¡Hola a todos! Por fin actualizo, he estado unos dias fuera de España en Viena y por eso no he podido actualizar. Espero que todo os vaya bien a todos los que me seguis. ¡Os deseo un feliz y terrorífico Halloween!

Yuri Reed: Me alegro que la historia te guste y valoro muchísimo que siempre me dejes un review. Besos :)

Cullen-21-gladys: Sí, sí, ahora solo puede haber acercamiento entre ellos.

Avi-de-Windt: Te puedo adelantar que en esta historia si se habla de la luna de miel pero es el penultimo capitulo xD! Lizzie es muy niña, sí, si yo fuera ella ya me habia tirado en los brazos del señor Darcy.

AnaGabii7: Me alegro de que te guste mi historia y de que la hayas agregado a favoritos. Muchos besos para ti, guapa.


Elizabeth sonrió con gratitud cogiendo las dos cartas del sirviente y dejándolas suavemente en la mesa cerca de ella. Ella intentaba desesperadamente ignorar que estaban allí pero cada minuto sus ojos miraban la dirección que había sido escrita temblorosamente, con el resultado de ser desviada. Sus ojos inmediatamente se dirigieron a los invitados y al señor Darcy, quien estaba sentado en su silla con una mirada de preocupación en su semblante.

Elizabeth se preocupó por el señor Darcy, ella podía ver que una carta había sido abierta al lado de él y su cara estaba muy pálida. Cuando sus ojos se encontraron con los de ella pudo ver enfado en ellos y tan pronto como sus miradas se separaron él empujó su silla hacia atrás, recogiendo la carta y saliendo de la habitación.

"Perdónenme un momento." Elizabeth murmuró a sus invitados antes de coger sus cartas y caminar rápido detrás de su marido.

No fueron los apretados pasos de Elizabeth lo que hizo que el señor Darcy se detuviese fuera de su estudio; fue su voz diciendo su nombre. La voz que tan desesperadamente deseaba ignorar en ese momento, en otro tiempo le habría forzado a darse la vuelta y contestar.

"¿Estás enfermo?" Ella le preguntó suavemente.

"No, para nada. He recibido algunas noticias que no me complacen, eso es todo Elizabeth."

"¿Qué es? ¿Puedo ayudarte de alguna manera?" Él le sonrió ligeramente pero Elizabeth vio que detrás de aquella sonrisa había enfado.

"Ve y lee tus cartas Elizabeth. Cuando las hayas leído vuelve y ya lo habrás entendido todo." Él abrió la puerta y caminó dentro, cerrándola detrás de él y dejando fuera de su mente su belleza.

Elizabeth estaba bastante impresionada por su forma de actuar y cuando ella se volvió solo pudo caer sobre la pared. Ella nunca lo había visto tan enfadado exceptuando aquella vez que había partido hacia Londres.

Allí, apoyada contra la pared, Elizabeth rasgó la primera carta y sonrió al descubrir la familiar letra de Jane.

Queridísima Lizzie:

Espero que tu viaje y estancia en Londres hayan sido tan agradables como esperaste. Estamos bien, nuestra madre más que nosotras. Ha dejado la cama desde tu partida y parece estar más revitalizada que nunca desde que nuestro padre dejó este mundo.

El señor y la señora Gardiner han partido hacia la región de los lagos para una semana y dejaron sus hijos a mi cuidado. Son unos niños muy cariñosos, pero siento decir que mama los encuentra un poco pesados. Como resultado, ella ha decidido pasar más tiempo en compañía de la señora Lucas y nuestra tía Phillips.

Elizabeth rió mientras leía aquella frase, pensando que si su madre hubiese pensado en el estrés de sus nervios no habría dejado a los niños de la señora Gardiner permanecer en Longborne. Ella continúo leyendo:

Mi queridísima Lizzie, desde que escribí lo anterior algo repentino y de la más inesperada naturaleza ha ocurrido. Un correo urgente llegó la pasada noche, no mucho después de que todos estuviésemos ya en la cama. Era del Coronel Foster y explicaba como Lydia había ido a Gretna Green con uno de los oficiales, para ser precisa, con el señor Wickham.

Lamento terriblemente tener que infórmate de esto, te escribiré tan pronto como tenga nuevas noticias.

