Capítulo editado: 29/6/2011
Capítulo III: ¿Demonio… o Ángel?
Se desperezó con placer en el calor de su cama. Ya estaba totalmente bien, se podría decir. Así que se tomó su tiempo antes de vestirse y empezar un nuevo día. Bostezó nuevamente. Por alguna razón se sentía muy enérgica así que se puso de pie de un salto. Tendió la cama, acomodando unos almohadones y en el medio un peluche que Aoyama le había obsequiado. El cual era el único guardián que custodiaba su cama mientras no había nadie en ella.
-"¡Qué frío!"- murmuró entre dientes mientras se vestía. Decidió que su vestimenta casual no era apropiada para un día como ese, calzó unas botas de caña alta forradas con piel ecológica, una bufanda, y demás. Lo último que deseaba era volver a enfermarse…
Luego de bajar a la cocina y dejar el agua en el fuego iba subiendo las escaleras "Prepararé chocolate caliente, y luego las compras y luego…" un sonido interrumpe sus pensamientos. Nuevamente Masha -"¡Ichigo, hay un alien!"- dirige la mirada hacia el balcón.
-"¡Kisshu!"- gritó sorprendida "Después de todo has regresado a ver cómo me encontraba…"
Se acercó al ventanal y giró la llave. Lanzó una mirada de cautela antes de salir. Él permaneció flotando, con esa sonrisa que dejaba escapar un colmillo de sus labios. –"¡Buenos días, koneko-chan!"- Kisshu apoyó finalmente sus pies en el piso cerámico, sin darse cuenta que la lluvia de la noche anterior en combinación con el frío invernal habían creado una fina capa de hielo. Las botas lisas de Kisshu se deslizaron con él apenas pudo tocar el suelo.
-"WHOOO-"- exclamó antes de irse de cabeza al piso y quedar desparramado en el balcón.
Ichigo no pudo más y rompió a reír, estaba a punto de comentarle que hacía mucho frío y que hasta los floreros parecían haberse congelado.
-"Ashnnn… ¡Duele!"- gruñó el cyniclon poniéndose rojo de la vergüenza. –"¡¿Qué es tan gracioso?"- gritó luego a la joven que parecía iba a explotar de la risa.
-"¡Lo siento, Kisshu! ¡Buenos días! Jajajaja ¡Pero en serio, no puedo dejar de reírme! ¡TU CARA!…jajaja"- lo peor fue cuando él intentó reincorporarse, y sus piernas y brazos volvieron a deslizarse para cada dirección. Dejando a Kisshu más avergonzado, molesto y gruñendo en el piso.
Finalmente Ichigo se acercó a él para darle una mano y llegó más rápido de lo que imaginó. Ella también patinó en la fina capa de hielo, cayendo sobre la espalda descubierta de Kisshu –"¡WHUAAJ!"- lanzó un quejido de dolor al tener el peso en caída de alguien de casi su mismo tamaño.
-"¡LO SIENTO!"- se disculpó ella.
-"¡Ichigo eres muy pesada para estar sobre mi espalda así!"- exclamó lastimosamente mientras ella se alejaba de él y temiendo haberle roto algo por la forma en que cayó.
-"¿Kis-Kisshu—te encuentras bien…?"- Preguntó preocupada. Pero antes de que él pudiera responderle ella vuelve a patinar, esta vez aterrizando con su trasero.
-"¡KYaaa-hhh DUELE!"- gritó sobándose y ahora era Kisshu quien se retorcía de la risa apuntándola con el dedo y sin poder hablar, sólo reír, reír y reír. Pronto ella le siguió. Ambos lloraban de la risa de lo patéticos que se veían tirados en el suelo luego de las patinadas de sus vidas.
-"¡Me alegra que ya estes bien, koneko-chan!"- Todo eso se sentía demasiado bien (no los golpes) si no el poder reír y llorar de felicidad, junto a la persona que tanto amaba, lo mejor era que él había provocado todo.
