Me dijeron que hoy era día de lo "contrario" así que este capítulo es lindo, sin escenas cardiacas y ataques mortales que podrían matar a más de un lector (Espero que en verdad sea el día de lo contrario, por que si no... !Sion-Allegra fue la que me dijo, a ella!)
…Vidente…
Sirius lo había atrapado, rayos, decir que lo había atrapado era poco. Conociendo a su padrino, seguro había planeado toda la mañana ese momento, por eso no lo había visto desayunando en el comedor, ese debió ser su primer indicio de que algo andaba mal porque: Sirius Black no puede perder ninguna comida del día. Si Ron fuera su hijo, no se parecieran tanto.
Cuando decidió dejarse ver, aparecerse de nuevo en el comedor a la hora de comida, todo estaba listo. La Sra. Weasley casualmente se llevó a todos sus hijos pues necesitaba algunas cosas de la madriguera. No irían a quedarse porque no era cien por ciento segura, pero ella haría todo el tiempo necesario para que Sirius hiciera lo que tramaba. Ni siquiera dejó a Hermione quedarse, Remus se las arregló para que ella regresara unos días con sus padres para explicarles un poco de la situación y convencerlos de protegerse, además de dejarla a ella en manos de la Orden.
Neville también podía haber sido su salvación, pero su abuela insistió hasta el cansancio que debían hacer un viaje a casa pues era importante que el joven Longbottom hiciera todos los deberes de ese verano –algo que ninguno había logrado siquiera empezar a hacer- era una gran excusa, nadie se podía poner en contra de eso.
Dumbledore arregló una larga junta con la orden del pasado. En ese punto dudaba que Sirius hubiera interferido, por las caras que ponía cada vez que se mencionaba el nombre del director o lo veía pasar cerca, parecía que ni siquiera lo hacía en ese mundo. Seguía enojado, no lo culpaba.
Todo quedaba a favor del Black, quien había logrado arrinconar a Harry hasta poder atraparlo sin que este prestara resistencia. No tenía salidas, ni una sola. Así que en ese mismo momento, solo puso una mano en su hombro y lo comenzó a guiar lenta y dolorosamente –por lo menos para Harry- a su habitación, donde seguro hablarían de tantas cosas que el ojiverde quería dejar de lado hasta su muerte, en otras palabras, prefería nunca tocar esos temas. No sería nada fácil.
Sin embargo ya estaba ahí, frente a una cálida chimenea que era reconfortante debido al mal tiempo de fuera. Sentado en un cómodo sofá que para él en esos momentos no era nada confortante, solo quería correr. Sirius sentado en frente, mirando el fuego semi-hipnotizado, mejor dicho pensativo. Ideando la manera de empezar con lo que quería decir.
-¿Cómo van las cosas, Harry?- preguntó casualmente el animago, sin embargo no apartó su vista del fuego.
Harry mientras tanto se trató de relajar en el sofá porque ya había empezado y no había marcha atrás, eso sería una larga y muy contradictoria plática. Se limitó a encogerse de hombros, su padrino lo notó.
-Que expresivo- sonrió levemente –Necesito de palabras para las próximas cosas que te quiero preguntar- un enorme escalofrío recorrió al ojiverde de los pies a la cabeza al mismo tiempo que la cara de resignación salía a flote.
-¿Qué es lo que quieres preguntar?- incitó Harry sin muchas ganas, su padrino dejó de ver el fuego y se giró para quedar de frente a él. Esa mirada seria no le gustaba al Gryffindor.
-Solo quiero la verdad, Harry. Sé que no acostumbras decir mucho lo que piensas y sientes respecto a las situaciones que te rodean, pero soy tu padrino y en realidad me preocupo por eso. Así que por favor, no intentes mentirme- Sirius vio como su ahijado desviaba la mirada hacia la chimenea, eso sería muy difícil. -¿Por qué nunca me dijiste de la profecía?-
El ojiverde sintió como todos los músculos del cuerpo se tensaban por el tema tan delicado que su padrino decidió sacar a flote primero –dudaba que fuera de lo único que quisiera hablar- y sintió que la voz le fallaba, a pesar de todavía no haber tratado de hablar.
-Yo…-
-¿Tu?...-
-No ha habido tiempo- contestó con simpleza –Cuando no es que Voldemort quiera destruir algún lugar, son personas que aparecen del pasado. No es algo que solo puedas decir en 5 minutos y dejarlo así-
-Tienes razón, no es algo que solo se diga y listo. Pero pudiste haber encontrado un momento para decírmela si lo hubieras querido- apuntó sonando un poco herido como la vez en que Dumbledore se las reveló a todos de una vez por todas. Harry no quiso levantar la mirada para ver la dura cara acusatoria de Sirius, de nuevo. Pero tenía que decirle la verdad para acabar con todo de una vez…quizás así, podría… ¿Ponerlo a salvo? A su manera, claro.
-Quizás no encontré un momento para decírtela porque no quería encontrarlo- dijo en un susurro y como esperaba, su padrino no respondió al instante. Seguro estaba digiriendo las palabras un poco duras que le había dirigido.
-¿Qué dijiste?- preguntó incrédulo en un principio, no recibió respuesta -¿Tu, no querías decírmela? ¿Puedo saber por qué?- Harry comenzaba a pensar en que si lo que estaba haciendo era una buena idea.
-¿Qué iba a ganar con eso, Sirius? ¿Apoyo, qué me dijeran que no era cierto? Esa profecía me ha seguido durante toda mi vida y desde antes que naciera, ¿Para qué preocuparte con eso, o agregarte un peso que no te corresponde cargar? Te conozco, sé que hasta serías capaz de encerrarme o hechizarme para que nunca se cumpliera lo que dice-
-Me conoces muy bien- contestó de manera sombría el animago sin despegar sus ojos de Harry –Porque no quiero que te pase nada, porque me importas mucho, porque NO QUIERO QUE SUFRAS EL MISMO DESTINO DE TUS PADRES- había aumentado su voz a un tono bastante peligroso que al Gryffindor no pareció siquiera molestarlo.
