Holaa! n.n" algo avergonzada, no del todo de hecho. Simplemente estaba falta de imaginación. Espero y recuerden de lo que trata la historia jajaja, y los dejo disfrutar el capítulo.

...Encuentros...

Prefería que lo que lo rodeaba en este momento fuera un círculo de mortífagos y quien lo dirigiera fuera Voldemort. Si. Sería una muerte un poco más compasiva y con menos sufrimiento del que en realidad le esperaba. ¿Acaso no podía aspirar siquiera a eso? El mago tenebroso siempre aparecía cuando menos lo necesitaba, así que ahora trataba de aparentar que no quería que estuviera ahí, para que se apareciera. Lo que sea, perros de tres cabezas, magos de dos caras, ¡Umbridge! Tan desesperado estaba que incluso pedía la aparición de esa vieja bruja. Eso ya era caer bajo.

Sin embargo, cualquier en su posición incluso pediría cosas peores. Todo menos un círculo hecho de familia con su madre liderando esta rebelión. Sus ojos refulgían un brillo mucho más peligroso que el de las pupilas rojizas de Voldemort.

Todo menos esto…

-Harry James Potter-

El ojiverde se preguntó por qué todo regaño tenía que empezar con su nombre completo recitado de manera espeluznante. Pero no se puso a pensar mucho en el asunto y con una mirada de apoyo de su padrino –quien después de lo que había llevado a la boca del lobo, no tenía mucho sentido- comenzó el temido relato, que sabía arrancaría más de una incrédula expresión del rostro de sus padres.

Después de todo no les puedes contar simplemente lo que pasó el día que murieron, lo que le siguió a ese día. Cómo contra todo lo que ellos habían pensado, había terminado en el lugar menos preferido de ambos, si se hablaba de un hogar. O lo más que se le podía parecer a Privet Drive. Sus rostros demostraban más de lo que quisieran decir pues ellos conocían a esas personas, su madre en especial pues Petunia nunca dejaría de ser su hermana.

Por eso desde el principio les había advertido que no hicieran preguntas o comentarios hasta al final, eso si todavía tenían dudas.

Lo primero, como era de esperarse, no se lo tomaron tan bien. Quizás realzó sus ánimos un poco cuando directamente se brincó a la parte donde Hagrid se encargaba de darle la bienvenida al mundo de la magia. Trató de omitir ciertos aspectos de su primer año, pero Remus parecía más enterado de lo que él sospechaba y cuando encontraba hasta el más mínimo momento, era oportuno para interrumpir con lo que él a propósito había olvidado. Incluso Sirius parecía atento a su historia, el hombre estaba prácticamente ciego en los pequeños rasgos de su vida.

Como sea, tenía a sus padres, dos Sirius y dos Remus escuchando atentamente. Uno de los últimos mencionados tenía espacios en blanco después de todo.

Les recordó por tercera vez que no podían hacer comentarios o preguntas hasta acabar, ni siquiera moverse y levantarse de sus lugares hasta que terminara por completo. Suficientemente difícil era contarlo para que de inmediato lo abordaran con preguntas que tarde o temprano se responderían por sí misma. Estaba contando todo su primer año, el final… con una mirada les recordó de nuevo su promesa. Aunque fue difícil, lo pudo notar. Cada uno de los adultos tenía su mirada en él, sus expresiones irreconocibles.

Para la mitad de su segundo año, la ausencia de la mención de ciertos miembros del grupo era evidente. De nuevo había empezado con Privet Drive y no hubo más información de su vida fuera del colegio. Podía leer la sospecha en el rostro de los jóvenes merodeadores y su madre, pero estaban cerca de esa verdad. Solo esperaba que sobrevivieran a la explicación de la Cámara de los Secretos. ¿Sería lo mejor?

Lily hundía más y más sus uñas en las sábanas de la cama donde estaba sentada. Su otra mano se apretaba dolorosamente a la de James que había reprimido queja alguna. Harry no sabía si porque no se daba cuenta o porque ese dolor le era bienvenido. Terminó ese relato como si no hubiera sido nada, como si un basilisco asesino de varios metros de longitud no fuera la gran cosa. Como si no le hubiera costado trabajo el llegar y sobrevivir ese punto.

En los ojos de los merodeadores más viejos se había respondido la pregunta del veneno del basilisco que lo había salvado de la serpiente de Voldemort. Una mirada burlona había cruzado el rostro de Sirius: "¡Ja! Mago decrépito… metió la pata el solo" pero tan pronto como restregó ese triunfo mentalmente en la cara del Lord, volvió a una más oscura seriedad al saber lo que venía. Harry vio la necesidad de recordar por cuarta vez esa condición impuesta a sus padres. Asintieron rápidamente, apresurándolo a continuar.

