Arriba el capítulo Tres! Espero que lo disfruten!

Capítulo Tres:

Algún Lugar, Estados Unidos.

Jared jamás se ha considerado un tipo fuerte, es alto, un montón, y es musculoso, tal vez demasiado, pero no se considera fuerte. Sólo una vez peleó de verdad y fue para defender a Jensen. Terminó con una mano rota y una escayola, así que tuvo que grabar parte de la segunda temporada enyesado. Muy lindo.

Tampoco se considera particularmente valiente. Le gustan las películas de terror y ha actuado en algunas, pero se queda sentado al borde del sofá con Jensen apretujado entre los brazos, porque Jen, ¿no escuchaste algo en la cocina? Estoy seguro de que escuché algo en la cocina.

No es fuerte, no es valiente.

Jared es guapo. Sí, es guapo. Gracias a eso se consiguió al novio más sexy y más codiciado de todo el planeta, la galaxia, el universo y posiblemente otras realidades alternas, Jen, así de sexy eres. Jared es guapo de forma proporcional a lo que Sam Winchester es fuerte y valiente.

Así que no aguanta la tortura.

Grita de sorpresa y dolor cuando le entierran un cuchillo oxidado en el hombro. Gimotea desesperado y tira de las cuerdas que lo amarran por las muñecas al techo cuando le hieren la pierna, y obvio, se queja como el gritón que es cuando le parten el labio de un golpe. Porque Jared no es fuerte, Jared no es valiente, Jared es guapo.

– ¿Dónde está?

– ¿De qué hablas?

– Sabes de qué hablo.

Y no, Jared no sabe de qué habla, no sabe qué sucede ni dónde está, no sabe lo qué sucedió con Jensen y con Misha y ¿Cómo? ¿Cómo desaparecieron así? Porque lo último que recuerda es a él de rodillas en el piso del set de algún motel y frente a él a Jensen que lucía hermoso y totalmente violable con esos pantalones, y tengo que irme a una entrevista, Jay, no puedo jugar contigo ahora.

Recuerda a Misha revoloteando alrededor con una cámara de video, porque le había rogado que grabara ese momento, que Misha, Mishita precioso, por fis, por fis, por fis. Recuerda los ojos de Jensen bien abiertos y brillantes, porque se lo propuso al estilo Winchester.

¿Serías mi puta de aquí a hasta que algo nos mate?

El anillo deslizándose en su dedo, Jensen irradiando felicidad por cada poro. Va a responder algo muy Dean cuando todo se va a la mierda. Misha grita, algo brilla y no sabe qué es y de repente Jensen ya no está en sus brazos, ya no está en ninguna parte, sólo escucha el sonido que hace el reflector al hacerse añicos justo en el lugar que antes ocupaba Jensen y luego todo se fue a negro.

Y el negro no le gusta.

Cuando abre los ojos todo sigue negro y odia aún más ese color, porque negro significa muchas cosas malas y a él le gusta el verde de los ojos de Jensen y el azul del cobertor cuando Jensen está desnudo sobre la cama, le gusta el rojo de los labios de Jensen luego de besarlo una hora seguida y el rosa de sus mejillas sonrojadas cuando coquetea con él en algún lugar donde hay más personas, incluso le gusta un poco el negro, pero sólo cuando Jensen lo usa en la ropa y por poco rato, sólo hasta que puede desvestirlo y Jared, espera, ¡Jay!

– Déjame ir. Por favor, no sé de qué hablas…

Jared va a derrumbarse. Le sangra el hombro y la pierna, la boca le sabe a óxido y Jensen no está ahí para consolarlo como siempre, porque Jared es un poco torpe y se hace heridas con cualquier cosa, se golpea la cabeza con los marcos de las puertas y se raspa los nudillos cada vez que extiende los brazos, porque es muy alto y sus largos brazos chocan con todo.

Va a suplicar una vez más cuando el dolor desaparece, sólo queda la sangre manchando su ropa. Es una sensación extraña, ya no está herido y siente un calor y una presión agradable en una de sus manos y jura que se siente igual que cuando Jensen lo toca.

– Curioso.

