La verdad no estoy apenada, porque no estuve ausente de la escritura de fics n.n solo del fandom de HP. Lo que si me apena es la larga espera :D Pero tengo un capítulo muy lindo aquí abajo que les gustará n.n lo prometo.
Sintió que el frío se apoderaba de su cuerpo, luego el suelo contra su costado. Su mano entrelazada con la del joven de Slytherin perdió fuerza, mientras los bordes de su visión se oscurecían. Parpadeó un par de veces para enfocar, trató de asegurarse de que quien lo acompañaba estuviera bien. Intentó apretar su mano para llamar su atención, pero la cabeza del joven cayó de lado sin fuerza, con dos ojos sin luz y aterrados que lo miraban.
Después de que alguien gritó su nombre, todo se volvió negro.
...El Derrumbe...
El último golpe de Voldemort había logrado noquearlo, pero se había distraído al ver un alumno restante en el comedor, escondido entre los escombros de una de las mesas, sin ninguna intención de irse pronto. Ya todos se habían ido gracias a Merlín, sabría que ahora estarían a salvo y él podría pelear contra Voldemort en total libertad, sin necesidad de cuidar los efectos de su ataque.
Pero la distracción aumentó cuando Harry entró al comedor, esquivando rayos que buscaban el momento justo para darle. Después de eso no supo nada.
Todos los presentes en el comedor, desviaron sus miradas ante la rotunda caída de Albus Dumbledore. La sorpresa no cabía en ellos mientras veían el cuerpo inmóvil del hombre, tendido sobre los escalones. Los duelos se habían detenido por completo.
-Potter-
El siniestro siseo de inmediato los sacó de sus pensamientos, y giraron sus cabezas lo más rápido que pudieron –parecía una eternidad- todo pasando en cámara lenta. Y ninguno llegó a tiempo para detener el funesto hechizo.
-Avada kedavra-
Solo dos palabras que sellaron el final de esa escena, y el principio de una peor.
Sirius observó aterrado como el cuerpo de su ahijado golpeó el suelo con poca gracia, después de eso ningún movimiento visible. El corazón se le detuvo al instante a pesar de seguir vivo, no mucho tenía sentido ahora. Voldemort de nuevo le había arrancado algo valioso, pero ésta vez, era enteramente su culpa. Sin embargo no dejaría las cosas así. A pesar de la rabia y el coraje que acumulaba, no era la hora de dejar que las lágrimas corrieran libres sin remedio alguno. No, primero debía acabar con la causa de todas sus desgracias, sin importar el costo.
Voldemort alardeaba. Los mortífagos vitoreaban. El niño que vivió, había sido derrotado. Pero eso no significaba que Harry fuera el único con una varita en el gran comedor que podía lanzar hechizos. Apretó en su mano la delgada pieza mortal y la apuntó.
-No tan rápido-
El Black sintió el cálido aliento susurrante en su cuello, al mismo tiempo que alguien enterraba una varita en medio de su espalda. Aún con la túnica podía sentirlo pero el coraje impedía que las palabras salieran correctamente.
-Bella…-
-Eres una vergüenza para la familia Black- habló ella tan rápido que el animago apenas había entendido. La mortífaga tiró de su cabello hacia atrás, haciendo que la varita resbalara de su mano por el inoportuno movimiento. -¿Cómo te atreves a levantar tu varita, contra el señor tenebroso? ¡EH!- al final su voz había subido tanto de nivel que Sirius cerró los ojos por su chillona voz, rebotando en sus oídos.
Maldijo entre dientes. Eso no lo tenía planeado. Pero…
Harry.
Levantó su brazo y lo dejó caer con suma rapidez, atinando con su codo en el estómago de su odiada prima que gritó al instante de dolor. Como si eso hubiera sido una señal, los duelos comenzaron de nuevo con furia renovada del personal de Hogwarts. El animago rápidamente recogió su varita y la apuntó a Bellatrix que trataba de encontrar la suya en algún lugar del suelo.
