Si, me tardé. Dos o tres semanas para ser exactos pero toda espera tiene su recompensa, y aunque esta recompensa no es muy larga "algo es algo" y es mejor que nada. Así que a pesar de lo corto de este capítulo, les aseguro que no le faltan mis locuras y aquí viene la mejor prueba de ello. No digo más, pero saben las recomendaciones para que tanto autora como lectores, podamos permanecer vivos al final del capi.
...De nuevo el traidor...
Sirius no supo cuándo ni cómo, solo saltó hacia adentro de la torre de astronomía y luego tiró su cuerpo hacia el frente estirándose lo más que podía. Divisó solo una mano tomándose fuertemente de un relieve que salía poco y esa no era la mano más fuerte de su ahijado en ese momento. Se soltó de inmediato porque la venda resbaló.
-¡Harry!-
Con una enorme rapidez logró tomarlo de esa mano, pero todo estaba en su contra. El viento golpeaba fuertemente, más que antes y lo mecía de un lado a otro dificultando poder jalarlo hacia arriba de nuevo.
-¡Harry, dame la otra mano!- exigió el animago completamente desesperado por no poder hacer más y tener de nuevo a su ahijado dividido entre la vida y la muerte. Claro que no se resignaría a lo segundo. Tomó la otra mano de Harry y jaló lo más fuerte que pudo, lo que fuera necesario para poder ponerlo a salvo.
Lo subió y brincó la baranda, cuando ambos tuvieron sus pies dentro del terreno seguro del colegio se tiraron en el suelo tratando de tomar un respiro. Sirius se pasó una mano por el cabello tratando de calmarse pero hubo otra cosa que llamó su atención antes de lograr una respiración normal de nuevo. Su ahijado estaba sentado con la espalda contra la pared y su cara entre las manos.
-Otro intento fallido- susurró, el animago se acercó a gatas hacia él y se sentó a un lado pasando un brazo por sus hombros.
-No habrá más intentos Harry, no si yo puedo impedirlo- trató de consolarlo
El comedor de Hogwarts estaba sumido en un inusual silencio que hacía tiempo no se daba. Todos los ocupantes de la larga mesa llena de comida no habían hecho comentario alguno sobra la paz y la tranquilidad de la que gozaban, temían que desapareciera si lo decían. Pero otros muchos temían que esa fuera la calma de precedía a la nueva tormenta, en esos tiempos no podían esperar otra cosa.
La escena fue interrumpida cuando Ron llegó corriendo al lugar con tres cartas en la mano y una radiante sonrisa en el rostro. Iba tan apresurado que olvidó cómo dirigir correctamente sus pies, haciéndose nudo en la entrada del comedor y cayendo estrepitosamente ante las miradas de los presentes. Las risas de los merodeadores y sus amigos no se hicieron esperar.
El pelirrojo soltó las cartas y se agarró la cabeza murmurando maldiciones por lo bajo a cualquiera que se atreviera a sonreír por su pequeño incidente, pero sabía que todos ya lo estaban haciendo. Sintió que alguien se acercaba y lo ayudaba a sentarse en el suelo, abrió un poco los ojos para distinguir a su mejor amigo quien llevaba una pequeña sonrisa en su rostro.
-¿Cuántos hermanos tienes?- le preguntó Harry entretenido por las caras del pelirrojo al momento de tocarse la parte justa donde se había golpeado. Podía sentir la deformidad de su cabeza.
-¿6?- contestó el Weasley algo inseguro de estar contando bien.
Todos en la mesa observaban la interacción de aquellos dos muchachos. Primero, asegurándose de que el que se había caído no hubiera sufrido una contusión cerebral y en segundo eran diferentes motivos según la apreciación de cada uno. Aquellos que venían del pasado solo habían visto pocas escenas como esa donde las cosas no tenían que ver absolutamente nada con la guerra o con Voldemort. Con los problemas que tenía el mundo fuera de las barreras del castillo. Escenas tan simples como la convivencia de dos amigos y pequeñas conversaciones de temas diversos, tan normales para jóvenes magos de su edad. Accidentes que no ponían en riesgo la vida de nadie y que se podían reír de ellos. Cosas de la vida diaria que estaban desapareciendo al ser consumidos por la oscuridad del terror que implantaba el mago oscuro.