Quizás no fue en sí el año más peligroso de todos, pero sí el más confuso y doloroso. Aprender la verdad de esa forma no es algo que él había deseado, tampoco confundirse y ser parte de la gente que había creído en la culpabilidad de su padrino era algo que le había gustado. Mientras avanzaba a través de su tercer año, el rostro de su padre se veía en verdadero conflicto con lo que contaba. Sirius, Azkaban, 12 años. Traición. Sin la necesidad de llegar al final, podía ver que ellos hacían sus propias conjeturas, después de todo sabían más que él en aquél momento. La necesidad de respuestas era obvia y por eso no se detuvo. Necesitaban saber en qué podían confiar.

Los viajeros del pasado respiraron con gran tranquilidad al final. Incluso se miraron unos a otros sin decir una sola palabra. Pero algo de furia y entendimiento comenzaba a surcar los ojos de los hombres. Estaban atanco cabos más allá de lo que Harry quería.

Se apresuró con el cuarto año. No omitió el partido de quidditch porque sabía que entre todo lo malo siempre debía haber algo bueno. Aunque… no terminó como ellos hubieran querido. Su primera experiencia real fuera de Privet Drive, durante el verano y pasaba eso. Su padre omitió palmearse la cara en derrota. Ellos no sabían lo que venía. Hasta entonces habían aprendido de los fallidos intentos de Lord Voldemort en terminar con su vida, pero nunca se hubieran imaginado la situación en la que se llevó a cabo su regreso. Empezando por un inocente torneo en el que se vio envuelto y después todo caía en su lugar. Todo había sido meticulosamente planeado. Los mencionó a ellos. A ambos. Cuando sostuvo la conexión entre su varita y la de Voldemort. Una leve sonrisa apareció en sus rostros, pero solo eso. Por unos segundos se habían sentido orgullosos de sí mismo por lograr algo más allá de la muerte. Pero el golpe de realidad era más duro. Ahora que sabían eso, no estaban muertos.

5to año. Hubiera querido saltarse este.

En realidad no había nada interesante, o eso se había querido hacer creer. La propaganda que el ministerio tenía en su contra y en la de Dumbledore era una cobardía en opinión de todos, y en opinión de Lily y James una gran lección para el Sr. Ministro, si tenían la oportunidad de regresar. Claro que hacer pagar al hombre por cosas que aún no cometía era absurdo, pero con alguien debían sacar su coraje y Peter no estaba en las cercanías. Poco después, Umbridge se sumaba a la lista personal de los Potter. La vieja bruja rosada era más que un gran estorbo en el camino de su hijo, pero no fue nada comparado con la manera en que la actuación de Dumbledore era descrita.

Sirius y Remus preferían no escuchar, ellos sabían el por qué después de todo. Las palabras de Harry los hacía sentirse aún más culpables, incapaces de perdonarse a sí mismos por esa traición después de todo lo que había pasado. Las personas que se suponía debían estar más al pendiente de él, también habían sido las primeras en alejarse.

Los comentarios, como sea, se habían ahorrado mientras Harry continuaba. El E.D. había sacado una sonrisa especial de los merodeadores quienes vieron su gran legado continuar en esta versión problemática de la unión Evans-Potter. Lily se había ahorrado la mirada del infierno en tierra cuando comprendió por qué lo hacían, la desesperación que había entre los alumnos al no saber a qué se enfrentaban, sin el más mínimo conocimiento siquiera de cómo defenderse. Había orgullo en sus ojos verdes.

Hasta que fueron descubiertos y todo se había venido abajo. Dumbledore dejando el colegio, por segunda vez. Las plumas de Dolores reinando dentro del castillo sin nadie para detenerlo.

Y luego Sirius.

Harry deseó poderse saltar esa parte muy seriamente. Mientras más describía el ministerio era más difícil continuar. Su garganta amenazaba con cerrarse de un momento a otro cuando Sirius lo relevó, ambos sabían muy bien lo que había pasado. Por lo menos hasta que el animago había atravesado el arco. Harry decidió desde el inicio omitir la parte de Voldemort dentro de él. No era grato de recordar, contar y compartir, menos con sus padres. Sabía que eso sería el tiro de gracia para acabar con las fuerzas que lo separaban de él en ese momento y todavía tenía un año más que contar. La profecía en sí había sido difícil de atrasar en la historia.

Pero el 6to era más su historia que la de Voldemort. Eran los Horrcruxes. Era el motivo por el que el maldito mago seguía vivo y que explicaba varias preguntas del pasado también. La posibilidad tan nula de encontrar esos objetos malditos hacía que aquellos que escuchaban se vieran pesimistas frente a lo que les aguardaba a todos. Un futuro con más Voldemort. Pero Harry se encargó de poner todo el positivismo que fue posible, lo cual realmente no fue mucho, pero algo al fin. A excepción de cuando su voz falló mientras explicaba a los ínferis arrastrándolo al fondo de esa pequeña isla.

La oportuna llegada de Regulus.

Después de eso, sabían todo. Ellos comenzaron a revivir cada uno de los momentos que habían pasado y ponían rostros a las personas con las cuales se habían visto.

Sirius y Remus continuaron explicando algunos detalles, más alrededor del mundo que de la vida de Harry. Todos habían tenido suficiente de la vida de Harry. Así que el auto-biografiado tocó la almohada de la enfermería y no opuso resistencia a que siguieran hablando. No quería enfrentarlos en este preciso momento ni en ningún otro. No quería ver lástima en los ojos de todos, tampoco que sintieran pena o en el más probable de los casos, la culpa se hiciera presente.