Se miraron solo por cuestión de tres segundos, antes de que el Black hiciera lo que debía haber hecho aquella noche del ministerio.
El segundo destello color muerte en la noche, un sonido sordo ante el impacto de otro cuerpo.
Los duelos no se detuvieron esta vez, no por completo. Solo unos cuantos retuvieron el aire sorprendidos –para bien o mal- antes de continuar- y así fue.
Sirius Black contemplaba los ojos vacíos de quien algún día había sido su prima. Prefirió desviar la vista con total repugnancia, ellos nunca tuvieron nada en común. Debía continuar, por Harry.
Justo se giraba para asesinar a todo el que se interpusiera en su camino, pero no contaba con la figura que se encontraba a escaso metro de distancia, que lo miraba por ese par de rendijas que tenía por ojos. Dos pequeños ojos rojos, que parecían brillar con más maldad de la posible, de la normal, de los límites. La tenue línea de la boca era una furiosa raya que temblaba con la misma furia de la mirada, mientras el mago viperino miraba desde el cuerpo sin vida de su más fiel servidora, hacia el hombre que la había asesinado.
No necesitó mencionar hechizo alguno para que el Black saliera volando varios metros en el aire hasta chocar de cara contra una de las paredes del comedor, cayendo al suelo con una nariz sangrante y un labio partido. Con la manga de la túnica, Sirius limpió el líquido rojo carmesí que corría por el borde de la línea de su boca. Saboreó el gusto metálico mientras se levantaba.
Con su temblorosa mano se atrevió a apuntar de nuevo, pero los cristales del comedor estallaron con un potente grito de poder y furia. Luego volvieron a flotar por encima de las cabezas de los presentes, en espera de la señal.
-No tan rápido, Tom-
Dumbledore había vuelto a ponerse de pié con una mirada más decidida que antes. Observó a Sirius y el sufrimiento en su rostro, pero no un dolor físico, no algo que no se pudiera curar con tratamiento. El brillo distante en sus ojos…
Harry.
El cuerpo de su alumno tendido a un lado de otro joven. Completamente inmóviles.
-¡Muere!- Sirius ondeó ferozmente su varita, Voldemort respondió en el acto.
-¡SIRIUS, NO!- la advertencia de Remus había llegado tarde.
Cristales se hicieron añicos en contacto con el duro suelo del comedor. Pequeños pedazos saltaron en todas direcciones. Todos cubrieron sus cabezas como acto mecánico, hasta que los tintineos dejaron de escucharse.
Una burbuja tenue azul, cubría por encima a la mayor parte de los presentes sin distinción de bando. Los cuerpos de dos jóvenes magos también habían quedado protegidos, pero…
-¡SIRIUS!-
Remus se abrió paso entre los escombros, saltando con una agilidad propia de un hombre lobo. Pronto llegó a un lado del animago, que no retiraba su vista del mago tenebroso que sonreía abiertamente.
Sintió como las fuerzas del hombre a su lado comenzaron a flaquear, pero él no se rendía. Manteniendo su reto visual a Voldemort. Un reflejo llamó su atención.
Sobre el hombro del Black, había un gran cristal enterrado verticalmente debajo de su hombro, al frente. Un río tinto se abría camino entre la ropa del hombre hasta llegar a su tobillo y comenzar a hacer un charco en el suelo. El brazo derecho del animago temblaba levemente mientras seguía luchando por mantenerse en pie, a pesar de su mortal palidez.
-Si…Sirius-
Gotas de sudor frío se formaban en la frente del convicto.
-¡Avada Kedavra!-
Voldemort quería terminar con eso, él simplemente no podía permitirlo. Se lanzó en el mismo momento frente al merodeador, cerrando los ojos, esperando.
El frío lo reclamó de inmediato.
