigió una mirada severa a los otros dos hombres que cuchicheaban con rapidez en voz baja. Captaron la oscura mirada del convicto de Azkaban, Remus fue el primero en explicarlo todo.

-Podríamos pedirle al Dumbledore que está aquí que nos ayude, solo necesitamos que pida la seriedad en el asunto. No es que haya cambiado mucho en 16 años-

-Podría funcionar- aceptó Sirius de inmediato

-Es riesgoso- intervino Moody

-¡Pero es la vida de mi ahijado de la que hablamos! Estoy seguro que el director puede guardar silencio cuando vuelva al pasado. Es un hombre que sabe lo que está bien y lo que está mal. ¡Además, no necesitamos contarle la vida de Harry!-

El viejo auror se pasó una mano por la cabeza, desesperado por la nueva situación en la que lo habían metido. Terminó asintiendo y Sirius de inmediato volvió a lado de Harry.

-¿Harry? Lo estás haciendo estupendo, no esperaba menos de ti- le felicitó nervioso, pasó una mano por debajo de su cuello y otra por sus piernas para tomarlo en sus brazos. Necesitaban llegar a la red Flu, pero no sabía que la nueva posición de su ahijado lo hiciera sentirse más cómodo y somnoliento. -¡Harry!- le reclamó cuando lo vio cerrar los ojos.

-¿Qué?- contestó en un susurro, todavía sin mirar a su padrino.

-¡Debes mantenerte despierto!-

-Estoy…despierto- argumentó acomodando más su cabeza –So…solo…descanso la…vista-

-Harry, se que estás cansado pero tendrás mucha vida para hacer eso después- el muchacho rió amargamente, encendiendo a su padrino –Claro, si logras sobrevivir a mis castigos porque no me gusta ese pesimismo tuyo-

-Ajá- musitó Harry

-Harry…- advirtió más peligrosamente el hombre –Quiero que te mantengas hablando, dime algo- exigió

-Me mordió una serpiente- contestó bajito el aludido, tratando de volver a descansar. El sueño lo estaba reclamando y él parecía un tirano al no hacer caso a ese deseo.

-Dejemos el tema de las serpientes de lado ¿Te parece?- habló rápidamente Sirius para mantener todo en movimiento, ocultando el tono amargo en su voz -¿Qué hay de tus amigos?-

-Nada nuevo- susurró apenas

-Harry… ¿Qué parte de mantente-hablando no entiendes?-

-La parte en la de… ¿Por qué tenemos que hablar en estas circunstancias?- era la oración más larga que había dicho y eso hizo sonreír a su padrino.

Comenzó a caminar tras de Moody y Remus quienes iban adelante para tratar de establecer una conexión con San Mungo. El Sr. Weasley lo seguía de cerca vigilando cada uno de sus movimientos.

-Tú háblame de lo que sea- le incitó Sirius –En estos momentos, quiero escuchar cualquier cosa que tengas que decir- no perdía de vista el camino que marcaba Remus. Pero ya estaba perdiendo de vista a los dos hombres. –Harry…-

-Estoy despierto- renegó el joven, añadió un suspiro al final y abrió los ojos para mirar el rostro concernido de su padrino. El hombre no lo dejaría descansar, no mientras pudiera detenerlo. Pero él no quería pensar, no quería hablar de nada en especial, quería descansar.

Rayos, se adentraron en una habitación apenas iluminada tenuemente, dándole de nuevo esa sensación de sueño y calidez que lo reclamaba desde hacía poco tiempo. Sí, se sentía muy cómodo, pero comenzaba a sentirse demasiado caliente, como si estuviera directamente bajo el ardiente sol de verano. Las voces de quienes lo rodeaban apenas eran susurros, ya no estaba seguro de distinguir lo que decían.

-Me adelantaré- sugirió Kingsley –Los alertaré para que tengan todo listo, es mejor, así no tendremos que esperar allá con todos mirándonos- y dicho eso se adentró en las llamas verdes de la chimenea.

Sirius se empezó a morder el labio inferior al saber lo que seguía, él no podía llegar a San Mungo y acompañar a Harry hasta donde pudiera. Seguía siendo un convicto de Azkaban, y uno muerto. Dos manos suaves lo sacaron de su pensamiento al intentar que soltara a su ahijado. Instintivamente se aferró más hasta que pudo distinguir la cara de Remus, su amigo lo estaba apoyando.

Sin decir ninguna palabra soltó su agarre, permitiéndole al licántropo tomarlo. El otro le sonrió, como diciendo que las cosas saldrían bien y Sirius asintió levemente, recuperando su compostura.

