Ucraniacienta

Hechizo: "Limpiarás y lavarás hasta ser invitada a una fiesta, tu hada madrina te ayudará a ir. Ahí conocerás a tu príncipe antes de perder algo valioso. Quien te devuelva tu tesoro es el indicado. Pero si no te alejas de aquella celebración antes de media noche nunca lograrás encontrar a tu amor."

Ya llevaba tres días encerrada en casa con un viejo y maltratado vestido haciendo el aseo de todo aquel enorme lugar. Se estaba aburriendo de eso y de estar sola todas las tardes, pero no dejaría que nadie la ayudara, no hasta que su tan anhelada invitación traspase la puerta que la separaba del exterior.

-¡Rusia!- exclamó acercándose a su hermano menor.

-Yekaterina, ¿necesitas ayuda?

-No. Sólo quería saber si hay algo más que pueda asear. Ya terminé las habitaciones, el comedor, el salón principal, la cochera, la cocina y los pasillos.

-No hay nada más, ya lo hiciste todo.

Dindon , se dejó oír el timbre del hogar.

-¿Quién será?- se preguntó inocentemente el hombre- Quédate aquí, yo iré a ver.

Cuando el ruso desapareció tras la puerta se acercó sigilosamente para tratar de escuchar la conversación, pero solo pudo oír algunas palabras de su pariente como "¿De verdad?", "¡Que emoción!", "¿Con esto… todos?", "!Les encantará esto!". Rápidamente se alejó de la entrada para dar paso a Ivan.

-¿Quién era?- preguntó entusiasmada.

-El cartero. Trajo una invitación de América, de la fiesta anual de Alfred.

-¡La estuve esperando durante todo el año! Adoro esa fiesta. Arreglaré de inmediato mi disfraz.

-¿Adónde vas, da?- su aura maligna repentinamente se sintió a su alrededor- Tú no asistirás a esa fiesta, Ucrania.

-Pero… Rusia…

-No permitiré que alguna de mis hermanas se relacione con ese país.

-¿Y tú irás?

-¡Por supuesto! Tengo unos asuntos que arreglar con él. Es hora de vengarme por lo que me hizo en la reunión pasada.- y diciendo aquello dio media vuelta para dirigirse a su habitación.

Todo iba de acuerdo al plan: Rusia sería su malvada madrastra y algunos de los bálticos representarían a las hermanastras. Pero no estaba completamente segura de que todo resultara como deseaba, y sino se perdería la mejor fiesta del año, luego todos hablarían de lo bien que la pasaron esa noche y ella lo único que podría responderles sería "Yo estuve encerrada en casa limpiando, viendo la teleserie y lamentándome por no escaparme e ir".

Corriendo, se encaminó por el pasillo hasta llegar a su puerta. Lo que tenía que hacer ahora era pensar en una persona que pudiera ser su hada madrina, pero quién podría serlo.

-Yekaterina, necesito que me acompañes. Tengo que comprar un disfraz, el mejor de toda la fiesta, para que por fin Rusia acepte casarse conmigo- le explicaba su hermana menor con unos ojos que expresaban tanto ilusión como locura.

-Y… ¿ya has pensado en algo?

-Obviamente lo he hecho. Seré el hada más sensual que hayas visto en tu vida.

¡Esa era su oportunidad! Belarús iría de hada, ¡podría ser el hada madrina que tanto buscaba!

-Rusia dijo que no nos dejaría ir- añadió acordándose de la conversación que tuvieron hace pocos minutos.

-Si me informó de eso. Ya le dije que no me quedaría, así que tendré que arrancarme de aquí. ¿Tú no pensabas quedarte, cierto?

-No- mintió, pensaba quedarse a menos que alguien llegara a su rescate.- Si Ivan se entera de lo que planeamos antes de la noche de la fiesta tomará medidas drásticas para evitar que lo hagamos.

-¡Deja de pensar así! No tienes que perder las esperanzas.- su voz y su rostro estaban serios y con un toque de molestia- Si yo me hubiera rendido la primera vez que él me dijo que no quería casarse conmigo no estaría ideando formas para conquistarlo y mi vida sería muy aburrida.

-O estarías con alguien que en verdad te ama y serías más feliz.

-¿Estás diciendo que Rusia no me ama?- sacó su cuchillo para amenazarla.

-¡No! Yo sólo decía que…- su voz fue decayendo lentamente hasta ser inaudible a causa del temor.

-Muévete. Nos iremos a comprar los disfraces.

Se encaminaron hacia el centro comercial buscando una buena tienda en donde adquirir los trajes que deseaban.