-¿Y qué podías hacer contra una profecía?- se giró Harry para encararlo -¿Ir a matar tú mismo a Voldemort? Sirius, él también podría matarte y luego buscarme para asesinarme también. ¿Por qué no ahorrarnos tu vida si la cosa es "o lo mato yo a él, o él a mi"?-
-¡Harry James Potter, no puedo creer que estés diciendo algo así!- reclamó ofendido el animago –Yo nunca me quedaría de brazos cruzados sabiendo que algo te podría pasar. No podré ser tan inteligente como Remus o la persona menos impulsiva de este mundo, pero si mi vida sirve, para proteger la tuya, entonces así será, lo quieras o no-
-Si, piensa como todos los demás- murmuró Harry regresando su vista al fuego, no dispuesto a continuar con la inútil lucha de siempre, como la plática que había tenido con Hermione.
-¿A qué te refieres con eso?- preguntó Sirius un poco más calmado -¡¿Acaso no ves que todo lo que hacemos es por tu bien? ¿Porque te queremos?- y adiós calma.
-¡Sí, solo piensan en lo que es mejor para ustedes!- contraatacó el ojiverde
-¡¿Cómo puedes decir eso, Harry? ¿Lo mejor para mí?-
-Pelear, arriesgarse y morir para que no me pase nada, ¿Cierto?- preguntó, Sirius asintió haciéndolo reír amargamente -¿Y después qué? Cuando todos mueran, ¿Quién me va a ayudar? Al final de todo terminaré enfrentándome a Voldemort y uno de los dos morirá, eso es cierto…-
-Harry…-
-¡Harry, nada! ¿No lo ves Sirius? Podrá morir toda la orden protegiéndome, bien, se van con la conciencia limpia de que lo hicieron mientras me protegían ¿Pero al final? ¿Crees que yo me siento bien mientras todos alrededor mío mueren por mi culpa? ¡Y no te atrevas a decirme que no es mi culpa! Sabes tan bien como yo que no tendrían la necesidad de hacerlo si Voldemort no anduviera tras de mí. ¿Sabes lo que eso significa para mí? Que mis compañeros mueran, que los padres de mis mejores amigos estén en riesgo, que mis amigos también lo estén. Y que la única persona que conoció a mis padres, que era mi única familia, también muriera. ¡¿Sabes cómo me hace sentir eso?-
Podía ver en los ojos de su padrino que algunas cosas encajaban en su lugar, pero ya no podía detenerse con esa explicación, quería que lo entendiera por el bien de todos.
-¡Mueran protegiéndome si quieren! Pero al final, no será Voldemort quien me haga más daño…- su voz se cortó, escondió la cara entre sus manos tratando de calmarse, dejando a Sirius helado.
El animago no sabía qué hacer. Sin duda, la versión de las cosas de su ahijado era muy distinta a lo que él creía y admitía que como él lo relataba era muy doloroso. No podía habérselo imaginado antes, no sin sus palabras. Pero ahora sentía un gran dilema en la cabeza ¿Cómo protegerlo sin morir en el intento?
-Harry… - intentó acercándose a él y tomando lugar a su lado, puso una mano en su hombro tratando de reconfortarlo pero no funcionó, no por lo menos como él esperaba. Su ahijado se levantó del sofá y se encaminó a la puerta escondiendo su rostro.
-Lo siento, Sirius… solo quiero… voy a tomar un poco de aire- salió sin más explicación que esa, claramente cansado de haber explicado lo mismo en un solo día. Todo comenzaba a ponerse más difícil.
o-o-o-o-o-o
La profesora Trelawney había vuelto a Hogwarts sin previo aviso. Ella acostumbraba a pasar sus vacaciones en el castillo pero ese año había decidido salir en un viaje espiritual, un viaje que le ayudaría a purificar su magia e interpretar mejor las señales de las estrellas y las hojas del té. Para su sorpresa, todo estaba muy desierto, los fantasmas no volaban de un lado a otro y se esparcía un silencio místico y sospechoso.
Parpadeó detrás de sus anteojos de fondo de botella, confundida por la soledad del lugar.
-¿Profesora Trelawney?- saludó una voz detrás de ella haciéndola brincar un poco.
-Potter, muchacho. Vaya susto que me diste- contestó la profesora llevándose una mano al pecho. -¿Tú sabes…tú sabes por qué está tan desierto todo?- preguntó confundida.
-El profesor Dumbledore tiene una reunión importante, creo- obviamente no le iba a decir que con personas del pasado, la mayoría de ellos muertos. -¿Quiere que le ayude con sus cosas?- señaló las 4 extrañas maletas de viaje, no tenía nada que hacer y quería perderse del mapa de Sirius por algunas horas.
-Muy considerado de tu parte, Potter. Gracias-
Con un simple hechizo de levitación, Harry siguió a su profesora de adivinación hasta lo que él creía era su habitación. Durante el camino, ella se vio entretenida contando de su viaje, sobre cómo le había abierto la mente, los distintos rituales que hizo con otro grupo interesado en el noble arte de la adivinación.
-Hasta tuve pequeñas visiones- incitó ella en tono curioso, como para que Harry le preguntara. El muchacho notó la indirecta y sonrió por sus adentros mientras se atrevía a seguirle el juego.
-¿Qué tipo de visiones?- preguntó muy curioso. La profesora se alzó orgullosa.
-Visiones cortas, sobre pequeños espacios de tiempo en el futuro- se lo dijo en un tono tan bajo que indicaba que eso sería un secreto, lo cual parecía emocionarla mucho. –Es como el deja vú, pero en lugar de que en el momento recuerdes que eso ya lo viste, ves cosas poco tiempo antes de que sucedan. Simples segundos- añadió restando importancia
-Que interesante- continuó Harry con una sonrisa -¿Y sí eran acertadas sus visiones?-
-Claro que sí, Potter- regañó ella –Pude predecir que hoy me devolvería a Hogwarts y heme aquí-
-¿No tenía planes de regresar?- comentó, creyendo todo menos que eso fuera una gran visión.
-No los tenía. Según yo, regresaría hasta el penúltimo día de vacaciones- susurró con misticismo –Pero al acabarse la convención tuve que regresar-
-Oh- el ojiverde rodó los ojos entretenido. Terminó de meter las maletas pero no se atrevió a pasar del marco de la puerta.
Esa era la mujer que había dicho aquella profecía que lo ligaba a Voldemort. No le tenía rencor por eso, no era su culpa. Él mismo había tenido una visión involuntaria en la bola de cristal en su tercer año. ¿O era alucinación? Como sea, los hábitos de la profesora le causaban escalofríos.
