AAHHH! Respecto a los rumores que decían que se me creía muerta... !Están equivocados! buhahahaha, la muerta era mi inspiración por HP y por coincidente cualquiera de mis fics con ese tema -llámese la mayoría- Pero ahora parece estar de vuelta y hambrienta de opiniones (llámense reviews) Los dejo leer, antes de que me coman.

-¡No te preocupes, Peter!- le gritó -¡Plantaré la duda de tu ausencia en unas 8 horas! ¡Después de eso, tardarán otras 4 hora en encontrarte y dos horas más en lograr desatarte!-

Al tomar su capa del suelo para volver a su habitación, no pudo evitar pensar que eso no sería suficiente para Peter, pero ya era algo. Luego Sirius o Remus… bueno, quizás Sirius, se encargaría de hacer el resto.

...De vuelta...

Era curioso el desarrollo de las cosas a su alrededor. Pero esa era su suerte desde hacía ya tiempo, nada salía como normalmente se esperaría. Aunque esta linda excepción no tenía muchos inconvenientes, hasta creía que por una vez, las cosas se daban tal y como había previsto.

Harry tenía que esconder su sonrisa casi por debajo de la mesa, porque aunque sus padres no estuvieran presentes en esa cena, debía guardar la compostura por si aparecían de la nada o alguien veía algo sospechoso. Aunque el único que podría reportar cosas era Peter, y ese era el preciso motivo de su momento risueño. ¿Quién no ser reiría? El Potter trató de consolarse con el hecho de que Ron y Hermione también lo estaban disfrutando, por lo tanto no se sentía tan culpable por esa desgracia.

Pobre Pettigrew.

Solo de pensarlo de nuevo hacía que la risa resurgiera con más fuerza.

Como Harry lo había dicho, ocho horas después del altercado con Peter, hizo que los demás pensaran sobre su ausencia. A pesar de que contaba con que la antigua orden lo buscara por todo el castillo, no creía que su padrino se uniría a la búsqueda, aunque debía ser obvio si quería su momento a solas con la rata. Y por primera vez en largo tiempo –según Remus- el animago había usado la cabeza –para cosas malas como siempre- añadió el licántropo. El Black se había convertido en Padfoot y recorrió todo el castillo en busca del aroma del traidor.

A él no le tomaron 6 horas para encontrarlo como a los demás, no. Él había tenido 5 horas para divertirse antes de que los demás pudieran encontrar al pobre hombre. Los muchachos no sabían exactamente lo que había pasado, solo sabían los datos generales que eran más que suficientes para su entretenimiento y para hacerse divertidas imágenes mentales.

-¿Sirius, qué le hiciste?- preguntó Remus de forma acusatoria frente al trío de Gryffindor cuyas caras de incredulidad esperaban una detallada y dolorosa explicación. Cuando el animago sonrió de manera inocente, celebraron sin saber por qué.

-¿Sabes Remus? Desde que tomamos Estudios Muggles cuando estudiábamos en Hogwarts, mi sueño ha sido…- el licántropo abrió los ojos espantado.

-No lo habrás hecho…- musitó, considerando las posibilidades de que el hombre hubiera cumplido ese capricho.

-Era una buena oportunidad- se excusó el Black encogiéndose de hombros con una sonrisa malvada.

Harry, Ron y Hermione miraban de un lado a otro como en un duelo. Sonrisas más grandes a cada palabra que decía que lo que había hecho Sirius era grande.

-Solo no me vendé los ojos…-aclaró antes de contarle a los muchachos.

¿Quién pensaría que el sueño de alguien que venía de una familia sangre-pura, que además debió ser Slytherin entre otras cosas, quería romper una piñata?

Sirius Black era una persona complicada, siniestra si deseaba serlo. Pero no había duda de que lo que había hecho, era digno de todo un merodeador.


Por primera vez en varios días había dormido muy cómodo, quería continuar así pero los pequeños jalones que sentía en su pié no lo dejaban. Trató de nuevo de ignorarlo, echándose la sábana por encima de la cabeza pero ese molesto… argh.

-¡Sirius!- reclamó al darse por vencido. Se sentó en la cama tallándose los ojos, tratando de ver bien a su molesto padrino que llevaba más de 15 minutos tratando de sacarlo de la cama. Esperaba que fuera algo sumamente importante, por su propio bien.

El animago no parecía verse afectado por la mortal mirada de su ahijado que seguía musitando algo por lo bajo. No, él quería ser el primero en decirle, como debió ser desde siempre. Sin previo aviso, abrazó a Harry fuertemente. El muchacho de ojos esmeraldas parpadeó confundido.

-Sirius…¿Qué?-

El hombre se despegó de él y enarcó una ceja ¿Se había equivocado de fecha? No, desde hacía varios días que había estado planeando eso y nadie había dicho que la fecha estaba mal. Era 31 de Julio, ¿Cierto?

