Hola, valoro muchísimo los reviews que me dejáis cuando subo un capitulo. Gracias por todo y por ser tan fieles a la historia. Besos (K).
Yuri Reed: ¡Pobre señor Darcy! Es un autentico caballero, poco le queda que sufrir. Todas deseamos un hombre así ¿no?
Avi de Windt: Ya volví, se que os tenia abandonadas chicas. El examen me fue bien, gracias. Al final Elizabeth se va volviendo más sensible a Darcy, sí.
Cullen-21-gladys: Si el señor Darcy fue muy generoso.
Tinou 06: Merci beaucoup pour lire ce fanfic!
J'espère que ce sera un baiser entre Darcy y Elisabeth.
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Baiser pour vous de l'Espagne
Elizabeth se sentó en la cama por un largo periodo de tiempo considerando cual sería la mejor forma de actuar. Le llevó un gran tiempo acercarse a la solución, pero cuando lo hizo, inmediatamente se levantó y cruzó la habitación hasta la puerta colindante. Llamó suavemente y esperó una contestación. No hubo ninguna respuesta desde la otra habitación así que ella se volvió para mirar la propia justo cuando la puerta se abrió bruscamente.
"Elizabeth ¿ha llamado?" El señor Darcy preguntó suavemente. Ella se volvió hacia él rápidamente y sonrió.
"Sí, lo hice. Solo deseaba darle las gracias." Ella respondió.
"¿Pero por qué?" Él pregunto.
"El vestido y los diamantes por supuesto, son hermosos." El señor Darcy se rió ligeramente.
"¿Crees que podría comprarle un collar a Georgiana en Londres sin comprarle a mi esposa algo?"
"Usted es tan bueno." El señor Darcy rió de nuevo.
"Le dije a Georgiana que era merecedora de los tesoros que le di, pienso de igual forma respecto a ti, Elizabeth. Yo sería un mal esposo si no lo hiciese de esa manera. Yo aun no he oído mencionar a Georgiana que soy demasiado bueno."
"Usted es demasiado bueno… conmigo especialmente. Yo no merezco su bondad después de lo que paso entre nosotros."
"Yo pensé que ya no rememoraríamos el pasado, Elizabeth. Yo tenía la impresión de que nos estábamos involucrando en el futuro."
"Aun se lo agradezco." Él inclinó la cabeza hacia ella.
"Su agradecimiento es bienvenido." Él se volvió después de hablar.
"¡Fitzwilliam!" Le llamó antes de que cerrara la puerta. Se paró y la miró sorprendido de que utilizara su nombre común.
"¿Si, Elizabeth?"
"Soy una tonta," dijo riendo ligeramente. "Lamento que he olvidado el camino hasta el comedor. ¿Podría usted tener la amabilidad de escoltarme?"
"Por supuesto, venga a mi cámara cuando este vestida, con mucho gusto le mostrare el camino dentro de lo que mi capacidad me lo permita."
"Gracias."
Elizabeth eligió uno de sus nuevos vestidos rápidamente, era de raso azul, le hacía parecer muy elegante y enfatizaba su cabello y sus ojos oscuros.
No había pasado mucho tiempo desde que el criado se había ido cuando caminó a la puerta colindante y llamó de nuevo. Ella esperó un momento hasta que la puerta se abrió para revelar al señor Darcy, que estaba vestido enteramente excepto su abrigo. Los ojos de Elizabeth se fijaron en las mangas de su camisa antes de alzarse hasta su cara.
"No necesita llamar, Elizabeth, puede entrar." Él caminó de nuevo por la habitación y empezó a ordenar algunos papeles que tenia sobre su mesa cuando ella entró.
Elizabeth no pudo hacer otra cosa que mirar la habitación y su esplendida belleza. Cuando el exquisito amueblado y la enorme cama atrajeron su atención, sus ojos viajaron por toda la habitación sin perder ningún detalle.
"Esplendido." Elizabeth dijo sin darse cuenta mientras miraba. Solo lo notó cuando el señor Darcy rió.
