ADVERTENCIA: Este capítulo contiene Slash Lemon, así que están advertidos. Si no quieren leer una escena de porno gay pues entonces cierren esta página ahora mismo! si les pica la curiosidad que cómo le hice para que Misha y Castiel tuviesen un lemon estando ambos en ele mismo cuerpo, pues adelante.
Espero sus comentarios al respecto ;)
Capítulo Cuatro y Medio:
Baño, posada en Nueva Orleans, Luisiana.
Misha cierra la puerta del baño tras de sí, convencido de que lo que está a punto de hacer es la mejor y la más acertada opción que tiene para hacer reaccionar a Castiel. Las palabras no habían funcionado, menos las amenazas, porque el ángel no sabe lo que es un "dominatrix" o un "dildo doble" y por ende las intimidaciones no surten efecto. Al final, tras amenazarlo con medio kamasutra y otro montón más de parafilias, decide que es tiempo de llevar las cosas al siguiente nivel.
El físico.
No tuvo la menor vergüenza al decirle a los chicos que si escuchan sonidos raros no se alteren. Sacaré a Cas de su depresión en un santiamén, porque Misha Collins cree profundamente que el sexo es la mejor cura para la depresión, eso y un poni, pero no hay ponis cerca, así que el sexo tendría que funcionar.
Castiel se negó rotundamente a la idea apenas escuchó ese pensamiento y ahora se remueve tan fuerte en su interior que Misha cree que sus alas terminarán por perforarle la espalda y ¡Cas, deja de hacer eso! Estamos en el mismo cuerpo, no puedes huir. Pero Castiel se retuerce, su gracia va de un lado a otro en su interior y Misha sólo siente las plumas rozar su alma, causándole cosquillas y más ganas de empotrar a Castiel contra la pared de azulejos y masturbarlo hasta que se le secaran los testículos.
Al final tiene que usar toda la fuerza de su alma para empujar la gracia de Castiel a la superficie, quien sigue removiéndose y aleteando como una gallina y no, no quiero hacer esto y no me puedes obligar. Pero Misha va a hacerlo y puede obligarlo.
Aprovecha que la gracia de Castiel está empequeñecida y sobrecogida y la abarca con toda su alma, abrazando la gracia de Castiel y hundiéndose en sus plumas.
– ¿Qué haces? te dije que no quiero… shh, tranquilo, Cas, todo estará bien.
Y Castiel no está seguro cómo, pero siente que no puede controlar el cuerpo de Misha por completo y no tiene la más mínima idea de cómo lo hace Misha para tener el control de sus dos manos. Castiel va a salir corriendo del baño cuando Misha lo jala hasta dejarlo frente al mueble del lavamanos y su reflejo en el gran espejo lo recibe con una sonrisa pícara.
– Cas, Cas… has sido un niño malo, Cas. Tienes muy preocupada a tu madre con todo eso de la soberbia y hacer tratos con demonios… mal, muy mal, pequeño Cas.
Castiel intenta apartar la mirada, pero Misha vuelve a hacer acopio de todas sus fuerzas y lo obliga a mantener la vista en el espejo.
– Tú no tienes idea de lo que hablas. Es eso o que Raphael se haga con el control del cielo y destruya a toda la humanidad. No tengo otra opción.
Su reflejo niega con cierta pena y levanta su mano para tocar su rostro, el rostro que Castiel siente como propio. Los dedos se deslizan con suavidad por su sien y bajan con cuidado por su pómulo y mandíbula, deteniéndose en su cuello.
– No, Cas. Es Kripke quien no tenía otra opción, no tú. O le daba un final impactante a la sexta temporada o le cancelaban la serie. Y por mí… bien, sólo soy un actor haciendo un papel muy grande, pero tú, Cas… tú… eres un ángel… un verdadero ángel y no puedes simplemente mandar a la mierda todo lo que has aprendido junto a los Winchester y tratar de arreglar el mundo tú solo. Necesitas ayuda. Pídela.
Castiel logra apartar la mirada del espejo, avergonzado, pero esa mano que acaricia su cuello lo toma por el mentón, obligándolo a enfrentar los ojos azules de Misha que lo miran con a través del espejo.