-No te estoy escuchando, Harry- pasó una mano por el cabello de su ahijado

-Sigo vivo, sigo vivo, sigo vivo…- comenzó a susurrar Harry repetidamente, arrancando una sonrisa del rostro de Sirius -…sigo vivo, sigo vivo, sigo vivo, sigo vivo-

Esperaron por algunos minutos, a Sirius comenzaban a parecerles milenios. Entre él, Remus, Moody y el Sr. Weasley se había instalado un incómodo silencio, solo interrumpido por la cantaleta de Harry: "Sigo vivo" que cada vez bajaba más de volumen, preocupando a los 4 hombres que esperaban impaciente el regreso de Kingsley.

-Sigo…vivo- repitió Harry cansadamente.

-Harry, puedes decir alguna otra cosa que no sea eso- sugirió Remus con una pequeña sonrisa –Hasta nosotros nos aburrimos del "sigo vivo"-

-Si- apoyó Sirius –Como el alfabeto-

-A, B, C, D, E…-

Siguieron esperando pacientemente por el bien de ellos mismos, Harry llegaba a la "Y" cuando Kingsley reapareció por la chimenea y con un meneo de cabeza les indicó a los demás que lo acompañaran. Entró Moody, seguido por el Sr. Weasley mientras Sirius ocupaba esos segundos para despedirse de Harry.

-Te espero de vuelta- le susurró al oído, antes de dejar que Remus se apresurara a pasar.

o-o-o-o-

El hospital de San Mungo, tan activo como siempre, se encontraba en un pesado silencio. Los heridos del ataque al callejón Diagon no dejaban de llegar, y varios de ellos no habían sobrevivido. No había distinción de edad en todos aquellos que eran atendidos, desde niños hasta magos mayores.

Cuando Dumbledore llegó, por unos momentos se sintió perdido. Ya conocía ese hospital, obviamente en el pasado también existía, pero lo que más le había sorprendido es encontrarlo prácticamente igual, sin muchos cambios de importancia. Y hubiera prestado más atención a su alrededor, de no ser porque otra cosa le estaba rondando con ferocidad la cabeza.

Escuchó la chimenea detrás de él y se giró inconcientemente, para ver la figura mayor, del pequeño de ojos verdes que conocía.

Remus Lupin lo tenía en sus brazos, pero no prestó atención al merodeador. Admitía que le llamaba mucho más la atención el joven mal herido que susurraba continuamente el abecedario, haciendo pausas para respirar. Era increíblemente parecido a James, como su madre había predicho y como los merodeadores presumían. Se suponía que tenía los bonitos ojos de su madre, pero no era posible saberlo en esos momentos.

-F…G…H-

Llegó un hombre llenito y con poco cabello, cuya mirada se agrandó al ver al joven que tenía que atender.

-¡Harry Potter!- soltó por lo bajo el medimago. El gruñido de Moody y la dura mirada de Remus hicieron al joven Director reaccionar, eso era para lo que lo necesitaban.

Aclaró su garganta llamando la atención del hombre desconocido.

-Lo siento profesor Dumbledore- dijo de inmediato.

-Espero la mayor discreción del asunto- sentenció seriamente con su imponente mirada azul sobre el medimago que asintió de inmediato y llamó a sus ayudantes. –Por el bien de todos, espero que así sea-

-No se tiene que preocupar por eso director, solo serán tres personas las que sabrán de la presencia de Harry Potter en este hospital-

Los tres miembros de la orden del fénix se miraron entre sí, como evaluando la situación.

-I…J-

Moody asintió aprobando la situación, no le quedaba más remedio.

-J…J…- Remus sintió como el peso en sus brazos se convertía en peso muerto de repente. Miró de inmediato a Harry y lo sacudió un poco.

-¿Harry?- preguntó aterrado, no obtuvo respuesta.

Después, todo pasó tan rápido que no supo como reaccionar.

Sintió como alguien le arrancaba a Harry de los brazos con una delicadeza y rapidez estupendas, luego el doctor y sus dos ayudantes corrieron a un cuarto completamente solo, con una sola cama pero muy espacioso. No supo si sus pies lo habían arrastrado tras ellos o si Moody o Kingsley lo habían jalado con ellos. Mientras la puerta de la blanca habitación estuvo abierta, el podía ver cómo se movían frenéticamente aquellos tres magos, sus bocas y rostros reflejaban todo tipo de sentimientos, desde enojo y sorpresa a frustración y miedo. Sabían lo que pasaría si no hacían lo correcto y se equivocaban en el más mínimo de los detalles. Sabían la importante vida que tenían en sus manos, que ellos eran los únicos responsables de lo que pasara de ese momento en adelante.

Corrían de un lado al otro de la habitación, buscando vendas, pociones, libros. Estaba seguro de que se gritaban entre ellos lo que tenían que hacer, pero como él no los escuchaba todavía tenía duda. La escena pasaba frente a él como una película muggle, muda y sin color, de manera muy lenta.

