Author Comment: Oh, bien. No tengo nada que decir…. Que disfrutes la lectura ;].
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Capítulo VI: Nadie más.
El celular de Ichigo volvió a sonar. Pero ella permaneció de rodillas en el lugar donde había caído. Se sentía tan… avergonzada, herida, traicionada… y peor era sentir que ella había traicionado a Masaya. El celular seguía sonando, una y otra vez. Se imaginó que por el horario debía ser él (Masaya) o Shirogame preguntándose por qué no había llegado al trabajo. Se sentía demasiado terrible, no podía hablar con nadie en ese estado. Rompería en llanto hasta morir antes de que pudiera explicar lo que pasó. Finalmente el celular quedó en silencio, aquel irritante sonido había muerto. Sus lágrimas aún caían de sus ojos. Se las secó con el puño de la bata. Luego de varios minutos se levantó, utilizando de soporte la pared fría, y se dirigió al baño. Lo necesitaba. Dejó correr el agua para llenar la bañera, agregó cuantos aromas y sales pudo. Su cuerpo olía a él, no es que tuviera un olor particular, probablemente era más la sensación de sentirse sucia o usurpada que otra cosa. Necesitaba limpiar su cuerpo sea lo que sea.
El agua era demasiado caliente, demasiado… pero sabía que así era mejor. Quemaría todo y curaría sus heridas. Y vaya que ardían, los arañazos quedarían marcados probablemente por un par de días. Se sumergió totalmente en la bañera. Deseando desaparecer. "¿Por qué pasó esto?" se preguntaba, "¿Qué hice mal?"… "¿Acaso merecía que esto me pasara?" pensó en Aoyama, su novio, y en Kisshu, y en todo lo malo que había hecho a lo largo de su vida. Incluso en las cosas más tontas que había hecho de pequeña, como no obedecer a su madre. Y luego, de improviso; tuvo más recuerdos de lo que había ocurrido en la noche. Recordaba lo que él le decía, le decía que la amaba y que lo sentía, y que debía matarlo para que no lo hiciera, y al final. Ella no lo hizo. Tal vez sí tuviera la culpa también. ¿Pero cómo iba a saber que eso ocurriría?
Ella ahora, sólo sentía que él la había usado como un juguete, una vez más…
-"Todo fue mi culpa"- llegó a la conclusión. "Desde que regresaron yo me había mostrado demasiado agradable frente a él, todo fue… provocado por mí" pensó nuevamente. Echándose la culpa de todo. Quitó el tapón de la bañera para desagotarla. Y ahora encendió la ducha. Estuvo alrededor de una hora así, lavándose una y otra vez, intentando quitar de su cuerpo cualquier rastro de él.
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Taruto buscaba a Kisshu por cielo y tierra. Él no sabía dónde vivía Ichigo, así que buscó por el parque, arriba de edificios que él frecuentaba, la iglesia… etc. No estaba. Simplemente se lo había tragado la tierra. Pai esperaba en la nave, por si aparecía. Y así fue, Kisshu llegó finalmente a su habitación. Pai lo escuchó, era imposible que alguien no lo hiciera. Ya que lo primero que hizo fue romper una pared con su puño, invadido de ira, luego gritó hasta que sus pulmones ya no se lo permitieron.
-"¿Qué hiciste, Kisshu?"- preguntó con espanto. Sin dudas debía ser algo demasiado terrible. –"¿QUÉ HAS HECHO?"- repitió alzando la voz de manera atronadora y caminaba hacia él.
-"Pai…"- lo nombró apretando sus dientes –"Pai… soy un idiota…"- empezó a explicarse…
Los ojos de Pai se abrieron desmesurados cuando él terminó de hablar "yo… violé a Ichigo" dijo, esas cuatro palabras invadían tan perturbadoramente aquella habitación que ninguno de los dos pudo emitir sonido. Kisshu no pudo más, y sujetaba su rostro entre sus manos, como si quisiera arrancárselo.
Pai se quedó inmóvil observándolo con desprecio, una mirada más fría que la que acostumbraba mostrar. Luego lo sujetó por el cuello, levantándolo sin dificultad y le acertó un buen golpe en la cara. –"Debes aprender a controlarte"- dijo. -"Sí, eres un idiota."-afirmó dejándolo caer al suelo. Kisshu no levantaba la vista, se sentía demasiado avergonzado para ver incluso a su hermano. Sus puños sólo presionaban tan fuerte como podía el suelo de la nave. Quería morir en ese mismo instante. –"¿Qué hago, Pai?"- dijo sollozante, -"¿Qué debo hacer ahora, matarme?... ¡¿QUÉ?"- gritó miserable exigiendo ayuda.
Pai le daba su espalda, era lo único que merecía. –"Kisshu… no puedes hacer nada ahora"- respondió con pesimismo.
-"Averigua si ella está bien"- dijo, pensándolo mejor. –"No sé qué tan similares sean nuestros cromosomas al de los humanos, pero…"- hizo una breve pausa -"sabes qué podría estar pasando en este momento…"-
Él tardó unos segundos en reaccionar y comprender a qué se refería Pai, tragó saliva (y algo de sangre de su boca por el golpe). –"No…"- se negó a aceptar que algo así pudiera ocurrir.
-"Sí, Kisshu"- respondió antes de desaparecer de ese lugar, dejándolo totalmente solo para que reflexionara lo que había hecho.
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Finalmente Ichigo juntó valor para atender a Shirogame, aún seguía ignorando las llamadas de su novio. No podía hablarle. Simplemente no podía. Le dolía demasiado hacerlo, e iba a contarle todo si lo hacía, y todo era demasiado vergonzoso para que él lo comprendiera. La odiaría siempre si se enteraba.
Ella había puesto una excusa tonta para evitar tener que trabajar los siguientes dos días. Decía que estaba algo enferma, gripe, y que debía estar en reposo hasta mejorar. Que era contagiosa y no podía recibir visitas. Shirogame aceptó, aunque no le creyó demasiado, él era bastante perceptivo y reconocía una mentira cuando estaba frente a él. Pero escuchaba algo apagada su voz. Luego mandaría a las Mews a visitarla para averiguarlo (claro, si era en verdad una enfermedad contagiosa él no iba a arriesgarse).
Ella colgó, y algo en su interior no andaba bien, no había probado alimento desde la cena, aún así sentía que debía expulsar todo lo que hubiera en su estómago. Pensó que el mismo hambre podía provocar esa reacción algunas veces. Aunque no estaba hambrienta. Fue a la cocina a preparar algo, lo que sea, sólo para quitarse esa sensación.
