Eso no lo esperaba.

Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Masashi Kishimoto, quien se empeña en hacer añicos su historias con tramas &$#! que dan pena ajena.

Advertencia: terrible giro de unos 360°. OoC, ortografía y mucha falta de coherencia… quizás. Si te has dado una idea de lo fumado que pueda estar este capitulo o después de leerlo pienses que está, efectivamente, fuera de tiempo te recomiendo hacer una cosa:

"Continua leyendo los próximos capítulos... siempre puede empeorar x'DDDD"

Dedicatoria: por supuesto, a mí.

Mención honorífica: Xu. Sino hubiese sido por ti, probablemente hubiera llegado a doce paginas. En caso de reclamos/quejas y amenazas, favor de fastidiar a Xu, ella es la culpable… y Hetalia, Hetalia también… y el FrancexUK…

Ehmm… *baba* FrancexUK…

.-.-.-.-.-.

Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, lo había hecho.

"Eres un idiota."Pensó una vez mordisqueó esos deliciosos labios, finalizando el apresurado y carente de amabilidad, contacto.

Fue algo así como toda su vida pasando frente a sus ojos y ardiendo en llamas al llegar a ese tramo de tiempo. Allí estaba él, a centímetros del rostro de un ruborizado Deidara que lo miraba perplejo, en un conveniente estado de shock.

"¡Mierda!"

¿Desde cuando él se dejaba llevar por sus impulsos? Nunca… al menos hasta hace poco. Hay un millón de cosas detonando dentro de su cabeza, así como un millón de cosas que desea hacer en ese instante. Observa fijamente el rostro del menor, aun atónito por lo ocurrido y en su labio inferior una pequeña gotita carmín. Maldice internamente, rabiando en su contra.

Pese a que el tiempo transcurrido en sí, ha sido ridículamente corto, el azabache lo ha sentido como una tortuosa eternidad.

Las manos que se han vuelto puños, se mantienen a cada lado del delgado cuerpo del rubio. Porque aún se encuentran en esa posición tan sugerente. Porque Tobi todavía está inclinado sobre la aparentemente delicada anatomía del artista, separados por una ridícula distancia que hace poco no existía. Madara piensa que es el momento indicado para hacer algo, ¿pero qué? Es la primera vez que siente estar en un callejón sin salida y comienza a sofocarse. A cada segundo el torrente de adrenalina se dispersa por todo su cuerpo y nada, excepto continuar donde se quedó llega a su cabeza. Sabe que debe decir algo, lo que sea, fingir que de nuevo es Tobi y justificarse con alguna absurda mentira. Ni siquiera hace el intento de idear una excusa. Va a reprocharse por esto, va a echarlo todo a perder…

"No… ya lo hice."

Al menos, por unos instantes más quiere perderse en esos profundos zafiros hasta que vea un atisbo de repulsión brillar en ellos. Para entonces, probablemente, el rubio le haya dado un certero golpe justo en medio de la cara. Curva los labios ligeramente. Aunque sea por un momento quiere no arrepentirse de los impulsos que hacen de él un hombre distinto al que saluda en el espejo cada mañana.

Ese último segundo se ha tomado su tiempo en terminar, haciendo más lento y digerible lo que acaba de hacer y sin embargo, también ha vuelto más tensa la situación.

Realmente quiere no arrepentirse.

Realmente…

Flash back.

"—Eres tan 'malvado', ¿lo sabes, verdad?

Mira a Viko comer palomitas, llevándoselas una a una a la boca en vez de prestar atención a la película de acción que ella misma ha rentado y visto unas cuatro veces antes. Finge no haberla escuchado y vuelve la vista al protagonista que en lugar de salvar a la chica dando un efectivo disparo en la frente del villano, se toma su tiempo para debatir en si gasta su ultima bala en eso o la guarda para hacer el tiro a la puerta -que no tiene seguro- con el fin de abrirla de forma guay.

¿No tienes alguna en dónde el héroe muera?

No voy a alentarte—respondió bajando el volumen del televisor—. ¡Ah! Acabo de enterarme de algo muy bueno. Tu cumpleaños es el 24 de Diciembre, ¿verdad? Algunos dicen que es en Julio, pero Wikifredia* dice que es en Diciembre. ¡Soy tan lista!

Suspiró quedamente.

No es verdad.

¿Qué no soy lista?

Ahg…

Olvídalo.

Oye—paró de comer—, ¿Por qué hiciste ese jutsu? Es más, ¿sabías lo que estabas haciendo o al menos para qué servía?

¿Es posible que no conozcas el significado de 'coherencia' en una conversación?

Tal vez—sonrió malignamente—… ¿entonces sabías?