Ellos eran los menos culpables en todo esto. Pero que lo entendieran les llevaría algo más de tiempo. Las cosas nunca resultaban sencillas.

Con el tiempo y un poco más de suerte, podrían acostumbrarse a que en el presente las cosas no eran así. Este tipo de incidentes no podían ser detenidos, tampoco Voldemort. Mientras no tuvieran todas las cartas de su lado.

Ahora podía ser todo lo pesimista que quisiera.

Lo último que escuchó antes de dormir fue la voz de su padrino más joven.

-Cuando ponga mis manos sobre ese hijo de…-

Todo se puso negro.


La mañana siguiente estaba agradecido de haberse levantado temprano, más de lo normal para orgullo de Hermione. Y después de intercambiar unas rápidas palabras con la Sra. Pomfrey, fue liberado del ala de la enfermería para desgracia de sus dormidos padres, padrinos y demás. ¿Podía incluir a Remus en algo como categoría de tío? Sonaba demasiado extraño para su gusto, de hecho.

Pero eso no lo detuvo para hacer su rápido camino a la sala común de la torre de Gryffindor donde fue recibido por personas que estaban igual de ansiosas porque el día llegara, o que no habían tenido tanto sueño como hubieran deseado. La mayoría del E.D. estaba frente a la chimenea, intercambiando palabras serias o simples miradas. Lo que sea mientras siguieran en la compañía del otro.

Y eso contaba a Luna. La Ravenclaw al parecer se había ganado su lugar ahí por el momento. No es que le cayera mal a alguien o tuviera nada de malo.

-¡Harry!- fue tacleado profesionalmente en primera instancia por Hermione. Ron se acercó con un poco más de cautela, pero después de encontró saludando a la mayoría de sus compañeros que expresaban su agradecimiento por lo ocurrido y la gran forma de salvar el día. De salvar sus vidas.

-No es nada- pero ninguno de ellos lo escucharía.

Se tomó un rápido y relajante baño con agua caliente. Realmente no quería pensar mucho en lo que había pasado el día anterior, pero cuando entró con la mayoría de la torre al comedor para el desayuno, lo único que se encontraba todavía fuera de su lugar –o mejor dicho, tal y como lo habían dejado ellos- eran las dos grandes puertas del lugar.

La explosión había hecho algo más que solo abrirlas. Grandes marcas de quemaduras y golpes de distintos hechizos eran notables. Una de ellas ni siquiera se podía mover de la posición inclinada en la que había quedado. La fortuna Potter podría desaparecerse en un abrir y cerrar de ojos con los gastos de la reparación. ¿O quizás no se podía reparar y quedaría así por siempre? Podía imaginar a las generaciones venideras contando la leyenda tras la puerta chueca.

Pero Hermione razonó para todos ellos, argumentando que el profesor Dumbledore quizás tenía mejores cosas por las cuales preocuparse, como la nueva seguridad del castillo y las próximas visitas tempranas en cuanto la noticia se esparciera.

Entonces la mayoría se preguntaba para qué tanto problema que habían tenido en el andén 9 ¾ si al final la seguridad y los aurores habían fallado. Solo maestros –en la mente de la mayoría- habían peleado y defendido el castillo con gran fiereza.

-¿Buenos días?-

Los Gryffindor todavía no terminaban de entrar, fueron sorprendidos por la voz de la jefa de su casa y poco a poco se giraron, esperando algún sermón o castigo. La mayoría que había participado en la apertura de esas puertas habían sido de la casa de los leones. Así que con un silencio expectante, esperaron que la mujer terminara de hablar. Cabeza gacha, penitencia aceptada.

El silencio que se formó entre ellos era realmente abrumador.

Minerva McGonagall los miró de uno en uno, leyendo sus pensamientos con facilidad. Sus rostros a la expectativa decían mucho y encontró divertido hacer que su espera se alargara. Entrecejo fruncido, con falsa seriedad.

-¿Profesora McGonagall?- Ron se había levantado con valentía entre todos, miró a ambos lado en espera del apoyo de sus dos amigos cercanos. Con un leve asentimiento de cabeza, continuó –Tenemos hambre ¿Podría decirnos el castigo de una vez?-

Recibió un codazo en las costillas por parte de Hermione, quien no esperaba que su tacto en la situación decayera tanto. Harry por su parte solo escondió su diversión con una mano en su rostro. Como sea, los Gryffindor sabían que el paso se había dado y lo que dijera la bruja sería ley.

Les dio miedo la sonrisa que apareció en su maestra de transformaciones, de todo lo que esperaban, eso había sido lo último.

-Tengo que decir, muchachos… que hicieron un gran trabajo rompiendo el fuerte encantamiento que su puso sobre las puertas por el mismo Voldemort- ninguno se inmutó esta vez al escuchar el nombre del mago. En cambio parecían decididos a ponerlo en práctica –Estoy verdaderamente orgullosa de todos ustedes- sonrió aún más –Bien hecho-

Minerva inspeccionó la puerta por unos segundos más.