"Estoy de acuerdo con usted. Recuerdo cuando era un niño, Georgiana y yo nos deslizábamos hasta esta habitación solo para mirarla. ¡Desafortunadamente fuimos reprendidos por la señora Reynolds que llevaba algunos documentos importantes de mi padre!" Elizabeth se rió también pero lentamente caminó hacia la mesa donde él tenía sus propios documentos.
"Como usted," dijo cuando observó los papeles. Inmediatamente, vio informes y una carta del Charles Bingley.
"Sí, tengo los mismo hábitos que mi padre." Él cogió su chaqueta después y la paso bruscamente por su cuerpo.
"¿Va a necesitar algo mas, señor?" El sirviente preguntó desde el camerino del señor Darcy. Elizabeth observó al sirviente detenidamente mientras esperaba la respuesta del señor.
Los ojos de Darcy se fijaron en el atuendo de Elizabeth antes de contestar.
"Vaya a por las joyas. Traiga las esmeraldas azules." El sirviente inclinó la cabeza ligeramente antes de marcharse. El señor Darcy sonrió a Elizabeth antes de caminar hacia la puerta contigua y abrirla.
"Venga." Fue todo lo que dijo y Elizabeth obedeció. Ellos caminaron dentro de la habitación y el señor Darcy le pidió a Elizabeth que se sentara en el tocador. Ella lo hizo como ordenó. Rápidamente desabrochó el broche de su collar y suavemente se lo quitó del cuello y lo depositó en el tocador.
El sirviente del señor Darcy entró portando una caja y Elizabeth inmediatamente supo lo que la caja contenía, un collar. El señor Darcy cogió la caja y sacó las joyas de él.
Mientras depositaba las joyas en el cuello de Elizabeth la yema de su dedo acaricio ligeramente la suave piel del cuello de Elizabeth. Él se refrenó rápidamente del impulso de besar su cuello.
"Eran de mi madre," el señor Darcy dijo. "Si estuviese viva se habría sentido orgullosa de que usted las llevara."
Cuando el señor Darcy quitó las manos del cuello de Elizabeth, finalmente pudo ver la belleza de las esmeraldas que se reflejaban en el espejo.
"Gracias."
"El vestido que lleva ahora le hace lucir perfecta." El señor Darcy quiso decir algo más que eso, él quería infórmala de que lucía mucho más esplendida que las esmeraldas, e incluso aunque lucía demasiado bella él no podía imaginar la belleza debajo de aquel vestido. Afortunadamente para el señor Darcy, él consiguió contenerse y recobrar la compostura.
La cena fue un agradable asunto para los tres miembros que la formaban. Elizabeth y Georgiana pasaron la mayor parte de la cena hablando pero el señor Darcy se contuvo y yació sentado escuchando sus palabras.
Cuando todos fueron a sus camas estaban tan exhaustos que el sueño vino pronto sobre ellos. Sin embargo, algún tiempo después, un miembro de la familia era incapaz de dormir porque los pensamientos sobre cierta persona se lo impedía. Aún, cuando estaba tumbado en la cama, el señor Darcy se atormentaba con el pensamiento de que el único obstáculo que separaba su cámara de la de Elizabeth era aquella puerta colindante.
La peor parte de la mañana del siguiente día para Elizabeth fue el sonido de los carruajes aproximándose a Pemberley y simbolizando la llegada de invitados. Elizabeth observó durante un momento a los carruajes aproximarse hasta que al final se obligó a dejar de mirar y caminó hacia el vestíbulo donde estaban el señor Darcy y Georgiana que acababan de llegar.
"Ahora, nuestra paz será trastocada." El señor Darcy le murmuró a Elizabeth haciendo que esta riese suavemente.
Aun así, cuando Charles Bingley entró en el vestíbulo, fue el primero que caminó hacia él y le ofreció la mano con entusiasmo.
"¡Darcy!" Bingley exclamó. "¿Cómo esta?"