– No sé cómo… yo…
Y Castiel está a punto de derrumbarse, de llorar las cosas que quiso llorar con Dean pero no se atrevió a hacer, de gritar que está asustado y que odia y extraña a su padre, que tiene miedo de que Elemiah lo rechace ahora que por fin la vuelve a ver y que ya es suficiente y que sólo soy un ángel de baja categoría, un ángel debilitado por la guerra y la humanidad y va a esconderse entre sus alas una vez más cuando la cálida alma de Misha lo envuelve con cariño, lo mese y acurruca y sus manos acarician su rostro con devoción y secan las lágrimas que no sabe cuando ha derramado.
– Conozco tus miedos, Cas, conozco todos y cada uno de ellos y te puedo asegurar que todo va a estar bien, te ayudaré. No te dejaré cargar con esto solo. – Una caricia en su mejilla, un roce en su cuello y Castiel cierra sus ojos dejándose hacer. – Me quedo aquí contigo, Cas, contigo hasta que ya no me necesites y tengas que apartarme de tu lado a la fuerza.
Por primera vez Castiel sonríe de verdadera felicidad, su gracia se siente cálida así acurrucada contra el alma de Misha y los dedos de su contenedor acariciando suavemente sus párpados lo convencen que de eso no puede ser algo malo, que sentirse bien y seguro no puede ser un pecado o algo que reprochar o que deba ser castigado.
Siente, después de mucho tiempo, que está haciendo lo correcto.
– ¿Me permites… estar contigo, Cas?
Cas asiente lentamente, porque no encuentra palabras para aceptar y agradecer el gesto de Misha. Por su parte, Misha, a modo de respuesta, lleva sus dedos a los labios que ahora Castiel controla y los acaricia apenas con la punta de las yemas. Es un roce suave, justo por encima de la línea que separa el labio inferior del resto de la piel, es un toque leve y sin mayor intención, pero es suficiente para Castiel que se estremezca, porque ahí donde Misha toca su piel arde y separa apenas un poco los labios al sentir ese cosquilleo casi doloroso que recorre esa piel sensible y se deja hacer, porque el alma de Misha se apega con fuerza a su gracia y porque los dedos de Misha son delicados y aprietan y tiran con gentileza sus labios, los masajean casi con pereza y es así un rato hasta que siente que el ángel finalmente sede totalmente a su toque.
Cuando Castiel entreabre más la boca los dedos de Misha se inmiscuyen un dentro, mojándose apenas con saliva que encuentra, saliva que unta a lo largo de todo el labio inferior, logrando que Castiel suelte un suspiro sorprendido, porque la sensación es extraña para él, pero no es una sensación que le desagrade, es… cálida y tersa. Los dedos de Misha acarician la punta de su curiosa lengua que sale al encuentro de los dedos la segunda vez que entran en su boca y luego vuelven a sus labios, masajeándolos y humedeciendo esta vez el labio superior.
Castiel jadea de gusto, porque eso se siente bien, sus labios y lengua tiemblan de ganas de corresponder los toques de Misha y es el mismo Misha quien lo alienta a hacerlo con un susurro dentro de su cabeza y hazlo, Cas, sabes cómo y Misha vuelve a pellizcar su labio inferior que se desliza fuera de su agarre por culpa de la saliva y Cas jadea, porque no quiere eso y No, tus dedos… y quiere esos dedos, los quiere acariciando su boca, acariciando su lengua y quiere que eso nunca termine, que sea eterno y Misha parece entender mal, porque intenta retirarlos y Castiel sólo los atrapa con sus labios, los atrapa y los succiona un poco dentro de su boca, los acaricia con la punta de su lengua y vuelve a succionar.
Misha piensa en mil cosas pervertidas a la vez y apenas logra articular una frase medio coherente dentro de su cabeza y Mierda, Cas, eres… como lo más caliente del universo y Castiel va a contradecir tal blasfemia cuando los dedos de Misha arremeten contra su boca, metiéndose mucho más profundo esta vez, pasando la barrera de sus dientes y atacando al instante su lengua. Una caricia, un tirón, un tirón y una caricia. Misha explora con los dedos toda la cavidad y Castiel sólo atina a apretar un poco esos dígitos con los labios y corresponder cada caricia dada a su lengua con una pequeña lamida y un jadeo y a succionar cuando parece que los dedos de Misha lo van a abandonar.
