Y el juez dijo: "anypotter, es declarada inocente por los cargos en su contra sobre el asesinato de 3 lectores" la chica comenzó a celebrar con sus reconocidos amigos cercanos (si, sion allegra andaba ahí) y se emborracharon hasta caer dormidos.

Ahora, hehehhe, me encantaron sus reviews. Hubo uno en especial que me dejó confundida porque decía: "buaff" hahaha, creo que lo dejé sin palabras. Pero debo admitir que mi escondite ya no es tan seguro a raiz de lo que pasará en este capi. Tranquilos, es medio-calmado, creo. ¿Para qué los hago esperar más? Se que quieren leer, pero no pasan de aquí sin entregarme sus varitas y pasar por el detector de metales y firmar aquél documento donde manifiestan que no harán nada que perjudique mi persona.

Salvo eso, enjoy it.

¿Qué pasó?...

-Quiero ver como sufres por tu suerte, como sufrirán todos- se detuvo mirando a Sirius y luego a James –No mataré a los dos. Sería una tragedia- fingió falsa pena que se esfumó cuando estuvo listo para decir el final –Solo mataré a uno, el otro vivirá-

¿Solo uno? Esas dos pequeñas palabras recorrieron las mentes de todos los presentes con una rapidez impresionante, y se repetían una tras otra hasta estar seguros de que lo que habían escuchado era verdad. Eso no era bueno, nada bueno. ¿Cómo elegir? Simple, no se podía elegir. Toda la orden comenzó a buscar desesperadamente una salida, muchos incluso buscaron la mirada de Dumbledore para que les dijera que él ya tenía la solución, pero la mirada azul de viejo mago se encontraba dividida entre Lily y Harry. ¿Acaso lo estaba pensando?

-No tienen todo el tiempo del mundo, señores- siseó Voldemort con su malévola sonrisa, arrancando más suspiros frustrados de los presentes que seguían pensando a marchas forzadas.

Sirius no despegaba su vista húmeda de su ahijado, lo miraba como pidiendo perdón. Harry lo sabía, sabía lo que estaba cruzando la mente de su padrino en esos momentos.

-Ni te atrevas a pensarlo, Sirius- reclamó Harry, pero eso no pareció cambiar la mente del animago. La mayoría prestó atención a esa silenciosa conversación.

-Sabes que te lo prometí- argumentó el Black firmemente, tratando de adoptar la postura más seria que pudiera para que su ahijado no pudiera reclamar. El intento fue fallido.

-¡No, Sirius!- protestó el ojiverde retorciéndose en el agarre de Voldemort, pero el mago tenebroso lo tomó aún más fuerte y volvió a engullir su varita en el cuello del adolescente.

-Esta no es tu decisión, Potter- siseó, luego volvió de nuevo su atención a la orden.

James miraba con la misma decisión de su amigo más viejo, a Lily. ¿Cómo podía dejar ir a su esposa? ¿Y su hijo? Pero, su pequeño tenía un año, no 16. El pensamiento se debió de haber dibujado perfectamente en su cara porque su esposa lo miró con un gran "NO" grabado en toda su cara. Indicando que no hiciera lo que pensaba.

-James…- advirtió seriamente

-Pero, Lily…-

-¡Es increíble que siquiera lo estés pensando!- reclamó enojada, sus ojos esmeraldas se vieron ofendidos por los pensamientos de su esposo.

Ambos magos Tenebrosos pensaron que estaban dando demasiado tiempo a la orden. Un tiempo valioso para ellos, un tiempo donde cualquier cosa podría salir mal y por andar jugando al verdugo, sus planes de esa noche acabarían en menos de lo que pensaban. Lo que había sido un maravilloso inicio terminaría en todo lo contrario para su causa.

-Tienen 5 segundos para elegir a uno, o mataremos a los dos- siseó el más viejo –Mi paciencia se agota-

Eso fue un detonante para todo tipo de argumentos a favor y en contra de lo que estaba pasando.

-¡Sirius!-

-¡James!-

-Pero…-

-Pero…-

-Por favor, Sirius. No lo hagas, no-

-Sabes lo que tienes que hacer, James-

-4…-

-¡James, es tu hijo!- se atrevió a decir Sirius. Dejando al muchacho sin palabras.

-Si cariño, es nuestro Harry- intentó Lily, tratando de convencer a su marido que ahora comenzaba a dudar.

La orden se mantenía en expectante silencio detrás.

-3…-

-¡No, no y no! ¡Definitivamente no!- comenzó a contradecir Harry profundamente desesperado, buscando la mirada de su padrino para dejarlo en claro, pero el animago no se atrevía a mirarlo por miedo a que lo convenciera. -¡No de nuevo!-

Eso fue un punto bajo para el hombre. Miró la desesperación de su ahijado para impedirlo, el no dejar que de nuevo pasara lo de aquella noche de Halloween. ¿Qué podía más? ¿Su promesa de no dejar que nada le pasara y salvarlo, o el pensamiento de lo mucho que sufriría?

-Harry, así me odies eternamente no-te-dejaré- sentenció con tristeza, pero la mirada del ojiverde era mucho más dura que eso. No se atrevió mirarlo por más de dos segundos a la cara.

-2…-

-Te amo James-

-Y yo a ti Lily, no lo olvides nunca- respondió el Potter con lágrimas en los ojos

-1…-

Si habían estado en un momento más duro que este, nadie lo podía recordar. Tenían que decir el nombre de quién querían salvar y dejar al otro morir.

-¡Harry!- corearon Sirius y James antes de que la cuenta acabara, pero una tercer voz les dio la contraria.

-Lily- sonaba apacible y decidida.

El padre y el padrino del muchacho se giraron con lentitud mirando insólitamente a quien estaba en desacuerdo con ellos. Dumbledore los enfrentó con seriedad.

-¡Estás demente si crees que te dejaré hacer eso!- gritó Sirius enfurecido hasta más no poder. Levantó su varita amenazadoramente hacia el director, aunque el hombre ni siquiera se inmutó.

-¡DÉJATE DE ESTUPIDECES DUMBLEDORE!- reclamó la pelirroja encolerizada -¡Harry es quien va a vivir!-

Cuando el muchacho había escuchado su nombre de los labios de su padre y su padrino, sintió que el mundo se le vendría encima. El perder a su madre una vez en la vida era lo suficientemente doloroso como para perderla doble. Pero cuando escuchó que alguien eligió a su madre en vez de él, no sintió gozo, o la culpa que disminuiría. Sintió una puñalada en la espalda, dolorosa y fría.