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Vómito, nauseas y más vómitos. No podía comer e incluso lo que bebía lo expulsaba a los pocos minutos. Estaba demasiado pálida por todo eso. Algo la descomponía terriblemente y no sabía qué o si tenía relación con todas esas cosas horribles que le habían pasado. Volvió a correr al baño, y esta vez las nauseas no pararon hasta que no hubo nada que vomitar más que bilis. Pasó varias horas así. Finalmente quedó dormida en el living (más cerca del baño) por si de repente la sensación volvía.
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Los siguientes dos días fueron iguales. Se forzó a comer algo ligero y beber té de limón, en pequeños sorbos a lo largo del día, ya que era lo único que parecía retener algo más su estómago. Y sólo líquido no la llenaba, así que estaba débil como nunca. Esto era demasiado preocupante. Buscó enfermedades en internet, en una web donde resolvían dudas. Explicó los síntomas. Esperando encontrar algo. Pero eran enfermedades exageradas lo que le respondieron, imposibles.
Él día siguiente estaba aún peor. Preparó sus cosas y salió al Café. Ya no lo soportaba, su cuerpo se debilitaba a cada minuto más, psicológicamente estaba destrozada, debía hablar con alguien y encontrar algo que aliviara su cuerpo.
En el café…
-"I-…I-Ichigo!..."- balbuceó Akasaka al verla entrar al café en un estado tan lamentable. –"¿Aún estás enferma? ¡Debiste tomarte unos días más si los necesitabas!"- le reprocha. Pero Ichigo lo ve con tristeza.
-"¿Ichigo? ¿Estás bien?"- Pregunta preocupado dejando la escoba con la que barría a un lado y yendo hacia ella para sujetarla por los hombros.
-"No, no estoy bien Keiichiro, pero no necesito reposar más"- respondió ella y al momento que sentía que el estómago le saldría de su boca. Huyó a los baños.
Luego de un momento salió, Lettuce, Mint y Zakuro también estaban ahí, junto a Akasaka y Shirogame. Esperándola en la puerta con expresiones de extrema preocupación. Y a pesar de que estaban casi todas, aún no abrieron el café. Fueron con ella a la parte trasera, donde Akasaka prepara sus pasteles, para averiguar qué sucedía a Ichigo.
Ella le comentó los síntomas que tenía. Pero cuando ellos preguntaron qué había comido antes de que empezaran las nauseas. –"No comí nada distinto, desayuné, almorcé aquí con ustedes, y luego cené en casa algo de Okonomiyaki, uhm… luego de eso nada"-
Al fin alguien se atrevió a preguntar lo único que quedaba por preguntar, la voz de Zakuro fue firme al hacer la pregunta –"Ichigo. ¿Cuándo fue la última vez que tuvieron relaciones con Masaya?"-
Todos quedaron pasmados por la manera tan a la ligera con que lo preguntó. Ichigo se puso roja. Y preguntó inocente –"Q…qu…qué tiene que ver eso?"-
Todos ahora cambiaron su punto de sorpresa, ahora las miradas se desviaron a Ichigo y exclamaron al unísono –"¿¡¿QUÉ?"-
Ella no comprendía.
-"Ichigo, cuando un chico y una chica se relacionan sexualmente pueden llegar a concebir"- le explicó cuidadosa Lettuce.
-"Y los síntomas de embarazo suelen ser nauseas y vómitos"- Agregó Mint sobresaltada.
Ichigo se puso azul de repente. Temblaba. –"No tuve relaciones jamás con él"- confesó la realidad.
Todos suspiraron de alivio -"Bueno… entonces… sí debe ser algo del estómago"- empezaron a buscar otras causas ahora que ella había dicho eso. Sin darse cuenta que ella seguía en shock por lo que acababa de descubrir.
Shirogame se acercó a ella. –"Deberías estar en tu casa descansando. Puedes tomarte el día de hoy también. Llámanos si necesitas algo o si te sientes peor, Ichigo"- dijo extrañamente comprensivo. Y la llevó hasta su casa.
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Casa de Ichigo.
Faltaban dos días para el regreso de Aoyama. Ichigo estaba desesperada. Esto no le estaba pasando.
"¿Qué puedo hacer?" se preguntaba, ¿Debía buscar ayuda? ¿Quién en el mundo podría ayudarla en ese momento?... Algo le aseguraba que ni siquiera Aoyama podría ser tan comprensivo. "¿Kisshu?" pensó en él, entre tantas otras cosas, él persistía en aparecer en su mente.
¿Y si en verdad estaba…? Ella negó con la cabeza y puso una almohada sobre su rostro. "Imposible" lloriqueó. Ella no podía estar… no de él… no cuando tenía tantos planes para su vida junto a Aoyama. No cuando había ocurrido de aquella forma tan horrible… no con él, él no era de su especie siquiera. ¿Y cómo iba a explicarlo? ¿Abducción alienígena? -"JA…"- río amargamente con ironía. Tal vez sí debía saberlo él, después de todo había sido el culpable, y si es así él era… quién la había metido en esto. Faltaban sólo dos días para que ella lo vea (A Aoyama), y sería imposible no hacerlo. Y por primera vez en toda su vida no quería verlo, no podía, le dolería verlo por todo lo que ella había hecho. Así que tenía que arreglar todo antes. Estaba desesperada, quedaba muy poco tiempo.
Salió al parque. Lo buscó. Recorrió gran parte de la ciudad, los lugares donde él se aparecía. Incluso se detuvo en una Farmacia. Recordaba que había unos aparatos alargados que mostraban en las películas. Y que servían para verificar este tipo de cosas, aunque las películas decían que no eran muy fiables. Compró un par de distintas marcas. Y los puso en su mochila. Lo buscó toda la mañana, sin descanso, hasta que era de tarde y ella no había probado alimento y estaba muerta de sueño. Él no estaba. En ningún lado. Pensó en si él podía saber lo que podría ocurrir, pensó en si él era consciente de que esto podía pasar, y si así era, si tal vez la había abandonado "No, él se disculpaba, lloraba, no quería herirme… ¿O sí?". Ahora había caído la noche. Ella regresaba defraudada, no tenía esperanzas de encontrarlo "Probablemente regresó a su planeta" pensó "O tal vez sí quería hacerme daño, en el fondo sólo quería lastimarme y hacer que Aoyama se alejara de mi", sí, eso debía ser…
Ella caminaba sola de regreso a su casa. Atravesando lugares demasiado peligrosos para alguien de su edad. Pero ¿qué le importaba? Tenía cosas peores de las cuáles preocuparse…
Sentía que se ahogaba, si alguien le disparaba en ese momento se hubiese entregado gustosa al frío de la bala.
