Después de un tiempo sin actualizar (¡se acabaron mis vacaciones! T-T), os traigo otro cap. Bueno, aquí lo tenéis.


RECORDATORIO...

"Edward cogió a Bella y la besó suavemente en la frente. Jane cogió con delicadeza a Bella de la muñeca y tiró de ella. La manada de licántropos, a la que acababa de volver Seth, y los Cullen, se quedaron un rato observando cómo se marchaba Bella, acompañada de los que se suponía que eran vampiros, pero que en realidad debían ser sus ángeles de la guarda."

Alec y Jane llevaron a Bella a su casa. Bella, inmediatamente, se sentó en el sofá, con pocas ganas de hacer nada. Alec apoyó la mano en su hombro y Jane se inclinó sobre ella:

-Bella, tienes que comer.-le recordó ella.

-No tengo ganas.-respondió Bella con voz quejumbrosa.

Jane sacudió la cabeza y empezó a prepararle a Bella algo para comer. Normalmente no era tan amable, pero la humana no le caía mal del todo, y cocinar le hacía pensar en los tiempos en los que era humana. Alec observó como su hermana le llevaba a Bella un plato de comida. Bella lo miró con desgana y lo cogió, apoyándolo en sus rodillas:

-Come.-ordenó Jane.

Bella hizo caso a Jane, y aquella debió ser una de las mejores decisiones de su vida. Bueno, tal vez sea una exageración, pero el hecho de comer lo que Jane le había preparado le recordó a Bella que aún estaba viva. Se dio cuenta de que estaba hambrienta y terminó rápidamente. Se levantó, dejó el plato en el lavavajillas, y se sentó de nuevo en el sofá. No esperaba que los gemelos la abrazaran y la consolaran, precisamente, pero su sola presencia emanaba tranquilidad y seguridad, y con eso le bastó.

-Estáis todo el día en el bosque.-no era una pregunta. Bella se sintió solidaria y algo culpable por esa afirmación, por lo que añadió.- ¿No preferirías quedaros aquí? A Charlie no le importaría. De todas formas, no tiene por qué veros.

-No te preocupes por nosotros, Bella.-bufó Jane, como si le molestara.- Estamos bien en el bosque, no nos pasará nada.

Bella asintió levemente y se repanchingó en el sofá. Les pidió a los gemelos que le contaran lo que había ocurrido en Bonn, y ellos se lo contaron... en líneas generales. Cuando terminaron, Bella comentó:

-Bueno, ya se lo contaré a Edward. Los licántropos ya deben saberlo todo.

-Ah, ¿sí?-preguntó Alec.- ¿Y eso cómo? Creo que Seth no ha tenido tiempo de contárselo. Se ha ido directo a su casa.

-Ya, pero para llegar antes, se ha transformado en lobo, y ya sabéis que en su forma de lobo, la privacidad desaparece.-se burló Bella.- Toda la manada sabe cada cosa que ocurre con que uno lo sepa.

Alec sintió como algo dentro de él estallaba. Jane había olvidado ese detalle cuando le había dicho a Seth que él le caía bien, y que ellos no eran monstruos. Pero eso no era lo peor. Él mismo lo había olvidado cuando le había confesado a Seth que estaba enamorado de su hermana. "Ahora, toda la manada de chuchos lo sabrá".-se enfureció Alec.- "A Seth se le olvidó comentar ese detalle cuando se lo conté".

Alec sacudió la cabeza para reprimir las ganas de cargarse a toda la manada de licántropos, y se dio cuenta de que Jane y Bella le miraban. Probablemente estaba muy metido en sus pensamientos y las había ignorado:

-Alec, eh, despierta.-rió Jane, chasqueando los dedos frente a él.

-Para ya.-gruñó él.- ¿Qué decíais?

-Nada, que si podríais llevarme a Port Ángeles a comprar unas cuantas cosas que necesito.-pidió Bella.

-No somos tus niñeras.-suspiró Alec.- Tienes tres años más que nosotros.

-Bueno, eso son años humanos.-replicó Bella.- En realidad, tenéis ciento ochenta años, creo que dijo Edward, así que haced la cuenta.

-Algo más, sí.-admitió Jane, sin precisar.- Bueno, te llevaremos. De todas formas, no tenemos nada mejor que hacer.

Bella sonrió. Estaba empezando a aprender cómo tratar a los gemelos, y que en ese caso, un sí vago significaba un sí casi entusiasta. Se levantó, con algo de pereza, y decidió dejarse la chaqueta en casa. Cogió un bolso, que no solía llevar, con dinero y las llaves, y sujetó la puerta para que pasaran los gemelos antes de que se arrepintieran.

Bella abrió la puerta del coche e invitó a los gemelos a pasar. Se acomodaron en la parte de atrás. Mientras Bella arrancaba, Alec suspiró y preguntó, observando cómo dejaban atrás Forks:

-¿Para qué quieres que te llevemos, si eres tú la que conduce? Ya eres mayorcita para cuidarte sola, y si quieres compañía, mejor llama a Edward.

Bella se negó a responder. Lo cierto era que no estaba segura de por qué se empeñaba en llevar a los gemelos consigo a todas partes. Tal vez era por no molestar a Edward, porque no le apetecía llamar a sus "amigos" del instituto, porque no quería sentirse sola, o simplemente, porque le agradaba en extremo la compañía de los gemelos, cosa poco probable.

