Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Tan sólo la historia es mía.

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MI MEJOR ADMIRADOR SECRETO

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El ambiente no había cambiado, ahora era el DJ el que estaba a cargo de la música. Sora caminaba con la cabeza gacha, sin importar empujar a algunas parejas que estaban bailando ya en el centro de la pista.

Yamato Ishida… el chico de sus sueños… su... amigo… ¿Cómo podría sentirse más estúpida? Desde que habían empezado su amistad, cuando fueron prácticamente arrastrados al digimundo, lo había visto como eso precisamente: un amigo. Pero al regresar, y tras derrotar al "último digimon de la oscuridad", no había podido dejar de sentir "eso·" por él… Es decir… la había ayudado cuando sintió hundirse en la oscuridad… cuando –en uno de sus conciertos- la había protegido del peligro al que se veían sometidos… cuando… Debía ser práctica y dejar de pensar en eso.

Eran amigos y eso le bastaba.

Se lo repetía una y otra y otra vez, aún cuando su amiga Mimi la había descubierto sumamente triste, aquella ocasión…

-"¡Sora!, te buscaba… necesito que me acompañes al Centro Comercial"

-"Hola Mimi"-había dicho su amiga, un tanto decaída…-"la verdad es que, no tengo muchas ganas de ir ¿sabes? Discúlpame por favor"- Mimi se sorprendió mucho. Sora jamás había engado su ayuda a NADIE. Siempre estaba disupuesta a acompañar a sus amigos, y en especial a ella. Mimi, con quien desde que la mencionada regresó a Japón, había sido casi inseparable.

¿Qué le estaba sucediendo a su amiga?

-"Sora, lo siento. ¿Te sucede algo malo? Puedes contarme lo que sea. Por algo somos amigas".

-"Siento mucho esto Mimi. No quiero importunarte con mis problemas"

Ahí estaba. Esa era la Sora de siempre. Jamás le había gustado preocupar a otros con sus problemas. Ahora, debería hablar, lo quiera o no. Ante Mimi no podía ocultar lo que le molestaba.

"Anda Sora, dime qué te sucede"- al ver la negación de su amiga, le replicó, seriamente –"¿Sabes? Tú siempre has sido la más fuerte de nuestro grupo. Siempre callando tus temores y dudas. Siempre."- La pelirroja le miró sorprendida- "Pero ahora, es necesario que seas tú la que se desahogue, y ¿qué mejor que con una buena amiga?"

Sora e había mirado agradecida, y le había contado todo, entre lágrimas…

Desde entonces, Mimi pasó a ser su más grande amiga.

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Quería convencerse fervientemente de que la amistad era más valiosa que aquellos sentimientos que la aquejaban. Era más que obvio que no le correspondía, o no se pasaría hablándole de… aquella chica. Así que prefería poyarlo con su enamoramiento, así su corazón se hiciera pedazos en el proceso.

Él ya no era el chico callado de siempre. El chico serio y frío que conoció cuando eran niños. No. Ahora era un chico serio, sí, pero cuando estaba con sus amigos, todo era distinto. Con ellos hablaba mucho, reía, especialmente con Tai, aquel hiperactivo chico moreno que había sido su líder cuando vivieron sus más grandes aventuras… Y lo peor de todo… es que desde que cambió su forma de ser, lo había querido más.

Esa era la peor de las pesadillas, estar perdidamente enamorada de tu amigo, y por temor a no perder lo que tenías con él… no arriesgarte a más.

Los ojos empezaron a escocerle. Pero debía madurar. Ya no era la niñita de años atrás… que lloró en el hombro de su amiga por no poder declarársele a su mejor amigo… o debido al dolor de saber a su amigo enamorado de otra…

-"Sora"- escuchó que alguien la llamaba desde cerca. Volteó despacio –demasiado para gusto de la persona que se dirigía a ella- y se topó de pronto con un par de océanos, un par de hermosos océanos azulados que aún en aquella oscuridad –interrumpida intermitentemente con las luces que emitía el escenario- parecían brillar, pareciendo tener luz propia.

-"¿Si?"- preguntó intentando parecer desinteresada. Seguramente querría hablar de aquella chica que le gustaba. No estaba de humor como para aguantar eso.