-"Hola hermosa gatita, ¿Qué haces por aquí a estas horas?"-
una voz ronca preguntó saliendo de la oscuridad. La voz de un desconocido. Al momento que otros dos salían desde otras direcciones, acercándose peligrosamente a ella. Estos hombres tenían aspecto de delincuentes, estaban sucios, y despedían un olor hediondo. Ichigo se aterró.
-"¡Hey Oscar! ¿No crees que es demasiado bonita?"-
-"Podríamos divertirnos todos con ella ¿No?"-
Decían. Y el corazón de ella galopaba de pánico. Pero estaba rodeada, por tres hombres mucho más grandes que ella. Cuando uno logró posar su mano sobre su espalda, ella gritó. Nadie la escucharía. Era su fin…
"Kisshu…" pensó en él, una y otra vez. Y casi como si él escuchara sus pensamientos apareció ante ellos.
-"¿Quién es este enano tan extraño?"- dijeron mientras uno se acercaba a él con una navaja. –"Déjanos en paz, imbécil. ¿Qué no ves que estamos ocupados?"-
Uno de ellos río maliciosamente, pero su risa se volvió un grito cuando su brazo cayó al suelo, desprendido del resto de su cuerpo. Antes de que pudiera tocarla a ella.
-"¡Malditos humanos!"- les gruñó con odio -"No permitiré…"- empezó a advertirles mientras el sujeto que se aproximaba a él salió volando hasta golpear una pared y caer inconsciente –"…Que lastimen a Ichigo"- dijo finalmente y quien la sujetaba fue espantado por su Sai que cortó un lado de su mejilla antes de clavarse en la pared.
-"¡Este chico está armado"- gritaron. Mientras uno de ellos se retorcía en el suelo repugnante de aquel lugar.
Se habían ido. Aterrorizados y gritando que era un demonio, por fin se habían ido. Ella estaba a salvo, o eso parecía.
Kisshu estaba ante ella, pero no se acercaba, se mantuvo a una distancia de 5 metros aproximadamente. Ella estaba de pie, no la habían lastimado. Ambos se observaban, aunque el lugar era demasiado oscuro para poder distinguir sus miradas, ella sólo veía la figura de Kisshu. Una simple silueta negra.
-"¿Por qué estás aquí Ichigo?"- preguntó él con su voz entre cortada. –"¿Qué estabas haciendo en este lugar?"- su voz ahora era la de alguien preocupado. Y estaba a punto de reprocharla -"¿Acaso quieres que te maten?"- cuando ella lo llamó.
-"Kisshu…"- sintió un gran alivio en parte al escucharlo y ver que estaba ahí. –"¿Fue real lo que ocurrió?"- preguntó irónica y volvía a llorar. No sabía por dónde empezar. ¿Cómo debía decirle? ¿Cómo si no le importara? Sin percatarse él estaba abriendo un nuevo portal para desaparecer. –"¡NO!"- gritó ella con toda su alma –"¡No me dejes, Kisshu, regresa… por favor, no puedes hacerme esto…!"- él se detuvo confundido. Sus botas volvieron a tocar el suelo. –"¿Qué sucede, Ichigo?"- preguntó suplicante. Era como si ella estuviera clavándole miles de agujas en su cuerpo.
-"Por favor… no te vayas ahora."- rogó ella. –"Necesito hablar contigo, tengo demasiadas dudas, por favor, no desaparezcas ahora…"- temblaba, si él se iba sabía que probablemente no volvería a saber de él.
-"Ichigo…"- dijo mientras caminaba hacia ella –"Pero tú me odias demasiado ahora, gatita. ¿Por qué debería quedarme?"-
Ella lo miró a los ojos, casi indistinguibles, eran apenas más brillantes que el resto de su piel –"Si te vas ahora, no sé qué sería capaz de hacer, Kisshu"- confeso finalmente mientras dejaba de llorar.
-"No me iré, koneko-chan…"- respondió tranquilizador
Él se teletransportó a su casa, con ella en brazos. Lugar que creía que no volvería a pisar por el resto de su vida. Ichigo se alejó un poco al contacto, no soportaba verlo por mucho tiempo, su mirada le resultaba increíblemente poderosa. Buscó una forma de explicarlo sin ser directa. Le costaba serlo, ya que sólo era una sospecha. Y no podía aceptar el hecho de que fuera verdad. "Esto no puede estar pasando" pensó mordiéndose un dedo para darse cuenta de que tampoco era un sueño.
-"Ichigo…"- comenzó él al verla inquieta –"Yo, mi especie… me odio tanto por lo que te hice"- intentó explicar…
-"Kisshu, deja de poner esa cara."- Dijo cortantemente. –"Como si te doliera… sólo para que yo pueda creerte"- contestó enrojecida de cólera. Mientras buscó algo en su mochila. –"Necesito que hagas algo por mí…"- pidió.
-"¿Qué?"- sonreía sólo de imaginarse que aún podía hacer algo por ella, sonreía con dolor porque ella no lo comprendía. Ni quería escucharlo. Era comprensible pensó él. Pero no se esperaba que se lo dijera así, con tanta crueldad.
Ella dejó caer una lágrima mientras su flequillo escondía sus ojos cafés –"¿Sabes… qué es esto, Kish?"- mostrándole su compra en la farmacia.
Kisshu observaba aquel objeto extraño, parpadeó un par de veces intentando asimilar lo que veía. –"Creo que no he visto uno de esos nunca… pero puedo imaginarme qué es"- aún así no comprendía qué quería que él hiciera con eso.
Ichigo ahogó un sollozo apretando con fuerza sus dientes. Quería gritarle tantas cosas. Tantas cosas que en su vida imaginó que diría…
-"¿Qué quieres que haga, Kisshu?"- preguntó levantando la vista hacia él, sonriendo con nervios, vergüenza, dolor y todo lo malo que había en su pecho en ese instante. Una sonrisa falsa. –"¿Qué quieres que haga?"- repitió. –"Yo no te amo, no me gustas, ¡ni siquiera puedo un poco quererte ahora! ¡yo no podría hacerles entender a mis padres de tu existencia!, ¡no puedo decirle a nadie lo que ha pasado!, ¡Ni siquiera he tenido el valor de hablar con Aoyama-kun estos días!"- cada palabra era una puñalada directa al corazón del cyniclon, sus hombros caían, al igual que sus orejas, cada vez más con cada palabra, ni hablar que él no podía verla a los ojos –"Yo… yo… tengo tanto miedo…"- dijo finalmente resignada. Tenía que desquitarse con alguien y deshacer aquel nudo en la garganta. No podía juntar valor suficiente para hacer esos tests.