Claro que había rogado que la eligieran a ella en vez de él, pero lo quería oír de Sirius y de su padre. No del hombre que creyó que no se atrevería a decir nada pues no podía elegir en una situación donde cualquier decisión sería errada. No del hombre que clamaba protegerlo a toda costa, con todo tipo de decisiones y acciones tontas con las que en su mayoría había estado en desacuerdo, esta vez, no esperaba eso de Dumbledore. Y al parecer nadie tampoco por la manera asesina en que lo miraban.

-Suelta a Lily- ordenó el director sin ningún tipo de remordimiento en su voz –Yo soy el líder de la orden, yo soy quien elige-

-¡JAMES ES EL PADRE DE HARRY Y MI ESPOSO, ÉL TIENE MÁS DERECHOS QUE TÚ!- volvió al ataque la pelirroja increíblemente enfadada con el hombre quien solo levantó su mamo en un gesto de silencio.

-Suelta a Lily, Tom-

Pero el padre y el padrino del ojiverde se volvieron contra Dumbledore con sus varitas en ristre, completamente enfurecidos. Se veían dispuestos a todo con tal de que el director callara. La orden detrás del viejo mago tampoco se veía del todo contenta con esa decisión, Molly también amoldaba mejor la varita a su mano.

Harry no podía creerlo, no podía creer que de nuevo la orden comenzaría a pelear, y esta vez, en vivo para el entretenimiento de Voldemort. Todo a su alrededor de nuevo se había salido de control ¿Y quién tendría que luchar por arreglarlo? Diablos. Bajó su vista disimuladamente, aprovecharía el momento en el que su captor estaba más interesado en lo que pasaba frente a él que en lo que hacía. Si quería tener una oportunidad, debía encontrar su varita.

A simple vista no la divisó, movió un poco el pié pero solo sintió simples raíces. Un pequeño crujido y un movimiento llamaron su atención. Miró de reojo como su madre empujaba algo por el suelo, su varita. Él también movió un poco sus pies, tratando de jalar el objeto. Cuando lo logró, era obvio que no se agacharía a tomarla o le pediría a Voldemort permiso. Lily lo miró de manera cómplice, luego le indicó que viera su mano. La pelirroja tenía tres dedos arriba, esa era la cuenta para actuar. Harry asintió imperceptiblemente. Pero necesitaban más ayuda.

Cuando volvió su vista a la orden, no había ninguna diferencia. Dumbledore trataba de convencer a su padre y a Sirius de que lo que hacía era lo correcto, pero ellos dos no se dejaban. James no podía argumentar mucho a favor de querer salvarlo a él –y no lo culpaba- pero aún así luchaba por lo que su esposa le había encomendado.

Harry encontró, un poco más atrás de la orden a sus amigos. Neville ya estaba con ellos y todos veían preocupados lo que estaba pasando. Hermione incluso tenía una mirada que podía atravesar al director. Ron alcanzó a ver a Harry y pronto le dio un discreto codazo a Hermione y ella hizo lo mismo con Ginny, así se fueron de uno en uno, hasta que el ojiverde tenía la atención de sus amigos.

Con simples miradas y pequeños gestos, lograron organizarse lo mejor que pudieron. Los gemelos habían alcanzado a ver la varita en la mano de Harry, dando por hecho que se preparaba para salir de las garras de Voldemort. Cuando estuvo listo, volvió la mirada a su madre quien comenzó con la cuenta. Bajando un dedo tras otro, lentamente.

-¡Desmaius!- gritaron ambos al mismo tiempo, cada uno a su propio captor. Ambos magos tenebrosos habían estado observando con tanto deleite a la orden que los tomaron completamente desprevenidos y se movieron rápidamente hacia atrás. Pero no tuvieron tiempo de hacer nada más cuando otra tanda de rayos multicolores, cruzaron el ambiente nocturno del bosque hacia ellos.

Lily de inmediato corrió lo más rápido que pudo hasta esconderse de un grueso árbol, Harry hizo lo mismo en dirección contraria.

La orden había saltado de sus posiciones, en un principio asustados al no saber qué era lo que pasaba. El instinto le dijo a Sirius que volteara en busca de su ahijado, pero solo alcanzó a ver un rayón de colores que corría a esconderse. Con una sonrisa, lanzó hechizos a Voldemort para que no pudiera seguirlo. Todos los demás hicieron lo mismo cuando se dieron cuenta de lo que pasaba.

Ambos magos tenebrosos se vieron rodeados de infinidad de hechizos, la gran mayoría ni siquiera les podrían hacer cosquillas. Pero también estaban dos viejos magos de ojos de un azul penetrante, los cuales podrían hacer algo más que simples maldiciones. No era buena idea quedarse.

-Podrán haberse salvado esta vez…- siseó fuertemente Voldemort, su furia contenida se podía sentir -…Pero este solo es el comienzo-

En un parpadeo, los dos habían desaparecido. Todos los presentes volvieron a respirar.

-¡Lily!- corrió James hacia su esposa que aparecía detrás de un árbol con una ligera sonrisa, luego se tiraba en los brazos de su esposo y se abrazaban fuertemente -¡Nunca me vuelvas a pedir algo así! ¿Me escuchaste? ¡Nunca!-

Sirius sonrió, pero… él tenía cuentas pendientes con alguien más.

-¿Harry?- buscó a su ahijado entre los presentes, y al no encontrarlo a primera vista comenzó a preocuparse con velocidad impresionante. Sintió la mano de alguien y encontró la cara de Remus la girarse. El licántropo le señaló algo a la distancia. 5 jóvenes sorteaban las grandes raíces de los árboles, saliendo al campo abierto de Hogwarts. Entre ellos un pelinegro que se ayudaba de otros dos para poder caminar bien.

La señora Weasley también los vio.

-¿Qué creen que están…?-

Pero no alcanzó a terminar la oración cuando los muchachos aumentaron la velocidad de su paso, casi corriendo. Remus y Sirius pudieron escuchar a Ron decir:

-¡Ya nos vieron, corran!-

o-o-o-o-o-o-

17 minutos con 42 segundos después, junto con varias reclamaciones, explicaciones y sorpresas, en la sala de común de Gryffindor se encontraba toda la orden del fénix del presente, reunida con una misma intención.

-Harry, abran la puerta- advirtió Sirius de brazos cruzados frente al dormitorio de los hombres. Todos se quedaron en silencio esperando escuchar algo. Habían intentado al principio de la manera normal –tratar de abrir la puerta- luego con magia, todo tipo de hechizos, pero no lo habían logrado. Solo había un encantamiento que podía lograr eso, y era uno que protegía las habitaciones con una contraseña. Obviamente no creían saber la contraseña.