Castiel está tan metido en esa tarea de casi comerse los dedos de Misha que no se percata del movimiento de su otra mano hasta que la tiene en su rostro. Siente los dedos de esa manos dibujar una a una las formas de su rostro, pasando por su frente y acariciando sus cejas, bajando por su nariz y subiendo a jugar con sus pestañas, hundiendo la punta de los dedos en sus pómulos y bajar haciendo círculos por sus mejillas. Finalmente juguetea por la línea de su mandíbula y termina el recorrido posándose en su cuello.
Misha es puro éxtasis en ese momento. La gracia de Castiel se remueve contra su alma y sólo puede abrazarla con más fuerza, además que Castiel deja escapar un jadeo apenas ahogado por sus dedos cuando su otra mano garabatea caricias sobre la piel de su cuello y Misha habla dentro de su mente, porque es Misha y no puede quedarse callado y Cas… ¿Sabías que pasé una temporada en un monasterio budista en el Tíbet?
Cas va a responder que sí, que puede ver recuerdos de eso dentro de la memoria de Misha, que puede ver eso y mucho más, pero como respuesta sólo puede succionar la punta de uno de los dedos y responder a medias dentro de su cabeza un Sí y se remueve y suspira cuando los dedos que acarician su cuello ahora jalan levemente del lóbulo de su oreja y sí, lo sé… puedo verlo en tu memoria y Misha sólo afianza más las caricias sobre la piel suave y delicada y deja a Castiel hacer y deshacer con sus dedos dentro de su boca y Cas… no sólo aprendí a meditar, ¿sabes?
Castiel va a preguntar qué quiere decir con eso, pero sólo recibe una caricia bajo la oreja, cerca del nacimiento del cabello, que lo estremece hasta la última fibra y esta vez si va a preguntar qué es lo que sucede con su cuerpo, pero la risita traviesa de Misha es la única respuesta que recibe hasta que finalmente se digna a explicarle, tras repetir la caricia unas cuantas veces.
Para descubrir mi espíritu primero tuve que descubrir los misterios de mi propio cuerpo, Cas y otra caricia circular en el mismo lugar y Castiel está a punto de morder uno de los dedos que tiene en la boca para acallar el jadeo que no quiere soltar y te mostraré lo que aprendí, Cas, te enseñaré la forma correcta de llegar al éxtasis y las manos de Misha abandonan su boca y su cuello y Castiel sólo puede emitir un quejido molesto por la falta de contacto.
– ¿Misha?
Pero no recibe ninguna respuesta, ni en palabra ni en pensamiento, ni siquiera el más mínimo contacto y va a preguntar qué sucede cuando el alma de Misha jala su gracia hacia abajo, la arrastra valiéndose de ese apretado abrazo con el que la sostiene y por unos segundos todo es negro. Misha lo ha empujado a lo más profundo de su ser y Cas teme que quiera encerrarlo ahí, que no le permita salir y que todo eso de "estar contigo" no fuese nada más que una jugarreta, un engaño…
Y se vuelve a ocultar bajo sus alas, sumiéndose en la negrura, se acurruca y piensa en lo peor. Porque si algo ha aprendido desde que está en la tierra es que todo puede ser peor.
Eres un pesimista, Cas.
Aparta sólo un poco sus alas cuando la voz de Misha resuena en su interior, su alma brilla con ese halo de calidez y frescura tan contradictorio y tan único y Castiel sólo se deja bañar por las sensaciones y el bienestar, la incandescencia y la calma acunan su gracia y no pasa ni siquiera un segundo cuando está otra vez envuelto por el alma de Misha y todo es Misha, todo lo que percibe y siente y lo ve cuando abre los ojos.
– Sólo… tenía que preparar algo.
La imagen que refleja el espejo es distinta. Aún puede ver a Misha, con su sonrisa relajada y transmitiéndole tranquilidad, la diferencia radica en que ahora tiene el torso descubierto. Nada de chalecos de lana teñida o camisetas con un "Namasté" impreso al frente. Es sólo un torso desnudo, de piel blanca y tersa, totalmente libre de vellos y marcada con suaves músculos.
– ¿Qué…?
Pero Misha sólo ríe, con esa risa fácil que tiene, y apunta su torso desnudo antes de contestar.
– Te dije que te enseñaría, ¿no? déjate hacer.
