Liechtenstein y el sapo
Hechizo: "Todas las personas que se acerquen a ti en un radio de 5 metros se transformaran en ranas. Quien al ser besado por ti no arranca asustado y, en cambio, te abraza fuertemente es tu príncipe"
El camino al bosque más cercano de su casa se les hizo rápido pero silencioso a Elizabeth y Lily, ya que la húngara tenía que caminar a más de seis metros de distancia de la menor por miedo a ser convertida en una rana.
-Bien, aquí te dejo. Yo seguiré hasta la casa de Bel.
-Nos vemos. Espero que le vaya bien en la búsqueda de su príncipe, señorita Hungría- se despedía con su típica inocente sonrisa la hermana menor de Suiza.
-A ti igual- movía su mano diciendo adiós después de lanzándole un beso a la menor.
Al ver como su amiga se alejaba y se quedaba sola en lo profundo de ese hermoso bosque decidió ir a sentarse en un tronco que se encontraba a unos cuantos pasos de ella y ahí esperaría a que alguien especial apareciese.
Las horas pasaban lentamente y nadie se acercaba a ella, todos preferían pasear por el sendero envés de caminar por el verde pasto y bajo la exquisita sombra de los árboles. No sabía qué hacer para entretenerse. Quizás pasaría toda la tarde allí o todo el día o peor ¡todos los días! No debía pensar esas cosas, desesperarse por algo así no era la mejor opcion, sólo estaba en un lindo bosque con lindas flores y ¡animalitos! Sí, sería mejor jugar con animalitos para distraerse.
-¡Una ardilla!- dijo emocionada. Lentamente se dirigió hasta la ardilla para acariciarla- Ardilli…
No pudo continuar. Tan sólo al avanzar un poco una pequeña explosión dio lugar al humo rosado que transformó al tierno animalito peludo en una rana, una verde y viscosa rana.
"Animales, personas ¡hasta insectos! Todos se convierten en ranas" pensó al ver aquella mágica escena.
Nuevamente pasaban las horas mientras permanecía en aquel tronco, esta vez rodeado de miles de coronas de flores que había confeccionado la muchacha en todo ese tiempo. Después de terminar la que estaba haciendo dirigió si vista al camino sin darse cuenta que a sus espaldas un hermoso hombre, alto, rubio y de sonrisa radiante- ningún país, era un simple humano- se acercaba sigilosamente para preguntarle cuál era la ciudad más próxima ya que se encontraba perdido.
-¡Ey! ¡Chica!- le gritaba para llamar su atención- Tú sabes cuál es…- al darse cuenta que era a ella a quién hablaban ya era demasiado tarde, frente a ella estaba otra rana.
"Quizás mi príncipe no es un país, sino un humano" repetía en su mente mientras tomaba en sus manos a aquel anfibio para darle un tierno aunque asqueroso beso. Al hacer contacto con el animal la misma nube que cambió a la persona apareció -pero esta vez de color amarillo repleto de brillitos- para luego dejar ver al individuo.
-¿Tú eres mi príncipe?- le preguntó ilusionada.
-¡No! Esto es un sueño, una pesadilla. Me convertí en rana y tú me volviste persona. Estás loca. Eres bruja ¡Bruja!- gritó antes de arrancar como quien ve a la muerte.
No, definitivamente él no era a quien buscaba.
Cayó la noche y ella todavía esperaba en el mismo lugar, sólo había besado a una persona y había sido en vano. El lugar era frío y oscuro, lo que a ella menos le gustaba, y no podía hacer nada más que tratar de mantener la calma y abrigarse con la manta que llevó en caso de que le sucediera eso.
Apenas se asomaban los rayos del sol cuando sintió algo mojado recorriendo su rostro. Abrió sus ojos para poder ver que era lo que la molestaba a tan tempranas horas.
Una rana.
Al parecer alguien se le había acercado mientras dormía y trataba de despertarla dándole lengüetazos, pero… ¿quién podría ser?
No perdió más su tiempo en pensamientos que no la llevarían a las respuestas que buscaba. Rápidamente realizó lo mismo que con la rana anterior. El humo no tardó en hacerse presente para mostrar tras él a uno de sus queridos amigos: Islandia.
-¡Is! ¿Qué haces aquí?
-Yo… me dirigía al aeropuerto cuando te vi y decidí venir a saludarte...- un silencio incómodo se percibía entre ellos- Eh… Será mejor que me… vaya…- avisaba algo nervioso por lo recién ocurrido.
-Está bien- dijo sonrojada mientras veía como él se levantaba del suelo- Y… ¿Eso es todo?
-¿A qué te refieres?
-¿Sólo dirás eso? ¿Ni un a-abrazo para despedirnos?- apreciaba mucho al nórdico como para dejarlo ir tan fácilmente cuando él podría ser su príncipe.
-S-sí, eso es todo. Hong Kong debe estar esperándome. Adiós, nos vemos en… otra ocasión.
-Sí… adiós.
Se fue, estaba tan cerca de encontrar a esa persona especial y en último minuto se fue. Como desearía que su hermano o alguien conocido estuviera allí para acompañarla.
Y como si hubiera pedido el deseo a una estrella, a lo lejos pudo divisar a Suiza corriendo hacia ella gritando su nombre.
-¡Liech!
-¡Hermano! ¡Herma…
-¡Liech~!- del otro lado también alguien la llamaba. Se volteó para ver a su amiga, Bélgica, en las mismas condiciones que Vash, corriendo hacia ella.- ¡Liech!
-¿Bélgica?
No podía ser cierto, si ella y su hermano se acercaba también se transformaría en rana y no quería que eso sucediera- o por lo menos no a su amiga- y luego tendría que besarlos. Trató de ponerse de pie para arrancar de ellos y evitar todo lo que conllevaba tenerlos cerca, pero al estar tanto tiempo sentada sus piernas se habían dormido y no permitían que pudiera siquiera moverlas.
-¡No, Bélgica! ¡No!- pero ya era demasiado tarde, frente a ella se encontraban de un lado cuatro ranas y del otro una más.- Oh, no… ahora todos son ranas- sin más demora tomó a la que creía que era el suizo y la besó.- ¿Hermano?
-¿Q-qué acaba de ocurrir?- preguntó asustado y cayendo sentado delante a ella.
-Después te explico- bajó la cabeza decepcionada al ver su reacción.
Cogió a otra de las ranas del grupo y repitió lo mismo.
-¡Liech~!- gritó alegre su amiga mientras se abalanzaba sobre ella en forma de agradecimiento por salvarla.
-B-Bel… t-tú…
-¿Sí?- preguntó aun en sus brazos. De pronto las otras tres ranas restantes se convirtieron en países nuevamente.
-Tú eres m-mi p-príncipe- respondía nerviosa
-¡¿Qué?
-T-tú hiciste lo que decía mi h-hechizo.
Ninguno de los hombres ahí presentes comprendía la situación, pero las mujeres sabían bien que si el conjuro o el destino no se habían equivocado al colocarlas en esa extraña situación, se había metido en un gran problema.
hola!
sólo quiero decir unas cosas: ya creo que perdí la noción del tiempo en este fic así que no traten de comparar los tiempos de los primeros capítulos con estos (aunque no creo que alguien se de el tiempo de hacerlo)
eso... sólo faltan 2 capítulos
nos vemos :D