Solo una cosa pudo regresarlo de golpe a la realidad, y fue el sonido de un portazo. Uno de los medimagos, había cortado su campo de visión hacia dentro del cuarto.

o-o-o-o-o

En el momento en que los vio partir, los minutos más largos de la vida de Sirius comenzaron a caminar. El saber que su ahijado estaba en peligro mortal y que no podía hacer nada para ayudar, lo estaban poniendo más y más nervioso. En su interior esperaba que alguien regresara a darle noticias de Harry, de cómo estaba luchando y si había algo en lo que podía ayudar, pero su cerebro le gritaba que era imposible que aquellos 4 miembros de la Orden se despegaran de su ahijado, después de todo, no estaba en posición de defenderse así mismo de cualquier cosa que pudiera pasar.

Su sentido común apareció, si ellos abandonaban a Harry y algo malo pasaba, se culparía por el resto de su vida. Era mejor que lo cuidaran con sus propias vidas, o Sirius Black se encargaría de asesinarlos con sus propias manos. También se consoló con el hecho de que si alguien volvía pronto, era solo para dar malas noticias, decir que algo había salido mal o en el peor de los casos, que lo habían perdido. En cambio, si tardaban horas en llegar, era porque estaban al tanto de todo lo que pasaba y su ahijado seguía con vida. Significaba que iba bien, pero no tanto como para decírselo a él todavía para poder calmarse.

No sabía que hacer, era como estar dividido en dos. Solo se concentraba en el hecho de que nadie apareciera por esa chimenea, dándole malas noticias.

Pero las llamas verdes se encendieron y Sirius dio un espectacular brinco con el corazón palpitándole en la garganta. Su respiración se contuvo mientras el recién llegado acababa de aparecer.

-Regulus…- soltó dejando salir el aire de sus pulmones con gran dificultad y dejándose caer pesadamente en el sillón. Llevando ambas manos a la cabeza y cerrando los ojos para tranquilizarse.

El otro Black salió de la chimenea curioso por ese recibimiento y estudió a su hermano de los pies en la cabeza. Se le veía alterado, muy nervioso. Supuso que algo mal había pasado durante el ataque en el callejón Diagon cuando vio su túnica manchada de un color oscuro, y sus manos salpicadas de un rojo, un maldito rojo sangre.

-¿Qué pasó?- le urgió a Sirius acercándose a él en dos zancadas. Pero su hermano parecía estar todavía recuperando la respiración -¡Sirius! ¿Qué pasó en Diagon?-

El animago abrió los ojos lentamente y luego negó con la cabeza.

-¿Diagon? Aparte de varios muertos, nada de importancia- dijo amargamente.

-Pero… ¿Hubo bajas, miembros de la Orden? ¿Por qué estás manchado de sangre?... ¡¿Te hirieron?-

-No, a mi no- contestó ausente el hombre

-¡Por favor, ya no le des rodeos! ¿Qué pasó?- estaba cansado de esa respuesta de Sirius quien parecía estar en una especie de shock, por lo tanto, no estaba muy expresivo.

-Voldemort…el maldito de Voldemort- contestó con voz sombría el merodeador, antes de sentarse bien y esconder su cara entre las manos. -¡Siempre tiene que ser Voldemort! ¡No puede dejarlo en paz!-

Se levantó de golpe y pateó una pequeña mesa delante de él, haciendo un estruendoso ruido cuando el objeto voló lejos y quedó volteada sobre el suelo. Caminó en círculos en ese pequeño espacio, pero seguía gritando cosas incoherentes ante los oídos de Regulus, quien se encogía cada vez que su hermano alcanzaba algo que golpear o arrojar, hasta que llegó a una pared y con los puños cerrados comenzó a golpearla desesperadamente, como si fuera el mago oscuro en persona.

Las palabras revoloteaban dentro de la cabeza del Black menor, ¿No puede dejarlo en paz? ¿A quién no puede dejar en paz Vold…? Diablos, no tuvo que pensar más cuando la imagen de un inocente joven de ojos esmeraldas llegó a su mente. Se apresuró a llegar a lado de Sirius quien quería agujerear la pared con su mano derecha, logrando solo lastimarse. Puso su mano en el hombro de su hermano pero éste se sacudió violentamente para alejarlo.

-Sirius…- intentó hablarle pero no creía ser escuchado. Ahora se impresionaba de la impávida imagen que tuvo de su hermano al llegar. Al parecer había tocado el punto en el que el hombre podía descargar todo lo que pensaba y salir de la impresión. Pero aún así no pensaba alejarse de él, ahora también le interesaba qué era lo que había pasado, qué había hecho Voldemort y lo que tenía que ver Harry en todo eso. Agradeció a Merlín que sea lo que fuera, el muchacho no había muerto. De lo contrario, no hubiera encontrado a Sirius ahí, sino que se hubiera encontrado a una nerviosa orden del fénix diciendo que su tonto hermano había acudido a un encuentro por Voldemort.