-Gracias por su ayuda, Potter- sonrió ella palmeándole la cabeza, pero su sonrisa se borró en un instante.
-¿Profesora Trelawney?- preguntó él cuando ella no quitó su mano y se quedó congelada como viendo en el infinito. Levantó su propia mano para alejar la de la mujer, pero antes de que la pudiera tocar, ella regresó en sí. -¿Profesora?-
-Potter…- habló nerviosa –No te acerques a los perros negros- sentenció con voz temblorosa –No vemos en la cena- y sin más explicación se adentró en su habitación cerrando la puerta sin delicadeza, dejando al Gryffindor confundido.
o-o-o-o-o-
Los días comenzaban a pasar con extrema lentitud, dependiendo de lo que pasara. Dumbledore procuraba mantener a sus dos ordenes a una distancia considerable, manteniéndolos ocupados en distintas cosas. Los del pasado se pasaban horas y horas en el comedor o en los pasillos del colegio, manteniéndose alertas por si algo pasaba. El director no creía que por el momento Voldemort se atrevería a regresar, pero tenerlos ocupados en algo era más productivo que preocuparse por ellos todo el día. Y los del presente, salían en sus típicas misiones fuera del colegio.
Remus se había ido lejos a un lugar que no le había comentado a nadie. Moody se mantenía activo también, tratando de seguirle la pista a los mortífagos. Kingsley se preparaba en el ministerio al igual que Arthur, buscando la más mínima información que les pudiera servir. Tonks y Sirius salían la mayor parte del día a rehacer las barreras alrededor de la madriguera para que los Weasley pudieran regresar. Molly los acompañaba.
Eso dejaba a todos los jóvenes en el castillo, escondiéndose generalmente en la sala común o la biblioteca –ambos lugares prohibidos para la orden del pasado- era tan aburrido todo que terminaron sus deberes en muy poco tiempo. Hermione se vio satisfecha por ese hecho.
Del mundo mágico no había muchas noticias, no por lo menos que fueran verdaderas. El profeta, como siempre, escondía la mayor parte de la información. Todo el mundo rumoreaba de asesinatos, desapariciones y ataques que no eran publicados, así que todos lo sabían. A pesar de no estar bien informados por los medios oficiales, las versiones que corrían de boca en boca eran lo suficientemente aterradoras para que volvieran a aquella incertidumbre de su futuro, preguntándose cómo acabaría todo. Y muchos tenían una respuesta.
La publicidad de Harry sí había aumentado. Casi a diario salían entrevistas a políticos o gente común, donde les preguntaban sobre su opinión acerca de los rumores de que Harry Potter era el elegido. Había distintas versiones, desde las más increíblemente cercanas a la verdad hasta la basura de Skeeter. El ojiverde aborrecía con toda el alma todo lo que se publicaba. Sus amigos trataban de esconder a diario las ediciones del profeta pero de una manera u otra se las arreglaba para conseguirlo y leer todo, así fuera de Voldemort o él. Cada vez que terminaba sentía un vacío en su interior, un miedo expectante a su futuro próximo. Comenzaba a pensar en lo que el mundo esperaba de él.
Derrotar a Voldemort de alguna manera milagrosa, salir vivo o sacrificar su vida. Devolverles la paz con un extraordinario poder, o muchas otras versiones que lo clasificaban como un mago al que le gustaban las artes oscuras que solo esperaba el momento preciso para unirse a Voldemort.
Ron y Hermione le repetían día y noche que no creyera en nada de eso, que no importaba. Pero si así era como la gente lo describía ¿Qué podía hacer? Ellos seguro no se incomodaban mucho porque no era su nombre el que aparecía en los periódicos, no era su reputación la que pendía de un hilo, no eran sus vidas de las que se hablaban sin siquiera conocerlo. Incluso las apuestas habían comenzado a correr. Era algo siniestro que en esos tiempos, se dedicara un apartado especial donde las probabilidades de que ganara él o Voldemort cambiaban a diario. Un anónimo del profeta las publicaba y si el mago oscuro no lo había matado era porque le agradaba el entretenimiento que estaba causando para todos. Había uno en especial que había alterado a Harry más de lo normal.
"La apuesta del día"
Harry Potter vs El-que-no-debe-ser-nombrado.
El porcentaje de hoy, para todos mis lectores:
Las encuestas indican un 99.9 % de que Lord Voldemort asesine al llamado elegido antes de que salga de su séptimo año en Hogwarts (Claro, si acaso logra comenzarlo), y solo un 0.1% de la comunidad mágica mantiene su inquebrantable fe en el muchacho de casi 17 años.
En mi humilde opinión, aquellos pocos que lo siguen apoyando, deben esperar un milagro o solo esperan creer en algo. Cabe aclarar que en esta encuesta no revisamos el estado mental de los encuestados, así que las cosas pueden variar a: 100% a favor de Voldemort.
Los hechos de hoy indican:
6 Rumores de desapariciones a favor de Voldemort y 4 muertes. Victorias para el muchacho que vivió: "0"
Comiencen las apuestas mientras puedan, aunque los hechos no se ven favorables para el afamado muchacho, Harry Potter.
¿Cómo podían siquiera publicar eso? Era inhumano, era basura, era una tontería, era…verdad. Cada día que pasaba no le estaba ayudando en nada. La actitud distante del director ocupándose de la orden del pasado no le daba esperanzas. El estar solo la mayor parte del tiempo no hacía nada bueno. El leer todo tipo de calumnias en su contra lo estaba acabando. El ver la actitud tan alejada de su padrino lo estaba rematando todo.
Cuando Sirius se llegaba a aparecer por el colegio rara vez lo miraba y le dirigía pocas palabras. Un simple hola o adiós pero nada más allá de eso. ¿Acaso se había dado cuenta lo riesgoso que era clamar el título de ser su padrino? ¿Había leído el artículo del profeta donde también se referían a él? Lo describían como aquél que inició la desgracia en su vida, que por la muerte de sus padres ahora era un muchacho perturbado y todo por culpa de él. ¡Eran mentiras! ¿Y qué podía hacer? Su padrino le sacaba la vuelta y evitaba hablarle, buscaba un pretexto para irse y no solo él lo había notado.