Quien le hace daño, una sombra que se remueve frente a él, no se mide en esa ocasión. Entierra el cuchillo hondo en su estómago y lo saca tras retorcerlo un poco, Jared grita fuerte y largo de dolor, lo callan con un golpe que le parte una ceja y antes de que pueda volver a quejarse le revientan su respingada nariz de un puñetazo. La sangre fluye por su cara y mancha toda su ropa, pero vuelve a sentir lo mismo, la heridas desaparecen como si nunca hubiesen existido y un calor reconfortante le acaricia el rostro.

Se larga a llorar. Porque él no es valiente ni fuerte, y ser guapo no sirve ahora. Está asustado y ese calorcito agradable que siente en el rostro y en las heridas que, desaparecen casi tan pronto como se las hacen, no es suficiente. Necesita a Jensen, necesita que esté a su lado y le diga dulce y amoroso que todo está bien, Jay, tranquilo, estoy aquí, ya pasó. Pero Jensen no está, y Jared no es fuerte, Jared no es valiente y Jared ya no es muy guapo y el negro no le gusta.

Eso de la tortura pasa a rutina. Lo hieren, le preguntas cosas que no puede responder y es curado. Siente pequeños puntos de calor en el rostro como si fuesen besos, siente caricias en sus mejillas y en su frente como si secaran su sudor, siente que las cortadas y los golpes no duelen tanto como deben doler porque algo lo calma, sólo un poco, pero lo suficiente para comenzar a dormirse por la falta de sangre y el dolor.

Sólo queda saber dónde está Jensen, porque es Jensen lo único que tiene en mente.

Nueva Orleans, Luisiana.

Llevan diez minutos en la calle. Dean conduce el impala tras una discusión con Jensen, porque Jensen intentó meterse por la puerta del piloto y ¿Qué crees que haces? Y Jensen con sus ojitos verdes y esa camisa que le queda un poco grande, se excusa diciendo que conducir lo relaja, que se me pegó de ti el amor por el impala, Dean, y Dean lo echa a empujones al asiento del copiloto, porque su nena es sólo suya y Jensen puede ser él en otra dimensión, pero a su nena no la comparte, ni siquiera con él mismo.

Además… te gustan los hombres ¿cómo vas a darle a mi nena lo que necesita?

– Dean, ¿estás seguro que aquí encontraremos…? – Jensen duda, tiene un trozo de papel en la mano con garabatos. Dean se estaciona frente a una tienda oscura y con pequeñas vitrinas llenas de plantas secas y velas que dan miedo. – ¿¡Huesos de bebé!

– ¿Huesos de…? ¡¿Qué estás leyendo?

Dean le arrebata a Jensen la lista de ingredientes de las manos y ok, su caligrafía no es buena, pero no es para terminar leyendo tal barbarie.

– Dice: huevos de tosloc. Es el nombre vudú para los huevos de cocodrilo.

– ¿Huevos de cocodrilo? ¿Y por qué no escribes eso, mejor? ¡Casi me infarto con lo de los huesos de bebé!

– Porque si le pides huevos de cocodrilo a una de estas brujas te van a vender huevos de gallina remojados en vinagre para engañarte. Tienes que decirles los nombres vudú o no te toman en serio. Ahora, entra ahí y lee bien, porque tú conseguirás lo de de lista, mientras, yo voy a la iglesia de allá a robar los huesos de un cura.

Dean sale del auto y Jensen lo sigue. Lleva los bolsillos llenos de billetes que seguramente Dean robó de alguna tarjeta de crédito, porque las suyas no sirven ahí, y la Taurus le roza el sacro cuando camina, la camisa de Sam se le desliza por el hombro, pero huele a Sam y a Jared, así que no importa tanto. Y la verdad es que comienza a dudar de su teoría del coma, porque si, tiene una imaginación poderosa, pero vamos, ¿por qué me imaginaría tan incómodo?

– Espera, espera ¿me vas a dejar solo?

– Estás grandecito, Jensen, puedes cuidarte. Y tienes un arma.

Dean le da la espalda y comienza a caminar hacia la iglesia. Jensen lo sigue, porque no quiere hacer eso solo. El vudú da miedo, las tiendas de vudú dan aún más miedo y las tiendas de vudú con brujas vudú dentro son el epicentro de sus pesadillas.

