Hola lectores!

Otro cap más, prácticamente todo es un flasback de Emily. A ver si os gusta.


RECORDATORIO...

"Pero Emily no respondió. Seguía con la vista posada en los gemelos, pero no les miraba a ellos. Su mirada estaba lejana, perdida. Emily estaba siendo invadida por sus recuerdos..."

~ Flashbacks ~

Sentada en el suelo del pueblo de San Gimignano, en la Toscana, Italia, está una niña de siete años, de cabello negro y lacio y piel cobriza. Es Emily Young. Emily ha conseguido, tras mucho insistir, que su madre la lleve a Italia por su cumpleaños. En la reserva de Makah, una amable mujer cuyo difunto marido era italiano se ofreció para enseñarle el idioma cuando ella no tenía más que cuatro años, dado que siempre había querido aprender. Emily está realmente feliz.

Acaban de llegar a San Gimignano. Su madre quiere ir de tiendas para comprar su regalo de cumpleaños, y le dice a Emily que vaya a jugar a cualquier sitio cercano al bed&breakfast donde se alojan.

Emily le hace caso y sale a jugar. Pero un buen rato después, jugando a perseguir a un gatito callejero, se pierde. Intenta volver a donde estaba, pero se da cuenta de que se ha alejado mucho.

Así que la niñita se sienta en el suelo, se abraza las rodillas, apoya la cabeza en ellas, y se echa a llorar.

Entonces siente una pequeña mano en su hombro y levanta la cabeza. Su rostro está surcado por las lágrimas. Pero lo que ve consigue que deje de llorar. Frente a ella hay dos jóvenes menudos de unos quince años, una chica y un chico, que probablemente sean gemelos por lo mucho que se parecen. Emily no ha visto nada más hermoso y perfecto en toda su vida.

El chico tiene el ceño fruncido, y su rostro está helado, pero Emily cree ver en él ternura escondida. Los ojos de la chica están clavados en ella, de una forma algo inquietante, pero tranquilizante igual.

La chica es la primera en hablar. Tiene una voz dulce y susurrante cuando le habla, pero Emily piensa que puede volverla fría si le conviene:

-Dime tu nombre.-pide la chica.

-Emily.-murmura ella, extasiada por la belleza de los gemelos.- Emily Young.

-¿Qué te pasa, Emily?-pregunta el chico, alzando las cejas.

-Tan sólo... bueno, me he perdido.-Emily les mira con los ojos muy abiertos.

El chico hace un mohín de disgusto. La chica parece pensativa. Los dos cruzan una mirada y finalmente se vuelven hacia ella de nuevo. La chica sonríe suavemente:

-Emily, yo soy Jane. Y él es mi hermano Alec.-se sienta en el suelo junto a Emily para mirarla a los ojos y le acaricia la mejilla con el dorso de la mano. La piel de la chica es muy suave, pero está helada. Ella duda un instante y añade.- Ven, te llevaremos a casa.

Jane se levanta grácilmente y le tiende la mano a la niñita. Emily sonríe ampliamente y la coge. Los gemelos emanan seguridad y firmeza. Parecen muy inocentes, pero Emily siente que en realidad no lo son, aunque no le importa porque no cree que sean malos. Jane la ayuda a levantarse.

Emily, aferrada a la mano de Jane, a cuyo lado camina serenamente su hermano Alec, les dice el nombre de la casita donde se aloja con su madre.

Ellos sonríen. Saben dónde está. La llevan allí. Por el camino, Emily tiene tiempo de hacer un millón de preguntas a los gemelos, y de idealizarlos de una forma imposible. Emily se dio cuenta de que adoraba a aquellos dos. Y los gemelos parecían estar a gusto con ella.

Llegan a la casita, y nada más llamar al timbre, se abre la puerta de un golpe y aparece la madre de Emily, preocupadísima. Ella se deshace en agradecimientos a los gemelos, y le indica a Emily que pase, mientras que les cuenta a los gemelos que es que es el cumpleaños de la niña, y les pide perdón por las molestias causadas.

Emily suelta finalmente la mano de Jane y les sonríe a los dos.

-Así que es tu cumpleaños...-dijo Alec, con la mirada brillando ligeramente.

