Holaaa!
Aquí os traigo un nuevo capítulo que he conseguido escribir en mis pequeños ratos libres.
A ver si os gusta, ya me diréis.
RECORDATORIO...
"El avión despegó. "Esto nos traerá muchos problemas"-pensaba Jane mientras observaba por la ventanilla como se alejaban de Volterra.
Y tenía mucha razón."
Estaba anocheciendo ya cuando llegaron a Forks. El viaje había sido largo y agotador. El cansancio no había hecho mella en los vampiros, pero Bella estaba absolutamente agotada.
Los gemelos parecían inquietos cuando se bajaron del avión.
Se dirigieron a la casa de los Cullen.
-Charlie me va a matar.-recordó Bella.
-Tal vez deberías irte.-sugirió Edward.
-No, no.-se negó Bella.- Quiero ver esto.
-¿El qué?-preguntó Edward.
-La que se montará cuando les expliques a los demás lo que has hecho.-sonrió ella.- Será muy divertido.
Edward suspiró. Pero Bella no se había equivocado en sus predicciones. En cuanto Carlisle, Esme, Rosalie, Emmett y Jasper vieron a los gemelos entrar tras Edward, Alice y Bella, su primera reacción fue de sorpresa; su segunda, de miedo; y cuando pasaron por todo eso, se pusieron a la defensiva. Carlisle se acercó con precaución:
-Jane, Alec, qué sorpresa.-dijo, mirando a Edward con la duda en sus ojos.
-No muy agradable, al parecer, dado que escondes a Esme tras de ti.-respondió serenamente Alec.
-¿Venís de parte de Aro?-preguntó Carlisle.
-Eso cree él.-rió Jane.
Carlisle miró a Edward alzando las cejas. Alice, en su lugar, dio un paso adelante y dijo alegremente:
-Bueno, Alec y Jane están de nuestra parte.
Fue como si el mundo se hubiera detenido. El aire pareció congelarse, y se volvió irrespirable. Los vampiros se acercaron lentamente a Alec y Jane. Nadie dijo nada, pero la duda estaba en la mirada de todos.
-Jane, Alec.-indicó Carlisle, fingiendo tranquilidad.- Para evitar malentendidos como estos, deberíais... dejar de parecer Volturis. Y aquí, los humanos son bastante impresionables. Mejor vestíos de forma más normal, ¿de acuerdo?
-Aquí nunca sale el sol.-dijo Esme con una leve sonrisa.- Así que no hace falta que llevéis esas capas.
Los gemelos se miraron entre sí. Casi al mismo tiempo, se quitaron los colgantes que los identificaban como Volturis y los guardaron en los entresijos de las capas.
-Dadnos un cuarto de hora.-pidió Alec con voz tranquila.
Todos asintieron. Aquel cuarto de hora les iba de perlas para discutir el asunto. Los gemelos salieron rápidamente, y todos se relajaron.
-¿Estáis locos?-exclamó Rosalie.
-Francamente, no creo que haya sido muy buena idea traer a los Volturis aquí, y menos a ellos.-dijo Jasper, frunciendo el ceño.
-Bueno, puede ser interesante, pero ha sido una sorpresa bastante desagradable.-comentó Emmett, serio por una vez.
-Este ha sido un acto muy temerario.-afirmó Carlisle.- Sencillamente no deberíais haberlo hecho, y menos sin consultárnoslo.
Alice y Edward sacudieron la cabeza ante tales acusaciones que, por otra parte, eran más que ciertas.
-A ver.-intentó explicarlo Edward.- Nos serán muy útiles cuando luchemos contra los Volturis.
-¡Es que ellos son los Volturis!-exclamó Rosalie.
-Son sólo unos niños...-se atrevió a decir Esme con una débil vocecilla.
-No lo son, Esme.-respondió Carlisle.- No te dejes engañar por las apariencias. Su juventud es un arma poderosa.
-Vamos a explicar todo esto desde el principio.-pidió Alice, conciliadora.
Y eso hicieron. Lo contaron todo desde que Alice informó a Bella de que Edward pensaba dejarse ver a la luz del sol para que los Volturis le eliminaran. Discutieron los pros y los contras de tener a los gemelos de su parte, si es que realmente lo estaban. Y el cuarto de hora pasó.
Se dieron cuenta cuando la puerta se abrió con suavidad, y aparecieron dos figuras menudas y gráciles, de rasgos similares.
El chico tenía el cabello rubio oscuro, con un flequillo que le caía sobre los ojos de forma descuidada. Vestía unos vaqueros de color indefinido y una camisa blanca.
La chica tenía el cabello rubio claro que le caía en suaves ondas sobre la espalda, y se alargaba casi hasta su cintura. Vestía un vestido blanco y ligero hasta las rodillas. Su rostro era más delicado, más femenino, que el de su hermano. Su cuerpo era increíble. Se suponía que era una niña, pero tenía curvas, pecho, cintura... en fin, todo, de mujer.
Y los dos tenían los ojos azules. La chica, algo más claros, y el chico, tirando a grisáceos.
Los dos eran endiabladamente hermosos, más que cualquier vampiro. Se movían con unos movimientos suaves y perfectamente calculados, que aún así daban la impresión de ser naturales. Tal vez lo fueran, tal vez no.