¿Y si me hacen un mal de ojo, Dean? Preguntó Jensen, cuando aún estaban en el impala. No seas burro, Jensen, si la bruja te hace algo es simple, le revientas la cabeza a balazos y corres. Sí, muy simple, claro, muy simple, muy Dean y muy ilegal también.

– Pero… Dean, no me puedes dejar solo.

– Escucha, Florecita: Sí no entras ahí como todo un hombre y consigues los ingredientes no despertarás nunca de tu coma y no tendrás tú "felices por siempre" con Jared.

Jensen bufa descontento, porque odia admitir que Dean tiene razón, y desea despertar de su coma con todo el corazón, pero parece ser que debe recuperar a Jared para hacerlo y si, Jared, esto lo hago por ti, Jared.

Camina de vuelta a la tienda, comprueba el dinero en su bolsillo y la pistola en su pantalón, se dobla las mangas de la camisa y respira hondo antes de entrar.

Dean mode on.

Dentro, la bruja tras el mostrador no parece bruja, la verdad es que incluso es algo linda, pero Jensen ha aprendido algo importante con Supernatural, no todo lo lindo es bueno y definitivamente que la bruja parezca agradable es una mala señal.

La mujer no debe tener más de 30 años, su piel es morena y posee un brillo dorado muy suave. Usa un vestido ligero, amplio y blanco, ajustado a su cintura por un corsé oscuro. Tiene el pelo negro y hasta la cintura, trenzado con cuentas de colores y enredaderas y Jensen incluso cree identificar un hueso y oh, mierda ¡Dios, sálvame! Ruega que no sea de bebé.

– ¿Qué necesitas… viajero?

Reprime el escalofrío que atraviesa su espalda y traga con dificultad, porque ella alza su ceja perfecta y sus ojos grises y raros lo escudriñan de arriba abajo y vamos Jensen, eres Dean ahora.

– Oxigeno, porque me has dejado sin aire, preciosa.

La bruja no se inmuta. Jensen maldice, porque ha olvidado por completo lo difícil que es coquetear con una mujer, porque con Jared es fácil, lo mira a los ojos bajando sólo un poco el ángulo de su cabeza, sonríe levantando las comisuras y el toque, se muerde sólo un pedacito de labio y en cosa de un segundo ya tiene a Jared encima comiéndole la boca.

Fácil, muy fácil.

Pero Jensen no sabe como coquetear con una mujer, recuerda haberlo hecho en el instituto, sólo porque se supone que los chicos hacen eso y recuerda intentarlo un par de veces más al crecer, pero nunca fue natural. Lo que si fue natural fue coquetear con Jared, desde el primer día de grabación. Era saludarlo y dedicarle una sonrisita, era aceptar uno de los dulces que le ofrecía y morderse el labio y Jared, oh Jared, mi Jared, le contestaba con esa mueca de felicidad eterna, con sus hoyuelos en las mejillas y los ojos de media luna.

– No eres de por aquí ¿cierto?

– No, pero habría venido antes de saber que existías.

La bruja sólo lo mira, ladea la cabeza igual que una serpiente, para un lado, para el otro, cambia el ángulo de su cabeza con rapidez y se le acerca a Jensen, se acerca un poco y retrocede, se acerca y lo olfatea, se aleja y lo mira y si Jensen no estuviese en modo Dean estaría sudando más de lo que está sudando y habría salido corriendo de ahí.

– ¿De dónde vienes?

– ¿De dónde crees que vengo?

Vamos, que alguna frase debe servir para ablandarla ¿qué le diría a Jared? Jay… ¿te quieres ganar unos ositos de gomita? Y claro, Jared es Jared y caería con eso, pero Jensen no cree que ofrecerle ositos de gomita a la bruja sea buena idea.

– No de eres de aquí, eso es seguro.

Ella sigue analizándolo y Jensen carraspea, coquetear no funciona y la bruja no parece muy dispuesta a ayudar, así que levanta la lista que tiene en la mano y lee el primer ingrediente.

– Necesito huevos de tosloc.

Ella frunce el ceño, al parecer no se espera que él sepa algo de vudú. La bruja asiente y va a la trastienda, volviendo un par de segundos luego con un frasco lleno de huevos y un líquido amarillento.