Llegaron a Port Ángeles un rato después. Bella, seguida de los gemelos, paseó por las calles en busca de la tienda donde Jessica y Ángela habían comprado sus vestidos hacía ya tiempo. Finalmente, la encontró.

-Oh, no.-bufó Jane.- No me digas que vamos a ir de compras. ¡Odio ir de compras!-exclamó.

-¿En serio?-su hermano la miró, burlón.- Creo recordar que me dijiste que adorabas ir de compras.

-No.-negó Jane, con una mueca.- Te dije que adoraba comprar cosas, no ir de compras. Es distinto.

Alec rió ligeramente, pasando el brazo por los hombros de su hermana, para asombro de Bella, que intentó disimular y comentó:

-En realidad, aquí pone que no abren hasta dentro de media hora.-señaló el cartel.- Así que mejor vamos a la librería un rato.

Bella se refería a la librería cercana donde había encontrado el libro de leyendas Quileutes. Le había gustado el ambiente que se respiraba allí, pero le sorprendió que Jane exclamara:

-Ah, bien. Siempre es mejor estar horas buscando un libro que un vestido.

Alec, esta vez sí, soltó una carcajada. Él mismo reconocía que su hermana no tenía nada que ver con las chicas de su edad... humana. Ella era rara. Mucho. Jane torció levemente el gesto, pero aún no se soltó de su hermano. Bella les llevó hasta la librería, intentando no pensar en lo extraño de la situación. Estuvieron un buen rato mirando, y Bella se sentó en una silla, agotada, sin haber encontrado nada:

-Busca el típico libro de "Cómo encontrar al príncipe azul".-se burló Jane.- En todas las librerías lo tienen.

-Yo ya tengo a mi príncipe azul.-gruñó Bella, pensando en Edward.

-Bueno, pues entonces busca "Cómo aceptar el hecho de que el príncipe azul es un personaje ficticio de un cuento infantil, y que lo que tú tienes es un sapo disfrazado".-rió Jane.

Bella la taladró con la mirada. Sabía que Jane era peligrosa e impredecible, y que un gesto equivocado podría provocar su muerte, pero no pudo evitar hacerlo aún así. Finalmente, tras gastar el cuarto de hora que le quedaba en otra búsqueda, encontró un libro perfecto. Salieron de allí y volvieron a la tienda de vestidos.

Bella odiaba probarse vestidos, pero tenía ganas de encontrar uno increíble para futuras citas con Edward. Con un suspiro, empezó a mirar. Jane, observando la desgana con la que Bella examinaba los vestidos, sacudió la cabeza y la apartó:

-Quédate quieta y déjame ver.

Jane, en menos de cinco minutos, y sin que Bella tuviera que probarse nada, encontró el vestido perfecto para ella. Lo sostuvo en alto frente a ella, observándolo con mirada crítica:

-Yo creo que está bien.-fue su veredicto.- Ve a probártelo.

Jane puso el vestido en manos de Bella y la empujó hacia los probadores. Al mirarse en el espejo, ella misma no se reconoció. Jane podía ser sádica, cruel y malvada, pero tenía un gusto increíble con la ropa. Bella llevaba puesto un vestido dorado que se estrechaba en la cintura y luego se volvía más ancho, que le llegaba hasta un poco más debajo de las rodillas, con unas mangas caídas y un escote que enseñaba lo justo. Salió del probador.

Jane la observó atentamente, girando alrededor de Bella para verla bien desde todos los ángulos, de una forma que en cualquier otra situación habría resultado algo inquietante. Finalmente, comentó:

-No encontrarás nada que te quede mejor.-y puntualizó.- Basta con que encuentres unos zapatos que peguen con el vestido.

Jane tenía una increíble forma de elogiar a una persona con tanto cinismo e ironía, que nadie se daba cuenta de lo que estaba haciendo en realidad. Bella se lo agradeció con una sonrisa algo incómoda, y le preguntó a Alec:

-¿Qué te parece?

-No creo que yo sea la persona más indicada para responder a eso.-dijo él con una mueca.- Comprar vestidos con mi hermana y una humana no es uno de mis hobbies.

-Ignórale.-bufó Jane, ocultando una sonrisa.- Llévatelo y vámonos.

Bella la hizo caso y fue a pagar, pero se dio cuenta de que no tenía suficiente. Jane la miró y le tendió unos cuantos billetes sin comprobar siquiera cuánto era. Evidentemente, el dinero le importaba tan poco como a los Cullen. Salieron de la tienda y empezaron a andar hacia el coche. Ya era bastante tarde, y el cielo se empezaba a oscurecer. Bella miró nerviosamente a su alrededor. Aún no había olvidado el incidente del que Edward le había tenido que salvar.

Justo en ese momento, como si Bella les hubiera invocado con sus pensamientos, aparecieron, doblando la esquina, siete chicos jóvenes y fuertes. Bella no sabría decir si eran los mismos de aquella vez, pero estaba más que claro que tenían las mismas intenciones. Andaban con paso seguro, dándose codazos entre ellos y riendo de forma estruendosa.

Bella se había quedado paralizada, mientras un terror que nada tenía que ver con el que había sentido por Victoria, pero igualmente horrible, la invadía. Al notar que se paraba de golpe, Alec y Jane se volvieron a mirar qué era lo que le había asustado tanto. Sus ojos azul-grisáceos se clavaron en los siete jóvenes sin ningún temor.