-Harry, ¿Olvidas tu propio cumpleaños?- reprimió Sirius revolviéndole el cabello. Entre las protestas del joven mago, pudo escuchar un "Ahhh" que solo le arrancó un suspiro –Harry, un muchacho como tú solo debería preocuparse por chicas, la escuela, los amigos… deberías contar los días que faltan para tu cumpleaños y molestar a todos por eso. No deberías de tener la cabeza llena de… lo que sea en lo que estés pensando-

Eso último solo lo había pensado. No quería presionarlo en algo que para nada era su culpa. Para su desgracia, Harry era muy cuidadoso en las apariencias. Eso era lo que lo hacía tan difícil.

-Bueno- brincó Sirius de la cama, tomó a Harry de la muñeca y lo levantó de un jalón también.

-¡¿Sirius, a dónde me llevas?- el animago lo jaló escaleras abajo y hasta la cocina.

Después del incidente de Pettigrew, la orden había tomado medidas más serias. Sirius, Remus, Tonks y él habían sido enviados a Grimauld Place –de nuevo-. Los Weasley habían regresado a su hogar, Hermione junto con ellos. Y la vieja orden del Fénix se había quedado en Hogwarts, bajo el ojo vigilante de Dumbledore. Todo para evitar más escenas sospechosas o intentos de asesinato.

Aún así, Harry era visitado todas las tardes por Ron, Hermione y la Sra. Weasley, se encargaban de que su estadía en la antigua y noble casas de los Black no fuera tan lúgubre. Aunque era entretenido ver a Sirius y Remus discutir por tonterías, Tonks llegaba y tomaba un bando o sacaba a Harry de en medio del fuego cruzado y al final todo estaba bien.

Aunque tenía que darle la razón a su padrino, estar encerrado en ese lugar era desesperante. No había nada que hacer y los días se convertían en rutina. Para un hombre que pasó 12 años en Azkaban no podía haber mucha diferencia.

Volviendo a la cocina, Harry no había notado que Sirius tenía la capa de invisibilidad de su padre colgando del brazo hasta que se la dio.

-Vamos Harry, póntela- le urgió el animago con una desquiciada sonrisa que indicaba que planeaba algo.

-¡Pero Sirius, estoy en pijama!- se quejó Harry –Y descalzo- añadió pensativo.

Pero el animago no se detuvo en lo absoluto. Encogía cosas para poder meterlas en una bolsa y renegaba por lo bajo algo sobre el tiempo. Cuando pasó a lado de su ahijado, con un movimiento de varita, desapareció su pijama que de inmediato fue reemplazada por una túnica oscura y en sus pies unas pantuflas.

-Buena combinación- pensó Harry divertido.

-Harry, te diría que te peines pero rayos… desde hace años sé que eso es una batalla perdida- el ojiverde sonrió tratando de aparentar molestia por ese comentario. –Vamos, es hora de irnos- susurró Sirius con una sonrisa. Volvió a tomar a su ahijado de la muñeca y lo arrastró por el vestíbulo.

-Sirius ¿A dónde vamos?- preguntó confundido al llegar a la entrada –Dudo que seas un mortífago disfrazado que haya podido entrar, yo ya estuviera muerto- agregó oscuramente –Pero me hace pensar que me quieras sacar de Grimauld Place-

El hombre por fin se detuvo en lo que sea que estuviera haciendo. Le debía explicaciones a su ahijado, pero no quería arruinar la sorpresa.

-Harry, es tu cumpleaños. Hoy cumples la mayoría de edad- lo miró a los ojos –Desde hace tiempo quiero llevarte a un lugar… pero nadie me dejaba- sonrió al final.

Entonces, el ojiverde se dio cuenta de que a pesar de todo el escándalo que había hecho su padrino para despertarlo, llevarlo a la cocina y luego a la entrada, nadie había asomado su cabeza para ver qué pasaba. Ni siquiera Remus, y ese hombre –había aprendido- tiene el sueño muy ligero. Al volver a mirar a su padrino, su sonrisa inocente lo delató.

-Remus está petrificado y encerrado en el baño- comenzó su explicación –Tonks… bueno, tu sabes que Tonks no la despierta ni un dragón rugiendo en su oído- Harry asintió –En cuanto al pobre de Moody… también está encerrado en el baño con Remus- se encogió de hombros como si no fuera la gran cosa –No contaba con su aparición tan temprano, así que, sufrió las consecuencias-

Por más que Harry había intentado compadecerse de todos los mencionados, al final se terminó riendo. Primero de solo imaginarse cómo había pasado todo para que Remus y Alastor Moody estuvieran vencidos y en el baño. El otro motivo que lo hacía reír era imaginar lo que pasaría cuando llegara el momento de liberarlos. Su padrino mejor debería estar en el otro lado del mundo.

Pero…

-Sirius, ¿A dónde me quieres llevar, que tuviste que petrificar a dos miembros de la orden para hacerlo?- preguntó sospechoso. Su padrino solo sonrió.

-Eres demasiado inteligente para mi desgracia, Harry. Verás cuando lleguemos- le puso la capa de invisibilidad encima y él mismo se puso un hechizo, quedando los dos ocultos a los ojos curiosos.

El animago abrió la puerta y jaló a Harry consigo. Se detuvieron en la acera.

-¿Sirius?- susurró Harry sin comprender. Solo escuchó una risita malvada de su padrino.