-Muy… bien hecho- comentó para sí misma sabiendo todo lo que tendrían que hacer para regresarla a su lugar.

Pero eso no era lo que importaba.

Increíblemente no había habido ninguna baja. De ningún bando. Para sorpresa y alivio de la Orden, Dumbledore y el cuerpo de Maestros.

Todavía quedaba un misterio por resolver de lo que había pasado el día anterior con los muertos que reviven, pero El Ministerio había sido informado de ese atentado, el Profeta seguro estaba esparciendo la noticia por todo el mundo. En unas horas, Hogwarts estaría lleno de visitas familiares, con padres que tenían todo el derecho de comprobar el estado de sus hijos.

Simplemente bien hecho.


-¿Escapó?-

-Si… temprano-

-Debí haberlo previsto-

Los Potter y compañía ya se habían dado cuenta del joven faltante entre ellos. De hecho hasta habían preguntado por él y estaban a punto de salir por la puerta de la enfermería cuando se vieron detenidos por una muy exaltada Molly Weasley. La madre del Clan pelirrojo estaba más que enfadada por la pobre participación del ministerio en el altercado del día anterior, sin mencionar que apenas había podido platicar con sus hijos y a Harry todavía no lo encontraba.

Con órdenes explícitas de Dumbledore se encontraba deteniendo a los miembros muertos, o no existentes oficialmente en estos días dentro de la enfermería. La gente del Ministerio comenzaría a llegar, tarde, y lo último que querían era levantar sospechas sobre ellos mismos. Había dos opciones para ellos. Una era volver a Grimauld Place y la otra era encerrarse en una habitación hasta que todo acabara y una reunión de la orden pudiera llevarse a cabo.

Tan testarudos como eran los Potter, decidieron quedarse. Remus, el más viejo, fue el único que pudo poner un pié fuera de la enfermería con un can negro a su lado, el segundo celebrando su perfecto camuflaje frente a los que se quedaron encerrados. Al principio ambos Sirius habían peleado el derecho a poder salir pues eran un animal doméstico y que nadie reconocería, pero dos enormes perros negros a lado de un hombre lobo solo llamarían preguntas innecesarias. Todo quedó en que el mayor se impuso sobre su rebelde parte joven que fue recibida de brazos abiertos en la enfermería con un burlón James Potter.

-Amigo, te estás maldiciendo a ti mismo- había comentado el hombre.

De todas maneras lo dejaron ir sin mucha resistencia. Con la Sra. Pomfrey también lejos del rango del lugar, podrían platicar con plena confianza sobre el reciente descubrimiento y cómo afectaría los planes que tenían. Cómo cambiarían las estrategias para sobrevivir, porque su meta seguía siendo la misma y era proteger a Harry, le gustara o no. Ahora con razones más fuertes de las que antes hubieran pensado. Habían tenido toda la noche para analizar individualmente cosas que sabían y sospechaban, preguntas que se respondieron ellos mismos y otras dudas que surgían, pero del las cuales no parecía haber respuesta.

-No podría ser más complicado- argumentó James, poniéndome cómodo en la orilla de la cama. Descubrir que su hijo no lo odiaba realmente, pero se había referido a él como un nuevo problema en su vida, solo lo llevaba a la conclusión de que Harry había evitado por todos los medios posibles que no se enteraran de eso. En lo cual había fallado estrepitosamente. O mejor dicho, Voldemort lo tenía mejor planeado.

El maldito desgraciado lo había hecho con todas las ansias de perjudicar la unión de la Orden, de hacer que la confusión se adueñara de ellos y aunque sí lo había hecho por un momento, al final todo se tornó en un gran favor, haciéndolos descubrir la verdad de lo que los rodeaba y adelantando sus tácticas para hacer lo mejor que pudieran mientras se encontraran ahí.

-En tu cara, calvito-

Y toda la información soltada de golpe le daba un terrible dolor de cabeza, era como si hubiera obtenido la llave de la sabiduría Universal y simplemente no pudiera encontrar donde almacenar tanto. Tan importante, tan impresionante, increíble y… doloroso. Saber por lo que había pasado su hijo a tan corta edad era inconcebible. De estar Lily y él vivos, jamás hubieran permitido que ni siquiera lo de la llamada piedra filosofal pasara. ¿O es que su hijo era atraído a esas cosas eventualmente? Como fuera, jamás se encontraría solo después de cada uno de esos incidentes.

No se arrepentía de haber dado su vida por su familia en primer lugar, pero no planeaba que las cosas terminaran de una manera tan desastrosa a como sabía. En un lugar de su mente hacía la nota de agradecer a todos aquellos que siempre acompañaron a su hijo, especialmente Ron y Hermione, porque no sabía qué hubiera sido de él si no tuviera con quien contar, con quien acercarse lo más posible a lo que era una familia.

Pero si su plan no fallaba y Lily decidía sumarse a la causa, las cosas no serían igual.