Los del presente no diferían mucho de esa idea puesto que ya habían olvidado -también- las cosas tan sencillas como las sonrisas y pequeñas bromas entre amigos y conocidos. Incluso aquellos que creyeron nunca alejarse del camino de un merodeador.
Peter llevaba toda la mañana esperando una oportunidad como esa, bueno, llevaba varios días ideando la forma perfecta de llevar a cabo su nueva tarea de modo que estuviera presente a la hora de que todo pasara y así nadie se atreviese a señalarlo. Su señor le había dicho que podía despertar sospechas en los de su mismo tiempo si nunca estaba presente a la hora de un desastre.
Él no quería hacerlo, no del todo. Claro que temía por su vida, era alguien que tenía algunas de sus prioridades claras y uno de sus mayores miedos era la muerte. Pero también era una persona que no era mala. A pesar de lo que ambos magos tenebrosos dijeran -El del pasado y el del presente- él no era la misma persona que en ésta línea del tiempo había traicionado a sus dos mejores amigos. De donde él venía, apenas hacía pocos días, Sirius le había propuesto a Lily y a James que él fuera el guardián-secreto pues el animago sería muy obvio. ¿Y qué fue lo que hizo primero? Según los demás... traicionar a sus dos mejores amigos, llevándolos directamente a la tumba.
Quizás su futuro ya estaba acostumbrado a esa culpa, pero él no era quien los había traicionado. No todavía. Cada vez que lo mandaban a hacer algo contra Lily o su hijo, sentía que estaba mal. Nunca había platicado con su contraparte futura, pero ahora sentía la necesidad de saber si sentía algún remordimiento por lo que había hecho en el pasado.
Aunque ya no tenía salida, estaba dentro.
Mientras el desayuno transcurría con todos serios, él metió su mano derecha en una de las bolsas de su túnica. Pudo sentir el frío cristal del pequeño frasco que llevaba consigo. Voldemort se lo había dado, para matar "Dos pájaros de un tiro". El señor oscuro no quería fallos ésta vez. Se había asegurado de que su táctica funcionara, lo había usado a él como prueba.
Había sido llamado a media-noche, al igual que en otros días. Encontró el camino para escabullirse por el castillo y salir de las barreras para poder aparecerse donde lo llamaban.
La reunión fue corta, pero eso no significaba dolorosa.
Al llegar, su versión más vieja estaba presente y podía ver miedo reflejado en sus propios ojos. Era extraño decirlo o pensarlo. Se veía a sí mismo asustado y controlado por la voluntad de otros. No era algo que le extrañara, solo le llamó la atención al ver que no había cambiado mucho en 16 años.
Voldemort sonrió malvadamente cuando llegó pero no dijo nada en el instante. Peter sabía que debía acercarse, en un momento estaba junto a su contraparte. El lord tendió su brazo y le entregó un vaso con agua. Eso lo desconcertó. No hizo nada, no mientras Voldemort no lo ordenara. Después de unos segundos, el mago tenebroso sacó de su túnica un un frasco pequeño de color negro y lo observó con malicia. Se tomó su tiempo para deleitarse de la siguiente escena.
Con delicadeza, vertió un poco del contenido del frasco en el vaso cristalino que sostenía Peter. El agua se tiñió de negro con una sola gota, pero en menos de dos segundos volvía a ser de su color natural.
Ya no le estaba agradando al animago.
-Bébela- ordenó en un siseo Voldemort. Su espía se vio contrariado a la hora de hacerlo pero la mirada impaciente de su señor lo hizo seguir la orden de inmediato y sin titubeos.
Para el hombre fue extraño. El agua sabía tan natural como debía ser. A pesar de que sabía que el señor Tenebroso no haría nada en vano.
Entonces sintió un gusto metálico en su lengua. Levantó inmediatamente su mano para verificar si estaba sangrando o no, pero no había nada más que su propia saliva. Bajó su mano temblorosa sin saber lo que estaba pasando, los ojos del señor oscuro estaban sobre él.