-Muchachos, esto no es gracioso- intentó Remus –Harry tiene que ir a la enfermería-

-No es cierto- contestó el ojiverde desde dentro –Estoy perfectamente bien-

-Ajá, y yo soy un dragón- intervino Sirius

-Pues…-

-¡Harry… tienes tres segundos para abrir esta puerta!- gritó Sirius peligrosamente

-Lo siento, se me acaba de olvidar la contraseña- gritó el muchacho, causando que su padrino quisiera estrellarse con la pared más cercana. Sirius se movió de su lugar a un lado de la puerta y se fue más atrás.

-¡Ron, Ginny! ¡Por el amor de Merlín, abran esta puerta!- intentó esta vez la señora Weasley con su muy conocido tono de reprimenda.

-¡Lo siento mamá, es que Harry me está amenazando con la varita!- contestó Ron de inmediato

-¡No es cierto!- argumentó Sirius a lo lejos -¡Yo tengo la varita de Harry aquí!-

-¡Le quitó la suya a Hermione!- dijo esta vez Ginny y el animago estrelló su palma derecha contra su frente.

Los presentes se miraron entre sí, la profesora McGonagall decidió intervenir.

-Muchachos, como jefa de su casa, les ordeno que abran- fue clara y seria. Todos esperaron expectantes escuchar el clic de la puerta, pero no pasó nada.

-Lo lamentamos profesora, pero estamos de vacaciones. En este momento no tiene mucho poder sobre nosotros- contestó Ron

-¡Potter, Weasley, Granger, Longbottom! ¡Los quiero aquí afuera ahora mismo!- demandó la profesora de transfiguraciones.

-Como decía… se nos olvidó la contraseña- volvió a decir Harry causando que otro miembro de la orden se diera por vencido.

-¡Harry James Potter, esto no es divertido!- Sirius se había acercado a la puerta de nuevo –¡O sales, o…!-

-¿O qué? ¿Me matarás? No puedes ser tan malo como para quitarle a Voldemort esa satisfacción-

-¡Harry, ¿Qué rayos se te metió a la cabeza?- el animago hablaba completamente de frente a la puerta para asegurarse de ser escuchado perfectamente. Se pasó por el cabello de manera nerviosa antes de continuar -¡Quiero asegurarme que estés bien!-

-¡Lo estoy, puedes retirarte!- contestó el testarudo ojiverde que le estaba causando a su padrino un dolor de cabeza. Moody se acercó cojeando hasta el lugar.

-Granger, sé la más cuerda de ese grupo y abre la puerta- gruñó el viejo auror

-Siento mucho decirles a todos que esta vez estoy de parte de Harry y Ron-

-¿En serio?- se escuchó la voz de Ron y luego un golpe sordo –Auch-

o-o-o-o

Dentro del dormitorio de hombres, todos rodeaban la cama en la que se había acomodado Harry y de vez en cuando miraban la puerta para asegurarse de que nadie entrara. Hermione mojaba un paño limpio para limpiar los raspones de sus dos amigos.

-¿Qué los poseyó para salir de noche hacia el bosque?- preguntó en voz baja pasando el trapo por la mejilla de Neville -¿Acaso no recuerdan lo peligroso que es?- continuó en el mismo tono

-No pensábamos salir- admitió Harry por lo bajo, acomodando su cabeza en la almohada –Estábamos en la torre de astronomía cuando vimos a Pettigrew pasar como una sombra, camino al lago… ¡auch!- luchó por mantener su queja en un susurro cuando Hermione se giró a él y le puso el paño en la cabeza.

-¡Harry, esto es serio!- le urgió en susurros la castaña -¡Debes ir con la señora Pomfrey, tú y Neville!-

-Saquen a Neville si quieren pero yo no me muevo- contestó el ojiverde cerrando los ojos –No por lo menos en varias, varias horas-

-¡Tarde o temprano tienen que salir!- victoreó Sirius desde afuera -¡En pocas horas es el desayuno!-

Ron arrugó su cara de solo pensar que podría perderse el desayuno y las demás comidas. Ginny sonrió ante eso, pero Harry no dejaría que los demás se salieran con la suya.

-¡No es tan necesario, Sirius! ¡Dobby nos puede traer comida si se lo pedimos!- gritó alto, segundos después se escuchó el gruñido del animago.

Volvieron a sus asuntos mientras los de afuera seguro pensaban en otra manera de sacarlos.

-Vaya desastre que será todo de ahora en adelante- habló Ginny mientras veía por la ventana –Adiós al anonimato-

-Otra razón para quedarme aquí mientras pueda- susurró Harry peleando contra los intentos de Hermione por revisar su pie.

-¡Estate quieto Harry!- gruñó ella con una mirada peligrosa, pero no bastó para su amigo.

-Después de ver a Voldemort otra vez de frente, ¿Crees que esa mirada funcionará?- rió su amigo moviendo su pie de manera que escapara de su amiga. Pero sintió de repente que algo pesado caía en la extremidad y lo detenía -¡AY, ARDE!- gritó más fuerte de lo que quería.

-¿Qué dijiste?- se escuchó la voz preocupada de Sirius. Los muchachos se miraron nerviosos.

-Eh… ¡Que regresen más tarde!- respondió Ron de inmediato, causando la sonrisa de todos.

-¿Cómo te hiciste esto?- susurró Hermione al ver un enorme golpe en el pie de su amigo.

-Hermione, créeme que no tengo idea- contestó exasperado el ojiverde -¿Tú que dices Neville?- intentó desviar la atención, funcionando perfectamente.

-Yo…yo… trato de no acordarme de eso- admitió el muchacho suprimiendo un escalofrío –Después de que Voldemort usara el cruciatus en ti… sentí que…-

-¡¿Cruciatus?- gritaron Ron y Ginny al mismo tiempo.

-¿Quién dijo cruciatus?- reclamó de nuevo Sirius -¡Harry, tumbaré la puerta si es necesario! ¡SAL-DE-AHÍ!- el muchacho les dirigió una mirada oscura a los dos Weasley.

-No hay nada de que preocuparse, Sirius- contestó su ahijado –Estoy seguro de que tienen alguna importante reunión de la orden a la cual asistir, así que pueden irse en paz-

-¿En paz…PAZ? ¡Te haré descansar en paz Harry Potter, solo deja que encuentre la manera de entrar!- el joven rodó los ojos.