Rápidamente entraron a un local bastante renombrado y que poseía los mejores trajes para disfrazarse de toda la ciudad. Los pasillos estaban repletos de ropa, hermosos diseños de alta costura y a un precio muy asequible. Pero a pesar de estar en el paraíso del vestuario, ellas fueron directamente a su destino. Belarús encontró el traje de hada en menos de lo que canta un gallo, mientras que su hermana todavía no lograba decidirse en alguno de los tantos atuendos que había.

-¿Estas lista?

-No, todavía no decido de qué disfrazarme.

-Apresúrate, no tenemos todo el tiempo.- contestó bastante molesta por la poco velocidad que tenía aquella mujer para decidirse- ¿Qué te parece ir de princesa? Si no mal recuerdo, tú tienes la historia de Cenicienta, por lo que te conviene un vestido celeste… ¿Qué dice tu encanto?

- Dice que haré el aseo hasta ir a un a fiesta y perderé algo valioso, quien me lo devuelva…

-Es tu príncipe. Todos terminan en lo mismo, que poca originalidad tienen los hechizos ingleses.

De inmediato rebuscaron por el lugar hasta hallar el indicado, pagar por él y encaminarse a su hogar para guardar lo antes posible sus compras y que ninguno de los que habitaban la casa de Rusia los encontrara. Así los días pasaban rápidamente mientras que el ruso ni sospechaba de lo que tramaban las muchachas.

._._._._._._.

Era la gran noche. Todas las naciones se adentraban al lugar en donde se realizaría la fiesta. Faltaban tres horas para media noche cuando el ruso y las naciones masculinas que viven con él se hicieron presentes en el salón.

Rusia ya se había ido de casa, por lo que era el momento ideal para poner en práctica el plan tan añorado por las muchachas. Ya sin miedo de ser descubiertas se dirigieron con los trajes puestos hacia la cochera.

-¿Le pediste el auto a Estonia?- preguntó la mayor al ver como sacaba las llaves para entrar en el vehículo.

-No.

-¿Qué? ¡Entonces no te subas! Si nos lo llevamos lo estaríamos robando.

-No lo estamos robando- aseveró molesta.

-Sí, sí lo estamos robando. No quiero tener más problemas. ¡No tengo dinero para pagar un auto nuevo si le ocurre algo a este!

-No le ocurrirá nada. Yo sé conducir.

-¡No! No sabes. No tienes carnet de conducir.

-Tener esa estúpida tarjeta no demuestra mis capacidades frente al volante.- prefirió ignorar el último comentario de la menor y dejar que simplemente la llevara a la fiesta. No valía la pena seguir insistiéndole si de todas formas la bielorrusa no se retractaría de su decisión.

Puso en funcionamiento el auto y condujo hasta la velada. No se encontraban muchos automóviles por las calles esa noche, por lo que lograron llegar bastante rápido al lugar.

Entraron por las enormes puertas de la mansión. Todos los presentes de voltearon a ver a las recién llegadas que lucían radiantes sus trajes, para suerte de ellas su hermano no se percató de sus presencias, aunque igualmente trataban de ocultarse cuando lo veían para que no las hallara.
-Aquí nos separamos.

-¿Por qué? ¡No me dejes sola!- la ucraniana se aferró al brazo de su acompañante para que no se aleje.

-¡Suéltame! Tú anda a donde quieras. Yo iré a andas por ahí,- señalizó con un dedo- trataré de quitarle una mascara a alguien para poder bailar con Rusia sin que me descubra.

-Eso es muy riesgoso- le advirtió tímidamente.

-¡No me importa! Así se dará cuenta que soy capaz de hacer lo que sea por él.

Y sin darse cuenta, Belarús ya se encontraba a unos cuantos metros lejos de ella. Al encontrarse sola se dispuso a buscar a alguien que le hiciera compañía. Su búsqueda no duró mucho, ya que al darse media vuelta sin querer se tropezó con algún país disfrazado de pony y cayó en los reconfortantes brazos de un hombre rubio que por poco no lo ve.

-Di-discúlpeme- dijo asustada esperando recibir alguna reprimenda por su descuido.

-No hay de que- respondió una suave y casi inaudible voz.

-¡Canadá! Tiempo sin verte- sonrió al reconocerlo intentando entablar una grata conversación con el muchacho.

-Sí. ¿Qué haces aquí? Rusia había llamado informando que no asistirías.

-Con Natasha nos… escapamos.-expresó avergonzada.