-"Ichigo…"- él flotó hasta ella. Y la observó a los ojos, sonrió con profundo dolor y pesar. Ambos se observaron. Ella estaba tan traumada por todo. –"Por favor, ¿podrías hacer la prueba ahora?"- dijo en tono comprensivo –"Primero hay que saber si ha sucedido. Y si no es así, podré irme, y ya no te atormentará mi presencia, gatita. Regresaré de donde jamás debí salir. Te lo prometo"- respondió sintiendo que su corazón era devorado lentamente, probablemente él iba a morir a continuación, solo y horrible.
Ella asintió moviendo la cabeza. –"¿Y si no?"- se animó a preguntar con un hilo de voz. –"Pues… podemos ir al paraíso"- bromeó y sonrió cálido pero preocupado intentando inspirarle una sonrisa a ella. Ichigo tembló un momento, y finalmente se encaminó al baño.
Él la acompaña hasta la puerta, caminando muy por detrás de ella. Siguiendo sus pasos. Sujetó el picaporte, dudosa de si debía o no.
-"Vamos, Ichigo"- la animó él con voz leve.
¿Qué más podía hacer para evitar aquel momento tan embarazoso?
Kisshu caminaba de un lado a otro, inquieto como quien está caminando sobre cenizas ardientes. Esperaba a que ella le diera una respuesta. Había pasado demasiado tiempo (o eso le pareció). ¿Y qué haría si el resultado era positivo? "¡Diablos!" pensó. Y golpeó la puerta. No lo soportaba más. Necesitaba saber qué estaba pasando ahí…
Abrió la puerta, llorando en silencio. Ni siquiera fue necesario observar las pruebas para él, con esa reacción era más que suficiente. Ella sólo salió y se encerró en su habitación. Dejándolo afuera, claro.
Un rato después, él entra, teletransportándose a su lado. Viendo la desgarradora imagen de ella tendida en la cama, observando el techo. Seguía llorando, aunque sus ojos se mantenían cerrados con fuerza. Intentando buscar una solución a todo eso.
-"Ichigo, leí las cajas y dicen que no son muy seguros esos resultados"- Intentó animarla. Después de todo eran especies diferentes, su ADN era diferente, no podían engendrar, o no deberían poder al menos.
Ella no reaccionó, no hubo cambios. Él se sentó al final de la cama. La observaba con tanta ternura y tristeza –"¿Puedo hacer algo…Ichigo?"- dijo sonriéndole cálidamente. Él no quería lastimarla. Pero fue lo primero que ella pensó al escucharlo. Sus ojos cafés lo observaron con desconfianza. Mientras él se iba acercando más y más. Hasta su cintura. –"Kisshu yo no… por favor no…"- pronunció entre balbuceos incomprensibles y sintió que volvería a llorar sin fuerzas para escapar.
–"Shh, gatita"- y sus ojos eran demasiado tiernos y comprensibles. Ella se ruborizó, temiendo lo peor, pero ya nada podía ser peor de todas formas… así que permitió que él levantara un poco su blusa, dejando al descubierto su vientre hasta algo por debajo del ombligo. Él estaba a un costado de ella, acostados nuevamente, y había acomodado su cabeza sobre el vientre de ella. Intentando escuchar los latidos que terminarían por confirmarlo. Una sensación de calidez llenó a Ichigo cuando comprendió que estaba haciendo. Kisshu cerró los ojos, en completa concentración. Esperando...
-"Increíble"- dijo finalmente sonriendo sin moverse ni un milímetro, sus ojos se abrieron un poco. Y ahora envolvía con una mano aquella zona de ella. Él sonreía, demasiado feliz para ocultarlo, no podía sentir menos aunque ella lo odiara ahora más que nunca. Se sentó observándola, ella aún estaba acostada hacia arriba y lo observaba con ojos confusos, demasiados heridos. No era lo que él quería ver. Pero deseaba demasiado abrazarla. Esto era tan increíble… deseó gritarlo "Es un milagro"… "Realmente es un milagro, no debería ser posible" pensó. Y aún no sabía qué hacer, pero simplemente estaba, feliz.
Ichigo recordó de pronto que Aoyama vendría mañana, un profundo pesar y tristeza la invadió entonces. Y ahora ella había traicionado su amor tan puro, ya no podía llorar. No tenía lágrimas que describieran cuán profundo era su pesar. Simplemente le dolía. Nuevamente se preguntó ¿Qué iba a hacer ahora? Kisshu la veía con tristeza, pero una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios. No sabía si llorar de tristeza o gritar de la emoción. Finalmente algo de ella era totalmente suyo, completa e innegablemente suyo, y nada ni nadie cambiaría eso. Él sentía sus latidos renovados, todo su ser estremecía de calidez y amor.
-"¿Puedo abrazarte, Ichigo?"- preguntó, quería preguntárselo hace varios minutos, pero temía que ella se negara rotundamente.
La pregunta, tan simple, la sorprendió y la sacó de su trance. No había notado que él no había dejado de observarla, con amor y dolor, y algo de felicidad en sus ojos dorados que brillaban humedecidos. Sus cejas y orejas curvadas tímidamente. La pregunta era tan inocente que la enterneció. Se sentía demasiado terrible y demasiado sensible para negarse a un abrazo consolador.
Pero cuando los ojos de ella se llenaron de lágrimas Kisshu se sintió nuevamente abatido, ella volvería a llorar… –"Si no puedo, está bien, Ichigo"- Intentó calmarla.
-"No, Kisshu, hazlo por favor"- pidió.
Sorprendido se acomodó a su lado, y la rodeó suavemente, ambos se acurrucaron.
Estaba tan desesperada por que alguien la comprendiera en ese momento y le brindara un cariño, una sonrisa que ya no le importaba si era él –"¿Acaso estas feliz?"- sollozó ella contra su pecho.