-Harry, el cruciatus es algo muy serio- continuó Hermione, pero al ver que no tendría respuesta de él, se giró a Neville -¿Qué más pasó?- exigió, Harry no se inmutó en detenerla.

-Pues… llegó la madre de Harry pero no pudo hacer mucho, llegó el otro Voldemort, el que viene del pasado. Corrimos al bosque pero, fue una mala idea- su voz iba disminuyendo aún más mientras llegaba al final.

-¿Cómo se hicieron todas esas pequeñas heridas?- señaló Ginny en especial a los de la mejilla de Neville. Harry intervino.

-Voldemort quería jugar al titiritero, también quería probar la gravedad- habló sarcásticamente, Neville le dio la razón.

-Ahora me siento negligente y culpable por estarte apoyando en esta tontería, amigo- argumentó Ron –Tú sabes, por más que te quiera dar la razón, admito que Sirius también la tiene, deberías de ir con la enfermera-

-No empieces, Ron. Quería ganar algo de tiempo para pensar en todo lo de esta noche- se defendió el ojiverde

-¡Voy a tumbar la puerta!- gritó Sirius a modo de advertencia. Harry se levantó de la cama y caminó hasta la puerta evitando poner peso en el pie que se había golpeado, no quería tener un padrino estrellado en la entrada al dormitorio de hombres y ya habían alargado el asunto lo suficiente.

-¡1…2…!-

Murmuró la gran contraseña que se les había ocurrido: "No tenemos contraseña" y pudo abrir la puerta naturalmente, justo en el momento que un gran perro negro pasó como rayo a través de ella, obviamente no esperando que se abriera. El animal se deslizó un poco más allá, evitó estrellarse contra cualquier cosa, pero cuando se estabilizó volvió a correr en dirección contraria para brincar hacia Harry.

-¡Sirius, no!- pero fue tarde. El enorme perro lo había derribado con un estruendoso sonido, añadiendo el enorme dolor que lo recorrió. –Auch, auch, auch…- comenzó a repetir.

Remus entró en la habitación rápidamente por tremendo escándalo, los muchachos apuntaron a Sirius. El animago había vuelto a su forma humana y trataba de levantar a su ahijado mientras refunfuñaba.

-A la próxima, cuando yo diga que "abras", abres-

-Pero si yo ya te había abierto la puerta- reclamó Harry haciendo un gesto de dolor ante cada movimiento

-Pero no hasta la sexta vez que te lo pida-

o-o-o-o-o-o-

Sirius se encontraba acariciando el cabello de su ahijado que ya se encontraba profundamente dormido. Como siempre, la Señora Pomfrey había hecho un excelente trabajo y ahora solo restaba esperar. Pero eran altas horas de la madrugada y la enfermera se negaba a dejar a alguien quedarse, empezando a correr a todos uno por uno fuera de la enfermería. Él era el último que quedaba.

-Estará bien- le dijo la enfermera de manera cálida –Mañana podrás venir a verlo-

Pero el animago se negaba ya que temía que pudiera perderlo en tan solo unas horas que no lo veía. Su ahijado era capaz de meterse en cualquier cosa así estuviera dormido, de encontrar algún peligro aunque no lo llamara. Aunque confiaba que no se quedaba solo. En la cama de enfrente se encontraba Lily. La enfermera también la había hecho quedarse para que la herida de su brazo sanara perfectamente. Y a la izquierda de Harry se encontraba Neville, el muchacho prácticamente no tenía nada pero Poppy quería tener un ojo puesto sobre los tres, y juntos sería mucho más fácil.

El merodeador terminó aceptando, no había nada que temer, a menos de que las paredes pudieran asesinar. Se retiró, dejando en completo silencio la enfermería.

Y lo que quedaba de la noche transcurrió rápido, por lo menos para algunos pues cuando Lily dejó de sentir movimiento en la habitación, se sentó contra las almohadas y se quedó observando al joven frente a ella. No es que le pareciera increíble el parecido con su esposo, tampoco estaba sorprendida de habérselo topado en ese tiempo. Era obvio, por lo menos para ella, ya que nunca se había resignado al hecho de que hijo no viviera para entonces. Pero el golpe de realidad, de lo que era el tiempo donde había crecido, de todas las cosas que lo rodeaban, era duro.

Pasó la noche recordando cuántas veces lo había escuchado hablar, y pronto unió piezas en que era el joven más serio de todos, el más centrado. Aquél que la había salvado de la serpiente… ¡¿Cómo no se había dado cuenta? Su hijo peleó contra el enorme animal con gran valentía, había resultado herido, y ella lo había pasado por alto.

También era el mismo joven que peleó hacía pocas horas con Voldemort. Lo encaró con el mismo valor con el que ella lo habría hecho. Pero ¿Qué tenía que hacer su hijo en todo eso? ¿Por qué parecía tan acostumbrado a esas cosas? ¿Cómo formó su valor con el mago oscuro? Desde que lo había visto la primera vez, aunque no sabía que era su Harry, admitía que era un muchacho algo extraño. Que de no ser por su voz, podía pasar por alguien más. Un completo enigma para ella. Aunque, después de todo era su hijo ¿No? Su pequeño bebé de un año. Sintió un nudo en la garganta, no entendía por qué.

o-o-o-o-o-

Apenas entraban los primeros rayos de sol por la ventana, pero el castillo ya tenía movimiento. La luz que alcanzaba a entrar en la enfermería era el despertador natural de alguien con experiencia a la hora de estar ahí. Harry se talló los ojos con pereza al principio, pensando que ese había sido uno de los mejores descansos que había tenido en un largo tiempo, quizás hasta no se enfadaría con la señora Pomfrey por querer retenerlo ahí durante una semana. Alargó su mano para tomar sus lentes de la mesa de noche, y en cuanto se los puso sintió que sus ganas de pasar más tiempo ahí desaparecieron.

Su madre estaba dormida en la cama de en frente ¿A qué hora había pasado eso? Era malo, era muy malo. No estaba listo para enfrentar algo así, no por lo menos ese día.

Se abrieron las puertas de la enfermería con delicadez, para fortuna de Harry, entró la señora Pomfrey.

-Potter, ¿Despierto tan temprano?- preguntó algo curiosa acercándose de inmediato a su paciente frecuente. Corrió algunos hechizos de diagnóstico que la hicieron sonreír levemente.

-¿Todo bien?- preguntó Harry con algo de apuro en su voz. La enfermera levantó una ceja suspicazmente.