Antes de que Castiel logre encontrar algún tipo de excusa Misha lo silencia con una caricia sobre los labios. Cas se mueve en busca de más contacto, porque necesita ese toque, necesita sentir los dedos de Misha deslizarse por su lengua y masajear sus labios, lo necesita y está a punto de atrapar esos dedos con la boca cuando Misha los aparta y juro que apenas estemos frente a frente te enseñaré a usar tu boca. Un último roce sobre esos labios sonrojados, un "te regalaré un orgasmo con sólo un beso, lo prometo", y continúa con la caricia un poco más abajo, delinea su mandíbula con ambas manos y dibuja los pliegues de sus orejas, deteniéndose luego a hacer círculos en esa zona tan sensible cerca del nacimiento del cabello.
Castiel se deja hacer, curioso por las sensaciones y por los recuerdos que logra vislumbrar en la mente de Misha y las manos continúan su camino, acarician siguiendo la línea de su yugular y se detienen en sus clavículas, en las cuales garabatea mil y un cosas distintas y Cas, necesito que respires porque Castiel no está respirando, está demasiado asustado del hormigueo que lo recorre por completo y que se detiene justo entre sus piernas con cada caricia que Misha da en el lugar preciso, conocedor de su propio cuerpo, y Misha ríe suavemente, porque Castiel toma una gran bocanada de aire que escapa al instante en forma de un gemidito tímido.
– Nos vas a ahogar si no respiras, Cas.
Pero Castiel no quiere respirar y niega fuerte con la cabeza y aguanta el aire en sus pulmones, porque al respirar no se controla, porque al intentarlo una vez más tiene el mismo resultado: el aire escapa por su boca en forma de sonidos que no sabe qué puede hacer y que son iguales a los que hacía la chica de esa película del repartidor de pizza.
– No creo que… ah…
Y Castiel se remueve, incómodo y avergonzado, porque hace sonidos que a Misha parecen gustarle y lo acaricia con más vehemencia y Castiel comienza a creer que algo malo debe haber con ese cuerpo que es ridículamente sensible y bajo el más mínimo roce se estremece y la piel se le eriza y Misha… creo que estás enfermo porque su cuerpo comienza a generar más calor del necesario y Castiel sólo puede recordar esa ocasión en la que estuvo velando el sueño de un afiebrado Dean y Sam le explicaba que Dean estaba enfermo y que había pescado una gripe y el cuerpo humano genera calor de esta forma cuando está infectado con agentes externos, Cas y va a preguntarle a Misha si es que está resfriado o si es normal que su cuerpo reaccione así, pero sólo gime con fuerza cuando esos inquietos dedos de Misha pellizcan los oscuros pedacitos de piel que adornan sus pectorales y aspira hondo y suspira y vuelve a gemir quedito porque Misha no detiene el toque.
– ¿Ves? Al respirar es mejor.
Castiel no está posición de negar o refutar nada y se deshace en jadeos y gemiditos que ya no puede reprimir y las manos de Misha siguen su camino, bajando y bajando. Castiel contrae el vientre porque siente cosquillas y Misha suelta una risotada en su interior porque Cas, yo no soy cosquilloso, eres tú y Castiel sólo atina a esconder su gracia bajo sus alas y el alma de Misha lo abraza con más fuerza y aparta sus alas para que quede expuesto a las sensaciones y no, no quiero y se intenta cubrir una vez más y Misha lo empuja a la superficie y lo sigue tocando y las cosquillas contraen su vientre y gime bajito y Misha… Misha sonríe.
– Cas… confía en mí.
Castiel no sabe muy bien cómo, pero sigue entero después de ese toque tan intenso que Misha le da en la entrepierna, así sobre la ropa y todo, pero Cas se estremece al punto en que casi termina de rodillas en el suelo y es Misha el que los sostiene a ambos de pie al apoyar las manos en el mueble y ¿Cas? Pero Castiel no le responde, está mucho más ocupado intentando huir y esconderse en ese rincón oscuro y tranquilo en el interior de Misha, pretendiendo soltarse del apretado abrazo con el que el alma de su contenedor lo mantiene en la superficie y quiere esconderse abajo sus alas una vez más para no sentir nada, pero Misha es insistente y lo empuja con más fuerza y lo abraza para tranquilizarlo y lo toca ahí otra vez.
