Una vez abierta la caja se sabe el contenido.

Disclaimer: la serie de naruto no me pertenece, es propiedad de Masashi kishimoto.

Advertencias: OoC, ortografía y coherencia debido a que Lila y 'Lacrima' (la cual explotó y se regeneró al saber que si actualizaría de inmediato) insistieron en que lo subiera a penas terminara, así q de encontrar más faltas y palabras a medias, de lo normal cúlpenlas a ellas.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Algo andaba mal.

Algo terriblemente mal le estaba sucediendo.

Pensó en que tal vez pudiese tratarse de una enfermedad, pero ningún síntoma encajaba en el contexto. Aun cuando los libros no avalaran su estado, estaba completa y absolutamente seguro: estaba enfermo. No había otra explicación. Quizá una nueva enfermedad, una que aun no había sido descubierta…

¿Sería peligrosa?

—Hmm.—cortó otro pequeño trozo de zanahoria.

No, no lo creía.

Suspiró pesadamente dejando de lado las verduras. No deseaba hacer nada, excepto tirarse a dormir –si era posible-, tres días. Pensó en el hecho de que pudiese ser debido a la estancia. Lo tuvo en cuenta, más bien deseaba fuera eso. Porque se estaba volviendo loco.

Día y noche no dejaba de experimentar tan extrañas sensaciones. El dolor en el pecho, que en variadas ocasiones llegaba a ser satisfactorio lo cual resultaba espeluznante. La sensación de algo haciéndole digestión aun cuando no hubiese probado bocado alguno. El calor en el rostro y el intenso malestar que lo abordaba cada que la mocosa se abalanzaba sobre él. No había duda, algo andaba mal.

¿Pero qué?

Sólo lograba confundirse más al tratar de desenmarañar el asunto. Si era una enfermedad no aparecía en las enciclopedias medicas, incluso de ser nueva no parecía del todo una. Entonces sino lo era, ¿qué era?

Clavó el cuchillo sobre el inocente vegetal. Le molestaba no saber. Le molestaba sentirse así y no saber con certeza el motivo. Maldición, si no se curaba pronto él…

"Huh"

Aunque de cierta forma resultaba -de una forma retorcida y contra toda lógica, en el fondo, muy, muy en el fondo-, agradable. Su corazón latió con fuerza. Ahg, debía estar loco para creer semejante tontería. Reanudó su labor domestica auto impuesta. La molesta anfitriona había sugerido comer verduras salteadas, como siempre Tobi se excusó fingiendo un 'terrible' dolor en su dedo índice derecho o alguna estupidez así logró escuchar. Y dado que Viko cocinaba horrible optó por amablemente darse a la tarea, sobra decir que el lesionado en esos momentos yacía cómodamente recostado sobre el sofá grande mirando televisión. Tobi se había vuelto un adicto en cuanto a miniseries y películas de acción. Frunció el entrecejo, concentrado en darles fin a las verduras. La zanahoria fue la que corrió con peor suerte junto con el brócoli. Pero simplemente nombrar o siquiera pensar en ese idiota que tenía por camarada le provocaba tanta molestia.

—Maldito idiota, uhn…—alcanzó a murmurar cortando de un tajo la jicama.

—Decir lo siento las veces que sean no basta, ¿verdad senpai?

Dio un notorio sobresalto. No se percató en qué momento el azabache llegó hasta la entrada de la cocina. Apretó los labios disgustado volviendo a rebanar sin mucho cuidado la jicama.

—Sí—respondió desdeñoso entre el constante sonido que producía el cuchillo al entrar en la verdura y chocar contra la tabla. Hablar con Tobi le irritaba. Hablar con Tobi le producía una incomoda sensación en el pecho y las palabras tendían a atorársele en la garganta.

El otro le observó un rato más antes de hablar nuevamente.

—He pensado y creo que…

—Lo que pienses o creas no me tiene sin cuidado Tobi, uhn.

—Oh—se quejó 'abatido'—… ya veo, entonces no me dejas otra opción.

—¿De qué estás hablando, uhn?

