Sep, tardé un poquitito :D Pero actualicé. Vamos, no pueden esperar maravillas de la noche a la mañana. Solo juren solemnemente en voz alta "que sus intenciones son buenas" y podrán leer el capítulo de aquí abajo, de lo contrario, solo les aparecerá un trágico final donde la autora se volvió loca y mató a todos los personajes.
Lily estaba en peligro de morir y… si lo hacía, nunca volvería a su espacio en el pasado donde se sacrificaba por Harry. Los hechos se acomodarían, quizás, a lo más obvio, que sería que el niño-que-vivió nunca hubiera sobrevivido.
Oh por Merlín.
...Lágrimas...
Había pasado una miserable y larga hora, que parecía no acabar nunca. Que cada segundo que pasaba era tan largo como un año y el silencio que se formó alrededor se ponía más y más pesado. Incluso los presentes parecían haber dejado de respirar en espera de un final que se veía cercano más no llegaba. Un final que los estaba atormentando aunque todavía no se diera por hecho nada, pero no significaba que todo estuviera bien.
James estaba fallando miserablemente en los intentos de calmarse. Incluso Sirius se había dado por vencido tratando de hacer algo para distraerlo y que no se centrara en la extraña desgracia que esta vez se cernía sobre sus cabezas. No, esto era aún más difícil. El animago, el lobo y la rata –que apenas hacía unos momentos había llegado- se encontraban a una prudente distancia de su amigo. Lo suficiente para cuidar de él, pero tampoco tan cerca como para atosigarlo. Casi podían sentir lo mal que se sentía, era un sentimiento tangible en el aire.
Y la señora Pomfrey no tenía una solución certera. Bueno, realmente no tenía ninguna. –"Lágrimas de Fénix" se había dicho. Era la única cura reconocida para el veneno de basilisco, que por extrañas circunstancias se encontraba recorriendo el cuerpo de la pelirroja. Pero no podían hacer nada contra eso, no en estos momentos.
Las lágrimas de este raro ejemplar eran muy codiciadas en todo el mundo y las que se llegaban a conseguir no tenían un verdadero valor a pesar de los millones de galeones que se gastaran en ellas. El animal que concibiera su llanto, debía hacerlo de buena voluntad y para un fin específico. No para comerciar, no para todos. Solo un grupo muy pequeño gozaba de la bendición de esas hermosas aves.
El único fénix del cual se disponía en una distancia cercana, era Fawkes, el fénix del Director. Pero incluso un ave tan bondadosa como lo era, no regalaría tan preciado dote así se le ordenara o se lo pidiera. Así lo hicieran picadillo –o lo metieran a un aparato llamado, licuadora- según el Sr. Weasley. Nada se comparaba un regalo de buena gana.
El sacrificio de un Fénix, no serviría.
Dumbledore comprendía que solo había una salida y era esa. Que Lily era un punto clave para el mundo actual, para los largos 10 años de paz que el mundo había gozado. Para la supervivencia de un joven y la destrucción de un mago oscuro. Tal y como lo había dicho la profecía. Sin embargo estaba, literal y figurativamente de manos atadas. No podía hacer nada, absolutamente nada. A pesar de aquellas miradas sombrías de los jóvenes merodeadores –o por lo menos de tres de ellos-. A pesar de las caras de preocupación de la pareja Longbottom y de su misma versión un poco más joven.
Ellos no comprendían, que no solo se estaba perdiendo una vida. Al contrario, estaban perdiendo el futuro.
Sin contar… la otra parte de esta sucia jugarreta.
Sirius, estaba seguro de que la preocupación y la tensión en la que él mismo se estaba metiendo lo estaban haciendo ver visiones, pero la mirada confundida de Remus lo había hecho cambiar de opinión.
A pesar de ser solo míseros sesenta minutos los que había pasado en esa silla –vigilante como un halcón-, la demencia estaba ganando terreno sobre la cordura y no es que él fuera muy cuerdo. Harry solo parecía dormido, de una manera muy tranquilizante. Dentro de todo ese desastre, podía ver ese hecho como algo bueno, odiaría ver a su ahijado sufrir. Pero tampoco era para estar contento.