"Estoy muy bien Bingley, se lo agradezco." Después, caminó hacia las dos damas después de esto.
"¡Señorita Bennet!" El señor Bingley exclamó antes de suspirar. "¡Perdóneme, señora Darcy! ¿Cómo esta?"
"Estoy muy bien, señor Bingley, gracias." Fue después de esto cuando la voz de la señorita Bingley se hizo eco a través del vestíbulo.
"¡Oh, señora Darcy! Qué triste es Pemberly en invierno. ¿No está de acuerdo conmigo Louisa?" Su aguda voz dijo.
"¡Ya lo creo, muy miserable, prefiero la ciudad!" Fue entonces cuando la señora Hurst vio a Elizabeth. "Eliza ¿No está de acuerdo con nosotras?"
"Por supuesto que no estoy de acuerdo señora Hurst, yo creo que Pemberly está esplendido en cualquier época del año, incluso en invierno." Caroline gruñó ligeramente ante este comentario.
Solo un momento después toda la visita estaba instalada confortablemente en el salón mirando el lago. La conversación pasó melosamente con Caroline y Louisa sentadas en un rincón con Georgiana y atrapadas en una conversación sobre la última moda en Londres. Sin embargo, Elizabeth que no había sido invitada por las damas a aquella conversación, se sentó cerca de Darcy comodamente. No podía admitir que estaba nerviosa, de hecha estaba aterrorizada. Ella había saltado mucho de estatus social y pensó en los maliciosos comentarios que podrían escapar principalmente de Caroline solo por el hecho de que Georgiana estaba presente en la habitación. Seguramente los comentarios de Caroline de cómo había aumentado su estatus social le harían ver a Georgiana lo indigna que era su hermana.
Fue una hora después cuando la visita partió hacia las escaleras para descansar de su pesado viaje. Al final, Elizabeth tuvo algo de paz y llamó para que le trajeran su abrigo y su sombrero porque insistía en dar un paseo por los terrenos.
El frio viento chocó con su cara y la refrescó pero cuando estaba en un lado del lago no pudo hacer otra cosa que pensar en la influencia que Caroline Bingley podía tener sobre Georgiana.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por unas pisadas fuertes detrás de ella pero cuando se volvió allí estaba el único hombre que necesitaba en ese momento, el señor Darcy. Con él seguramente le estaba permitido expresar sus sentimientos en el problema que ellos podrían acercarse a resolver.
"Por favor, Elizabeth. ¿Se encuentra mal?" Elizabeth rió suavemente y volvió su vista hacia el lago.
"No, estoy bien. Solo estaba pensado."
"¿En Caroline Bingley y Louisa Hurst?" Él dijo cuando caminó hacia ella y también miró el lago, ella le miró con un poco de sorpresa. "Le vi dejar la casa y enseguida supe que estaba inquieta por algo. ¿Me informara de que es, Elizabeth?" Ella suspiró duramente antes de mirarlo a los ojos.
"Tengo miedo." Ella dijo suavemente.
"¿De Caroline Bingley?" Elizabeth negó con la cabeza y luego paró suspirando ligeramente y asintió confirmando la pregunta.
"Estoy asustada de la influencia que pueda tener en Georgiana."
"¿Por qué podría la señorita Bingley tener influencia en Georgiana? Es obsceno."
"Yo pensé que la malicia de Caroline remarcando la elevación de mi posición social podría hacer notar a Georgiana lo ridícula que soy."
"Elizabeth," él dijo sólidamente. "A mí no me importa tu posición social y tampoco a Georgiana. Si Caroline Bingley desea decir esas cosas no serán dichas en la casa donde tú eres la señora. Charles Bingley me aseguró que sus hermanas están bajo un duro escrutinio. Tu deberías saber eso Elizabeth, él es una persona que no desearía verte herida."
"Aun estoy asustada de lo que podría decir, de cómo podría insultarme."
"¿Con qué puede ella insultarte, Elizabeth?" Él preguntó suavemente.
"¡Con la incorrección de mi familia, usted mismo lo admitió!"
