Otro capítulo más que he conseguido hacer. Un poco cortito esta vez (¿un poco sólo?), pero es que lo he terminado hoy, son las diez y diez de la noche, mañana tengo cinco exámenes, y he preferido cortarlo ahí... Ya me contaréis.


RECORDATORIO...

"Jane y Alec, pese a que sus rostros seguían igual de inmóviles que siempre, reflejaron su sorpresa en su mirada.

-¿Te has enfrentado a varios de los vampiros más poderosos y pretendes que te sirvamos de escudo ante tu propio padre?-dijo Alec, alzando una ceja con cierta burla."

Bella se sonrojó, según su costumbre. Ella misma reconocía que se había pasado un poco. Y además lo había dicho con tanta brusquedad que...

-Bueno, ¿me acompañáis o no?-dijo, intentando por todos los medios esconder su sonrojo, sin conseguirlo, claro.

-Por supuesto, ¿por qué no?-exclamó Jane, con una leve sonrisa bastante extraña.- Puede ser divertido.

-¿Divertido? ¿Cómo que divertido?-preguntó Bella, asustada.

Pero Jane y Alec ya estaban frente a la puerta, mirándola con una cara que no daba lugar a réplicas. Ella misma se había metido en la boca del lobo, y ahora tendría que pagar por ello. Con un suspiro resignado, salió tras ellos.

-Nos vemos mañana.-la despidió Alice.- Si es que sigues viva para entonces.

-Ja ja.-se burló Bella.- Muy graciosa.-pero ella tampoco estaba segura.

-Hasta esta noche.-le susurró Edward al oído, con una sonrisa.

Bella se estremeció. Salió rápidamente por la puerta y alcanzó a los gemelos. Curiosamente, iban a su misma velocidad, y no parecían molestos por tener que ir tan despacio. Su postura parecía haberse relajado un poco, y sus rostros ya no estaban tan helados, tan hieráticos. Cuando casi había llegado hasta ellos, se tropezó y estuvo a punto de caer, pero alguien la sujetó, y consiguió mantener el equilibrio. Cuál fue su sorpresa al levantar la cabeza y ver que Alec la sujetaba de un brazo y Jane de otro.

-Eres un poco torpe, ¿no?-dijo Jane. Pero sonreía.

-¿A qué viene esto?-preguntó Bella.- Es decir, primero os comportáis como estatuas de hielo, y ahora, de repente, sois todo sonrisitas.

-Nada es lo que parece.-comentó Alec. También sonreía. Por el contrario, la efímera sonrisa de Jane había desaparecido, y había sido sustituida por una ligera mueca molesta.

Aunque bastó con que Alec dirigiera su sonrisa serena a su hermana para que el rostro de ella se relajara. Jane cogió la mano de su hermano, y su andar se volvió más ligero y alegre, como el de una niña pequeña.

-Vamos.-dijo ella con voz suave y extrañamente infantil.

-Tu hermana es siempre así de bipolar.-le preguntó Bella entre susurros a Alec para que Jane no lo oyera.

-Ojalá fuera sólo bipolar.-rió él.

De un salto se plantó tras su hermana y la abrazó desde atrás un instante con fuerza. Luego la soltó y se paró, esperando a Bella, y agarrando de la muñeca a su hermana con suavidad para que se quedara quieta. Para entonces, ya casi habían llegado a casa de Bella, y Jane mostraba una sonrisa muy dulce gracias al arrebato de carió de Alec.

-Gracias.-le susurró Bella al chico. Él sonrió y le guiñó un ojo.

Llegaron a la puerta de la casa de Bella. Repentinamente, Charlie abrió la puerta y salió. "¿Estaría mirando por la ventana desde que me fui?"-se preguntó Bella. Esa idea la hizo sentir mal.

-¡Bella!-gritó él.

-Papá...-murmuró ella, dejándose abrazar.

Cuando se separaron, antes de que Charlie tuviera tiempo de empezar la regañina, su mirada se posó en los gemelos, y eso le distrajo. Su reacción fue incluso mayor que la de los vampiros.

-Bella...-se atrevió a decir finalmente.- No me has presentado a tus amigos.

-Ajá.-respondió Bella.- Esta es Jane y este es su hermano Alec.

-Encantado.-sonrió Charlie sin dejar de mirarles.- Yo soy Charlie, el padre de Bella.-les tendió la mano, y Alec se la dio, pero Jane se acercó y le dio dos besos en las mejillas con increíble candidez.

-Se nota el parecido.-dijo Jane sin dejar de sonreír dulcemente.- Tenéis los mismos preciosos ojos.

Charlie pareció quedarse impresionado. "Increíble, le están cayendo mejor que Alice"-pensó Bella.

-Bueno... sí... gracias, supongo...-balbuceó él.- Supongo que, ya que estáis aquí, Bella os ha hecho partícipes de lo que ha hecho.

-Por supuesto.-respondió Alec.- Hemos estado con ella en todo momento, y podemos asegurar que no ha corrido ningún peligro.

-Sí, estoy seguro, pero el disgusto que me ha dado...

-Pero lo ha hecho por amor.-repuso cándidamente Jane.

Charlie frunció el ceño.

-¿Por amor a quién? ¿Jacob?-probó.

-¡No!-exclamó Bella.- Claro que no. A Edward.

-¿Has vuelto con él?-exclamó Charlie, furioso.

-Papá...-murmuró Bella, esperando una larga pelea.

-Señor Swan.-le llamó Jane, tirando suavemente de la manga de su camisa como una niña buena.- No quisiera meterme en sus asuntos familiares, pero creo que Bella está cansada por el viaje, y sugiero que dejen esto para otro momento.-dijo ella inocentemente.

-Por supuesto, Jane, tienes mucha razón.-afirmó Charlie.- ¡Qué desconsiderado soy! Pero llamadme Charlie, por favor. Por cierto.-añadió con una esperanzada sonrisa.- ¿Y si os quedáis a cenar?

-Hoy no podemos.-respondió Alec tranquilamente.

-Mañana quizás.-dijo Jane alegremente.- Si es que realmente le apetece.

-¡Claro que sí!-exclamó Charlie.- Entonces, mañana vendréis a... comer, ¿qué tal? ¿Qué os parece?

-Más o menos por esa hora teníamos pensado venir a ver a Bella, ¿no es cierto?-dijo Jane. Bella asintió sin más.- Ya veremos.

-Bien, nos vemos mañana, chicos, lo estoy deseando.

Los gemelos le sonrieron de forma encantadora.

-Adiós Charlie, adiós Bella.-dijeron a la vez alegremente.

Y sin más les dieron la espalda y, cogidos de las manos, como siempre, se alejaron. Padre e hija les siguieron con la mirada hasta que desaparecieron por el bosque, en dirección, probablemente, a la casa de los Cullen.

-Me encantan esos nuevos amigos tuyos.-dijo soñadoramente Charlie.- ¿Por qué no me los habías presentado antes?

Bella sonrió. "Al final no va a ser tan malo tenerlos cerca".-pensó. Pero luego se dio cuenta: "Si Charlie supiera que, si come con ellos, puede acabar siendo él la comida".

Pero desechó ese pensamiento de su mente al recordar las inocentes sonrisas de los gemelos y su ternura. Y luego recordó su frialdad, y eso la creó una gran confusión. "¿En qué debo fijarme?"-se preguntó.- "¿Qué son ellos en realidad?".