Antonio POV:
Todo estaba negro, en silencio. El intenso ruido dejó paso a la nada, y ni siquiera podía escuchar mi voz, tan solo los latidos de mi corazón. En varios años que llevaba en esta isla logré no perder la cabeza, sin embargo creo que ya era demasiado tarde. Me encontraba cayendo en la eterna oscuridad. ¿Arthur estaría bien? ¿"Eso" le habría atrapado? ¿O simplemente, perdió la razón como yo? Puede que incluso haya sido una ilusión el que le haya visto hoy. Deseos de volver a ver a alguien de la civilización...
Poco a poco mi vista se fue aclarando. O más bien, mis sentidos. Volvía a escuchar mi respiración, y sobre todo mi voz. Observé a mi alrededor, me encontraba en el exterior de la cueva, y de esta salía un rastro de sangre. Llamé a Arthur, sin obtener respuesta. Prendí una antorcha que estaba tirada por el suelo, y entré en su busca, siguiendo la sangre.
Al llegar al fondo vi un cadáver, pero no era humano. Estaba despellejado, pero por el tamaño diría que era un oso. La sangre "adornaba" toda la estancia, y no había rastro de Arthur. Rápidamente recogí algunas provisiones y me puse en marcha hacia las montañas. Los ruidos extraños que escuchaba por la selva siempre provenían de allí. Aunque fuera como entrar a la boca del lobo, no iba a permitir que se llevasen a la única persona en la que podía confiar en este momento.
Durante horas caminé entre la maleza, de noche. Les sentía a mi alrededor, observándome y siguiéndome. Pero esta vez parecían no acercarse demasiado. Tal vez porque notaron que estaba preparado para enfrentarles, o tal vez por algo distinto. Eliminé el terror de mi cabeza mientras subía por las colinas silenciosas, buscando cualquier cosa que me indicase que allí viviera alguien.
Entonces encontré otra cueva. No parecía haber nada dentro que indicase presencia humana. Aun así, entré a investigar. Nada más caminar unos metros, un aullido aterrador surgió de sus profundidades. A pesar de todo el horror que sentía por estar en ese lugar, tenía que salvar a mi amigo... En ese momento me quedé pensativo. Le llamé "mi amigo", cuando siempre estuvimos luchando por el poder, y no nos hubiera importado que muriésemos en el mar. Mientras pensaba mucho en ello, no noté que alguien se me acercó por detrás. Por suerte el movimiento de una roca en el suelo reveló su presencia y me lancé a atacarle.
Tras girarme, antes de poder hacer nada, me quedé observándole. Me di cuenta que no aparentaba ser un enemigo. Era un niño pequeño de unos 10 años, con el pelo revuelto, moreno, y parecía famélico. Hablaba en italiano, por lo que no entendía apenas nada de lo que decía. Aun así, me apiadé de él. Lo cogí en brazos, mientras me disculpaba mentalmente con Arthur, pero tenía que sacar a aquel chico de allí cuanto antes.
En medio del frío intenso el pequeño se quedó dormido en mis brazos, mientras atravesaba la selva en busca de algún lugar ideal para acampar. No noté a nadie siguiéndonos, por lo que pensé que había conseguido burlar su seguridad al entrar y al salir de su zona. Entonces encontré un pequeño claro en el bosque, rodeado de maleza y con arboles cubriéndolo por arriba con su ramaje. Era perfecto para pasar la noche.
Dejé al chico en el suelo, mientras improvisaba una cama de hojas y ramas, para que durmiese un poco más cómodo. Al lado de nuestras camas, creé una hoguera para calentarnos un poco. Mientras recogía materiales para hacerla, no dejé de pensar en Arthur y todo lo que había pasado. En varios años había estado aquí en esta isla, totalmente solo con "los monstruos". Y en un solo día, veo a dos seres humanos, normales y corrientes. ¿Casualidad? O simplemente... ¿significaba que estaba perdiendo el juicio?