"Tu familia no es incorrecta Elizabeth, ellos los malinterpretaron. Yo mismo cometí un error."
"¡Perdóneme, debo sonar ridícula!"
"Para nada, puedo entender tu miedo. ¿Estarás mas contenta si prometo estar más cerca de ti esta noche para asegurar que tus prejuicios con ella están puestos fielmente por tu inteligencia?"
"Debo admitir que estaría agradecida. Sin embargo, bajo un condición." Él asintió, insinuando que la escuchaba. "¡Intenté salvarme de Georgiana, insiste en que muestre mi talento al piano!"
"Me temó que no puedo hacerlo. Georgiana lleva mucho tiempo esperando oír tu talento."
"O ausencia de talento." El señor Darcy y Elizabeth rieron.
"Enséñame cuando lleguemos a casa tu ausencia de talento y decidiré. Si actúa terriblemente, le insistiré a Georgiana de que no toque ni cante esta noche." Elizabeth lo pensó por un momento y después sonrió.
"Muy bien."
Después de un rato, Elizabeth se sentó en el piano con el señor Darcy cerca del fuego, su cabeza se apoyaba en el recodo que estaba en el lado de la hoguera.
La música hizo eco en los grandes muros de Pemberley y Georgiana se levantó de su asiento y atravesó los corredores hasta la fuente del sonido. Cuando finalmente llegó a la sala de música, se paró en las sombras del corredor antes de llegar a la luz de la habitación donde Elizabeth estaba sentada elegantemente en el piano, Fitzwilliam la vigilaba con una sonrisa en los labios. Georgiana sonrió también pero cuando la música paró, la joven dama entró en la habitación.
Cuando Georgiana entró, notó que Elizabeth se levantaba del instrumento abochornada.
"Mi querida Elizabeth, se estaba subestimando cuando dijo que solo podría tocar un poco. ¡Yo nunca he oído tocar tan bien esa canción en mucho tiempo!" Georgiana dijo con ligera excitación y caminó hacia Elizabeth para cogerle las manos.
Elizabeth no hizo nada excepto mirar al señor Darcy que miraba con diversión a las dos mujeres.
"Me asegurare de que el señor Bingley disfrute de tu actuación, Elizabeth. Lamento decir que tendrás que hacerlo después de la cena." El señor dijo con una sonrisa. "¿Estás de acuerdo, Georgiana?"
"¡Claro que si, hermano, estoy segura de que ella lo hará!" El señor Darcy rió ligeramente antes de darse la vuelta y caminar a un ritmo constante para salir de la habitación.
Cuando Elizabeth y el señor Darcy descendieron la escalera esa noche para cenar, el señor Bingley se cruzó con ellos.
"¡Elizabeth, que hermosa luce esta noche! ¡Veo que lleva un regalo del señor Darcy!" Bingley dijo cuando miro el collar que llevaba Elizabeth. "¡Estoy seguro Darcy, que nunca encontraras una joya que se iguale a tu mujer!"
"Nunca," dijo el señor Darcy tímidamente. Desafortunadamente, ellos se encontraron en el vestíbulo a Caroline Bingley y Georgiana que caminaron suavemente bajando la escalera y se pararon frente de ellos.
"¡Mi querida Eliza!" Caroline exclamó. "¡Que vestido tan maravilloso! Es una pena que no resalte el color de sus ojos." Elizabeth sonrió mientras el señor Darcy, el señor Bingley y Georgiana la miraban ligeramente sorprendidos.
"Se lo agradezco Caroline, pero no todas las mujeres quieren enfatizar el color de sus ojos tanto."
Los insultos de Caroline Bingley siguieron hasta la cena y ella insistió en quejarse del tiempo remarcando la inferioridad del campo frente a la ciudad. Elizabeth escuchó aquellas ofensas de su casa pero guardó sus ingeniosos comentarios para sí misma, ellos podrían ser puestos en práctica cuando Georgiana se retirara.