-¿Lleva prisa, Sr. Potter?- el muchacho miró nerviosamente a su alrededor, esperando que nadie lo escuchar.

-Si le digo que si… ¿Me deja ir?- respondió de manera suplicante, Poppy pareció pensarlo lo que le dio una esperanza al ojiverde.

-Solo porque no veo nada malo…- Harry saltó de la cama inmediatamente, pero la enfermera lo detuvo poniendo una mano en su hombro, reprimió un escalofrío por la gentil mano en su herida. -…Y porque el profesor Dumbledore me dijo que quería hablar contigo en cuanto fuera posible. Te recomiendo que lo vayas a buscar a su oficina-

Harry se puso la ropa limpia que seguro Sirius había dejado ahí, además de tratar de aplacar un poco su rebelde cabello. Pero no puso mucho esfuerzo en ello, se disponía a salir del lugar, cuando la voz de la señora Pomfrey lo detuvo de nuevo:

-Quiero que te lleves todo en calma, Potter. No es de mi agrado verte por aquí tan seguido- el muchacho no pudo prometer nada, conociendo su suerte.

o-o-o-o-o-o-

Mientras subía las escaleras de caracol, no podía evitar pensar en cuántas veces en su vida había hecho lo mismo. Y ninguna de esas veces había sido por algo escolar, algo que tuviera que ser con otras cosas que no respectaran a Voldemort o lo que hacía. Estaba seguro de que esta vez solo sería una más a la cuenta, pero su interior todavía seguía sentido en contra de Dumbledore, por lo que había pasado anoche.

Lo iba a dejar morir, escogiendo entre él y su madre.

En ese punto se encontraban sus sentimientos. ¿Qué era lo que en realidad debía sentir? ¿Odio contra el viejo mago o contra él mismo? Esperaba con todas sus fuerzas que su madre fuera la que saliera ilesa de todo el incidente, pero… ¿Por qué se sentía traicionado por Dumbledore? Quizás por la facilidad con la que cedió a las peticiones de Voldemort. No fue como Sirius y su padre, quienes debatieron el hecho de que no podían dejar a ninguno de los dos morir, y al final se habían puesto de acuerdo, de mala gana, pero de acuerdo. Cuando Dumbledore solo los contradijo a lo último, e hizo uso de su poder como líder de la orden del fénix para hacerse escuchar.

Después de todo lo que había pasado, le dolía que el director se inclinara a un solo lado en una decisión difícil, cuando debió aceptar que esa no era una decisión que le incumbiera, seguro querría hablar de eso en cuanto llegara.

No pudo reprimir el frío sentimiento en sus ojos cuando al fin entró a la oficina y vio al hombre, sentado aparentemente tranquilo detrás de su escritorio. Con forme se acercaba, nuevos pensamientos afloraban.

-En realidad solo soy valioso porque tengo que destruir a Voldemort ¿Cierto?- Se sentó tranquilamente en el asiento que el anciano le indicó. Harry trató de centrar su atención en su propia mano.

-Buenos días Harry- comenzó el anciano –Espero que hayas pasado una buena noche…-

-Profesor, no es por ser grosero pero tengo prisa- urgió el muchacho, aunque pensándolo bien "¿No debería ser grosero? Al diablo con eso"

-Me inquietan los motivos por los cuales debas tener prisa, muchacho- inquirió Dumbledore de manera curiosa, enderezándose un poco en su silla.

"Vaya que deberían de inquietarle" –Deberes de verano- argumentó Harry sin prestarle la más mínima atención. "El deber de encontrar los Horrcrux" "El deber de sobrevivir para matar a Voldemort después" "El deber de cuidar lo que hago" ah, y "El deber de la escuela" Casi olvido las tareas.

-Interesante- musitó el director sabiendo el por qué de esa actitud, no lo culpaba. Pero tampoco pensaba presionar sobre ese tema justo ahora –Bueno, solo quiero comentarte del abrupto cambio de planes que tenemos debido a lo de anoche-

"Si, lo eché a perder. Puede pensarlo… lo se"

-¿Nuevos planes?- preguntó falsamente interesado, "Como si no fuera algo predecible"

-Si, aunque nuestros invitados ya sepan quienes somos… algo que facilitará muchas cosas, no podemos entregarles absolutamente nada de información importante. Fechas, eventos…-

"Lo tengo grabado en mi memoria, gracias"

-Sucesos, muertes, ataques, el pasado…claro- contestó Harry rápidamente. Dumbledore lo miró por encima de sus gafas de media luna de manera extraña.

-Creo que es todo- terminó el viejo hombre con un suspiro. Como predijo, el muchacho de ojos esmeraldas no esperó para levantarse e irse, susurrando un leve "adiós" y encaminándose rápidamente a la puerta. Desapareció tan pronto que la culpa comenzó a abrumar al director como pocas veces en su vida. Por algunos segundos más observó el lugar por donde había salido su tan preciado alumno.

Bajó la vista a su escritorio, suspirando tristemente:

-Cuídate mucho, Harry-

o-o-o-o-o-

El comedor de Hogwarts volvía a tener su característica mesa larga, en la que se acomodarían los habitantes actuales del castillo. Esa mañana estaba particularmente solitario, a excepción de aquellos que madrugaron y que ahora se sentían con un poco más de libertad.

-¡Por Merlín, Ronald! ¡Respira entre cada bocado!- regañó Hermione con una mirada furiosa al pelirrojo. Harry rodó los ojos a lado de sus dos mejores amigos.

-Hermione, después de todos estos años no entiendo por qué no te has dado por vencida- la castaña ahora giró su mirada a él, con el mismo tinte de enojo. El ojiverde levantó ambas manos, prefiriendo dejar el asunto ahí, a salir lastimado. Volvió la vista al libro que leía.

Ron se vio interesado por ese detalle.

-¿Fe lees, Farry?- preguntó como pudo, tratando de pasar la comida por su garganta. Las miradas de Hermione no funcionaban.

Pero antes de que Harry pudiera contestar, voces alegras y parlanchinas se adentraron el comedor.

-¡Buenos días!- saludó el joven Sirius con cara de haberse sacado la lotería. James entró detrás de él, saludando con un gesto de cabeza a los muchachos y Lily a lo último, lanzando primero una mirada asesina a su hijo por no haberlo encontrado en la enfermería en la mañana, pero después se suavizó pasándole la mano por el cabello, junto con un más dulce "Buenos días"

Harry deseó haber tenido el rostro cubierto, porque por las miradas de sus dos amigos, todas las emociones lo traicionaron. Aquellas un poco más dolorosas que decían lo mucho que le dolía no poder hacer nada para que todos los días de su vida fueran iguales, luego la de decepción ¿Qué pensarían sus padres después de que los mandara a la tumba de nuevo?