Trataba de tranquilizarse, los té que los Weasley o Remus se habían esforzado en hacerlo tomar, no estaban sirviendo de nada. Sabía que estaban especialmente hechos para que no se le cayera el cabello o muriera de preocupación ahí postrado. A esas alturas deberían saber que si de su ahijado se trataba, ni la droga más poderosa lo podría hacer caer, ahí estaba la verdad.
Lo siguió observando, un poco más tranquilo al saber que si algo malo fuera a pasar, ya se habrían enterado. A pesar de que su amigo o los demás no le quisieran decir nada sobre Lily –y que él no preguntara- sabía que las cosas no iban bien, o Harry no estaría en esas circunstancias. Pero la verdad no quería saber –muy a su pesar- si la hermosa pelirroja estaba ya con un paso en la tumba o algo similar… para nada. Él podía ser feliz pensando en que todos fuera de esa habitación, estaban haciendo su mayor esfuerzo, tratando de salvarla y por ende, salvar a Harry. No quería saber si no encontraban algo o Merlín sabe que obstáculos se les presentaban.
El centro de su universo había sido, es y será Harry. Así se los había comunicado.
Sin embargo, los cambios se comenzaron a hacer notorios al transcurrir la primera hora. Parpadeó un par de veces al principio, no dando credibilidad a lo que veía. La sorpresiva inhalación de aire por parte de Remus solo lo hizo ponerse nervioso.
-¿Remus…?- No sabía si quería una respuesta o un asentimiento de cabeza. Se hizo un pequeño silencio entre ellos dos, hasta que el licántropo encontró su voz y las palabras para expresarse en acuerdo.
-Es más joven- susurró no dando crédito ni a sus palabras. Dejó la pequeña taza que sostenía en una mesita a su izquierda y se levantó con paso incierto. Sirius había hecho lo mismo.
Sin decir palabras, notaron cambios. Insignificantes que podrían ser para unos, pero ellos, quienes lo cuidaban no lo pasaban por alto. No era mucho en realidad. Los rasgos de Harry a penas cambiaban a los de un adulto, a un muchacho que alcanzaría la mayoría de edad en poco tiempo. Porque Sirius se encargaría de que cumpliera la mayoría de edad así él se convirtiera en esposo de alguien. Si, era muy capaz de sacrificar su soltería.
Una vez que dieron por verdad lo que veían, llegaron a una conclusión.
Dumbledore todavía no encontraba una solución y el tiempo estaba comenzando a correr en contra.
A pesar de la quietud que todos intentaban aparentar, estaban fallando terriblemente. Cuando no era un pie golpeando rítmicamente en el suelo, era Sirius tamborileando sus dedos sobre cualquier superficie que pudiera emitir sonido, o los suspiros de frustración y cansancio de otros. Si fuera otro tipo de persona, desde un principio les habría pedido que por favor pararan, pero esa era su forma de expresar que se encontraban tan preocupados como él por Lily.
Pero… había una persona que no se había aparecido por la enfermería desde que todo el problema comenzó y su ausencia lo preocupaba un poco más. Si él estuviera a su lado, quizás las cosas serían más fáciles, sabiendo que había otra persona cuyo amor por la pelirroja se igualaría al de él y la preocupación la podían compartir. ¿Dónde estaba su hijo?
Lo último que recordaba que había escuchado de él, era que Dumbledore mandó a Sirius para quedarse con él. No tenía idea de para qué, pero el tono en el que lo había dicho era muy serio. Y hasta ese momento no se había preguntado nada más.
Se giró un poco para ver sobre su hombro, no había notado en su totalidad todas las personas que estaban en la enfermería. La verdad, estaba bastante sorprendido de que la enfermera los hubiera dejado quedarse. Aunque la respuesta llegó sola "No había nada que se pudiera a hacer por el momento, por eso la señora Pomfrey no se molestaba en alejar a los que sobraban"
Volviendo su vista para buscar a la enfermera… solo la alcanzó a divisar platicando con la versión más vieja de Remus en las puertas del lugar. El licántropo decía algo, parecía preocupado. Ella se pasó una mano por la cara expresando completa frustración. El Potter dudaba seriamente que estuvieran hablando de Lily, algo en su interior se lo decía.