Bueno, no es que no supiera… sólo no se informó adecuadamente antes de realizarlo. Vamos, un error lo tiene cualquiera. CUALQUIERA.

"Las letras eran muy pequeñas." Piensa justificándose, mirando discretamente la expresión burlona en el rostro de Viko. Le mentiría, pero hacerlo significaría darle mucha importancia al asunto y a ella misma. Optó por ignorarla, estaba cansado y la chica no hacía más que recordarle aquel momento de estupidez.

Pff, es aburrido si te portas así. Deidara duerme, no hay forma de que te escuche, puedes hablar más.

Últimamente duerme mucho…

Ehh… ahora que lo mencionas, es verdad—miró hacia el techo—. Todo el tiempo parece estar cansado. Tal vez esté enfermo…

No parece estar…

—… de ti.

Volteó rápido hacia ella. La trigueña arqueó una ceja y se echó a reír nerviosa.

¡S-sólo bromeaba! No era en serio. Diablos, te lo tomas muy… casi juro que vi tu sharingan fulminarme.

—… ¿no tienes el valor suficiente para mantener firme tus palabras?—cuestionó seriamente observando a la chica parar de reír.

En verdad, no tenías que molestarte tanto. Lo siento, ¿si?

Responde.

Un poco, creo—fijó su vista en el agujero de la máscara—. Dices cosas tan geniales pero yo—sonrió forzadamente, tratando de verse natural—… a veces dudo también.

—…

Seguro que tú también haces cosas de las que te arrepientes, ¿verdad?... ah, mira—señaló hacia la pantalla— al final el bueno gana. La próxima vez veamos una cuando Dei esté despierto."

Fin del flash back.

... No quiere darle la razón.

Escucha un sonido débil, similar a un quejido y seguidamente, la mirada celeste parece salir de su trance. Deidara parpadea boquiabierto, con una expresión que refleja más vergüenza que disgusto. El sabor característico de la sangre se diluye en su boca.

Imposible, eso no acaba de suceder. Es un sueño, un mal sueño. ¡Un mal sueño, como los anteriores!

Comienza a temblar. Su cuerpo entero tiembla y realmente se siente fatal. ¿Por qué? ¿Por qué se comporta así? No es posible. Mueve los labios vagamente, no formulando palabra alguna. Este no es él. Así no es él.

Respira con dificultad, sintiendo como el cálido aliento del mayor acaricia su rostro. La oscura mirada ónice se clava en la suya haciendo latir peligrosamente su corazón, provocando un terrible sobrecalentamiento en todo su cuerpo. Siente que va a quemarse desde adentro y comienza a transpirar.

No es posible. Ni siquiera ha logrado moverse, mucho menos intentar golpearlo. No entiende nada, no puede ordenar si quiera sus propias ideas o coordinas sus acciones.

Y la voz de aquella dulce madre habla sin su consentimiento. Deidara se estremece y niega todo.

"¿Por qué no puedo…?"

¿Por qué? ¿Por qué Tobi lo ha…?

Entonces, la puerta indicada en sus memorias se abre, cegando de nuevo todo mínimo avance en sus reacciones.

Flash Back.

"—¿Te han besado ya?

Frunce por doceava vez el ceño y mira en otra dirección.

¿No deberías estar hablando idioteces con Tobi, uhn?

¿No te molesta?

Algo se oprime en su estómago.

Eres idiota, ¿por qué habría de molestarme, uhn?

No sé, dímelo tú.

Viko sonríe para luego llevarse una enorme cucharada de cereal multisabor a la boca y agrega, poco después de unas cuantas masticadas algo extraño y sin sentido.

Antes tenía una linda gatita a la cual quería mucho, pero tenía mal carácter y solía morderme cada vez que trataba de acariciarla. Era tan bonita que a pesar de los arañazos y mordidas, la cargaba y acariciaba—suspiró, jugueteando con la cuchara—. Honestamente, sino fuera porque en verdad la quería la hubiera echado de mi lado. Nadie soporta maltratos sólo porque sí. Tengo razón, ¿no?"

Fin del Flash back.

—N-no está pasando… uhn…

Pero sucede.

El anillo en su índice resplandeció.

*

La alarma de las siete comenzó a sonar. Viko, que a penas había encendido el computador se vio en la molesta labor de levantarse del escritorio e ir a silenciar al aparatejo. Tomó el reloj de martillito y movió el interruptor de encendido a apagado. Lo colocó de nuevo sobre el pequeño taburete a lado de su cama, junto a la lámpara y su amado sam. Se propone cambiarle la hora de la alarma a las siete am, aunque sabe que puede serle de utilidad para esas ocasiones en las que se tira a dormir por las tardes.