—Bueno, bueno digamos que…. Tal vez me perdones si te hago feliz—casi estuvo por rebanarse un dedo—. Senpai si te portas bien te dejaré ver mi rostro, ¿si?

La frase golpeó con fuerza su atolondrada cabeza haciéndole enrojecer repentinamente. Trató por todos los medios de concentrarse en contestar apropiadamente. Desgraciadamente estaba falto de frases nuevas.

—¡A-a quién le importa eso idiota, uhn!

Madara sonrió divertido.

—¿No?, pero la otra noche estabas muy insistente.

—¡No sé de qué estás hablando, uhn!

—¿Qué~?, ¿no lo recuerdas Deidara-senpai?

Cuando estuvo por decir algo más sintió como algo viscoso impactaba sobre su cuerpo y entraba por el orificio de su máscara. Cerró su ojo al contacto y tan pronto la sustancia llegó a sus labios la saboreó cuidadosamente, descubriendo para su fortuna que no se trataba de sal o picante sino de simple salsa catsup. A ciegas, sin chakra y con salsa de tomate escurriendo de sus ropas se retiró tanteando la pared hasta chocar con la puerta del baño, dejando incompleta su tarea y sin poder deleitarse con la bella imagen del rubio ruborizado.

—¿Siempre tienes que ser así de agresivo?

—Imbécil…—masculló partiendo con un corte preciso la ahora coliflor. Si se mantenía de ese modo durante más tiempo terminarían comiendo 'sobras de salteado'*. Bufó molesto, sintiendo aun sus mejillas ardiendo.

Estaba enfermo o algo así…

… O algo parecido.

En la tele anunciaban un nuevo electrodoméstico. Afuera un niño gritaba fuerte y claro que un perro lo había empujado. Desde la cocina pudo escuchar el sonido de agua corriendo proveniente del baño. Escuchó también el chirrido de la puerta cerrándose y el fuerte palpitar de su pecho que amenazaba con dejar salir a su morador de un momento a otro. Se sintió confuso, como si estuviese hecho de un material inexistente, como un borrón o un carrete de película vieja a punto apagarse.

Dejó el cuchillo a un lado. Los vegetales se miraban horribles. La música que provenía de una casa vecina se coló dentro. Las suaves notas del piano mezclándose con los agudos del violín calmaron sus nervios y llenaron con una pasajera calma su cabeza, despejando su mente, invitándolo a descansar en las intangibles ondas de agradable sonido. Las notas; una a una se esparcieron en cada rincón al que les fue posible acceder. El suave barullo de afuera fue desapareciendo al compás de la melodía.

Miró sin mucho interés la estufa, el aceite y la sartén que yacía en el lavaplatos. Volvió la vista a las verduras no mirándolas realmente. Quería descansar y no pensar en nada más. Sólo eso. Desconectarse de la penosa realidad, triste realidad, frustrante realidad, agotadora, extraña… simplemente olvidarse de todo, con la esperanza de que al despertar 'eso' no estuviera más colmándole el pecho hasta asfixiarlo.

—Tch…

Le habían arrancado ambos brazos; eso fue sumamente doloroso. Se los costuraron, lo cual no fue nada agradable. Lo habían golpeado en alguno que otro combate, había sufrido dolores de cabeza y cosas de ese tipo. Sin embargo nada se comparaba con esa sensación que palpitaba tan feroz dentro de él. No sabía catalogarlo como dolor o… dolor placentero. No sabía ni siquiera si en verdad lo odiaba del todo. No tenía idea de por qué el causante era Tobi. Sólo contaba con la certeza de que si existía una solución, Tobi la sería. Lo que resultaba más frustrante… porque no sabía en que se basaba para pensar en algo así.

Gruñó fastidiado de su lógica. No entendía nada. Se sentía como un niño pequeño frente aun examen con problemas que en su vida había visto y mucho menos estudiado. Se sentía torpe y lento.

La respuesta estaba ahí, frente a sus ojos. Estaba seguro, lo sentía pero desconocía el método para descifrar el problema.