Se levantó, por primera vez desde hacía ya tres horas. Sintió sus piernas protestar al principio por el movimiento inesperado pero no le importó. A pesar de los momentos que lo rodeaban, no se permitiría dejar pasar nada de importancia.
Remus lo notó acercarse porque cualquier cosa de lo que estuviera platicando con la enfermera, había cesado en cuanto había entrado al campo auditivo de su plática. El licántropo intentó sonreírle al igual que Poppy –ambos fracasaron estrepitosamente- aumentando sus sospechas. Tenía que ir al punto.
-¿Dónde está Harry?- preguntó.
Pocas cosas lo sorprendían en la vida. Pero extrañamente, aquellas que sí lograban tomarlo verdaderamente desprevenido, eran cosas que tenían que ver, siempre, con ese ahijado suyo. A pesar de tener casi 17 años, parecía un verdadero misterio para las ciencias, la magia y la humanidad. De las pocas personas que presumían conocerlo, podía decir que ni siquiera sabían su forma de pensar o de actuar. Todo lo que se sabía era lo superficial y lo más notorio. Era un completo misterio.
Hoy, de todos los días que llevaba de conocerlo –que para su desgracia no eran muchos- lo había logrado sorprender una vez más.
Ese extraño proceso que estaba haciendo que el tiempo corriera hacia atrás para su ahijado, le estaba afectando de manera emocional. Ahora era idéntico al muchacho de 13 años que era en su tercer año. Aquél que se enfrentó a los dementores que lo perseguían a él, aquél que lo había salvado.
Era tanto increíble como escalofriante. Increíble el revivir la imagen de su ahijado, la primera vez que lo vio después de tantos años. Escalofriante el hecho de pensar en que si ese proceso seguía en retroceso, las consecuencias serían la desaparición.
Confiaba, con todo su ser, que Dumbledore no se atrevería a dejar que eso pasara. Y no tanto por Harry, si no por Lily. También debía saber que no le convenía dejar morir al muchacho, porque luego se las vería con un ex-convicto de Azkaban sumamente furioso, que además de matar a cierta rata, acabaría con cualquier versión disponible del director de Hogwarts.
Escuchó un leve golpeteo en la puerta. Seguro era Remus con las respuestas las incógnitas sobre Harry, pero lo siguiente no era algo que esperara ver.
Apenas dio el pase a quien estuviera fuera, una figura muy conocida entró con una cara indescriptible. ¿Enojo, frustración, miedo? De todo había, menos aquellas emociones que lo caracterizaban tan a menudo y que extrañaba desde el día que se enteró que su hermano merodeador se encontraba de nuevo con él.
De todas las personas que había esperado, el último era James. Y para nada del mundo era porque el hombre no se preocupara por su hijo, claro que no. Sirius sabía perfectamente que el hombre daría su vida por Harry y por su esposa. Por eso había acordado con Remus, el no decirle que además de estar a punto de perder a Lily, también a su hijo. Sería muy injusto anexarle otra pena en esos momentos.
El Potter caminó dentro del cuarto, acercándose a su viejo amigo sin decir una palabra. Luego con un suspiro frustrado posó su vista en su joven hijo –que parecía verse más joven de lo que él recordaba- y lo estudió por un momento.
-¿No pensabas decirme?- habló con tono sombrío después de unos minutos, pero aún así no parecía estar enojado con Sirius. Su amigo seguía siendo el mismo y por eso le ocultaba cosas que pudieran hacerle daño. Aunque no estaba de acuerdo con que no lo pusieran al tanto con algo de esa magnitud.
De todas formas, el animago se sintió culpable. James tenía todo el derecho de saberlo a pesar de que significara que sus penas aumentaran más.
-Sabes la razón- se limitó a contestar sin siquiera mirarlo directamente. No quería ver ese dolor en sus ojos, que sabía que tenía.