-¡REMUS!- y frente a él se desvaneció otro motivo. Quedando tendido en un charco de su propia sangre. -¿Re…Remus?-
Ese era el día en que Lord Voldemort, había conjurado ese hechizo tres veces, en el pasado. Una sonrisa malvada se esparció en su sádico rostro mientras pensaba en honrar la tradición.
-¡Avada Kedavra!-
Y había llegado a su fin, el grupo de los merodeadores.
¿Qué era eso? ¿Cuándo había pasado?
Que alguien señalara el momento específico en que la situación se había salido de su control, y que en menos de 15 minutos, había 4 cuerpos en el suelo, completamente su responsabilidad. Voldemort riendo malignamente en señal de victoria, una victoria que no era una realidad mientras la orden siguiera en pié, dispuestos a luchar.
Dumbledore observó con incredulidad los cuerpos rendidos en el suelo. Lo rápido que había pasado para que se saliera de su control.
Como todo había empezado con un día de sentimientos encontrados y ahora terminaba en esto. No, algo debía estar mal. Las cosas no podían suceder solo así. Su orden no podía estar cayendo uno a uno, sus maestros, sus alumnos.
Sirius se sentó, sacudiendo su cabeza. Estaba demasiado aturdido como para poner en orden sus pensamientos rápidamente. Dentro de lo que sabía, en su opinión, él estaba muerto. Había visto el destello verde atinar a Remus primero, y luego a él. Pero no comprendía por qué diablos ahora estaba sentado en el comedor, como si nada. Los magos seguían enfrascados en sus duelos, no lo notaban.
¿Acaso era un fantasma?
Ouch. Pero podía sentir un dolor en su hombro, donde se había clavado aquél cristal. ¿No se suponía que los muertos no sienten nada? Levantó su mano poniéndola en su adolorida extremidad. Pudo sentir su túnica empapada de sangre, y poco a poco se abrió camino en sus ropas para ver la herida. Sostuvo la respiración por unos segundos al no encontrar nada.
Ahora sí estaba asustado.
Sintió que a su lado, Remus también se incorporó sentándose en el suelo. Ambos se vieron por unos segundos y la misma pregunta de Sirius estaba escrita en los ojos del licántropo.
¿No se suponía que estaban muertos?
La maldición imperdonable los había tocado. No había otro final más que la muerte.
Harry…
Muerto o no, el animago se levantó y corrió entre los restos de las mesas para llegar a su ahijado. Sintió que Remus lo siguió de inmediato pero no le prestó la más mínima atención una vez que estaba a un lado del joven. Se tiró de rodillas a su lado, con un gran nudo en la garganta que no le dejaba comprobar si su temor era cierto.
Harry había sido golpeado por la maldición asesina, otro 31 de Octubre.
Estiró su mano temblorosa para tocar la mejilla de su ahijado. Su propia mano ensangrentada dejó una marca en la pálida mejilla de Harry, pero no lo detuvo.
-¿Harry?- susurró, con todas sus esperanzas puestas en que el muchacho pudiera despertar y mirarlo con sus curiosos ojos esmeraldas. Daría todo lo que fuera porque no hubiera pasado nada, porque desde un principio Harry no se tuviera que haber envuelto en esto.
La situación lo estaba haciendo pensar, que debía haber contado a Lily y a James de su trágico futuro cuando aún podía. No ahora que no tenía idea de qué hacer con el gran nudo en su estómago que se apretaba más y más de manera dolorosa.
Podía escuchar su nombre pero no quería abrir los ojos si había fallado en su misión. En la responsabilidad que había tenido con el joven niño que había sido tocado por la maldición asesina. Voldemort esta vez había fallado por algunos centímetros y su víctima había sido otra. Cuando cayó al suelo, siendo arrastrado por el joven de Slytherin, no opuso resistencia o trató de levantarse después. Estaba cansado de tener que levantarse una y otra vez. Quería que por lo menos una vez en su vida, lo dejaran hacer lo que quisiera.
Y lo que quería esta vez, era no seguir luchando.
