Un nuevo cap para mis queridos lectores. No os perdáis el siguiente, habrá una nueva sorpresa. Es que me gusta hacerlo todo más emocionante y de paso sorprenderos... *-*
Bueno, ya lo veréis. Empiezo a escribirlo, ¿vale? Mientras, leed este.
RECORDATORIO...
"Y, con una risita divertida, se volvió y se alejó, de la mano de su hermano, y seguida por un embobado y sonriente Seth. Se perdieron entre los árboles, con un futuro incierto, pero todos supieron que saldría bien, seguro. Probablemente. Tal vez. Bueno, quizás no."
Llegaron al aeropuerto. En la ventanilla de los billetes estaba una chica alta y desgarbada. Alec se acercó a Jane y le susurró al oído:
-Jane, ¿la convenzo yo esta vez?
-No, ni hablar.-bufó Jane.- No podemos perder tiempo.
Alec sonrió levemente mientras veía como su hermana se acercaba a la ventanilla. La mirada de Jane brilló peligrosamente al mirar a la humana:
-Tres billetes para Bonn, Alemania. Sin escalas, el más rápido.-pidió ella.
-Eso le costará caro.-advirtió la joven.- ¿Para cuándo?
-No importa. Para ahora mismo.-respondió Jane.
-Hay un vuelo que sale ahora.-comentó la chica.- Pero me temo que es demasiado tarde para comprar billetes.
Jane tomó aire, intentando controlarse, y sacó un fajo de billetes que debía ser el triple o el cuádruple de lo que valían los tres billetes de avión. A la chica se le abrieron unos ojos como platos, sonrió aduladoramente, y le tendió los tres billetes sin dejar de sonreír:
-Corra, está a punto de salir.
Jane volvió tranquilamente con los billetes. Alec la observó y preguntó:
-¿De dónde has sacado el dinero?
-Ah, lo tenía Tina.-recordó ella, sonriente.- Todavía sobra mucho.
Llegaron por los pelos a la puerta de embarque, tras darle los billetes a otra joven que estaba por allí. La azafata les miró, molesta, pero les dejó pasar. Se sentaron tranquilamente, Alec y Jane juntos, y Seth detrás. Durante casi todo el viaje, Seth estuvo cotorreando sin parar, hablando de esto y de lo otro, pero los gemelos no se molestaron por ello, sino que le escucharon. Más o menos en la quinta o la sexta hora de viaje, Seth se quedó frito. Alec y Jane se miraron y sonrieron.
Unas ocho horas y media después, llegaron a Bonn, Alemania. Jane sacudió a Seth para despertarle. El tiempo era algo inestable, con nubes, lluvia y tormenta la mayoría de los días, aunque a veces salía el sol. Por eso, los gemelos se pusieron las capas, pero mantuvieron las capuchas bajadas. Seth, algo adormilado, pero muy alegre, preguntó:
-¿Por qué lleváis esas capas?
-¿Es que no sabes lo que les pasa a los vampiros con la luz del sol?-suspiró Alec, sacudiendo la cabeza.
Seth sonrió tranquilamente. Los gemelos echaron a andar. Recordaban bien por dónde se había metido Aro. Un par de horas después, cuando Seth ya empezaba a gruñir, encontraron el callejón, y empezaron a buscar la puerta. Al fin descubrieron dónde estaba gracias a Seth, que se había apoyado en ella y se estaba quejando de que se le clavaban astillas de la pared. Pero es que las paredes de piedra no tenían astillas, y las puertas de madera, sí.
Alec se adelantó y tocó la puerta, que se abrió cuidadosamente. Unas gafillas redondas se asomaron para ver quién era.
-Jerry.-saludó la voz helada de Jane.
Inmediatamente, la puerta se abrió del todo, y apareció el amigo de Aro. Parecía muy sorprendido, pero sonreía. Les dejó pasar, mirando con desconfianza a Seth.
-¡Hola!-saludó Jerry.- Qué visita tan inesperada.-miró a Seth.- A ver si adivino... me habéis traído al chucho para que arregle un problemilla con la imprimación, ¿no?
-Cierto, Jerry.-afirmó Alec.- Y, si no te importa, con el brebaje rompe-lazos ese, ¿de acuerdo? Necesitamos al chucho vivo.
Jerry asintió y rebuscó en una estantería hasta sacar un botecito con un liquidillo verdoso. Lo observó a trasluz atentamente con aire crítico.
-¿Venís de parte de Aro?-quiso saber el vampiro.
-Más o menos.-respondió Jane, advirtiendo con la mirada que no insistiera.
-Bueno, aquí tengo el rompe-lazos.-dijo Jerry, tendiéndoles la botellita.- Tiene que bebérselo todo, y será mejor que se tape el hocico, porque su olor es casi tan asqueroso como su sabor.
Jane observó la botellita un instante, y luego se la tendió a Seth con una leve sonrisita. Seth la cogió y la olisqueó. Gran error. Era lo más asqueroso que había olido jamás. Contuvo la respiración y se tragó todo el líquido. Le dieron ganas de vomitar, pero se contuvo. Algo mareado, le devolvió la botella a Jerry.
-Asqueroso.-gimió el licántropo.- Pero creo que funciona.
-¡Pues claro que funciona!-exclamó Jerry, ofendido.- Anda y llevaos a este chucho de aquí, hacedme el favor. Dadle recuerdos a Aro.
Alec asintió. Jane cogió a Seth del brazo porque se tambaleaba, y siguió a su hermano fuera de la habitación. De nuevo en el callejón, Seth se dejó caer en el helado suelo.