Hermione se había mostrado fiel incondicionalmente cada vez que Harry la necesitaba, pero no era lo suficiente. Había mucha diferencia entre la amistad a la familia y el ojiverde comenzaba a creer que de nuevo había perdido a la familia que le quedaba. ¿Qué debía hacer ahora, resignarse a estar solo?
No sabía que hacer, en serio que no lo sabía.
o-o-o-o-o-
Era ya mediodía y llegaba con una sonrisa. Había logrado cumplir su misión con éxito y no esperaba que el director lo mandara a otra de nuevo, no por lo menos en un largo tiempo. Le hacía bien regresar para enterarse de qué cosas habían pasado, estaban a vísperas del regreso a clases de los alumnos así que tendría poco tiempo para hacer algunas cosas que tenía planeadas. Remus no fue el único que notó lo desiertos que se encontraban los pasillos de Hogwarts.
-¡Profesor Lupin!- corearon Ron y Hermione con sorpresa y alegría.
-Muchachos, ¿Cuántas veces les tengo que decir que me pueden llamar Remus? Hace casi 4 años que no les doy clases- ambos adolescentes se sonrojaron un poco. –Díganme, ¿Cómo van las cosas por aquí?- comentó todavía con una sonrisa en su rostro, pero el repentino oscurecimiento de la mirada de los dos Gryffindor no le agradó.
Automáticamente también se borró la sonrisa de su rostro.
-¿Qué pasó?- preguntó de inmediato. Hermione fue la de la iniciativa y entrelazó sus dedos nerviosamente antes de hablar.
-Necesitamos que hable con Harry- la castaña levantó su vista para mirar a los ojos a su antiguo maestro de DCAO, sentía la necesidad de comunicarle las cosas como habían sido. Al licántropo se le hizo extraño que se lo pidieran a él.
-¿Por qué?- cuestionó un poco curioso y preocupado, Harry era demasiado complicado.
Ron sacó de la bolsa de su pantalón lo que parecían un montón de papelitos, pero al ponerlos en el suelo y desencogerlos, se formó una pila de ejemplares del profeta. Remus de inmediato se inclinó a recoger el que estaba arriba de todos, la fecha era de ese día.
Mientras leía, su cara se mostraba dura y llena de furia por las palabras. Sus puños se apretaban sobre las hojas del Profeta y su boca era una línea tensa. No tuvo la necesidad de leer todo el periódico completo para saber que estaba lleno de la misma basura y comenzó a revisar las demás ediciones solo para encontrar lo mismo. Mentiras y tonterías.
Antes de poder hablar con los dos adolescentes que se habían mantenido en silencio, tuvo que controlarse. Los encabezados, las opiniones y las supuestas entrevistas rondaban su cabeza como un bicho molesto. ¿Cómo podían hacer algo así? Harry era… tan distinto a lo que todos querían creer o lo que muchos decían.
-Imagino…- comenzó controlando su voz –Que Harry ha leído todo esto- Ron y Hermione bajaron la mirada apenados.
-¡Lo sentimos Remus, no pudimos hacer nada para detenerlo!- comenzó el pelirrojo bastante afectado por el hecho de haberle fallado a su mejor amigo. Remus se acercó y le puso una mano en el hombro a cada uno.
-No es su culpa, muchachos. Estoy seguro de que ustedes se esforzaron por hacer lo que mejor les pareció y Harry en veces es muy testarudo. No se preocupen, yo hablaré con él. ¿Saben donde está en este momento?- preguntó ya más calmado.
-No- contestó Hermione por lo bajo –Suele perderse en el castillo para que no lo encontremos- susurró un poco más bajo. El licántropo se pasó una mano por el cabello más preocupado.
-¿Eso desde cuando?-
-Hace dos semanas- dijo Ron, suspirando al final –Tampoco hemos podido hablar con él-
-¿Y Sirius?- cuestionó el hombre lobo. Si había alguien que ya debería de haber hecho algo para ayudar a ese muchacho era Sirius. El silencio de los dos Gryffindor lo impactó -¿Cómo que Sirius no ha intentado hablar con él? ¿Sabe de esto?- había sonado furioso, pero los dos muchachos comprendieron que era para el animago y no para ellos.
-Sirius parece ser parte del problema- contestó secamente Hermione, claramente enojada por el mismo hecho. –Se la ha pasado ayudando con las barreras en la madriguera y cuando viene al castillo nos evade-
-Si- apoyó Ron fervientemente –Nosotros notamos su actitud distante así que es obvio que Harry también- se cruzó de brazos.
Ahora Remus entendía gran parte del problema de los dos muchachos y creía saber los pensamientos que cruzaban la cabeza de Harry. Sería un gran problema.
o-o-o-o-o-
Faltaba poco tiempo para entrar a su último año en Hogwarts, dos semanas para ser exactos y lo único que pensaba sobre eso era el milagro que había sido el sobrevivir a tantas cosas. Siempre había algo que le impidiera llevar las cosas como cualquier adolescente normal, como cualquiera que estuviera emocionado por continuar una vida libre después de la escuela, una vida independiente.
Él no era como los demás.
Escuchó un gruñido a pocos metros, sin siquiera girar para comprobarlo supo de quien se trataba.
-¿Qué quieres Sirius?- contestó un poco resentido por la falta de atención en las últimas semanas, no lo culpaba pero tampoco quería que lo molestara con algún discurso inútil e innecesario, ya era tarde para eso.
Como lo esperaba, la forma animaga de su padrino no le respondería y sentía curiosidad porque estuviera convertido en Padfoot dentro del castillo, aún así no lo miró. Pero de repente, los gruñidos del animal se volvieron más largos y peligrosos, como si estuviera amenazado o se sintiera enojado.
-Basta de este juego- reclamó Harry girándose de frente a su padrino. Se quedó helado cuando el enorme perro mostraba los dientes de manera peligrosa y no lo perdía de vista a él. El ojiverde no supo por qué, pero lentamente se llevó la mano al pantalón para alcanzar su varita, sin embargo la versión animaga de su padrino lo notó y comenzó a correr a toda velocidad contra él. Dudaba que ese fuera Sirius.
-¡NO!- alcanzó a interponer ambas manos pero el enorme animal lo tiró al suelo y comenzó a ladrar como loco sobre él, mostrando sus colmillos y buscando cualquier oportunidad de morderlo, Harry no lo entendía. Ese no podía ser su padrino.
