"Bien linda, es hora de que nos vallamos"…
Después de despedirse ambas de Edith, emprendieron viaje hacía la central de tren. Iban en el flamante Horch 835 E, color plata, el auto de su tía.
Al llegar, el chofer bajo las maletas de ambas, y se adentraron a la estación de trenes.
Esperaban ansiosas el tren que les correspondía. Su tía noto como Lea estaba algo pensativa…
"Querida, tu madre va a poder con todo, ella es una mujer luchona" le regalo su sonrisa mas dulce y comprensiva.
Lea correspondió a su gesto.
"Es que, no se, ella es tan fuerte pero a la vez tan frágil, no quiero que tenga mucho trabajo por hacer, los deberes son duros" contesto preocupada.
"Cariño, si ella aceptó que vinieras conmigo, es por que te lo mereces y ella esta conciente de todo el esfuerzo que pones día, a día, para ayudarla".
Trataba de brindarle seguridad en sus palabras.
"Además, no te vas a preocupar mucho por tu madre, aquí entre nos" hizo una pausa viendo hacía los lados y acercándosele para que nadie pudiera oírla.
"Hay unos caballeros muy apuestos en San Francisco" le guiño el ojo cómplicemente, mientras que Lea reía por lo bajo.
"Podrías tener tu primer amor de verano" alzo sus dos cejas.
"mmm.… no lo se, pero bueno, no pierdo nada" fue lo ultimo que dijo.
Ya había llegado su tren. Rápidamente se adentraron en el, abandonando New York para así, ir a San Francisco.
Mientras tanto…
Dianna había arribado a San Francisco. Tomo rápidamente un taxi, le dijo la dirección al taxista y emprendió camino a su casa. Finalmente llego a su destino.
Pago y se bajo. Se quedo viendo fijamente su casa. No había cambiado en nada.
Estaba igual a como la había dejado hace dos años. Respiro hondo y se adentro. Sus padres no estaban, así que podía tener tiempo para instalarse. Subió aquellas escaleras de madera que rechinaban en cada pisada y abrió la puerta de aquel cuarto que ocupo en su adolescencia.
Observo todo a su alrededor, estaba todo tal cual lo había visto la ultima vez