Entonces comenzó a sentirse caliente y débil. Sus piernas sucumbieron ante su propio peso y cayó al suelo de rodillas, intentando tomar grandes bocanadas de oxígeno que sus pulmones pedían fervientemente. Las cosas comenzaban a desenfocarse y multiplicarse, las paredes se movían girando a su alrededor. Sentía como el techo se le venía encima.
Todo era observado por Voldemort con gran deleite.
Vio como su espía se retorcía en el suelo, incapaz de hacer nada más que esperar una muerte segura. Claro que no lo podía perder, pero antes de darle el antídoto, debía esperar unos segundos más, para ver la reacción en cadena. Esa teoría que había nacido de su última trampa, cuando había tenido a dos Potter juntos.
Tal como lo predijo, todo pasó según lo pensado. En tan solo diez minutos de la agonía de su espía "más joven" el otro cayó al suelo sin explicación alguna -o por lo menos para aquellos que no supiera qué pasaba exactamente- pero él sonrió con descaro al haber encontrado una nueva forma sencilla de acabar con su cometido.
Dos espías insignificantes se retorcían en sus pies, el primero no con tanta fuerza para esos momentos, pero el segundo lo seguía muy de cerca. Ambos por el efecto de unas gotas del veneno. Y lo más curioso, era que solo se la había dado a beber a uno de ellos.
Peter despertó de su letargo con las risas de quienes lo rodeaban. James y Sirius -aquellos que venían de su mismo tiempo- reían con toda libertad de la escena que se seguía llevando en la entrada del comedor. Todos tenían su vista en aquello, nadie parecía prestar ni la más mínima atención a su entorno, alrededor de ellos.
Esa sería una oportunidad que no se volvería a dar así de fácil, mientras todos estuvieran juntos. Acarició con fuerza la pequeña botella dentro del bolsillo de su túnica y pudo sacar valor del pensamiento, que si lo iba a hacer... lo hiciera ya. No titubeó ni un solo momento cuando estuvo a su vista el viscoso contenido de la botella y la destapó con cuidado por debajo de la mesa.
Echando un último vistazo, reveló su mano titubeante que se hizo camino hasta el vaso del que tomaba Lily.
-Tienes que verterlo todo- eso había mandado su señor.
Pero para su desgracia, cuando la primera gota había caído en el líquido cristalino, el entretenimiento de todos se vio detenido y poco a poco comenzaban a regresar sus miradas a sus desayunos. Para su suerte, fue lo suficientemente rápido a la hora de guardar el pequeño frasco y aparentar que él también había estado observando lo mismo que todos, con una leve sonrisa en su rostro. Todos continuaron con su comida en silencio, un silencio que para Peter era torturador. No había logrado verter todo el líquido en aquél vaso y las cosas no pasarían tan rápido como se suponía. No, ese era un error fatal. Esta vez, deseaba muy en serio que la pelirroja no tomara el agua del vaso.
-¿No creen que es extraño?- comentó James en voz alta para todos en la mesa. Las miradas de inmediato se encontraron con la suya, algo confundidas. –Digo, Voldemort ha estado muy apacible- los del pasado comenzaron a pensarlo y los demás solo se tensaron. Harry trató de seguir comiendo con naturalidad aunque ese pensamiento que había hecho surgir su padre, lo había estado atormentando las últimas noches. Noches en las cuales no había dormido pues sentía la ansiedad del mago oscuro, como si estuviera esperando algo.
James no pasó por alto el hecho de que nadie comentó nada, como si no lo hubieran escuchado.
-Ya, come y calla James- susurró Lily tiernamente con una sonrisa en el rostro por el fallido intento de su marido. Si nadie quería que se enteraran de los nuevos movimientos del mago oscuro, sería difícil sacarles algo de información. Pero notó el momento de tensión en su hijo y supuso que las cosas no parecían ir tan bien como creían.
Como sea, no deseaba arruinar ese momento de paz que había surgido en ese desayuno, todos parecían un poco más relajados que de costumbre así que no había por qué regresar a temas tan oscuros como ese. Le dio un largo trago al vaso de agua que estaba a su derecha, tenía que hacer algo para conocer más al adolescente despreocupado y tierno que su hijo era en el interior. Se detuvo a pensar en eso unos momentos. Sabía como hacerlo ¿Cómo lo había pasado por alto?