Se vuelve hacia su hermana, y ella, sonriendo levemente, rebusca en una capa negra que lleva colgada del brazo. Al poco, encuentra lo que busca. Saca lentamente un discreto colgante de oro con una pequeña esmeralda. Jane le muestra el colgante a la niñita:

-¿Te gusta?-inquiere suavemente. Emily asiente, con los ojos como platos.- Pues considéralo tu regalo de cumpleaños de nuestra parte.

Y diciendo esto, ante la mirada asombrada de Emily y su madre, Jane se acerca y le pone delicadamente el colgante a Emily en el cuello. Los ojos de la niñita brillan con fuerza. Jane da un paso atrás y su hermano le pasa un brazo por la cintura. Parecen realmente satisfechos.

-Te queda perfecto.-ríe Jane.- Conjunta con tus ojos y tu piel.

Emily da un salto y se lanza a los brazos de los gemelos. Ellos se apartan un poco con una pequeña mueca, pero al fin se rinden y la abrazan levemente. Emily se aparta y se agarra a la mano de su madre:

-¿Vendréis mañana?-pregunta esperanzada.

Los gemelos se miran y asienten ligeramente. Emily les muestra la sonrisa más hermosa que consigue sacar, y entra en la casita.

Alec y Jane vuelven a verla al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente. Van a verla todos los días del mes que Emily está con su madre en San Gimignano. Cada día la llevan a un lugar más extraño y encantador.

Cuando las vacaciones de Emily terminan, el último día, se encuentran en el aeropuerto. La madre de Emily se encuentra dándole los billetes al muchacho que hay por allí para entrar en el avión. Emily hace un puchero.

-¿Volveremos a vernos?-quiere saber, mientras unas lagrimillas se escapan y corren por su rostro.

-Es poco probable.-admite Alec.

Emily les abraza y se aferra a ellos como si temiera que al perderlos todo saldría mal. Emily se aparta y le parece ver que los ojos de los gemelos están tristes. Jane apoya una pequeña mano en su hombro, como la primera vez, y sonríe con dulzura.

-Siempre que tengas esto.-indica suavemente la hermosa joven, señalando al colgante.- Nos recordarás.

-Piensa en nosotros.-pide su hermano, con una pequeña sonrisa.

Emily entra en el avión y les observa desde la ventanilla. Sigue mirando hacia abajo, al punto donde deberían estar, mucho después de haberles perdido de vista.

Acaricia pensativamente la esmeralda del colgante, y decide que nunca, nunca, se lo quitará, y así nunca les olvidará.

~ Fin del Flashbacks ~

Y esa decisión siempre fue respetada por Emily. Incluso cuando ya no era tan niña, ella siguió llevando aquel colgante. Al poco, cogió la costumbre de acariciar el colgante cada vez que necesitaba sentirse fuerte, o tranquilizarse, o pensar. Y realmente nunca olvidó a los gemelos. Nunca.

Y cuando oía a Sam hablar de los vampiros, no se le ocurría pensar que aquellos seres perfectos lo fueran. Sus recuerdos de niña no estaban muy claros. Alguna vez, distraídamente, se planteó esa posibilidad, pero Sam hablaba de ellos como si fueran monstruos, y los seres que ella había conocido eran ángeles.

En aquel mismo momento, alzó la vista del colgante y se encontró a todos los vampiros y licántropos mirándola. Emily clavó la vista en los gemelos, y de pronto, de un salto se lanzó a sus brazos, como si aún fuera esa niña pequeña que se había perdido y que buscaba consuelo en aquello seres hermosos y tranquilizadores.

Alec y Jane suspiraron como si estuvieran hartos de todo eso, pero tampoco se apartaron. Emily se alejó un poco, agarró con fuerza la mano de Jane, como había hecho una vez tiempo atrás, y les miró:

-Estamos encantados de volverte a ver, Emily.-dijo fríamente Alec.

-Has crecido bastante desde la última vez que nos vimos.-comentó Jane, divertida.

Dieciséis años. Habían pasado dieciséis años. Emily les miró de nuevo y las lágrimas comenzaron a correr por su rostro. Apretando con fuerza la mano de Jane, y acariciando el colgante, murmuró con una pequeña sonrisa:

-Vosotros no habéis cambiado nada.