No-esta-vez.


-Así que… Harry-

Nadie podría decir que hacía unas horas ese lugar era un campo de batalla o era el lugar de muerte de personas que resultaban no estar muertas. Los alumnos de Hogwarts comían con tanta tranquilidad como se la permitían ellos mismos. La mayoría del profesorado ausente de sus lugares en la mesa, excepto por la profesora McGonagall, el profesor Slughorn y la Profesora Trelawney.

El trío dorado se había buscado un espacio para poder discutir ciertos asuntos de máxima privacidad. Y estando hasta el otro lado de la mesa lo habían encontrado.

-¿Qué pasó en la enfermería? Escuchamos que estabas relatando la historia del siglo ahí adentro- continuó Ron realmente interesado, más nunca dejando de comer. –Anoche queríamos verte pero mi madre nos lo impidió, diciendo que estabas ocupado con tus padres y Sirius-

Más que contar, había sido obligado a relatar voluntariamente lo que había pasado. Terminando de descubrirse frente a su padrino y padres.

-Les conté absolutamente todo-declaró el ojiverde. Claramente todavía molesto por la forma tan poco convencional de hacerlo.

Si hubiera sido su decisión no hubiera habido tantos problemas, pero decirlo porque simplemente alguien más quería saber, no era placentero.

-Olvidando a propósito que ustedes y yo seguimos en busca de Horrcruxes- terminó, viendo como algo de la tensión de sus amigos disminuía. Suficiente con tener a los padres de Ron encima de sus movimientos. Pero ahora, dos Orden del Fénix y los Potter, conociendo sobre sus intenciones de seguir cazando esas malditas cosas, no podrían dar un paso sin alguien detrás de ellos.

Pero eso no quitaba el hecho de que se formaría una Alianza Pelirroja en Pro de la Protección a ciertos-magos. Los cuales ya habían alcanzado la mayoría de edad pero siendo quienes eran, eso no era suficiente motivo para dejarlos hacer ese tipo de cosas.

-¿Y cómo lo tomaron?- Esta vez habló Hermione, pensando en las posibles reacciones, de las cuales Harry no había mencionado ninguna.

-¡No les di la oportunidad de decir o hacer algo!- comentó Harry exaltado –Me hice el dormido y caí en mi propia trampa, después me aseguré de salir de ahí lo más rápido que pude esta mañana-

Y ahí estaban los tres, platicando en el comedor como hacía tiempo no lo hacían. Si bien no eran temas normales o sin importancia como los que habían acostumbrado a principios de su primer año, no eran tan… peligroso, horrendo, en sentido de planeación, a punto de romper más de una docena de reglas.

Era una plática –algo- normal, de cual cualquier miembro de la Orden podría estar orgulloso.

-Entonces, ¿Qué haremos ahora?- preguntó Ron, acercándose más en su lugar a los otros dos de manera cómplice –Digo, será más fácil ser nosotros mismos ahora que ellos lo saben- pero ahí Hermione no concordaba.

-Será más difícil, Ronald. La orden tendrá más ojos para vigilarlos, y dos Dumbledore para sospechar de cada uno de nuestros movimientos- contraatacó de inmediato Hermione, teniendo ese punto a su favor. Por lo menos ella y Harry aproximaban la verdadera dificultad que tendrían para hacer cualquier cosa, incluso para platicar entre ellos sin tener la atención de alguien mayor, dispuesto a detenerlos antes de hacer algo.

-Como sea…- el pelirrojo le restó importancia con el movimiento de su mano –Siempre dicen que lo harán, que no se repetirá, y siempre encontramos la manera de hacer algo que ellos consideran peligroso-

Harry meneó la cabeza a ambos lados y Hermione pareció pensarlo por un momento. ¿Era la suerte de los tres o solo el destino?

-Entonces deberíamos aprovechar este día- declaró la castaña encogiéndose de hombros, recibió una mirada confundida de sus dos amigos -¿Antes de que empiecen a vigilarnos?- trató de aclarar.

Pero entonces todos sus comentarios se vieron cortados por voces agitadas y poco familiares en el pasillo. Eran tantas y al mismo tiempo que eran incompresibles y fue una reacción natural de todos el levantar sus varitas. Desde los más jóvenes hasta los que estaban en su último año. Esa no podía ser considerada por más tiempo, una reacción exagerada, en opinión de todos.

Y era más que obvio que el Ministro de Magia no esperaba ese recibimiento al entrar al comedor. El hombre rodeado de reporteros y fotógrafos no sabía qué mirar, si la llamativa puerta fuera de su lugar a la entrada o a todo el alumnado de Hogwarts apuntándole con la varita. Incluso los flash de las cámaras se detuvieron al darse cuenta de la situación.

Rufus Scrimgeour levantó ambas manos en un intento de paz, por lo menos hasta que la Profesora McGonagall bajó de la mesa de los maestros al apreciar bien la situación y calmó a los alumnos.

-Todo está bien, muchachos- llamó.