Parecían ángeles, verdaderos ángeles recién caídos del cielo. No debían tener más de quince años. Irradiaban puro magnetismo.
Colgadas del brazo llevaban dos capas negras tan largas que casi arrastraban por el suelo, y tan oscuras que se confundían con las sombras de la habitación.
Los dos ángeles se acercaron a ellos, y todos se preguntaron cómo seres tan perfectos les daban el honor a ellos, que no eran más que imperfectos y apagados vampiros, de poderlos ver de cerca. Incluso Carlisle, el experimentado y sereno Carlisle, se había quedado completamente helado, de piedra, y con la boca abierta.
"¿Serán ángeles de la muerte?"-se preguntó Bella.- "No, ¿para qué? Aquí sólo hay vampiros. Aunque tal vez vienen a llevarme a mí... Creo que me iría gustosamente con ellos si así fuera".
Uno de los ángeles, la chica, hizo un mohín de disgusto y chasqueó los dedos frente a los vampiros.
-Hola...-los llamó, con voz molesta.- ¡Despertad!
-¿Estamos lo suficientemente normales?-se burló el chico.
-¿Jane? ¿Alec?-murmuró Carlisle, sacudiendo la cabeza.
-Claro, ¿quiénes si no?-suspiró Jane.
"Es imposible"-pensaron todos a la vez.
-¿No teníais el pelo negro?-preguntó Esme delicadamente. En realidad, ese no era uno de los detalles más importantes que imposibilitaban que ellos fueran los vampiros que estaban en esa habitación hacía un cuarto de hora, pero era un buen comienzo.
-Ceniza.-respondió Jane sin más.
-¿Cómo ceniza?-preguntó Jasper.
-Aro decía que destacábamos demasiado, y nos pedía que nos echáramos ceniza en el pelo para poder confundirnos entre las sombras.-dijo Alec.
-¿Y para qué os habéis puesto lentillas?-quiso saber Carlisle.
-¿Lentillas?-se sorprendió Jane.
-Sí, lentillas.-dijo Carlisle.- Tenéis los ojos azules.
-Eso desde que éramos humanos.-rió Alec.
-¿No cambiaron al convertiros en vampiros?-se asombró Carlisle.
-No.-respondió Jane.- Se vuelven rojos por la sed, pero cuando estamos saciados son azules.
Carlisle sacudió la cabeza.
-Eso es imposible.
Con ese dilema, casi se olvidaron del impresionante cambio de los gemelos. Carlisle se acercó a ellos y le observó de cerca:
-¿Lo saben los Volturis?-preguntó, examinándoles los ojos.
-Claro.-dijo Alec.- Por eso siempre llevábamos las capuchas.
Jane se apartó de Carlisle algo molesta. Y, por pura casualidad, Edward recordó lo que Bella le había comentado. Ellos estaban acostumbrados a beber sangre humana.
-Disculpad.-llamó su atención. Los gemelos desviaron la vista distraídamente hacia él.- Aquí no podéis cazar humanos, lo sabéis, ¿no?-decidió no comentarles lo inmoral que era y sus muchos inconvenientes.- Tenemos un trato con los "chuchos".
Los gemelos hicieron una mueca de asco.
-Vale.-aceptó Alec.
-¿Tenéis algún otro trato más que debamos saber o podemos eliminarlos si nos los encontramos?-dijo Jane con una sádica sonrisa.
-Ojalá.-suspiró Emmett.- Pero nuestra Bella pretende que nos llevemos bien, vivamos en paz y estas estupideces, y nos ha convencido para aliarnos en la lucha contra los Volturis.-de pronto, sonrió y se inclinó hacia ellos.- ¿Son muy poderosos?-preguntó como si deseara un sí por respuesta.
Antes de que ninguno de los dos pudiera responder, Alice observó el reloj de la pared y comentó:
-Creo que Bella debería irse. Cada segundo que pasa aquí es un minuto menos de su esperanza de vida. Al menos si depende de Charlie.
-Aggg... ¿Cómo no me lo habíais dicho antes?-exclamó Bella.- Alice, ¿me acompañas?
-Bueno, la verdad...-susurró Alice con voz ahogada. No hizo falta nada más, porque sus ojos adquirieron un brillo rojizo.
Alice había salido a todo correr a buscar a Bella para que salvara a Edward, y desde luego no había tenido tiempo de "comer". "Charlie me va a matar, Charlie me va a matar, Charlie me va a matar"-se dijo Bella.
A Bella se le fue la mirada hacia Alec y Jane. Si Alice no podía ir a calmar a Charlie, al menos durante el breve tiempo que estuviera allí, bien podían ir otros dos ángeles cualquiera... Su menudez y su aparente inocencia le enternecerían, sin duda.
-¿Y si me acompañáis vosotros?-pidió.- Le caeréis bien a Charlie.
Jane y Alec, pese a que sus rostros seguían igual de inmóviles que siempre, reflejaron su sorpresa en su mirada.
-¿Te has enfrentado a varios de los vampiros más poderosos y pretendes que te sirvamos de escudo ante tu propio padre?-dijo Alec, alzando una ceja con cierta burla.