Rodó para quitárselo de encima pero no duró mucho cuando el perro de nuevo corrió hacia él completamente fuera de sí. El Gryffindor había logrado sacar su varita pero no se atrevía a lanzar ningún tipo de hechizo contra su padrino.
-¡Sirius, qué… sucede! ¡Soy… yo!- gritó esquivando el hocico del animal que intentaba hacerle daño de cualquier forma. Utilizaba las garras de sus patas también para atacarlo.
Logró tomarlo de las orejas -el suelo no era el lugar apropiado para darle ventaja- y tiró de las dos extremidades hacia atrás, haciendo que la cabeza del perro se alejara de su cara. Para su desgracia, no notó las patas que se movían ferozmente y sintió como una de ellas atinaba un zarpazo en su mejilla. Con sus rodillas pudo empujar de nuevo al animal un poco más lejos, lo suficiente para poder pararse pero no pudo apuntarle con la varita cuando venía de nuevo a toda velocidad contra él.
Sirius quería matarlo.
Trató de ondear su varita para petrificarlo o aturdirlo pero no encontraba el valor para hacerlo así su vida corriera peligro. El perro llegó primero que su decisión y mordió con sus grandes dientes su varita, tratando de quitársela. Harry presentía que estaba siendo controlado o algo lo había poseído pero no dejaba de identificar las amenazas. Luchó por conservar su varita, era su única protección pero Sirius tampoco lo quería dejar ir.
-¡AH!- el perro había mordido su mano en un intento de zafarle el objeto. Aún así no cedió y el animal continuo -¡No, suéltame!- luchó Harry mientras sentía los colmillos de Padfoot encajarse en su piel haciendo que pequeños chorros de líquido espeso y caliente brotaran de inmediato.
El animal se dio por vencido en cuanto a quitarle la varita, pero continuó su lucha por hacerle todo el daño posible, volviendo a tratar de atacar su cara o cualquier parte de su cuerpo. Harry creyó que se había alejado por unos segundos, pero sintió como algo lo atrapaba por el pantalón y lo arrastraba. Fallidamente intentó tomarse de la pared o aferrarse a la lisa superficie del suelo pero sus manos estaban húmedas, por la sangre en una y por la baba del perro que trataba de quitarse de encima. Solo resbaló dejando un rastro demasiado exagerado de sangre en las paredes y en el suelo. Con todo el dolor del mundo atinó una patada en la cabeza del animal quien soltó un gemido lastimero y se alejó unos metros sacudiendo la cabeza, soltando su pantalón y sacudiendo la cabeza, aturdido.
o-o-o-o-o
Había otra de las famosas reuniones del director de Hogwarts donde no hacía más que intentar lavarle el cerebro a todos, haciéndolos pensar que ellos no eran necesarios por el momento, que su lucha era en el pasado y que no se preocuparan por el futuro pues ellos lo tenían controlados. La mayoría se estaban quedando dormidos, hasta el mismo director del pasado se permitía no prestar atención.
James se quedaba dormido sobre su mano en la mesa, cada vez que cabeceaba su esposa le daba un codazo o un pisotón pero los últimos intentos ya no estaban funcionando tan bien. No fue hasta que el Potter escuchó algo que le llamó la atención que volvió al mundo de los despiertos.
-¿James?- preguntó extrañada su esposa por el brinco que había dado el hombre.
-Todos, shh- indicó con sus manos que no hicieran ruido, la mayoría ni siquiera respiró.
-¿Qué es James?- preguntó Dumbledore al no escuchar nada al pasar un minuto, la orden tampoco supo responder pero una pregunta se formó en su mente -¿Dónde está Peter?- le preguntó a todos, Sirius contestó.
-En el baño- eso no le gustaba al director.
-¡Shh!- insistió el Potter de nuevo -¡Les digo que escuché algo!- de nuevo los presentes se quedaron callados, era lo más entretenido que había pasado en las últimas dos horas, salvo que esta vez, lo que escucharon los dejó confundidos.
Unos aullidos de perro hacían eco por todo Hogwarts, luego un gemido lastimero del mismo animal y por último unos ladridos enfurecidos. La orden se miró entre ellos mismos preguntándose qué pasaba.
-Se escucha como Padfoot- sugirió Remus y sus dos amigos asintieron –Pero si éste Sirius está aquí…-
-¿Es mi versión mayor?- preguntó el aludido. Nadie pudo añadir o quitar cuando algo distinto a los aullidos se escuchó.
-¡Sirius, no!-
-¡Harry!- gritó Lily cuando en menos de un segundo estaba de pie y corría a la salida del comedor, su esposo y los otros dos merodeadores los seguían de cerca al igual que el resto de la orden.
Corrieron todos dirigidos por el matrimonio Potter y Sirius que cada pocos metros se paraban para saber a dónde seguir corriendo, la pelirroja se desesperaba cada vez más por los lastimeros y feroces ladridos de la forma animaga del merodeador mayor. Llegaron a un punto donde solo escucharon palabras de su hijo.
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-¡Sirius!- intentó de nuevo el ojiverde esquivando un ataque con garras, pegándose a la pared lo más que podía, trató de correr pero el enorme perro negro se echó sobre su espalda haciéndolo caer. El perro mordió su hombro o trató ya que su túnica impedía que le hiciera mucho daño.
El muchacho alcanzó a divisar su varita frente a él, solo debía estirar la mano… pero de nuevo el enorme animal se lo impidió mostrando sus filosos colmillos y gusto por masticar su mano. Recogió el brazo completamente adolorido y escondió su cara con el otro brazo, por más que lo intentara no era capaz de hacerle daño a su padrino.
-¡Harry!- el nuevo grito no lo hizo voltear por miedo a que el animal lo atacara, pero estaba hasta cierto punto aliviado de escuchar la voz de su padre.
James al llegar y ver esa escena donde su hijo era atacado por su mejor amigo –que seguro tenía algo malo- no pudo pensar siquiera en lo mucho que se había sentido decepcionado con Harry desde el día que lo escuchó decir que él y su madre complicaban su vida. Ni siquiera se lo cruzó por la mente la verlo ahí tirado, tan indefenso e incapaz de hacer algo.
Metió un brazo en el camino de su esposa que se quería acercar también a su hijo.