Tu adorada hermana,

Jane

Elizabeth era incapaz de respirar cuando abrió la siguiente carta y miró detenidamente la misma letra. Ella decía:

Queridísima Lizzie:

Me gustaría ser la portadora de buenas noticias pero lamento que tengo más malas, la boda no ha tenido lugar. ¡Wickham no tuvo nunca la intención de casarse con Lydia! Ellos han desaparecido no muy lejos de Londres y estamos seguros de que no han ido a Escocia.

Nuestro tío Gardiner ha ido a Londres con la esperanza de encontrarlos pero no tenemos mucha. Los nervios de nuestra madre han podido con ella y no ha dejado la cama a pesar de los ánimos de la tía Phillips. No puedo escribir nada más pero te ruego que inmediatamente vuelvas tan pronto como te sea posible al lado de nuestra madre.

Tu adorada hermana,

Jane

Elizabeth sintió por un momento que no podía moverse de aquella posición en la pared. Las lagrimas cayeron descontroladamente por sus mejillas cuando pensó en su hermana más pequeña que no solo había perjudicado el nombre de los Bennet si no también el de los Darcy. Fue por eso por lo que Elizabeth supo que no sería capaz de perdonar a Lydia a pesar de su edad o carácter.

Le llevó un momento apartarse de la seguridad de la pared y caminar hasta la puerta del estudio del señor Darcy. Elizabeth estaba enfrente de la puerta cuando se dio cuenta de que Darcy ya sabía la situación de Lydia. Esa era la razón por la que el señor Darcy estaba tan enfadado y esquivó en el desayuno, él sabía que Lydia había sido persuadida para fugarse con el bien conocido señor Wickham.

Cuando Elizabeth entró dentro del estudio de el señor Darcy, inmediatamente lo vio sentado en su escritorio con las manos en la cara. Ella cerró la puerta suavemente y caminó para situarse en frente. Él miro sus mejillas teñidas de lágrimas y suspiró.

"No sé qué decir, Elizabeth," dijo suavemente.

"¡Usted no debe disculparse! ¡Es mi familia quien ha arruinado su nombre!" Él se levantó y caminó hacia la ventana mirando el terreno.

"¡Es mi culpa, Elizabeth! Yo lamento tener que decirte que cuando Lydia viajó a Brighton mande una compañía con ella para vigilarla de cerca."

"¿Cómo pudo ella apartarse?" Elizabeth preguntó mientras las lágrimas aun corrían libremente por su rostro.

"Yo encontré esta compañía en una fuente fiable pero parece que era tan de fiar como la señora Younge cuando estuvo con Georgiana."

"¿Usted mandó una compañía con Lydia?"

"Sí, quería proteger a tu familia en la manera en la que no pude proteger a Georgiana, de la misma manera en que fallé protegiendo a mi madre."

"¡Estúpida Lydia, niña tonta!" Elizabeth dijo cuando paseo por el suelo. "¿Cómo sabe usted que esa compañía no era de fiar?"

"¡Yo también recibí una carta del Coronel Foster pero él me enfatizó como la mujer había alentado la relación entre Lydia y George Wickham!"

"¡No puedo creerlo, estoy segura de que Lydia se ha conducido por su propia intuición!" Elizabeth cayó en la silla y le observó mientras miraba por la ventana. No podía decir que él estuviese enfadado y él sabía que ella estaba afligida por las noticias.

"¿Qué dijo la carta de Jane? ¿Se está haciendo algo para recuperarla?" El señor Darcy preguntó mientras miraba sus lágrimas.

"Mi tío ha ido a Londres, han encontrado su rastro cerca de Londres pero no mas allá. Hemos perdido la esperanza. ¡Lydia se ha perdido para siempre y su entera familia deberá tomar parte en la ruina y la deshonra!"

"Tranquilízate, Elizabeth. Viaja a Longborne para estar con tus hermanas en estos momentos dolorosos, ellas te necesitan más que nuestros invitados." Él camino hacia ella y se arrodilló para cogerle las manos, ella no se apartó y dejó caer su cabeza sobre su hombro para llorar. El señor Darcy no se movió mientras lloraba pero no le reconfortó con palabras tranquilizadoras. Alzó su cabeza y le miró directamente a los ojos.