Un roce, apenas el pasar de los dedos por encima y Castiel se remueve de un lado a otro, porque conoce lo suficiente sobre humanos para saber qué sucede si esa zona se endurece y se estimula, lo sabe y no está seguro que querer sentirlo, así que intenta huir una vez más, se retuerce entre las manos de Misha y en su interior aletea como una gallina asustada y gimotea desesperado y no, Misha, no… porque Misha no lo suelta, porque Misha abre su pantalón con demasiada rapidez y la presión disminuye un poco, porque Misha abraza su gracia con más fuerza y lo empuja hacia la superficie.
– Si no me dejas hacerlo estaremos así todo el día…
Pero a Cas no parece importarle, sólo jadea asustado porque los dedos de Misha esta vez están contra su piel y tiembla y el calor y fiebre, Misha, tenemos fiebre y Misha sólo ríe porque Castiel habla en plural e intenta escapar una vez más y se ve frustrado por los pantalones que tiene enredados en los tobillos y su ropa interior está por sus rodillas y no tenemos fiebre, Cas, tenemos una calentura y Cas no lo entiende, no entiende nada en realidad, lo único que sabe con seguridad en ese momento, en ese baño en una posada de Nueva Orleans, es que todo el universo… no, toda la infinita creación de su padre vale mierda comparada con lo que Misha le hace sentir cuando lo toma con la mano completa y lo presiona un poco, sólo un poco, pero es suficiente para que Castiel que flote en esa sensación y se olvide de escapar y de sus alas y que los humanos que decidió proteger están allá afuera escuchando lo que seguramente son los gemidos más obscenos que alguien puede hacer.
Castiel, en ese momento, es sólo alguien que acaba de descubrir que la masturbación es genial. No hay epifanías apocalípticas, ni visiones de Dios, ni profecías de cómo terminar la guerra. Nada. Sólo es Castiel dándose cuenta que todo ese tiempo, esos tres años que lleva dando tumbos por la tierra, pudo ser mucho más llevadero si hubiese descubierto que ese órgano que consideraba inútil, e incluso feo, podía hacerlo sentir tan bien, tan en comunión consigo mismo y el universo y el mismísimo Misha.
Misha parece muy satisfecho con su rendición final y como recompensa comienza con las verdaderas caricias, de arriba a abajo, arriba y masajea la punta, delineando el frenillo y el orificio que se humedece con rapidez, esparciendo el líquido seminal por todo el glande. Abajo y forma un apretado círculo con sus dedos, presionando la vena media a lo largo del tronco y termina masajeando suavemente los testículos, pasando la yema de sus dedos justo por la línea que los separa.
Arriba y abajo, lento y constante.
Castiel ya no tiene voluntad para acallar los gemidos que le nacen desde lo más hondo del pecho y deja fluir toda esa orquesta de sonidos que se atropellan uno tras otro para salir de sus labios, la piel le arde por aquí y por allá y por donde sea que la otra mano de Misha lo toque y sin saber en realidad lo que hace, sus caderas se mecen adelante y atrás, siguiendo la velocidad que la mano de Misha impone.
Por su parte Misha se ocupa de mantener el ritmo, sabe dónde y cuándo tocar para lograr que Castiel se arquee de puro placer y gima ahogado y diga su nombre en su susurros rápidos y Misha, Misha… por favor, Misha y Misha está segurísimo de que Castiel no tiene ni la menor idea qué está pidiendo, pero se lo da de igual forma. Aumenta la velocidad de sus caricias y Castiel no aguanta más de pie, dejándose caer sobre el mueble del lavamanos, con todo el torso en contacto con la superficie fría, la piel erizada y un jadeo sobresaltado por el choque de temperaturas. Misha no puede estar más contento con su reacción y decide llevar las cosas un poco más lejos. Total, no es como si no se hubiese tocado antes.
Castiel en cambio no puede pensar en nada coherente, pero comprende muchas cosas, comprende el porqué la industria de la prostitución y la pornografía es tan fructífera, comprende que Dean se la pase liado entre las piernas de alguna mujer, comprende que su fallecido hermano Gabriel bajara a la tierra a vivir sumergido en placeres carnales y comprende, también, el porqué Misha quería compartir eso con él, lo comprende, pero no logra pensar en eso por demasiado tiempo.
Los dedos de la mano de Misha que recorrían su cuerpo se apresuran para entrar en su boca y Castiel no tarda en recibirlos y llenarlos de saliva, los succiona dentro de su boca y los acaricia con la lengua, pero Misha los retira demasiado pronto y va a protestar cuando siente esos dedos en otro lugar.