– ¿Cuántos?

– Tres.

– ¿Qué más?

– Zanahorias silvestres alvinas… flores de un manzano muerto…

Esta vez ella sonríe, se le acerca otra vez, pasando la barrera del mostrador, y lo olfatea, lo olfatea muy de cerca, tan de cerca que Jensen tiene miedo de moverse, porque Jensen, es una bruja, cuidado, que puede escupirte en la cara y terminarás castrado. La bruja olfatea su cuello y su ropa, toma sus manos y olfatea sus dedos y el anillo que Jared le dio, olfatea y hace un ruidito con la nariz: snif, snif.

– Pólvora, sangre y… hombre, hueles a otro hombre.

– Amh… sí. Soy un cazador y… es ropa prestada.

– Sabes que me refiero a otra cosa. – Ella volvió a tomar la mano de Jensen, dejándola a la altura de su rostro. – Cuéntame sobre él, sobre el que te dio esto.

– ¿Por qué quieres saber eso?

– Cuéntame, viajero, yo juzgaré tu sinceridad.

Y Jensen es sincero, porque no quiere quedar calvo o sin testículos, le cuenta sobre Jared y sobre su casi destruida teoría de estar en coma, pero si no despierta no se podrá casar y la bruja sonríe y asiente y es fácil, hablar de Jared es fácil, mucho y millones de veces más fácil que coquetear con brujas en Nueva Orleans estando en coma.

– Ya era hora, Dean.

Dean llega cerca de una hora y media después de que se separan, luce cansado y tiene tierra en la cara y en las manos, carga una bolsa de tela sucia y su expresión no es nada amable cuando entra a la tienda de vudú y Jensen está sentado junto a la bruja bebiendo té de flores de naranja.

– ¿Qué se supone que haces, Jensen? Te pedí que consiguieras los ingredientes, no que jugaras a la casita.

Dean es todo mal humor cuando levanta a Jensen de un brazo y le habla bajo, para que la bruja no lo escuche, pero ella parece muy interesada en lo que hablan, pese a que bebe de su té y observa el vacio.

– Pero si ya los tengo, Miah me los regaló.

Y sí, por fin su imaginación estaba de su lado. Sobre el mostrador están ordenados y listos para ser llevados todos los muchos ingredientes de la lista, desde los huevos de cocodrilo hasta las velas de grasa de cachalote y cera de abeja, todo, incluso lo que se supone que tendrían que robar de otro cazador o conseguir matando criaturas sobrenaturales, porque la sangre de un cordero ciego obtenida con la daga hecha con las garras de un Wendigo era cosa seria.

– ¿Mi… ¡Quién! ¿La bruja te regaló los ingredientes?

– No es bruja, Dean, es wicca y se llama Miah.

Claro, una bruja hippie, bien, correcto. Jensen, además de ser marica, es estúpido, genial.

– ¿Te la follaste?

La cara de Jensen se desfigura por completo. ¿Él? ¿El, Jensen Ackles, homosexual declarado, comprometido y, si sale del coma, próximamente casado con el hombre de sus sueños, él… follándose una bruja en Nueva Orleans? ¡¿Qué? ¡No, Dean! Y agrega con la cara que pone Dean cuando Sam lo obliga a comer ensalada ¡Asco! Y sí, Jensen es marica y a Dean ya ni le molesta, es casi lindo.

– ¿Entonces?

– Le dije la verdad y ella amablemente me regaló los ingredientes a cambio de mi sinceridad. Dijo que no era nadie para poner trabas cuando existe amor verdadero.

Marica. Ultra, mega, recontrasúper MARICA. Dean suspira y suelta a Jensen, porque todo ese rato ha estado sosteniéndolo por el brazo, y se dedica a mirar a la bruja. Wicca, Dean, es una wicca y a la mierda lo que diga Jensen sobre las buenas intenciones, es una bruja y las brujas son malas.

– ¿Cuál es el trato aquí? ¿Qué quieres a cambio de los ingredientes?

Dean esta vez le habla a la bruja, que ahora lo mira con esos ojos grises y demasiado claros para ser normales, su cabeza serpentea y cambia de ángulo con movimientos bruscos, lo mira y olfatea el aire, sonríe y vuelve a beber té. Brujas, son rarísimas.