-¡Sirius!- gritó James bastante enojado -¡Detente! ¡¿No ves lo que estás haciendo?- el perro no le prestó atención, en cambio de nuevo se volvió a Harry mostrando ferozmente sus colmillos listo para atacar. -¡Desmaius!- el rayo acertó en su amigo pero no hizo nada, no por lo menos algo visible.
El animal volvió a la carga contra Harry quien trataba de alejarlo con un solo brazo, el otro Potter notó por qué. Su otra mano parecía lastimada. No esperó más cuando sin varita él también se enfrentó a Sirius, jalando al enorme perro por la cabeza para alejarlo de su hijo. Remus estaba a su lado ayudándolo al instante y entre los dos trataban de retenerlo.
Dumbledore veía incrédulo lo que pasaba.
-¡Está bajo el imperius!- gritó Remus -¡Hay que localizar a quien lo esté controlando para poder regresarlo a la normalidad!- la enorme fuerza del animago los hizo caer a él y a James, dejando el espacio libre para que el Padfoot poseído de nuevo cargara contra Harry y Lily que ya estaba a lado de su hijo ayudándolo a ponerse de pié. Los tumbó a los dos.
James se tiró sobre el cuello del perro antes de que le hiciera más daño a su hijo o a su esposa.
-¡Diablos, Dumbledore! ¡Comienza a rastrear a quien lo esté controlando!- insistió el Potter siendo zarandeado de un lado a otro con gran velocidad.
El director lo hizo, comenzó murmurar unas palabras para encontrar el camino hacia el que convocó la maldición, pero antes de terminar Sirius dejó de luchar, obviando el hecho de que había sido liberado. De inmediato cayó agotado e inconsciente al suelo. A pesar de eso, Dumbledore sabía quién había sido el artífice de todo el acto.
James se acercó a su esposa quien sostenía a Harry por los hombros y observaba su cara. Al llegar, el hombre también notó la marca de las garras de Padfoot en la mejilla de su hijo, además de las feas marcas en su mano. A pesar de todo, hizo lo mismo que Lily lo cual fue abrazarlo. Ambos sintieron como debajo de su agarre, su Harry temblaba incontroladamente y trataba de controlar su respiración.
-¿No…no…no le hi…hicieron…daño, verdad?- preguntó mirando de reojo la silueta inmóvil del perro negro. Su padre pasó una mano por su cabeza de manera tranquilizadora.
-Él está bien- miró a los ojos a su hijo –Tu necesitas venir conmigo- se levantó y también a su hijo. Lily enseguida, hicieron juntos su camino –de nuevo- a la famosa enfermería de Hogwarts.
o-o-o-o-o-
-Un día de estos…un día de estos- siseó peligrosamente la señora Pomfrey con una venda en la mano. Su mirada peligrosa no fue solo a su paciente, también fue para el director que estaba fracasando estrepitosamente ese año en proteger a sus estudiantes, más a uno en especial.
Harry estaban sentado en la cama de la enfermería, mirando todo excepto su mano, tratando de centrar su vista en el piso o en el techo porque los ojos curiosos de la orden del pasado lo estaban incomodando a niveles increíbles, eso sin mencionar la presencia de su madre quien estaba sentada a su lado con una mano descansando en su hombro. Su padre estaba igualmente cerca, se preguntaba por qué de ese repentino cambio de mente cuando durante el verano también lo había visto distante
El director se mantenía muy callado, evaluando la situación. El ojiverde sabía lo que pensaba porque él también había llegado a la misma conclusión, si su padrino había sido puesto bajo un imperius, solo había una persona dentro del castillo que podía hacerlo. Solo una persona que era muy capaz de traicionar a sus amigos y hacer lo que se le ordenara. Levantó la vista y se encontró con los ojos azules del director, se miraron fijamente por unos segundos antes de que el hombre mayor retirara su vista. Había leído el enojo en los ojos de su alumno y el famoso: "Se lo dije"
Al Gryffindor no le pesaba que Sirius lo hubiera atacado con todas las intenciones de asesinarlo, no, eso no era lo peor. Lo que en verdad le molestaba era lo que eso causaría en su padrino cuando volviera en sí y se enterara de lo que había hecho.
Entraron dos personas por la puerta de la enfermería, uno de ellos procuraba estar lo más lejos posible del otro. Peter entró detrás de la vieja versión de su amigo licántropo, Harry clavó su vista en la insignificante rata traidora.
-Peter ¿Dónde te habías metido?- preguntó James despreocupado –Se podría haber caído el cielo y tú estaba en el baño- se acercó a su amigo y pasó un brazo por su cuello de manera amigable. Harry tuvo que hacerse una imagen mental de Ron usando ropa interior de mujer para no tomar su varita que estaba convenientemente cerca y convertirse en un asesino.
Ron con ropa interior de mujer, color amarilla. ¡No puede ser tan difícil imaginarlo!
La voz de Peter lo sacó de sus pensamientos.
-Oh, lo siento- comentó nervioso –Si hubiera sabido que…que me necesitaban. ¿Pero nada pasó, verdad?- preguntó concernido -¿Harry está bien?-los ojos de James y de la rata volaron al muchacho que desvió la mirada tratando de imaginar ahora a Voldemort con el uniforme de Fleur Delacour.
Remus entendió muy bien lo que trataba de hacer.
-¿Alguna pista, Dumbledore?- preguntó de inmediato Remus, con tono peligroso. El director negó, aunque todos aquellos que no eran del pasado ya supieran la verdad.
-Me temo que el responsable dejó libre a Sirius antes de que lo pudiéramos rastrear-
Harry gruñó por lo bajo llamando la atención de todos, no se había podido contener.
-Lo siento, solo…es que… me dolió- se excusó moviendo un poco la mano recién vendada y suspiró derrotado. Pensaba que si Peter se volvía a cruzar en su camino no iba a tener tanta piedad y autocontrol del que ahora gozaba. Ese odio solo lo tenía a una persona en su vida y era Voldemort. Pero el ver a Pettigrew conviviendo con sus padres, siendo parte del grupo como si nada pasara…era…
Volvió a gruñir. Mejor se llevó ambas manos a la cara tratando de esconder su frustración. Su madre lo miraba algo confundida.