Exhausto era una palabra que se quedaba corta. Sentía que aunque quisiera su cuerpo no le respondería, toda su mente se veía nublada por una gruesa nube de tinieblas.
Había escuchado que alguien había gritado el nombre de su padrino, luego el de Remus, pero aún así no pudo moverse. No tenía la suficiente voluntad para hacerlo.
Su nombre se seguía repitiendo, alguien lo llamaba, pero él prefería ignorarlos a todos. Si la batalla continuaría donde se había quedado, era una pérdida de tiempo. Se encontraba inusualmente pesimista debido al hecho de que de nuevo alguien había muerto en su lugar. Siempre había alguien. Quizás si él nunca hubiera intentado sacar al joven de Slytherin, nunca hubiera muerto. Quizás en medio de esa feroz batalla, hubiera sobrevivido perfectamente sin su ayuda.
Pero él había tratado, y al final había fallado.
Era deprimente, todo empezaba de nuevo.
Algo húmedo acarició su mejilla, al mismo tiempo que su nombre continuó escuchándose con más claridad. Realmente no quería volver a la realidad y continuar donde se había quedado, esta vez no quería. Pero quien lo llamaba era persistente.
Necesariamente tenía que regresar ¿No? Había una maldita profecía que todavía lo ligaba a la aterradora realidad.
Abrió levemente sus ojos, enfocándose primero en figuras borrosas y luego en caras reconocidas. Pudo distinguir a Sirius y a Remus, como los dos hombres dejaban que una sonrisa tonta se esparciera en sus rostros. Él solo los miró, no quería decir nada.
La preocupación se hizo evidente en los dos hombres cuando Harry solo los continuó mirando. La tristeza se hizo más presente en el caso de Sirius, al ver la mirada vacía de su ahijado.
-¿Harry?-
¿Por qué todos insistían en esa tonta pregunta? Decir su nombre, además del "¿Estás bien?" dibujado en sus rostros. ¿Qué parte de todo esto podía estar bien? ¿Qué parte de poder tener lo que siempre has querido pero no poder hacerlo, está bien? ¿Qué parte de querer darte por vencido tan solo una vez está bien?
No había nada bueno en la situación. Los gritos de batalla de los duelos seguían resonando en el comedor, los potentes hechizos de Voldemort y el director hacían la habitación vibrar. La noche terminaría en un fiasco –no es que ahora no lo fuera- pero lo resentirían cuando acabara.
-¿Harry, me escuchas?-
Quería decirle a Sirius y a Remus que lo dejaran en paz, que quería tirar todo por la ventana y olvidarse del mundo, vivir una vez su vida. Sin embargo quien lo había llamado ahora no era su padrino, o su antiguo profesor. Ninguno de ellos había abierto la boca y ambos se miraban un poco sorprendidos.
Se dio cuenta del motivo cuando unos mechones rojizos cubrieron su vista y un par de ojos esmeralda iguales a los suyos lo miraban preocupadamente.
-Mamá…-
Estaba cansado de cambiar de opinión tan fácilmente, pero era su forma de ser. A pesar de que no tuviera energías, o no quisiera, el simple hecho de ver a sus padres a su lado le daba un poco de fuerza para seguir adelante. El no permitirse dudar de lo que tenía que hacer, porque lo hacía por ellos.
Uno de los motivos era que debía proteger costara lo que costara su secreto. Ese que empezaba con la muerte de ambos y que continuaba con aquella maldita profecía. No podía dejar que se enteraran que tenían pocos días de vida de donde venían, que morirían protegiéndolo. Y si llegaban a enterarse, no quería que vieran a su propio hijo desperdiciando el sacrificio que habían hecho.
La mujer pelirroja lo ayudó a sentarse, sosteniéndolo de ambos hombres. Entonces todos los sonidos del comedor regresaron completamente con todo su volumen.
-¡Han llegado refuerzos!-
-¡Llamen a los demás!
