Ahí va el segundo capítulo del Fic. Disfrutadlo!

Este viernes, 15 de Abril, es el primer día de mis vacaciones de Semana Santa. Queda casi una semana, y no creo que pueda escribir más que uno o dos capítulos hasta que me den mis adoradas vacaciones. Así que os dejaré sedientos de Fics un tiempo, sorry!

Ya me contaréis en los Reviews que os ha parecido.


RECORDATORIO...

"Bella se quedó con la boca abierta, mirando a Jane con fijeza. La mirada de esta estaba tranquila, casi sonreía. Alec le rodeaba la cintura con el brazo, y miraba a Bella algo molesto.

-Entonces... ¿no eres un monstruo?-preguntó Bella, asombrada."

Jane rió suavemente, pero su mirada era de acero:

-Lo soy, pero no como tú piensas.

Bella sacudió la cabeza, confundida por la revelación. No estaba segura de qué hacer. Finalmente, preguntó:
-¿Cómo es que sois Volturis entonces? Por lo que sé, son gente sin escrúpulos, peligrosa, y egocéntrica a más no poder. Y además, este sitio tiene un ambiente muy frío. Debe ser horrendo vivir aquí.

-Chsss.-la acalló Edward.- No debes hablar así de los Volturis en su propio castillo. Estamos en sus dominios.

-No vamos a contárselo.-dijo tranquilamente Alec.- No somos espías.

-Francamente, aquí no hay un ambiente precisamente muy familiar.-dijo Jane con cierta ironía.

-Pero está bien.-comentó Alec de forma desinteresada.

-Sí, está bien.-murmuró Jane, pero no parecía muy contenta.

Alice los miró con sorpresa, como si dudara de que ellos pudieran tener sentimientos. Se acercó y comentó:

-No parecéis muy felices.

-Ya.-dijeron los dos al unísono, con voz monocorde.

Edward le transmitió a Alice a través del pensamiento: "Nos sería muy útil tenerlos de nuestra parte". "Ah, no".-se alarmó ella.- "¿No estarás pensando en intentar convencerlos de que traicionen a los Volturis?". "Tal vez parezca una locura, pero no será difícil. Y no son tan malos como parecen.".-la intentó convencer Edward. "No se puede confiar en ellos, no tienen sentimientos".-insistió Alice. "Jane ama a su hermano, y el amor es un sentimiento".-la recordó Edward.- "Intenta verlo en el futuro".

Mientras, los gemelos se pusieron las capuchas y se prepararon para salir. Parecían percibir la conversación mental, pero no hicieron el menor amago de intentar adivinar lo que decían.

Así que Alice se concentró, y en menos de un minuto, una visión clara y segura la embargó:

"Están en casa, sí, en Forks, en medio del bosque. Sentados en el sofá está toda la familia: Carlise, Esme, Edward, Alice, Jasper, Emmet, Rosalie y Bella. Se acercan dos figuras cubiertas por capas y capuchas negras, se bajan las capuchas, y son Jane y Alec.

-¿Dónde estabais?-pregunta Edward.- Habéis tardado mucho.

-Nos hemos encontrado a Tina por el camino.-responde Alec.

-¿Tina? ¿Quién es Tina?-quiere saber Esme, preocupada.

-Oh, es parte de la guardia de los Volturi. En realidad, una de sus mejores espías.-responde Jane esta vez.

-¿Y qué habéis hecho con ella?-se asusta Bella.

-Bueno...-dice Jane con una leve sonrisa malvada.- Digamos que ya no existe. Los Volturi se han quedado sin espía.

-¿La habéis matado?-se horroriza Bella.

-Algo así.-responde Alec tranquilamente."

La visión desapareció, dejando a Alice sumida en la más absoluta sorpresa. "Al parecer, sí estarán de nuestra parte".-le dijo a Edward.

Edward sonrió y decidió arriesgarse, ya que no tenían mucho tiempo, así que les preguntó a bocajarro a los gemelos:

-¿Os uniríais a nosotros?

Jane y Alec se le quedaron mirando, asombrados:

-¿A qué os referís?-preguntó Jane.