-Esto, Harry…- guió la mano del joven mago para que tocara algo invisible frente a ellos. El ojiverde en un principio sintió un frío metal, pero luego comenzó a encontrarle forma de:

-¿Una motocicleta?- no pudo ver pero apostaba que la cara de su padrino era de fotografía cuando lo escuchó reír.

-Mi motocicleta- aclaró –No la uso desde hace tiempo- omitió el verdadero motivo –preciosa…- susurró mientras pasaba sus manos por todo el vehículo.

-¿Iremos a donde sea que me quieres llevar, en una motocicleta?- lo aceptaba, a cada segundo que pasaba las cosas se ponían más misteriosas. Aunque de su padrino ya no sabía ni qué esperar.

-¡Ajá!- contestó con entusiasmo –Vamos, sube-

-¡Pero Sirius, no veo nada!-

-¿Miedo?-


Después de 10 minutos de discusión sobre lo que sí le puede dar miedo a Harry James Potter –y por coincidente a Sirius Black también- se encontraban volando sobre la ciudad, sin hacer el menor ruido.

-Yo conozco mi motocicleta- había alardeado el animago –Solo yo sé cómo tratarla-

Harry por su parte iba aferrado a su padrino. Le gustaba volar, claro que sí. Pero cuando él tenía el control y cuando podía aferrarse a algo visible.

-Aunque no lo creas, esta no es la primera vez que te subes a mi motocicleta- presumió su padrino, teniendo un leve flashback –Cuando eras pequeño, te saqué a pasear en esta motocicleta más veces de las que podrías imaginar, más veces de las que tu madre cree que está enterada- agregó al final, riéndose.

El ojiverde también sonrió para sí mismo sin hacer comentario alguno.


Después de algunos minutos más de viaje, era notorio que estaban descendiendo. Harry podía sentirlo en su estómago, su padrino lo había sacado de la cama tan aprisa que tampoco tuvo la oportunidad de comer algo. Pero cualquier pensamiento se fue al ver el paisaje que lo rodeaba.

Al bajar del la invisible motocicleta y desprenderse de su invisible padrino, sintió algo familiar. Algo que le decía que conocía ese lugar, aunque no lo recordara. Tampoco podía decir de dónde lo conocía, las casas de los alrededores se veían abandonadas y un cementerio no muy lejos del que no podía despegar la vista. Desde el incidente del torneo de los 3 magos les tenía cierto temor a esos lugares… pero éste.

-¿Alguna pista?- interrumpió su padrino sus pensamientos, Harry no respondió.

Siguió mirando esperando encontrar la respuesta él solo. Lo sabía… lo sabía… ¿O no lo sabía?

Las casas, dio unos cuantos pasos alrededor, sabía que su padrino lo vigilaba aunque no lo pudiera ver. Había algo especial. Pero él nunca había estado en un lugar así en el mundo mágico. Toda su vida creyó que era un niño común, y aún cuando se enteró de que era mago, no podía hacer ese tipo de viajes. Su vida se había limitado a Privet Drive-La madriguera-Hogwarts. A no ser que…

¿Antes?

¿Antes de su vida con los Dursley?

-¡Vamos Harry, toma la mano de mamá, cielo!-

La acera frente a él de pronto se veía llena de vida, no lúgubre y abandonada.

-¿Lo volviste a sacar en la motocicleta, Black?-

¿De dónde estaba saliendo todo eso?

Una racha de viento salida de la nada sopló fuerte. La capa de invisibilidad resbaló por su espalda, dándole la oportunidad de ver bien… el Valle de Godric.

-¡Harry!- gritó Sirius cuando vio a su ahijado correr en una dirección, dejando completamente olvidada la capa de invisibilidad.

Pero el joven mago no lo escuchó. Él sabía a dónde iba –o eso creía- era como si algo lo guiara. Un camino pintado solo para él. Sabía que lo único que lo ocultaba de la vista de los demás, había resbalado y ahora era completamente visible hasta para Voldemort, pero eso no importaba. Siguió corriendo hasta que supo dónde detenerse.

Una casa abandonada, olvidada. Hace casi… 16 años.

La mano que reposó en su hombro no lo asustó. Solo le dio a entender que su padrino había logrado alcanzarlo, pero aún así el animago no dijo nada. Quería saber lo que su ahijado pensaba hacer.

Quizás no había sido una buena idea después de todo…

El ojiverde caminó a través de la maleza. Se detuvo unos momentos antes de pasar del marco de la puerta, no dudó ni un segundo en entrar.

Escuchó como su padrino aspiró fuertemente. Tenía la duda de por qué. Pero no encontraba las palabras para poder expresarse, después de todo, estaba en su casa.

La luz del día atravesaba una ventana sucia e iluminaba tenuemente el recibidor. Un entelarañado recibidor, que tenía señas de lucha, que hacía que su cicatriz molestara, pero que entre otras cosas seguía intacto. La única diferencia, quizás, era la gruesa capa de polvo que había caído en todo el lugar. Cubriendo todo de forma uniforme.