Se levantó de su asiento con una sonrisa triunfal que su esposo no entendió y ella no se molestó en darle explicaciones. Sabía que en cuanto regresara con lo que tenía en mente, él también entendería y quizás se podía relajar un poco. Pero cuando dio algunos pasos más allá del lugar de donde estaba sentada y la mitad del camino para salir del comedor, todo se puso borroso y sintió que la fuerza abandonaba sus piernas. Sintió que caía al suelo pero no podía enfocar nada a su alrededor, como si su mente estuviera en algún lugar muy lejano a la realidad.
Los gritos de sorpresa y preocupación no se hicieron esperar cuando Lily trastabilló casi a la salida del comedor. Lo que todos pudieron ver era que de un momento a otro se había detenido y había caído al suelo sin siquiera poner resistencia. De inmediato los más grandes se levantaron, pero ninguno a la velocidad que James lo hizo. En un parpadeo sostenía a su esposa y la llamaba frenéticamente, pero ella ni siquiera estaba consciente. Así que la tomó en los brazos y no esperó que nadie dijera nada, él mismo se encaminó lo más rápido que pudo hacia la enfermería.
Todos los demás que estaban en el comedor y que se recuperaron pronto de la impresión lo siguieron. Solo eran adultos pues los muchachos todavía se encontraban procesando los hechos a duras penas. El más viejo de los dos Sirius sacudió la cabeza por unos momentos para seguir a su amigo, pero tenía dudas en dejar a su ahijado tan sorprendido como estaba. Una sola mirada de Hermione bastó para el animago quien se fue un poco más aliviado, al igual que todos los demás.
Sin embargo, el Sirius del pasado fue uno de los últimos en salir. Se le hacía algo bizarro que una situación tan misteriosa saliera de la nada sin explicación alguna. Justo cuando se disponía a salir del comedor, se acordó de la versión de 16 años de su ahijado y los demás muchachos. No podían dejarlos solos después de lo que había pasado, o eso creía. Y solo quedaba una persona que podía hacerse cargo de ellos por unos momentos.
-¡Peter!- le gritó el Black para llamar la atención del merodeador, parecía bastante afectado –Tú quédate con los muchachos, alguien los tiene que cuidar- y eso no era una sugerencia, era una orden. Desapareció rápidamente del comedor para apoyar a James.
Como si las palabras del joven hombre que se acababa de ir, fueran un detonador, Harry pudo parpadear confundido unas cuantas veces y luego girar lentamente su cabeza para encontrarse con una insignificante silueta de lo que se suponía era un mago.
Quizás, él había sido quien le dijo a Sirius en su tercer año que no era bueno tomar venganza, que no ganaría nada con asesinar a Pettigrew porque el hombre era la llave a su libertad e inocencia. Pero, ese no era el hombre que había culpado a su padrino de los asesinatos de sus padres ¿Cierto? Ese era otro. Era quien estaba intentando de nuevo, asesinar de alguna forma a su madre o a él. Ese hombre, era quien desde el momento que había llegado a ese futuro, había vuelto con Voldemort para ponerse a su completo servicio y desde entonces no estaba haciendo nada más que tratar de arruinar la poca tranquilidad que se tenía en la orden.
Desde su llegada todos sabían lo peligroso que era, pero nadie había hecho nada para no levantar sospechas y los del pasado comenzaran a preguntar. Porque algo así no se podía explicar. –Su amigo los traicionó y los mandó a la tumba, oh si, y por su culpa Sirius pasó 12 años en Azkaban- Era… imposible.
Y habían tratado de lidiar con los problemas que conllevaba el mantenerse callados al respecto, el sacrificar de nuevo algunas vidas. Aparentando siempre que el hombre solo era un miembro más de la orden, que sus padres no estaban por el momento y que la prematura vejez de su padrino solo era por la guerra. Pero no era así.
Los pensamientos de Harry chocaban entre sí dolorosamente. Hogwarts, o la orden, siempre habían sido el único refugio que podía proteger a los demás. El colegio era el único lugar sobre la tierra –o por lo menos a varios kilómetros- donde alguien se podía sentir seguro, donde no pasaba nada que pudiera terminar en algo mortal. Y estos últimos días habían sido los peores de los últimos años.
La gota que derramó el vaso.