"Lo siento, perdóneme," dijo mientras se limpiaba los ojos. "Partiré directamente hacia Longborne y volveré con Georgiana tan pronto como me sea posible." Ella se levantó y caminó hacia la puerta.

"¡Lizzy!" Él la llamo. Aquella palabra pareció salir de su boca tan libremente que él supo desde ese momento que no sería capaz de llamarla de otra manera. Aquella palabra le hizo saber que las cosas entre ellos eran diferentes hasta una situación en la que ambos podían llamarse como amigos. "Estate tanto tiempo como creas necesario."

"Gracias." Eso fue todo lo que dijo antes de abrir la puerta y cerrarla bruscamente detrás de ella. El señor Darcy se preguntó cuando seria la próxima vez que volvería a verla, pero seguramente el tiempo de separación de su amada Lizzy sería más que una tortura.


Desconociendo cuando Elizabeth llegaría a las propiedades de Longborne, el señor Darcy había ordenado a sus caballos llegar a Londres hasta el agotamiento de los mismos. Él sabía quién podía ayudarle con precisión en la búsqueda de Lydia Bennet.

Mientras él caminaba por las oscuras callejuelas de Londres de mala reputación muchas mujeres se abalanzaron con la esperanza de una noche de pasión pero el señor Darcy pasó de largo. Mirando todas las casas idénticas, el señor Darcy llamó a una joven para que le indicara. Ella fue de gran utilidad y el señor Darcy le dio seis peniques para agradecérselo. Fue muy divertido para él ver como los hermanos más jóvenes de la muchacha la arrastraban bajando la calle hasta el puesto más cercano de pan.

Cuando estuvo en frente de la casa, el señor Darcy intentó mantener su enfado y su cólera dentro de sí mismo. Alzó su bastón y golpeó en la puerta con él.

Un momento después la puerta chirrió y se abrió para revelar a una sorprendida criada. Cuando reconoció al caballero, inmediatamente intentó cerrar la puerta para impedirle el acceso pero el señor Darcy se empujó a sí mismo dentro de la casa.

"¡Señora Younge!" Él la llamo cuando entró con una mirada de amenazante odio en sus ojos.


La familia Bennet estaba muy nerviosa mientras se encontraba sentada pacientemente día tras día esperando una nota o una carta de la ciudad. Sin embargo, cada día pasó con tanto sufrimiento como el primero y sin noticias.

Hasta que un día muy frío llegó un mensajero a la propiedad. Las cuatro hijas Bennet quienes habían estado en el abarrotado salón se levantaron con sorpresa y deseando que las noticias por fin hubiesen llegado.

Elizabeth fue la primera en llegar hasta el mensajero y rápidamente le dio una moneda de su propio monedero antes de coger la carta entusiasmada.

Para la señora Bennet escuchar el sonido de muchos pies corriendo hacia la escalera y a sus hijas diciendo su nombre fue un gran alivio. Mientras las jóvenes rodeaban su cama, ella se sentó entusiasmada mirando como Elizabeth abría la carta.

"¡Es de nuestro tío!" Elizabeth dijo. "Mi querida señora, me gustaría transmitirle la información de los asuntos de su hija y el señor Wickham, los he visto a ambos." Jane gritó ligeramente del entusiasmo. "Ellos están bien, están casados. No veo ningún impedimento para ello si usted acepta los términos del acuerdo que el señor Wickham ha propuesto. Su único requisito es que Lydia pagué la suma de mil libras que le fue asignada por voluntad de su padre. Espero que usted esté de acuerdo con este convenio y recé para que la boda tenga lugar. Tuyo fielmente, tu hermano, el señor Gardiner."

"¡Ah!" La señora Bennet gritó. "¡Lydia está casada! ¡Otra hija casada y con solo dieciséis años!"

"¡Madre!" Elizabeth dijo enfadada. "Tengo entendido que el señor Wickham tiene importantes deudas, Estoy segura de que nuestro tío ha tenido que pagar una importante suma para cubrir sus deudas."

"Por supuesto Lizzy," dijo la señora Bennet mientras se levantaba de la cama. "¿Quién si no debería pagar ese dinero si no es tu tío?"

"¡Madre!"

"¡Oh! Pero debo llamar a la señora Lucas e infórmale de las noticias. ¡Qué día tan feliz!"

