Eh, aquí os traigo el cap 8. El 8, si se le da la vuelta, representa el infinito... ¿amor? Je je. Bueno, en este cap hay sorpresa. Pensaba dejaros con la intriga, esperar un poco más para enseñaros esto, pero he pensando en cómo me sentiría si me hicieran eso, y me he sentido despreciable, así que aquí lo tenéis. ¡Disfrutadlo!

AVISO: Incesto (NO hay lemmon esta vez, lo siento, tendréis que esperar T-T) (Soy mala, ¿verdad? =_=)


RECORDATORIO...

"Los gemelos se alejaron. Ahora, Bella sí estaba segura de que iban al bosque. No se molestó en seguirles con la mirada. Estaba algo preocupada por si ignoraban su petición de que cazaran animales. Pero estaba casi segura de que Edward la esperaba en su cuarto, así que dejó de preocuparse y subió a su habitación."

En cuanto entraron en la parte profunda del bosque, lejos de la casa de los Cullen, Jane se paró bruscamente y se sentó en el suelo. Alec esperó a que ella dijera algo, pero no lo hizo. Probablemente era porque Jane era recitente a confesar su desazón si su hermano no estaba lo suficientemente cerca como para tranquilizarla.

Por eso, Alec se inclinó levemente para cogerla de la cintura y obligarla a levantarse. Pesaba menos que una pluma.

Jane apoyó las manos en el pecho de su hermano. Luego, la cabeza. Y finalmente, se rindió y se fundió en un abrazo con él. Alec la apretó con fuerza contra su cuerpo. Ella parecía fuerte, ¡pero era tan frágil!

Jane estaba mirando al vacío, a la nada. Sencillamente no parecía estar siquiera en este mundo. A Alec no le habría preocupado, pero vio que la mirada de su hermana parecía triste.

-Jane, cielo.-la llamó. La mirada de la joven se enfocó al fin.- Dime que te pasaba antes, de camino a casa de Bella.

-Nada.-mintió ella.

Jane sabía perfectamente que él no se lo tragaría. Pero siempre lo intentaba a pesar de todo. Y además, le gustaba oírle decir a su amado hermano lo que siempre decía en esos casos, que ahora también dijo:

-No te creo.-Alec cogió la cara de Jane entre sus manos con suavidad.- Recuerda que somos un solo ser repartido en dos cuerpos. Yo te conozco a ti, y tú me conoces a mí, porque al fin de al cabo somos la misma persona.

Jane se estremeció y le miró. "Y por esa misma razón no puedo amarte"-se recordó a sí misma, luchando por no ceder a la tentación de besarle.

-Tan sólo... que al volver a cantar... recordé cuando cantaba en casa, para mamá y para ti.-acabó admitiendo Jane.

Alec mantuvo una mano firmemente en su cintura, pero con la otra acarició el rostro de su hermana, reconociendo en ella unas facciones extremadamente parecidas a las suyas.

-Jane.-suspiró Alec, tristemente.- Siento haberte convencido para cantar. Yo también lo recordé, pero me pareció más hermoso que otra cosa.

-No te disculpes.-ordenó Jane.- Me gusta cantar, y me gusta aún más hacerlo para ti. Así que cállate y abrázame.

Alec sonrió a su pesar. La hizo caso y la abrazó. Jane apoyó la cabeza en su hombro, y Alec se encontró meciéndola. Entonces, le pareció escuchar un sollozo ahogado. Alec la apartó y descubrió que su hermana estaba llorando. Las lágrimas no caían de su rostro, pero eso no tenía importancia.

-¡Jane!-exclamó. Ella había actuado tan bien, fingiendo que era fuerte y que nada la afectaba, que hasta Alec se lo había creído al final.

Ella apartó la vista y se intentó alejar de él por todos los medios, para evitar que la viera llorar y se compadeciera de ella. Jane odiaba la compasión. "Vamos, ríete de mí, idiota. Sé que lo estás deseando".-exclamó para sí. Pero entonces recordó que el muchacho que estaba frente a ella era Alec, su hermano, no cualquier idiota.

-Jane, no llores, cielo.-suplicó Alec, rodeándola de nuevo la cintura con los brazos.- Vamos, tranquila.

-Es quien sabrá si estas bien o estas mal

Si ríes, o sientes dolor

Tu alma gemela en quien confiar

Que vele por tu corazón.

Jane canturreaba suavemente, pero tuvo que parar porque se echó a llorar de nuevo. Se aferró a su hermano como un náufrago a un madero.

-Jane.-repitió Alec. A su hermana le había dado un lapsus de locura, tristeza y dolor, todo mezclado, y él no pensaba permitirlo. Su voz sonó firme y dulce. Jane levantó la cabeza y le miró.- Todo eso pasó, deja de llorar de una vez, ¿vale? Mañana te sentirás mejor. No soporto que llores, es terrible verte así y saber que no puedo hacer nada.

Jane se mordió los labios, y miró a Alec con tristeza.

-En realidad si puedes.-dijo ya con voz normal.

-¿Qué puedo hacer?-quiso saber Alec.

-Prométeme que siempre estarás conmigo.-pidió ella.

-No seas boba, Jane.-rió él. Alec era el único al que Jane permitía que la molestara, se burlara de ella, y la insultara.- Esa promesa te la hice hace muchísimo tiempo, ¿no te acuerdas?