Mientras pensaba, se me pasó el tiempo rápido que cuando me quise dar cuenta, la hoguera ya estaba encendida y yo tumbado al lado del chico, dándole mi calor para que no se congelase. No podía dormirme por una mezcla de varias sensaciones: tener que proteger al niño y el nerviosismo que aún restaba del ataque a mi anterior "hogar". En ese momento, por el cansancio, cerré un momento los ojos, y sin quererlo pasaron las horas, cuando a mí me parecieron segundos. Al volver a abrirlos, la hoguera se había apagado y la mas negra oscuridad reinaba en el campamento. En ese momento noté algo raro, que me faltaba algo. Recordé que me dormí abrazado al niño, pero ya no estaba.
Rápidamente me levanté y prendí de nuevo mi propia antorcha para ver mejor. Nada más hacerse la luz, unos pies aparecieron ante mí. El niño estaba colgado de un árbol, ahorcado, con sus ojos casi saliéndose de sus cuencas y totalmente pálido. Ante tal vista sólo pude reaccionar cayendo de rodillas al suelo, mirándole fijamente, lleno de terror. A mi alrededor empecé a escuchar susurros y el sonido de gente pisando las hierbas, acercándose a mí. Se había acabado el huir. Las lágrimas que derramé por ese muchacho incluían el miedo que sentía. Ya no temía a nada. Cogí mi sable y esperé a que vinieran a por mí.
Sonó un zumbido extraño que iba aumentando en intensidad, llegando a hacerse insoportable. Sin darme cuenta ante mí apareció un hombre con gafas y pelo oscuro, vistiendo ropajes desgastados con el tiempo. Su mirada, fría como la oscuridad, me paralizó por completo. A simple vista habría jurado conocer su cara, me recordaba a cierto noble que conocí hace años, pero era totalmente distinto. Esta persona podría definirse perfectamente como poseída por el diablo. Se acercó con una expresión de furia en su rostro y me puso la mano en la frente, agarrándome la cabeza y levantándome del suelo por ella. No entendía qué me estaba ocurriendo pero realmente estaba paralizado contra mi voluntad, como si ese hombre estuviera usando algún tipo de brujería en su mirada. Entonces, en mi interior, mi corazón empezaba a latir cada vez más deprisa y en mi mente resonó una voz. Al mismo tiempo, supe que no era la mía y que definitivamente había perdido el juicio. Movió todo mi cuerpo, sin esfuerzo y me hizo observar la horrible imagen del niño ahorcado mientras me decía mentalmente:
"Ayúdame a recuperarla, le dejaré vivir a cambio de la vida de esa chica y os dejaré marchar."
Me soltó y caí al suelo, mientras el zumbido en mis oídos comenzaba a desaparecer. La cabeza me dolía mucho, por dentro y por fuera. Noté que alguien me agarraba del brazo y en ese momento me zarandeé para liberarme. Cuando giré la mirada vi al niño apartarse de mí y caer al suelo. De alguna forma ahora era de día, una mañana de cielo totalmente azul y fría. Apenas podía pensar en nada. ¿Mi locura había aumentado? ¿Todo había sido un sueño? Corrí a abrazar al chico, llorando de alegría por verle vivo. Él, aunque confundido, me correspondió al abrazo. No necesitaba nada más, simplemente abrazarle.
Cuando me repuse del susto simplemente me quedé mirándole a los ojos, feliz de verle a salvo. Mientras tanto, pensaba en lo que me había dicho el hombre. Tengo que encontrar a una chica, pero... ¿cuál? ¿Tal vez se refería a aquella cuya voz me atormentaba por las noches? No me gustaba la idea de tener que enfrentarme a ese horror, y mucho menos si en realidad se trataba de hacer daño a una pobre niña. Pero... ¿Qué más podía hacer? Una sola noche bastó para encariñarme demasiado de este niño, se le veía tan solo... Algo dentro de mí simplemente, no me permitía ignorar su existencia, deseaba hacerle sonreír. Mientras divagaba mentalmente con todo eso, una voz dulce se dirigió a mí. Era la suya.
Me preguntó dulcemente si me encontraba bien. Su voz angelical resonó en mi cabeza, como obligándome a adorarle mucho más. Entrecortadamente, le dije que estaba bien y que me alegraba mucho de que por fin hablase.