La antigua orden del fénix de una manera u otra se había enterado de lo que acontecía en el castillo y obviamente no lo dejaría pasar. Con permiso o no de Dumbledore se habían aparecido, dispuestos a ayudar.
-Vamos, Harry-
El ojiverde se dejó levantar del suelo por su padre, ambos lo miraban y se veían preocupados. Él no quería eso, no quería que se preocuparan. No quería que estuvieran ahí, sometiéndose al peligro que solo era de aquellos que pertenecían a ese tiempo.
No quería que nada les pasara, no quería verlos morir.
Y su mente a cambio le gritaba que era hipócrita y cobarde. ¿Qué más daba si las cosas seguirían igual una vez que regresaran al pasado?
Ella lo arrastraba por la mayoría del camino. Había tratado de resistirse, les había pedido –rogado- que se fueran, que este no era su lugar, pero todos se habían negado. Reconocía que él habría hecho lo mismo, pero no quería arriesgarse ahora. Sirius y Remus habían insistido en que su madre lo pusiera a salvo, incluso su padre los había dejado ir solos. Los mortífagos y Voldemort no les habían prestado atención.
Y mientras andaba por los corredores del castillo, no podía evitar pensar que algo podría salir muy mal. Aunque podía ser más la costumbre de que estas cosas le pasaran a él.
-Yo puedo ir…solo- intentó de nuevo tratando de zafarse del agarre de la pelirroja, pero ella mantuvo su mano y su paso firme. –No deberían estar aquí-
-Eres mi hijo- fue la simple respuesta de Lily que ni siquiera se giró a mirarlo a los ojos para que las palabras tuvieran suficiente impacto. Sin que ella lo supiera, las palabras realmente habían tenido el impacto necesario.
Suspiró algo derrotado.
-Lily Potter, ¿Corriendo para proteger a su hijo de nuevo?-
Justo daban la vuelta en la esquina del pasillo cuando la voz al frente los detuvo. Ambos pararon en seco y la pelirrojo levantó su varita lista para defenderse. Harry trató de hacer lo mismo de no ser porque el brazo de su varita era el que su madre no soltaba.
Voldemort los había encontrado. Y había hecho énfasis en –de nuevo -.
Claro que ese detalle no pasó por alto por la pelirroja, menos cuando lo que quería eran respuestas.
-¿Qué quieres decir con "de nuevo"?-
Voldemort sonrió y a Harry no en lo más mínimo. No podía dejar que ella se enterara. NO.
Sacudió fuertemente su brazo, soltándose del agarre de su madre y apuntando con su propia varita. Los ojos rojos del mago viperino lo siguieron con interés. El mago tenebroso sabía lo que significaba ese pequeño secreto.
Lily en cambio rápidamente y con agilidad volvió a posicionarse frente a su hijo de manera protectora, poniéndolo detrás de ella y con una mano deteniéndolo ahí.
-¿Usando a tu padre de escudo, Potter? Creí que no querías que esto volviera a pasar- continuó con su usual tono siseante, realmente disfrutándolo como un niño que delataría a su hermano. –Creí que la última vez habías aprendido la lección-
La pelirroja no pudo evitar sentirse confundida y temerosa de lo que significaba eso y de la reacción que estaba teniendo en su hijo, quien por todos los medios posibles trataba de salir detrás de ella.
-Déjalo en paz. Tu pelea es conmigo, no metas a Harry en esto- advirtió.
Una sonrisa más placentera se esparció por el rostro del mago oscuro, si acaso a esa mueca se le podía llamar una sonrisa.
-Casi las mismas palabras, puedo escucharlo todo de nuevo- lo que decía obviamente solo era entre Harry y él. –Pidiendo por tu vida-
En otro movimiento de furia, saltó detrás de su madre e impidió que lo detuviera, lanzando el primer hechizo que se le vino a la mente, esperando que por algún milagro todo se desvaneciera y no se encontrara en esa situación.