-Era por si acaso la habías olvidado...-susurró Jane, mirándolo fijamente y añadiendo.- O habías cambiado de opinión.

Alec sacudió la cabeza. Había entendido perfectamente el verdadero significado de las palabras de Jane. "No sólo no he dejado de amarte, sino que ahora te amo más de lo que me está permitido"-pensó él.

Pero Alec se abstuvo de hacer ningún comentario de ese tipo. En su lugar, se inclinó sobre su hermana y apoyó delicadamente los labios en su mejilla, cerca de la comisura del labio. Todo su cuerpo, y también su corazón, que a pesar de haber dejado de latir seguía sintiendo, para su desgracia, le chillaron que la besara, pero no lo hizo.

Jane no sólo permitió el beso, a pesar de la cercanía de su boca, sino que rozó suavemente el cuello de Alec con los labios, recorriéndolo con dulzura. Alec se estremeció. "Dios mío, Jane, no sabes lo que me estás haciendo sufrir"-pensaba. Deseaba que parara, y al mismo tiempo, que continuara. Pero Jane paró. Alec se sintió decepcionado hasta que su hermana levantó la cabeza, y con una preciosa sonrisa, rozó los labios con los suyos. Sólo fue eso, un simple roce tierno de amor fraternal. Eso creyó Alec. Jane apoyó la cabeza en su hombro de nuevo.

-Jane.-la llamó él.- Te quiero.-admitió.

Jane se limitó a mirarle, sorprendida por la revelación. Alec, con ella, era tierno, dulce, cariñoso... pero no solía decir esas cosas. "Tranquilízate, estúpida, estúpida Jane"-se dijo.- "No es lo que estás pensando".

-Y yo te quiero a ti, Alec.-respondió ella.

Mientras que, en su pecho, sentía la terrible presión del dolor amenazándola con desbordarla. No podía decirle cuánto le amaba en realidad, y tampoco podía echarse a llorar porque no podría explicárselo. Ni se podía imaginar que Alec estaba pensando y sintiendo lo mismo.

Y una idea se encendió en la mente de Jane. No estaba segura de que fuera a funcionar, pero si lo hacía, al menos calmaría un poco su deseo por Alec.

-Alec.-dijo ella. Él la miró.- Voy a pedirte una cosa, y no sé si te va a gustar.-Alec esperó a que terminara.- Como nunca he besado a nadie...-él abrió mucho los ojos, sorprendido.- Y tú eres de momento lo que más amo.-"Ahora y para siempre"-pensó Jane.- Pensaba que quizás sería buena idea que mi primer beso fuera contigo... si estás dispuesto a enseñarme.

Alec se quedó helado, creyendo haber oído mal. "A ver"-se dijo, intentando ordenar sus ideas.- "Te ha dicho que nunca ha besado a nadie, cosa increíble, y que quiere que su primer beso sea contigo, cosa imposible". Aquello no le sirvió de mucho. Seguía igual de confuso.

-No sé que te puedo enseñar.-se atrevió a decir, cautelosamente. Su mente analítica y realista no le permitía creer que aquello fuera cierto.- Yo tampoco he besado a nadie.-"Te estaba esperando a ti"-se dijo.

-Eso no tiene importancia.-repuso Jane.

-Entonces, por mí vale.-aceptó él.

Jane sonrió con malicia. Su plan estaba dando resultado. Se acercó a Alec, que parecía confuso, y estaba paralizado, y cogiendo sus manos, las colocó alrededor de su cintura. Luego le rodeó el cuello con los brazos suavemente.

-Aquí viene el caballero valiente a despertar a la princesa con un beso.-dijo Jane, burlona.

Y se inclinó sobre él hasta que sus labios se rozaron, como antes. Pero dejó de ser como antes, como había sido siempre, cuando el roce se convirtió en beso. Un beso suave y dulce que intentaba expresar lo que se habían estando guardando desde que eran humanos. Alec, verdaderamente pareció despertar de su letargo. Le devolvió el beso y, antes de poder evitarlo, se encontró intentando romper la barrera de la boca de su hermana para que su lengua pudiera pasar. Y, curiosamente, ella se lo permitió.

No sólo se lo permitió, sino que ella misma le buscó. Hasta que, tanteando sin ver en la boca de su hermana, Alec encontró su lengua. Las dos bailaron algún tipo de baile que nadie les había enseñado, pero que ya sabían muy bien, porque habían nacido para hacerlo.

Recitentes en separarse, disfrutaron del sabor del otro hasta el último instante. Pudieron estar así minutos, tal vez incluso una hora, porque como no tenían necesidad de respirar, no tenían por qué parar.

Finalmente, como todo lo bueno tiene que acabar, se separaron.

-Me parece que tienes un problema.-susurró Jane al oído de Alec.

-Ah, ¿sí?-dijo él.

-Me he hecho adicta a tu sabor.-siseó Jane.

-¿Y a eso lo consideras un problema?-murmuró Alec.

Y, entonces sí, se fueron a cazar, cogidos de la mano, como siempre. Pero dos cosas habían cambiado: que ahora cazarían animales, y no humanos; y que los dos empezaban a dudar de los sentimientos del otro... ¿amor fraternal, o algo más?


Os recuerdo mi pregunta: ¿debe ser Seth el licántropo escogido para hacerle sufrir un porquito? Ideas, porfi.