Él la estrechó con fuerza –"No me malinterpretes, Ichigo. Mi felicidad está en ti, no soy feliz, porque tu no lo eres ahora, pero si lo estoy por la nueva vida que llevas dentro de ti, ¿Comprendes? ¿Cómo podría no estarlo si ahora no soy el único descendiente de mi familia?"- dijo entre susurros –"Eso es más que maravilloso. Es un milagro"- dijo mientras acariciaba sus cabellos rojizos y jugueteaba con él.
Se sintió mal por no sentir algo tan profundo, al menos aún no lo sentía. Estaba demasiado aturdida y era todo demasiado irreal para sentir algo. –"¿Único descendiente?"- no había notado lo poco que conocía a aquel ser que cuidaba de ella. Él bajó un poco su cabeza, para alinearse a su rostro, observando sus ojos mientras quitaba el flequillo humedecido por sus lágrimas de aquel rostro tan bello y angelical. –"Sí"- comentó él –"Único hijo… y mis padres han muerto. Soy huérfano, Ichigo. Era muy pequeño cuando pasó…"- intentó recordar los rostros de ellos y no pudo –"Mi padre murió mientras examinaban que el nuevo planeta fuera habitable, creo que… una avalancha. Nos enteramos muchos meses después, aunque mi madre tenía el presentimiento de que algo malo le había ocurrido. Estaba destrozada… evitaba llorar frente a mi pero recuerdo ver su figura contra la ventana, no recuerdo su rostro…"- susurró. –"Al año ella enfermó, estuve con ella el día que murió, no se levantaba y fui a su lado. Ella me acurrucó contra su pecho, de esta misma manera… y sentí los latidos de su corazón. Pensé que iba a mejorar."- suspiró y se acomodó un poco. –"Luego me dijo que me amaba y me aprisionó más entre sus brazos. Sus latidos eran leves, cada vez más… y luego sólo hubo silencio…"- observó los ojos de su gatita que lo miraban con extrema ternura y tristeza, todo eso había sido tan terrible. Sus ojos brillaban algo humedecidos. Luego ella abrazó su rostro y subió un poco para acomodarlo contra su pecho. Kisshu hablaba con voz suave y encantadora, la misma le hacía relajarse, como si todo lo malo desapareciera en ese momento. Finalmente estaba demasiado agotada y débilmente le agradeció por estar ahí. Se abrazaron el uno al otro, sin importar lo que había pasado antes. Y así cayeron a los brazos de Morfeo por esa noche.
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En la mañana ella despertó sintiendo algo cálido contra su espalda, la misma calidez estaba enrollando su cintura. Por un momento olvidó qué podía ser (la falta de costumbre XD), pero se sentía demasiado bien. Luego lo recuerda. Aoyama iba a llegar ese día. De una sola vez se despierta e intenta saltar de su cama, pero aquella cosa cálida la mantiene en su lugar. –"Kisshu…"-
-"Tranquilízate, koneko-chan, es… temprano aún"- dijo bostezando mientras aún la rodeaba con sus brazos.
Bien. Ella observó el reloj y, efectivamente, era temprano. Las 7:00 hs para ser exactos. Su estómago gruñó, hace días que no se alimentaba bien. No podía, todo era expulsado. Pero ahora estaba realmente hambrienta y sus nauseas habían cesado. Kisshu escucha su estómago, y despierta completamente, expectante desde su almohada.
-"Parece que ambos están hambrientos ¿Eh?"- bromeó con una sonrisa demasiado encantadora y amplia. A Ichigo aun le costaba admitir que algo más estuviera en ella. Más aun tratándose de un híbrido entre humano y cyniclon. Todo era irreal. Simplemente, no caía en que todo eso estaba sucediendo realmente.
-"Ahhh… Hace días que no como…"- declaró arrojándose pesadamente en la cama, casi aplastando a Kisshu que saltó hacia atrás. –"¡¿Por qué!"- exigió una explicación. –"¡Debes cuidarte!"-
-"Nauseas"- respondió rápidamente –"Todo lo que comía, lo vomitaba al poco tiempo"-
-"Ya veo…"- dijo algo sorprendido. Una sonrisa se dibujó en sus labios y sobresalió uno de sus colmillos, la sonrisa típica de él, planeando algo. –"Te traeré algo bueno, Ichigo. Esperame"-
Chocolates y alguna especie de comida alien preparada. Ichigo casi vomita en el lugar al verlos. Huyó tan rápido como pudo al baño. (Bueno, al menos él lo intentó XD). Y en busca de algo que realmente fuera comida.
A pesar de los vómitos ya se sentía algo mejor, no eran tan frecuentes por suerte. Había podido desayunar algo ligero antes de ir al Café Mew. E hizo su jornada con normalidad, descansando de a ratos. Nada era diferente. Ella no sentía nada distinto, eso le extrañaba. A las 16:00 hs salió, justo una hora antes de que el avión de Masaya llegara a Tokio. Al fin iba a verlo…
Kisshu no sabía dónde estaba, simplemente ella salió antes de lo que solía hacerlo de su trabajo. Así que fue toda una alarmante sorpresa darse cuenta que todas se habían ido temprano. La buscó, sin demasiado éxito. Ahora estaba preocupado por perderla así de vista, más cuando él aparecería.
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El avión había bajado y los pasajeros salían, lo buscó con su mirada. Cuando todos habían bajado por fin, él salió, el corazón de Ichigo se detuvo en ese mismo instante, le costaba verlo acercándose a ella. Pero mantuvo la calma, con todas las fuerzas que le quedaban intentó comportarse lo más normal posible… saltó a sus brazos como solía hacerlo cada mañana cuando él estaba en Tokio. Lo abrazó con fuerza y él la besó. Ella sentía que no debía hacerlo. Este beso no le provocaba la pasión que los otros, simplemente le causaba demasiada tristeza para gustarle. Rápidamente se separó de su unión y lo miró.
-"Ichigo… ¿Estás bien? Te ves triste, amor"- dijo él.
Ella chistó –"No, Aoyama, sólo estoy demasiado feliz de verte"- mentiras. Debía secarse las lágrimas de sus ojos para desviar la mirada de él. No podía verlo. Los recuerdos de la voz femenina al teléfono y los lascivos besos de Kisshu contra su cuerpo le daban vueltas en la cabeza.