—¿Qué estarán haciendo esos dos?—se cuestionó viendo a computy terminar de dar la bienvenida.

Tomó asiento a la orilla de la cama y gruñó molesta sin aparente motivo.

—¡Ahg! Esto va tan jodidamente lento. Si al menos pudiera darle velocidad al asunto, es más, ¿por qué debería hacerlo yo? En todo caso no soy quien tiene prisa por violarlo—gruñó con más molestia—, el que debería hacerlo es Madara.

Las luces titilaron por un momento. Se alarmó.

—Viko, creo que se va a ir la luz—dijo su padre desde el otro lado de la puerta—.Si tienes prendida la computadora apágala rápido.

—Ya voy, no tienes que decírmelo.—se precipitó hacia el escritorio dispuesta a evitar una futura visita con el técnico, sin embargo antes de poder hacer algo todo a su alrededor fue envuelto por intensa luz blanca.

Hubo un apagón, las luces volvieron a titilar y pronto se reestableció.

En la habitación la pantalla marcó error.

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Olía a tinta. Todo el maldito lugar estaba impregnado con olor a tinta.

Viko gruñó malhumorada, girando hacia su costado izquierdo. La suave brisa acarició sus mejillas y al poco rato despertó. El cuerpo entero le dolía y la fuerte luz le daba en la cara, impidiéndole ver más allá que una enorme mancha amarilla con puntos negros.

Emitió otro gruñido, esta vez acompañado de unas cuantas maldiciones. Su boca reseca y el latente dolor en todas sus articulaciones le hicieron soltar unas cuantas palabras altisonantes de más.

—Quiero agua…

Una densa nube cubrió parcialmente al sol, permitiéndole la ocasión de abrir los ojos sin tantas molestias. Cuando sus oscuros orbes marrones ubicaron el lugar, se dio cuenta de que no tenía idea de en donde se encontraba. Se asustó y de inmediato se puso de pie. Eran kilómetros y kilómetros de sólo verde pasto.

Allí no era México. Distaba de ser una ciudad y el cielo se miraba increíblemente azul. Las piernas le temblaron y un vacío inmenso reemplazó su estómago.

—¿Qué mierda…? ¿Dónde estoy?—se cuestionó mirando nerviosa en todas direcciones. Pronto sintió ganas de llorar fuertemente—Tranquila, tranquila, tranquila…

Las lágrimas brotaron sin su consentimiento. No recordaba haber salido de casa o siquiera al patio. ¿Se trataría a caso de un sueño? Apretó los labios. Imposible, aun sonando razonable la última vez que se creyó dormida terminó conviviendo con dos Akatsukis.

Masajeó su frente, en un vano intento por tranquilizarse. Tal vez se trataba de un mal sueño.

El aire le faltaba. Tosió un par de veces, tratando de recobrar el aliento, encontrándose con la terrible realidad de no estar funcionando el método. Aspiró una gran cantidad de aire y nada. Sentió sofocarse.

—¿Dónde…? ¿Dónde…?

Pronto todo empezó a dar vueltas y se desplomó en aquella pradera, lejos de casa.

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—Ahg…

Habían dos manchas frente a ella. Manchas que vislumbró entre restos de lágrimas y delineador corrido. Sus ojos algo hinchados se entreabrieron, enfocando el primer borrón negro con azul, que igual despedía un terrible olor a… sí, tinta. ¡Joder!, todo lugar apestaba a tinta de impresora. Mareada, desorientada y mal coordinada, se atrevió a formular la primera pregunta que llegó a su aturdida mente.

—¿D-dónde estoy?

—¿Qué?

La voz del borrón azul negrusco se escuchó lejana entre un fastidioso eco que retumbó en sus tímpanos, logrando un ligero malestar. Afortunadamente el dolor de cabeza se había esfumado, de lo cual estaba agradecida, sin embargo, continuaba sintiéndose mal.

Cuando al fin logró abrir en su totalidad sus globos oculares, descubrió de inmediato que las manchas no eran manchas, sino personas de aspecto borroso. Pensó que era normal, después de todo, acababa de despertar y por las mañanas su vista era nefasta –pese a que, según ella, pasaran de las siete pm-.

—¿Dónde estoy?—preguntó de nuevo, parpadeando insistentemente. La mancha de color azul emitió una risa escalofriante que le hizo erizar la piel. No supo si aquella había sido con mofa o no, pero optó por no descubrirlo. De un salto se incorporó y corrió en dirección contraria unos cuantos metros para tropezar y caer de frente. Su visión no le ayudaba en nada, sentía el cuerpo cortado y aun se hallaba mareada. Además, no sabía a dónde dirigirse. Fuera de su instinto de supervivencia y auto conservación, no tenía nada. Respiró agitadamente. Se arrastró unos cuantos centímetros más y al final decidió rendirse, tachándose de patética. Se había dado de lleno en la cara, tal vez, se raspó la frente o la barbilla debido al ardor que sentía en esas dos zonas, encima de tener algo de tierra y pasto entre la boca.