Poco a poco todos bajaron sus varitas y las guardaron en sus túnicas, mas nunca perdieron de vista a la multitud de hombres que entraban además de los reporteros y el reconocido Ministro. Aurores.

El pensamiento de ¿Dónde rayos se metieron ayer? Cruzó la mente de la mayoría y eso podía ser expresado en sus miradas que no eran una bienvenida cálida para los hombres. El Ministro, como sea, se abrió paso con una mirada de preocupación. Miraba a los alumnos y se acercaba a unos cuantos, estrechando manos, pidiendo disculpas y prometiendo otras cosas más, como buen político.

La profesora McGonagall se quedó mirando desde el otro lado del comedor mientras todo esto pasara, el director no tardaría en aparecer al enterarse de la presencia de ese hombre, pero por mientras debía asegurarse de que la tensión de la noche anterior no se hiciera presente de nuevo.

-¡Ah, muchachos! ¡Siento mucho el incidente de ayer, confío en que todos estén bien!- decía el hombre mientras avanzaba. Obviamente no sabía mucho del asunto, además de la pequeña comunicación que seguro tuvo con Dumbledore.

Continuó avanzando, el enjambre de medios a su espalda tomando nota de sus acciones mientras que los fotógrafos se detuvieron en la puerta.

El trío dorado creyó poder pasar desapercibido en esto, pero el ministro los conocía, eso era seguro. Y se acercaba con gran rapidez hacia ellos. ¿Quién dejaría escapar esa oportunidad?

-¡Harry, muchacho!- a pesar de que los 3 habían tratado de ignorarlo, no funcionó muy bien.

El hombre logró que Harry se girara en su asiento, y luego puso ambas manos en sus hombros.

-Debe haber sido difícil para ti, que eso haya pasado precisamente ayer- comentó, su cara tan falsa como la de cualquier hombre con su mismo empleo. Harry trató de prestarle la menos importancia posible a ese hecho, pero era verdad que había sido por ese mismo día que el ataque se llevó a cabo.

Lo tenía más que presente.

Su mirada se encontró con la del otro hombre, la prensa estaba alrededor. Todo el mundo parecía estar esperando las siguientes palabras:

-Potter, no estás solo…- comenzó, pero el muchacho ya tenía listo el comentario que seguro desmentiría todas sus palabras.

El hombre apenas fue salvado por la llegada del profesor Dumbledore. Además de los padres de Ron, Moody, Kingsley, Remus y Canuto. Los demás miembros de la Orden no de este tiempo seguro se encontraban encerrados en algún lugar.

-Dumbledore- el Ministro se enderezó, olvidando por completo a Harry que aprovechó el momento para moverse de su lugar. Nadie lo notó pues todos estaban pendientes de las palabras entre estos dos hombres.

Los ojos azules del director brillaron por un momento, antes de continuar.

-Los padres de los alumnos están a punto de llegar- comentó para todos y nadie en especial. Los murmullos se empezaron a expandir por el comedor rápidamente y los jóvenes magos se ponían algo nerviosos.

Estaba en camino una multitud de padres.

Perfecto.


Tal y como se había dicho, el comedor había sido inundado por padres preocupados que buscaron a sus hijos frenéticamente entre el tumulto. Incluso aquellos que eran muggles, habían sido ayudados por parte del ministerio a poder estar presentes, enviando aurores por ellos y guiándoles por la red flu hasta Hogwarts.

Esa oportunidad no había sido perdida por los padres de Hermione que sorpresivamente se hicieron presentes, y casi de la mayoría de los estudiantes, exceptuando a los Slytherin. Padres, familia que no les había importado mucho si habían estado presentes en el ataque de la noche anterior. Todos los jóvenes magos pasaban por un minucioso escrutinio de sus familiares, quienes no parecían estar solo en paz de verlos en pie. Era sorprendente como nadie podía sentirse avergonzado puesto que todos pasaban por la misma situación, y quizás el haber estado en riesgo la noche anterior, los hacía apreciar tener esta nueva oportunidad de ver a sus familias.

Aunque era triste que tuvieran que pasar por eso para darse cuenta. Pensó Harry.

Sentado todavía en el comedor junto a los demás Weasley, se dio cuenta de lo diferente que podía ser su vida, si solo se le diera una pequeña oportunidad. Aunque pensaba, ¿Podría cambiar lo que ahora tenía por eso? Si bien no lo conocía, como todo ser humano, tenía tantas ganas de conocer ese amor y calidez que solo un padre podía darte.

Y seguía pensando que a estas alturas era imposible.

Él y Ron habían encontrado entretenido el ver los parecidos de ciertos hijos con sus padres. Como la Sra. Weasley y el Sr. Weasley ayudaban al resto de la Orden con las nuevas barreras, ninguno de los dos era necesario como los sus demás compañeros que eran estrujados y cuestionados infinitamente.

Además, de que a falta de un mayor entretenimiento y no queriendo toparse en alguna parte del castillo con aquellos viajeros del tiempo, preferían quedarse donde nadie los atraparía. Por lo menos hasta que Hermione terminó el cuestionamiento de sus padres y ahora se reunía de nuevo con ellos, de ambas de sus manos, colgando la de su madre y su padre con orgullo.