Se obligó a esbozar una pequeña sonrisa para no levantar sospechas.

-¿Qué lees?- la voz de su joven padrino lo sacó de sus pensamientos abruptamente y lo hizo saltar de su lugar al tomarlo desprevenido. Hermione puso una mano detrás de su espalda para que no cayera, Harry de inmediato cerró el libro que tenía sobre la mesa y posicionó ambas manos sobre el.

-¿Historia?- preguntó tratando de sonar casual. No había logrado convencer mucho al joven merodeador. Su madre levantó una ceja en señal de que la subestimaba, pero su padre…bueno, James parecía más interesado en lo que se estaba sirviendo en el plato.

Por más que quisiera admitir que era mejor que no trataran de ser más íntimos con él, le dolía que su padre pareciera hasta cierto punto, indiferente. ¿Acaso de alguna forma lo culpaba porque su madre había estado a punto de morir la noche pasada? Lily pareció notar su incomodidad pues le dio un fuerte codazo a James. Harry de inmediato volvió su atención a sus amigos, con una mirada de súplica que decía "Hay que platicar de algo, por favor"

-¿Ya hicieron los deberes de verano?- preguntó Hermione haciendo que todos regresaran a lo suyo. Harry le sonrió agradecidamente, pero Ron estrelló su cabeza contra la mesa.

-Por favor, Mione. ¿Podemos hablar de otra cosa? No menciones la palabra "deber" que me haces enfermar-

-Deberías preocuparte por lo que debes hacer, Ronald- replicó ella hasta cierto punto insultada –Es nuestro último año y debes poner todo el empeño posible-

-Punto para Hermione- susurró Harry viendo entre sus dos amigos. El pelirrojo estrechó los ojos.

-Si lo recuerdan, no hemos tenido tiempo. ¿A que horas podríamos hacerlo? ¿Cuándo no nos ataquen los mortífagos, cuando no nos tengan confinados por varios días en una mansión sin nuestro baúles, cuando Voldemort no esté atacando?-

La castaña quiso contradecir ese punto pero se quedó con las palabras en la boca. No sabía como darle la vuelta a eso.

-Punto para Ron- concedió Harry.

-¿Tú de que lado estás?- corearon los dos semi-enojados.

-Del lado de "tenemos que tratar de hacer lo que debemos antes de que a cualquiera se le ocurra atacar, secuestrar, asesinar o lo que sea" – se defendió el ojiverde.

Para ese momento, pudo sentir las miradas de los demás sobre él y sus amigos. Comenzó a sentirse un poco incómodo, así que tomó el libro que había escondido de la vista de su padrino y se levantó rápidamente. Hermione notó los conflictos en el rostro de su amigo, tenía que hablar con él.

-Harry, ¿Me prestas tu lechuza?- preguntó antes de que saliera del comedor, el Gryffindor asintió. –Voy a buscarla contigo- argumentó levantándose también de la mesa, dejando a Ron con la palabra en la boca después de tan repentina y cobarde huída donde lo habían dejado solo.

El joven Sirius tenía una sonrisa malvada en el rostro.

-¿Qué más quieren saber?- se preguntó el pelirrojo nervioso, el animago pareció haber leído su mente.

-Dime… ¿Eres Gryffindor?-

El Weasley se vio acorralado. -Merlín, ayúdame a no decir nada-

Lily menó la cabeza desaprobando la actitud de Sirius y viendo un tanto preocupada la repentina huída de su hijo, no parecía haber estado muy cómodo cuando ellos llegaron. ¿Por qué? Al contrario de lo que ella esperaba, Harry no se mostró interesado en verlos como cuando eran jóvenes. Había visto su interacción con el Sirius y el Remus de ese tiempo y todo parecía ir en orden. ¿Había algo malo con ellos? Tendría que averiguarlo.

Aunque sinceramente, tampoco había ayudado mucho la actitud de su esposo. Le dio un pisotón por debajo de la mesa.

El Potter se giró a su derecha para mirarla, viendo el reclamo en sus ojos. Se encogió de hombros aparentando que no sabía de qué hablaba. Lily menó levemente la cabeza hacia la salida, apuntando exactamente por donde su hijo había salido. James continuó indiferente, pero la pelirroja estrechó la mirada de manera peligrosa, que se leía claramente como: "Es tu hijo"

¿Qué debía hacer? Era la pregunta del Potter… era su hijo ¿Y? Si, quizás Lily tenía razón. Se estaba comportando como un verdadero patán por lo de anoche. ¿Cómo siquiera podría culpar de eso a su hijo, a su niño de ojos verdes?

Con una media sonrisa se levantó, debía disculparse.

o-o-o-o-o

Hermione se apresuró para alcanzar a su amigo que no parecía querer detenerse, pero una vez que estuvo a su lado tampoco hubo mucha diferencia. Se limitó a seguirlo hasta que Harry quisiera hablar con ella. Pero no lo dejaría hasta aclarar ese conflicto que su amigo parecía tener por dentro, admitía que esperaba que ese momento hubiera llegado desde el principio, desde que se habían enterado que la antigua orden del fénix estaba ahí, pero Harry lo había tomado de una buena forma ¿Por qué había cambiado de la noche a la mañana?

Pronto llegaron a la torre de astronomía, donde el cielo se podía apreciar perfectamente, lleno de nubes que amenazaban con una nueva tormenta.

-Hermione, creí que ibas por Hedwig- habló Harry en un tono bajo. La castaña se posicionó a su lado.

-Y yo creí que te ibas a dar cuenta de que no era cierto… que quería hablar contigo- su amigo no contestó en el acto. Al contrario, se esforzó por mantener su boca cerrada para no decir todo lo que quería, todo lo que pensaba. -¿Harry?-

-Por favor Hermione, no quiero hablar de eso- cortó de inmediato, recargándose en la baranda –Es, complicado-

-¿Tan complicado como para que tu mejor amiga no lo pueda entender?- cuestionó ella

-Lo suficientemente para que cualquier mortal quiera tirarse de esta torre- sentenció Harry asomándose para ver la altura –"¿Lograría matarme una caída así?"- pensó algo divertido, luego volvió su vista a su amiga que le dio un golpe en la cabeza –Auch, ¿Y eso por qué?-

-Por pensar en tirarte de la torre de astronomía- remarcó ella cruzándose de brazos, su amigo le sonrió algo apenado. Ese día, todo lo que pensaba se reflejaba en su rostro.