Las fotos, entre otras cosas que podrían parecer de menor valor. Se acercó al primer cuadro que osó llamar su atención. Su madre, ahora la podía reconocer. Sentada en lo que parecía ser la sala, con su versión miniatura sentada en su regazo, mientras el caprichoso bebé trataba de alcanzar con su pequeña manita un gato de tonos naranjas, peludo pero no tanto como Crookshanks.

-Remus pensó que sería buena idea…- comenzó Sirius al llegar a su lado y tomar el cuadro de donde estaba colgado, sopló el polvo que había encima -…teniendo tantos perros en la casa- rió, entonces algo se encendió en su mente -¿Galleta?- musitó

-Sirius, yo también tengo hambre pero no es el momento de pensar en…- iba a reclamar Harry cuando su padrino comenzó a caminar a otro lado de la casa. Lo siguió con curiosidad, hasta una sala.

No dijo nada más, un nudo se había hecho en su garganta y apenas lo dejaba respirar. Sirius también se había detenido… ahí había sido. Su ahijado parecía comprenderlo sin decir nada, podía sentirlo.

Pero no era el momento para pensar en eso, no ese día. Trató de sacar esos pensamientos de su mente, lográndolo con una pequeña bola de estambre que estaba a sus pies. La recogió con una pequeña sonrisa.

-Galleta- volvió a decir, sacando a Harry de su propio trance –Ese era el nombre de tu pobre gato…- le informó a Harry con una mueca divertida.

-¿Por qué Galleta?- inquirió Harry logrando distraerse, era un nombre raro para una mascota.

-Es una de las primeras palabras que dijiste- se encogió de hombros su padrino –Y en cuanto Remus llegó con el pobre animal, tú gritaste "Galleta", creo que no debí llenarte de tantos dulces…- terminó pensativo. –Ahora sé por qué eres como eres-

-¡Hey!- reclamó su ahijado, solo le revolvió el cabello, sacándolo de la sala –Pero… ¿Qué crees que haya pasado con Galleta?- ese era el pensamiento que había llevado a Sirius a ese punto de la casa en particular.

-La verdad no lo sé, Harry- admitió –Confío en que se fue y encontró quién le diera galletas-

-¿Alimentar un gato con galletas?-

-¿Yo que sé? Tú lo hacías- ambos rieron.

Volvieron al recibidor, pero algo insistía dentro de Harry para ir al segundo piso.

-Sirius ¿Podemos llevarnos…?-

-Eso es parte del plan- sonrió su padrino –Creo que no hemos tenido tiempo en 16 años para tomar algo- se encogió de hombros mirando el lugar valorativamente –Creo que tu madre escondía el Whisky de fuego por aquí…- y comenzó a buscar.

Harry no sabía qué respuesta tendría su padrino si le pedía acompañarlo al segundo piso. Aunque creía que si ya estaban ahí, pues debía terminar con todo de una vez. Desapareció del recibidor en silencio.


A cada paso que daba, su cicatriz parecía quemar más. Nada que no hubiera sentido antes, pero molesto al fin. Sin embargo eso no le impidió continuar su camino a donde su instinto le decía. Al fondo por un ancho pasillo, a un lugar donde no había puerta. Creía saber por qué pero tampoco quería adelantarse a los hechos.

Una tenue luz iluminaba el lugar, de manera hipnótica. Los rayos del sol entraban por una pequeña ventana y hacían que el gastado color amarillo claro de la habitación cobrara un poco de vida. A pesar del ambiente tan pesado que hacía más fácil tomar aire con la boca abierta.

La cuna que estaba en medio. La manta azul que colgaba con las letras "HP" en color dorado. Los peluches de todos tamaños, formas y colores. Los adornos colgando de las paredes.

Y su perspectiva cambió, de repente se encontraba apenas unos centímetros sobre el suelo, mirando a través de barrotes. Mirando a su madre frente a él… luego un destello verde.

-¡Harry!-

-¡NO!-

-¡HARRY!-

Sintió dos fuertes brazos tomarlo por los hombros y zarandearlo un poco.

-Harry, mírame-

Era Sirius. Lo sabía pero aún así temía abrir los ojos y solo encontrar frente a él la continuación de esa escena. Su madre, que había muerto protegiéndolo, y Voldemort riendo, celebrando algo que todavía no estaba completo. Que se convertiría en el problema de los siguientes años de su vida.

-Harry… ¿Harry? Lo siento, siento haberte traído aquí… yo-

El joven de ojos esmeralda lo miró por primera vez directamente. Expresando claramente lo que pensaba.

Y era estaba agradecido por el gesto de su padrino, de haberlo llevado a conocer un lugar tan importante. Nadie se había molestado en los años que llevaba de conocer parte de la verdad, en enseñarle el lugar donde alguna vez había sido feliz, donde había pasado parte importante de su vida. Era significativo.

No solo tenía que ver lo malo que había pasado, no toda su vida siempre había girado en torno a Voldemort. Y tampoco seguiría así, eso era una promesa.


-¿Entonces…?- llevaban más de dos horas recorriendo la polvorienta casa recogiendo varios objetos de valor, tanto sentimental como económica. Sirius los iba encogiendo y guardando en una maleta que había preparado justo para eso.