Salió al patio trasero, dejándose caer sin mucha gracia sobre una vieja mecedora. Cuando volvieran –si es que volvían-, le arrojaría varias de sus creaciones a él y a cualquier idiota que se le pusiera delante. Incluso si ese idiota llegaba a ser Itachi. Sonrió pícaro al imaginarse aterrorizando a la organización entera. Sonaba divertido, pero lejos de la realidad.

—¡Waaah! ¡¿Pero qué le pasó a las verduras?!

Deidara torció la boca al escuchar la inconfundible voz de la chica.

—¡Tú!—apareció en el marco de la puerta—¿Qué rayos fue lo que hiciste?

—Corté--

—¡Se ven como si una banda de maleantes psicópatas hubiese acuchillado y destazado un huerto entero!

El rubio simplemente la ignoró.

—Hey, ¿me estás escuchando?—Viko pensó que tal vez estaba molesto y murmuró— Tsk, debí obligar a Tobi--

A Tobi…

" — Si se trata de Deidara-senpai puedo dejarte mirar…"

¡Maldición, Tobi!

—¡Qué mal entonces, uhn!—bramó incorporándose de inmediato. La trigueña tuvo un pequeño sobresalto ante la agresiva respuesta. No preguntó nada ni comentó al respecto, simplemente guardó silencio a la espera de algún comentario por parte del artista. Pero no lo hubo, Deidara poco después caminó a las escaleras que daban al piso de arriba y subió.

Viko caminó silenciosa a las escaleras y se asomó. Ese día Deidara estaba más insoportable que días anteriores. Y lo peor, cuando se comportaba así ella no dejaba de fantasear con 'Tobi' sometiéndolo hasta volverlo sumiso y suplicante.

—Eh, Viko-chan. Estás en casa, qué alegría.

Volteó, encontrándose con el azabache que secaba insistentemente su cabellera.

—Qué lindo… si realmente existiera Tobi—sonrió— . Y, ¿qué te arrojó en esta ocasión?

—Nada peligroso.

—Tú limpiarás la cocina, ¿sabes?

El Uchiha se hizo el desentendido y volvió a la sala.

—¡Hey! ¿Me oíste? ¡Oye te prohibiré la tele!

*

Las almohadas estaban impregnadas con su aroma. Las sábanas, la frazada… todo.

Todo olía a él.

Golpeó con fuerza la almohada y sumergió su rostro en ella. Maldición, no era posible que incluso estando solo, Tobi estuviera presente. Se sentó en el borde de la cama dispuesto a ir más profundo dentro de su cabeza. Necesitaba hacerlo y así poder encontrar la razón del por qué Tobi estaba ocasionándole tantas molestias. Sin embargo nada llegó a él, excepto 'eso' y súbitamente el rubor acudió a sus mejillas. La cara le ardía y el corazón latía tan aprisa. Apretó su cabeza con ambas manos en un vano intento por arrancarse aquel penoso recuerdo. Lanzó una especie de gruñido agudo en señal de frustración, presionando con más fuerza su rubia cabeza. Las doradas hebras cayeron delante de su rostro, haciéndole compañía al largo mechón izquierdo.

Al final no fue capaz de siquiera bloquear el recuerdo de aquel sueño erótico –tan real- con el antes mencionado. Así como tampoco logró olvidar la escena que le montó ni el drama que sufrió la misma noche gracias al mugroso gato.

—No necesito esto… uhn.

¿No necesitaba qué?

Miró intranquilo el techo, esperando encontrar la respuesta en las manchas de pintura y las grietas del repellado. En cambio sólo halló la figura de un pato que difícilmente logró entender.

Cerró los ojos antes de acomodarse de nuevo entre la cama. Cubrió su rostro con ambas manos, avergonzado de sus propias reacciones. No disgustado. No furioso.

—¿Q-qué mierda me pasa, uhn?—su voz apenas llegó a sus propios oídos. Se oía tan distante y temblorosa. Su rostro seguía sintiéndose caliente, casi tanto como si hubiese realizado un jutsu de fuego.

Esto, lo que fuera… le asustaba. Pero prefería mentirse las veces que fuera necesario antes de admitirlo abiertamente.