Trató de nuevo de poner su mano en el hombro de su hermano y lo logró sin que el otro lo alejara. Sirius tenía la cabeza recargada en la pared y Regulus estaba seguro de que estaba dejando sus lágrimas salir, no quería ser visto así, siempre había procurado aparentar fortaleza frente a todos los demás. Aunque había momentos que la fortaleza de todo hombre debía flaquear.

-Todo estará bien-

Las palabras salieron automáticamente de la boca de Regulus, sin saber cómo se atrevía a decir eso, cuando todo alrededor de ellos parecía derrumbarse.

o-o-o-o-o

¿Horas? ¿Días? ¿Años? ¿Cuánto tiempo había sido? Estaba sentado en esa silla de madera, haciendo guardia fuera de la silenciosa habitación. Calmado hasta donde podía, agudizando cada uno de sus sentidos para estar alerta en cualquier sentido. Si acaso pasaba algo malo o algo bueno. Vio pasar frente a él a Kingsley, llevando a un Albus Dumbledore confundido de vuelta a la mansión, de vuelta con su verdadera orden. También sintió a Arthur llegar y sentarse a su lado, montando de segundo guardia fuera de la pacífica habitación.

Moody paseaba de un lado a otro sin poder detenerse, extraño de él ya que se suponía que siempre les recomendaba a todos tener la mente fría. Los dos hombres que estaban sentados dudaban que su mente estuviera despejada, todo lo contrario.

Remus volvió a clavar su mirada en la puerta, esperando que se abriera de un momento a otro ¿Entonces, cuando había pasado? Consultó un viejo reloj de bolsillo que cargaba. Solo una hora. Una hora que todavía se estaba alargando, causando más las ansias de aquellos tres que no encontraban nada en qué distraerse. Era difícil y tenían miedo.

Un pensamiento infernal cruzó la mente del licántropo, cuando se hizo una pregunta. ¿Por qué tanto silencio? ¿Las puertas de San Mungo en verdad eran a prueba de ruidos? Las orejas extensibles de los gemelos Weasley habían logrado burlar esos simples hechizos, pero por qué él no escuchaba nada, teniendo un sentido auditivo tan desarrollado por ser lo que era. Le estaba dando miedo. ¿Había pasado lo que todos temían?

La puerta se abrió, haciendo a los tres brincar un poco. Remus y Arthur se levantaron de sus asientos, se acercaron rápidamente al medimago que tenía una expresión indescriptible en su rostro. Incluso parpadeó varias veces y sacudió la cabeza para enfrentar a los tres magos que lo estaban esperando impacientemente. Aclaró su garganta que se había quedado seca de tantas órdenes y la impresión que todavía palpitaba en su cabeza.

-Bueno…- los tres contuvieron la respiración –Al parecer, esperaron mucho tiempo antes de traer al joven Potter- el medimago vio las expresiones de sufrimiento, tenía que continuar rápido –El muchacho perdió la conciencia y eso significaba que era más fácil que se dejara vencer por el veneno de la mordida de la serpiente. De inmediato comenzamos a administrar todo tipo de pociones que eran necesarias para combatir los efectos, ninguna parecía funcionar…-

Hizo una incómoda pausa esperando encontrar las palabras correctas para soltar de una vez lo que tenía que decir. Las expresiones de horror de los tres magos no le estaban ayudando, como si de un momento a otro se le fueran a ir encima y maldecirlo hasta la muerte.

-…los colmillos de la serpiente tenían algo que impedía que su veneno fuera eliminado con cualquier poción o hechizo. El animal estaba diseñado para matar a quien sea que pudiera morder-

Remus sintió como el color drenaba su cara y el calor de sus mejillas pasaba a un frío polar. Pudo notar como de repente sus facciones parecían congeladas y tan duras como las de una estatua. Al mismo tiempo que los brazos y las piernas le pesaban.

-¿Ha…Ha…Harry…está…?- no se veía capaz de completar la oración.

Pero la expresión seria del doctor se suavizó de la nada, y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

-Para nada- contestó con simpleza –El joven Potter está perfectamente bien-

De haber estado Sirius ahí, Remus juraba que por la manera en que el medimago les dio las noticias, el animago de todas manera se hubiera ido sobre le hombre a atacarlo y golpearlo contra la pared más cercana. No es que él no le faltaran ganas, pero tenía que hacer una cosa antes de matar a quien le salvó la vida al ahijado de su mejor amigo.

-¿Puedo verlo?- recordó al Sr. Weasley -¿Podemos verlo?- se corrigió rápidamente

El medimago asintió y se hizo a un lado para dejar a los tres hombres entrar. Remus fue el primero en pasar el marco de la puerta y dirigirse rápidamente a un lado de la cama de Harry. Con solo verlo tan tranquilamente dormido, bastó para que sus pulmones dejaran de apretar dolorosamente y se pasara ambas manos por la cabeza alejando la tensión que habían vivido. El Sr. Weasley a su lado también dejó el aire salir de sus pulmones, pero luego sonrió lleno de felicidad.

