¡TRADUCCIÓN! Este fic pertenece a DarcyLover y se llama What if we were different? Besos I l3 Orgullo & Prejucio.
Avi de Windt: Me alegro tanto de que te haya gustado la historia y que siempre me dejes review. No te preocupes que esta vez he actualizado pronto. Xoxo.
Cullen-21-gladys: Sí, de momento discuten y no se llevan bien. Es una pena
Yuri Reed: Me alegra que te este gustando la historia. A mí también me gusto siempre Richard, me pregunté siempre si haría buena pareja con Georgiana, aunque ella es bastante joven. Seguiré con lo mismo y le echare ganas. Xoxo.
Era conocido por el personal del señor Darcy en Londres que el señor dejaba la casa muy pronto los días que Georgiana venía de visita. A la ama de llaves le aseguró la señora Darcy que el señor estaba en la cama y no deseaba ser molestado, y eso parecía un poco raro. El señor había entrado en la casa y su esposa ignoraba si era el Coronel Fitzwilliam que había venido de visita hasta que lo vio parado en las escaleras. La ama de llaves observó perturbada como la señora Darcy se quedó en la parte arriba de las escaleras mirando el lugar donde estaba su marido. Ella solo se volvió cuando el señor Darcy se marchó.
Los sirvientes comentaban unos a otros mientras hacían faenas que aseguraban haber visto al señor Darcy dejar la casa todas las mañanas y que la señora Darcy comentaba lo contrario. No había nada que discutir y el silencio de los corredores se enfatizaba con la curiosidad de los sirvientes que estaban decididos a saber la verdad.
Elizabeth se sentó silenciosamente en la ventana del salón mirando la calle. Estaba sorprendida por la actitud del señor Darcy, no había hablado una palabra con ella. Cuando el señor Darcy había atravesado la puerta el último día, ella estuvo decidida a contarle la visita de su primo pero su enfado y temperamento repentino le habían hecho desistir. Era desconocido para ella porque el señor Darcy había elegido cenar en su recamara todas las noches y porque él dejaba la casa todas las mañanas al día siguiente.
Los ojos de Elizabeth se levantaron cuando oyó un ligero movimiento. Sus pensamientos estaban tan distraídos con el señor Darcy que no se percató de que había un caballero en la puerta. Ella se levantó rápidamente e hizo una reverencia.
"Dios mío señor, perdóneme pero no le había visto." Elizabeth dijo rápidamente. El señor rió ligeramente.
"Perdóneme usted por no presentarme cuando llegué señora Darcy, pero estaba considerando unas palabras que el señor Darcy me dijo hace unos días."
"¿Cuáles fueron?" Ella preguntó. "Estoy segura de que me las puedo imaginar."
"Estoy seguro de que puede pero el señor Darcy no suele implicar a su contable en su vida privada. En esta ocasión, sin embargo, él comentó que su esposa era muy bella." Elizabeth sonrió ruborizada. "Pero ahora veo que no estoy de acuerdo con él. Su marido es muy afortunado de tener a una mujer que ha sido bendecida con tanto atractivo."
"Se lo agradezco señor. ¿Usted tiene negocios con el señor Darcy?"
"No, ambos sabemos que el señor Darcy no está en casa. He venido para hablar con usted."
"¿En qué puedo ayudarle señor?"
"He venido a darle información de su asignación."
"¿Asignación?" Ella preguntó.
"La de el señor Darcy." La boca de Elizabeth se abrió sorprendida antes de que se cerrará otra vez y tragara saliva.
"Muy bien." Fue ante esto cuando él camino lentamente hacía Elizabeth y le tendió un papel enrollado. "Esta es su asignación por un mes. Espero que la encuentre satisfactoria." Después, hizo una reverencia y salió rápidamente de la habitación.
Cuando Elizabeth desenrolló el papel, contempló el hecho de que no creía al señor Darcy capaz de tal acto de generosidad. Cuando miró las cifras garabateadas en una porción del papel creyó que se desmayaba. Nunca antes había visto un número tan largo y por supuesto, nunca había poseído esa cantidad en un mes.
Elizabeth debió sentarse con el pedazo de papel en su mano sin hacer otra cosa que mirarlo sorprendida por un tiempo considerable.
A Georgiana le pareció en su llegada que la única forma de ayudar a que se recuperara del shock Elizabeth era invitándola a gastar dinero. Así que así fue, las dos damas caminaron por la casa hombro con hombro bajo la observación de los sirvientes de las ventanas de arriba. Sus ojos miraron atentamente a su señora caminar por la calle hasta que ella y Georgiana doblaron la esquina de Bond Street y desaparecieron de la vista.