-¿Estás bien?-se preocupó Jane.
-¿En serio te importa?-musitó Seth.
Jane le echó una mirada a su hermano, que se encogió de hombros. Así que Jane suspiró, se inclinó hasta quedar a la altura del licántropo, y dijo con voz pausada y suave:
-Voy a decirte algo, que si lo cuentas por ahí lo negaré.-Seth la miró.- Nos caes bien, ¿vale? No somos monstruos, al contario de lo que todos piensan. Y ahora responde a mi pregunta.-insistió Jane.- ¿Estás bien?
-Eh... sí, supongo.-Seth sonrió ampliamente y se levantó.- Entre tantas horas de viaje y esa asquerosidad que he tenido que beber, me he mareado un poco.-miró a los gemelos, suplicante.- ¿Y si en vez de volver inmediatamente a Forks vamos a relajarnos un rato?
Jane frunció el ceño ligeramente. Alec miró a Seth y se le escapó una sonrisilla. Se acercó y dijo:
-¿Relajarnos cómo?
Seth se emocionó y, dando saltitos, sugirió muchas cosas. Ir a una discoteca, a tomar un helado, a ver lugares interesantes... Alec sacudió la cabeza. Jane le empujó suavemente para que echara a andar tras ellos.
-Anda, vamos.-rió dulcemente ella, asombrando a Seth.- Nos relajamos un rato y volvemos a Forks, ¿vale?
Estuvieron sentados en una terracita que había cerca del Rhin, observando la relajante escena de las colinas del Siebengebirge. A Seth le agradaba la compañía de los gemelos, y los gemelos parecían estar a gusto con Seth. El joven licántropo llegó a preguntarse por qué todos les temían tanto. Eran inteligentes y bastante agradables. Vale, no sonreían mucho y a veces eran algo crueles y sádicos, pero tampoco era para tanto.
Seth era realmente muy intuitivo. Se había dado cuenta de que los gemelos trataban con deferencia y frialdad a todo el mundo, que Jane impedía que nadie se le acercase o la tocase, y que Alec no era mucho más sociable. Pero también había visto los pequeños gestos tiernos que se dirigían Alec y Jane, por lo que había llegado a la conclusión de que realmente tenían una increíble relación fraternal.
Pensaba que sólo era eso hasta que Jane se alejó para preguntarle algo a un manipulable joven que había cerca, y Seth se dio cuenta de que la forma en la que Alec observaba a su hermana no era normal. No la miraba como a una hermana, sino como a... una mujer. En los ojos de Alec, el licántropo vio deseo y amor reprimidos. Sin pensarlo mucho, le susurró al oído:
-Estás enamorado de Jane, ¿no?
Alec se sobresaltó y se volvió hacia Seth con una mueca:
-¿Qué te hace pensar esa estupidez?-preguntó.
-Sé que es cierto.-replicó tranquilamente el licántropo.- Pero no te preocupes, no me voy a poner a gritar.
-Aunque fuera cierto.-dijo Alec, molesto.- Sigue siendo mi hermana. Así que no te metas.
-Yo no he dicho nada.-sonrió conciliador Seth.- Pero, si me permites sugerirlo, yo diría que debes decirle a Jane lo que sientes.
-Tú has visto muchas películas románticas.-bufó Alec.- Ah, y no siento nada por ella, como ya he dicho antes. Además, ¿es que no me has oído? ¡Es mi hermana!
-¿Por qué te empeñas en recalcar eso?-preguntó Seth.- Se supone que ya estáis condenados al infierno, si es que existe.
-¡Eso no importa!-explotó finalmente Alec.- Lo que ocurre es que si le digo a Jane que la quiero, me odiará, me tendrá asco, se alejará de mí. ¡Traicionaré su confianza!
-Sabes que no es cierto.-dijo serenamente Seth, apartándose algo asustado.- No quieres decírselo porque tienes miedo, eres orgulloso y no puedes expresar tus sentimientos. Harías lo mismo si fuera cualquier otra chica.
Alec apretó los dientes con rabia. Podría haberle gritado a Seth que él no sabía nada, que no se metiera en sus asuntos, pero se dio cuenta de algo:
-Es cierto, tienes razón.-suspiró tristemente.- Siempre fui un cobarde, y lo soy ahora igual, pero pienso seguir siéndolo un poco más.
-Como quieras.-se encogió de hombros Seth.- Pero creo que Jane te quiere.
"Tú no sabes nada, Seth"-pensó con apatía Alec.- "No conoces a Jane". Y lo cierto era que Seth no estaba seguro del todo de que lo que había dicho fuera verdad. Jane volvió en ese mismo momento, sonriendo suavemente como sólo solía sonreír cuando estaba a solas con su hermano.
-Venga, volvamos ya a Forks.-dijo alegremente.
Los dos muchachos asintieron. Seth, Alec y Jane volvieron al aeropuerto, subieron al avión, y ocho horas y diez minutos después, llegaron a Forks. Los gemelos se quitaron las capas de nuevo, seguros de que allí, ni un solo rayo de sol les alcanzaría. Eran las dos de la tarde, pero del día siguiente.
-Eh.-recordó Jane.- ¿Tus padres saben que te has ido?
-Sam les habrá comentado algo.-respondió Seth.
Se dirigieron hacia la casa de los Cullen, en el bosque. No podían ni imaginar lo que estaba ocurriendo allí en ese mismo momento, y el papel que tendrían ellos en todo aquello.