Se levantó de su lugar, en un profundo silencio. Pudo sentir el brazo preocupado de Hermione que lo tomó del antebrazo, como esperando esa reacción, pero ni eso lo detendría.
En un rápido movimiento se llevó la mano a la túnica y sacó su varita, apuntando directamente a Peter. Escuchó los gritos ahogados de sus amigos, pero eso no eran nada hasta que lanzó un expelliarmus que dejó desarmado al traidor, quien se hizo hacia atrás con visible miedo en sus ojos. Harry saltó la mesa con la habilidad de un buscador, para estar del mismo lado que Peter y poder apuntarle libremente. Dio dos pasos hacia delante mientras observaba como el hombre se encogía y buscaba frenéticamente una salida.
-¿Huyes de la escena del crimen, Peter?- siseó peligrosamente. Con solo ver temblar al hombre no pudo evitar lanzar otro hechizo que lo mandó a volar unos metros hacia atrás.
-¡Harry!- el coro de sus amigos apenas lo escuchó y ni siquiera le importó. Era tiempo de poner en claro las cosas, ya era suficiente de sacrificios y apariencias.
Volvió a ondear la varita cuando el animago se puso de pié dificultosamente, llevándolo de nuevo al suelo. Se acercó aún más, lo suficiente para inclinarse un poco y tener un cara a cara con el hombre.
-Dime… Peter ¿Qué se siente estar tratando de arruinar la vida de tus amigos?- el animago se encogió con la mención -¿Qué es lo que te hará Voldemort cuando falles?- prosiguió falsamente pensativo el ojiverde. –¡Quizás lo mismo que te hará cuando seas llamado a tu próxima reunión!- aumentó el tono de su voz de nuevo y volvió a lanzar un hechizo que llevó más allá al miedoso merodeador.
Los otros Gryffindor habían desistido de la idea de detener a su amigo. Se encontraban divididos entre lo que pensaban que era lo correcto y la venganza que ellos sentían era muy válida en esos momentos. Incluso sabían que si intentaban hacer que Harry recuperara el sentido común, no lograrían nada. Por primera vez en sus años de Hogwarts podían ver cómo estaba actuando el verdadero Harry. Aquél que estaba poniendo primero lo que pensaba, dejando el lado el bienestar de la mayoría. Pensando en su familia, en sí mismo. Aunque aún así, no solo estaba defendiendo a los más cercanos a él. No. Dio la casualidad de que en esos momentos, al estar evidenciando a Peter, estaba defendiendo a toda la orden y si se quería llegar más allá, al mundo. Porque lo que estaba haciendo el espía los podía afectar a todos.
Así que a pesar de estar actuando por instinto, lo hacía inconscientemente por el bien de todos. No podía liberarse de esa carga.
-¡Vamos Peter!- habló de nuevo con una voz tan fría y llena de dolor que él mismo se sorprendió -¿No tienes algún remordimiento, acaso?- la mirada con miedo y vacía del hombre solo lo hizo enfadas más. Parecía ni siquiera estar consciente de todas las desgracias que conllevaban sus actos.
Una vez más se encargó de mandarlo a volar, rayos. Pudo ver el miedo que desprendía la mirada del espía, que de un momento a otro esperaba ser asesinado. Pero Harry sabía que él no era así, que nunca se atrevería a lanzar esa maldición sobre otra persona. Por lo menos no en esas circunstancias. La última vez que se atrevió a pronunciar una en voz alta, agradecía que ningún efecto se hubiera hecho aparente. Bellatrix le dijo que debía sentirlo para poder hacerlo. Y aunque en esos momentos se sentía capaz de conjurar cualquiera de las tres imperdonables, no lo haría.
Era frustrante.
Colagusano lo seguía mirando, temblando incontroladamente y esperando su fin. Harry odiaba esa mirada, la había visto en las víctimas de Voldemort y que el espía lo estuviera mirando de esa manera lo hacía sentirse como el mago tenebroso. ¡Pero él no era así!
Apretó la mano de la varita, temiendo de su propia reacción. No sabía qué hacer, no sabía. Mientras Pettigrew permaneciera con la orden del pasado, seguiría intentando asesinar a su madre o a cualquiera, solo para darle ventajas a Voldemort. Tampoco era una opción alejarlo, y ni siquiera pensar el matarlo. Tenía que regresar al pasado para cometer sus crímenes en aquella época.