Después de varias anécdotas por algunas cosas de su padre, otras de su madre, y recuerdos de él cuando era pequeño, habían parado un momento a comer. Sin duda su padrino había planeado bien ese escape, aunque al final, galletas y mermelada de calabaza no habían sido lo suficiente llenador para calmar su hambre.

Habían parado en el recibidor, observando alrededor lo que quedaba de lo que había sido la casa de la familia Potter. Aunque habían pasado muchos años, era difícil olvidarlo. Menos cuando era algo tan latente cada día. La cicatriz en la frente de Harry era un recordatorio, las acciones de Voldemort también. Sin embargo este año contaban con una nueva prueba, que era tenerlos a ellos frente a frente, y no poder decirles nada. Eso quizás era lo más doloroso de regresar a esa casa. Sabiendo que se quedaría deshabitada de nuevo, en algún tiempo en el pasado. Que seguiría tal cual estaba ahora.

-Harry… aunque sea difícil creerlo, tus padres vivían muy felices contigo en éste lugar- suspiró Sirius mientras cruzaban la maleza, saliendo de la casa y mirando sobre su hombro –Ellos eran felices porque te tenían a ti, y no creo que hubieran elegido otra mejor forma de aprovechar sus vidas, más que salvando la tuya-

Le dio un pequeño apretón al hombro de su ahijado.

-Yo también daría mi vida por eso- agregó en un susurro.

El joven mago se detuvo y le sonrió un poco. –Lo hiciste- aseguró. No era un recuerdo bonito el de aquél día en el ministerio, pero su padrino había hecho lo mismo que sus padres.

Se alejaron de la casa con algo de dificultad. A pesar de saber lo que había pasado ahí, había un ambiente de tranquilidad y protección que había prevalecido, que seguramente seguiría ahí por la eternidad. No era algo que pudieran explicar, pero era un sentimiento relajante que había logrado que olvidaran lo que les esperaba pasando el marco de la puerta.

La oscura, fría y malvada realidad.

El ojiverde miró sobre su hombro, no siempre sería así. No siempre.

-¿Nos vamos?- preguntó su padrino. Él asintió, comenzaron a caminar hacia donde Sirius había dejado la motocicleta.

-¿Sabes lo que nos hará Remus, Moody o la señora Weasley cuando regresemos?- cuestionó con una leve pista de lo que pasaría. En su cabeza se formaba la imagen mental de él escondido detrás de su padrino. Sirius inventando todo tipo de excusas.

-Nah- contestó despreocupado el hombre –Lo que me harán a mí, por lo menos hoy no te pueden reñir- le guiñó un ojo.

-¿Y lo que hará Dumbledore?- continuó, su padrino se quedó callado y se encogió de hombros, demostrando una vez más que no le importaba en lo más mínimo lo que pudiera decir al respecto el director –Sirius… no puedes seguir así-

-Hablemos de cosas más bonitas- sugirió el animago tratando de cambiar el tema.

-¡Sirius!- reclamó Harry, pero su padrino solo rió. Lo miró y empezó a reír de manera desquiciada -¿Qué?- preguntó Harry algo resentido, el hombre había logrado cambiar ya el tema.

-Nada, solo me acordé de una vez que traté de quitarte a Galleta de entre los brazos, balbuceaste algo parecido a un quejido y se parecía a mi nombre- continuó riendo para desgracia de Harry que ya no podía encontrar la forma de regresar al tema anterior.

-Galleta…- murmuró por lo bajo el ojiverde, balbuceando ahora maldiciones poco entendibles sobre cómo Sirius Black ahora esquivaba temas, reviviendo el recuerdo de su viejo gato.

Volvió su vista al frente, escuchó un maullido. Tanto él como Sirius pararon de andar, y miraron con curiosidad la fuente de ese sonido. Un gato atigrado de un color naranja claro estaba frente a ellos, moviendo la cola de un lado a otro, en medio de su camino. El animago se rascó la cabeza, en verdad ese gato se parecía al que antes tenían los Potter. Harry pensó lo mismo.

-Se parece a galleta…-

Pero no pudo terminar la oración cuando el felino saltó directamente sobre Harry. Tomando al joven mago desprevenido, y aunque el animal no pesara lo suficiente para tirarlo, resbaló con algo en la acera y cayó sobre su espalda. El gato lamiendo su rostro.

-¡Sirius!- pidió ayuda el mago adolescente, su padrino divertido le quitó al gato de encima.

-Que lindo animalito- celebró el hombre bajo la mirada verde asesina de su ahijado. Cuando quería parecerse a Lily, lo lograba a la perfección. Acarició al gato y éste se dejó con toda libertad -¿Tienes imán con los animales, Harry?- preguntó con una sonrisa.

-Tengo un perro y un lobo tras mis espalda, no puede haber nada peor que eso- musitó el ojiverde en venganza, pero se acercó para ver mejor al gato que había saltado sobre él sin razón. Había un collar verde colgando de su cuello, una pequeña placa redonda y dorada en el centro. -¿Estará perdido?- preguntó

-Debe ser el gato de una familia de magos…- comenzó pensativo Sirius. Cuando se dio cuenta de que su ahijado no sabía por qué, continuó –Este collar que trae es mágico, crece a medida que la mascota crece para que le ajuste perfecto y no asfixie al pobre animal. Cuando Remus te regaló aquél gato, también llevaba un puesto…- empezó a girar el collar para ver el nombre –Apuesto a que todo lo tenía bien planeado- agregó al final.