Habían regresado a casa de Ichigo luego de pasar por la de él a dejar el equipaje, habían hablado todo el tiempo, sin parar. Él especialmente le contaba lo hermoso que era Alemania, Hungría, Estados Unidos y demás países que había visitado con su equipo. Todo lo que describía se oía tan maravilloso, pero ella estaba ausente, le era difícil pensar en algo diferente a lo que le ocurría. Sólo observaba con amor los ojos de Aoyama. Que se veía de lo más alegre al verla y estar contándole todo eso. En su casa bebieron algo caliente, chocolate, hacía frío. Se sentaron cerca el uno del otro, adorándose. Siguieron hablando y luego, él se lo propuso. De improviso.
-"Ichigo…"- la llamó al momento que extendía una caja roja aterciopelada frente a ella.
Ichigo la vio demasiado confundida, se había paralizado completamente. Solo pudo permanecer en silencio pidiéndole a dios que la tierra la devorara en ese mismo instante.
-"Ichigo"- Repitió –"Aceptarías este anillo de compromiso ¿Amor?"- dijo él levemente sonrojado.
Ella también lo estaba.
-"Aoyama… yo…"- las nauseas le volvieron por un segundo. Tuvo que tragar su saliva para evitar la sensación –"Creo que voy a desmayarme…"- respondió ella. Él rió cálido. Y puso el anillo en su dedo.
-"Gracias, te amo, Ichigo"- dijo y la abrazó.
"Sólo quiero morir en este instante" pensaba.
-"Aoyama yo…"- intentó explicarle pero él la silenció con un beso. Y pasó sus brazos alrededor de ella para levantarla. Él la sostenía en brazos y la llevó a su cuarto. La depositó cuidadosamente en su cama y la observó un momento con infinita pasión. Luego volvió a besarla. Ella simplemente no podía reaccionar. Luego dijo con un hilo de voz. –"No…Aoyama…"- cuando él empezó a extender sus besos no sólo a su boca, sino a su cuello, hombros, y bajaba. Mientras acariciaba la cintura de ella a través de la ropa.
-"DETENTE"- gritó al borde del llanto. Antes de que siguiera. –"No puedo hacerlo, Aoyama, no quiero…"- le confesó sollozante. Él la miró confundido, antes había sido él quien la detenía para no hacerlo. Porque quería esperar a este momento, comprometerse, antes de... "¿Por qué?" pensó él sin siquiera poder hablarle. Simplemente no entendía el por qué de ese cambio tan rotundo.
Kisshu observaba desde lo alto. Habían dejado las cortinas abiertas, y desde cierta altura podía ver todo, realmente asqueroso, pensaba, y sus dientes rechinaban, mientras que sus garras estaban clavadas en sus propios puños, sangrando ligeramente. Estaba a punto de entrar cuando ella le gritó que se detenga y si él no lo hubiera hecho iba a entrar y quitárselo de encima, tal vez incluso matarlo. Kisshu siempre fue demasiado obsesivo… celoso… "posesivo". Y ahora estaba más que seguro que tenía derechos sobre ella, y no quería que nadie más la tocara, nuevamente había vuelto a lo de antes, él era un mal perdedor para estas cosas. Sentía que su cuerpo iba a explotar de ira, él estaba demasiado cerca de ella, consolándola, acariciando sus mejillas ahora, y besándola. –"Todo está bien, Ichigo"- le susurraba, él podía leerlo en sus labios. Luego imaginó que le explicó qué era, ya que habló un largo rato hasta que volvió a estar sobre ella. Pero su gatita volvió a rechazarlo y esta vez se puso de pie. Y lo dejó solo.
Luego de una hora él salió. Habían hablado el resto del tiempo. De algo que Kisshu no pudo escuchar en absoluto.
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Kisshu entró en su cuarto, ella no había regresado. Así que la esperaría. Podía escuchar cómo subía las escaleras. Se sentó en su cama con las piernas cruzadas, el codo reposando sobre su rodilla y con el mismo brazo sujetaba su cabeza de lado. Esperando a que finalmente ella entrara. Una expresión de enfado se marcaba en su rostro.
Ichigo estaba ahí finalmente, y lo vio. Sólo se le quedó mirando de pie y ruborizada.
-"Si él intenta hacerte algo como eso nuevamente, lo mataré"- advirtió demasiado enfadado.
Ichigo quería darle una buena paliza a Kisshu en ese instante. Si hubiese tenido su transformador cerca lo hubiese hecho sin dudarlo. Sus mejillas se ruborizaron más, pero esta vez de ira. Lo detestó demasiado en ese momento. –"No puedes decidir por mí, ¡No soy tu juguete, Kisshu!"- le gritó.
-"No, no lo eres, Ichigo. Tienes toda la razón."- dijo él levantando la mirada desafiante –"Pero eres mía"- respondió con una sonrisa provocadora, como si deseara que ella lo atacara.
Ella caminó hasta él y le dio una bofetada en la cara, dejando una marca enrojecida en donde su mano había pegado. Él sólo se dejó golpear por ella y cerró los ojos con expresión de satisfacción. –"Una bofetada no hará que esto cambie, gatita"- dijo en tono bajo, casi para que ella no lo oyera.
-"¿Por qué Kisshu? ¿Por qué me haces esto?"- exigió una respuesta… -"¿Por qué eres tan cruel?"- sollozó de puro odio.
Él la miró con cierto desprecio. "¿Cruel? No lo había pensado así" se decía. Luego se puso de pie, con una mirada diferente. Demasiado inexpresiva. Él iba a besarla o abrazarla para reclamar nuevamente con eso que ella era suya y de nadie más. Pero Ichigo retrocedió.
-"Terminaré con esto, Kisshu…"- dijo decidida. Y él la observó confundido.
-"…abortar"- fue la única palabra que salió de sus labios suaves con demasiado esfuerzo, era tan horrible, aquello sonó como si lo escupiera para sacarlo de su interior. Rápidamente desvió su mirada a un lado. Tan avergonzada como era posible estarlo.
"Abortar… ¿un bebé?" meditó por unos segundos ¿cómo? "te refieres a…" –"Matar..lo?"- preguntó perplejo. Pestañeó una y otra vez como si no pudiera ser posible entender sus palabras. Ella se refería a matar. No cabían dudas.
Ichigo le dio la espalda, observando la pared, mientras lloraba en silencio. Del modo que lo decía era tan simple y real. No le parecía tan horrible llamándolo de la otra forma y estando ella en esa situación.