Era tentador tenerlo a su merced.
Sabes el hechizo…
Claro que lo sabía. Tantas veces había sido conjurado frente a él que había perdido la cuenta.
No merece seguir vivo…
¿Quién era él para juzgar eso? Rayos… ¿Ahora se contradecía solo? Pero… él ni siquiera estaba pensando en mata a Pettigrew. Ese sentimiento venía de otro lado, los pensamientos tampoco eran suyos.
¡Voldemort!
Arrojó lejos la varita con un solo movimiento, sorprendiendo a sus amigos. Se alejó de Peter temiendo que el mago lo usara para sus propósitos, no sería una gran pérdida el deshacerse de su espía, pero para él sería una maldición.
A pesar de la tensión que casi se podía palpar en el aire, nadie dijo nada. Eran observadores en la escena donde James se rehusaba a alejarse de su esposa, a pesar de las órdenes de la señora Pomfrey quien ya corría sus hechizos de diagnósticos y conjuraba varios frascos de pociones, de distintos colores y olores.
-James…-
Ambos Sirius lo habían intentado pero el Potter no los escuchaba. Su mirada estaba tan perdida dentro de la inmóvil silueta de su esposa que no prestaba atención al mundo exterior. En su universo solo había una cosa y era Lily.
El Black más viejo no podía evitar sentirse muy mal en el interior. Conocía perfectamente a su amigo como para subestimar el hecho de que el hombre no permitiría que algo le pasara a Lily. El quería a la pelirroja con todo su ser, al igual que a su pequeño hijo de un año. Y el verlo así solo le hacía recordar una trágica y amarga escena. Aquella noche de Halloween que ambos habían sido asesinados, protegiendo a lo que más querían. James había sido el primero en morir, no quería siquiera pensar en lo que hubiera sufrido el Potter de ver a su esposa dejar ese mundo.
Ahora estaban ante el más claro ejemplo.
Nadie escuchó a los líderes de la Orden del Fénix llegar. Ambos viejos magos observaban la escena con una mezcla de extrañeza y miedo. ¿Qué había pasado? No lo pensaron mucho cuando en conjunto llegó un nombre a sus cabezas. Peter. Pero no comprendían qué había hecho ahora. Por la mirada preocupada en el rostro de enfermera, no era nada bueno. Por la presencia de todos y cada uno de los miembros de ambas orden, era peor. Solo faltaban ciertos jóvenes y el causante de todo.
El director más viejo, a pesar de confiar en la cordura e inteligencia de los adolescentes, no pudo evitar preocuparse. Pero antes de tratar aquél otro tema, debía enterarse.
-¿Qué pasa, Poppy?- preguntó suavemente. Pero lo suficientemente alto para que los demás lo escucharan. No sería justo dejarlos fuera de la explicación con esos rostros ansiosos y preocupados que tenían.
La mujer se detuvo y dio un suspiro derrotado. Una muy mala señal. Se giró lentamente al director para encararlo.
-Veneno de… Basilisco- contestó lentamente, arrastrando tanto las palabras como le fue posible. Queriendo retrasar el momento en que las caras de los presentes se deformaban en muecas de preocupación extrema y miedo… como las que estaban poniendo en ese momento.
Hubo un rápido destello en los ojos de Dumbledore, reflejando el dolor que todos sentían. Pero de inmediato fue reemplazado por la pacífica mirada azul que infundía respeto y poder al mismo tiempo. Esa mirada a penetrante que podía encontrar el más profundo secreto de una persona. Lo que dijo después, no era quizás lo que los demás esperaban.
-Sirius, quédate con Harry- ordenó, nadie reaccionó de inmediato ante tal cambio de tema –Sirius, busca a Harry y quédate con él- ordenó más fuerte esta vez. Algunos brincaron en sus lugares, pero el aludido dio un pequeño asentimiento de cabeza con una extraña mirada de no comprender el por qué de esa orden y se marchó. Remus lo siguió.