Giró con facilidad el collar, talló la placa entre sus dedos, divisando mejor el nombre.

Al principio, creyó que había leído mal y giró la placa para ver del otro lado, solo para confirmar que no estaba equivocado y que eso era una clase de… ¿Magia?

-Galleta…- susurró

-Si Sirius, sé que el gato se parece a Galleta pero, ¿De quién es?- urgió Harry, se estaba sintiendo incómodo de repente.

Su padrino estiró los brazos con el gato en ellos y se lo entregó a Harry con una gran sonrisa.

-¡Harry, Galleta!- celebró -¡Es Galleta, tú gato, Galleta!- repitió al no escucharse nada real. El ojiverde miró al gato por unos momentos antes de tomar por sí mismo la placa colgando del collar.

"Galleta" decía por un lado, y por el otro "H. Potter" ¿Podía ser posible?

El gato se había quedado quieto en sus brazos, como esperando que él mismo lo dijera. Tomó aire, ¿Entonces por eso el gato había brincado hacia él? Debía decirlo:

-¿Galleta?- en ese instante, el felino se movió en sus brazos tratando de alcanzar su cara con una de sus patas.

Harry y Sirius sonrieron. Un maullido cómodo entre los dos, de nuevo en su hogar.


El regreso a Grimauld Place había sido en silencio. Sirius se concentraba en el camino y en vigilar que no fueran seguidos, de nuevo usaban un hechizo de invisibilidad para ello. Pero Harry iba pensando en lo que pasaría de ahora en adelante.

Había cumplido la mayoría de edad. Legalmente no estaba atado a las decisiones de ningún adulto, así fuera miembro de la orden pues se suponía que él controlaba ahora su vida. Aunque de igual manera sabía que lo que ellos hacían era solo por su protección, pero su edad ahora significaba que tendría un poco más de poder y libertad en sus decisiones.

¿Cierto?

Pero no era un acto de rebeldía, no. Era algo que le ayudaría a tomar sus propias decisiones en los próximos meses. No podía permitir que Voldemort alcanzara de nuevo todo su poder, como antes. Que comenzaran de nuevo aquellos asesinatos que quitaban de su camino a cualquiera que se pudiera oponer.

No quería que los Weasley, o sus amigos sufrieran un destino parecido al suyo. Ni siquiera aquellos que no conocía, porque Voldemort era problema para todos, no solo para aquellos que lo rodeaban.

Y sabía qué tenía que hacer. Bueno, casi.

Terminar de destruir los Horrcruxes de Voldemort.

Además de cumplir la profecía de una u otra manera. Le gustara a los demás, o no.

-¿Cierto Galleta?-


Dos semanas pasaron como si nada para todos. El hecho de que la orden del Fénix actual hubiera vuelto a Grimauld Place para descansar, antes del inicio del ciclo escolar en Hogwarts había sido una buena idea. Se habían despreocupado de sus identidades, de conocerse, de hablar como normalmente lo hacían porque al fin y al cabo solo eran ellos. Dumbledore se había quedado en Hogwarts con aquellos que venían del pasado, necesitaba hacer ciertos planes con ellos pues para todos era obvio que no se irían de vuelta a donde pertenecían por lo pronto.

Los muchachos aprovecharon su tiempo libre en la noble casa de los Black para poder platicar de cosas que no habían podido en presencia de los demás. Como lo eran sus preocupaciones, sus planes y demás. Habían evitado hacerlo frente a los señores Weasley, a Sirius y por supuesto el resto de la orden, no era que fueran a comprender mucho. No podían.

Sin embargo ahí estaban, los tres, habían logrado llegar a los 17 años. Parados frente al paso a la estación 9 ¾ admirándola con cierta nostalgia, esa era la última vez que la cruzarían como estudiantes. Ese era su último año en el colegio Hogwarts de magia y Hechicería –Si lograban sobrevivirlo- habían pensado los tres, pero habían guardado sus pensamientos por medio a que los adultos los miraran feo.

Harry miró a su alrededor, los muggles, lo que algún día había sido su realidad, iban de un lado a otro sin preocupación. Apurados para lograr llegar a un tren o saliendo de ellos para llegar a distintos destinos. Familias iban y venían, padres e hijos. Tíos, abuelos… todos ciegos ante la situación que amenazaba a todos por igual pero que ellos no entendían ni lograrían comprender. ¿Hubiera sido mejor que continuara ignorante de su verdadero pasado? ¿Seguir siendo el sobrino muggle de los Dursley?

Sintió un pequeño empujón en su pierna y bajó la vista solo un poco, su padrino en forma animaga lo empujaba suavemente con su hocico intentando animarlo a continuar su camino y pasar el andén. Galleta se acomodó mejor en sus brazos. El gato no se le había despegado desde que lo había encontrado en su cumpleaños.