Inspiró profundamente varias veces antes de descubrirse los ojos e intentar calmarse. Poco a poco el rubor fue disminuyendo más no lo abandonó del todo. El dulce rosa permaneció en su rostro por largo rato hasta que se hubo dormido.

Mientras dormía, soñó con aquella vez cuando tenía nueve años y una niña lo miraba desde el asiento de atrás en la academia. Ella siempre le sonreía y convidaba de su almuerzo. No era fea, de hecho era muy bonita pero nunca le interesó. Hablaba sobre cosas extrañas y de lo mucho que adoraba el color amarillo en el cabello.

Luego, sus memorias lo llevaron al día después de la graduación.

No me gustas y no quiero ser tu novio, uhn.

La niña se echó a llorar. Después de todo, aun viendo el rostro del rubio guardó la esperanza de que aceptara. Deidara se sintió incomodo, pero francamente no tenía idea de cómo quererla. Esa misma tarde le preguntó a su madre cómo podía enamorarse de alguien que no le gustaba. Ella sonrió con tristeza y simplemente respondió "No puedes".

Deidara no comprendió y preguntó de nuevo.

¿Cómo me enamoro de alguien?

Simplemente te enamoras—rió despacio—. No se trata de lógica. Tú no eliges a la persona. Aquí—dijo señalando su pecho—, este pequeño 'traidor' te dirá con quien quiere estar.

De a poco el recuerdo se hizo borroso y terminó por desvanecerse. En medio de la oscuridad el sonido de una gotera llamó su atención. Movió los dedos al sentir la humedad en el ambiente y pronto notó que el agua le llegaba hasta la cintura. A lo lejos pudo escuchar voces. Frases al azar, palabras que no entendía.

"—Madara Uchiha es el verdadero líder."

"—¡Santa madre del sasunaru! ¡ERES MADA--!"

"—Ahh… el amor."

"—¿A qué le tienes miedo, Deidara?"

"—¿Y si en realidad tratara de tocarte?"

"—¿Ibas a besar a Tobi, Deidara?"

"—Tal vez trato de parecer interesante."

"—¿Podría ser, Deidara-senpai, que estés interesado en mí?"

¿Qué?

"—¿…que estés interesado en mí?"

Eso era algo…

"—¿…interesado en mí?"

Él no estaba…

"—¿… en mí?"

El agua se evaporó repentinamente.

"—¿Podría ser, Deidara-senpai, que estés interesado en mí?"

"—Simplemente te enamoras. No se trata de lógica. Tú no eliges a la persona. Aquí, este pequeño 'traidor' te dirá con quien quiere estar."

Sus piernas flaquearon. Pronto le costaba respirar.

Caía en la cuenta.

—Deja de bromear… no juegues conmigo…—cubrió su rostro con fuerza. —¡No me jodas con eso, uhn!

-

-

-

-

Era la mejor noticia que pudiesen haberle dado en ese momento. Si bien no era el comunicado de "Madara al fin se XXX a Deidara" o "Dei ha aceptado los sentimientos de Madara y te dejará filmar cuando se lo XXX" o al menos "Mada le confesó al rubio todo y terminaron XXX en tu cama" o en última instancia "Dentro de nueve meses Maeko Uchiha Iwa hará su gran debut". No…

… pero la buena noticia que no era tan buena como ella hubiese querido consistía en simple y sencillamente: tres días sin padres. Exacto, tres días sin supervisión adulta.

Una sonrisa boba se coló en su rostro. Agradeció infinitamente el hecho de tener un pez herido por mascota, que requería de cuidados cada cierto tiempo. Todos sabían que el pez moriría pero su madre se negaba a aceptar la realidad, lo cual resultaba muy conveniente para la trigueña. Porque tres días, tres días era todo lo que cualquier fangirl obsesiva podría desear a lado de las dos personas que más admiraba y amaba en el sentido fujoshi.

Oh, tres días hostigando a Madara.

—Ku, ku, ku…

—Lo he intentado varias veces pero no logró sobrevivir después del cuarto click.—habló el moreno sin quitar la vista del monitor.