– Ya obtuve lo que quería, una mañana agradable bebiendo té en compañía de alguien sincero. Ahora vete, apestarás toda mi tienda con tu olor a cosas muertas y… ¿ángel? Sí… – Snif, snif, el sonido de su nariz al olfatear a Dean, snif, snif y olfatea su cuello, snif, snif otra vez y olfatea su ropa. – Mmm… hueles al hombre de Jen, pero distinto… – Snif, snif y se detiene en su hombro izquierdo, sobre la cicatriz de su brazo cubierta por su camisa. – También hay fe, rebelión y… – Un último snif de su nariz y una sonrisa satisfecha. – Jueves. Castiel si no me equivoco. Tienes un buen ángel a tu favor.

– ¿Cómo lo sabes?

– ¿Saber qué?

– Todo, ¿cómo sabes todo eso con sólo olerme?

La bruja no dice nada, sólo sonríe de medio lado y va a la trastienda. Regresa luego con una gruesa y larga vela rosada con cosas metidas dentro de la cera y se acerca a Jensen, ofreciéndola.

– Es para proteger al ser amado. Enciéndela y pide por su bienestar.

Salen de la tienda un minuto luego, cuando Dean arrastra a Jensen porque este no se suelta de la bruja y la abraza y llena de besos en las mejillas, porque gracias, gracias, Miah, eres la mejor, gracias. Dean se mete al impala, Jensen se sienta a su lado, en el asiento del copiloto, lleva la bolsa con todos los ingredientes y espera a que Dean arranque, pero Dean se queda pegado mirando el volante y Jensen comienza a preocuparse.

– ¿Dean?

– ¿Cómo huelo?

– ¿Qué?

– ¡Que cómo huelo, mierda!

– ¡Normal! Hueles a colonia y loción de afeitar, Dean. Normal.

– Ella dijo que huelo a cosas muertas, a "tu hombre" y a Castiel y no sé tú, pero eso es malo y es gay.

– Miah dijo que puede oler las cosas que han tocado tu alma. A mí me encontró olor a Jared, supongo que tú hueles a Sammy y al infierno, y… bueno, Castiel literalmente ha tocado tu alma.

Dean gruñe alguna maldición por lo bajo, enciende el impala y conduce en dirección a la posada. Brujas… malditas y raras brujas. Jensen no dice nada en lo que queda de camino, sólo observa la vela que le regaló la bruja y piensa en Jared, en su coma que quizás, sólo quizás, no sea un coma y en los Winchester, en lo dócil que puede ser Sam cuando se lo sorprende con muestras de cariño y en lo rápido que Dean se adaptó a su condición sexual. Suspira, porque a mí se me tienen que ocurrir estas cosas, abraza la vela y se echa en el asiento.

Al llegar a la posada el panorama no es muy distinto a como era cuando se fueron, sólo que Sam ya no se debate entre caer o no dormido, porque está desmayado… y medio desnudo. Su camiseta ensangrentada y rota está tirada en el suelo, a los pies de la cama, junto con sus botas y una toalla que seguramente Misha usó para limpiar la sangre de su pecho y rostro. Castiel está de pie en el mismo lugar en dónde lo dejaron y observa atento a Sam, sin tocarlo, porque Sam ya no está siendo herido y por ende no necesita ser curado.

– ¿Cómo sigue? – Pregunta Dean, sacando al ángel de su posible discusión mental con el salido de Misha.

– Tranquilo. Las heridas dejaron de aparecer cuando se desmayó.

Dean quedó satisfecho con esa frase, así que se fue directo a la mesita en la que habían desayunado y comenzó a ordenar los ingredientes sobre ella, casi llenándola, mientras Jensen caminó hacia Sam, con la vela que le regaló la bruja bien sujeta entre las manos. Castiel sólo atina a ladear un poco la cabeza y fruncir el ceño, curioso, camina los pasos que lo separan de Jensen y mira significativamente la vela.

– ¿Dónde conseguiste esto? – Le pregunta a Jensen, pidiéndole ver la vela con un leve gesto de su mano.

– Me la dio Miah, la dueña de la tienda vudú.