Su padrino tenía razón, Galleta era muy leal y siempre procuraba estar a su lado. Harry lo tomó con gran alivio, el tener a alguien que te podía escuchar sin regañarte o hacer comentario alguno. Solo escuchar y hacer compañía cuando era necesario. Estar ahí, era lo importante. Aunque también había comprobado lo mimado que estaba el animal aún con el paso de los años. Había sobrevivido solo y sin embargo tenía ciertas mañas que Sirius recordaba y que hacían a Harry sonreír. Como dormir mucho o comer en cantidades extraordinarias, -generalmente galletas-. Esa escena de Harry dándole galletas a Galleta, era lo que podía hacer sonreír a Sirius y a Remus a diario, a pesar de los oscura y deprimente que fuera la situación.

Tan diferentes que eran las cosas ahora…

Al llegar al otro lado del andén no solo había una cantidad extraordinaria de aurores y personal del ministerio resguardando el lugar. Harry pudo ver de incógnitos a los del pasado, a sus padres y los demás disfrazados por un hechizo de glamour a fin de no llamar mucho la atención, al ser personas que deberían estar muertas, era algo de necesidad. Su padre tenía el cabello más oscuro y sus ojos eran azules, su madre en cambio, tenía el cabello rizado y café claro con ojos color avellana. Ambos vigilaban intensamente cada movimiento del lugar.

-Nombre-

Había cinco aurores poco después de atravesar la barrera del andén, pidiendo los nombres de cada uno de los estudiantes que entraban y revisando todo lo que llevaban en sus baúles. Podía parecer una seguridad exagerada pero en esos tiempos nada estaba de más.

-Ronald Weasley- contestó el pelirrojo haciéndose a un lado de su carrito mientras los hombres lo observaban como si pudieran ver a través de su piel. Uno de ellos le dio la vuelta completa antes de aceptar que era él.

-Hermione Granger- se adelantó la castaña empujando un poco su carrito para que los hombres comenzaran rápido con su inspección. Dos de ellos susurraban algunas cosas que hicieron que Harry prestara más atención a lo que trataban de disimular.

-Una sangre-sucia- alcanzó a escuchar de uno de los hombres, el ojiverde sabía que aunque Hermione aparentaba que no le tomaba importancia a esa cruel etiqueta, en el fondo la lastimaba. Él conocía perfectamente ese tipo de situaciones.

Avanzó dejando su carrito detrás, llegando a lado de su amiga.

-¿Ya viste en las manos de qué idiotas estamos?- le susurró a la castaña lo que la hizo sonreír –Estoy seguro de que Neville ha aturdido a más mortífagos que estos sujetos-

Ron y Ginny junto con sus padres esperaban impacientes del otro lado de la barrera, pensando en qué detenía tanto a Harry y a Hermione, incluso Neville y su abuela –que ya habían pasado- como parte de la orden y por cuenta propia, se encontraban pendientes de ellos.

Por fin los dos hombres dejaron pasar a Hermione quien se fue despacio con la intención de esperar a su amigo, algo que no les gustó a los hombres que resguardaban el lugar. Uno alto y de cabello corto y rizado levantó su varita para empujar con ella a la castaña:

-Camina sangre-sucia- advirtió peligrosamente, eso ya era mucho. Incluso para Harry.

Antes siquiera de que los hombres le pidieran su nombre al Gryffindor, él levantó su varita y con un simple movimiento hizo que la varita del auror que molestaba a su amiga volara varios metros lejos. No se hicieron esperar las reacciones de los demás aurores que de inmediato apuntaron sus varitas a la amenaza. Todos en el andén se dieron cuenta del movimiento, la orden se empezó a movilizar rápidamente al igual que los maestros de Hogwarts que vigilaban la transición de los alumnos.

Harry sintió la varita de uno de los aurores por debajo de su barbilla y lo obligó a levantar la cabeza.

-Solo miren… Harry Potter, el-niño-que-vivó- El hombre se encontraba enojado, clavó un poco su varita y el ojiverde solo levantó su mano para alejarla -¿Te crees muy valiente, no?- bramó el auror –No es lo que se dice de ti en el Profeta-

-¡No tienen derecho a hacer nada de esto!- les gritó Hermione a unos metros. El auror que había perdido su varita a causa de Harry la empujó para que no interviniera pero al no estar bien parada cayó al suelo con un sonido sordo. Todos los ojos de las familias volaron a ese pequeño pedazo. Ron se escabulló por debajo de la barrera de aurores y atacó al hombre que tiró a su amiga.

Harry de nuevo levantó su varita. Todo comenzó a pasar más rápido de lo que creían. Los tres Gryffindor se defendían de los aurores que se atrevían a ejercer mal su posición.

-¡Ilusos!- gritó el que lideraba al grupo de inspección y atacó al que tenía más cerca por la espalda.

Sirius en su forma animaga brincó hacia el hombre mostrando sus filosos colmillos cuando vio a su ahijado en el suelo, tratando de sacudirse el hechizo y quitarse lo aturdido.

-¡Es suficiente!- gritó una voz entre la multitud. Ron y Hermione bajaron sus varitas al igual que todos los Gryffindor de los años superiores que estaban en el andén, además de algunos Ravenclaw y Hufflepuff.