Pero cuál fue su sorpresa, cuando en lugar de hablarle tan siquiera unas palabras acerca de "aquella chica", simplemente, le tendió su mano mientras le decía suavemente –a pesar de la música- "Baila conmigo"-

Sora, sorprendida ante lo que sonó más como una suave orden y no una petición, no atinó a hacer más que sonreír tontamente y tomar la mano que se hallaba extendida hacia ella.

Y aquí va: el 4º San Valentín muriendo por dentro, y esta vez, al ritmo de la lenta música que se colaba por sus oídos. ¡Cómo desearía encontrarse en aquella misma situación, pero siendo más que la "mejor amiga" de Matt! Ante los pensamientos que la asaltaron, el color fue subiendo lentamente a su rostro, y más aún cuando sintió la mano de él tocar su barbilla, en un fútil intento porque lo mirara.

-"¿Te sucede algo?"- preguntó el muchacho de ojos azules.

-"N-no"- la palabra parecía tan difícil de decir sin tartamudear, pero debía aparentar ser fuerte, especialmente aquella noche.

-"Sora"- le dijo suavemente mientras la acercaba más a él –"Hay algo que debo decirte"- los latidos del corazón del muchacho eran fácilmente distinguibles en sus oídos, pero éstos fueron muriendo lentamente en su cabeza… cuando su propio corazón, una vez más, se hacía añicos, cuando él continuó, con el mismo tono de voz- "Es sobre la chica que me gusta"- Ahora ya no percibía nada… sólo el sonido de la desesperación, si es que había alguno…

-"Yamato-kun"- levantó la vista para encontrarse nuevamente con aquellos ojos que tanto adoraba. Decidió sonreír todo lo que su mandíbula le permitía –esperaba que no se viese muy falso- y sólo hizo lo que había hecho desde hacía ya un tiempo atrás: apoyarlo. Darle todo su apoyo tal y como él lo había hecho con ella. –"Sabes que eres un gran chico, es seguro que ella te aceptará"- y volvió a recargar su rostro en el pecho de él, mientras la melodía seguía sonando…

El silencio volvió a reinar en el ambiente por unos segundos, pero al parecer, Yamato no pensaba rendirse…

-"Sora"- dijo nuevamente entrecerrando un poco los ojos, mientras la pelirroja tenía el alma en un hilo.

Un suspiro ahogado fue la respuesta que el rubio obtuvo, antes de que se escuchara la ¿asustada? voz de su amiga diciendo –"¿Qué sucede?"

-"Tú…"-

-"¡Sora-chan!"- se escuchó en un gran grito, el cual fue identificado –no sin una gran nota de alivio en su pequeño espíritu- como la "voz de Mimi", por la muchacha dueña del emblema del amor-"Date prisa, hay algo para ti en la mesa"- dijo señalando con uno de sus finos dedos la "mesa del amor" ubicada en pleno centro de la pista; y sin esperar respuesta alguna, Mimi se la llevó, casi a rastras.

Al llegar, su sorpresa no pudo ser mayor: había un enorme pajarito de felpa de color azul –le recordaba tanto a Biyomon- con una etiqueta que decía: "Para la chica más linda de esta fiesta. Atentamente: Secreto "

-"Yamato-kun, ¿estás bien?"- cuestionó una muy extasiada Mimi al rubio –que las había seguido hasta allí-, quien, solo atinó a asentir, mientras formaba algo parecido a un intento de sonrisa, volteándose en seguida, pero sin moverse del lugar.

-"¿De quién será?"-

-"No dice "Secreto" por nada amiga"-le dijo aún con estrellitas en sus ojos, mirando cómo su amiga buscaba el indicio de quién podría haberle enviado tan bonito presente; pro la menor, repentinamente, y con un dejo de astucia en la mirada, se giró hacia Matt, decidida a preguntar –"¿No tienes idea de quién podría haberle enviado esto a Sorita, Matt?"- el aludido solo movió la cabeza en un ademán que decía claramente que NO, y luego se alejó, alegando tener sed e ir por algo de beber…

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Segundo capítulo de este short-fic

Espero les guste...

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"UN FIC CON REVIEWS ES UN FIC FELIZ Y UN FIC FELIZ HACE A SU AUTOR/A FELIZ Y UN AUTOR FELIZ ESCRIBE MÁS Y MEJOR"

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