Para el Potter bastaron esas palabras porque significaba que estaba en lo correcto, Sirius no había cambiado mucho después de todo. Pero había muchas otras más preguntas que deseaba su respuesta, y no quería rodeos.
Se giró un poco para acercar una silla y sentarse a un lado del animago. Comenzando a pensar en la manera de expresarle sus dudas, sin que sonara a una acusación.
Tomó aire.
-Sirius…- comenzó en tono bajo, el aludido miró de reojo por unos momentos a James y asintió levemente invitándolo a proseguir -…¿Qué, tiene que ver, lo que le está pasando a Lily, con Harry?- había sido un poco difícil mencionar el nombre de su esposa sin estar junto a ella. Pero sus suposiciones eran correctas, debía estar con su hijo primero.
El Black se movió molesto en su asiento y se pasó una mano por la cara.
-James, sabes que no te puedo decir nada del…-
-Si, si. Lo tengo muy grabado, Sirius. Nadie nos puede decir nada sobre el pasado- se detuvo un momento observando que la mirada de su amigo se oscurecía, entonces sus sospechas eran ciertas –Pero yo ya tengo mis respuestas- aseguró, logrando que la cabeza del animago se girara con rapidez hacia él, miedo en sus ojos como temiendo que hubiera descubierto algo que no debía.
-James…-
-Lily hizo algo, o hará algo en el pasado, que, salvará la vida de Harry ¿No es así?- era más una afirmación que una pregunta, pero el rostro tenso de Sirius solo le daba la razón –No soy tan tonto como crees, Sirius-
-Yo no dije…- intentó el animago antes de ser cortado
-No hace falta que digas nada, amigo- suspiró cansado –Sigo sin entender el motivo por el que ahora, no estoy… me refiero a mi versión mayor, aquí junto a mi hijo cuando me necesita. Y tampoco Lily, pero lo que sí me queda claro es que si Lily no sobrevive, Harry tampoco lo hará- las últimas palabras le habían lastimado la garganta de solo atreverse a expresarlas. Era una pensamiento que se había negado a pasar por su mente pero ahora ya era una realidad.
Sirius continuó en su mutismo, pensando que era mejor estar callado que arriesgarse a hablar y cometer una estupidez. Eso lo entendió el Potter perfectamente.
Cada uno se sumergió en sus pensamientos. El Black por su parte, pensaba que habían subestimado a James. Ese hombre podía ser el mago más sabio de la historia si era necesario para salvar a su familia y ahora lo estaba demostrando. Pero no quería que descubriera más allá de sus simples sospechas. No, sería muy peligroso y doloroso. Y aún así, se estaba portando con una gran serenidad, en esa situación.
James, al contrario, pensaba en la cantidad de cosas que eran ocultadas a él y a los demás que venían del pasado. Dumbledore les había hecho comprender que era por el bien de todos, pero no encontraba ningún bien en lo que estaba pasando ahora. Ahora, su hijo estaba atado al destino de su mujer por algo que ella tendría que hacer en el pasado, y no sabía siquiera qué rayos era. Esa pieza de información faltante le estaba taladrando la cabeza, pero las preocupaciones afloraban de nuevo, obligándolo a concentrarse en lo que estaba frente a sus ojos.
Harry…
Era todo lo que hubiera deseado para su hijo y más, aunque parecía un completo rompecabezas. No conocía las situaciones que lo habían llevado a ser así, ni tampoco cómo era la vida con Voldemort rondando tan cerca de la orden en el futuro, pero parecía haber otra cosa detrás de lo que todos intentaban aparentar. Cuando saliera de esa crisis, se encargaría de averiguarlo así tuviera que maldecir a alguien.
No había estado al tanto de la rata desde un principio, o nunca lo hubiera dejado siquiera regresar al castillo, de una pieza. Lo consideraba propia incompetencia al no asegurarse de qué nuevo peligro los acechaba, qué nuevo peligro la acechaba a ella.