Kingsley salió de entre el tumulto de gente con una expresión furiosa en su rostro, seguido por Moody y Tonks que no tenían tampoco una mirada amigable. La última pasó su brazo por los hombros de Hermione.

-¿Qué es esto?- comentó enojado el jefe de aurores -¡Se supone que están aquí para ayudar!- las personas alrededor se quedaron calladas, estaban descontentas con la actuación de los hombres del ministerio y ahí estaba su revancha -¡¿Atacar estudiantes?-

-Ellos comenzaron- argumentó el que llevaba el control de los nombres, Kingsley lanzó su mirada más venenosa, no creyendo ni por un segundo eso.

-Llamaron a Hermione sangre-sucia y luego la empujaron- argumentó Harry mientras se ponía de pié ayudado por Ron, el auror se giró hacia ellos dos con la varita en ristre.

-¡Baja esa varita!- ordenó el jefe de aurores interponiéndose entre los dos jóvenes y el mago -¡Los quiero de vuelta en el ministerio, recogiendo sus cosas!- les advirtió a los tres hombres que habían comenzado con todo el alboroto. Kingsley observó las miradas que intercambió el trío dorado, Hermione agradeciéndole a Harry y a Ron, el primero de ellos con una leve sonrisa que desapareció ante las miradas de todo el público.

Lo comprendía, después de todas las cosas que se habían dicho de él en el periódico.

Cuando los aurores estaban a punto de irse, se escucharon los gritos de victoria de los Gryffindor y de unos especialmente que el moreno identificó como miembros del E.D. Además de los susurros de las personas que apoyaban la decisión que había tomado. La verdad, desde hace tiempo quería deshacerse de cierto personal inservible en su departamento. Solo había buscado la menor falla, y qué mejor motivo que ése.

-Es una vergüenza que tres muchachos de 17 años les quitaran sus varitas, caballeros- sentenció Kingsley lo más alto que pudo, las risas de los alumnos y sus alaridos de burla no se hicieron esperar. Claro que un punto a favor del jefe de aurores era esos tres Gryffindor no eran los más comunes jóvenes magos de Hogwarts.

La gente de empezó a dispersar de nuevo cuando todo acabó, otros aurores tomaron el lugar de los recién despedidos.

-¿Les hicieron daño?- le preguntó el hombre al trío una vez que estuvo más cerca de los tres.

-¿Los muchachos a los aurores o los aurores a ellos?- intervino Tonks con una sonrisa orgullosa –Ustedes no parecen necesitar la academia de aurores, chicos- alabó

-¿Potter?- preguntó Moody al verlo tan serio, el ojiverde se encogió de hombros.

-Todo bien- contestó, Sirius volvió a su lado meneando la cola, todavía enfurecido por lo ocurrido.

-Señor- llamó un auror que se acercó suavemente para no causar alboroto, Kingsley se giró para atenderlo -¿El perro puede pasar?- preguntó señalando a Padfoot, Harry le pasó la mano por la cabeza antes de que su padrino decidiera cobrárselas con ese pobre hombre.

-Es un perro guardián- aclaró el jefe de aurores –Es del profesor Dumbledore- añadió para que no quedara duda. El auror se retiró entendiendo, o por lo menos creyendo la mentira que habían ideado en ese momento.

Las cosas continuaron su curso hasta que los muchachos estaban dentro del tren, al igual que algunos maestros de Hogwarts, aurores y miembros de la orden del fénix que en ese momento iban disfrazados con el pretexto de padres voluntarios para la protección del castillo. Los pasillos del expreso incluso estaban llenos de aurores, esa seguridad parecía impenetrable. Pero Harry conocía la manera de actuar de Voldemort y eso no sería más que un pequeño inconveniente en su camino para lograr lo que quería.


Y el temido final de capítulo ha llegado! Den gracias a todo santo o deidad presente de que no maté a nadie en este capítulo -con las ganas que traigo...- !OKITA SOUJI! ¿Por qué moriste? Los dibujantes sufrirán mi venganza buhahahaha!

Ok, respecto al fic. Como dije, no tenía inspiración así que de nada serviría forzarme a hacer algo que no quiero. Pero de haber sabido que no actualizaría dos meses desde septiembre, les hubiera deseado un feliz Halloween -Por cierto, Feliz Halloween- ¿Será mejor ir deseándoles feliz navidad y próspero año nuevo? jajajajaja no me miren así, era solo una idea.

Yo..yo... yo... no puedo esperar a llegar a cierta parte del fic -llámese en dos capítulos más- donde todo mi odio y recentimiento contra los caricaturistas que mataron a mi personaje anime favorito, se convertirá en fechorías para mis fics de HP.

No pueden decir que en todo este tiempo no actualicé... que no haya sido de HP es otra cosa. Y eso que mi maestra malvada me retó a no actualizar por seis meses.. mmmm tentador.

Como sea! !anypotter está de vuelta! !Hambrienta de comentarios y de votos en la poll que está en su profile desde hace como 3 meses! jajaja.

I´m BACK!

anypotter.