Sus amigos no habían dicho nada, Ron y Hermione habían permanecido especialmente callados ante la última escena. Lo último que todos habían registrado era una varita de acebo, con núcleo de pluma de fénix, que volaba varios metros lejos de su dueño. Como si el simple y delicado objeto fuera a estallar o algo parecido en su mano.
Y llegó el funesto silencio.
Harry trataba de recordar el motivo que lo había llevado a hacer lo que había pasado, pero su mente parecía nublarse al siquiera pensar en el hecho. Cuando trató de volver a la realidad, vencido por no concentrarse bien en lo que quería, se dio cuenta de que ese sentimiento de vacío no se iba. Como si todo lo que lo rodeaba no existiera y poco a poco fuera tragado en las tinieblas.
Parecía una escena del pensadero que se disolvía a medida que acababa. Pronto las cosas perdían nitidez, hasta ser solo figuras de negro, vacías y sin rostro.
Sirius no entendía todavía la extraña orden del director, pero ahora su sentido común le decía que no había sido del todo una buena idea dejar a su ahijado solo, después de lo que había pasado. Y si los ojos no le fallaban, el traidor se había quedado en el comedor. ¿A cargo de los muchachos? Claro que no podía culpar a su versión más joven de tremenda estupidez, dejar a Peter con su ahijado…
¡Ja! Deseaba tanto el ponerle las manos encima a esa pequeña rata, solo para tomar su frágil cuello y hacer lo que Voldemort había prometido hacer si la rata no le daba información.
-¡Harry!-
No estaba tan lejos del comedor como para no escuchar eso y había aprendido a distinguir los diferentes tonos cuando se gritaba el nombre de su ahijado. Ese no era un tono de reprimenda o de súplica. Era un tono aterrado que gritaba para recibir respuesta del aludido.
En menos de lo que pensaba, él y Remus –Ni siquiera había notado al licántropo durante su trayecto- habían llegado a las puertas del comedor, solo para ver al pequeño y miserable traidor, arrinconado en una esquina temblando de miedo, la varita de Harry en el suelo y…
-¡Harry!- de nuevo ese tono de miedo. Se encontró él mismo donde Ron había estado, sosteniendo a su ahijado que parecía pacíficamente dormido y no inconsciente o Merlín sabe qué. No sabía lo que había pasado y francamente no sabía si lo quería averiguar, porque si Peter tenía algo que ver, así él terminara –por algún extraño motivo- casado con Voldemort, por alterar la historia matando a alguien que no debería morir, no le importaría en lo más mínimo.
-Remus… ¡Remus! ¿Qué pasa?- preguntó desesperado, le había prometido a su ahijado que ya no pasarían cosas como esas y un vez más había fallado a su palabra. El silencio pensativo del licántropo no le gustó, porque significaba una sola cosa. Que tenía conjetura y que no era nada bueno porque al mismo tiempo trataba de encontrar una solución. -¡¿Qué pasa, Remus?- exigió
Su amigo suprimió un suspiro preocupado.
-Sirius… ¿Qué pasaría si Lily nunca hubiera nacido?- preguntó seriamente, tratando de darse a entender primero explicando con pequeños ejemplos, pero por la cara de Sirius… -Harry no hubiera nacido ¿Cierto?- respondió él mismo.
El animago asintió desesperado.
-¿Qué tiene que ver?- exigió aún no comprendiendo, Remus alzó su mano deteniendo sus palabras.
-¿Qué pasaría si Lily nunca se hubiera sacrificado por Harry? Si Lily nunca se hubiera interpuesto en el camino de Lord Voldemort para salvar…-
-No… ¡No!-interrumpió comprendiendo y tomó fuertemente a su ahijado.
Lily estaba en peligro de morir y… si lo hacía, nunca volvería a su espacio en el pasado donde se sacrificaba por Harry. Los hechos se acomodarían, quizás, a lo más obvio, que sería que el niño-que-vivió nunca hubiera sobrevivido.
Oh por Merlín.
Si, me encantan esos finales. Y si... adoro sus reviews ¿Lo dudaban? Persuádanme, pero advierto, no es tan fácil como parece el hacer un capi, así que no pueden esperar de un día para otro una actualización. :D
Aún así, siéntanse libres de usar la fuerza necesaria para hacerme "escribir" muajajaja.
anypotter