-"¡No puedes, Ichigo! ¡No es justo!"- exclamó desavenecido y cayó de rodillas -"No… es… justo…"- dijo al notar que ella no dejaba de llorar y sus lágrimas caían al suelo. –"No puedes terminar con él sólo porque me odias, Ichigo…"- Kisshu estaba desconsolado, luego de todo lo que él había confesado sobre su vida, su familia, siendo él el único que había sobrevivido a todo, explicándole cuanto amaba a aquel ser que llevaba su sangre ahora, simplemente él no podía comprender como su Ichigo no podía sentir el más mínimo aprecio -"¿Tanto me desprecias, gatita?"-. Él estaba tan afligido que ni siquiera notó cuando ella se dio vuelta y se inclinó frente a él, se sobresaltó levemente cuando sus manos tibias rodearon su rostro y lo levantaban para hacerle ver sus ojos. Chocolates, cafés… confundidos. Casi más que los dorados de él.
-"No es eso"- dijo ella. –"¿Cómo puedes ser tan tonto, Kish?"- continuó y con sus dedos acariciaba sus mejillas –"No es odio lo que siento ahora. Pero no puedo… somos demasiados jóvenes, no estoy lista para esto, no quiero abandonar a las personas que amo, y tampoco hay una explicación que pueda darles ¿Puedes comprenderlo?"- las lagrimas caían de sus ojos, pero ella se veía hermosa para él.
-"Pero… van a destrozarlo… y también van a lastimarte, no…"- jadeó de dolor sólo de imaginar cómo sería el final de esa pequeña vida que le pertenecía –"No lo hagas Ichigo, no… yo tengo la culpa de esto…"- Ichigo hizo un gesto de negación con la cabeza, mientras apretaba con fuerza sus labios ahogando cualquier sollozo, ella había decidido eso sin pensar que Kisshu se comportaría de manera tan desgarradora.
–"¿Él te dijo que lo hicieras, Ichigo?"- preguntó derrotado
-"¡No!"- se apresuró a decir –"Nadie más sabe de esto. Kisshu…"-
-"¿En serio?"- no había notado que ni siquiera él había podido decírselo a Pai y Taruto.
Ella asintió.
-"Ven a mi planeta, Ichigo"- pidió. En el pasado se lo había pedido demasiadas veces…
Ella no reflejó ningún cambio de parecer –"Ven a mi planeta, no es necesario que alguien más lo sepa, Ichigo."- dijo él nuevamente y sus palabras eran confusas y casi parecían un acertijo, estaba demasiado emocionado por la idea para explicarla correctamente.
-"¿No has escuchado ni una palabra, Kisshu?"- susurró resignada.
-"No…quise decir, ¡sí!"- se corrigió estúpidamente y sonriendo como solía hacerlo. Tan optimista. –"Pero no me refiero a que te quedes allí, gatita"-
Ella levantó una ceja inquisitiva esperando a que él explicara mejor su idea.
-"Puedes quedarte hasta que sea la hora y des a luz, y luego regresar aquí"- dijo simplemente. Pero todo era demasiado complicado para resumirlo en esa frase.
-"Kisshu, se darán cuenta tarde o temprano…"- intentó hacerle comprender –"No puedo desaparecer por 9 meses"-, pero él continuó explicándole.
-"La gestación. En nuestra especie, es muy corta. Un máximo de 5 meses"- expuso él.
Ahora Ichigo estaba preocupada, era muy pronto –"¡¿QUÉ?"- y de la sorpresa cayó hacia atrás.
-"¿¡¿Significa que empezaré a engordar esta misma semana?"- gritó alarmada. Él rió.
-"No, mi dulce gatita. No funciona así…"- hizo una pequeña pausa –"creo"- tragó saliva esperando no equivocarse. –"Veamos…"- pensó cómo comparar los casos.
-"Suponiendo que sea como en mi planeta, se desarrollará muy lento en los primeros 3 meses, donde desarrollará su poder y el resto del tiempo se dedicará a crecer"- aquello sonaba demasiado aterrador.
-"Creo que me dieron nauseas de sólo imaginar eso…"- confesó ella completamente azul.
-"Es difícil de explicarlo, no soy una chica"- se llevó una mano a la nuca y sonrió. –"Tal vez Pai lo explique mejor"-
-"No puedo hacerlo, Kisshu."-
-"Ichigo… ¡Reacciona!"- exclamó desesperado sujetándola por los hombros–"No puedes tomar esa decisión tan a la ligera. También es arriesgado para ti. Yo… no quiero…que"- desvió su mirada, lo que él quisiera debía importarle muy poco a ella. Sintió tanta impotencia…
-"Sólo reacciona, Ichigo. Sabes que es una terrible decisión"-
-"Aoyama y yo… planeábamos comprometernos ¿Sabes?"- empezó a relatar ella con extremo sufrimiento. Él la miró ¿Acaso lo que tenían ahora no era también un compromiso? Simplemente la observó en silencio mientras ella aún estaba junto a él. –"Él me lo pidió hoy, Kisshu… no sé qué hacer"- se sujetó su pecho, dejando ver su anillo, su corazón se retorcía de dolor.
-"Ichigo… ¿Qué es lo que sientes por mi?"- lanzó él con un hilo de voz exigiéndole una respuesta. Ella lo observaba dolorosamente. No tenía idea. Antes no lo sabía. Y ahora menos.
Él se acercó un poco más –"¿Me detestas, gatita?"- y sus ojos eran demasiado hermosos, ella negó con la cabeza tan rápido como lo escuchó.
Se acercó aún más –"¿Me temes?"- preguntó tímidamente. Ella lo pensó por un momento… -"No"-
Ahora él se extendió más y tomó su mentón, inclinó un poco su cabeza, algo confundido –"¿Odio?"- preguntó aunque ella lo había negado hace un momento. –"No…"- fue su respuesta. Lo imaginó.
Ahora seguía sujetando su rostro y sus labios estaban demasiado cerca, rosando los de ella. Él lanzó una mirada esquiva –"¿Te gusto?"- preguntó casi riendo. Y a ella también le causó gracia. Sonrió como si él estuviera diciendo la tontería más grande del mundo.
-"Uhm… Tal vez…sólo…"- se sonrojó –"Te excito…"- susurró contra sus labios, seductora e invitantemente. Ella abrió enormemente los ojos y se ruborizó tanto como pudo. –"¿No?"- inquirió él.
Ahora ella había caído hacia atrás para evitar que sus labios la besaran. Rápidamente él se puso arriba, sin tocarla, sólo acercando su rostro al de ella, -"Entonces me quieres… ¡Admítelo!"- sonrió divertido él, con los ojos cerrados y rozando su nariz pequeña contra la mejilla enrojecida de ella, una caricia.