—¿Eh?, ¿Cómo es qué..? ¿Por qué estás en mi cuarto?—cuestionó asomándose por la puerta—¡¿Y desde cuándo sabes usar mi computadora?!

—Haces demasiado escándalo.

Viko refunfuñó y cerró la puerta al entrar.

—¿Cómo es que tú…?

—Soy un Uchiha.

—Eso no explica nada.

Madara soltó una risilla socarrona desencadenando el enfado de la otra y por consecuencia recibió un ligero golpe en el hombro.

—Jo, un poco más fuerte y me habrías roto algo.

—Cállate. Además, en lugar de utilizar a Computy deliberadamente y jugar buscaminas ¿no deberías pensar en seducir a ya sabes quién?

—¿Desde cuando los niños le dicen qué hacer a los adultos?

La trigueña lo golpeó de nuevo. Dio unos cuantos pasos y tomó asiento en la cama.

—Cuando vuelvan—habló tímidamente—… ¿qué vas a hacer?

No respondió.

—¿Sabes? Te dije antes que ustedes aquí son como un manga—suspiró—, y ya sabes. Los malos nunca ganan.

Madara enarcó una ceja disgustado.

—Dilo.

—Ahg… ¿no te parece que deberías dejar todo eso de Konoha y el clan Senju? Tal vez no tenga todos los años que tú pero créeme que si continúas así las cosas van a terminar mal.

—¿Es una charla seria?

—¿Y si lo fuera?

—¿Qué es lo que sabes?-dijo poniéndose de pie.

Viko comenzó a morderse la uña del dedo anular. ¿Qué sabía? Qué pregunta más tonta, mejor, qué no sabía. Echó una furtiva mirada al computador, por lo menos aun no sabía como usar Internet de lo contrario… resopló, mejor no pensar en eso. Desconectaría el Internet a penas se marchara y por si acaso colocaría la contraseña para acceder al servicio.

—Aunque lo supieras no cambiarías de parecer, ¿o si?

—Tal vez.

—Entonces no tiene caso.

—¿Qué es esto? ¿Me estás dando clases de moral?—se burló cruzándose de brazos—Oh, ya veo. Tratas de predecir mis futuras acciones en base a lo que me digas.

La chica lo miró molesta y luego clavó su vista en el suelo. Empezaba a ver al Uchiha con malos ojos y no deseaba que las cosas terminaran así. Inspiró profundo tratando de hallar la manera de continuar dialogando con él sin perder los estribos. Rayos, sólo Madara lograba ponerla de tan mal humor con tan poco. Enumeró las opciones a considerar para responder cortésmente o al menos contestar con una sonrisa, sin embargo optó al final por hacer un pequeño drama.

De acuerdo, deseaba hacer el drama.

—Con todo el respeto que te mereces, porque eres alguien a quien admiro y un shinobi excepcional y magnifico, debo decir que eres un imbécil—empuñó las manos alrededor de sus piernas—. Eres un idiota si piensas que con 'ese' plan vas a lograr tu cometido. Además, discúlpame pero, lo que deseas hacer es una estupidez. ¿No lo ves?—lo encaró— ¡Esto es como si fueras contra el guión! Hablo de una 'ridícula' segunda oportunidad. ¿Qué nunca viste "Corazón de Tinta"?*

El Akatsuki bufó molesto y se decidió a tomar asiento apretando los labios en un esfuerzo por no interrumpirla. Tomó aire en silencio. Escucharía lo que tuviese que decir, después analizaría la información y quizá lo tomaría en cuenta de ser necesario.

—Lo que dices no tiene sentido.—dijo sin poder contenerse.

—¡Oh, claro! Por supuesto, tiene más sentido hacer el ridículo perdiendo contra un puñado de mocosos que retirarte usando las pocas neuronas que te quedan ¡y tener una maldita vida!

¿Eh? ¿Perdería contra Konoha?

Diablos…

Eso daba en qué pensar. Si bien en un principio no le agradó la falta de respeto y la agresiva actitud que tomó la chiquilla, ahora le importaba poco menos que un pepino. Mierda, iba a perder miserablemente contra Konoha… suspiró sin muchos ánimos. Nunca consideró la derrota. Con lentitud masajeó un costado de su cabeza.