La respuesta de que la familia Bennet aceptaba esos términos fue enviada pero la señora Bennet estaba muy defraudada de que Lydia fuese a casarse en Londres. Ella, sin embargo, salió de la cama; estaba demasiado ocupada informando a sus conocidos de las nuevas.

La señora Bennet no cabía en sí cuando el carruaje de los señores Wickham se acercó al camino de entrada a Longborne. A Elizabeth enseguida le invadió una sensación de rabia mientras observaba al señor Wickham bajar del carruaje y luego ayudar a bajar a su nueva esposa al suelo.

"¡Mama! ¡Qué bueno es verte!" Lydia exclamó cuando se apuró hasta su madre y permitió que la mujer examinara el anillo en su dedo. "Bueno, ¿No me he unido a un hombre guapo?" El señor Wickham se ruborizó, manteniéndose todo lo erguido que podía y sonriendo exageradamente.

"Por supuesto que lo tienes, Lydia."

"¡Oh, como deseo que todos hubieseis estado en mi boda!" Lydia dijo mientras agarraba el brazo de su marido y caminaba hacia la casa.

Todos estaban en el salón excepto Lydia quien andaba por el vestíbulo, mirándose al espejo. Jane y Elizabeth estaban de pie y la observaban.

"¡Ahora soy una mujer casada, Lizzy, Jane!" Lydia dijo mientras las miraba a través del espejo. "¡Al principio pensé que nuestra tía Gardiner iba a evadir la boda pero al final por supuesto que asistió! ¡Ella estaba de lo más agitada, como si algo la hubiese enfadado!"

"¿No puedes entender por qué?" Elizabeth preguntó. Jane le dio un rápido codazo para que no dijese nada más.

"¡Yo quería que mi querido señor Wickham se casase con su casaca roja y que tuviese un guardia de honor que portara sus sables, pero fue imposible! ¡Al final solo estuvieron presentes mi tía, mi tío y el señor Darcy!"

"¡El señor Darcy!" Elizabeth exclamó. Lydia rápidamente se llevó la mano a la boca.

"¡Dios mío, no debía decir nada de eso!" Lydia se rió fuerte y tontamente antes de salir corriendo para reunirse con el resto de la familia en el salón.

Elizabeth estaba tan nerviosa preguntándose porque el señor Darcy estaba presente en la boda de su hermana que incluso unos días antes de viajar a Pemberley su mente aun lo estaba considerando.

El día antes de que Elizabeth volviese a Derbyshire ella se sentó en la discreción de su habitación y escribió una carta a su tía Gardiner esperando resolver aquella cuestión. Su carta decía así:

Querida tía,

Te ruego que me escribas y me digas porque precisamente el señor Darcy estaba en la boda a no ser que tú también quieras blindar el secreto tanto como Lydia parece querer hacerlo.

Volver a Pemberly fue agradable pero Elizabeth solo temía que la misma compañía siguiese presente en Pemberly. Sabía que si Caroline Bingley seguía presente tendría que aguantar muchas preguntas y humillaciones.

Afortunadamente, cuando Elizabeth entró en el recibidor de Pemberly estaba solo Georgiana. Ella se mantenía en pie elegantemente esperando que la señora entrase en la habitación.

"Elizabeth, es tan bueno verte. ¿Estás bien?" Georgiana preguntó cuando caminó hacia ella.

"Estoy muy bien Georgiana, gracias. ¿Dónde están los Bingley?"

"Ellos volvieron a la ciudad unos días después y mi hermano también partió. Ellos te agradecen tu hospitalidad y esperan que tu y Fitzwilliam estéis bien."

"¿Ha vuelto Fitzwilliam?" Ella preguntó cuando ellas entraron en el salón.

"No ha vuelto, pero me escribe para asegurarme que está bien. Creo que volverá pronto."

"Sí, supongo que lo hará."

Georgiana dijo la verdad porque unos días más tarde el señor de Pemberly volvió sano y salvo con su mujer y su hermana. Nada de lo que pasó en la ciudad fue mencionado entre Elizabeth y el señor Darcy enfrente de Georgiana. Cuando el señor Darcy vio a Elizabeth a solas por primera vez, no le dijo nada. En vez de eso, le extendió una carta dirigida a ella de parte de su tía Gardiner la cual seguramente calmaría la curiosidad de Elizabeth acerca de ese asunto. Al menos Elizabeth esperó que así fuera.