-Y… - comenzó el joven Sirius un poco triste y retraído -¿Qué vamos a hacer?- James enarcó una ceja con incredulidad
-¡¿Cómo que qué vamos a hacer?- escandalizó el Potter –Por fortuna no pasó nada de gravedad. Tu versión mayor volvió a la normalidad, no es necesario mandarte a Azkaban- bromeó a lo último pero esas ya eran muchas coincidencias para Harry. Se levantó de la cama y se dirigió a la salida ante la mirada sorprendida de muchos.
-¡Potter, vuelve aquí!- siseó peligrosamente la señora Pomfrey, el muchacho se detuvo en el instante dejando caer su cabeza hacia adelante
-¿Me puedo ir?- suplicó, ella negó.
-Quiero tener un ojo en ti, jovencito. Aunque…- miró a su derecha la durmiente figura de Sirius Black, cuando el hombre despertara y se enterara de lo que había tratado de hacer se armaría un gran show. Eso sin contar que cuanto despertara también podría hacerlo de manera violenta. ¿Qué iba a hacer?
Lily entendió todo eso y una malvada sonrisa apareció en su rostro, James levantó ambas cejas confundido y divertido.
Su esposa se adelantó y llegó hasta a un lado de Harry, el muchacho la miró con miedo. No sabía que se traía entre manos.
-Yo me encargaré de Harry esta noche- sentenció la pelirroja –Ni lo pienses Dumbledore, no te atrevas siquiera a decirme que no- advirtió peligrosamente –Después de todo, tus planes concernientes a la seguridad están fallando demasiado-
Por más que quisiera contradecirla, el director no encontraba la manera. Harry se veía incómodo con las atribuciones que estaba tomando su madre pero por el momento eso era lo mejor. Solo era una noche.
o-o-o-o-o-o-
-Yo me voy al sofá- dijo James con voz adormilada. Tomó una almohada una sábana de la cama. Harry iba a protestar cuando su madre lo detuvo.
-No te preocupes, tu padre puede dormir donde sea- y lo empujó a él a la cama.
-Pero…-
-Harry, no quiero excusas y no me obligues a darte una poción para dormir- el ojiverde sabía que esa amenaza iba muy en serio. Se quitó los zapatos y obedientemente se metió dentro de las sábanas ante la mirada de su madre. Aunque sabía que le sería imposible dormir pensando en Sirius, en los intentos de Pettigrew por matarlo o en el hecho de que estaba durmiendo en la misma habitación que sus padres.
Aunque a pesar de todos esos factores, admitía que el sueño comenzaba a vencerlo.
Cuando Lily regresó con la pijama puesta esperaba discutir algunos minutos con su hijo pero se sorprendió al encontrarlo tranquilamente dormido. No esperaba menos después de un día así, después de un largo verano tan cansado y confuso. Habían pasado demasiadas cosas que no podía ignorar, que no podía pasar por alto respecto a la vida de Harry.
Era un muchacho reservado, que se protegía muy bien en las situaciones y no se refería solamente a duelos o cosas parecidas, pensaba en cosas como los secretos. Su muchacho parecía una tumba a la hora de mantener algo fuera de su alcance, era muy inteligente desviando el tema o dando una explicación que pareciera razonable a la que no le pudieran dar vuelta. Pensaba un paso delante de la situación, un perfecto estratega. Se preguntaba si siempre había sido así o pasó algo para que lo cambiara, porque cuando lo veía con sus dos inseparables amigos… simplemente parecía otro.
Ahí notaba los parecidos con James, era todo un alborotador en una escala segura. Le encantaba divertirse con sus amigos, incluso lo había visto escapar con una escoba en su mano el otro día. También tenía todo tipo de pretextos respecto a los deberes escolares. No lo conocía bien pero era una perfecta combinación de todo lo que quería para él. Solo deseaba poder ver más esa faceta que la otra. Lo más raro de eso podía ser que sus amigos también era así. ¿Por qué? ¿Por qué tenían que ser así tres muchachos en su último año en Hogwarts? Había algo más importante detrás de todo, algo que los unía de una manera extraña a todo lo que pasaba.
Esperaba descubrirlo antes de que fuera tarde, antes de que te tuviera que regresar al pasado y permitir que las cosas siguieran el curso que llevaban.
o-o-o-o
Harry despertó muy bien descansado. No recordaba haber tenido una noche tan larga de sueño ininterrumpido en largo tiempo. Se preocupó al principio por lo tarde que era, pero par a su alivio sus padres no se encontraban en la habitación. Seguro habían salido temprano por cosas de la orden. Él tenía que hacer lo mismo.
No necesitó escabullirse hasta la torre de Gryffindor por ropa limpia, al pie de la cama había encontrado otro cambio con una pequeña nota encima.
Te esperamos en la comida.
Ron y Hermione
Sin duda no se habían cansado mucho en palabras, pero les agradecía el gesto. Sin embargo sentía que debía de haber algo más. Al girar la pequeña nota encontró otra cosa escrita.
No se por qué pero pensé que sería
Buena idea traerte la capa de invisibilidad
Está entre la ropa.
Ron.
El tampoco sabía por qué pero pensaba lo mismo. Quería pasar de incógnito por un tiempo, por lo menos mientras estuviera solo. No quería ser emboscado por otro fallido intento de Pettigrew… ¿O si? Eso le daría la oportunidad de vengarse pero… ¡Basta Harry, concéntrate en lo que tienes que hacer! Odiaba cuando la voz de la conciencia aparecía.
o-o-o-o-o-o
Sirius estaba sentado en la cornisa de la torre de astronomía, hacía un viento terrible que si lo tomaba desprevenido podría tirarlo pero en ese momento no le importaba, es más, ni siquiera buscaba agarre de ningún lugar. Todo el mundo se le había venido encima de un parpadeo. Despertar en la enfermería con un gusto metálico en la boca y no saber qué era no fue su mayor problema. El caos vino cuando Remus en un intento de calmarlo al no recordar mucho de los últimos días, le explicó lo que había pasado.
Había sido controlado, vilmente manejado por Peter. Y… y había atacado a su ahijado con órdenes explícitas de matarlo.
El pánico lo llenó ¿Qué hubiese pasado si lo hubiera logrado? ¿Qué hubiera hecho?
-En estos momentos no es el mejor escenario para estar sentado ahí-
Sirius giró de inmediato su cabeza, no esperaba escuchar a nadie y menos a esa persona. Al principio no vio a nadie hasta que su ahijado se quitó la capa de invisibilidad y lo miró a los ojos. El animago no pudo evitar notar las marcas en su mejilla y su mano vendada. De inmediato volvió su vista al vacío.