En el momento que se enteró, deseó asesinar al responsable lo más lenta y dolorosamente posible. Aunque una pequeña voz en su cabeza, lo que muchos llamaban conciencia, le dijera lo contrario. Sin embargo tampoco tenía mucho poder sobre sus decisiones, de nada serviría mantener al pequeño traidor vivo para que regresara al pasado. Solo iría a causar más dolor y pena, ni siquiera podía creer que él mismo estaba apoyando el plan de Dumbledore. El anciano consideraba bienes mayores, y no los personales.
Porque si le interesara su orden, no dejaría al hijo de Lily sin una madre, de nuevo. Ni tampoco a Longbottom. Y lo más importante quizás, no se esforzaría en mandar a Lily a la tumba, de nuevo.
Cuando él lo vio como una oportunidad para redimirse, el anciano se opuso de inmediato, diciendo que esa no era la forma.
-¡Al diablo el futuro!- eso era lo que el director no entendía. Cuando se tenía la oportunidad para un futuro mejor, él la desechaba porque era peligroso. No, el anciano director no tenía idea de lo que era el verdadero dolor, a veces dudaba que siquiera se interesara por Potter. Se suponía que todo era por él y todavía le estaba costando trabajo aceptar el hecho de que cuando Voldemort dio a elegir entre la vida del muchacho y la de Lily, hubiera elegido a Lily.
Si, él estaba contento con eso. Pero quedó claro el hecho de que Dumbledore solo hacía lo que convenía, solo eso y nada más.
Y ahora caminaba como un león enjaulado en la oficina del hombre, esperando su regreso. Mirando alrededor, en espera de que una respuesta a el mal de Lily, brotara de la nada. Pero sabía perfectamente que no había nada que hacer. Él al contrario de los demás, no conservaba esperanzas en una salvación por arte de magia. No, no había ese tipo de respuestas inexplicables en el mundo de la magia, no para ese caso en especial. Y la única forma, ahora era imposible, significando una cosa.
Lily estaba muerta.
Y solo el pensamiento lo hizo caer de rodillas al suelo, frustrado, con un nudo en la garganta y lágrimas formándose en sus ojos.
No servía de nada el conocimiento de un maestro de pociones si no podías crear la poción contraria a lo que sucedía. Era realmente una gran pena. Y ahora que más necesitaba de su vasto saber, éste se había esfumado cuando se enteró del problema y su ego, aunque fuera pequeño, de maestro de pociones, había sido evaporado de la faz de la tierra.
Estrelló su mano en el escritorio frente a él. No quería resignarse aunque todo apuntara a un fin, pero la esperanza no era algo de él. ¿Cuánto había pasado ya? ¿16 horas de que ese martirio había comenzado? Y no solo habría una víctima a ese malvado plan. Se preguntaba en el fondo, cómo estaba lidiando Black con eso, viendo a su preciado ahijado acercarse más rápido a la desaparición que Lily.
Si, si alguien moriría primero, sería el muchacho.
Aunque no lo admitiera, sintió un pinchazo en su interior por ese otro pensamiento. Después de todo, no era culpa de Potter tampoco. No era su culpa nacer en tiempo equivocado, de padres equivocados. Justo cuando una profecía se hacía, justo cuando Voldemort eligió asesinarlo a él, antes que a Longbottom.
Con furia hizo que los objetos sobre el escritorio del director, volaran y cayeran al suelo, con distintos sonidos al momento de quebrarse o solo quedar ahí esparcidos. Posó ambas manos sobre el escritorio, de puño cerrado y con la cabeza caída entre los hombros. Los mechones de cabello grasiento ocultando el hecho de que lágrimas comenzaban a correr camino abajo en su rostro.
Si, estaba llorando y ya no podía pararlo.
Era mucho, era un pasado y un presente. Eran sus errores y los de otras personas. Pero eso no le quitaba mérito a sus malos pasos. Y todo había sido por ella.