-"¡NO LO SÉ, KISSHU!"- gritó y él no se movió, sólo sonreía de diversión. Ella ya no lo odiaba.
-"¿Ichigo?"- Preguntó luego y de manera seria. Su mirada la fulminó. –"¿Qué sentiste esa noche?"-
Ichigo hizo un leve sobresalto al recordarlo.
-"Tenía… miedo, dolor"- respondió ella.
Él respiró profundamente y acarició su mejilla –"No, luego…"-
-"¿Luego?"- inquirió ella. –"No puedo recordarlo… pero creería que era eso"-
El negó con la cabeza sin poder creerle. –"No, Ichigo. Tu gritabas mi nombre gatita… para que yo no me detuviera, no me digas ahora que no sentiste absolutamente nada"- dijo él intentando besarla.
-"Kisshu, no debió pasar… yo debía hacerlo hoy con Aoyama, en nuestro compromiso… así debió ser…"-
-"Ichigo, estoy seguro que él no podría hacerte sentir lo mismo, ningún humano podrá"- dijo provocador, fastidiándola. –"Sólo yo sé qué te gusta. Y que cuando tu miedo ya no pudo más y el dolor pasó te sentías bien, tu sentías tanto placer…"- le susurró y besó sus mejillas. Era el único beso al que ella no escapaba.
-"Ya basta, Kisshu"- "detente"… por alguna razón no podía golpearle, y ahora él estaba a su alcance, una patada le hubiese sacado el aire completamente. No podía admitir que le gustaba esa situación.
-"No"- dijo él mientras sus colmillos escapaban de sus labios sonrientes. –"Necesitas recordarlo, gatita"- Y su cuerpo la aprisionó, pero de manera suave. Aun si lo mordía en la lengua no le importaba, la besó, tan intensamente como pudo. Ella jaló de su cabello, luchó un poco, pero luego no pudo resistirse, él la besaba, con demasiada intensidad y dulzura, acariciaba suavemente su cuerpo a través de la ropa. Deslizaba su lengua contra la de ella, él le estaba dando todas las oportunidades que ella necesitaba para rechazarlo e incluso herirlo bastante si quisiera. Pero no hizo nada…
Tenía una falda, como solía usar, bastante corta. Así que no tuvo que hacer mucho para desajustarla. Ella cerró sus piernas con fuerza. Pero él no luchó contra ello. Sólo acarició sus piernas ahogándola bajo sus besos tiernos.
Luego las levantó un poco, para colar su mano a un costado de su entrepierna, acariciándola a través de la fina tela que lo separaba. Ella gimió. –"Kisshu, no…"-
No obedeció, sabía que lo decía con demasiado placer, era un "sí" en realidad. Así que hurgó hasta que pudo introducir algunos dedos y tocarla. Siguió besándola. Ella profundizaba más sus besos con cada roce. –"Déjame…"- susurró luego de varios minutos mientras ella separaba sus labios cuando un leve cosquilleo la alcanzó.
Él sólo la tocaba demasiado exquisitamente para que ella pudiera hacer algo para evitarlo, cada beso le hacía arder su piel, su corazón latía demasiado rápido, estaba completamente ruborizada –"¡Kisshu, no!"- volvió a gritarle mientras jadeaba y presionaba sus nudillos contra él. Y él sólo había extendido más su contacto. Ahora sus piernas no tenían fuerza y había podido abrirlas para acomodar mejor su mano, acariciando más cómodamente cada centímetro de ella. Rozando los pliegues de los labios vaginales y hundiendo los dedos en ellos hasta llegar al pequeño punto. En su cálido y suave interior.
Atrapó nuevamente sus labios, aferrándose a su boca, llegó a un punto que sólo podía gemir y retorcerse, esperando que llegase su fin. Pronto aquellas quejas se convertirían en gemidos suaves –"kisshhh…"- pronunció apretando sus dientes –"No…"- gimió –"No te detengas…"- su columna se arqueó -"Ahhh!"- su cuerpo temblaba. Kisshu sonrió seductoramente. Y luego bajó por su cuello, besando sus clavículas, aún tenía su ropa arriba, así que solo suspiró fuerte para que ella sintiera la calidez de su aliento sobre la línea del centro de su cuerpo, entre sus costillas… siguió bajando…
Su ombligo. Lo lamió tiernamente y besó por debajo de él. Allí estaba su cría. Sonrió y bajo lo que faltaba…
Su cuerpo lo enloquecía, sabía demasiado bien y su fragancia natural era embriagante. Sujetó firmemente sus piernas para mejor fijación. Y las abrió hacia arriba. –"¡AAhhhh, Ki-ss..hh!"- gritó y volvió a arquear su espalda de un impulso. Aquello era vergonzoso, pero le encantaba.
Él saboreó, lamió, enrolló su clítoris con su lengua, era demasiado perfecto. Ella era demasiado hermosa… lo sujetó en sus labios y tiró, en una ligera succión, de él. Lo que la enloqueció de placer, rápidamente la habitación se llenó de sus suspiros y gemidos arrulladores. Levantó un poco la cabeza para observarla. Ella jadeaba. Nunca el suelo le resultó tan cómodo. El último orgasmo le había hecho perder la cordura, el espacio-tiempo no existía y no podía recuperar el aliento. Él había hecho aquello demasiado bien, demasiado placentero. Perfecto…
Pasó su brazo por debajo de su espalda, hasta su nuca, su otro brazo envolviendo su cintura, lentamente la levantaba y la sentaba sobre sus caderas. Mientras ella recuperaba aún el aliento. Jugueteó con el cabello que caía, sobre su cuello, lamió provocándole cosquillas, haciendo que ella inclinara su hombro hasta su cuello, aprisionando el rostro que la besaba entre ambos. –"Te amo, gatita"- ronroneó a su oído. Mientras ella pasaba los brazos por su cuello, sujetando su nuca y acariciando los cabellos verdosos. No sabía qué le pasaba, todo lo hacía de manera tan inconsciente. Pero le encantaba. Amaba sentir la respiración cálida de él contra su cuello. Sus ojos dorados y vivaces. Él sabía que ella lo había disfrutado. Y que no había manera de que lo negara ahora. Desconocía si sentía algo similar al amor, suponía que no. Pero al menos él podía provocarle ese placer tan completo, y eso le hacía sentir, satisfecho.
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