Jensen le entrega la vela al ángel, quien la analiza con el ceño levemente fruncido. Dean por su lado ríe, todo maldad y burla. Castiel desvía su atención a él y vuelve a hacer ese gesto suyo de ladear la cabeza y entrecerrar los ojos antes de preguntar:

– ¿Sucede algo, Dean?

– La bruja le regaló todos los ingredientes porque se la folló duro y no lo quiere admitir.

– ¡No tuve sexo con ella, Dean! – Dean estalla en risas, esta vez sin contenerse. Porque Jensen lo pone de buen humor, porque además de ser marica es divertido, porque cuida de Sam como lo hacía él siendo pequeño y conquista chicas hablando sobre su novio. Así que ríe, porque estar con Jensen es refrescante, es verse a sí mismo y ver a otra persona a la vez, ríe, porque es una puta locura y carajo, si incluso es lindo cuando se enoja y no, Dean, no, que no te pegue lo marica a ti también. – ¡Deja de reírte! Sabes que no es verdad.

– Sí, sí, lo que digas, Florecita folladora. – Jensen hace un puchero y Dean vuelve a reír, porque es su propia cara y se ve ridículo, pero principalmente porque se siente algo más tranquilo. Tienen todos los ingredientes que se supone tardarían días en recolectar, Sam está relativamente bien, desmayado, pero sin heridas, y Jensen es todo un caso por sí solo.

– Enciéndela.

Castiel es el que habla, interrumpiendo la amena discusión. Tiene el ceño fruncido y le ofrece la vela de vuelta a Jensen, quien la toma, alzando elegantemente una de esas ceja que tiene.

– ¿Cas?

– Enciéndela y pide por Jared.

– Es… está bien. – Aún confuso, Jensen enciende la vela con el encendedor que Dean le ofrece.

– ¿Por qué tanto alboroto por la vela, Cas? – Pregunta Dean al ángel, quien sólo le da una mirada y se encamina a la mesa. – Oye ¿Esa mierda vudú funciona?

– No es vudú.

– ¿Entonces? – Espera alguna explicación por parte del ángel. Explicación que obvio, puto ángel, nunca llega.

Jensen, ignorando a propósito a Dean y a Castiel, deja la vela sobre el buró de la cama en la que está Sam y se sienta junto él, apartando cuidadosamente el cabello que tiene pegado en la frente. Suspira fuerte, porque en Sam ve a Jared y si Sam Winchester está desmayado y tirado como un saco sobre la cama, entonces…

No, no… Jared, mi Jared.

Reprime las ganas de llorar, principalmente porque siente la calma y el control que emana Dean, quien respira hondo para aplacar la pesadez que la angustia de Jensen le transmite, y tomando la mano de un Sam muy desmayado se dedica a pedir por Jared y Sam, incluso por Dean. Total, no pierdo nada haciéndolo.

Por su lado Dean se aburre de esperar respuestas por parte de Castiel, ya que nunca es claro y siempre termina ocultándole información útil. La verdad es que incluso se enoja un poco con él, porque recuerda lo que le dijo la bruja y se siente menos hombre y Dean Winchester no va a perder hombría por culpa de un angelito con complejo de Columbo.

Camina decidido hacia Castiel, quien comienza a mezclar los raros ingredientes en una olla que encuentra en la cocinita, y se planta decidido junto a él, porque no te vas a escapar de esta, Cas, y decide jugarle sucio, como lo hizo el ángel hacía menos de una semana con toda esa mierda del mundo bizarro. Cas no se detiene, sigue poniendo más y más cosas dentro de la olla y la mezcla comienza a adquirir un color oscuro y tiene un olor del demonio, casi tan magro como el olor del mismo infierno.

– Misha, tenemos que hablar.

La cara de Castiel no cambia cuando lo llama por el nombre del actor, sólo deja de mezclar y se mantiene impávido, observa a Dean directo a los ojos, con esa eterna cara de póker que tiene y se acerca un poco más, un paso, otro paso… se queda de pie tan cerca de Dean que respira el mismo aire que él. Dean se remueve incómodo, pero no desiste de su idea de obtener respuestas por medio de la extorsión, así que se mantiene en el mismo lugar. Porque es un Winchestery ningún maldito ángel con problemas para medir el espacio vital intimida a un Winchester.