Y su cabeza estaba en el escritorio, no sabía cuánto tiempo había pasado ya. Demasiado tarde quizás, o solo unos segundos. Pero sentía que sus ojos no podían producir otra lágrima a pesar de que su interior no estuviera satisfecho con el sufrimiento que expresaba. Se sentía vacío, insensible. ¿Hacia calor o frío? No lo sabía, pero sus mejillas estaban endurecidas por el camino de sal que habían dejado las lágrimas que no había dejado salir en años. Era una forma de expresarse, claro, pero también era una manera de sufrir.
Por un momento creyó escuchar la voz de Lily en su espalda, pero sabía que era su imaginación. Aunque el insistente sonido siguiera, no lograba escucharlo bien. Fue hasta que levantó un poco su cabeza, que se dio cuenta de que el sonido no estaba a su espalda, si no venía de algo frente a él. Alguien frente a él.
-Fawkes…- susurró cansado, pero el fénix no perdió en tiempo en hacer nada más que a lo que había llegado.
El fénix batió un poco sus alas, acercándose al hombre e inclinando un poco su cabeza de lado, esperando el movimiento del otro.
Por un momento, Snape lo miró confundido. Su cerebro no alcanzaba qué era lo que quería hacer el fénix, si ya era tard… ¡No! Según el reloj, según lo esperado, todavía había un poco de tiempo y el ave parecía comprenderlo. Rápidamente apareció un pequeño frasco donde el fénix de inmediato posicionó su pico, comenzando a llorar y dejando que las lágrimas resbalaran hasta el frasco.
Solo fueron unos minutos, hasta que dejó lo que él creía suficiente. Levantó su cabeza y clavó sus ojos en el maestro de pociones. El hombre todavía se encontraba un poco confundido. Pero hasta la desaparición del fénix, pudo recobrar el sentido común y hacer su rápido camino a la enfermería.
Lily…
Sirius y James completaban la histeria del otro. Las últimas horas habían pasado más rápido de lo que cualquiera de los dos quería pero no podían hacer nada por lograr lo contrario. El Black sabía que habían llegado al final, el pequeño de un año tan quieto que él y James rodeaban era el fin del camino y el inicio de todo el futuro. James presentía en su interior que lo decisivo llegaba ahí, pero se preguntaba qué edad tenía ese pequeño Harry que era tan similar al de él en su tiempo. Eran prácticamente iguales, pero… ¿Significaba que el acto de Lily llegaría pronto en el pasado?
No hubo tiempo siquiera de respirar.
Ambos notaron que la viva cicatriz en forma de rayo en la frente del pequeño comenzaba a auto-borrarse de una manera escalofriante. Comenzando por la primera línea, poco a poco, como un camino a seguir.
El mundo de Sirius se estaba acabando y James no comprendía.
La segunda línea de las tres, comenzó a hacer lo mismo que la otra que había desaparecido.
¿Ese era el fin? Después de todo…
La tercera.
-¡Harry!-
Padre y padrino gritaron al mismo tiempo, aterrados.
La última línea se detuvo, a la mitad. Dejando a ambos hombres con grandes ojos al borde del infarto, sin saber lo que estaba pasando ahora. Manteniéndolos con la respiración sostenida, hasta que, de la nada, la cicatriz en forma de rayo volvió a aparecer completa en la frente de Harry.
Sirius y James se miraron, sin palabras, sin expresiones, hasta que…
Ambos saltaron de sus lugares y se abrazaron mutuamente con lágrimas de alegría y muecas tontas en sus rostros. Armando un increíble alboroto en esa pequeña habitación. Remus incluso entró preocupado al escuchar esos gritos, pero al verlos sonreír como bobos, solo se recargó en el marco de la puerta con un suspiro de alivio.
Había funcionado, no había nada de que temer, no por lo menos para la mayoría, pero Peter se encargó de perderse a sí mismo en el castillo para no ser encontrado por cualquiera con intenciones claras de asesinarlo. Así que había decidido subir a la torre de astronomía.
De nuevo había fallado, su señor esta vez lo mataría si no lo hacían los de la orden.
Las miradas que había recibido por parte de todos, podían hacerlo mojar sus pantalones si se encontraba a solas con cualquiera. Con el clan de los pelirrojos, con sus antiguos amigos merodeadores, con una joven castaña cuya cara reflejaba una inteligencia que usaría para hacerle todo el daño posible.