– Misha… ¿qué…?
Pero como única respuesta sólo obtiene más placer y más calor. Las caricias sobre su erección se redoblan, el ritmo es intenso y la presión es la justa para obligarlo a arquearse de placer y esos dedos húmedos que OhDiosPadreSantísimo hacen círculos ahí atrás, obligándolo a alzar las caderas, porque ese contacto manda golpes de electricidad pura a lo largo de su columna y Misha no hace más que susurrar en su cabeza y tranquilo, déjate llevar, Cas, tranquilo, porque Castiel no sabe cuándo ni porqué, pero está sollozando.
Todo es tan intenso que duele, las caricias queman y a ese punto sólo necesita un empujoncito, algo pequeñito, una sola sensación más intensa y se dejará arrastras a ése lugar maravilloso al que Misha lo invita con su toques.
Y esa sensación no se hace esperar.
Misha introduce sólo la punta de uno de sus dedos en su interior y Castiel se contrae y suelta un grito que apenas y puede acallar contra el mueble del lavamanos. Castiel aplasta su frente contra el mueble mientras un calor como fuego líquido lo recorre y se concentra todo en su entrepierna que parece derretirse y jadea con cada espasmo de sus músculos y gime de gusto porque Misha lo sigue tocando y todo es de colores y con puntitos brillantes. Su cuerpo se siente mojado y débil, pero totalmente relajado y Castiel se deja caer por el mueble hasta el suelo, quedando de rodillas, manchado con los fluidos de su contenedor, pero totalmente satisfecho.
En el interior, su gracia se agita de un lado a otro y el alma de Misha se ve obligada a soltarla porque ésta se expande y se hace más brillante, abrazando su alma de vuelta, que sumisa se deja rodear por sus alas. Misha le ha dejado la completa soberanía de su cuerpo, cosa que Cas agradece de cierta forma, porque no podría aguantar más toques sin caer al suelo de bruces gimiendo de puro éxtasis. Así que se queda un minuto completo simplemente disfrutando de esa nueva y grata sensación post orgásmica, de ese cosquilleo que lentamente abandona su entrepierna y la forma en que todos los músculos cercanos a su pelvis aún se contraen en leves y erráticos espasmos.
Unos minutos luego, tras sentir lo que parecía ser el último vestigio de su primer, largo y explosivo orgasmo y habrá muchos más después de este, Cas, Castiel se incorpora, lentamente, los músculos le pesan, pero se siente más ligero también. Todo es una gran contradicción, pero a Castiel, el ángel del señor, no le importa. Todo está claro y sabe lo que debe hacer.
Y lo va a hacer.
Ése orgasmo fue un cúmulo de revelaciones coronado por ese momento en que su gracia estuvo en perfecta comunión con el alma de Misha, permitiendo ese fluir de conciencias en el que pudo ver todos sus errores desde une nueva perspectiva y ahora sabe que se ha equivocado un montón, lo puede ver en los recuerdos de Misha que se abren con más claridad para él, como si ese orgasmo le quitara un velo de ceguera parcial, que no le permitía ver nada con claridad. Ahora sabe que tiene que arreglar las cosas y está por hacerlo cuando Misha lo detiene en su intento de salir del baño y con esa vocecita tan suya le hace una pequeña sugerencia y Cas, primero… deberíamos asearnos y a Castiel se le van todos los colores a la cara al comprender lo que eso implica.
Misha, manos y lugares sensibles.
– Lo haré yo.
Se limpia rápido con algo de papel, se lava las manos y no sabe muy bien cómo, pero se sube la ropa interior y el pantalón y sale del baño rápido, no vaya a ser que a Misha le dé por repetir y luego, Cas, luego y no tiene ganas ni de contradecirlo, porque no quiere y porque no saca nada, sólo se hace el loco cuando sale del baño y los humanos lo miran como si anduviese en pañales igual que Cupido, hace su mueca de costumbre y Misha se ríe en su interior, porque Cas, en serio, ¡cómo puedes poner esa cara!
– Vamos por Jared.
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Lástima que no puedo linkear el dibujo que hice para este capítulo.
Si quieren verlo deben poner en google: chinsung deviantart hugging my angel
Es el primer link ;)