-A estas alturas deberíais saber que vamos a luchar con los Volturis. No pienso convertir a Bella en vampira, así que tendremos que hacerlo.-respondió Edward.- Y como no parece que seáis muy felices aquí, ¿qué más os da uniros a nosotros en nuestra lucha contra ellos?

-¿Y eso a qué viene?-dijo Jane, con cierta agresividad.- Estamos bien aquí.

-Pero por otra parte, podría ser divertido.-sonrió Alec.

Lo cierto era que empezaba a cansarles la continua vigilancia de los Volturis, como si temieran que en cualquier momento se fueran a escapar y a volverse en su contra. Pues al final lo harían. Y además, los Volturis luchaban por poder y sangre; los Cullen, por justicia y supervivencia.

-Nosotros también somos Volturis.-les recordó Jane.

-No tenéis por qué serlo más, ¿recodáis como os llamabais cuando erais humanos?-preguntó Edward.

Durante un momento, los gemelos se quedaron pensando en sus apellidos. Hacía tanto tiempo que no los usaban...

-Selvaggi Dainferno.-respondió finalmente Alec, que siempre había tenido buena memoria.

-Bien, pues podéis ser Alec y Jane Selvaggi Dainferno. Nada más.-sugirió Edward con una esperanzada sonrisa.

Los gemelos no se movieron durante un instante, y por un terrible momento, pareció que se negarían, que irían a contárselo a los Volturi, y que estos se vengarían. Pero, repentinamente, los dos asintieron:
-Está bien.-dijo Jane.- Tenemos que hacerles creer que vamos con vosotros a vigilaros, hasta que estemos lo suficientemente lejos de ellos.

-Vamos a hablar con Gianna.-dijo Alec, cogiéndola de la mano y llevándola hasta la recepción.

Edward, Alice y Bella se quedaron completamente inmóviles. Todo había sucedido demasiado deprisa.

-Han aceptado.-susurró Alice, sorprendida.

-Sí.-Edward no dijo nada más.

-¿Estáis locos?-exclamó Bella.- Que no sean malos del todo no significa que sean buenos. Y ahora van a venir a Forks con nosotros. ¡Beben sangre humana! ¿Lo habíais olvidado?

Pues sí, habían olvidado que ellos no eran vampiros vegetarianos. Edward y Alice se quedaron perplejos por el detalle, insignificante pero muy importante, que se les había pasado.

-No importa, ya hablaremos con ellos.-dijo Alice, poco convencida.

Mientras tanto, Alec y Jane hablaban por el teléfono de Gianna con Aro.

-Aro, es algo muy sencillo.-le explicaba Jane con una voz dulcísima en ese momento.- Vamos con ellos para vigilarles. Si se sienten bajo presión, seguro que actúan antes. Y podemos informaros de todo lo que ocurra.

-...

-Está bien, Aro. Ahora se la pedimos.-dijo Jane.

-...

-Eso no será un problema.-rió Jane.- Estaremos en contacto, Aro.

Jane colgó el teléfono sin más y se dirigió a Gianna.

-Gianna, danos la pulsera de comunicación a distancia.

-Cuál, ¿la automática o la manual?-preguntó ella.

-La manual.-respondió Jane sin dudar. Era mejor que ellos controlaran cómo y cuándo contactaban con Aro.

-¿Con imagen o sin ella?-insistió Gianna.

-Sin ella.-dijo esta vez Alec. Les venía mejor que Aro no pudiera ver lo que estaban haciendo. Así podrían mentir.

Gianna apartó un cuadro de la pared, bajo el que estaba una caja fuerte. Gianna marcó un código y la abrió, cogiendo una pulsera finísima, de oro, con un adorno de un corazón, también de oro, de su interior.

-El corazón es el micrófono.-les explicó Gianna.- Tiene un sensor que hace que Aro os escuche desde aquí, si se vierte una gota de sangre sobre él.

Gianna les tendió la pulsera. Alec la cogió y se la puso con cuidado a su hermana en la muñeca izquierda.

-Gracias Gianna.-dijo Jane, dándole la espalda y echando a andar hacia Edward, Alice y Bella.