-No es bueno escaparse de casa. Si les hubiera ocurrido algo de camino hacia acá Ivan estaría muy preocupado y…- al ver que la chica estaba al borde del llanto mientras analizaba cada palabra, se arrepintió de seguir con esa plática y decidió cambiar el tema- ¿Te gustaría bailar?

-¿Ah?- Yekaterina estaba sorprendida por aquel cambio tan repentino, aun así no perdería su oportunidad de conocer mejor a algún chico esa noche- Sí, encantada.

Se encaminaron hacia el centro del salón para luego ponerse en posición para bailar el tradicional vals. Lentamente se movían de un lado a otro, dejándose llevar por la música. Las horas pasaban, ya habían bailado variadas danzas como la salsa, el tango, la samba, entre otros. Ambos estaban sorprendidos por las capacidades que tenían en el baile, nunca hubieran pensado que pudieran moverse tan bien en la pista de baile. Pero ya era momento de acabar con todo ese maravilloso sueño. Faltaban tan solo cinco minutos para media noche, y si no se retiraba de inmediato no encontraría el amor nunca.

-M-me tengo que ir.

-¿Por qué? Tan sólo es media noche.

-Por eso mismo. Iré a buscar a Natasha.

-¡Espera!- intentó llamarla lo más fuerte que pudo, pero al ser su voz tan tenue no logro ser oída por la mujer que se retiraba corriendo.

No sabía en dónde buscar primero, había tantos países a esa hora que era difícil localizar a alguien. Ella sólo corría en la dirección que le decían sus pies, más específico: la salida. Y efectivamente allí estaba su hada madrina, esperándola para huir y volver a su hogar.

-¿Dónde te metiste? Estaba por irme.

-Bailaba con Matthew.

-¿Ma… qué? Da igual, quién sea ese tipo. ¡Vamos, muévete! No tenemos todo el tiempo.

Iban saliendo cuando escucharon unos casi inaudibles gritos.

-¡Ucrania!

-¿Canadá?

-S-señorita Ucrania, no se valla t-todavía.-le suplicada exhausto después de perseguirla.

-¡Yekaterina, apresúrate! ¡Quedan segundos!

-Perdóname, no puedo quedarme.

Intentó llamarla una vez más, pero ya no conseguiría que se quedase. La ucraniana se marchaba velozmente dejando sólo los recuerdos en la mente del canadiense y un hermoso collar de perlas.

._._._:_._._._:_.

A la mañana siguiente las féminas de la casa no podían salir ni siquiera al patio, ya que el ruso las había castigado por desobedecerle sus ordenes.

La mayor de las hermanas se encontraba encerrada en su habitación lamentándose por no haber encontrado a su príncipe y, además, haber perdido el valioso collar que con tanto esfuerzo habían comprado Lituania, Letonia y Estonia para ella. De pronto escuchó unos pequeños golpes en la puerta seguidos de la voz de alguien llamándola por su nombre.

-Señorita Ucrania, abra la puerta, por favor- se levantó para hacer lo que la persona al otro lado le pedía.

-Estonia, ¿Qué necesitas?

-Anoche me enteré que estuvo en la fiesta del señor Alfred.- asintió con la cabeza para demostrarle que estaba en lo correcto- Canadá me dijo que cuando se retiró se le cayó esto- sacó de su bolsillo el collar que había extraviado.

-¡Mi collar!- cogió la joya entre sus manos con una sonrisa que demostraba lo alegre que estaba- Creí que no lo recuperaría, ¿Cómo puedo agradecértelo?

-No es necesario que hagas algo. Además Matthew fue el que lo encontró, yo sólo lo estoy entregando.

-Si en otro momento necesitas algo no dudes en pedirme ayuda, haré lo que sea en forma de agradecimiento.

Y dicho esto, el joven se alejó de la habitación mientras que la muchacha se volvía a encerrar en ésta.


Hola!

Ya ha pasado creo que mucho tiempo desde que no actualizaba esto... esta vez fue de floja nomás, me quedaba leyendo cualquier otro fic en vez de continuar los mios xD De todas formas aquí les dejo la continuación, espero que les guste c:

Tengo que disculparme con algunas personas que me preguntaron cosas cómo "¿Con qué personaje se queda al final ella?", esas cosas no las he contestado porque... eso se descubrirá en el final ¡y falta poco para eso! unos cuatro capítulos más y sabrán en qué quedará todo esto :D

Eso. Disculpenme por las faltas de ortografia, la demora y cualquier otra cosa que les puede molestar de mi fic o de mi.

Nos vemos en el próximo capítulo. Chao! :)