Si, lo mejor era mantenerse fuera del alcance de cualquiera, mientras no estuviera acompañado por nadie de su tiempo. Pero una fría voz lo hizo helarse y encogerse al mismo tiempo.
-¿Creíste que dejaría nuestro pequeño encuentro de hace, veamos… casi un día, quedaría incompleto?- se giró tan rápido que escuchó más de un hueso de su columna tronar, pero el miedo era su mayor sentimiento en el momento. Antes de que pudiera siquiera levantar su varita apropiadamente, ésta voló por el barandal y lo último que vio fue que desaparecía en alguna parte del suelo. Eso lo hizo temblar más.
Harry se quitó la capa de invisibilidad y la dejó caer en el suelo a lado de él. Estaba recargado en la pared en busca de un poco de apoyo –todavía estaba un poco inestable después de lo que había pasado- pero eso no le quitaría el privilegio de ser el primero en poner las manos sobre la rata. Si, Sirius ni siquiera había notado que había desaparecido de la habitación y no podía culpar a su padrino, apenas y había caído rendido. Al igual que su padre y… extrañamente su madre. Odiaba ser el único en esas circunstancias porque Lily se veía tan amenazante como siempre.
Continuando con Peter…
-En realidad, ¿Pensabas que escaparías de esto, sin repercusiones?- rió amargamente mientras le apuntaba con su varita, asegurándose de que el hombre no intentara nada. El rostro de Harry se tornó serio y amenazante –Nunca, volverás a tocar… a nadie que me importe ¿Entendido?- su tono de voz no dejaba espacio a dudas, pero si la rata creía que eso sería todo, estaba muy equivocado.
Una cuerda encantada se amarró al pié de Peter, el hombre lo notó muy tarde ya que no podía zafarse. El nudo era lo suficientemente fuerte como para no dejarlo escapar si el mago responsable no lo quería y tenía la ligera sospecha de que Harry no lo dejaría ir tan fácilmente. Aunque ¿Para qué un nudo en su tobillo?
El joven Potter se acercó, con una mano de apoyo en la pared y la otra con la varita todavía en ristre, apuntando directamente al pecho del traidor. Peter comenzaba a pensar que Harry en verdad tenía deseos de matarlo, no como Voldemort le había dicho, pero una amenaza al fin.
-Espero te diviertas, Peter- siseó Harry con una malvada sonrisa en su rostro al mismo tiempo que mandaba un expelliarmus que atinaba de lleno al merodeador. La fuerza fue tal, que hizo al pequeño hombre volar hacia atrás y para su desgracia, por encima de la baranda.
¿Entonces Harry Potter sí era un asesino?
Se sintió caer hasta que algo fuerte tiró de su tobillo, deteniéndolo en el aire.
Harry sonrió para sí mismo al lograr lo que quería. La rata estaba tan pálida como un fantasma, colgando de un pié atado a la baranda de la torre de astronomía. Si, Peter nunca vio cuando el otro extremo de la soga se ataba seguramente a los barrotes.
Se asomó por la barandilla con una mueca burlona.
-¡No te preocupes, Peter!- le gritó -¡Plantaré la duda de tu ausencia en unas 8 horas! ¡Después de eso, tardarán otras 4 hora en encontrarte y dos horas más en lograr desatarte!-
Al tomar su capa del suelo para volver a su habitación, no pudo evitar pensar que eso no sería suficiente para Peter, pero ya era algo. Luego Sirius o Remus… bueno, quizás Sirius, se encargaría de hacer el resto.
¿Soy mala? Vamos, si yo actualicé no soy mala. En parte. Pero mi maestra me enseña bien -mantendré en secreto su identidad por su seguridad- Pero bueno.
Creo que a Peter le faltan más consecuencias por sus actos ¿Ustedes qué creen? muajaja.
El que quiera la venganza de Sirius, dejará review. Y al que le haya gustado el capítulo, también dejará review.
anypotter
p.d. Actualizado el estatus de mis fics en mi profile.