Bella se levantó de la silla cuando les vio acercarse.

-¿Y bien?-preguntó, fingiendo tranquilidad.

-Vámonos.-dijo Alec.

Y con paso ligero se alejaron. Edward y Alice les siguieron, pero Bella se quedó atrás. Edward la cogió por la cintura y la incitó a seguir a los gemelos. Alec y Jane, cogidos de la mano, como solían andar, y en perfecta sincronización, les guiaron por Volterra hasta llegar al aeropuerto del que, menos de una hora atrás, habían salido.

Bella se dio cuenta de una cosa: no tenían billetes de vuelta. Todo había sido tan rápido, que no habían tenido tiempo.

-Alice, tienes dinero para los billetes, ¿no?-le preguntó.

Alice pareció alarmarse. Abrió su bolso y empezó a buscar frenéticamente algún fajo de billetes, pero no lo encontró.

-Chicos, tenemos un problema.-dijo.- No tengo dinero. Pero nada, lo que se dice nada.

-Nosotros tampoco.-recordó Alec.

Pero Jane observó al señor mayor que estaba en el mostrador, vendiendo los billetes, y sonrió juguetonamente:

-Eso no es un problema.-dijo.- Vamos, Alice.

Alice, preguntándose qué pensaba hacer Jane, se acercó con ella al mostrador. Jane había cambiado de repente su forma de andar. Antes era ligera y sencilla, y muy firme. Ahora era delicada y sensual, con mucho movimiento de cadera. Alice sonrió divertida, adivinando lo que Jane pretendía, y fue tras ella.

-Buonpomeriggio, galantuomo.-saludó Jane con voz aterciopelada.

-Verá, usted parece un hombre inteligente y culto.-le cameló Alice.

-Y un gentil caballero.-añadió Jane suavemente.- Y resulta que hemos perdido el dinero que traíamos para comprar el billete de avión de vuelta.

-Así que hemos pensado que usted, que parece tan comprensivo y tan buen hombre, podría ayudarnos.-continuó Alice alegremente.

El señor mayor, sin duda confundido por la sensualidad de una, la inocencia de otra, y la belleza y juventud de las dos, asintió:

-¿Qué puedo hacer por vosotras, dame?

-¿Podría regalarnos cinco billetes para Forks?-preguntó Jane.

-Me encantaría ayudaros, de verdad, pero no me está permitido.-dijo el viejo, sacudiendo la cabeza.

-Nos haría un gran favor.-dijo Alice, sonriendo esperanzada como una niña pequeña, con la mirada brillante.

-Por favor...-suplicó Jane, acercándose más, con la voz más aterciopelada que nunca. Irradiaba magnetismo.

-Está... está bien, dame.-se rindió el señor, muy apurado.- Lo pagaré de mi bolsillo. Pero por favor, la próxima vez, tened más cuidado, o me arruinaré.

Jane y Alice le dedicaron la mejor de sus sonrisas, mientras el pobre viejito les tendía los cinco billetes. Le dieron la espalda y volvieron con Edward, Alec y Bella. Edward parecía algo sorprendido porque Alice se hubiera rendido a aquellos métodos poco ortodoxos. Alec, por otra parte, dijo:

-Bien hecho.-y sonreía.

Bella estaba asombrada y algo inquieta a un tiempo:

-No es la mejor forma de conseguir billetes.

-Pero es la más rápida y la más fácil.-dijo tranquilamente Jane.

Le entregaron los billetes a la señorita que estaba junto al avión, que les dejó pasar con una sonrisa apabullada:
-Habéis tenido suerte, estamos a punto de despegar.

Subieron al avión. Bella se sentó junto a Edward y apoyó la cabeza en su pecho. Alice se sentó detrás, canturreando alegremente. Y, en frente, se sentaron juntos los gemelos, con las manos entrelazadas.

El avión despegó. "Esto nos traerá muchos problemas"-pensaba Jane mientras observaba por la ventanilla como se alejaban de Volterra.

Y tenía mucha razón.

NOTAS Italiano- Español

*Buonpomeriggio, galantuomo- Buenas tardes, caballero.

*Dame- Damas, damiselas.