—…Deja de gritar. Deidara duerme.

El enfado en la trigueña disminuyó considerablemente.

—Me enferma verte perdiendo el tiempo y siendo idota—murmuró de mala gana—… ¿no te has puesto a pensar que ya es momento de dar el primer paso? Él podría mandarte al infierno incluso sino haces nada.

—¿Por qué tú…?—gruñó—¿Por qué estás tan interesada en que Deidara me corresponda? Porque el meollo del asunto es eso.

Viko se sonrojó ligeramente, olvidando su enojo por completo.

—No es eso.

—Lo es.

—No, no lo es. A-además, estaba hablándote sobre lo torpe que eres por seguir con tu tonta venganza. ¡Así que no cambies el tema!

—Dilo de una vez. ¿Por qué?

—Ya te dije que--

—Sino lo haces prefiero seguir siendo 'imbécil'.—amenazó.

Viko lo retó con la mirada. Madara la complació con el contacto visual. Tras un corto periodo en silencio ella se dispuso a confesar.

—De acuerdo, tú ganas.

—Sólo dilo.

Tomó una bocanada de aire y exhaló con fuerza.

—Quiero que seas feliz—musitó mordiéndose el labio inferior—.Quiero que seas feliz a lado de la persona que quieres. Y yo se que estarás pensando que esto no es algo que me importe pero… que precisamente ustedes dos estén aquí, en mi realidad, entonces no puedo cruzarme de brazos y no hacer nada. Así que… mientras estés aquí no dejaré de insistir con ambas cosas.

El azabache simplemente se mantuvo callado. No analizando precisamente sus palabras sino asimilándolas. Ella sólo quería su… ¿felicidad?

Joder, la chica era un espécimen extraño y bizarro. ¿Cómo podía comparar a Dei con la dominación mundial? ¡El dilema iba más allá de lo admisible!

—Sí, sí, ya sé lo que vas a decir: "¿quieres que tire a la basura mi maléfica venganza que me costó tropocientos años planear sólo porque quieres que tenga una vida feliz y amorosa con Deidara?" Pues sí, ¿y que? Soy friki y me enorgullezco de serlo. ¡Tira a la basura tu jodido plan y dedícate a lo que es realmente importante!

Madara se dio cuenta de lo voluble que podía llegar a ser aquella joven. Así como descubrió lo extraña que era y lo difícil que resultaba tener una conversación seria. Tal vez sus expectativas para con la chica fueron muy altas.

—Francamente la primera parte sí. En cuanto a lo segundo… no me molesta en absoluto una vida a lado de Deidara.—expresó.

Ciertamente, una vida a lado del rubio no le disgustaba en absoluto. Nada, ni en lo más mínimo.

La de chaqueta morada suspiró un par de veces recobrando su postura.

—Eres difícil de perturbar. Hasta ahora no has gritado, ni siquiera elevado un poco el tono de tu voz. No me has dicho que soy una loca obsesiva y tampoco te has puesto a discutir sobre todo lo que te dije.

Sonrió internamente. Bien, de sus labios no había salido.

—¿Qué ganaría haciendo eso?

Viko rascó su cabeza insistentemente y luego se cruzó de brazos al igual que el azabache. Meditó algunos minutos y al terminar observó con interés la figura del Uchiha.

—… quizás… cuando consigas su amor cambies de parecer y decidas olvidarte de todo el resentimiento que llevas dentro—sus ojos se iluminaron—. ¡Sí! Y las noches estarán repletas de diversión y mucho "No~, Madara si haces eso yo…" "Oh, sólo relajate" ¡ya puedo imaginarlo! ¡Kya~! Y luego querrán ser una verdadera familia ¡Y entonces lo obligarás a que haga 'ese' jutsu y luego…! Ku, ku, ku, ku… ¡Maeko Uchiha Iwa llegará y todo será miel sobre hojuelas! ¡Hajajajajaja!

Madara la contempló retorcerse un rato mientras reía histéricamente.