-Un hechizo así no puede ganarme, Potter ¿Quieres saber lo que pasó aquella noche?- continuó –Hazte a un lado y observa hasta el final, justo así pasó- Voldemort levantó su varita, apuntando a Lily.
-No te atrevas a tocarla-
James Potter había aparecido de la nada con el aliento entrecortado, quizás de haber corrido todo el camino hasta ahí. Pero eso solo estaba empeorando en opinión del ojiverde. Claro que agradecía la ayuda, pero ¿Merlín por qué él?
-Bien, bien. Revivamos aquella noche al pié de la letra ¿Les parece?-
La pareja se preparó para lo peor, Harry se temió lo peor. Pero todos se prepararon para cualquier hechizo venidero, ambos padres poniéndose en frente de Harry. Y por más que tratara el muchacho de apartarlos, le era imposible. Era como si entre ambos hubiera un imán o estuvieran pegados por alguna fuerza extraña, la cual los mantenía unidos a pesar de todo. Casi podía escuchar esas dos palabras salir de la boca de Voldemort, aunque el mago tenebroso aún no empezara. Casi podía ver la luz verde impactando…
-¡Lily, toma a Harry vete!-
-¡James!-
-¡Avada Kedavra!-
-Harry, no llores cielo. Mami está aquí, por favor no llores-
-Creíste que podrías escapar…-
-¡No, a mi hijo no! ¡No le hagas daño, mátame a mí!-
-Hazte a un lado y perdonaré tu vida-
-¡No!-
-¡Avada kedavra!-
-¡NOO!-
-¡Harry!- ambos padres gritaron al ver a su hijo salir de entre ellos con la varita en alto, su respiración entre cortada y temblando ligeramente.
-Potter, un acto tan valiente como tonto- siseó Voldemort bajando la guardia un poco. –Qué tristeza que la última vez no pudiste ni siquiera balbucear una palabra en tu defensa-
¿La última vez? Y la frase se volvía a repetir para cansancio de Lily y James, además de miedo por parte de Harry.
-Es irrespetuoso de un hijo guardar secretos a sus padres- continuó la figura viperina, tanteando el terreno y la tensión que se formaba en su joven némesis al paso de las palabras. –Deberías contarles, cómo lograron que su hijo sea lo que es ahora-
A pesar de estar en un duelo donde nunca se atreverían a distraerse, ambos adultos se giraron al más joven que se negaba a verlos a la cara, pero su vista sí estaba clava en Voldemort. Podían sentir que era algo muy importante, algo que se había ocultado desde el principio y que ahora estaba a punto de saberlo. Pero ¿Qué podía ser para poner a su hijo así?
Era demasiado tentador, cortar a Voldemort y quedarse sin saber, o dejarlo seguir hablando. Harry parecía al colapso de un ataque de nervios.
-No… digas una sola palabra- advirtió Harry aunque su voz lo traicionara despiadadamente -¡No lo hagas!-
Aunque a estas alturas sabía que su secreto estaba a segundos de ser descubierto.
Voldemort sabía que tenía que continuar.
-Harry James Potter, hijo de Lily y James Potter…-
-¡No!-
-Hijo de padres magos, criado por muggles. Un indefenso niño sin amor que está destinado a derrotar al Mago Tenebroso más grande de todos los tiempos…-
-¿Sin amor?- el susurro sorprendido de Lily fue escuchado perfectamente. Voldemort sonrió.
-El niño que una y otra vez se ha encargado de arruinar mis planes y escapar por poco-
-¿Qué planes?- James miraba como su hijo estaba a punto de lanzar alguna maldición asesina, o desaparecer.
-¡Basta!-
-El famoso niño-que-vivió. "El elegido" ¡Harry James Potter, el único ser que ha sido capaz de recibir una maldición asesinar y vivir para contarlo!- exclamó Voldemort con total maldad.