-No estoy tan desesperado- se defendió –Bueno, quizás sí pero no estoy loco como para tirarme- volvió a mirar hacia abajo, pero antes de que viniera otro golpe de la castaña, se adelantó: -Solo bromeo, Hermione-

Ella lo dudaba seriamente.

-¿Enserio?-

Ahora la mirada aprensiva venía por parte de Harry.

-Claro que bromeo- contradijo jugando -¿Qué harían sin su única arma contra Voldemort?- agregó en un susurro amargo, pero lo suficientemente fuerte para que su amiga lo escuchara.

El color de la cara de Hermione pasó a rojo del enojo que sintió al escuchar a Harry decir esas palabras y su mirada se ensombreció notablemente. Apretó los puños a los costados de su pantalón. Se obligó a calmarse y contar hasta donde fuera necesario para que sus sentimientos se calmaran y no cambiara de opinión en ayudar a Harry y en vez de de eso lo tirara personalmente por la torre de astronomía.

-Mione, di todo lo que pienses por favor o vas a explotar- habló el ojiverde sin mirarla directamente, seguía interesado en el suelo lejano.

-¿Quieres escucharme decir lo estúpido que creo que eres por decir lo que acabas de decirme?- contestó reprimiendo buena parte de su enojo, pero no quitaba la sensación de que se estaba conteniendo. Harry no contestó, eso le dio el camino libre a la castaña -¡Pienso que realmente eres muy estúpido! ¿Ron o yo te hemos dado motivos para que pienses eso? ¡Dímelo! ¿Qué tal Sirius? ¿Remus? ¿O los demás Weasley? ¡Si acaso te hemos dicho algo parecido o siquiera nos has visto pensarlo solo dímelo, demuéstramelo! Porque te aseguro que nunca, ¿Me escuchas? NUNCA lo hemos pensado siquiera-

Terminó respirando agitadamente, pero había dicho todo lo primero que se le vino a la mente en tiempo record. Harry por su parte, tenía una mirada triste y vacía, que hizo a Hermione pensar en que si la forma en la que había dicho todo estaba mal.

-No- contestó él de forma tranquila, sin embargo no la miró –Ni tú ni nadie me ha dado motivos para pensarlo, o me lo han dicho. Por lo menos las personas que tú enumeraste y que podrían caber en la palma de la mano ¿Pero sabes lo que pienso yo?...- sonaba dolido, eso no le gustó a la Gryffindor.

-Harry…-

-No- le detuvo él algo alterado -¿Sabes lo que en realidad pienso yo, lo que me hace creer en eso?- se giró para quedar completamente frente a ella –El mundo, TODO el mundo de la magia piensa en eso. No, claro que no me conocen como ustedes o siquiera les importe si es cierto o no, pero lo dicen. El elegido. ¿Y qué pasa? Pues tienen razón, sin saberlo tienen razón y aunque no la tuvieran tienen todas sus esperanzas de mí. ¿Hay alguna manera de escapar de todo eso? Respóndeme si puedes- hizo una pequeña pausa –Claro que no la hay, nunca la ha habido. Desde que nací me ha seguido esa marca de lo que tengo que hacer, y perdóname si pienso que es lo que esperan de mí, solo porque se dijo así. Perdóname por dejarme llevar por lo que en los últimos años me han dicho constantemente, pero es el único tema en el que una y otra y otra vez me veo involucrado-

Hermione sintió un nudo en la garganta por lo que estaba escuchando. Cuando todos creían que Harry luchaba bien contra la fama sobre sus hombros ¿Era todo lo contrario? Y ellos no se habían dado cuenta.

-Nos tienes a nosotros- intentó ella –A mí, a Ron-

-Hermione, lo sé, créeme que lo sé y que lo tengo más que presente- los ojos de Harry comenzaban a empañarse –Pero no me tomes a mal si te digo que desearía que ustedes dos nunca se hubieran cruzado conmigo-

Ella estuvo a punto de negarlo, pero Harry fue más rápido.

-Que nunca nos hubiésemos hecho amigos, que ustedes dos no estuvieran incondicionalmente tras mi espalda. Por que lo que más me duele, es que estén en más peligro del normal. Agradezco, mucho el conocerlos. Como no te lo puedes imaginar, pero las cosas son muy distintas. Son muy difíciles. No me importaría tener que estar destinado a derrocar a cualquier mago oscuro que se parase frente a mí, el arriesgar mi vida por eso. Terminarlo o morir en el intento. No me importaría, si no tuviera gente que pudiera salir lastimada por eso-

-Creo que ya hemos discutido eso, Harry. Nunca te dejaremos- agregó ella con decisión y lágrimas corriendo por sus mejillas

-Y esa es mi desgracia- contestó él amargamente –Los quiero, Hermione. A todos los que se esfuerzan por cambiar lo que está alrededor de mí, por desmentir lo que se dice, por hacerme creer que las cosas no son como parecen… pero al final no se puede cambiar la verdad. ¡Solo mira!- apuntó hacia el nublado cielo que cada vez parecía ponerse más negro con velocidad sorprendente -¡Estamos en medio de una guerra donde no quiero que aquellos cercanos a mi sufran! ¡Pero da la casualidad de que ellos también quieren pelear, tú y Ron quieren pelear, y no los culpo por eso! ¡Tengo miedo de que cualquiera salga herido, o muerto! ¡Y todo será mi culpa porque una maldita profecía dice que yo, solo yo puedo detener esto! Pero no estoy listo, no ahora. ¡Mientras tantos las personas mueren, desaparecen, sufren; no quiero que sea ninguno de ustedes! No me puedo dividir para estar en todos lados…vigilándolos a todos. No me puedo dividir para asegurarme de eso. No puedo detenerlos de hacer lo que quieran, de seguirme si les place o pelear contra Voldemort si es necesario…-

Harry dio unos pasos hacia atrás hasta toparse con una pared, se dejó resbalar hasta quedar sentado en el suelo y cubrir su cara con las manos.

-… ¿Cómo se puede pelear sin salir herido? ¿Cómo proteger a tantos si estoy cansado de eso?-

Hermione se mordió el labio inferior conteniendo todo el sentimiento que había surgido en los últimos minutos. El presenciar el dolor de su amigo, sintiendo la impotencia de no poder hacer nada por él. Y una pequeña parte de ella le daba la razón a todo lo que había dicho, una parte de ella había esperado eso desde hace tiempo. En dos zancadas estuvo frente a Harry y luego se dejó caer de rodillas frente a él para abrazarlo.