—... ¿de qué jutsu hablas?

-

-

-

-

Abrió los ojos con pesadez. Aun adormilado se incorporó frotando con suavidad su ojo derecho, alejando el sueño al tiempo en que estiraba el brazo libre. Bostezó un par de veces antes de intentar bajar de la cama cuando, como si de un gigantesco puño golpeando sus entrañas se tratara, recordó con lujo de detalles el reciente sueño. De la punta de los pies hasta la nuca le recorrió un fortísimo escalofrío. Parpadeó varias veces antes de revolver sus cabellos frenéticamente mientras se repetía cuan imposible, descabellado e inaceptable era.

Llevó una mano hasta su pecho y notó lo acelerado que estaba su corazón. Apretó los labios sintiendo impotencia. Se lo dijo una y otra vez mientras encajaba las uñas en su piel por encima de la tela. Lo repitió insistentemente hasta que se hartó de sus propias palabras y aún así a cada minuto que pasaba la realidad lo aplastaba. En medido de la habitación, con los rayos de sol filtrándose a través de las cortinas, lo negó de nuevo. Su mano se deslizó hasta caer a su costado. Y lo negó otra vez, aun cuando sabía que se engañaba.

Las dudas que se habían hilado unas con otras hasta formar una maraña de sensaciones cual bola de estambre ahora se hallaban resueltas. La pregunta tenía respuesta. Sus labios se entreabrieron dispuesto a objetar más nada salió de ellos.

El monótono tic tac del reloj llegó a ensordecerlo privándole de escuchar el sonido inconfundible de pasos acercándose.

—No es posible… no es como si fuera real, uhn.

—¿Qué no es real?—escuchó desde la puerta.

La piel se le erizó. Por un segundo su corazón se detuvo y al segundo después vio apuradamente hacia la entrada. La imagen de Tobi lo desestabilizó por un instante. Las cosas iban mal. Precisamente Tobi tenía que aparecer justo cuando el se hallaba entre la espada y la pared.

—¡¿Qué haces..?!

—Shhh, los padres de Viko-chan ya han vuelto—anunció entrando con una porción de comida en manos—. Dormiste hasta tarde, senpai. Estarás hambriento, ¿no? Te he traído el—hizo una pausa mirando el contenido del plato y siguió—… salteado y una manzana.

El ojiazul asintió con una especie de gruñido, procurando mirar en otra dirección. Maldijo internamente la llegada del azabache. La voz de su madre se abrió paso en sus pensamientos incitando a que su pulso acelerara violentamente. Volvió a sentir que le faltaba el aire e hizo un esfuerzo por disimularlo.

—Jo, hace calor… algo bastante normal por estas fechas. Por cierto, Viko-chan me dijo que esconderá la catsup y la sal… y los jarrones… y te atará las manos.

Deidara quiso hablar, más no supo qué decir. Tobi ingresó sin hacer ruido dejando los alimentos sobre una de las esquinas de la cama, asegurándose de que no se cayeran. Miró al artista durante poco menos de diez segundos notando hábilmente lo muy perturbado que se encontraba. Generalmente lo molestaría siguiendo el patrón de actitud de 'Tobi', sin embargo la sensación de que algo no andaba bien lo invadió. Se veía pálido y casi podía jurar que temblaba.

Se preocupó.

—¿Estás bien?—preguntó descuidando el tono de su voz.

—Eso no te importa Tobi, uhn.

El Uchiha resopló quedamente.

—Hace un momento, parecía que hubieses tenido una pesadilla.

Su perspicacia seguía siendo admirable.

—Cállate, me molestas—su rostro empezaba a encenderse. Podía sentir como el calor subía hasta sus sienes. Demonios, se dijo apretando las sábanas. En ese momento sólo añoraba golpear a Tobi hasta reducirlo a polvo. Odiaba a su madre y a su hermana. Las odiaba tanto como a él. Odiaba toda la maldita estupidez que dijo su progenitora. ¿Por qué le pasaba esto? Negó cerrando los ojos. Lo que le ocurría era imposible. Inaceptable —. Me haces sentir enfermo, uhn.