Moody por su parte, pudo expresar lo que era una verdadera sonrisa, y una mueca de alivio. Se giró al medimago, porque había algo que todavía no encajaba en su lugar. Un detalle que no cuadraba.

-¿No funcionaron sus intentos de…?- le invitó a que prosiguiera. El hombre se acercó desde la puerta y se plantó entre los tres magos.

-Como dije, aparte del veneno de la serpiente, había otro que anulaba los efectos de cualquier poción. Una combinación, si me permiten decirlo, mortal- los miembros de la orden asintieron entendiendo el punto –Nadie en este mundo hubiera podido hacer algo para salvar la vida del joven Potter-

-¿Está tratando de decir, que… es como otra especie de milagro?- comentó el Sr. Weasley –Que Harry sobrevivió al veneno de esa serpiente, como sobrevivió…¿A la maldición asesina?- el medimago negó

-Lo de la maldición asesina sigue siendo un misterio para todos. Pero afortunadamente, esta vez, había algo dentro del Sr. Potter que detuvo la toxina…- sonrió como si hubiera hecho un gran descubrimiento –Veneno de Basilisco-

Las tres caras sorprendidas de los hombres arrancaron una sonrisa del medimago.

-No se porque…pero había restos de veneno de Basilisco en la sangre del Sr. Potter, casi nada. Pero sirvió para combatir el veneno de la serpiente. Como si ambos se eliminaran entre ellos mismos-

-Veneno contra veneno- razonó Remus

-Así es- afirmó el otro –Este muchacho tuvo mucha, mucha suerte. De no haber sido así, ya estuviéramos contando otra historia-

Remus estaba, bastante sorprendido. Por medio de Dumbledore conocía parte de la historia de Harry, y le había contado superficialmente lo que pasó el año anterior al que él llegara… sobre Lockhart y la cámara secreta. Pero, no había entrado en mucho detalle. Quizás, tampoco el director sabía mucho sobre eso y quien se guardaba los detalles de tan peligrosa historia solo era Harry.

Por Merlín… ¡Estaba vivo por un milagro! ¿Y si…?

-No- negó para el mismo. –El hubiera no existe- se auto-convenció. Así que lo único que quedaba era decir, que de alguna forma, todo estaba extrañamente destinado a que encajara de esa manera. O una vez más, Harry tenía algún tipo de guardián invisible tras su espalda, que lo ayudaba a salir de todo ese tipo de situaciones.

Conjuró una silla y se dejó caer sobre ella. Lo siguieron Arthur y Moody.

-Creo que los dejaré solos, al parecer lo necesitan- sonrió el medimago –Y no se preocupen, nadie sabrá que el joven Potter está aquí- y se dio media vuelta para salir.

-Espere- le detuvo Moody -¿Qué tanto será necesario que el muchacho se quede aquí?-

-Lo sabremos en cuanto despierte- contestó el hombre –Por ahora, solo hay que dejarlo descansar-

La habitación se volvió a quedar en silencio, mientras los presentes pensaban en lo que había pasado. Lo rápido que había sido, el peligro en el que habían estado, y como todo pasó frente a sus narices. Todo no podía ser una simple coincidencia.

-¿Cómo logró entrar la serpiente de Voldemort a la mansión?- gruñó Moody –Se supone que las barreras son mucho más fuertes que las anteriores- Arthur pensaba en lo mismo, pero Remus mantenía ocupado su tiempo observando a Harry.

-No es una serpiente normal- apoyó el Weasley –Es gigante, habilidosa, muy fuerte…no dudo que debía tener cierto tipo de hechizos especiales sobre ella-

-Lo averiguaremos cuando regresemos a la mansión. Solo espero que no hayan tocado nada- puntualizó el viejo auror –Podemos averiguar como entró-

-Me encargué de poner un hechizo para que nadie se acercara- asintió el Sr. Weasley –Poco antes de venirnos-

-Bien pensado- felicitó Alastor.

Para Remus, sus palabras eran solo sonidos desordenados pues no les prestaba atención. Todavía le parecía un suceso imposible lo que acababa de pasar y lo único que podía hacer era añadir un punto a la lista de Harry. De cosas que había vivido, de las batallas a las que había sobrevivido. De las veces que a él y a Sirius casi los mata de un infarto.

o-o-o-o-o-o

-A esta hora, Naggini debió de terminar con el trabajo- siseó Lord Voldemort a su acompañante –Conoce muy bien a su objetivo-

-Me cuesta trabajo todavía, creer que un simple muchacho pueda ser una amenaza tan grande. Sin mencionar a su madre impura-

-Ese fue nuestro error- gruñó Voldemort –Pero no se podrá repetir-

-¿Seguro que Colagusano podrá cumplir con esa misión?-

-Ya lo ha hecho antes, será muy tonto pero teme tanto que lo matemos que hará las cosas perfectamente-

-Estamos hablando del que te sirve a ti, el que viene conmigo, ni siquiera ha delatado a sus amigos-

-Igualmente está ya de nuestro lado. No permito traiciones-

Se formó un corto silencio en el que ambos magos se vieron a la cara, y solo les dio la impresión de estarse viendo frente a un espejo. Aunque aquél que venía de 1981 se veía incómodo de estar confiando en los planes de su contraparte, aunque fuera él mismo. No le gustaba estar recibiendo órdenes, solo porque el otro sabía cómo eran las cosas en ese tiempo.