Nadie que pudiera juzgarla y llamarla sangre-sucia podría borrar esa sonrisa de su rostro.

-Papá, mamá…- la mujer y el hombre se detuvieron detrás de Hermione con grandes sonrisas –Quiero presentarles a Harry-

Si bien, antes se habían visto y había sido solo un pequeño momento, esto era diferente a un encuentro casual.

Harry se levantó de su lugar y saludó a ambos adultos cortésmente, y algo nervioso. Las únicas personas mayores con las que trataba habían sido los padres de Ron y la Orden, los padres de Hermione, por su condición no eran muy vistos dentro del mundo mágico y era increíble que por el momento estuvieran hasta en Hogwarts. A decir verdad, había muchos muggles alrededor del comedor. Quizás más de los que cualquiera hubiera pensado.

-Mucho gusto, es un placer conocerte al fin, Harry- saludó la mujer primero –Hermione nos ha contado muchas cosas sobre ti- aseguró con gran entusiasmo.

-¿Y quién no?- murmuró Ron, con una sonrisa a pesar de la penetrante mirada verde de su amigo.

-Gracias por haber ayudado a nuestra hija ayer, y siempre- comentó el hombre al acercarse más. Una verdadera sonrisa de agradecimiento en su rostro, pero Harry tenía que negarlo.

-No es realmente nada, Sr. Granger- intentó sonreír con la misma confianza –Su hija es la que nos ha ayudado tanto en estos años-

Si en algo podían estar de acuerdo él y Ron era que la inteligencia de Hermione los había salvado en incontables veces. Pero preferían dejarlo así, no era momento de discutir eso y los padres de Hermione se retiraron poco después, al encontrarse con la profesora McGonagall.

-¿Increíble, no?- comentó la castaña al tomar asiento junto a sus dos amigos –Hay más personas normales de las que creí- comentó.

Muchos alumnos parecían estar más cómodos escondiendo la calidad de su sangre, aunque fuera una completa tontería.

-No creo que por el momento eso importe- comentó Harry. –Todos están aquí por un motivo-

-Ahora que lo mencionas…- saltó Hermione, recordando algo importante. –Mis padres no supieron nada del ataque hasta esta mañana- comenzó con un gesto pensativo –Dicen que se asustaron cuando un par de aurores del Ministerio se presentaron en nuestra casa, informándoles de la situación y ofreciéndoles transporte inmediato hacia acá-

Ron y Harry se miraron.

-¿El Ministro hizo todo eso?- preguntó el pelirrojo sorprendido, Hermione asintió.

-Al parecer fueron a buscar a los padres de todo aquél estudiante con ascendencia muggle-

Entonces fue el turno de Harry para reír.

-¿Se imaginan a los Dursley caminando en Hogwarts?- no pudo ocultar su entretenimiento de esa imagen en su cabeza. Lo consideraba poco posible, incluso era más probable que Voldemort se volviera a aparecer para terminar de asesinarlo, que ellos.

Ron se unió a sus sonrisas, pero Hermione pareció terriblemente seria al respecto.

-No puedo creer que pienses en esa posibilidad, Hermione- le reprendió Harry recuperándose de su estado risueño –Los Dursley nunca aceptarían algo así aunque fueran por ellos- porque el imaginaba que el ministro era lo suficientemente inteligente para no intentarlo.

Si bien desde hacía tiempo que no los consideraba una verdadera familia, para él, tampoco era necesario verlos más de lo reglamentario que era en el verano. Y que por fortuna no había tenido que hacerlo. Según Dumbledore, había mandado una carta explicando el por qué de su ausencia, pero dudaba que los Dursley estuvieran remotamente preocupados de si lo dicho era cierto o no. Quizás incluso habían celebrado.

Definitivamente, no calificaban como su familia.

-Solo olvida esa posibilidad- musitó.

Más Hermione no dijo nada, solo permaneció en su lugar, mirando ocasionalmente hacia la puerta del comedor. Incluso Ron ahora parecía estar imitando su actitud y Harry por más curiosidad que otra cosa, siguió la mirada de sus dos amigos, solo para toparse con lo que… por Merlín, no tenía palabras para describirlo.

Deseó que Voldemort realmente apareciera, o quizás no tanto. Mientras no podía despegar su vista incrédula y sorprendida de la puerta, donde un hombre obeso y malhumorado, una mujer delgada y aterrada, junto con un joven de gran masa corporal, que se supone debía estar en la escuela, trataban de hacerse camino por entre los magos, con un auror dirigiéndolos a lo que Harry juzgaba sería su infierno.

-¿Quién…sano… juicio?- musitó Harry entre dientes y sorprendido hasta más no poder -¡Por Merlín, por Merlín!- posó su cabeza sobre la mesa y con ambos brazos jaló de la capucha de su túnica. Se escuchaban leves golpeteos de la frente de Harry Potter contra la mesa, sin misericordia alguna.