Ichigo pronto deja de reír al escuchar un silbido muy familiar. –"¡Oh no!"- El agua que dejó en el fuego hace un momento estaba hirviendo y parecía que la pava iba a estallar. Ahora sí, caminó de regreso gateando, para evitar patinarse nuevamente. Kisshu siguió acostado en el piso viéndola partir, finalmente optó por seguirla tomando su ejemplo. –"¿Puedo pasar?"- preguntó con voz risueña.
Ichigo no respondió, estaba demasiado ocupada intentando que la cocina no explote. Kisshu se sorprendió que no hubiese nadie más en casa. Pero recordaba que los padres de Ichigo solían irse de vacaciones para "mantener estable la pareja" como tantas otras lo hacían. Así que entró y sin más fue a donde estaba ella.
-"¿Qué haces, koneko-chan?"- curioseó el joven cyniclon.
-"Kisshu…"- nombró ella demasiado ocupada para preguntarse Qué hacía él ahí –"No te pongas en el camino"- ordenó.
Él se puso a un costado del refrigerador, no había notado que estaba húmedo y hasta con la piel erizada por el frío. Finalmente lanzó un gran y atronador estornudo. Ella tuvo que dejar de lado lo que hacía, lo observó entre sorprendida y asustada por aquel sonido, ningún otro estornudo era comparable a eso. Él se disculpó y sonrió –"Creo que me has contagiado"-
Ella salió de su sorpresa luego de unos segundos en total silencio. Pensó que un chocolate caliente para él tal vez le vendría bien… después de todo no podía echarlo, él había venido a visitarla para ver cómo se encontraba… "sería descortés no alimentarlo".
-"Kisshu, ve a la otra sala, en un momento estará listo el desayuno"-
Sus orejas se irguieron demasiado al escuchar esto, una sonrisa de felicidad ocupó todo su rostro "¡No puedo creer que estés preparándome algo para comer!" –"¡Bien~! Koneko-chan, te esperaré"- respondió retozando de felicidad.
Pronto ella regresó con una bandeja alargada y varios pastelitos, panecillos con frutos rojos, y otras delicias de la tierra, acompañada por dos tazas enormes que despedían un sabroso vapor dulce de chocolate.
-"¡Huele demasiado bien!"- exclamó Kisshu mirando de manera voraz la bandeja. Rápidamente se apoderó de dos panecillos y los tragó de una sola vez –"¡Y saben aún mejor!"- volvió a estornudar, esta vez teniendo más control.
Ichigo miraba con sorpresa y algo ruborizada toda la escena, "Jamás imaginé que tenía un apetito tan… voraz… ¡o que le fuera a gustar tanto lo que preparo!" Nunca había visto a nadie apreciar tanto sus comidas. Ella tomó su taza, aún sin quitarle la vista de encima a su acompañante. Él la observó, y luego levantó la suya, viendo de manera insegura el líquido opaco en su interior. Ichigo notó eso –"¡Es chocolate! No voy a envenenarte, Kisshu"- exclamó molesta.
Kisshu murmuró algo inaudible para ella (seguramente un 'tiene un color extraño' o similar) luego de ver a su amada gatita beber se decidió a seguirla. –"¡Cuidado! ¡Puede estar caliente!"- advirtió ella.
Pero él sólo inclinó la taza dejando caer el líquido en su boca como si ésta no tuviera fondo y sin importarle la temperatura.
-"DELICIOSO~"- exclamó satisfecho. –"Gracias, koneko-chan, estuvo muy bueno todo"- dijo con una amplia sonrisa de placer.
Ichigo sonrió mientras terminaba su chocolate –"Bien, me alegra que te haya gustado, Kisshu. ¿Cómo está tu espalda?"- Bromeó.
-"¿Cómo está tu trasero, koneko-chan?"- contraatacó él con una sonrisa desafiante. Ichigo no pudo más que sonrojarse y echarse a reír nuevamente recordando la manera en que lo veía caer una y otra vez contra el hielo.
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