-Esperemos que nuestro pequeño espía regrese pronto con noticias- siseó el mayor de los dos

-Después de un ataque así, ¿No será lo más obvio que todos sepan quién es?-

-Claro que lo sabrán, y sabían a lo que se enfrentaban desde un principio. Pero si el viejo tiene la tonta idea de querer regresarlos a su tiempo, no arriesgaría el futuro, diciéndoles que Pettigrew es un traidor. Esa será nuestra victoria-

-Los destruiremos desde dentro, y no harán nada para evitarlo-

-No mientras no quieran levantar sospechas entre aquellos del pasado-

Hasta ese momento, Harry se había mantenido completamente en silencio. Generalmente, buscaba salir de esos sueños o visiones pues no quería sufrir o sentir los hechizos que eran usados, pero esta vez no hubo nada de eso. Desde el principio, cuando vio a su peor pesadilla multiplicada por dos, supo que era de importancia permanecer ahí. Lo hizo de la manera más silenciosa que pudo, para que Voldemort no notara su presencia.

Lo logró, la visión había acabado y ahora todas sus sospechas se confirmaban.

De un brinco se sentó donde sea que estuviera recostado. Hizo una mueca de dolor cuando sintió un tirón en su brazo derecho y en el hombro izquierdo. Rayos. Pero luego dos gentiles brazos lo envolvieron y trataron de empujarlo de nuevo a las almohadas pero se negó fervientemente. Poco a poco, los sonidos empezaban a cobrar sentido.

-Harry- alguien dijo a modo de advertencia –Deja de pelearme, recuéstate de nuevo-

-No- atinó a decir testarudamente mientras todos sus sentidos volvían a su lugar. Su nariz le dijo que estaba en un lugar que olía fuertemente a un hospital. Desinfectado, con el aroma de distintas pociones, y el pijama holgado que cubría su cuerpo.

-Harry…por favor- esta vez era una voz diferente, que el muchacho alcanzó a distinguir.

-¿Señor Weasley?- preguntó dudoso todavía sin abrir los ojos pero luchando contra las manos que lo empujaban.

-Potter- gruñó alguien, y no tuvo que pensarlo. Moody.

Llenó sus pulmones de aire y poco a poco abrió los ojos, acostumbrándose al horrible blanco de todo el lugar. Estrechó los ojos un poco al ver todo tan iluminado a pesar de no tener ventanas. Giró un poco la cabeza, para descubrir que quien lo quería obligar a volver a la cama era Remus.

-Harry…- advirtió el licántropo –No está a discusión-

-No…no, no. Debemos volver a la mansión- intentó él tomando sus lentes de una mesita a un lado de la cama

-Todo esta bien Potter, debes tranquilizarte- le ordenó el viejo auror, pero ni así podrían quitarle de la cabeza, el pensamiento de que todos corrían peligro con Peter ahí. No encontraba las palabras para explicarles eso.

Los argumentos de los cuatro se vieron detenidos cuando alguien entró. Todos miraron al medimago parado en la puerta sonriente.

-¡Ah! Señor Potter, que alegría que se encuentre bien- se acercó rápidamente a la cama y alejó a los demás mientras comenzaba a hacer hechizos de diagnóstico y le hacía algunas preguntas a Harry.

Los miembros de la orden del fénix agudizaron sus oídos para escuchar todo.

-Quién lo diría- rió el hombre –Hace dos horas llegó medio-muerto, y ahora parece listo para irse montado en escoba-

-¿Qué?- dejó salir Remus de inmediato, incapaz de dar crédito a esas palabras. No podía quitarse la imagen de Harry pálido con heridas sangrantes en sus brazos, y los esfuerzos de todos para mantenerlo despierto, ¿Ahora, en sesenta minutos…todo estaba bien? ¿Así de simple?

-Les dije que ambos venenos se estaban eliminando el uno al otro- se excusó el medimago

-¿Dos venenos?- preguntó Harry curioso

-Estás muy joven para entender esto- le sonrió el hombre dándole unas palmaditas en la cabeza como si fuera un niño pequeño. El Sr. Weasley intentó no reírse. –Pero…-

¡Ah, diablos! Pensó Harry de inmediato y al parecer el pensamiento se reflejó en su cara pues Remus le sonrió.