—¿Qué?

—¿Por qué tienes que ser mi compañero? ¡Todo estaría perfecto si Sasori no danna siguiera vivo, uhn!

"—… ¿no te has puesto a pensar que ya es momento de dar el primer paso? Él podría mandarte al infierno incluso sino haces nada."

Madara sintió un cambio brusco dentro de él.

—Sasori no danna era mi maestro y el mejor compañero de misiones que pude tener, pero luego tenías que llegar. Sólo me causas problemas, uhn.

Sasori no danna…

—Akasuna…

Sasori no danna…

—¿Por qué no puedes…? ¿Por qué no puedes ser…?—titubeó— …¿por qué tenías que ser el reemplazo de Danna, uhn?—por más veces que lo intentó su voz sonaba a punto de quebrarse. El aroma que despedía Tobi llegó a su olfato. Incluso cuando su fragancia estaba impregnada en las sábanas tenerlo cerca no se le comparaba. Porque de algún modo, ese hombre que se hacía llamar Tobi ocultaba algo y él quería descubrir qué. Pese a que lo negara fervientemente era su deseo llegar a conocerlo—Te detesto.

El líder de Akatsuki trató de curvar sus labios pero su boca mantuvo aquella expresión ácida. No le importó que dijera que lo detestaba, le daba igual porque estaba seguro de que cambiaría eso, pero…

"—¡Todo estaría perfecto si Sasori no danna siguiera vivo, uhn!"

Era inaceptable que…

"—…¿por qué tenías que ser el reemplazo de Danna, uhn?"

Mordió su labio hasta sangrar. Sasori fue un incompetente que a la primera oportunidad dejó que lo mataran. La sangre se deslizó por su barbilla y coloreó gran parte de su labio de carmín. Empuñó una de sus manos. Se sintió ofendido.

Sasori no era nadie comparado con su persona.

—Yo soy tu compañero ahora, no él.—recalcó agresivo.

Deidara le miró perplejo. Lo próximo que sintió fue el sabor de la sangre en su boca y la presión de aquellos labios contra los suyos en un posesivo y demandante beso.

"—Simplemente te enamoras..."

Antes de que pudiera siquiera reaccionar su cuerpo entero sucumbió ante el torrente de emociones sueltas. El calor en su rostro se expandió hasta su pecho. Su vista se nubló y pronto se sintió exhausto.

Continuará…

.-.-.-.-.-.-.

Notas de la autora: En caso de que no lo supusieran, la última frase de Madara es dicha con su verdadera voz.

Después de meses sin actualizar les hago entrega del capitulo 7. Sé que les habrá resultado muy aburrida la parte en donde hablo con Mada, pero tenía ganas de meter relleno xD. Ya para el final, ni bien era media noche y ya estaba cabeceando. Puse música de esto y lo otro más nada me ayudaba, hasta que recordé lo bien que me funcionaba el reggaetón y puse algunas canciones de Wisin y Yandel… y… funcionó. Denle las gracias a ese par, porque si no los hubiese rescatado de la empolvada carpeta no me hubiera animado a 'animar' a Madara y supongo que a Dei también. Ahg, lo sé, me he precipitado pero así me nació escribirlo. ¡Ah!, pero no por esto significa que ya todo estará resuelto, ¡claro que no!

"Me estas tentando~, hace rato que te ando velando~ oh, oh. Tu cuerpo rozándome eh, eh, estás excitándome eh, eh…" (Viko está escuchando reggaetón) "Hace calor~, en la disco subiendo el vapor~, hace calor~, en la disco subiendo el vapor~…"

Ahh~, a estas alturas sobra decir que fantaseo obscenamente con los dos Akatsukis.

*Corazón de tinta: sí, hablo de la película 'Inkheart' en donde los personajes de las historias cobran vida y uno de ellos va en contra de la historia del escritor, debido a que se dispone a hacer su propio destino.

*sobras de salteado: Deidara despedazó las verduras haciendo cortes muy pequeños y terribles.

Hasta dentro de muchos meses después, ¡es decir! Hasta la próxima actualización.