Los necesitaba a ella y a Ron para salir completo de todo eso.

-o-o-o-o-o-o

James se preguntaba en qué parte podría estar metido su hijo. Conocía el castillo perfectamente para saber que había muchos lugares donde pudiera meterse y no conocía la forma de ser de esta versión mayor de Harry. Así que se obligó a pensar a sí mismo en dónde se metería si quisiera unos momentos de paz y tranquilidad. ¿Dónde?

La respuesta había llegado sola, la torre de astronomía. No le costaba nada ir a echar un vistazo.

Una sonrisa nerviosa se apareció en su rostro cuando pudo distinguir voces, una de ellas la de su hijo. Mientras subía las escaleras se hacía un poco más claro lo que decía, pero una cosa lo detuvo en seco, antes de salir al campo de visión de Harry y quien lo acompañara.

-Odio esto, Hermione. Lo odio con todas mis fuerzas-

James procuró no hacer ruido y subió un poco más para escuchar mejor.

-Lo siento mucho, Harry. Siento mucho que tengas que pasar por esto… si hubiera algo que pudiéramos hacer, creo que hasta Sirius ya lo hubiera intentado-

-Pero no lo hay. Parece que el destino quería agregar más problemas a los que ya tenemos- sonaba enfadado, decepcionado.

-¿Por qué no se lo dices a Sirius? Estoy segura de que lo más que quiere hacer es ayudarte-

-No lo quiero preocupar con esto, Hermione. Él está muy contento, ¿Cómo le dirías que te causa un grave conflicto el ver a tus jóvenes padres en estos momentos, eh? Suena tonto-

-Harry, no es algo tonto, es algo muy comprensible. Es natural que sea difícil que de la noche a la mañana te sea… complicado el que estén todos en un mismo lugar-

-¿Solo eso? ¿Qué hay de la parte de mentirles, de aparentar que todo es color de rosa? El "nada pasa" "todo bien". No lo soporto, no puedo hacerlo. ¡Diablos, ni siquiera se supone que deberían estar aquí! Solo hacen que las cosas sean más difíciles. ¡Merlín, por qué!-

-Calma, encontraremos una solución. Algo debe haber-

-¿Sin que empiecen a sospechar, qué dirán si de pronto desaparezco?-

-¿Qué es por tu seguridad?- intentó la voz femenina –Tienen que creerlo, saben lo duras que son las cosas-

-Y volvemos a lo de las mentiras. Él que no quiera verlos, porque así son mejor las cosas, no significa que vayamos a darle tantos rodeos al asunto que luego nosotros mismos nos ahorquemos en nuestras mentiras. Ellos no lo entienden, no por mi culpa tampoco vamos a hacerlos preocuparse en vano. Es lo último que quiero. ¿No podemos…simplemente, borrarles la memoria?-

-¿Y que sugieres hacer después?-

-No lo se, ¡No lo se! ¡Pero ya no puedo soportar esto, no más! ¡Tengo suficientes problemas! ¡Mis padres están complicando las cosas!-

James estaba impactado. O sorprendido por lo que acababa de escuchar. ¿Seguro que esa era la voz de su hijo? ¿Ese era su Harry? No esperaba escuchar cosas como esas, pero la verdad era que no conocía a ese muchacho, no sabía nada de él y de cómo era su vida. Aunque esa no era una manera muy cariñosa de hablar sobre él y Lily. ¿Le estaban complicando? ¿Mentirles? No eran las palabras exactas. ¿Conflictos, ellos hacían la vida de su hijo más conflictiva? No le gustaba esa manera de pensar de su hijo. Seguro había algo más escondido detrás de esas palabras, ¿Borrarles la memoria?

Quizás no era muy bueno escuchando y su esposa se lo recordaba a cada rato, que era de mala educación escuchar conversaciones ajenas ¿Pero eso no merecía la pena? El enterarse de que algo andaba mal y que si hijo aborrecía la presencia de ellos dos. Eso le podía dar la explicación a que no se hubieran visto ellos en ese futuro. Las explicaciones de su viejo mejor amigo que decía que la situación era un tanto complicada y que por eso no podía estar presentes, pero además de eso no les decían nada.

¿Un hijo que, de alguna manera, te niega? Ahora sabía mas o menos por qué Harry parecía mas cómodo cuando estaba en compañía de Sirius y de Remus, por qué tanta frialdad o falta de sentimiento los primeros días que pasaron en la mansión de Dumbledore. Ya había identificado a su hijo, ya sabía quién de los jóvenes encapuchados era y recordaba cada una de las palabras que había dicho. Era duro, era algo reservado.

No era su Harry.

Y ese tampoco era su lugar. ¿Regresaría, y le diría a Lily? No sabía qué podía ser peor. Decirle que no lo encontró, o esconderle su nuevo descubrimiento.

o-o-o-o-o-

-Hermione, no puedo estar más aquí. No quiero ser parte de la conspiración que enviará a mis padres a la tumba. No puedo tratarlos como si no supiera lo que pasara porque es injusto-

La castaña le tomó la mano y le dio un pequeño apretón cariñoso. Lo miró a los ojos, antes de hablar.

-Si, es muy injusto, Harry. Pero ¿No crees que al menos podrías darle la oportunidad a Sirius? Digo, su situación es algo parecida a la tuya, piénsalo. Él también extraña a tus padres, pero sabe que los tiene que dejar ir. Por eso ahora trata de disfrutar el momento y no pensar en el momento en que regresen y que todo vuelva a ser igual-

-Sirius no tiene hábito de querer salvar a todo el mundo- suspiró el ojiverde pesadamente, Hermione le sonrió.

-No, no lo tiene. Pero tú deberías tratar de olvidar eso, y preocuparte una vez por ti. Te lo mereces ¿Lo intentarás?- preguntó esperanzada.


¿Hola, es seguro? Parece que sí. ¿Verdad que Sirius es un lindo padrino? Bueno, en veces. XD Este es el penúltimo capi de los que tengo escritos, o sea que el próximo que suba será el último de esta tanda de rápidas actualizaciones. Aún así espero actualizar una vez por semana, ya me emocioné. En lo personal, me gustó el capítulo... pero el próximo... muajajaja, será el perfecto cierre de esta pequeña temporada de atrocidades de anypotter.

¿Quién quiere el otro capítul? Lectores, tienen que persuadirme... utilicen su poder de persuación n.n

anypotter.

p.d. Un review = a su varita de regreso