Castiel se le acerca un poco más, si ya casi lo tiene sobre la cara rozándole la nariz y ¡mierda, se le ven los putos poros! Y Dean va a dar un pasos atrás cuando el ángel le echa los brazos por el cuello y lo besa en la mejilla, rápido y sonoro, haciendo un fuerte "muac" y un chasquido con los labios al separarse.

Dean está tan fuera de onda que se queda sin hacer nada por un par de segundos, hasta que él ángel se pone a reír y lo abraza con más fuerza, casi consolándolo, dándole suaves palmaditas en la espalda y ríe, haciendo un intento por disculparse.

¡Te veías tan lindo, Deannie!

Y claro, ¿cómo tan estúpido, Dean? Obviamente es Misha el que lo ha besado en la mejilla y eso a Dean lo tranquiliza un poco, pero se quita a Misha de encima de igual forma, enfurruñado y alejándose un par de pasos. La idea de que Castiel lo bese de esa forma en la cara da miedo, que lo haga Misha no tanto, pero es igual de raro porque es la misma boca la que lo hace y jodido Misha con su humor de mierda, no le agrada.

– Muy gracioso. Sí no paras de reír te partiré las putas piernas y sabes que puedo hacerlo.

Ay, Deannie, sabes que yo tengo los poderes de Cas de mi parte. – Cierto. Dean acepta que Misha no es tan tonto como lo creyó al principio. – ¿De qué quieres hablar?

– Quiero respuestas. Jensen me dijo que tú haces el papel de Cas en su dimensión y ahora compartes su cabeza, debes saber algo útil.

No estoy muy seguro de que debas saber algunas cosas, Deannie. No ahora. Pero te puedo decir algo sobre la vela. Según Cas es un conjuro muy poderoso y no sé qué de un serafín, pero…

– ¡CHICOS!

El que grita es Jensen, que está sentado en el suelo y mira hacia la cama, a Sam y al gran cúmulo de humo flanco que flota sobre su cuerpo. Dean intenta a correr hacia Jensen, pero lo detiene Misha, o eso cree, porque la cara de Misha es seria y que se joda el puto ángel con su cara de piedra, ahora es Castiel.

– No es peligroso. – Dice Castiel, con su vocecita plana y su mirada atenta a la nube de humo, que oscila y se tuerce, cambiando de forma y acercándose aún más a Sam.

– ¡¿Qué mierda es eso, Cas?

Pero Castiel, siempre con sus misterios el muy idiota, no responde la pregunta que Dean le hace, sino que, para sorpresa de Dean y Jensen, se arrodilla, con reverencia e infinito respeto, con su mirada fija en el cúmulo de humo que adquiere forma humanoide, flotando sobre Sam y alargando uno de sus brazos para acariciar su rostro. Dos porciones del humo se desprenden de lo que vendría a ser su mano, la primera escapa por la ventana entreabierta, mientras la segunda termina entrando por la nariz de Sam, quien se remueve y respira profundo, agitándose en la cama para terminar quieto, con una expresión de calma.

– ¿Qué sucede?

Pregunta Jensen, al borde del colapso. No puede despegar la mirada de ese… lo que sea vaporoso, flotando sobre Sam y jura que se va a morir si no es por Dean que se le acerca por la derecha, arrodillándose a su lado, respirando hondo y posando una de sus manos en el hombro del actor. Jensen resopla y respira hondo, imitando a Dean que lo guía con su respiración acompasada.

– Retorna, eterna, libra mi alma. – Castiel, aún de rodillas y con expresión solemne y ceremoniosa, le habla al cúmulo de humo, que se remueve y pierde un poco su forma. – Sálvame en virtud de tu misericordia… Elemiah.

Y todo lo que pasa a continuación es el colmo para Jensen, quien pensaba que su imaginación no podía salirle con ningún disparate más. El cúmulo de humo se condensa, adquiriendo brillo a medida que forma un único punto de luz demasiado brillante para mirarlo, por lo menos ni Dean ni Jensen pueden mirarlo, pero Castiel no le despega la mirada y espera paciente que algo ocurra. Y ese algo ocurre y es un algo que Jensen Ackles definitivamente no imaginaría.

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Nos vemos mañana con el capítulo Cuatro.