Se presentó como Lovino. Me contó que siempre vivió en la Isla, aunque no confiaba del todo en eso. Ese nombre era italiano, por lo que como mínimo sus padres provenían de allí. Sin embargo, cuando le pregunté por su familia no me contestó y puso cara triste. Me disculpé y cambié de tema, pidiéndole que me dijera en que lugar estaba su casa en la isla y si podía dirigirme allí con él.
Asintió y comenzamos a caminar uno junto al otro, mientras me indicaba por donde ir. No quise dejarle ir delante, en su lugar yo iba un poco adelantado por si acaso ocurría algo en el camino.
Apenas duró un par de horas el camino, cuando nos encontramos una especie de casa de madera. La señaló diciendo que era ahí donde vivía. Sin embargo cuando me acerqué él se quedó quieto, lejos, observándola. Le pregunté si ocurría algo, que por qué no quería entrar conmigo. Me miró en silencio, como si de nuevo hubiera perdido el habla.
Lentamente me acerqué a la puerta de la casa, que no debía ser más amplia que dos habitaciones juntas. Abrí la puerta poco a poco mientras observaba el interior, totalmente a oscuras. Miré alrededor de la estancia, en busca de cualquier cosa fuera de lo normal. Pero todo era extraño ahí dentro: platos rotos, cosas tiradas en el suelo, paredes con golpes... y mucha suciedad. Esa casa no había sido usada en mucho tiempo.
Le dije a Lovino que me esperase afuera, mientras me adentraba en lo que parecía ser el dormitorio familiar.
Esa estancia parecía estar en peor estado que la anterior. Las camas habían sido prácticamente devoradas por animales y el olor era indescriptiblemente horrible. Noté algo bajo mi pie derecho y me agaché a verlo. Era un retrato. En él se apreciaba a Lovino, agarrando con sus dos manos a los que supuse que eran sus padres. Una mujer de pelo largo y castaño, caucásica y al otro lado "él", el hombre que apareció en mis sueños.
Me quedé en shock, sin saber qué pensar. Automáticamente salí de allí, teniendo mil preguntas para Lovino sobre su padre. Pero cuando salí, él ya no estaba.
Le busqué y grité su nombre alrededor de la casa, sin resultado. Detrás de ella encontré un sendero un poco devorado por la maleza, pero que era claramente visible. Lo seguí corriendo, en busca del pequeño y entonces llegué a un hermoso paisaje: un lago bastante grande, que estaba al pie de dos grandes montañas.
Nunca antes lo había visto, en parte porque todo este tiempo traté de sobrevivir en la selva y nunca tuve el valor suficiente para investigar los rincones de este "paraíso". A la orilla, por fin, vi a Lovino... acompañado por una chica. Parecía mayor que Lovino, rondaría los 12 o 13 años, pero a la vez era tan linda que era imposible decir una idea aproximada sobre su edad. La chica morena estaba sentada junto a mi chico, abrazándole y mirando el lago.
Me acerqué y la chica, de rasgos asiáticos, se giró a mirarme. No parecía sorprendida hasta que se fijó bien en mí y le entró pánico, empezando a arrastrarse por el suelo hacia atrás, huyendo de mí. Lovino se lanzó a abrazarla y detenerla, diciéndole que no pasaba nada y que yo era de fiar.
Poco a poco la chica se fue calmando. Me agaché delante de ella, sonriéndole, y le tendí mi mano para ayudarla a levantarse. Le dije a Lovino que me dio un susto desapareciendo de repente y me respondió que tenía que hablar con ella.
Ella se presentó como Mei, diciendo que conocía desde hace mucho tiempo a Lovino. Cuando le pregunté si ella también nació en esta isla, no contestó. Solamente dijo "yo siempre he estado aquí".
Entonces me acordé de lo que había visto en la cabaña, por lo que les pregunté qué había pasado. Mei miró a Lovino cómo pidiendo su aprobación para contarlo. Y entonces respondió: "fue el monstruo".
Les comenté lo que me ocurrió en la cueva cuando estaba junto a Arthur, preguntándoles si el monstruo al que se referían era el mismo "aire y zumbido" que nos atacó. En ese momento detrás de mí, escuché a alguien decir: "¿Por qué no le preguntas, más bien, por el tipo de las gafas?" Me giré, y vi a Arthur acercándose a mí.