Debieron pasar muchas horas cuando la señora Darcy volvió a la casa sin la compañía de la señorita Georgiana. Los sirvientes se miraron unos a otros con curiosidad antes de apurarse para ayudar al lacayo que casi en ese momento se cayó al sujetar las bolsas de la señora.
Elizabeth ignoró las invitaciones para tomar el té mientras ella caminaba hacia el salón cerrando la puerta firmemente detrás de ella. Cayó rápidamente en la silla, sonriendo debido a la satisfacción de haber gastado un dinero que no era propio.
Elizabeth continuó en el salón hasta que la oscuridad se estableció en Londres, y las oscuras e inquietantes calles se llenaron de carruajes que llevaban a sus ocupantes a cenar o al teatro. Mientras esos carruajes se abalanzaban determinantes para alcanzar sus destinos, Elizabeth no podía hacer nada más que pensar en su casa. Su casa, la cual según la opinión de Elizabeth parecía un paraíso.
Incluso cuando los sirvientes entraron en la abierta puerta del salón con velas encendidas, Elizabeth les hizo una seña para que se marcharan y continuara sentada en la oscuridad pensando en una casa donde ella sabía que nunca volvería.
"Señora Darcy," una voz suave dijo desde la puerta. Elizabeth volvió su cabeza para ver a una joven sirvienta.
"¿Si?" Elizabeth pregunto.
"La cena está servida, señora," dijo la sirvienta mientras le reverenciaba.
"No tengo apetito, gracias. Por favor, déjeme." La sirvienta se volvió rápidamente sin saber porque su señora estaba tan afligida.
Mientras miraba las oscuras calles pensando en casa, ella no puedo evitar hacerlo también en su padre. ¡Como le echaba de menos! Él le había dado todo el amor y todo el cariño, y solo en su lecho de muerte había confesado su amor por cada miembro de la familia, incluyendo a su, a veces, irresponsable mujer.
Los recuerdos de aquella memorable infancia pasaron por su mente y lagrimas pequeñas cayeron por su cara dejando un rastro de humedad hasta su mentón. También se acordaba de los recuerdos y enseñanzas; y Elizabeth notó que no lloraba de tristeza si no de felicidad. La felicidad después de todo se la había dado a toda la familia con su sarcasmo y su sabiduría. Era esa felicidad en familia lo que Elizabeth echaba de menos y no solo a su padre.
"Elizabeth." Darcy dijo cuando se puso detrás de su silla escuchando sus silenciosas lágrimas. Él notó que tan pronto como él murmuro su nombre, ella volvió la cabeza con vergüenza para que no pudiese ver sus lágrimas. Sin embargo, él camino delante de ella y suavemente acercó sus dedos debajo de su barbilla para que le mirase. Fue cuando vio la humedad en su rostro y entendió sus sentimientos.
"Puedo entender su tristeza, veo en sus ojos porque esta triste, esas lagrimas son de luto. Yo recuerdo haber estado en esa misma situación, Elizabeth. El dolor por su padre pasara pronto."
"¡Yo no deseo que pase pronto!" Ella dijo levantándose con firmeza. "¡Yo nunca deseo olvidar lo que él me enseño o que fue ser la hija de un gran caballero!"
"Yo la entiendo. Yo me sentí igual. ¿En qué piensa?" Él preguntó.
"Estaba pensando en la situación de mi familia."
"¿Qué situación? Ellos están a salvo de la pobreza Elizabeth. Eso es lo más primordial."
"Yo no estaba pensado eso. Estaba pensado en que hubiese pasado si usted no hubiese interferido"
"¿Interferido?" dijo él un poco enfadado.
"¡Jane se hubiese casado si usted no hubiese interferido! ¡Yo no estaría en esta situación!"
"¿Me acusa de los infortunios de su hermana?" Él dijo furioso.
"¿A quién si no acusaría?" Elizabeth respondió levantando la voz. No le tengo miedo. "¡Usted le separó del único hombre que le quería esa es una de las razones por las que nunca le querré!"
"¡No le he pedido que me quiera!"
"¡Y no lo hare! ¡Usted no es digno de algo como eso!" Elizabeth observó como rápidamente levantaba la mano y el pánico se extendió en su cuerpo. ¿Podría él realmente pegarme? ¿Podría realmente agredir a su propia mujer? Sí, por supuesto que podría.