Ron incluso dejó de comer lo que sea que tenía en su mano, y Hermione reaccionó ante la situación, levantándose de su lugar y buscando apoyo de la jefa de Gryffindor que seguía charlando con sus padres.

La bruja solo necesitó la mención de "Dursley" y con un meneo de la cabeza de Hermione para notar la situación. Minerva McGonagall rápidamente buscó con la mirada al director que parecía estar observando con entretenimiento el avance de esa familia muggle. Más sin embargo parecía no estar enterado de ese hecho tampoco.

Los Dursley por completo continuaron en el camino que se les guiaba, al parecer con escoltar personalizada al ser la familia del famoso niño-que-vivió. Ocultando perfectamente el hecho de que no gustaba absolutamente de nada de esta situación. Tocó que Dudley los acompañara pues había sido suspendido de la escuela por una semana, y según Petunia, a pesar de tener que pisar ese mundo, no era prudente dejar al hijo único solo en casa, mientras no supieran cuánto tardarían realmente en regresar. Vernon Dursley en lo personal, había sido convencido por el hecho de que el Ministerio de Magia se encargaría de que en su trabajo no se perdiera el dinero por unos días en los cuales podría ausentarse, prometiendo incluso pagarle el máximo monto que podía ganar.

Todo por ser la familia de "El Elegido" cosa que no les había importado en absoluto.

Pero Harry realmente no quería ser enfrentado a esto y no encontraba manera posible de salir del comedor, no con la única salida probable cerrada, además de que todos lo verían si intentaba eso. No era vergüenza, tampoco que sus compañeros descubrieran algo que la mayoría seguro ya sabía. Era más que nada el negarse a enfrentar otra situación imposible en menos de 24 hrs. ¿Por qué todo le tenía que pasar a él?

De todas formas no permanecería sentado mientras su terrible suerte se acercaba, aunque no supiera a donde, comenzó a retroceder.

-Ven acá, Potter-

Una fría voz vacía de sentimientos irrumpió sus sentidos y una mano se plantó en su hombro, se giró ya sabiendo quien era el dueño de ambas cosas pero no pudo reprimir el sentimiento en su propia mirada: ¿Ahora, SNAPE?

-Potter, omitiré el hecho de que sé exactamente lo que pensaste- declaró el maestro de túnicas negras mientras lo jalaba consigo. Harry no omitió protesta alguna pues suficiente había sido escapar de alguna reprimenda del maestro de pociones por ser tan físicamente explícito acerca de lo que pensaba de él. Pero incluso se vio más sorprendido cuando el hombre lo llevó a una de las puertas laterales por las cuales los maestros solían usar exclusivamente para salir o entrar.

Pronto se vio en los pasillos de Hogwarts. Habiendo escapado por poco de un seguro enfrentamiento con los Dursley, y nada más y nada menos que ayudado por un maestro e pociones que se supone lo desprecia. Siendo el sentimiento mutuo.

-Potter, creo que eres lo suficientemente inteligente para entender que…- cualquier explicación o sarcástico comentario que el hombre fuera a dar, fue interrumpido por la llegada de Tonks que parecía estar buscando al ojiverde explícitamente.

-¡Harry, que bueno que te encuentro!- bingo -¡El Profesor Dumbledore me mandó detrás de ti para evitar por un tiempo a esa pseudo-familia de los Dursley!- habló rápidamente la auror, con una pequeña sonrisa de agradecimiento a Snape quien se retiró sin decir más.

-Gracias- musitó Harry un tanto confundido pero agradecido por la intervención de ambos. Incluso cuando el profesor Snape se había marchado.

La auror le sonrió con simpatía.

-¿Quieres ir afuera? Supongo que podría ayudar con las protecciones- comentó casualmente –Y creo que el perro del profesor Dumbledore se encuentra algo aburrido-

¿Quería ver a Sirius? Buena pregunta. Después de entregarlo el día anterior a las garras de sus padres, tenía que pensárselo seriamente. Aunque de él a los Dursley.

-Iré contigo- contestó demasiado convencido.

Justo comenzaba a caminar lejos del comedor cuando una voz los detuvo a ambos. Una voz falsamente melosa y chillona.

-¿Ese es su sobrino, no… Sra. Dursley?-

-¡Harry!- llamó la mujer.


Sii! La verdad, tenía medio capítulo desde hace un mes pero no encontraba algo digno de emoción para poner. Y extrañaba estos finales.

¿Qué pintan los Dursley en Hogwarts? ¿Qué pasará? ¿Existe la remota posibilidad de una venganza de los Potter o Black? wuju!

Estuve un tanto ocupada acabando mi primera novela! wii! Al fin!

Mis queridos lectores, se extrañan sus reviews :D

anypotter

Spoilers si no han visto Hp7 pt.2 :

Pensé que la película me inspiraría para What if, y podría escribir más. Pero realmente no me gustó y me quedé con ganas de mucho más. Así que esto es solo porque en los días antes del estreno, en la televisión solo hubo Hp todos los dias! Y porque mi maestra malvada (Sion-Allegra) intervino mucho en retarme a hacer algo malo. GRACIAS MAESTRA!