-Al terminarse de eliminar las toxinas, los efectos restantes de todas las pociones que tratamos de administrar harán efecto juntas-

-¿Existe un peligro en eso?- preguntó Moody de inmediato.

-No… un peligro no, cuando la poción que anula a las otras desaparezca…- se detuvo el medimago pensándolo y observando a Harry –Puede ser que duerma por varias horas, o actúen como sedantes. Incluso alguna fiebrecilla, pero nada de importancia-

Harry abrió los ojos considerablemente ante esas opciones.

-¿Entonces es seguro que nos lo llevemos?- intervino de nuevo el viejo auror. En la mansión podrían estar más tranquilos y protegidos.

-Si, me parece razonable- asintió el medimago –Solo que no pueden darle ninguna poción para lo que sea que suceda- advirtió –Y deben tener cuidado con las heridas de las mordeduras de la serpiente, tiene que llevarse las cosas tranquilo Sr. Potter-

o-o-o-o-o

Regulus había logrado calmar a su hermano lo suficiente como para que no destruyera la mansión de Dumbledore. Logró llevarlo al sofá y sentarlo tranquilamente para esperar noticias. Miró la mano roja de Sirius, con la que había golpeado repetidamente un muro. Esperaba que no se hubiera roto nada.

-Actuar de esa manera nunca te llevará a ningún lado- sugirió el menor de los Black, Sirius bufó.

-¿No se supone que el hermano mayor es el que debe dar los consejos?-

-Nunca hemos sido unos Black normales- aceptó Regulus por lo bajo, su hermano lo miró.

-Genial…- dijo secamente -¿Dije algo malo?- Regulus negó

-¿Por qué lo dices?-

-Siempre debo decir algo malo, es una vieja costumbre- contestó tristemente

-Las costumbres se pueden ir-

Sirius volvió a poner la cabeza entre sus manos, suspirando derrotado.

-Soy un pésimo padrino- admitió el animago por lo bajo –No merezco tener un ahijado, no soy bueno a la hora de cuidar de él-

-Y me estás diciendo esto por…- le incitó Regulus

-¡Porque nunca estoy cuando Harry me necesita!- exclamó el merodeador -¡En estos días, una y otra y otra vez le han pasado cosas malas sin parar, no he podido protegerlo de nada!-

Las llamas de la chimenea se encendieron, algo que solo el Black menor notó pues su hermano seguía culpándose hasta de que Voldemort viviera. Era difícil poder quitarle esa culpa que sentía, era demasiado testarudo. Regulus vio a Remus atravesar primero, pero su brazo seguía dentro de la flameante chimenea, esperando que cruzara alguien más. Una gran sonrisa de hizo presente en el rostro de Regulus al ver a Harry cruzar por su cuenta, en una pieza.

Intentó llamar la atención de Sirius pero su hermano no le hizo caso, así que no lo intentó más y en cambio estudió al joven de ojos esmeralda y tez pálida. Llevaba un pijama blanco debajo de la túnica negra que llevaba encima. Tenía la palma de la mano derecha vendada, y todo el brazo recogido contra su pecho. Al mismo tiempo, Remus evitaba tocar el hombro izquierdo de Harry.

-Soy un pésimo padrino- siguió murmurando Sirius sin darse cuenta de los recién llegados. Remus estuvo a punto de intervenir pero Harry lo detuvo con un leve meneo de cabeza.

-¿En serio?- preguntó el joven. Tal como lo pensó, su padrino ni siquiera se dio cuenta de que era él.

-Si, si. El peor de todos- sollozó Sirius.

-¿Por qué?- intentó de nuevo Harry con una sonrisa en el rostro.

-Porque parezco un niño de 5 años crecido. No puedo cuidar de mi, menos de alguien más- seguía con la cara entre las manos

-¿Le vas a dar la razón a Snape?- continuó Harry. Regulus y Remus lo veían con una sonrisa, ya no faltaba mucho para que el animago se diera cuenta de con quién estaba hablando.

-¿A Quejicus? Ni en sus sueños- negó Sirius fervientemente todavía con la vista escondida entre sus dedos –Soy un fracaso privado… o un fracaso para mis amigos-

Remus se llevó una mano a la cabeza con frustración y Regulus evitaba reírse.

-Yo pienso que eres un gran padrino- admitió levemente el joven de ojos esmeralda. Sirius pareció calmarse un poco.

-Gracias- contestó, luego comenzó a tallarse los ojos para secar las lágrimas –¿Sabes Regulus…? desde hace rato, la voz te agarró un tonito como de niña-

-¡¿Que tengo voz de qué?- explotó Harry

Sirius brincó de donde estaba sentado, espantado por esa repentina exclamación. Después, sus ojos se agrandaron y comenzaron a llenarse de lágrimas de nuevo, con la diferencia que esta vez eran de felicidad.