-No importa- respondió en tono bajo al primer comentario de su ahijado. Harry no se iba a quedar de brazos cruzados en el asunto.
Dejó la capa tirada en el suelo a su lado y avanzó despacio hacia la baranda donde estaba sentado su padrino, solo que a unos metros de distancia de él. Con la agilidad de buscador saltó por arriba de ella y se sentó de la misma manera que el Black, quien brincó un poco sorprendido por el movimiento y luego de terror.
Cuando estuvo a punto de decir algo, su ahijado lo interrumpió.
-No importa- contestó de la misma manera que Sirius, haciendo al hombre resoplar molesto. No le gustaba lo que estaba haciendo, para nada. El viento era fuerte y empujaba mucho a esas alturas. Tenía que bajarlo de ahí.
-Harry, bájate de ahí y regresa al comedor. Estoy seguro de que Remus debe estarte buscando- intentó sin mirarlo al principio, pero no podía evitar observarlo de reojo, cada uno de sus suaves movimientos. Vio como rodaba los ojos exasperado.
-Corrección, se supone que yo sigo en el cuarto de mis padres. Remus te anda buscando a ti por todo el castillo como loco y eso de bájate de ahí primero deberías aplicarlo tú… ¿O qué? ¿Crees tener los suficientes motivos para dejar que la naturaleza haga su trabajo y te baje al suelo de un movimiento?- se cruzó de brazos soltando su agarre de cualquier lugar, poniendo a su padrino más nervioso.
-Harry, no estás para discutirme eso. Hazme el favor de bajarte de ahí. Tú no lo entenderías…-
-Así que nuestra última plática fue en vano ¿No?- el animago arqueó una ceja y miró a su ahijado directamente, Harry hizo lo mismo –El día que te dije lo que significaba para mí el sacrificio de la orden. No necesito una bola de cristal para saber que eso te hizo pensar muchas cosas y por ende saliste de los terrenos de Hogwarts a tomar aire ¿Verdad? Una oportunidad perfecta para maldecirte, porque si una maldición se hubiera conjurado dentro del castillo todos se hubieran enterado, pero no. Peter te atrapó fuera de las barreras… Sirius abrió un poco la boca para explicar algo –No te culpo, en serio. Solo que creí que aprenderías la lección con eso y no harías cosas sin pensar, como sentarte en una cornisa donde el viento sopla lo suficientemente para tirarte, pongas o no resistencia-
-Harry…-advirtió de nuevo Sirius, pero su ahijado no lo dejaba continuar, no mientras tuviera algo que decirle.
-¿Después de todo este tiempo tratas de buscar una salida fácil? ¿Después de los años en Azkaban?- comentó decepcionado –Si crees tener los suficientes motivos para hacer la estupidez que tienes en mente, hazlo de una vez y sin demoras, pero si alguien tiene todo el derecho de tirarse por aquí, ese no eres tú- se asomó un poco hacia el suelo –He estado aquí más veces de las que nadie sepa- agregó despreocupado
Sirius parpadeó perplejo y abrió la boca, listo para un sermón que no llegó o por lo menos fue cortado por la continuación del ojiverde.
-Cuando acabó mi primer año y casi me asesina Quirrel, que en verdad estaba siendo controlado por Voldemort. O cuando durante todo segundo año la escuela entera me creía el heredero de Slytherin porque hablo pársel y después de eso salvé a Ginny de la cámara de los secretos y maté a un basilisco. Quizás también en mi confuso tercer año donde resulta que había alguien más que podía hacerse cargo de mí para no quedarme con los Dursley, además de que un fiel amigo de mis padres los vendió a Voldemort- hizo especial énfasis en esa última oración -¿O mi cuarto año? Lindos dragones, monstruos en el lago negro, un laberinto de donde por fortuna salí vivo. Que tu propia sangre sea la que trajo de vuelta a Voldemort y cerremos con broche de oro añadiendo la muerte de un compañero. El quinto año tampoco fue la diferencia, cuando ponen a prueba tu salud mental y caminas a oscuras por un sendero desconocido, eso fue lo mejor- suspiró amargamente –y qué decir del final- Sirius tragó culpablemente -¿Y el sexto? Solo me enteré de que para poder desparecer a Voldemort debes destruir 6 objetos primero. Solo eso. Sin embargo este verano me han tratado de asesinar más veces que mis años e Hogwarts y todo se revuelve aún más. Tienes que dejar a tus jóvenes padres caminar a su tumba, decirle a tu amigo que haga casi lo mismo con los suyos. Dejar que un inocente vaya a Azkaban por 12 años para que empiece todo de nuevo…-
El viento dejó de soplar por un momento.
-…¿Y cómo acaba todo? Asesinando o muriendo en el intento, así se dijo hace 16 años- el ojiverde encontró su vista con la de su padrino por primera vez desde que había iniciado con esa explicación, la cara de Sirius era todo lo que espera y más, nunca le había contado nada de eso –Si, parece que tú tienes más motivos que yo para tirarte-
El hombre se quedó viendo al más joven, sus expresiones, su calmada fachada que parecía no ser perturbable con nada en el momento aunque ahora sabía que por debajo de esa máscara las cosas eran bastante complicadas. Lo sabía desde el principio pero no sabía el grado de todo. Era increíble, era aterrador, era demasiado.
Sirius solo pensaba en que no se podía perdonar por lo que había intentado hacer y lo poco que había logrado. Aunque en realidad no fuera su culpa o no la mayoría.
Un escalofrío lo recorrió y no era por la altura o por el viento, era un sentido de su forma animaga que se había quedado con él. Su cabeza giró lentamente buscando en todas direcciones su fuente y a lo último fue a parar en su ahijado. No vio nada fuera de lo común hasta que una mano aparecida de la nada –debajo de una capa invisible- se posicionó en la espalda de su ahijado y lo empujó. Solo observó como el lugar en la baranda que su ahijado ocupaba, se quedaba vacío en menos de un segundo.
Ya no tengo capis! Así que ya no usen sus poderes persuasivos para decirme que suba, no... ahora los tendrán que usar para que escriba! Se valen amenazas...
El que quiera una predicción de la profesora Trelawney, dejará review.
Gracias por leer,
anypotter