Elizabeth tuvo que admitir que estaba nerviosa cuando tocó y cantó a los invitados pero cuando paró y el aplauso hizo eco en la habitación, ella no pudo evitar dejar escapar un gran suspiro de alivio. Sus ojos se encontraron con los del señor Darcy y sonrió cuando vió que la miraba. Su atención fue enseguida robada por Georgiana que camino y se paró a un lado del piano.
"¡Ha estado maravilloso, Elizabeth!" La joven dama exclamó.
"No tan maravilloso como tu Georgiana. ¿Has visto como dudaba en los fragmentos difíciles?" Georgiana rió y movió la cabeza.
"¿Tocaras otra vez?" Ella preguntó y Elizabeth se levantó rápidamente.
"¡No, es tu turno!"
"Tocaré, pero por favor no me hagas cantar." Georgiana dijo con timidez cuando se sentó en el piano.
"Muy bien," Elizabeth le sonrió antes de caminar por la habitación para reunirse con el señor Darcy en el confortable sofá. Ella fue, sin embargo, interrumpida hacia su destino por Caroline Bingley y Louise Hurst.
"¡Ah, señorita Eliza!" Caroline Bingley exclamó. "¿Esta la milicia aun cuarterada en Hertfordshire?" Elizabeth suspiró ligeramente.
"¡No! Han acampado en Brighton este verano." Elizabeth replicó.
"Debe de ser una gran pérdida para su familia."
"No entiendo que quiere decir."
"Tengo entendido que la sociedad disfruta la compañía de un tal señor Wickham." Georgiana dejó de tocar cuando lo escuchó y Elizabeth se dio la vuelta, rápidamente cruzó la habitación hacia su hermana quien sabía que estaba afectada por el sonido del nombre de aquel hombre.
"Lamento haberte dejado desatendida." Elizabeth dijo cuando se paró ante el piano y pretendió pasar la página simulando que Georgiana no podía tocar sin que alguien le pasara las páginas.
Cuando estaba al lado de Georgiana Darcy miró al señor Darcy que estaba sentado en la misma posición de antes. Ella sabía que cuando el nombre del señor Wickham había sido mencionado, él se había movido de su asiento queriendo ir hacia su hermana. Los ojos del señor Darcy se encontraron con los de Elizabeth por un momento antes de que una sonrisa cruzara sus labios y volvió su atención al señor Bingley.
Más tarde, esa noche el señor Darcy escoltó a Elizabeth de vuelta a su cuarto pero cuando ellos empezaron a subir la escalera los recuerdos de aquella noche hicieron a Elizabeth ponerse furiosa.
"¿Cómo ha podido decir una cosa así?" Elizabeth casi le gritó al señor Darcy. "¡Como pudo pronunciar ese nombre bajo este techo!"
"Cálmate Elizabeth. Por la mañana te sentirás mucho mejor, olvidaras todo lo que ha dicho esa maliciosa mujer y estarás contenta de nuevo."
"Eso espero." Hubo un silencio cuando Elizabeth llegó a su cámara. El señor Darcy esperaba ser invitado a entrar por ella pero cuando se abrió la puerta, Elizabeth caminó y le deseo las buenas noches. Cuando oyó aquellas palabras inmediatamente supo que pasaría otra noche sin dormir con ella en sus brazos.
Elizabeth estuvo de acuerdo con el señor Darcy cuando se levantó por la mañana. Había olvidado completamente los insultos de Caroline Bingley. Incluso cuando se vistió en un sencillo vestido los eventos de la noche anterior no asediaron su mente.
Sin embargo, cuando Elizabeth entró en el comedor la mañana siguiente para encontrar a todos los invitados allí con excepción de la señora Hurst ella entendió porque estaba tan enfadada la noche anterior.
Cuando se sentó en la mesa, Elizabeth consideró como podría perdonarle a Caroline Bingley todas las cosas que había dicho. Sin embargo miró al sirviente que estaba al lado de ella, una bandeja de metal en su mano contenía dos cartas de Jane.