-¡Harry!- se paró del sofá como un bólido y atravesó el espacio que los separaba en un solo paso. Pero la mano extendida hacia delante de su ahijado lo obligó a detenerse en seco. Su mirada verde ahora era peligrosa.

-¿Que-tengo-voz-de-qué?- siseó, pero a Sirius no le importó. Bajó el brazo de su ahijado y lo abrazó contento. -¡Sirius, no! ¡Ah, ay!- Remus intervino rápidamente con ayuda del otro Black para alejar un poco al animago. Harry respiró profundamente para calmar los pequeños temblores que recorrieron su cuerpo y las punzadas de sus heridas.

-¡Oh pero Merlín, Harry, lo siento!- se disculpó de inmediato, pero se detuvo un momento para procesar todo lo que estaba pasando -¿Harry? ¡¿Por los calzones de Merlín, qué haces aquí?-

-Ah, si quieres me voy- contestó como si nada su ahijado dando media vuelta encaminándose a la red flu. Remus lo detuvo poniendo una mano en su espalda.

-Sirius, a Harry le permitieron volver rápido porque está fuera de peligro- explicó calmadamente el licántropo –El medimago dijo que…-

-¡Fuera de peligro mis cuernos!- comenzó Sirius –Solo han pasado… ¿Qué?- vio un pequeño reloj sobre la chimenea -¿Dos horas?- completó -¡Hace menos de dos horas casi…casi…!-

-Black, déjame explicarte. El medimago dijo que gracias a los residuos de veneno de basilisco en la sangre de Harry…-

-¡¿Qué?- exclamó lo más alto que pudo -¡¿Basilisco?- Harry se encogió en su lugar con el segundo grito, pero no fue el único porque el animago sintió como su hermano también se encogía a su lado. De inmediato clavó su vista de convicto en Harry pidiendo explicaciones.

-Sirius…- comenzó nerviosamente su ahijado –Te perdono lo de la voz de niña- comenzó a dar unos pasos hacia atrás por precaución

-Harry James Potter- advirtió el Black

-¡No!- en menos de lo que todos esperaban, Harry había dejado la sala y había desaparecido pasando la puerta. Los tres hombres parpadearon perplejos.

-¿Todavía tienes duda de que se encuentra mejor?- le preguntó Regulus a Sirius

o-o-o-o-o-

Harry sabía que no debía de haber escapado de esa conversación de esa forma, pero en esos momentos no estaba listo para hablar de aquello. Se lo había prometido a Regulus, claro, pero nunca dijo cuando. Así que la opción más segura era evitar el asunto mientras pudiera, porque después de escuchar lo que creía Sirius de sí mismo, de cómo había fallado como su padrino, no quería contarle algo que lo hiciera sentirse más culpable.

Por precaución, en cuanto salió de la sala se puso la capucha sobre la cabeza. No sabía dónde estaban los miembros de la orden del pasado, pero mientras recorría la casa en busca de un escondite temporal, había que ser precavido. Escuchó mucho barullo en el comedor, a sus amigos exactamente gritando cosas:

-¡Ya deberían de saber algo!- esa en definitiva era la voz de Ron –¡Una serpiente atacó a mi mejor amigo, ¿Y no me dejan ir con él?-

-No creo que en estos momentos puedan estar con él, tienes que ser fuerte- al parecer Tonks intentaba calmarlos

-¡Ya se cumplieron dos horas, es demasiado!- intentó Hermione

Harry dejó de escuchar las protestas de sus amigos pues podía escuchar las voces y pasos apresurados de Remus, Sirius y Regulus. Se estaban acercando y él ni siquiera había pensado en una buena excusa.

Se apresuró a llegar al comedor. Abrió una de las puertas y entró como si fuera perseguido por Voldemort, pero se detuvo para cerrarla de nuevo. Se quedó recargado con la frente pegada en la puerta, tomando un respiro y escuchando las voces de los hombres que lo seguían. Pero no se hicieron esperar varias exclamaciones.

-¡Harry!- gritaron Ron y Hermione alegremente al verlo ahí parado, pero de inmediato se dieron cuenta de su imprudencia y se llevaron ambas manos a la boca.

-Muchachos, tienen que ayudarme a esconderme de…- justo cuando se giraba, él también calló en el instante.

La original orden del fénix estaba presente.

o-o-o-o-o-

hahaha ¿Qué, ahora si se descubre todo? Se que les prometí una canasta de ranas de chocolate, pero…ejem… tardaron mucho en leer y llegar hasta acá y pues… hehehe oops, me las comí. ¡Calma! Les traeré doble para el próximo capi, lo juro.

Ahora, ¿Quién quiere el próximo capitulo? No escucho… así que tendrán que dejar review =D ¿Dónde están mis lectores?...

anypotter