—¡Vaya que eres torpe mocosa!—dijo la mancha con azul sin intención de ocultar su evidente satisfacción.

Se giró hacia donde la voz. Ya no se oía ruidosa, de hecho, le parecía familiar.

—¿D-dónde estoy?—preguntó en un hilo de voz. El otro borrón, que era en su totalidad negro, tomó asiento en una mancha gris. La chica dedujo, que aquello se trataba de una roca—Mi casa...

El sujeto de mala resolución, hizo un movimiento similar a rascarse la cabeza o el hombro, ¿cómo saberlo? Igual no veía bien. Le escuchó murmurar algo a la otra mancha y lo próximo que supo, fue que la pierna derecha la tenía entumida y el aroma a tinta se esfumó. Primero su mente se quedó en blanco seguido de la sensación de un calambre. Viko tardó sólo unas fracciones de segundo en sentir el dolor en su totalidad, recorrerle la espina dorsal y la pierna misma. Fue un dolor agudo que explotó y recorrió todo su ya adolorido cuerpo, arrancándole un fortísimo grito. Dolía, ¡maldición, dolía! el llanto no se hizo esperar, lavando continuamente sus irritados ojos.

"No es un sueño. Duele."

La sangre brotaba a cantaros, podía sentir con claridad como fluía hacia fuera manchando el pantalón y pegándolo a su pierna. El dolor palpitante, cálido se calaba entre sus huesos, propiciándole la sensación de tener alguna fractura. Se encontraba aterrada, llorando y lamentándose trivialidades, que en esos momentos, se miraban tan llenos de sentido. Sujetó su pierna herida, temblando y sollozando, no importándole en ese instante lo que pudiera hacer o decir su agresor, de hecho, debido a la conmoción no recordaba siquiera que se hallaba acompañada. Vio el inconfundible carmín salir en cantidades alarmantes de su extremidad, esta vez, más claramente. Contuvo el llanto unos instantes, clavando su vista en la herida. No tenía conocimientos en medicina, ni siquiera en primeros auxilios pero no se necesitaba tener un diplomado para saber que era grave. No pudo más y se soltó de nuevo a llorar, dejando escapar algunos quejidos. Aflojó el agarre, no toleraba ninguna clase de presión, aun sabiendo cuan importante era realizarse un torniquete. Había visto en algunas series de televisión que en situaciones así, lo ideal era hacerse uno para evitar morir por la hemorragia. Pero nadie nunca decía que dolía como el infierno el siquiera tocarse con un dedo.

—¿Pero qué significa esto? ¿No tienes chakra?—le oyó decir de mala gana llevándose a la espalda algo blancuzco y largo—Ja, qué desperdicio. Samehada esperaba tanto por un tentempié.

Iba a morir, no había dudas. Iba a morir ahí, en ese sitio extraño. Sola y a manos de un psicópata desquiciado y su compañero Sameha…

"¡¿Samehada…?!"

Azul, negro y negro. Todo fue conectándose entre sí.

Si no se trataba de un sueño, ni del efecto que las drogas legales como el café podían producir ni de los terribles desvelos gracias al Internet, sólo llegaba a una lógica conclusión:

—¡Maldita sea, Madara eres un idiota! ¡IDIOTA!

.-.-.-.-.-.-.-.-.

Notas de la autora: originalmente no adelantaría la trama, pero dado a que realmente me parecía fastidioso tener que hacer dos capis antes de esto, que no tendrían nada de bueno, decidí saltar las partes aburridas e ir directo a un final no muy lejano o al menos andar un rato en Konoha… además quiero dedicarme a vagar unos meses más antes de entregarles la próxima actualización.

Notas con respecto al fic: Ahh, es una mamada. Lo sé, todo raro y bien… ¿apresurado? Bueno, sí, ¿y qué? Siento que si no me doy prisa este fic podría morir… uh, oh. Pero descuiden, aun no hay un pairing yaoi que me haga delirar como este. En fin, la verdad es que está muy corto, lo sé. Trataré de que en el próximo se expliquen algunas cosas y sea más extenso.

Gracias por los fics a aquellos que me hicieron uno, ya les dejaré algo… a penas los lea.

Muerooo…

¡Seeh, Deidara reacciona y acepta o verás! LOL

Oh, sí. Aun se aceptan regalos de cumpleaños. ¡Se les quiere!