El color de los rostros de los Potter se drenó completamente. ¿Ma…maldición?
-El único sobreviviente de aquella noche del 31 de Octubre de 1981, cuando James y Lily Potter murieron protegiéndolo, y Lord Voldemort había… ¿Desaparecido? Si, así se dijo-
Y todos los secretos, máscaras, fachadas. Todo se vino abajo al mismo tiempo que Harry dejaba caer su varita, sintiéndose un completo inútil por haber dejado que Voldemort llegara tan lejos y descubriera eso. Ni por un instante intentó girar a sus padres, tratar de desmentir lo que el mago tenebroso había dicho. Su reacción hasta el momento no lo dejaría siquiera decir una palabra, sin mencionar que quizás ellos a estas alturas ya estaban uniendo piezas.
Cuando el viperino mago mencionó la muerte de ambos, escuchó un grito ahogado de su madre y un: "Por Merlín…" cortesía de su padre.
-Ahora, puedo matarlos a todos- siseó entretenido el Mago tenebroso, tomándolos completamente por sorpresa.
-No lo harás, Tom-
Dumbledore…
Por primera vez desde hacía un tiempo, Harry deseó que el viejo director de Hogwarts no se apareciera. ¿De qué servía ahora? Tarde, ¡Tarde! ¡TARDE!. No había llegado a tiempo y ahora no había nada que arreglar. Solo se aparecía para posponer por algunos días, semanas más la muerte del elegido. Por lo menos hasta que pudiera cumplir la profecía… entonces, ya nada importaría.
Le daría más días para sufrir, para evitar a sus próximamente muertos padres. Porque no se atrevería a mirarlos, no por la vergüenza interior que sentía. No quería ver sus rostros con un sentimiento de traición escrito en ellos.
¿Qué hijo es tan malo como para no salvar de la muerte a sus padres? ¿Qué hijo podría agradecer el sacrificio de ellos, mandándolos a la tumba de su pasado? ¿Qué hijo se quedaría mirando sin hacer nada, sin advertirles?
Él.
-Harry- estuvo a punto de brincar del contacto inesperado que lo sacó de sus turbios pensamientos, pero el agarre de Sirius se aferró más alrededor de él.
¿Cómo lo verían ahora sus padres? ¿Preferirían entregar al pequeño Harry del pasado a Voldemort? Sería mucho más fácil que el muriera, ellos siempre podían tener más hijos.
Voldemort miró como toda la orden del Fénix llegaba, malas noticias para su bando. Significaba que habían sido sometidos. Sin embargo este ataque desde un principio había sido para infundir más miedo, para revivir la tradición del día. Pero, salió mejor de lo que esperaba. Mientras la orden se comía entre sí por tantos secretos que ahora saldrían a flote, él podría planear tranquilamente su próximo e último movimiento.
-Tus errores te llevaron a la perdición, viejo- siseó antes de desaparecer en una nube oscura.
Por primera vez, la tensión no desapareció cuando la amenaza se había marchado. Todo lo contrario.
No merezco el apellido Potter.
En el estado de todos, logró zafarse de Sirius y correr antes de que nadie hiciera un intento de alcanzarlo –si es que alguno lo intentaría-
Su mundo se estaba derrumbando y sabía que al correr no encontraría la salida, pero sí un silencio muy necesario para aceptar las consecuencias y sufrirlo solo.
Definitivamente, quizás... corto. :D
¿Dramático? CLARO! Secreto revelado n.n las consecuencias en el próximo capítulo.
¿Por qué no murieron los merodeadores o Harry? Si les respondo no hay trama! Así que, deben esperar el próximo capi, wuju!
Ahora, si no quieren que me desaparezca por unos meses más... tendrán que pedírmelo n.n soy todo oídos. Solo no me pidan que me lance de un acantilado o ¿Quién sube el próximo capítulo?
Ya saben la rutina, ustedes dejan review, me hacen tan contenta que escribo como loca y subo :D
anypotter
